Cultura de caza (¿por qué la caza es cultura? ¿por qué cazamos?)

Publicado en Noticias por clasificar. Por Redacción Armas
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Días atrás, armas.es informaba de que la Oficina Nacional de Caza (ONC) va a instar al Gobierno español a que presente la caza como candidata a la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Al margen de que esta medida cuente con partidarios y con detractores que ya se habrán rasgado las vestiduras, ocurre que si no fuera por la caza, el hombre no sería tal y por tanto tampoco sería un "animal cultural". 

 

Puede que a pesar de su loable iniciativa la ONC ni siquiera haya reparado en esta verdad que a buen seguro resulta errónea para unos y sencillamente inaceptable para otros que lo creerán un argumento cortado a la medida de unos intereses o aficiones y no una realidad palmaria que enseguida paso a explicar.

Para acotar el tema pido en primer lugar que no se confunda "cultura" con "costumbre", ni con "tradición" ni con "idiosincrasia"; si bien contiene estos conceptos.

               

La cultura no es sólo un conjunto de conocimientos prácticos, tanto es así que podríamos vivir sin cultura. Sin embargo no hay ningún otro animal que la necesite como nosotros. Es uno de esos misterios que parecen habitar en lo desconocido de un cerebro muy desarrollado y una de las características que nos diferencia del resto de nuestros "hermanos" de la Tierra.

 

¿Puede un cerebro poco desarrollado tener "sed" de cultura y generarla? Evidentemente NO. 

Pero resulta que disponer de un cerebro complejo pasó inevitablemente por el consumo de proteínas. Un cerebro que, entre otras funciones, es creativo y necesita alimentarse culturalmente, implica un consumo de energía brutal que se obtiene de los hidratos de carbono pero que inevitablemente precisó de proteínas para generarlo. 

La antropología nos enseña que sin la ingesta de proteína, el cerebro no hubiera podido jamás evolucionar hacia el "homo sapiens" y sabemos que la principal fuente de proteínas se encuentra en los animales que necesariamente tuvimos que cazar para obtenerlas.

 

Para quien piense que este razonamiento está cogido por los pelos, hago un resumen esclarecedor (corolario): sin caza y pesca apenas hay proteínas; sin proteínas no hay cerebro complejo y sin cerebro complejo no hay ni producción ni inquietud cultural. Así de ramplón y de directo.

                

Lógicamente la ingesta de proteína no implica un nivel intelectual superior; pero resulta que un nivel intelectual superior implica la ingesta de proteína. O sea, que nos guste o no, somos producto de la depredación, de la caza en suma.

 

Es más, si se es contrario a la práctica de la caza, esa sensibilidad hacia el tema –si es razonada– es también producto de un pasado cazador y un carácter depredador que nos dio acceso a la razón y que corroboran detalles de nuestro físico, como nuestros dos ojos en el mismo plano (necesarios para una visión estereoscópica que permita calcular las distancias) o la locomoción erguida bípeda (para poder elevar nuestro punto de vista y disponer de nuestras extremidades anteriores en el uso de armas, entre otras cosas). 

"Lo malo que tiene el pasado es que nunca lo puedes negar", cantaba Café Quijano.

 

MANIFESTACIONES EXTERNAS DE LA CULTURA DE CAZA

Además de ser la puerta que abrió la mente humana a la cultura y a otras muchas cosas que nos hacen animales singulares, la caza produce las primeras manifestaciones culturales externas que encontramos en forma de pinturas prehistóricas que nos narran qué cazaban y pescaban nuestros ancestros, dónde lo hacían y cómo lo hacían.

 

Las artes –manifestaciones culturales– tienen su origen en esas pinturas milenarias que son mucho más que un mero motivo decorativo pues guardan una clara conexión con la comunicación (explicaban a sus iguales cada lance), con la enseñanza (mostraban cómo se cazaba), con la religión (constituían iconos) y con el deseo de perpetuar una experiencia (ayudaban a recordar las vivencias de la caza). 

La caza, por tanto, genera desde un primer momento arte y docencia, así como una forma incipiente de escritura y comunicación.

               

Si eso ocurrió en una edad temprana, es fácil imaginar la cantidad de manifestaciones culturales que la caza ha producido a lo largo de los siglos en todos los pueblos de la tierra. 

La propia caza conlleva la cultura de sus métodos. Existen más métodos de caza y de pesca de los que podemos imaginar, unos delicados, otros brutales y algunos sorprendentemente ingeniosos; no sólo porque cada especie y cada orografía requiere una forma de caza, sino también porque cada grupo tribal, en cualquier rincón del planeta, ha desarrollado sus propias variantes hasta conformar una inconmensurable cantidad de artes de caza y, paralelamente, una serie de tradiciones y costumbres en torno a ella que abarcan todo el orbe y todos los ámbitos de la vida humana.

Estas técnicas de caza han dado lugar además a otros inventos y a una enorme cantidad de literatura y filosofía; están representadas también en los siete artes y constituyen un modo de vida aún hoy vigente para muchos pueblos.

¿Acaso esto no encaja perfectamente en la definición de cultura?: "Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en un grupo social."

