Mensaje por Glimmer » 17 Mar 2021 12:31
Determinadas controversias tienen, a veces, una explicación más simple que el mecanismo de un botijo.
Sin entrar en el eterno (y cíclico) debate de federación obligatoria sí o no.
Sin entrar en si el terreno de un campo de tiro X es alquilado por un club/federación a su propietario o se tiene en propiedad.
Sin entrar en licencia AE vs F.
Lo cierto es que la gran mayoría de federaciones o clubs exigen la tramitación a través de ellos de un seguro que cubra daños propios y, sobre todo, la responsabilidad civil por daños a terceros e instalaciones.
Hace mucho tiempo que las polémicas sobre esto último acabaron convertidas en un ‘clásico’ federativo.
A saber:
Que si se acaba pagando en no pocos sitios un sobreprecio respecto a seguros particulares que cubren lo mismo o más.
Que si, en ciertos campos, al tirador de a pie sólo le cubre el seguro federativo mientras hace competiciones/entrenamientos, pero no en tránsito.
Que si hay federaciones donde sus jerifaltes tienen una cobertura económica en caso de siniestro diez (10) veces superior a la del tirador de a pie.
Que si hay federaciones donde sus jerifaltes tienen una cobertura económica en caso de siniestro que les cubre el tránsito lo que, en la práctica, supone para algunos un seguro ‘full time’ por el que cobrarían si se cayeran por la calle cuando van a comprar el pan. Bastaría para ello argumentar accidente yendo al campo de tiro. Incluso fuera de horario para disparar, con la disculpa de que iban a la oficina a hacer una gestión.
Dicho esto, el dejar en manos de cada tirador la contratación con la compañía que estime oportuno de un seguro por daños propios, a terceros e instalaciones para disparar en un campo de tiro deportivo adolece de no pocos problemas, derivados de despistes e insolvencias cuando no de picaresca alevosa y premeditada.
¿Que por qué?
Porque cabe la presentación de una simple propuesta que, luego, no llega a materializarse en póliza concreta de seguro.
Porque cabe pagar un seguro domiciliado en cuenta y devolver el recibo antes de que acabe el plazo legal de un mes para hacerlo.
Porque aunque no concurra ninguno de los dos supuestos anteriores, la federación o club de turno no pueden estar en plan guardia civil de tráfico pidiendo cada dos por tres prueba tangible de que el tirador X tiene su seguro particular en regla y al corriente.
Porque no estamos ante el seguro automovilístico obligatorio de un conductor que, en el peor de los casos, esto es, siniestro sin póliza al corriente con daños a terceros, tendrá detrás al Consorcio de Compensación para indemnizar transitoriamente a las víctimas.
Porque si se dejase en manos de cada cual, habría quien suscribiera una póliza en condiciones y quien contratara una desfachatez a la baja para cubrir el expediente.
Luego, claro, llegan los líos: Pepe queda parapléjico por un disparo accidental de Juan que, o no tiene seguro o dispone de cobertura pírrica, declarándose luego en sede judicial insolvente para más inri.
Guste o no, es lo que hay.
Saludos cordiales.
Determinadas controversias tienen, a veces, una explicación más simple que el mecanismo de un botijo.
Sin entrar en el eterno (y cíclico) debate de federación obligatoria sí o no.
Sin entrar en si el terreno de un campo de tiro X es alquilado por un club/federación a su propietario o se tiene en propiedad.
Sin entrar en licencia AE vs F.
Lo cierto es que la gran mayoría de federaciones o clubs exigen la tramitación a través de ellos de un seguro que cubra daños propios y, sobre todo, la responsabilidad civil por daños a terceros e instalaciones.
Hace mucho tiempo que las polémicas sobre esto último acabaron convertidas en un ‘clásico’ federativo.
A saber:
Que si se acaba pagando en no pocos sitios un sobreprecio respecto a seguros particulares que cubren lo mismo o más.
Que si, en ciertos campos, al tirador de a pie sólo le cubre el seguro federativo mientras hace competiciones/entrenamientos, pero no en tránsito.
Que si hay federaciones donde sus jerifaltes tienen una cobertura económica en caso de siniestro diez (10) veces superior a la del tirador de a pie.
Que si hay federaciones donde sus jerifaltes tienen una cobertura económica en caso de siniestro que les cubre el tránsito lo que, en la práctica, supone para algunos un seguro ‘full time’ por el que cobrarían si se cayeran por la calle cuando van a comprar el pan. Bastaría para ello argumentar accidente yendo al campo de tiro. Incluso fuera de horario para disparar, con la disculpa de que iban a la oficina a hacer una gestión.
Dicho esto, el dejar en manos de cada tirador la contratación con la compañía que estime oportuno de un seguro por daños propios, a terceros e instalaciones para disparar en un campo de tiro deportivo adolece de no pocos problemas, derivados de despistes e insolvencias cuando no de picaresca alevosa y premeditada.
¿Que por qué?
Porque cabe la presentación de una simple propuesta que, luego, no llega a materializarse en póliza concreta de seguro.
Porque cabe pagar un seguro domiciliado en cuenta y devolver el recibo antes de que acabe el plazo legal de un mes para hacerlo.
Porque aunque no concurra ninguno de los dos supuestos anteriores, la federación o club de turno no pueden estar en plan guardia civil de tráfico pidiendo cada dos por tres prueba tangible de que el tirador X tiene su seguro particular en regla y al corriente.
Porque no estamos ante el seguro automovilístico obligatorio de un conductor que, en el peor de los casos, esto es, siniestro sin póliza al corriente con daños a terceros, tendrá detrás al Consorcio de Compensación para indemnizar transitoriamente a las víctimas.
Porque si se dejase en manos de cada cual, habría quien suscribiera una póliza en condiciones y quien contratara una desfachatez a la baja para cubrir el expediente.
Luego, claro, llegan los líos: Pepe queda parapléjico por un disparo accidental de Juan que, o no tiene seguro o dispone de cobertura pírrica, declarándose luego en sede judicial insolvente para más inri.
Guste o no, es lo que hay.
Saludos cordiales.