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Reglamentación de las pistolas de bolsillo

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Pistola de bolsillo calibre

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En EE. UU. y en Europa este tipo de armas han sufrido a lo largo de la historia diferentes regulaciones específicas. Los estados en permanente desconfianza hacia su ciudadanía han promovido leyes de forma periódica para restringir este y otros tipos de armas.

Después de la primera guerra mundial, en los años 20 y 30 se produjo una enorme demanda de este tipo de armas entre la población, debido fundamentalmente a la inestabilidad política. Al igual que ahora los gobiernos se sintieron intimidados por el repunte de las ventas e intentaron sofocar las mismas promulgando leyes prohibicionistas, especialmente dirigidas a grupos políticos, étnicos o religiosos concretos. Por aquel tiempo ya en EE. UU., existían leyes en numerosos estados contra el porte oculto de armas, para el ciudadano medio.

Pero sería en 1968 cuando se daría el golpe de gracia a la importación de pistolas de bolsillo europeas, a través de la llamada “Acta de Control de Armas” (Gun Control Act), donde se establecía como requisito para poder ser importadas un determinado ratio, fruto de la combinación de altura y longitud del arma, además de un sistema de puntuación adicional. Lo que buscaba el legislador era detener la importación de armas pequeñas baratas, aunque muchas otras armas de calidad fueron afectadas, como la famosa Walther PPK o la extremadamente bien manufacturada FN “Baby Browning”.

 

Legislación de las pistolas de bolsillo en el mundo

En EE. UU. hasta los años 80 la licencia de porte oculto era de concesión arbitraria en la mayoría de los estados. Dependía muchas veces de las autoridades locales (jefe de policía o sheriff) y del pago de ciertas tasas. Es decir, que si estabas bien relacionado con la autoridad podías acceder al pertinente permiso. Supongo que a muchos de nuestros lectores les sonará la historia. Hasta que se produjo otro hito en la reglamentación norteamericana, en 1987, cuando el estado de Florida normalizó y “democratizó” la concesión de este tipo de licencias, permitiendo que ciudadanos honrados, sin antecedentes penales, pudiesen acceder a una licencia de porte sin necesidad de depender del arbitrio de un burócrata. La consecuencia fue una notable bajada de los índices de criminalidad en dicho estado.

Sería imposible en este espacio enumerar la casuística tan dispar que hay en Europa, al respecto de las legislaciones sobre estas armas de fuego. Existen países que creen en la libertad de sus ciudadanos y otros a los que sus gobiernos consideran poco menos que siervos. Un ejemplo de estos últimos es Reino Unido, donde las regulaciones prohibicionistas amparadas al abrigo de incidentes aislados, se han terminado imponiendo. La necesidad de los políticos de sacar adelante sus agendas anti armas se ha hecho aprovechando eventos luctuosos puntuales, cometidos en su mayoría por individuos con problemas mentales. Tal es el caso que comentamos del Reino Unido, donde los sucesos en Hungerford en 1987 y en Dunblane en 1996, llevaron a la prohibición total de cualquier arma corta en ese país.

Por el contrario, hay otros países como la República Checa, donde cualquier ciudadano puede poseer estas armas sin problemas e incluso usarlas para su defensa personal, sin más trámite que unos lógicos requisitos de idoneidad mental, antecedentes penales y curso de capacitación.

 

Raven Arms P-25

Legislación de las pistolas de bolsillo en España

En España debido a nuestro liberticida reglamento son de escasa difusión, la cual se reduce a miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y a alguno de los cerca de 9.000 usuarios que, en la mayoría de los casos de forma arbitraria, disponen de una licencia tipo B o de autodefensa. Además, debemos tener en cuenta que en nuestro país la licencia B ampara un solo arma, a diferencia de otros países como la citada República Checa, donde la licencia homóloga cubre hasta tres de ellas. Es por tanto fácil entender por qué son pocos los usuarios que confían en ellas como única arma o arma principal de defensa.

Fuera del ámbito de la autodefensa y policial, la única manera de poder acceder a algunas de ellas es mediante el libro del coleccionista de réplicas, es decir, aquellas cuyo diseño original sea anterior a 1890, por ejemplo, la Derringer modelo 95 de 1865 de dos cañones, ya que debido a sus pequeñas dimensiones no pueden ser consideradas armas de concurso, fundamentalmente por su escasa distancia entre miras, pero también por su peso. Tienen menos de 130 mm de distancia entre miras y muchas de ellas un peso inferior a 500 gr. Además, no pueden ser guiadas bajo una licencia deportiva o tipo F.

 

Características técnicas de las pistolas de bolsillo

Durante el relato de la historia de estas armas ya hemos esbozado sus características principales, aunque enumeraremos las más significativas de las versiones modernas.

En estos calibres pequeños el sistema de acerrojamiento preferido, por su simplicidad y coste, es el de retroceso directo o inercia de masas. Posteriormente, a partir de la popularización del calibre 9 mm corto, se empezó a usar en algunas armas el sistema Browning y variantes.

Con respecto al sistema de percusión, mayoritariamente el elegido es por aguja lanzada, debido su simplicidad y porque permite un arma más reducida, evitando un martillo exterior proclive a enganchones. Esto nos ilustra cómo estas pequeñas armas han introducido innovaciones tecnológicas que aún hoy en día perduran. Este sistema fue empleado por primera vez por John Moses Browing en la FN modelo N de calibre .25 ACP.

Si hablamos del tipo de mecanismo de disparo las primeras pistolas fueron de acción simple, hasta que en 1931 se introdujo por primera vez para una pistola el sistema de doble acción, concretamente con la Walther PPK. Estas pequeñas armas volvían a innovar. En la actualidad la tendencia es que este último sea el sistema de mecanismo mayoritario, ya que permite obviar seguros manuales en el arma, algo especialmente crítico para el uso al que están destinadas.

Si hablamos de sistemas de puntería, observaremos por las fotografías que muchas de ellas carecen de los mismos o simplemente son testimoniales. Es decir, prima más el evitar enganchones con la ropa que tener capacidad de apuntar, más aún cuando estas armas están pensadas para enfrentamientos a muy corta distancia.

Finalmente, un apunte al respecto de los cañones de este tipo de armas: no desarollan la misma presión que sus hermanas de cañón largo y, por tanto, tienen menor poder de parada. Esto es porque bastante pólvora contenida en el cartucho queda sin quemar y como consecuencia se produce una menor cantidad de gases que empujan el proyectil.

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