 

CULTURA DE CAZA VERSUS "CULTURA BAMBY"

La caza es lo primero que acerca al hombre hacia los animales, pues resulta obvio que para cazar un animal hay que conocer sus costumbres. El cazador, incluso fuera de la acción de caza es seguro que pasa muchas horas contemplando a los animales (aunque esto, a veces, no le ha reportado un mejor entendimiento del comportamiento animal).

Por el contrario, la fuente de alimento procedente de la ganadería, la cría controlada, la pesca comercial y la piscicultura en una sociedad de seres especializados en trabajos distintos y de vida sedentaria en núcleos separados de la naturaleza, ha causado el efecto contrario y ha alejado de los animales y de sus hábitats a la inmensa mayoría de la población humana occidental y urbanita.

 

¿Cómo es posible que esta falta de contacto haya dado lugar en nuestros días a una sensibilidad tan acentuada hacia los animales?

Se trata de lo que denomino "paradoja de la empatía por desconocimiento", en la que hay factores culturales, principios aprendidos pero sobre todo un alejamiento de la naturaleza que deforma su imagen al punto de equiparar al animal con el hombre. 

Su manifestación más palpable es lo que hemos dado en llamar "Cultura Bamby", tan opuesta a la realidad de la naturaleza en la que la acción de los predadores –la caza– es parte fundamental.

                

Lo cierto es que hay una verdad incontrovertible: el cazador existe desde siempre, mientras que la "Cultura Bamby" es un producto de nuestros tiempos, luego no cabe por parte de los segundos criticar la existencia de los primeros; pues aunque el pasado remoto del hombre como cazador no justifica la caza en la actualidad, la explica perfectamente. Igual ocurre con otros muchísimos comportamientos del hombre que no son sino vestigios de su pasado y que no guardan relación con la lógica pero que constituyen actitudes mantenidas generación tras generación.

 

Quien vive próximo a la naturaleza sabe que ésta puede ser tan dulce como la leche de una madre tomada en su regazo o absolutamente despiadada y ajena al sufrimiento que ella misma produce.

Esta persona acepta como natural que cada ser que habita la Tierra vive y muere conforme a su realidad, al margen de lo duro o injusto que parezca bajo el punto de vista humano que resulta ser precisamente eso, tan sólo un punto de vista. 

Sabe igualmente que cada animal está situado en un eslabón de la cadena trófica y no ignora que el dolor existe en la naturaleza a cada rato. Es consciente también de que el hombre es el único ser que tiene recursos para revelarse de forma racional contra sus padecimientos físicos, contra la enfermedad y la muerte y tiene la certeza de que, sea por causas naturales o no, es raro que un animal silvestre termine sus días de forma apacible e indolora. 

              

En este grupo de "afortunados" está el cazador como persona pegada a la realidad de la naturaleza y sus habitantes, pero también hay gente muy respetable, poco o nada influida por la "Cultura Bamby", que piensa que el hombre causa con la caza un innecesario sufrimiento. Debemos ser racionales y concluir que esto es normal en quien no experimenta lo que siente el cazador. Tenemos que ser muy comprensivos en este aspecto aunque no lo compartamos, de la misma manera que debemos exigir su respeto hacia nosotros. Otra historia son quienes en su ignorancia defienden para los animales una vida y una muerte ajena a su realidad.

 

Sin embargo resulta curioso que, contrariamente a lo que "el anticaza" cree, el cazador suele ser sensible al sufrimiento de los animales de forma que, siendo capaz de dar muerte a un animal y celebrarlo como una victoria, también disfruta como nadie viendo esos animales en compañía de sus retoños, por ejemplo o es el primero en socorrer un animal en apuros que en acción de caza se presentaría como pieza fácil e incluso de acogerlo en su casa... Sin olvidar que esto último dio origen a la domesticación de animales y a la postre nada menos que al abandono de la vida nómada y la caza como forma de vida. 

Esta cercanía al animal sucede porque el cazador está sujeto a una extraña paradoja-lógica (a esta no le he puesto nombre) en la que el cazador ama lo que caza. (Véase www.youtube.com/watch?v=iyajfIYjt6c&feature=player_embedded)

 

Me temo que esta afirmación es un nuevo "calambrazo" para quien no nos entiende; pero es tan sencillo como pensar que el cazador no mata animales porque los odie ni porque tenga "sed de sangre" (qué pensamiento más estúpidamente extraviado).

Al respecto, el "anticaza" suele calificar al cazador de "asesino"; pero olvida que todo asesinato tiene un móvil que en este caso él no podría precisar. Tan equivocada es esta manera de pensar que ignoran un hecho que sería fácilmente corroborable mediante encuesta: la inmensa mayoría de los cazadores devolvería la vida a los animales cazados sin dudarlo un instante... Y es que el cazador no caza para matar sino que mata para cazar o, como decía Ortega y Gasset, "mata por haber cazado".

 

No obstante, si bien lo uno pasa por lo otro, la caza no se reduce a la muerte del animal y puede perfectamente haber caza sin que se produzca muerte, de la misma manera que hay muerte sin que haya caza. 

De hecho, si bien el momento cumbre de la caza es aquel en que se da muerte al animal, ese instante supone un porcentaje de tiempo muy pequeño del total empleado en la caza. Luego en la caza hay mucha más emoción antes y después de la que produce abatir un animal y es lo que llamamos "lance".

