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Historia y evolución del calibre .45

Publicado en Arma larga. Por Redacción Armas
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Un repaso al Calibre .45

La controversia sobre qué calibre es mejor para su uso militar, policial o defensivo siempre estuvo presente desde su nacimiento, como veremos más adelante. Aunque sería en 1986, sustituido por el 9 mm Parabellum en el ejército norteamericano, cuando se recrudecería la polémica. Durante este artículo vamos a analizar el Calibre .45 únicamente desde la perspectiva del poder de parada, que es la razón de su nacimiento. Pero es obvio que la elección de un calibre depende de otros factores: entorno de uso, tamaño y peso del arma, capacidad de munición, control del arma, factores económicos, legales, etc.

 

Antecedentes y tradición del Calibre .45

En 1892 el Departamento de Guerra adoptaría el revólver de doble acción Colt Modelo 1892 con cartucho 38. Long Colt, sustituyendo al Colt M1873 en calibre .45 Long Colt.

Se argumentó entonces que el menor calibre y peso del proyectil quedarían compensados por una mayor velocidad. La verdad es que el argumento no era del todo cierto, ya que la velocidad en boca era poco mayor que la del .45 Long Colt. Disparaba una bala de plomo de 150 grains cargada con pólvora sin humo, que le proporcionaba una velocidad en boca de 770 fps (235 m/s) que supone una energía de 195 ft-lbs, menos potente que nuestro actual 38 SPL.

Unos datos estos últimos que se muestran por debajo de los del .45 Long Colt, que con el proyectil de plomo de 250 grains y velocidad de 720 fps (220 m/s) rendía unos 288 ft-lbs. Lógicamente el nuevo revólver incluía nuevas mejoras técnicas y era más manejable por su menor retroceso, pero en términos de poder de parada, tenía bastante menos capacidad que el Colt SAA Peacemaker. También que el anterior arma de dotación, el Colt Army modelo 1860 en calibre .44 Colt.

 

El problema y la búsqueda de la solución

A raíz de los hechos acaecidos en Filipinas con los moros juramentados, el Departamento de Guerra se reuniría y el Secretario de Guerra Elihu Root crearía en abril de 1903 una Junta de Evaluación en la que estaría al frente el General William Crozier, con objeto de estudiar el calibre más adecuado. Este último encargaría el estudio al cirujano mayor del ejército Louis La Garde y al capitán de artillería John Thompson.

Estos dos expertos realizaron una selección inicial de cartuchos, que se creían los más adecuados para uso militar. Con ellos se realizaron una serie de controvertidas pruebas, muy diferentes a las de hoy en día y con un cuestionable rigor científico.

Los proyectiles que intervinieron en las evaluaciones fueron nueve, en siete calibres diferentes: .30 Luger, 9 mm Luger, .38 Long Colt, .38 ACP (2), .45 Long Colt (2), .455 Webley y .476 Eley. Tres son los aspectos que llaman la atención en esta selección, uno de los proyectiles del .45 fue de punta hueca, el .45 ACP no puedo intervenir porque no sería creado hasta 1908 y este sería el primer enfrentamiento directo del 9 mm Luger o Parabellum con un calibre .45.

Tengo que decir que conocía la historia de las pruebas, pero no los pormenores de esta, hasta que leí el informe de Garde y Thompson, con motivo de la preparación de este artículo. Lo que parece claro es que esta metodología no sería posible hoy en día, entre otras cosas, por motivos legales. El análisis se divide en dos fases, por una parte experimentación con cadáveres humanos y por otra pruebas sobre ganado vivo.

La primera fase consistió en pruebas con cadáveres, que se realizaron en el Hospital Policlínico de Filadelfia y en el Hospital Universitario de Nueva York. Los cuerpos se colgaban suspendidos por el cuello y se realizaban disparos sobre los torsos, cabeza y las diferentes extremidades. Se analizaba el grado de movimiento o balanceo provocado, a mayor movimiento mayor puntuación.

Posteriormente en una necropsia se estudiaba la destrucción de tejidos y huesos, mediante disección y rayos X. Tras varias series de pruebas las conclusiones fueron obvias, el efecto de choque de una bala dada era proporcional a su área de sección, es decir, cuanto mayor era el diámetro de la bala, mayor era el efecto de choque.

