Mensaje por Busman » 22 Nov 2010 20:30
De todos es sabido que la humedad puede dañar a nuestras armas, a nadie se le ocurriría guardar un arma mojada o simplemente en un ambiente muy húmedo, no hay que ser un experto para saber que esto es así. Es importante que las sequemos bien antes de guardarlas, no dando tiempo a que aparezca ese óxido tan temido.
Se nos moja la escopeta cuando llueve en el campo. Se moja nuestro rifle esperando al guarro entre los maizes. Cuando llegamos a casa los secamos con cariño, los aceitamos y guardamos en un lugar adecuado, sin humedad.
No soy un experto ni lo pretendo ser, tan solo soy un curioso al que le gusta preguntar, fisgar, leer, investigar, estudiar…y, con los datos obtenidos, experimentar.
Hay muchas cosas que nunca se me ocurriría hacer, por eso, como no las he hecho, no voy a hablar de ellas. En cambio desde que era un niño (me enseñó mi padre) he limpiado muchas armas y otros hierros con muy diversos métodos. Tengo dos rifles de cartucho metálico y pólvora sin humo, el uno de cerrojo y semiautomático el otro. Estos a penas los uso, pues es un coñazo tener que limpiarlos con esos productos tan raros y pestilentes que nunca los dejan como a tí te gusta y cuando pasas un bastoncillo por determinadas partes termina saliendo negro igual. Tengo también dos escopetas del 12 con las que hago menos pereza por ser de ánima lisa y tal.
En la actualidad poseo diez armas de avancarga y pólvora negra, algunas con varios años ya, y todas son lavadas con agua y jabón una y otra vez tras su uso. Me gustaría que algún experto en metales las examinase y me dijese donde están los puntos de óxido, pues yo, por más que miro (hasta con el algodón) no los encuentro.
Es muy extraño que Davide Pedersoli no cuente con expertos en metal que le asesoren a la hora de redactar los manuales, porque en pleno siglo XXI recomienda una limpieza a fondo con agua caliente para las armas de pólvora negra (incluyendo por cierto los cañones de ánima rayada).
Se puede argüir que el fabricante quiere que se nos estropeen las armas, pero me extraña que el gigante italiano ponga en juego su merecido prestigio por esta razón. Tal vez ganaría más alarmando al personal para que comprasen un milagroso (y caro) producto, olvidándose de la terrible agua, pero lo cierto es que no es así.
En la misma línea redactan sus manuales de instrucciones el resto de fabricantes, curioso ¿no?
Estos manuales, en cambio, son respaldados por una larga tradición que antes he apuntado. Posiblemente el lavar con agua los cañones desde que se inventó la pólvora no quiere decir que sea bueno, pero si en más de quinientos años no ha habido necesidad de variar el método, malo tampoco puede ser. Hay que tener en cuenta que el alcohol lleva muchos siglos inventado.
Por citar a algunos expertos en armas antiguas y metales conocedores del método, que lo aceptan como algo normal y en los que nunca he leído ni una sola crítica al respecto podría mencionar a Ramiro Larrañaga, miembro de una larga estirpe de armeros y maestro grabador, autor de obras bien trabadas y eruditas; José Maria Peláez Valle, experto en armas antiguas y profesor componente del Área de Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Vigo o también Juan Antonio Díez Aja, Profesor asociado en la Universidad de Cantabria, área de materiales de la Escuela de Ingenieros de Caminos, toda su carrera profesional ha tenido lugar en el campo de los materiales metálicos, en especial la fundición del hierro y aceros aleados. Este último autor cita además un método tradicional que se usaba a mediados del siglo XIX para probar la estanqueidad de los cañones de hierro y que consistía en que, una vez disparado el cañón con carga fuerte, se tapaba el fogón y se llenaba el ánima de agua para comprobar si había fugas.
En fin, lo dicho, que cada uno limpie sus armas como quiera, pero creo que no es prudente crear una alarma innecesaria que no me extrañaría desanimase a más de uno. Yo, si no supiese lo que ya se, ante la posibilidad de que además de la pólvora me tuviera que pertrechar de un recipiente lleno de gasolina, me lo pensaría. No estoy dispuesto a meter en casa más productos inflamables, malolientes o tóxicos de los que realmente necesito. De hecho mis rifles de pólvora sin humo están en venta por lo mismo.