                  

La prueba de esta afirmación está en que el cazador desea siempre un lance largo que prolongue la intensidad de sus emociones y lo hace de forma incluso inconsciente: tiene ensoñaciones libres (durante la vigilia) y sueños (mientras duerme) en los que casi siempre visualiza un lance y no únicamente el preciso momento de abatir una pieza. Esto es así porque la intensidad de la caza no está ni mucho menos limitada a la muerte del animal, sino que se extiende a una acción completa que tiene una duración de tiempo variable y que no siempre culmina con la muerte de la pieza deseada.  

 

LA RELACIÓN CAZADOR-PRESA Y EL MÓVIL DEL CAZADOR ¿POR QUÉ CAZAMOS?

Ese amor hacia el animal al que me refería más arriba puede llegar antes o después de cazarlo, pero siempre llega a quien tiene "afición" y forma un círculo cerrado en el que la caza te hace admirar más a los animales que cazas.

Si antiguamente no se cazaba nada que no fuera útil como fuente de alimento, en nuestros días la escala de valores se ha modificado de tal manera que los cazadores del mundo "civilizado" no cazan nada que no admiren, existiendo además un factor de deseo de posesión o de acercamiento hacia la pieza. 

 

También la relación entre esfuerzo en la caza y piezas conseguidas ha cambiado radicalmente. 

En la antigüedad y aún hoy los pueblos que viven primitivamente valoran la relación entre riesgo y esfuerzo con la cantidad y calidad de alimento conseguido. 

Abatir un gran mamut implicaba un gran riesgo y un enorme esfuerzo, pero se hacía porque la recompensa obtenida era mayúscula: carne para alimentarse durante muchos días, tendones para hacer cuerdas, piel para cubrir el cuerpo o las chozas, marfil y huesos para fabricar herramientas y objetos... Parece lógico pensar que tratándose de una cuestión meramente práctica, de "gazuza" y de mínimo esfuerzo posible, nuestros ancestros no depredarían sobre animales que requirieran gran esfuerzo de caza y que les procuraran poco alimento. ¿O quizá sí?

                

Lo que sí queda claro es que el cazador moderno no tiene en cuenta el aporte energético y de materia prima que le proporciona el animal, ni se dedica a la caza que menos esfuerzo conlleve; antes al contrario, lo que verdaderamente le interesa es que exista resistencia por parte del animal a ser cazado. O lo que es lo mismo, buscamos la recompensa que produce medirnos con los animales admirando y deseando tanto más aquellos que más nos cuesta cazar porque nos plantean mayores retos y la necesidad de echar mano de nuestro instinto cazador hasta el punto de generar una adrenalina que estaría en el origen de eso que se ha dado en llamar "el placer de la caza". ÉSTE y no otro, es el móvil del cazador; ésta y no otra es la principal recompensa que obtiene el "cazador deportivo", sin olvidar que hay otras como la camaradería y el disfrute de la naturaleza.

 

Precisamente por esto podemos considerar que un hombre paleolítico gozaría enormemente en una granja de cerdos mientras que, en la misma situación, un cazador moderno sentiría estar haciendo el jilipollas con su rifle al hombro.

Esta explicación daría además respuesta en parte a la pregunta de por qué seguimos cazando si no tenemos necesidad de hacerlo.

 

 

¿POR QUÉ NO TODO EL MUNDO EXPERIMENTA LA NECESIDAD DE CAZAR?

Para entrar en este asunto, he decir primero que la afirmación anterior (sobre la granja de cerdos) tiene muchos matices, pues intuyo que desde antiguo el hombre que tenía la necesidad de cazar también sentía una forma especial de placer al hacerlo así como admiración hacia la pieza de caza y no sólo la satisfacción por haber cubierto una necesidad.  O sea, que tenía una doble motivación ¿A qué vendría si no tanto pintar y festejar la caza y fundar sus clanes en torno a los animales?

 

Trasladado a la edad moderna, vemos en los reportajes la ilusión con que los "pisteros" y guías de caza nativos celebran el hecho de abatir una pieza en un safari. ¿Por qué lo hacen? ¿Por la disponibilidad de carne para sus familias? ¿Porque así lo requiere el protocolo marcado por la empresa organizadora?

Tal cual me lo he preguntado aquí, se lo pregunté a los compañeros de foro "Cansino" y "Chemarq", ambos con experiencia de caza África. No quedó muy claro que en todos los casos recibieran su parte del "botín", pero sí coincidieron en que la caza y sobre todo su resultado positivo era lo que los animaba a felicitar efusivamente al cazador y más tarde, en el poblado o en el "lodge", a cantar, gritar y dar palmas por el éxito de la caza en sí y no por lo que les reportase.

 

Me interesan mucho estas cuestiones de por qué el deseo de cazar no afecta a todos por igual, por qué la caza no desapareció cuando se extinguió la necesidad de cazar y por qué pervive el móvil que nos impulsa a cazar y se despierta tan vívidamente ese deseo cuando vemos una pieza de caza. 

 

Por lo que parece, ningún animal responde a este patrón; de suerte que si acostumbramos a un depredador a tomar el alimento que le damos, no se molestará en cazar y puede que hasta olvide cómo hacerlo. De parecida manera, el lobo que quiera alimentarse, no correrá tras los ciervos mientras pueda bajar al prado y tomar un cordero por el cuello. No tiene, como el hombre, la necesidad de proponerse el reto de la caza.