La segunda fase se realizó en el matadero de Chicago, fundamentalmente con ganado que iba a ser sacrificado, equinos y bóvidos de aproximadamente un peso de 550 a 600 kg. Se buscaba conocer el efecto del impacto y el poder de detención de los diferentes proyectiles. Se realizaron secuencias de disparo lento y rápido sobre tres diferentes áreas de la anatomía de los desafortunados animales. Estás fueron: partes vitales, partes no vitales y áreas involucradas en el aparato locomotor, fundamentalmente las extremidades. Se controlaba cuantos proyectiles eran necesarios para abatirlos, cuanto tiempo tardaban en morir y se realizaba el análisis forense correspondiente. Los resultados fueron claros, el .45 era decididamente superior contra los animales vivos. Los proyectiles del Colt .45 solía abatir al animal contra el que se usaba en seis disparos o menos, mientras que un animal que había sido fusilado con el 9x19mm seguía en pie después de doce disparos y tenía que ser despachado por los empleados del matadero.

De las características balísticas del .45 Long Colt ya hemos hablado al principio, como uno de los contendientes que apostaba por el peso del proyectil. Como ejemplo de los cartuchos veloces fueron el 9 mm Luger y el .30 Luger, en el caso del primero usaba una punta de 124 grains y una velocidad en boca de 1043 fps (318 m/s), generando una energía de 301 ft-lbs. Para el segundo una ligera punta de 93 grains y una velocidad de 1420 fps (433 m/s), con una energía de 415 ft-lbs. Aun con estos datos el informe del ejército publicado en marzo de 1904 fue concluyente, la efectividad de las balas aumenta en proporción directa a la masa, más que a la velocidad.

En otras palabras, si una bala pequeña y rápida es efectiva, una más grande y más pesada a la misma o incluso algo menos velocidad, será aún mejor. También es interesante señalar que recomendó los proyectiles de punta hueca, para ser usados en los enemigos más resistentes por su efecto expansivo.

 

 

El nacimiento del Calibre .45 ACP

El genio de Utah, John Moses Browning, había estado trabajando durante algún tiempo sobre un nuevo cartucho para Colt en calibre .41. Pero en la primavera de 1904, después de conocerse los resultados del estudio de Garde y Thompson, el Gobierno de EEUU solicitó, a la industria gubernamental Frankford Arsenal y a las empresas civiles fabricantes de armas más notables, el desarrollo de una nueva pistola en calibre .45. Colt y Browning, junto con Winchester, evolucionan el cartucho .41 a un calibre .45, el denominado .45 AC, que inicialmente montaba una punta de 200 grains y daba una velocidad en boca del arma de 900 fps (275 m/s). Este cartucho es el que se presentaría en la pistola Colt 1905 primera precursora de la 1911.

Sería en posteriormente en 1906 cuando Frankford Arsenal lo sometería a pruebas intensivas y lo estandarizaría con una punta de 230 grains denominándolo Automatic Pistol Ball Cartridge Modelo 1906. Es a partir de ese momento cuando se producirían en los años siguientes sucesivas modificaciones del cartucho en cuanto a diámetro, longitud de la vaina y ligeras variaciones del culote, por parte del resto de empresas civiles involucradas en el proyecto, Remington UMC, Colt y Winchester. En 1908 Remington UMC evolucionaría los desarrollos del momento hasta lo que hoy en día conocemos. Finalmente, en agosto de 1911 es cuando se estandarizaría oficialmente por parte del gobierno las dimensiones y resto de características del .45 ACP.

 

 

¿Sigue el calibre .45 ACP reinando?

La pregunta es si las conclusiones del informe Le Garde y Thompson concuerdan con estudios más modernos sobre el poder de parada de los actuales cartuchos. A raíz del famoso tiroteo de Florida en 1986, entre agentes del FBI y dos atracadores profesionales de bancos, esta organización se lanzó en 1990 a realizar un estudio sobre calibre idóneos y sus características para el servicio.

Se realizaron pruebas para clasificar la efectividad relativa de una variedad de municiones de pistola. Estas pruebas evaluaron la capacidad de varios calibres y proyectiles de para cumplir con los estándares de rendimiento de este organismo, a través de un complejo Protocolo de Municiones. El objetivo de las pruebas del FBI fue determinar la capacidad de un cartucho específico para "... infligir heridas efectivas después de atravesar varios obstáculos intermedios comúnmente presentes en tiroteos policiales". Analizando proyectiles de chaqueta metálica completa (FMJ), las conclusiones volvieron a ser elocuentes, los proyectiles de 230 grains del .45 ACP fueron superiores a los del 9 mm Parabellum.