Buenas tardes.
De todos es sabido que la humedad puede dañar a nuestras armas, a nadie se le ocurriría guardar un arma mojada o simplemente en un ambiente muy húmedo, no hay que ser un experto para saber que esto es así. Es importante que las sequemos bien antes de guardarlas, no dando tiempo a que aparezca ese óxido tan temido.
Se nos moja la escopeta cuando llueve en el campo. Se moja nuestro rifle esperando al guarro entre los maizes. Cuando llegamos a casa los secamos con cariño, los aceitamos y guardamos en un lugar adecuado, sin humedad.
No soy un experto ni lo pretendo ser, tan solo soy un curioso al que le gusta preguntar, fisgar, leer, investigar, estudiar…y, con los datos obtenidos, experimentar.
Hay muchas cosas que nunca se me ocurriría hacer, por eso, como no las he hecho, no voy a hablar de ellas. En cambio desde que era un niño (me enseñó mi padre) he limpiado muchas armas y otros hierros con muy diversos métodos. Tengo dos rifles de cartucho metálico y pólvora sin humo, el uno de cerrojo y semiautomático el otro. Estos a penas los uso, pues es un coñazo tener que limpiarlos con esos productos tan raros y pestilentes que nunca los dejan como a tí te gusta y cuando pasas un bastoncillo por determinadas partes termina saliendo negro igual. Tengo también dos escopetas del 12 con las que hago menos pereza por ser de ánima lisa y tal.
En la actualidad poseo diez armas de avancarga y pólvora negra, algunas con varios años ya, y todas son lavadas con agua y jabón una y otra vez tras su uso. Me gustaría que algún experto en metales las examinase y me dijese donde están los puntos de óxido, pues yo, por más que miro (hasta con el algodón) no los encuentro.
Es muy extraño que Davide Pedersoli no cuente con expertos en metal que le asesoren a la hora de redactar los manuales, porque en pleno siglo XXI recomienda una limpieza a fondo con agua caliente para las armas de pólvora negra (incluyendo por cierto los cañones de ánima rayada).
Se puede argüir que el fabricante quiere que se nos estropeen las armas, pero me extraña que el gigante italiano ponga en juego su merecido prestigio por esta razón. Tal vez ganaría más alarmando al personal para que comprasen un milagroso (y caro) producto, olvidándose de la terrible agua, pero lo cierto es que no es así.
En la misma línea redactan sus manuales de instrucciones el resto de fabricantes, curioso ¿no?
Estos manuales, en cambio, son respaldados por una larga tradición que antes he apuntado. Posiblemente el lavar con agua los cañones desde que se inventó la pólvora no quiere decir que sea bueno, pero si en más de quinientos años no ha habido necesidad de variar el método, malo tampoco puede ser. Hay que tener en cuenta que el alcohol lleva muchos siglos inventado.
Por citar a algunos expertos en armas antiguas y metales conocedores del método, que lo aceptan como algo normal y en los que nunca he leído ni una sola crítica al respecto podría mencionar a Ramiro Larrañaga, miembro de una larga estirpe de armeros y maestro grabador, autor de obras bien trabadas y eruditas; José Maria Peláez Valle, experto en armas antiguas y profesor componente del Área de Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Vigo o también Juan Antonio Díez Aja, Profesor asociado en la Universidad de Cantabria, área de materiales de la Escuela de Ingenieros de Caminos, toda su carrera profesional ha tenido lugar en el campo de los materiales metálicos, en especial la fundición del hierro y aceros aleados. Este último autor cita además un método tradicional que se usaba a mediados del siglo XIX para probar la estanqueidad de los cañones de hierro y que consistía en que, una vez disparado el cañón con carga fuerte, se tapaba el fogón y se llenaba el ánima de agua para comprobar si había fugas.
En fin, lo dicho, que cada uno limpie sus armas como quiera, pero creo que no es prudente crear una alarma innecesaria que no me extrañaría desanimase a más de uno. Yo, si no supiese lo que ya se, ante la posibilidad de que además de la pólvora me tuviera que pertrechar de un recipiente lleno de gasolina, me lo pensaría. No estoy dispuesto a meter en casa más productos inflamables, malolientes o tóxicos de los que realmente necesito. De hecho mis rifles de pólvora sin humo están en venta por lo mismo.
Buenas tardes.