Sin embargo un hombre moderno, con su comida en el plato, quiere seguir cazando. Busca el reto de la caza.

Para abreviar; domesticamos los animales, los estabulamos, los tenemos a nuestra disposición para nuestra mayor comodidad y para asegurar nuestro sustento y sin embargo NECESITAMOS seguir cazándolos, con las "molestias" y coste que eso conlleva.

                 

He hablado antes del "placer de la caza" como el móvil del cazador; pero para que nos veamos recompensados con la descarga de adrenalina que nos produce la caza debe haber algún mecanismo aún más profundo que dé lugar a experimentarlo y al deseo de volverlo a experimentar. ¿Qué es lo que nos lleva a darnos una paliza tras las perdices o a escalar una montaña en busca de un sarrio o a helarnos de frío en el fondo de un barranco esperando el paso de un jabalí?

 

En mi opinión tal cosa se debe al "gen de la caza" y sé que por falta de corroboración científica esta es la única grieta en el intento de construir una teoría sincera (aunque incomprensible para algunos) sobre la cultura de caza y la pervivencia de su práctica hasta nuestros días; pero es también la única cosa que explica verdaderamente por qué seguimos cazando.

No se ha estudiado científicamente y por tanto no se ha localizado (lo que no se busca, raramente se encuentra o se reconoce); pero tengo indicios de que "el gen de la caza" existe y de que forma parte del genoma humano; de modo que se tiene o no se tiene. No hay más.

 

Habrá quien plantee que no hay nada de esto y que la "afición" a la caza es un hecho educacional. Sin embargo conozco personas que no habiendo sido educadas en familia de cazadores y no habiendo vivido jamás la cultura de caza, han tenido contacto con ella hasta sentirse apasionadamente deseosos de cazar, de sentir "el placer de la caza". Por el contrario tengo hermanos que fueron educados junto a mí en la cultura de caza que no han mostrado el más mínimo interés por ella, quizá porque carecen de la carga genética que crea un nicho en el cerebro para experimentar el placer de la caza y sencillamente son "sordos" a esa experiencia.

Tanto es así que en mi opinión la palabra "afición" es, en este caso, sinónimo de "gen cazador".

                

Esto del "gen de la caza" es algo que sabe cualquier padre cazador sin que nadie se lo haya dicho y si preguntas entre ellos se ve que intuyen esta idea de forma no meditada o directamente la dan por hecha, pues todos tienen la esperanza de que "el hijo/a SALGA cazador/a"; pero ninguno tiene la seguridad de que sea así... Como quien desea que su hijo herede unos bonitos ojos sabiendo que eso es sólo una posibilidad que queda "a capricho" de las leyes de Mendel.

 

En resumen, cuando leo discusiones entre cazadores y "anticaza" y veo que alguien aporta el razonamiento sobre "la necesidad de la caza en el equilibrio natural", pienso que es un argumento cierto y válido en la mayoría de casos; pero no es sincero, ya que la verdad es que cazamos porque nos gusta y no porque eso sea más o menos necesario para la naturaleza. O mejor aún, cazamos porque somos cazadores, porque está en nuestro genoma. Así de simple, de la misma forma que el montañero quiere alcanzar la cumbre de un "ochomil" sencillamente "por que está ahí".

 

¿DIFERENCIA DE "AFICIÓN" ENTRE SEXOS?

Llegados a este punto no tengo más remedio que comparar y con ello corro el riesgo de caer en tópicos y de generalizar más de lo necesario. 

 

En su monólogo "Defendiendo al cavernícola", Rob Becker demuestra con magistral humor que la incomprensión de las formas distintas de pensar y de hacer las cosas entre hombres y mujeres –que tanto nos exaspera a veces– procede de un pasado remoto en el que el hombre era cazador y la mujer recolectora y no es otra cosa que adaptación a estas funciones. 

Esto implica desarrollos diferenciados de la razón. O sea que aunque somos igualmente inteligentes, hemos evolucionado de forma diferente y complementaria en nuestra manera de procesar por cuestiones eminentemente prácticas para las funciones distintas de caza y de recolección asumidas por uno y otro sexo. 

La caza requiere silencio, orientación, previsibilidad, fuerza física, esfuerzo explosivo... Mientras que la recolección conlleva comunicación y relación social, memoria, destreza manual, esfuerzo continuado. Aunque los dos sexos reúnen estas características es de sobra conocido que las primeras son más comunes al hombre y las segundas más frecuentes en la mujer.  

 

¿Puede haber por tanto una predisposición de género hacia la afición a la caza?

Hay una característica masculina que así lo sugiere: el hombre (el macho) genera más testosterona que la mujer cuando consigue una victoria. Por eso es más competitivo, más inclinado a la lucha y quizá por eso tenga una mayor tendencia a medirse con la naturaleza y a tratar de dominarla.

Sin embargo encontramos cazadoras eminentes en cuya forma de expresar lo que sienten por la caza se conoce que les mueven exactamente los mismos mecanismos que al género masculino.

 

Comentarios


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Manuel

16, Mayo 2013 01:22:16

Es un placer,y un privilegio,poder leerle.Le felicito sinceramente. Muchas gracias.

