Mensaje por Busman » 18 Sep 2010 14:43
Por su parte, don Tomás de Morla en su Tratado de Artillería de 1786 se expresa de la siguiente forma:
Los almacenes son unos edificios construidos con solidez, y del modo más conducente al resguardo de la pólvora: a este efecto se situan al medio dia o levante, retirados del comercio: se cubren por lo regular de bóbedas a prueba de bombas: se hacen en el espesor de sus muros varios respiraderos por donde pueda entrar el aire, y no otro cuerpo directamente, porque tienen un dado en el medio: se les deja una sóla puerta, y una ventana, ambas de encina, dobles, gruesas y bien ensambladas, cubiertas exteriormente con planchas de cobre, e interiormente con pieles crudas de buey: se rodean con una cerca de mamposteria coronada de una estacada, cuya puerta con su cancel esté a otro costado de la del almacén...el pavimento de éste es un entarimado sostenido con cuartones fuertes, elevados dos pies sobre el terreno...Las paredes se revisten o forran interiormente hasta siete pies de altura con tableros...
Igual modo debe observarse en cuanto sea posible en los almacenes pequeños, ó repuestos de pólvora, ya sean estables como en las plazas, ya provisionales como en campaña. En los castillos y ciudadelas, que por lo común son elevados, seria conveniente construir en lugares oportunos, como por ejemplo bajo el terraplén de un baluarte, dos o más repuestos subterraneos de figura peróide con dos aberturas, una en la parte superior, para entrar la pólvora, y otra en la inferior para extraerla...
He omitido las referencias a la forma de apilar los dos tipos de recipiente que se utilizan: barriles y cajones, pues queda someramente expuesto en los otros post.
Más adelante continúa este autor (Morla) con observaciones interesantes como la colocación de pararrayos en los depósitos y almacenes, pero como los presenta como novedad no se pueden aplicar a los siglos XVI y XVII. En cuanto al resto, por lo que se puede apreciar en los restos de fortalezas, sitios arqueológicos, etc.; creo que si se puede aplicar y es fruto de la experiencia y el ordenamiento en consecuencia, ya desde la época de Carlos V.
Por su parte, don Tomás de Morla en su Tratado de Artillería de 1786 se expresa de la siguiente forma:
[b]Los almacenes son unos edificios construidos con solidez, y del modo más conducente al resguardo de la pólvora: a este efecto se situan al medio dia o levante, retirados del comercio: se cubren por lo regular de bóbedas a prueba de bombas: se hacen en el espesor de sus muros varios respiraderos por donde pueda entrar el aire, y no otro cuerpo directamente, porque tienen un dado en el medio: se les deja una sóla puerta, y una ventana, ambas de encina, dobles, gruesas y bien ensambladas, cubiertas exteriormente con planchas de cobre, e interiormente con pieles crudas de buey: se rodean con una cerca de mamposteria coronada de una estacada, cuya puerta con su cancel esté a otro costado de la del almacén...el pavimento de éste es un entarimado sostenido con cuartones fuertes, elevados dos pies sobre el terreno...Las paredes se revisten o forran interiormente hasta siete pies de altura con tableros...
Igual modo debe observarse en cuanto sea posible en los almacenes pequeños, ó repuestos de pólvora, ya sean estables como en las plazas, ya provisionales como en campaña. En los castillos y ciudadelas, que por lo común son elevados, seria conveniente construir en lugares oportunos, como por ejemplo bajo el terraplén de un baluarte, dos o más repuestos subterraneos de figura peróide con dos aberturas, una en la parte superior, para entrar la pólvora, y otra en la inferior para extraerla...[/b]
He omitido las referencias a la forma de apilar los dos tipos de recipiente que se utilizan: barriles y cajones, pues queda someramente expuesto en los otros post.
Más adelante continúa este autor (Morla) con observaciones interesantes como la colocación de pararrayos en los depósitos y almacenes, pero como los presenta como novedad no se pueden aplicar a los siglos XVI y XVII. En cuanto al resto, por lo que se puede apreciar en los restos de fortalezas, sitios arqueológicos, etc.; creo que si se puede aplicar y es fruto de la experiencia y el ordenamiento en consecuencia, ya desde la época de Carlos V.