Mensaje por lincis » 05 Dic 2016 22:08
Quiero agradecer a los compañeros que, habiendo captado la intención real de mi exposición, han aportado sus oportunas aclaraciones y puntualizaciones para ayudar a descartar el mínimo asomo de intención real de meter a todos los que montan en bici, en el mismo saco.
Resulta evidente que no es posible referirse al ciclista, tal como lo define el Código de Circulación, su variante de esforzado deportista y, para resumir, todos aquellos que usan la bicicleta dentro de lo que conocemos como reglas de convivencia, el respeto al código, al peatón, etc,etc
Es más, entiendo que denominar ciclista a quienes se saltan los semáforos, circulan por las aceras, invaden propiedades rurales y una buena colección de desafueros que, en mayor o menor medida, todos hemos visto o conocido; no deja de ser injusto.
Sería, por poner un ejemplo, comparar un cazador con un furtivo con todas las agravantes ( sin licencia, sin seguro, arma sin papeles y con silenciador, fuera de temporada y tras especies protegidas).
Se parecen en que, como resultado final, cazan. Pero no hace falta enumerar las diferencias en ética y conducta.
Por suerte, las leyes actúan contra los furtivos pero, como bien sabemos, aún le falta desarrollar cómo y porqué meter en cintura a quienes usan una bicicleta para ponerse las normas por montera.
Y, bueno, sobre el tema de los colorines, ofrecer una explicación a el modo de enfocarlo.
Desde pequeño vi que, un tipo diciendo tonterías y vestido con colores chillones era un payaso. (dicho sea con el mayor respeto a quienes hacen pasar tan buenos ratos a niños y mayores)
Y, claro, fuera de la pista de un circo, o sin animar una celebración infantil, esa conducta y apariencia, deja claro que no es un profesional o aficionado a ese arte. Por tanto, se convierte en asimilable a idiota, imbécil y similares calificativos.
De todas formas, aunque sería materia para otro hilo, también he de apuntar hasta que punto, esto de la corrección política, está fomentando el tiquismisquismo. Desde una tertulia televisiva, pasando por una sesión del congreso, una reunión del AMPA del cole, una junta de vecinos a cualquier lugar dónde se junten más de tres a debatir algo, la cosa deriva en algo similar a una escena de la Vida de Brian.
Y, el resultado, de tanto tiquismiquimos, es así de triste, en vez de ir al meollo del asunto, acaba todo el mundo perdido por las ramas.
Así nos va.
Quiero agradecer a los compañeros que, habiendo captado la intención real de mi exposición, han aportado sus oportunas aclaraciones y puntualizaciones para ayudar a descartar el mínimo asomo de intención real de meter a todos los que montan en bici, en el mismo saco.
Resulta evidente que no es posible referirse al ciclista, tal como lo define el Código de Circulación, su variante de esforzado deportista y, para resumir, todos aquellos que usan la bicicleta dentro de lo que conocemos como reglas de convivencia, el respeto al código, al peatón, etc,etc
Es más, entiendo que denominar ciclista a quienes se saltan los semáforos, circulan por las aceras, invaden propiedades rurales y una buena colección de desafueros que, en mayor o menor medida, todos hemos visto o conocido; no deja de ser injusto.
Sería, por poner un ejemplo, comparar un cazador con un furtivo con todas las agravantes ( sin licencia, sin seguro, arma sin papeles y con silenciador, fuera de temporada y tras especies protegidas).
Se parecen en que, como resultado final, cazan. Pero no hace falta enumerar las diferencias en ética y conducta.
Por suerte, las leyes actúan contra los furtivos pero, como bien sabemos, aún le falta desarrollar cómo y porqué meter en cintura a quienes usan una bicicleta para ponerse las normas por montera.
Y, bueno, sobre el tema de los colorines, ofrecer una explicación a el modo de enfocarlo.
Desde pequeño vi que, un tipo diciendo tonterías y vestido con colores chillones era un payaso. (dicho sea con el mayor respeto a quienes hacen pasar tan buenos ratos a niños y mayores)
Y, claro, fuera de la pista de un circo, o sin animar una celebración infantil, esa conducta y apariencia, deja claro que no es un profesional o aficionado a ese arte. Por tanto, se convierte en asimilable a idiota, imbécil y similares calificativos.
De todas formas, aunque sería materia para otro hilo, también he de apuntar hasta que punto, esto de la corrección política, está fomentando el tiquismisquismo. Desde una tertulia televisiva, pasando por una sesión del congreso, una reunión del AMPA del cole, una junta de vecinos a cualquier lugar dónde se junten más de tres a debatir algo, la cosa deriva en algo similar a una escena de la Vida de Brian.
Y, el resultado, de tanto tiquismiquimos, es así de triste, en vez de ir al meollo del asunto, acaba todo el mundo perdido por las ramas.
Así nos va.