Alvaro

27, Junio 2012 14:19:11

Buen articulo, yo pienso que el ejercicio de la caza responsable aunque caro, resulta beneficiante para la naturaleza, ya que se eliminan a los machos viejos que no permiten procrear y da paso a los jovenes, te permite comer piezas con un sabor excelente que no tienen las piezas de corral o granja y ademas al pagar la licencia de caza eso se revierte en los cuidados del monte, eso si estoy encontra de que usen ese dinero para la repoblación de especies afectadas, ya que al hacerlas mas resistentes acaban por cargarse el espécimen autóctono.

Tal y como ha dicho Javaliviejo los cazadores controlamos mas los daños a la naturaleza que los propios ecologistas o las administraciones ya que estos rara vez pasan por el campo.

Ademas yo creo que se debería hacer algo por evitar que los jóvenes de ciudad tengan la idea equivocada de que lo que nosotros llamamos caza furtiva ellos lo vean normal.

También creo necesario recalcar lo difícil que resulta últimamente cazar, ya que la Guardia Civil se pasea de incógnito con coches que hacen mucho ruido y te paran cada dos por tres o para pedirte la licencia de armas o los papeles de los perros.

Por otra parte el que ciertos cotos admitan a algunos "pelaos" de ciudad que lo único que buscan es ese estatus de invitar a cazar, esta haciendo mucho daño por que no tienen cuidado con los nidos, ni cados, ni otros tipos de madrigueras. De normal o los pisan o disparan a los nidos (rara vez pero se ha visto)y lo mas grave como disparen a un animal de corral que luego el coto es el responsable y en según que ocasiones de puede perder el coto.

Santiago Fernández Cascante

07, Junio 2012 13:09:55

Cuanto tiempo sin saber de ti por el foro.
Una alegría encontrarte, hombre!

Pues la verdad es que el que expones es un argumento muy válido.
Mientras escribía el artículo me vino a la cabeza ese y muchos otros pero no los puse por varias razones. Una de ellas, porque el artículo se dedica más a lo sentimental (que verdaderamente explica por qué cazamos) que a lo práctico. O sea que no quería escribir algo que sonara a "disculpen ustedes mi existencia", sino a "esta es la razón de mi orgullosa existencia".
Por otra parte, si abordaba otras facetas, el artículo se iba a convertir en una tesis ;-)

En cualquier caso, para el argumentario general de la caza como herramienta útil para la naturaleza, lo que dices es completamente cierto; tanto más en nuestro país, donde la legislación nos hace a los cazadores responsables subsidiarios de los daños ocasionados por las piezas de caza tanto en explotaciones agrícolas como en vías y redes de comunicación.
Si no somos nosotros los que controlamos esos daños Y LOS PAGAMOS (de forma a mi modo de ver muy injusta en la mayoría de casos, ¿quien lo hará? ¿los colectivos ecologistas? ¿las administraciones?... Evidentemente no.

Javier Elvira Serrano

30, Mayo 2012 21:39:38

Te felicito, Jabalí, un excelente artículo, escrito con sinceridad y que entendemos perfectamente los que llevamos la caza dentro. Muchas veces tratamos de justificarnos ante los demás, que en su mayoría no son cazadores, cuando realmente no hay nada que justificar porque no hacemos nada malo.

Por circunstancias de la vida resido temporalmente en EEUU, y aunque los cazadores de aquí también están sometidos a cierto acoso, no es comparable a lo de España... aún. Lo que sí me ha llamado la atención es que uno de los argumentos que más éxito tiene a la hora de defender a los cazadores en USA es que una parte muy importante de los gastos de conservación de la naturaleza, que como todo el mundo sabe aquí es inmensa, sale de las aportaciones que en licencias y permisos proporcionan cazadores y pescadores, y luego disfruta la totalidad de la población. A más cazadores, más conservación.

Sé que no tiene mucho que ver con el contenido del artículo, pero por aquí les encanta ir a lo práctico...

juan luis mart

29, Mayo 2012 01:18:15

Buen artículo y entretenido (nada de considerarlo rollo)

Nada que añadir a lo dicho por los compañeros, a no ser que de no ser por la caza muchas de nuestras existencias serían grises estancias urbanitas aisladas por la maraña de la sociedad en que vivimos.
Los anticaza seguramente también maleducarán a sus mascotas dejándolas dormir en su cama o en su sofá porque han "personificado" a los animales.Pero como les salga un hijo con el gen de la caza reprimido...

luis miguel

06, Mayo 2012 20:14:14

enhorabuena por el articulo. yo los primeros recuerdos que tengo de la caza son los de los conejos que traia mi abuelo que era pastor y cazaba con el garrote, despues mi padre se hizo cazador por juntarse con los amigos y eso pero el nunca la ha sentido.Por mi parte desde pequeño siempre he ido con el tirachinas, el rifle de balines, poniendo cepor y liga y por ser mal estudiante hasta que no cumpli los 18 no pude sacarme el permiso de armas gracias a los castigos que me buscaba jajaja.hoy por hoy mi unico hobby es la caza,es mi forma de vida y lo que mejores momentos me ha dado.soy joven para tener un hijo pero el dia que lo tenga por la parte de cazador querre que el tambien lo sea.un saludo

Miguel

19, Abril 2012 20:04:50

Me ha gustado mucho, no podría estar más de acuerdo.

