Las armas son instrumentos fatales que solamente deben ser utilizadas cuando no hay otra alternativa.
(SUN TZU)
Desde los albores de la humanidad, el hombre necesitó de herramientas. Primero para subsistir y a continuación para protegerse de sus semejantes.
En la necesidad de pasar de recolector a cazador, se hubo de dotar de herramientas de caza, como la honda, la lanza y el arco.
Sin entrar en el debate sobre la autoría de la pólvora (chinos, árabes, monje alemán, etc.), hemos de contemplar este hecho cómo el cambio radical en la capacidad del hombre, para ejercitar el bien y el mal, en el uso de las armas de fuego.
La fórmula básica de este producto consiste en una mezcla de nitrato potásico, azufre y carbón vegetal, que una vez obtenida, equilibrada y seca podemos desarrollar una ignición, lo suficientemente rápida, que permita proyectar una súbita y gran cantidad de gas.
El principio de actuación de la pólvora se basa en el grosor del grano, es decir que a menor volumen de éste se produce una mayor rapidez de quemado y a mayor volumen una menor velocidad. Esto genera que, según la utilización, no veamos condicionados a seleccionar el mismo en base a la aplicación dada: deflagración para proyección requerirá un grano muy fino y quema progresiva de una mecha requerirá un grano más grueso. Una primera utilidad, que se pueda considerar como ofensiva, que se conoce con el uso de la pólvora, es la conocida como: Lanza de Fuego.
Primeras armas de fuego de la historia:
Historia de la lanza de Fuego:
Al principio consistía en una caña o similar, en la que el último tramo se acumulaba y prensaba una cantidad de pólvora, al ser incendiada por la boca, se produce un efecto similar a una bengala lo que permitía mantener a cierta distancia, (por miedo y por sorpresa), más que por efectividad, a un potencial enemigo de primera fila.
Posteriormente, se mejora y se hace más segura, acoplando un cilindro metálico cerrado por su parte posterior, al final de un palo largo y que se inicia acercando una mecha a la boca del mismo. Del acortamiento de estos palos, se va derivando en un arma más precisa (se apoya en el muslo o el hombro), lo que permite una arcaica forma de dirigir el fuego.
Posteriormente, se descubre que si se obstruye la salida del tubo, con un objeto más pesado, este sale disparado por el efecto de la deflagración de la pólvora, una vez que se ha producido un pequeño orificio en la parte posterior del cilindro (fogón) que permite la ignición de la misma desde su parte más atrasada.
Este descubrimiento, junto al acortamiento del palo y el mayor calibre del tubo dan como consecuencia la aparición de los denominados:
Cañones de Mano, evolución del arma de fuego:
El cañón de mano surge de cerrar la parte posterior de un tubo metálico a lo que se denomina culata y colocar en la parte superior de la misma un orificio que se denominaría como “fogón” que permite la entrada de la llama al interior del tubo generando la deflagración de la pólvora y la expulsión violenta de los objetos, (pelotas, proyectiles, balas, etc.), colocados y atacados en su interior.
La llave de mecha, evolución armamentistica:
El uso de la mecha para la ignición de la carga de disparo, comenzó como hemos comentado, con un trozo de cordel enrollado en un palo y que tras ser empapado con un componente inflamable (normalmente nitrato potásico, es decir salitre) generaba una llama corta y lenta.
De un primer uso manual (se apuntaba y encaraba con una mano y se aproximaba la mecha con la otra), se evoluciona hasta construir una especie de serpentín en “S” que con un tornillo basculaba a criterio del tirador y se aproxima a la cazoleta (receptáculo con forma de cuenco, anexo a la recámara, lleno de pólvora y comunicado con esta por un orificio llamado oído). Esta primera manipulación del serpentín con la mecha era totalmente manual, posteriormente se sincroniza con el mecanismo de disparo, para que se pueda accionar con este y de esta forma se libera una mano con lo que se consigue un mejor apoyo y sustento del arma en pro de la puntería.
La historia armamentística de la llave de rueda:
A principios del siglo XVI, posiblemente en Nuremberg (Alemania) entre el 1515 y 1517 y probablemente a requerimiento de miembros de la nobleza, que no querían sufrir quemaduras en la manipulación de las armas de mecha, se avanza en la mecanización de las llaves de disparo con las conocidas como llaves de rueda.
Básicamente la llave de rueda surge de aplicar dos principios de funcionamiento combinados, uno el sistema de carga por medio de resortes utilizado en los relojes y otro que consistía en generar una chispa por fricción de un trozo de pedernal o sílex y una rueda de pirita.
El funcionamiento consistía en girar, con una llave independiente, un resorte circular situado en el lateral del arma hasta hacer que se encastrara en un diente. Cuando se presiona el disparador, ese diente suelta el resorte de arma que trasmite un movimiento de giro a una especie de rodillo de pirita (metal) que a su vez fricciona con el pedernal, generando unas chispas que inflaman el cebo (pólvora) depositado en la cazoleta. De esta forma se inicia la cadena de fuego que genera el disparo.
Fuente: Wikimedia Commons
Estas primeras armas de rueda aportan unas ventajas a las nuevas armas, como el poder tapar la cazoleta hasta el momento del disparo y de esta forma protegerla de la humedad, así como no delatar la posición del tirador por el destello de la mecha. En sus inicios se concibieron como armas muy adaptadas a la caballería y dotaron a esta de gran capacidad de reacción y fuego.
Próximamente os ofreceremos la segunda parte de este artículo.