Mensaje por Cecilio-Andrad » 22 Sep 2007 11:57
Regla 2: No moverse después del disparo.
Hay que permanecer quieto y observar la reacción del animal. Una carrera descontrolada, que lleva a atravesar matorrales y chocar con los árboles, denuncia una herida en el corazón. Una huída más controlada, que sigue una línea más o menos recta evitando obstáculos, generalmente delata a una presa con los pulmones y/o arterias afectados. Encogerse al recibir el disparo, delata un impacto en la panza y advierte que hay que repetir el tiro rápidamente (esto es muy evidente en los cérvidos).
Para darse cuenta de todo esto, hay que estar mirando la presa y no tratando de recordar su posición (remitirse a la Regla 1). Muchos animales que no han sido alcanzados fatalmente, pero no están muy seguros de lo que está sucediendo; correrán una distancia corta después del impacto a menos que vean al predador (nosotros), yendo hacia ellos. Si esto ocurre (que nos vean) continuarán huyendo hasta poner por lo menos media provincia entre los dos. Si se permanece inmóvil, hasta determinar el lugar alcanzado por el disparo y se ha recargado el arma (ver lo que sigue), frecuentemente uno se encontrará en posición de soltar otro tiro, si es necesario; contra un animal quieto, en vez de uno mucho más difícil a una bestia que escapa y a la que hay que acertar a la carrera.
Regla 3: Recargar. Antes de mover los pies, hay que tener un arma cargada en las manos.
Es relativamente fácil desarrollar malos hábitos cuando uno caza animales poco interesantes y que no son peligrosos, lo que se pagará muy caro más tarde, cuando se persiga otros que sí lo sean o se trate de un trofeo extraordinario.
Un impacto cerca de la espina dorsal hará frecuentemente que el animal colapse (el clásico "calentón de agujas"), para luego recobrarse y huir a toda velocidad, dejando al asombrado cazador con la boca abierta y el rifle descargado. Es un cuento muy común y yo mismo lo he visto ocurrir con un ciervo colorado tirado a 10 metros (no, no me ocurrió a mí sino a un querido compañero que ya está recorriendo los Felices Campos de Caza).
Otras veces, se trata de un animal que huye mostrando todos los signos de haber sido alcanzado en los pulmones, el que prontamente cae a tierra, pero luego se para y desaparece en el horizonte cuando el cazador se acerca. Nada de acuerdo a los planes cuando se caza para comer, muy disgustante en el caso de un gran trofeo y positivamente malo para la digestión cuando la criatura en cuestión es un búfalo, un hipopótamo o un león y decide que el mejor camino para desaparecer en el horizonte pasa a través de uno.
El hombre es un animal de costumbres y se adquieren malas costumbres con gran facilidad. En el polígono, particularmente con un rifle pesado, tendemos a disparar un tiro, abrir cuidadosamente el arma y recoger la vaina sin dejar que sea expulsada y guardarla en el bolsillo, con el fin de recargarla más tarde ( especialmente teniendo en cuenta el costo de la munición de fábrica).
Se ha visto a muchos cazadores haciendo lo mismo mientras contemplaban a un búfalo huyendo. Sospecho que podrían llegar a hacer la misma cosa si el búfalo se dirigiera hacia ellos. Simplemente, tienen el hábito de guardar la vaina siempre. ¡Hay que recargar rápida y seguramente y dejar la recolección de las vainas para más tarde!. Es muy recomendable practicar esto también en el polígono, que es donde los hábitos se adquieren.
En una ocasión, un cazador muy experimentado fue cargado por un búfalo herido. Usando su rifle 577 N.E. de cañón doble, prontamente le disparó un par de balas. El animal cayó entre el pasto alto y el cazador corrió inmediatamente hacia él, para descubrir que el búfalo sólo había enredado sus patas y caído en un estrecho lecho seco de un arroyo. Casi al llegar hasta él, el búfalo había logrado desenredar sus patas y estaba listo para continuar la carga contra un hombre con el rifle descargado y sin tiempo para recargar -. ¿Resultado final?. Bueno, el búfalo finalmente murió por sus heridas, pero el cazador fue revoleado por los aires como consecuencia de su error, lo que seguramente no le resultó muy agradable, además del papelón.
Regla 4: Siempre presumir que se ha herido al animal.
¿Así que salió huyendo sin mostrar signos de haber sido herido?. Quizás sea un impacto en los pulmones, un poco más atrás, un poco más adelante o......vaya uno a saber. Es la obligación del buen cazador evitar que la presa herida escape. Con demasiada frecuencia, algunos animales son alcanzados fatalmente y encontrados dentro de unos doscientos metros, pero no mostraron inicialmente signos de haber sido "tocados", el ruido de la bala al impactar no fue suficientemente claro, o, no hay sangre en la tierra. Se ha encontrado que la herida de una bala normal de punta blanda de tipo "spitzer", puede empezar a sangrar de modo tal de percibirse en el suelo, a una distancia que puede llegar a los 200 metros del punto del impacto. Desde luego, puede ser instantáneamente, pero no siempre ocurre esto. Debido a esta circunstancia, aún hay quien prefiere usar balas de punta blindada, incluso para animales menores a los elefantes. Un orificio de salida siempre sangrará antes que uno de entrada y la mejor manera de conseguirlo es usar una punta blindada, sostienen. Un ejemplo perfecto es el de nuestro viejo Mauser 7.65, para el que ha sido normalmente difícil conseguir munición apropiada para cazar, con lo que los aficionados que no se dedicaron a "deportivizar" las puntas militares, terminaron usando directamente éstas sin modificaciones. Los resultados fueron los previstos, es decir; una importante cantidad de animales heridos jamás recuperada.