Santiago Fernández Cascante

19, Abril 2012 19:52:52

"Gencesidad" Jajajajaja. Está bien, sí.

david lopez

19, Abril 2012 19:03:24

Corrijo: Porqué no poqué. Estos textos predictivos juegan unas malas pasadas.......:sad:

david lopez

19, Abril 2012 18:59:44

Enhorabuena por el artículo. Pocas veces he leído sobre la caza algo que me haya parecido tan completo, sincero y explicativo del poqué de la misma, no siendo fácil, ni mucho menos, el saber reunir todas éstas reflexiones sobre un tema tan complejo y sencillo a la vez, de la manera tan concisa y amena que ha conseguido el autor.
En mi caso particular, yo diría a que se caza por "gencesidad", ya que he pasado prácticamente toda mi vida en un entorno urbano sin mucha relación directa con la naturaleza y nula con la caza, pero aún así, la teoría del gen del cazador es la única que explica mi necesidad de llevar a cabo la misma con una intensidad, dedicación y satisfacción personalcomo pocas actividades en mi vida me han proporcionado.
En fin ,que debía de tener el gen del cazador latente y ello me explica la necesidad que experimento de disfrutar de la misma en cuanto puedo. Saludos:D

Santiago Fernández Cascante

17, Abril 2012 12:33:22

El instinto "casador" también existe ;-)
Como hayas repasado el artículo en el iphone, adiós batería ;-)
Joé qué rollos escribo... Y eso que no me he metido más a fondo, porque mientras escribía, de cada cuestión se me iban ocurriendo ejemplos y ramificaciones hacia otros temas.
Conclusión hay en este mundo unos 1.080 héroes (que son los que hasta ahora se han leído este ensayo).

Antonio Garrido

13, Abril 2012 16:04:41

Joper he escrito con el iphone y me ha puesto casador en vez de cazador. Que parece que soy latinoamericano . Lo siento por la errata . Ya sabeis las jugadas que gastan las pantallas táctiles.

Un saludo

Antonio Garrido

13, Abril 2012 16:02:53

Pues hombre la verdad que a parte del instinto casador hay muchos otros, como el reflejo de huida, de supervivencia, de reproduccion etc , infinidad de cosas que dia a dia las damos por hechas y pasamos por alto pq estamos en un marco social que nos protege tanto, llevándonos a ser verdaderos inutiles si tuviesemos que enfrentarnos a la naturaleza. Pero miles de conceptos si que tenemos impresos en nuestro codigo genético. Al final no somos tan distintos de los animales y por ende la caza no algo diferente y ajeno a la condicion humana. En cambio la cultura "bambi" no tendria futuro y sentido mas allá de los muros de una ciudad o nucleo urbano donde la única preocupacion es ver donde se come ese dia o que modelito llevar.

Un salduo

Santiago Fernández Cascante

10, Abril 2012 19:54:01

... a la bioquímica, no?
Gracias por tu aportación.
Me apunto lo de la "amígdala cerebelosa" (espero no tener nunca amigdalitis en esa parte en concreto :-)
Supongo que en cerebro no existe nada que no sea necesario, así que supongo también que esos instintos primigenios aún nos son útiles. A eso es a lo que me refería cuando decía que nuestro pasado cazador no justifica la caza hoy, pero la explica.

Antonio Garrido

10, Abril 2012 13:55:26

Dos regiones de la arquitectura cerebral donde reside lo que algunos denominan el cerebro rectiliano, la parte mas impulsiva e instintiva del ser humano. Aquello que se ha ido depositando desde nuestros antepasados y que nos recuerda que somos parte evolutiva de este mundo , que compartimos con el resto de pobladores de este planeta.


Como nos predicó Darwin en el origen de las especies, si analizamos el embrión de un pez, de un pajaro, de un mamifero cualquiera y de un hombre, en las primeras fases todas son iguales y no podriamos práctiamente distinguirlos, es en la últimas fases donde se produce la gran diferenciación que dará lugar a un individuo u otro.

Dicho esto , es normal que tengamos tendencia a expresar esos actos instintivos , pues es parte del ser humano, ya sea el de reproducción, el de alimentación y dentro de este se encuentra la caza. Cierto y verdad es que hoy en día no es necesario para alimentarse , la caza, pero... como arrancamos de un plumazo en nuestro código genético tantos y tantos miles de años que evolutivamente desarrollamos aptitudes y actidues para dicho fin. Es imposible.

Yo no provengo de familia cazadora por ningun sitio, pero siempre me ha atraido la caza, en cuanto he podido y he tenido medios para ello, no me lo he pensado ni un segundo. Por que? pues porque finalmente he dado rienda suelta a algo que corre por dentro y que no se puede refrenar.

Ahora bien, que me encanta contemplar a los animales en su hábitas, clarisimo, que no voy a disparar a un animal en problemas y al contrario lo ayudaría a librarse de dicho problema.. seguro!. Pero es parte de este mundo y parte de la naturaleza. Tambien hay animales que lo hacen, por ejemplo el Oso en temporada salmonera se ha visto que mata mas salmones de los que puede comer... solo por el instinto irrefrenable de la caza.

Por otro lado la insconciente cultura "bambi" no aporta nada a este mundo salvo el inconsciente rechazo a la caza. Pero no habla de nada de como se controlarían las supreproblaciones que conducen a agotar recursos , enfermedades , sufrimientos. ETC.