Obviamente, los modernos proyectiles de punta hueca han mejorado en la misma proporción la capacidad de todos los calibres que hacen uso de ellos. Aunque debemos recordar que en el ámbito militar este tipo de proyectiles están vetados por diferentes convenciones y acuerdos internacionales, no es así en el mundo policial o de la autodefensa. Prueba de ello lo podemos encontrar en dos estudios hechos en 1996 y 2001, donde sus autores, Evan Marshall and Edwin J. Sanow, analizan información recopilada procedente de diferentes agencias policiales en varias partes del mundo. En esas investigaciones muestran el porcentaje de veces que un determinado cartucho es capaz de incapacitar a un objetivo de un único disparo. Entendiendo el termino incapacitación como “sin capacidad de dar respuesta”, bien porque haya resultado muerto o bien porque el shock y heridas sufridas lo ha dejado inoperativo. El proyectil estándar de 230 grains FMJ dio como resultado un ratio de 63%-65% de tasa de incapacitación, ese mismo proyectil con diferentes puntas de tipo expansivo incrementaba su ratio de efectividad del 85%-94%.

 

 

Munición expansiva

Del mencionado estudio realizado por el FBI se extrajeron varios protocolos y conclusiones que han servido para evaluar las municiones expansivas desde entonces. Las características básicas óptimas que se derivan del mismo y que una munición expansiva debería cumplir son: penetración mínima de 12” (30,5 cm) y máxima de 18” (46 cm), expansión al menos de 1,5x y retención del peso mínima del 85%.

 

Munición Remington Golden Saber y Remington Ultimate Defense

Desde los años 90s la Golden Saber ha sido munición expansiva de referencia en Remington. Utilizada por numerosos cuerpos policiales y por miles de usuarios civiles, han tenido una ganada reputación a lo largo de este tiempo. Es una munición que desde entonces ha demostrado estar en los parámetros definidos por el FBI de forma notable.

En 2013 la compañía Remington decidió dar una vuelta de tuerca a su exitosa Golden Saber y sin abandonarla, creó la munición Ultimate Defense y Ultimate Defense Handgun y un año más tarde la Ultimate Defense y Ultimate Defense Handgun Compact. Esta última especialmente diseñada para armas compactas que se caracterizan por su cañón más corto. Este cartucho ha sido proyectado para proporcionar una penetración y expansión óptimas sobre cuerpos blandos, incluso a través de prendas gruesas a velocidades más bajas para una potencia de detención máxima.

Otras de sus características son: el uso de una pólvora tratada con supresores de fogonazo para evitar ser detectados por la noche, su capacidad de atravesar barreras de dureza media, cortes en la ojiva para favorecer la expansión, pistones especiales estancos y el uso de vainas niqueladas para la perfecta alimentación del arma.

 

Munición Fiocchi Black Mamba

La munición Fiocchi black Mamba de tipo expansivo ofrece características similares en sus resultados a las de punta hueca, pero sin el inconveniente de su prohibición de venta a civiles o limitación en su uso en combate por tratados internacionales. El color negro de la punta, la agresividad de su diseño y la velocidad del proyectil sirven de excusa para que su fabricante, la italiana Fiochhi, la bautice con el nombre de “Black Mamba”.

Se trata de un proyectil de geometría troncocónica, especialmente ligero con una chaqueta latón con alto contenido en cobre, una aleación conocida como “tombac” 90/10 (cobre / zinc) que recubre un núcleo de plomo. Esta aleación que es especialmente quebradiza, posee un recubrimiento superficial de teflón de color negro, que mejora el desplazamiento del proyectil en el interior del cañón y su deformación controlada en el objetivo. Además estas características hacen que pueda atravesar barreras de dureza y grosor medias.

Estas balas se caracterizan por montar proyectiles muy ligeros, de acuerdo a cada calibre, que desarrollan mucha velocidad, en el caso del .45 ACP un proyectil de 185 grains con una velocidad en boca de 1017 fps (310 m/s). Esta característica hace que produzcan mucha energía terminal en objetivos blandos, lo que provoca que se frenen rápidamente evitando la sobre - penetración.

 

Resumen del Calibre .45

Desde luego que hay otras consideraciones a tener en cuenta a la hora de elegir un calibre para uso defensivo, militar o policial. Pero desde 1908, el calibre .45 ACP ha sido el calibre de referencia para aquellos que buscan el máximo poder de parada en su arma corta. Capacidades que se han visto incrementadas con la aparición de nuevos materiales y diseños de los proyectiles. Si nadie los remedia, este calibre seguirá reinando como uno de los más contundentes para pistola durante bastantes años más.

 

Agradecimiento

Agradecemos a Borchers, distribuido exclusivo Fiocchi y Remington para España, la cesión del material necesario para la elaboración de este artículo.

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