[i]Regla 2: No moverse después del disparo.
Hay que permanecer quieto y observar la reacción del animal. Una carrera descontrolada, que lleva a atravesar matorrales y chocar con los árboles, denuncia una herida en el corazón. Una huída más controlada, que sigue una línea más o menos recta evitando obstáculos, generalmente delata a una presa con los pulmones y/o arterias afectados. Encogerse al recibir el disparo, delata un impacto en la panza y advierte que hay que repetir el tiro rápidamente (esto es muy evidente en los cérvidos).
Para darse cuenta de todo esto, hay que estar mirando la presa y no tratando de recordar su posición (remitirse a la Regla 1). Muchos animales que no han sido alcanzados fatalmente, pero no están muy seguros de lo que está sucediendo; correrán una distancia corta después del impacto a menos que vean al predador (nosotros), yendo hacia ellos. Si esto ocurre (que nos vean) continuarán huyendo hasta poner por lo menos media provincia entre los dos. Si se permanece inmóvil, hasta determinar el lugar alcanzado por el disparo y se ha recargado el arma (ver lo que sigue), frecuentemente uno se encontrará en posición de soltar otro tiro, si es necesario; contra un animal quieto, en vez de uno mucho más difícil a una bestia que escapa y a la que hay que acertar a la carrera.
Regla 3: Recargar. Antes de mover los pies, hay que tener un arma cargada en las manos.
Es relativamente fácil desarrollar malos hábitos cuando uno caza animales poco interesantes y que no son peligrosos, lo que se pagará muy caro más tarde, cuando se persiga otros que sí lo sean o se trate de un trofeo extraordinario.
Un impacto cerca de la espina dorsal hará frecuentemente que el animal colapse (el clásico "calentón de agujas"), para luego recobrarse y huir a toda velocidad, dejando al asombrado cazador con la boca abierta y el rifle descargado. Es un cuento muy común y yo mismo lo he visto ocurrir con un ciervo colorado tirado a 10 metros (no, no me ocurrió a mí sino a un querido compañero que ya está recorriendo los Felices Campos de Caza).
Otras veces, se trata de un animal que huye mostrando todos los signos de haber sido alcanzado en los pulmones, el que prontamente cae a tierra, pero luego se para y desaparece en el horizonte cuando el cazador se acerca. Nada de acuerdo a los planes cuando se caza para comer, muy disgustante en el caso de un gran trofeo y positivamente malo para la digestión cuando la criatura en cuestión es un búfalo, un hipopótamo o un león y decide que el mejor camino para desaparecer en el horizonte pasa a través de uno.
El hombre es un animal de costumbres y se adquieren malas costumbres con gran facilidad. En el polígono, particularmente con un rifle pesado, tendemos a disparar un tiro, abrir cuidadosamente el arma y recoger la vaina sin dejar que sea expulsada y guardarla en el bolsillo, con el fin de recargarla más tarde ( especialmente teniendo en cuenta el costo de la munición de fábrica).
Se ha visto a muchos cazadores haciendo lo mismo mientras contemplaban a un búfalo huyendo. Sospecho que podrían llegar a hacer la misma cosa si el búfalo se dirigiera hacia ellos. Simplemente, tienen el hábito de guardar la vaina siempre. ¡Hay que recargar rápida y seguramente y dejar la recolección de las vainas para más tarde!. Es muy recomendable practicar esto también en el polígono, que es donde los hábitos se adquieren.
En una ocasión, un cazador muy experimentado fue cargado por un búfalo herido. Usando su rifle 577 N.E. de cañón doble, prontamente le disparó un par de balas. El animal cayó entre el pasto alto y el cazador corrió inmediatamente hacia él, para descubrir que el búfalo sólo había enredado sus patas y caído en un estrecho lecho seco de un arroyo. Casi al llegar hasta él, el búfalo había logrado desenredar sus patas y estaba listo para continuar la carga contra un hombre con el rifle descargado y sin tiempo para recargar -. ¿Resultado final?. Bueno, el búfalo finalmente murió por sus heridas, pero el cazador fue revoleado por los aires como consecuencia de su error, lo que seguramente no le resultó muy agradable, además del papelón.
Regla 4: Siempre presumir que se ha herido al animal.
¿Así que salió huyendo sin mostrar signos de haber sido herido?. Quizás sea un impacto en los pulmones, un poco más atrás, un poco más adelante o......vaya uno a saber. Es la obligación del buen cazador evitar que la presa herida escape. Con demasiada frecuencia, algunos animales son alcanzados fatalmente y encontrados dentro de unos doscientos metros, pero no mostraron inicialmente signos de haber sido "tocados", el ruido de la bala al impactar no fue suficientemente claro, o, no hay sangre en la tierra. Se ha encontrado que la herida de una bala normal de punta blanda de tipo "spitzer", puede empezar a sangrar de modo tal de percibirse en el suelo, a una distancia que puede llegar a los 200 metros del punto del impacto. Desde luego, puede ser instantáneamente, pero no siempre ocurre esto. Debido a esta circunstancia, aún hay quien prefiere usar balas de punta blindada, incluso para animales menores a los elefantes. Un orificio de salida siempre sangrará antes que uno de entrada y la mejor manera de conseguirlo es usar una punta blindada, sostienen. Un ejemplo perfecto es el de nuestro viejo Mauser 7.65, para el que ha sido normalmente difícil conseguir munición apropiada para cazar, con lo que los aficionados que no se dedicaron a "deportivizar" las puntas militares, terminaron usando directamente éstas sin modificaciones. Los resultados fueron los previstos, es decir; una importante cantidad de animales heridos jamás recuperada.[/i]