Mensaje por Busman » 19 May 2011 17:03
Soldándose el cañón sobre una barreta de 5 líneas de diámetro, es necesario aumentar el de su ánima para darle su verdadero calibre, lo que se ejecuta por medio de varias barrenas que se hacen entrar sucesivamente y cuyo diámetro es cada vez mayor. Estas barrenas tienen diez pulgadas de largo á corta diferencia, son cuadradas y cortan por sus cuatro ángulos, á cuyo fin se hacen de acero templado de la mejor calidad. Están soldadas á una vara de hierro de 3 pies de largo cuyo extremo, algo chato, se introduce en la cavidad hecha en el centro de una linterna horizontal que le da movimiento. La experiencia ha manifestado que, para que un cañón quede bien barrenado, es necesario pasarle veinte barrenas regulares y al fin dos de 15 pulgadas de largo. Al introducir cada barrena en el cañón se acomoda á uno de sus cuatro planos una astilla ó listoncito delgado de madera suave y correosa, como la de avellano, para que resulte más lisa la superficie interior del cañón; precaución que solamente toman en Francia con solas las dos barrenas últimas y más largas.
Afirmada sólidamente la primera barrena á la linterna que la mueve horizontalmente, se trata de obligar al cañón á avanzarse á su encuentro con un movimiento regular, y de modo que su eje y el de la barrena no formen exacta y justamente sino una sola y misma línea recta. A este efecto se proporciona la altura de la mesa ó banco de barrenar a que se sujeta el cañón por medio de un instrumento de hierro de la figura de una doble T, que tiene en sus extremos unas argollas en que se introduce el cañón y se asegura con cuñas de hierro.
Es necesario tener á la mano una artesa ó pila de piedra con agua que sirve para refrescar el cañón que se calienta tanto al barrenarse que no se puede manejar También sirve para recibir las limaduras que salen del cañón y para refrescar las barrenas.
Estando todo dispuesto para barrenar el cañón, se unta con aceite la canal por donde pasa el instrumento de hierro, que hemos dicho afirma al cañón, y la primera barrena que se ha de introducir y se da movimiento á la linterna. Se obliga á avanzar al cañón por medio de una palanca pequeña, que se va sucesivamente apoyando contra unas clavijas verticales distantes cuatro pulgadas entre sí y clavadas en los lados del marco que forma la mesa. Cuando la barrena haya llegado á la mitad del cañón, se saca e inclina el cañón para que caigan las limaduras y se vuelve este á poner en dirección contraria; de modo que si antes entraba la barrena por la boca, después por la recámara. Esto mismo se practica con las ocho ó diez primeras barrenas; pero las demás se hacen pasar todo á lo largo del cañón, teniendo cuidado de extraer las limaduras con tanta mayor frecuencia cuanto sea menor el número de barrenas que queden por pasar; porque en las limaduras hay granos mas ó menos duros que movidos por la barrena formarían en lo interior del cañón rascaduras circulares mas ó menos profundas, que no se podrían quitar sino aumentando su calibre.
Después de haber pasado las 8 ó 10 primeras barrenas, es preciso examinar la dirección interior del cañón. A este fin se pasa por su ánima un alambre que se pone bien tenso y dando vueltas al cañón, sobre él se notan mirando contra la luz los parajes por donde no toca al hilo, los que señalados se corrigen sobre un yunque. Esta comprobación de la rectitud del ánima se repite varias veces y mas á las últimas barrenas.
Cuando solo queden dos o tres barrenas que pasar y que se está seguro de la rectitud del ánima, es necesario reconocer los espesores á fin de arreglar la dirección del cañón por la parte exterior. Para ello se usa de una especie de compás ó tenazas de muelles, cuyas piernas conservan siempre una abertura constante. La que entra en el cañón se termina en un cilindro de corcho, u otra materia flexible, que se ajuste con el ánima en cualquier paraje y la otra pierna tiene a su extremo un tornillo que se oprime contra el cañón, y por la parte que salga de la hembra se conocerá su espesor. También se suele usar de un compás que tenga juego y con él se conocen los gruesos del cañón por medio de un botón, que tiene la pierna exterior, que se ajustará á la superficie en la parte que se quiera examinar. Con uno ú otro instrumento se pueden apreciar los diferentes espesores del cañón, y se anotarán por la parte exterior con golpes de lima más o menos profundos.
