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Estética para armas (atrévete a remozar tu rifle)

Publicado por en en Caza
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En 1971 Karina triunfaba con la canción "En un mundo nuevo" y un joven Nino Bravo saltaba al mundo de la fama mientras su colega Julio Iglesias se casaba con una filipina y tres astronautas rusos se freían en la nave Soyuz 11. El 124 Sport salía a la calle desde la factoría de la SEAT. Las chicas yeye se encajaban los minishorts mientras se decretaba una amnistía parcial y El Lute se inventaba la suya propia fugándose de la cárcel. Paralelamente mi padre sacaba de su caja un flamante Browning BAR que si no recuerdo mal le costó 14.000 pesetas. Todo un capital.

No puedo negar que envejezco peor que mis armas, pero lo mío no tiene solución y a ellas siempre se les puede hacer un peeling y un lifting casero. Y como la ignorancia es muy atrevida me pongo a ello...

Total, el pobre BAR no puede estar más feo de lo que está y las maderas se han empezado a abrir por la sequedad y la pérdida del barniz. Así que, acabada la temporada de batidas, es buen momento para meterse en berenjenales. Renuncio a confiar esta tarea a un profesional (que la cosa está muy malita) y además esto no puede ser tan difícil.

No sólo las maderas están estropeadas sino que además su barnizado (parcialmente perdido en algunas zonas) y su color roble nunca me gustaron demasiado. También los metales han sufrido lo suyo: el cañón tiene algunos arañazos superficiales y hay pequeños puntos de óxido en el cajón de mecanismos que además perdió el pavón por completo en una de sus zonas. Fue en una aventura que ahora no viene al caso. En todo este tiempo el viejo BAR ha tragado más agua (en diversos estados) de la que baja por el Orinoco.

 Así las cosas, comienzo por echar un vistazo general y me decido a desmontar primero la culata y el guardamanos que serán lo que antes ataque sencíllamente porque me da menos pereza y sobre todo porque a estas alturas aún no he pasado a recoger el pavonador en frío que el compañero de foro "Yogi Maqueto" se ha comprometido a dejarme.

 

MADERAS


Decido que no voy a usar decapante para quitar el barniz porque creo que me va a formar una pasteta difícil de quitar sobre todo en el segrinado. Así me lo confirma "Josetxu", otro amigo y compañero del foro de armas.es

Comienzo acuchillando, pero aunque el sistema es rápido no me acaba de convencer por tosco.

Por suerte, mi padre guarda por casa lana de acero superfina... Pero no recuerda dónde. Bueno lo de acordarse es cosa de mi madre. Madre no hay más que una (¡y menos mal!).

Me gusta cómo funciona la lana de acero: es firme pero deja la superficie suave. Lo trabajo sin prisa pero con energía.

Al final, el resultado entre la madera sin barniz y la barnizada es evidente.

Lo de la culata es otro cantar. El barniz está aquí más agarrado y la lana de acero trabaja muy despacio y con poco efecto, así que echo mano de una lijadora de mi cuñado (¡cuñaaaaaooo!)... Bueno, como vais viendo o tenéis herramientas o tenéis familia y amigos.


Tengo que emplear una lija no muy fina para poderle al barniz y la verdad es que en este momento la cosa tiene una pinta un poco chunga. ¿Tendré que llevárselo al final al ebanista? No nos vamos a rendir ahora, no?

Las partes que la lijadora no alcanza tienen que ser tratadas de nuevo con lana de acero y donde el barniz se resiste más, con una esponjilla forrada de lija (de esas que venden en cualquier ferretería).

No tengo prisa, quiero hacerlo bien y no se trata de realizarlo todo de una vez. Lo que véis es un proceso de horas desarrollado a lo largo de casi una semana empleando un par de horas cada noche después del trabajo. Por cierto, que estas labores sientan bien para relajar tensiones. Eso sí, procuro ser aseado para no vérmelas después con la señora de la limpieza.

El tratamiento de los segrinados es lo que más me ha preocupado. Pensaba repasarlo con un segrinador pero no encuentro esa herramienta en ninguna ferretería. Así que echo mano de uno de mis hermanos (¡ah la familia, Don Vito, la familia!). Bueno más que de él, de su dremell y un cepillo de alambre que aplico de la misma manera con la que los erizos hacen el amor: con muuuuucho cuidado.

También es una buena idea (mejor que la Dremell) usar como segrinador una varilla metálica de paraguas. Tienen forma semicircular, así que ajustando su curvatura a la anchura de los surcos nos servirán para limar el segrinado.

La verdad es que no llego a repasar todo el segrinado como me gustaría, pero para ser de pueblo, ya vale.

Bueno, resulta que el resultado al final no es tan malo y eso que faltan un par de repasos a la madera.

Antes de seguir adelante, tengo que arreglar unas grietas en la madera para que no vayan a más.


La cosa es cómo lo hago. No puedo abrir mucho la ranura porque corro el riesgo de terminar de jorobarla; así que... ¿Le inyecto cola con una jeringuilla de aguja fina? De nuevo "Josetxu" tiene la respuesta: "¡No seas jamelgo! Coges un trocito de papel que no esté satinado, lo impregnas bien con cola blanca de carpintero, abres un poquito la grieta y le metes el papel".

No le he preguntado si luego quito el papel... Así que decido dejarlo dentro porque es muy fino y creo que hará un cuerpo con la madera. Lo que está claro es que le tengo que poner un aprieto o un sargento para cerrar la ranura y que se pegue.

