El cartucho calibre 300 AAC Blackout o 7,62x35 (en nomenclatura métrica decimal) fue desarrollado para disparar proyectiles de calibre 30 desde las plataformas AR sin modificar las medidas del cargador y de la cabeza del cerrojo. Tras los oportunos estudios sobre un cartucho muy similar (aunque no igual) aparecido en la década de los ’90 (el 300 Whisper), Advanced Armament Corporation (AAC) presentó su nuevo cartucho en el año 2009.
Algunas fuentes aseguran que el 300 AAC Blackout –en adelante 300 AAC– nació cuando Remington Defense trató de cumplir con la petición de una entidad militar para crear un cartucho compacto, en calibre 30, que pudiera alimentarse en plataformas con cargadores del M16, funcionara de forma fiable asociado a un supresor de cargas subsónicas y diera superior rendimiento que el 7,62x39 mm con cargas idénticas. Estas premisas serían precísamente las que el 300 AAC cumplía casi a la perfección. Por cierto, que seguramente también bajo esas condiciones Remington lanzó el 30 AR en 2008 para su plataforma R15.
Aceptado por el SAAMI (Sporting Arms and Ammunition Manufacturers Institute) en enero de 2011, el 300 AAC ha venido extendiéndose desde entonces hasta dar el salto atlántico y presentarse en Europa. Cerca de 110 marcas fabrican ya productos para este cartucho. De hecho, poco después de la aprobación SAAMI, el mercado norteamericano se inundó de armas y municiones del .300 AAC, una tendencia que continúa en la actualidad.
Con respecto a la munición está disponible en marcas como Barnes, Federal, Hornady y otras con pesos que van desde 90 a 220 granos, lo que pone en el mercado cargas supersónicas y subsónicas con una amplia variedad de balas de tipo FMJ, semiblindadas tradicionales de punta blanda, con punta de polímero y monolíticas expansivas de aleación de cobre.
Sin embargo y a pesar de su éxito, existe una teoría según la cual el 300 AAC es un calibre de mercadotecnia (eso que ahora se llama “márketing”) y que sostiene que es uno más de los muchos cartuchos creados en los últimos años que no aportan nada que no existiera; todo ello con el único objetivo de que la rueda siga girando: los ingenieros trabajando sobre modelos ya existentes para crear “wildcats” y las fábricas produciendo nuevas armas y municiones para que el sector terciario siga alimentando la “máquina del dinero” que son los consumidores. No se puede negar que en todo esto hay buena parte de verdad, pues ya estamos viendo la difusión que han tenido los cartuchos Short Magnum, Super Short Magnum y Short Action Ultra Magnum entre los que hay algunos con los que tendremos ya serias dificultades si queremos aprovisionarnos de munición. Puede que en un futuro no lejano pueda ocurrir lo mismo con los calibres 26, 28 y 30 Nosler aparecidos en los últimos años y que si bien logran una mejora sobre cartuchos ya existentes, las diferencias son tan sutiles en la práctica que difícilmente vencerán las líneas de comercialización y de enorme difusión existentes para viejos cartuchos de demostrada eficacia.
En el caso del 300 AAC, esta teoría es inmediatamente respondida por sus defensores con el argumento de que este calibre existe porque viene a mejorar de forma notable en muchos aspectos a sus competidores en el segmento de los cartuchos de uso militar masivo en plataformas: 7,62x39 y 223 ó 5,56x45.
El 300 AAC entrega su máxima potencia con municiones de 115 a 125 granos y sus partidarios presumen que en esos pesos coincide con las prestaciones del cartucho 7,62x39 empleado por el fusil de asalto Kalashnikov AK47. Sin embargo, siendo sinceros, el cartucho del popular “Kalaka” aventaja al 300 AAC en cerca de 41 metros por segundo y casi 200 julios de energía empleando en ambos casos munición de peso muy similar (122-125 granos).
No obstante el protagonista de este artículo tiene algunas ventajas que repasaremos, una de las cuales anticipamos destacándola porque resulta imposible de soslayar en nuestro país: el 300 AAC es un cartucho autorizado para el uso civil en España mientras que el 7,62x39 está prohibido fuera del ámbito militar.
Igualmente sus apasionados defensores dicen que el cartucho que nos ocupa eclipsa al .223 (también prohibido en España para civiles) por sus proyectiles de mucha mayor masa. En este aspecto ambos están tan distantes que las comparaciones resultan imposibles si no es en lo tocante a energía que es muy similar en uno y en otro con ciertos pesos.