[b]Soldándose el cañón sobre una barreta de 5 líneas de diámetro, es necesario aumentar el de su ánima para darle su verdadero calibre, lo que se ejecuta por medio de varias barrenas que se hacen entrar sucesivamente y cuyo diámetro es cada vez mayor. Estas barrenas tienen diez pulgadas de largo á corta diferencia, son cuadradas y cortan por sus cuatro ángulos, á cuyo fin se hacen de acero templado de la mejor calidad. Están soldadas á una vara de hierro de 3 pies de largo cuyo extremo, algo chato, se introduce en la cavidad hecha en el centro de una linterna horizontal que le da movimiento. La experiencia ha manifestado que, para que un cañón quede bien barrenado, es necesario pasarle veinte barrenas regulares y al fin dos de 15 pulgadas de largo. Al introducir cada barrena en el cañón se acomoda á uno de sus cuatro planos una astilla ó listoncito delgado de madera suave y correosa, como la de avellano, para que resulte más lisa la superficie interior del cañón; precaución que solamente toman en Francia con solas las dos barrenas últimas y más largas.
Afirmada sólidamente la primera barrena á la linterna que la mueve horizontalmente, se trata de obligar al cañón á avanzarse á su encuentro con un movimiento regular, y de modo que su eje y el de la barrena no formen exacta y justamente sino una sola y misma línea recta. A este efecto se proporciona la altura de la mesa ó banco de barrenar a que se sujeta el cañón por medio de un instrumento de hierro de la figura de una doble T, que tiene en sus extremos unas argollas en que se introduce el cañón y se asegura con cuñas de hierro.
Es necesario tener á la mano una artesa ó pila de piedra con agua que sirve para refrescar el cañón que se calienta tanto al barrenarse que no se puede manejar También sirve para recibir las limaduras que salen del cañón y para refrescar las barrenas.
Estando todo dispuesto para barrenar el cañón, se unta con aceite la canal por donde pasa el instrumento de hierro, que hemos dicho afirma al cañón, y la primera barrena que se ha de introducir y se da movimiento á la linterna. Se obliga á avanzar al cañón por medio de una palanca pequeña, que se va sucesivamente apoyando contra unas clavijas verticales distantes cuatro pulgadas entre sí y clavadas en los lados del marco que forma la mesa. Cuando la barrena haya llegado á la mitad del cañón, se saca e inclina el cañón para que caigan las limaduras y se vuelve este á poner en dirección contraria; de modo que si antes entraba la barrena por la boca, después por la recámara. Esto mismo se practica con las ocho ó diez primeras barrenas; pero las demás se hacen pasar todo á lo largo del cañón, teniendo cuidado de extraer las limaduras con tanta mayor frecuencia cuanto sea menor el número de barrenas que queden por pasar; porque en las limaduras hay granos mas ó menos duros que movidos por la barrena formarían en lo interior del cañón rascaduras circulares mas ó menos profundas, que no se podrían quitar sino aumentando su calibre.
Después de haber pasado las 8 ó 10 primeras barrenas, es preciso examinar la dirección interior del cañón. A este fin se pasa por su ánima un alambre que se pone bien tenso y dando vueltas al cañón, sobre él se notan mirando contra la luz los parajes por donde no toca al hilo, los que señalados se corrigen sobre un yunque. Esta comprobación de la rectitud del ánima se repite varias veces y mas á las últimas barrenas.
Cuando solo queden dos o tres barrenas que pasar y que se está seguro de la rectitud del ánima, es necesario reconocer los espesores á fin de arreglar la dirección del cañón por la parte exterior. Para ello se usa de una especie de compás ó tenazas de muelles, cuyas piernas conservan siempre una abertura constante. La que entra en el cañón se termina en un cilindro de corcho, u otra materia flexible, que se ajuste con el ánima en cualquier paraje y la otra pierna tiene a su extremo un tornillo que se oprime contra el cañón, y por la parte que salga de la hembra se conocerá su espesor. También se suele usar de un compás que tenga juego y con él se conocen los gruesos del cañón por medio de un botón, que tiene la pierna exterior, que se ajustará á la superficie en la parte que se quiera examinar. Con uno ú otro instrumento se pueden apreciar los diferentes espesores del cañón, y se anotarán por la parte exterior con golpes de lima más o menos profundos.
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