El resultado final será este (puede valer) a tamaño real, apenas se ve:


Sigo adelante con las maderas y ahora marco con lapicero zonas en las que sospecho que el barniz penetró más o que necesitan más lija, pero dejo aquellas macas en la madera que o bien son profundas o bien tienen algún significado para mí. Algunos de sus desperfectos tienen asociado algún recuerdo y no quiero hacerlo desaparecer, sólo atenuarlo para que no afee el conjunto.  

Elijo ahora una hoja de grano muy fino. Me huelo que esta lija es para metal en vez de madera, pero me decido a probarla porque siendo tan fina no puede hacerle mucho mal a la madera, como así es. Queda suave como el culito de un bebé.

Llega el momento de barnizar y aquí tenía una duda que planteo a "Josetxu" y a "Blaser34". Ambos coinciden milimétricamente en su consejo: el aceite de linaza está muy bien pero darlo es un peñazo. El aceite de teka es menos denso y penetra mejor. También se usa con éxito aceite de tung... Uno u otro depende del tono que queramos. ¡Ah! y que ni se me ocurra calentarlo para que la madera lo tome mejor, porque sólo conseguiré someterla a una temperatura que no le conviene.

Siguiendo las instrucciones del bote, aplico con brocha sin miedo, saturando bien, dejo secar 20 minutos y froto con un trapo para quitar el exceso. Puedes darle sin cuidado aunque chorree no pasa nada.

Es importante dejar que la madera se tome su tiempo en absorber el aceite.

Ya se aprecia que el color original ha desaparecido y queda más de mi gusto. Quizá un poco demasiado rojiza, pero eso trataré de corregirlo después con cera de color nogal.

¡Vaya!Al aplicar el aceite aparece algún golpe de lija dado torpemente. A ver si se puede rectificar.... Resulta que no tiene consecuencias irreversibles; le vuelvo a pasar la lija fina y de nuevo aceite de teka y queda corregido como se ve a continuación.


Termino dando todas las manos que me dicta el entendimiento tanto por el exterior como por el hueco de la culata (donde va el tornillo de sujección al cajón de mecanismos) y la parte interior del guardamanos.

Ahora aplico una buena pasta de cera con trapo y le saco brillo. "Dal cela, pulil cela", que decía el chinito. Otra vez y otra y otra... Me va a salir un golondrino en el sobaco.

Ya me han advertido de que este tipo de tratamiento de la madera precisa mantenimiento porque la cera en el exterior se deteriora... Pero bueno, igual que uno mantiene el metal y lo aceita y limpia tras una jornada de caza, me hago a la idea de que a partir de ahora también las maderas necesitarán sus cuidados.

El resultado final es... Cómo diría yo... Feliz.

 

METALES

Aquí sí que estoy perdido. Jamás he visto un pavonador en frío ni su aplicación. Como soy así de lanzado, ni siquiera me entretengo a verlo en vídeos de Internet. Dí que sí, con dos pelotas y un palo (si es que no hay conocimiento). Da igual, lo que está claro es que estos metales no pueden seguir así.


Mando a otra hermana a recoger el pavonador que me deja "Yogi" y cuando lo recibo a mí me parece que eso está más seco que la mojama... Pero vaya. Probaremos a frotar con él los metales empezando por el cajón de mecanismos.

Antes de comenzar hay que desengrasar el metal perfectamente y se me ocurre que la mejor manera es echar mano de una botella de alcohol de quemar que tengo por casa (sí, esta vez es mía). A ver si no la cago.


El alcohol va bien. limpia, brilla y da esplendor. Deja el metal perfectamente preparado para el pavonador.

Por cierto, que también me decido a correr otro riesgo. Como los puntos de óxido del metal no se van con el alcohol, los quito con lija muy muy fina aplicada con la punta de un destornillador de relojero. Esta vez lo gibo seguro... Ya veremos si después el pavón hace su trabajo o le queda marca para los restos


Antes de aplicar el pavonador me leo las instrucciones y lo primero que nos advierten es que el "podructo" tiene su peligro. Como estoy resfriado no noto ningún olor fuerte, pero procuro tener cuidado

¡Anda! ¡Funciona!

En una primera pasada, el metal se queda marrón, le doy un poco más y queda negro azulado, voy insistiendo y queda negro bastante homogéneo


Por si no había frotado suficiente con la cera el día anterior, dar el pavonador me termina hartando un poco. Tengo que repasar bastante para que la cosa quede bien, pero acaba por merecer tanto la pena que me decido a imitar a un compañero del foro que pavonó el guardapolvos del cerrojo y hasta el tirador.


Del compañero de foro Irbis copio la idea de pavonar también el guardapolvos del cerrojo y es buena idea porque ciertas zonas plateadas del cerrojo me parece que dan reflejos que los ciervos ven desde lejos y tengo que andar tapándolo con la manga del abrigo.

 También pavono la boca de fuego, los arañazos del cañón...

Sé que los pavonados en frío no son definitivos, pero bueno, será cosa de comprar un botecito y darle cuando el negro flojee.

Al final resulta que le he quitado al rifle unos años y aunque el aspecto ha cambiado con respecto a lo que siempre ha sido mi adorado BAR MKI, estoy muy muy contento.

Creo que el resultado ha merecido la pena aunque esta última foto no hace honor al color real que ha tomado la madera, sirve de muestra.


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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.
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