Así pues, el reglamento de armas ya nos ha dado la primera y más poderosa razón para descartar al 7,62x39 y al 223 frente al 300 AAC. Algunos dirán que en cualquier caso, prohibiciones aparte y refiriéndonos a lo estrictamente balístico, el calibre de Advanced Armament Corporation pierde pie con respecto a los otros dos y por tanto cabe preguntarse a qué se debe su éxito y cuáles son las ventajas que ofrece.
Lo cierto es que son varias a decir de sus defensores y que si bien éstas no son suficientes ni convincentes para unos –¬que lo detestan– son evidentes para otros. Lo que esta claro es que resulta difícil encontrar a alguien a quien este cartucho deje indiferente.
Entre los partidarios están, por una parte, los que sienten inclinación por la estética militar de las plataformas AR recamaradas para nuestro cartucho protagonista. Por otra parte, están quienes valoran la portabilidad, ligereza y discreción de los monotiros encontrando en el 300 AAC un aliado para la caza en distancias habituales. Así, los primeros lo usan mayoritariamente para el tiro de competición en modalidades dinámicas y los segundos para caza en condiciones difíciles tanto en rececho como en espera o en batida con semiautomáticos pero siempre a distancias que claramente no excedan sus posibilidades y con armas que por lo general, y al margen de su aspecto más o menos militar o civil, se caracterizan por sus pequeñas dimensiones y fácil portabilidad.
Si nos referimos a las ventajas inherentes al propio cartucho, precisamente lo que se buscaba con el 300 AAC era producir en el objetivo un mayor “punch” que con otros cartuchos de dimensiones reducidas que pudieran aplicarse a plataformas AR tales como el .223 aunque, eso sí, ese plus de pegada se produce a costa de montar balas más pesadas y por tanto a una menor distancia pues las velocidades en boca y las rasantes de ambos tampoco son comparables.
Por otra parte el joven 300 ofreció la posibilidad de crear una modalidad de cartucho subsónico de 220 granos para un uso óptimo con un supresor de sonido, allá donde esto sea legal. No en vano, el creador de este cartucho –Advanced Armament Corporation– es una firma especializada en la fabricación de silenciadores (¿de nuevo la mercadotecnia?).
Otra de sus ventajas es que los precios de la munición comercial y de los componentes para recarga del 300 AAC son también bastante contenidos. Las cajas de 20 cartuchos se pueden encontrar por unos 33 euros en España.
Para quienes estos argumentos no sean suficientes, amantes del 300 AAC tienen más. Por ejemplo los cargadores más pequeños y cómodos para tirar tendido, la mejor alimentación en plataformas AR de tamaño más manejable y el mejor rendimiento en cañones cortos que con el cartucho del Kalashnikov, cosa lógica al disponer de una vaina con menor capacidad que sin embargo es susceptible de ser cargada con pólvoras algo más vivaces.
Añadimos más ventajas si tenemos en cuenta que su calibre es uno de los más difundidos entre los recargadores. Las opciones de munición comercial son tan solo una gota en el océano si lo comparamos con las posibilidades que el 300 AAC ofrece a los recargadores manuales. Su calibre, al fin y al cabo, no deja de ser un .308, del que podemos decir sin temor a equivocarnos que es el más flexible del mundo gracias al desarrollo de una horquilla de proyectiles amplísima que –excluyendo las balas con sabot de 55 granos– va de los 78 granos (Lehigh Defensa Close Quarters) a los 240 granos (Sierra MatchKing). Además, los proyectiles de este calibre ofrecen coeficientes balísticos superiores, en especial aquellas opciones pesadas o por mejor decir, de mayor longitud. Por ejemplo, la bala Berger de 230 granos tiene un BC de 0.717.
Otros componentes para la recarga como las vainas también van resultando cada vez más fáciles de encontrar. Entre las empresas que ofrecen latón para el 300 AAC están Federal (Lake City), Hornady, PNW arms, Lapua, Nosler, y Norma USA. Incluso se encuentran vainas recicladas en blackoutbrass.com, por ejemplo.
Creo que las razones para tener un 300 AAC Blackout son suficientes si uno tiene la mente abierta y serán del todo insuficientes para quienes las debilidades de este cartucho sigan siendo incontestables con respecto a cartuchos más comúnmente utilizados. Pero es que hay que remarcar que no es un cartucho comparable con otros habituales como el 308, el 30-06, el 300 WM el 7 mm RM, el 270... No, no se trata de eso, sino de las posibilidades que abre para los amantes de un determinado tipo de armas y para unas necesidades concretas. En ese ámbito, los amantes del 300 AAC te plantearán una pregunta cuando esgrimas que es menos veloz y enérgico que otros de su clase: ¿realmente necesitas más? ¿La diferencia por ejemplo con el 7,62x39 es verdaderamente sustancial en las distancias en las habitualmente se emplea?