Finalizo: Creo que nostros en un gesto de honestidad con nuestra especie ( porque somos solo eso una especie mas dentro de los eslabones de este mundo) asumimos lo que somos y como somos. Y los bambinistas son seres que se parapetan tras unos eslognanes vacíos negando que al igual que no pueden refrenar el impulso de ir al baño o de tener un hijo... hay otras cosas que no hay que cambiar...

Excelente artículo santi y muy bien documentado!!

Un saludo

Santiago Fernández Cascante

29, Marzo 2012 20:05:40

Gracias Cruise
El gen cazador en estado latente... Buena aportación.

C.F. LOPEZ

29, Marzo 2012 14:00:02

Pues sí, yo siempre he pensado que debe existir algo parecido a un gen cazador, unas personas lo tienen y otras no, incluso personas que lo tengan pueden tenerlo activo o inactivo. Mi padre y mi abuelo siempre han sido cazadores, yo por mi parte nunca he sido muy aficionado pero siempre ha estado ahí, pero el gen despertó y sin saber muy bien porqué, superados los 40 años empecé a sentir verdadera necesidad de cazar y comprar escopetas y salir y hablar de caza. Algunos a mi alrededor no lo entendían como com más de 40 años empezaba en algo que a pesar de tener teradición familiar no había ejercido con regularidad. Pues nada, es lo que hay, si lo sientes así no se puede evitar. Me quedo con la frase del compañero Menut, lo que se lleva dentro no se puede esconder. Yo creo que lo he llevado siempre dentro. Y otra cosa, coincido plenamente en que de alguna manera me duele la muerte de cualquier animal y si pudiera devolverlo a la vida lo haría sin dudarlo, pero desgraciadamente no es posible, si se pudiera invertar la caza sin muerte yo sería su máximo defensor. Un saludo a todos los cazadores responsables que aman la naturaleza.

Santiago Fernández Cascante

28, Marzo 2012 22:18:12

Claro!
Las mujeres se ríen de nosotros porque somos muy previsibles. Joé! Cuando entro a una batida con 30 tíos que llevan un rifle cada uno NECESITO que sean previsibles. Sorpresas no por favor! ;-)

Los hombres hablamos menos porque en la caza no se necesita más allá del planeamiento previo. Es más; conviene que estemos calladitos y nos comunicamos muy bien con gestos y casi sabemos qué piensa cada uno en una situación de caza.
Las mujeres en cambio necesitan hablar mucho y relacionarse para saber dónde están las higueras, saber o si no merece la pena llegar a aquel almendro porque es amargo, cuándo se pueden encontrar maduros aquellos frutos y mil datos más que a mi se me olvidarían al poco de que me los contaran.

¿Y qué me dices de la falta de interés y habilidad de los hombres para encontrar las cosas? A las mujeres en cambio no se les escapa una y son muy observadoras y capaces de relacionar asuntos para llegar a un conocimiento. Vaya!, que son más largas que una tralla... Qué sé yo; son ejemplos, sin más; pero a mi me parece que es cierto que estos valores de la mujer tienen raíces en un pasado remoto.

Juan Antonio Bermudez Mirón

28, Marzo 2012 18:34:22

Bueno como soy el ultimo y ya todos han comentado la mayor parte del reportaje, muy bien por cierto (vaaale tocho, si te empeñas ;-) ) a mí solo me queda decir, que ahora entiendo porque a los hombres, NO les gusta ir de compras (son cazadores y no hay emoción :sad: ) y a las mujeres por el contrario les encanta (son recolectoras natas) ;-)

Santiago Fernández Cascante

23, Marzo 2012 14:51:08

Gracias por tu entusiasmo. Es un consuelo cuando uno piensa que ha escrito un tocho que no interesa a casi nadie.

victor

23, Marzo 2012 00:19:55

Me ha encantado, me siento totalmente identificado, es lo que he vivido desde que nací y lo que pienso sobre la caza, pero desgraciadamente la sociedad actual priva al ser humano de sus orígenes mas puros y de su propia personalidad, no saben ni lo que quieren ni lo que son.
Gran articulo!
Te felicito javaliviejo, es muyy bueno. Con tu permiso le daré máxima difusión.

Santiago Fernández Cascante

22, Marzo 2012 21:21:01

...es algo imposible para el que no las ha sentido nunca.
Es como explicarle a un ciego de nacimiento cómo es un color...Ni tú aciertas a explicarlo ni el otro puede siquiera tener una orientación aproximada de lo que le estás hablando.

Es que además, en el tema de la caza es mucho menos entendible.
Cazas porque eres cazador pero esa explicación no vale para quien no lo es. Así que ¿qué podemos decir? ¿que cazamos porque nos gusta? Uff! dicho así es demasiado simplón como para abarcar la emoción que se siente.
Es como si a alguien le dices que estás enamorado de una mujer porque te gusta... Lo que pasa es que en el caso del amor la explicación puede valer porque es una emoción que todos hemos sentido alguna vez y sabemos lo que encierra por muy simplonamente que lo expliquemos... Pero en la caza sólo otro cazador te puede comprender y supongo que por eso hay un fuerte vínculo entre cazadores y te sientes más camarada de un cazador aunque sea turco que de un compañero de trabajo.

