Mensaje por Jonny » 18 Nov 2016 23:20
Efectivamente todo tiene un límite, me explico, aunque pudieramos aumentar una carga dentro de los rangos de presión soportables por nuestro conjunto, llegará un momento en que observemos que el proyectil baja de velocidad y presenta una significativa caída en el blanco, ésto es lo que produce el viento balístico, o dicho de otra manera, cuando los gases por exceso, comienzan a adelantar al proyectil.
Por otro lado, sobre el comentario de Antares, si lees bien mi redacción esa combinación de 22gn con 123-125 es propia de varios ensayistas americanos, yo tengo mi propio criterio como dije, y uso las de 100gn equilibrando mejor las presiones y obteniendo mayor velocidad, mayor potencia que con la de 123, y muy buena precisión.
De cualquier manera todo esto nos sirve para volver a poner el microscopio en dirección a las pólvoras, porque ahí está el secreto. Una pólvora podría desbordar la vaina sin darnos el resultado que buscamos (siempre que sea sostenible), y otra podría superarlo dejando aún parte de vacío en la misma, lo importante es que tengamos seguridad de que su grado de vivacidad nos sirve para ese calibre. Veremos mejor la grandisima importancia de las pólvoras y sus resultados con las fotos que acompaño. Se trata de unos ensayos con 222Rem intentando compensar la nefasta idea de un fabricante, que ahora no viene a cuento mencionar, que combinó un paso de estría nefasto con éste largo de cañón, impidiendo que con la mayor parte de los cartuchos habituales de éste calibre se consigan los resultados propios del mismo ; observando la imagen podremos comprobar que un mismo cartucho, con igual vaina, igual proyectil, igual largo total pero distintas pólvoras y aún igualando presiones, nos darán diferentes y sorpresivos resultados. Por un lado comprobamos que necesitamos distintas cantidades de pólvora para lograr la misma presión y lanzar el proyectil a los 870m/s, velocidad a la cual ese proyectil usado suele dar buenos resultados. De una pólvora necesitamos 22,5gn para alcanzar esa velocidad, de otra 16,7gn y de otra 19,8gn. Los resultados pueden descolocar a muchos y pensaríamos ¿si el mismo proyectil sale a la misma velocidad, como puede saltarse del fracaso al rotundo éxito o viceversa?, la respuesta es que la generación de la misma presión en unos milisegundos distintos y en un espacio de cañón mayor o menor debido a la velocidad de deflagración de cada pólvora, efectivamente nos cambian sutil o descaradamente los resultados. El asunto de la pólvora es de una delicadeza extrema cuando buscamos resultados precisos y refinados.
Respecto al asunto de la sobrepresión, lo único que puedo deciros ante imposibilidad de que cualquier usuario goce de determinadas herramientas de la industria militar para controlar éste aspecto, el iniciar los ensayos siempre desde un margen razonablemente inferior, y el observar las vainas (el mejor indicador de sobrepresión, y no el ruido, culatazo o velocidad) suelen ser casi infalibles.
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Efectivamente todo tiene un límite, me explico, aunque pudieramos aumentar una carga dentro de los rangos de presión soportables por nuestro conjunto, llegará un momento en que observemos que el proyectil baja de velocidad y presenta una significativa caída en el blanco, ésto es lo que produce el viento balístico, o dicho de otra manera, cuando los gases por exceso, comienzan a adelantar al proyectil.
Por otro lado, sobre el comentario de Antares, si lees bien mi redacción esa combinación de 22gn con 123-125 es propia de varios ensayistas americanos, yo tengo mi propio criterio como dije, y uso las de 100gn equilibrando mejor las presiones y obteniendo mayor velocidad, mayor potencia que con la de 123, y muy buena precisión.
De cualquier manera todo esto nos sirve para volver a poner el microscopio en dirección a las pólvoras, porque ahí está el secreto. Una pólvora podría desbordar la vaina sin darnos el resultado que buscamos (siempre que sea sostenible), y otra podría superarlo dejando aún parte de vacío en la misma, lo importante es que tengamos seguridad de que su grado de vivacidad nos sirve para ese calibre. Veremos mejor la grandisima importancia de las pólvoras y sus resultados con las fotos que acompaño. Se trata de unos ensayos con 222Rem intentando compensar la nefasta idea de un fabricante, que ahora no viene a cuento mencionar, que combinó un paso de estría nefasto con éste largo de cañón, impidiendo que con la mayor parte de los cartuchos habituales de éste calibre se consigan los resultados propios del mismo ; observando la imagen podremos comprobar que un mismo cartucho, con igual vaina, igual proyectil, igual largo total pero distintas pólvoras y aún igualando presiones, nos darán diferentes y sorpresivos resultados. Por un lado comprobamos que necesitamos distintas cantidades de pólvora para lograr la misma presión y lanzar el proyectil a los 870m/s, velocidad a la cual ese proyectil usado suele dar buenos resultados. De una pólvora necesitamos 22,5gn para alcanzar esa velocidad, de otra 16,7gn y de otra 19,8gn. Los resultados pueden descolocar a muchos y pensaríamos ¿si el mismo proyectil sale a la misma velocidad, como puede saltarse del fracaso al rotundo éxito o viceversa?, la respuesta es que la generación de la misma presión en unos milisegundos distintos y en un espacio de cañón mayor o menor debido a la velocidad de deflagración de cada pólvora, efectivamente nos cambian sutil o descaradamente los resultados. El asunto de la pólvora es de una delicadeza extrema cuando buscamos resultados precisos y refinados.
Respecto al asunto de la sobrepresión, lo único que puedo deciros ante imposibilidad de que cualquier usuario goce de determinadas herramientas de la industria militar para controlar éste aspecto, el iniciar los ensayos siempre desde un margen razonablemente inferior, y el observar las vainas (el mejor indicador de sobrepresión, y no el ruido, culatazo o velocidad) suelen ser casi infalibles.