Miguel Angel Rodriguez

22, Marzo 2012 17:46:03

Me ha encantado esta parte "¿Cómo es posible que esta falta de contacto haya dado lugar en nuestros días a una sensibilidad tan acentuada hacia los animales?
Se trata de lo que denomino "paradoja de la empatía por desconocimiento", en la que hay factores culturales, principios aprendidos pero sobre todo un alejamiento de la naturaleza que deforma su imagen al punto de equiparar al animal con el hombre.
Su manifestación más palpable es lo que hemos dado en llamar "Cultura Bamby", tan opuesta a la realidad de la naturaleza en la que la acción de los predadores –la caza– es parte fundamental."

Yo hace mucho que di por imposible el tratar de explicar a conocidos por que cazo, es triste que mucha gente piense lo de si no hace falta para comer, para que sirve la caza...

Santiago Fernández Cascante

22, Marzo 2012 14:32:53

Esa manera de pensar te honra; pero tu título no va nada desencaminado. Yo más bien diría "Cazo, luego pienso".
Estáis hechos unos ca...llos, joé me voy a cabrear, hacéis mejores títulos, más sencillos y llenos de contenido que los que yo pongo a mis artículos :sad:

Pues esa es la conclusión final, sí: que nos comemos el tarro con explicaciones que se intentan mover en el campo de la lógica para tratar de explicar algo que poco tiene nque ver con la lógica... que cazamos porque somos cazadores; nos parieron así, como el que es pelirrojo o el que tiene la nariz aguileña y no le demos más vueltas.

Ah! gracias a todos por leerlo... Reconozco que es un tocho... Para la próxima estoy gestando algo más sencillo, corto y práctico que tiene que ver con visores.

Moreno Fernandez

22, Marzo 2012 13:52:22

Sé que el título dado a mi comentario es pretencioso, aunque creo que es soportable porque es broma. Pero es que no sé decir exactamente qué es lo que me lleva a cazar. Me gusta, sin más. Amo a la naturaleza, a los animales... y me apasiona la caza. Sin embargo, estoy absolutamente incapacitado para matar a un animal doméstico para comérmelo. Pura paradoja, si quieres, pero es verdad. Lo miro indefenso, a veces atado y...Que no. Los seres humanos somos muy complejos. En mi caso, además, no saldría a cazar para comer. Para escoger carne, prefiero la carnicería.

Soy de los que, si pudiera, devolvería el 98 por ciento de lo poco que cazo al monte, tal vez por eso cuando voy de espera al jabalí (y quizá sea por eso por lo que tanto me gusta esta caza) tengo claro si quiero disparar o no y a qué quiero disparar.

Y en la menor, que cada vez practico menos, no entiendo que cuando llevas cazados cuatro o cinco conejos sigas pegando tiros, aunque muchas veces "tienes que quitar conejos".

Tal vez nos comemos mucho la cabeza los cazadores modernos y hemos perdido la noción de por qué cazamos, conforme se ha deportivizado la caza, alejándose de la mera obtención de proteínas.

Santiago Fernández Cascante

22, Marzo 2012 12:53:09

Así es. Y aún más: las pocas ocasiones que ecologistas y cazadores han colaborado, los resultados han sido buenos e incluso espectacularmente buenos para la naturaleza.
Pero ellos no pueden comprenderlo incluso piensan que sufrimos una especie de desorden mental. He leído a alguna iluminada que incluso llegó a afirmar que hay una relación directa entre la afición a la caza y la incapacidad de empatizar con los sentimientos ajenos (hala! tócate el bolo, Manolo!)... Una especie de síndrome de Asperger.
Sus actitudes radicalmente contrarias a los cazadores me recuerdan a los primeros movimientos de protesta obrera y concretamente al movimiento ludista que se dedicaba a destruir las máquinas con que trabajaban culpándolas de la explotación a la que estaban sometidos... O sea, que se confunde al enemigo yendo de una forma bobalicona a culpar a lo más cercano. ¡Pero si los problemas de la naturaleza no están en la caza, hombre!

Santiago Fernández Cascante

22, Marzo 2012 12:20:46

... si llegas a encontrar apoyo en casa, no queda un jabalí en toda la nación. ;-)
Anoto tu frase: "Lo que se lleva dentro, no se puede esconder".

jose maria

22, Marzo 2012 12:17:23

Hola.
Me gusto lo que escribiste, yo solo les pediría a los "anticaza" que se molesten en conocer lo que critican, que los ecologistas son necesarios para caza y la caza para los ecologistas, que nadie esta mas en contacto con la naturaleza que quien vive por y para ella, como vivimos los cazadores

menut

22, Marzo 2012 00:03:56

gran articulo este santi , en mi caso tambien tengo el gen de la caza de mis antepasados pero este termino en mi padre . Y yo lo he vuelto a despertar ya que solo tengo algunos recuerdos de mi abuelo como cazador pues no tenia ni edad para acompañarlo .
Otras dificultades que tube fue que al no tener apoyo en casa tube que esperar a ser mayor de edad para no necesitar firma de un tutor para poder tener un arma siendo asi mucho mas costoso el aprendizaje
pero el que lo lleba dentro no lo puede esconder .
mi mas sincera enhorabuena por este blogs

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