Mensaje por EduardoLaporta » 07 Jun 2014 00:26
Vrakk, cerca. ¿Dónde tienen como lema NO DAR TRABAJO A NADIE DE FUERA? De fuera me refiero del término municipal. Exactamente, allí.
Las chimeneas abiertas antiguas son un elemento que le da sabor a cualquier casa. La mía tiene cosa de un metro cúbico , y con posterioridad se le acoplaron paredes y un regulador de tiro superior. Si la casa no tuviera corrientes de aire por todos lados sería una bonita trampa mortal. Un día volvíamos de las compras en el coche por la tarde, ya de noche a eso de las seis. De repente mi mujer me dice "hala cari mira qué guay Rafael ha puesto bengalas en la terraza" Rafael es el vecino. No lo dijo exactamente así porque es portuguesa, pero el alma del mensaje era esa. También porque es portuguesa, llevábamos los Chichos a tope en el cd, le hice creer que eso era flamenco. Cuánto me arrepentí de haberlo hecho. Yo, probablemente estaría pensando en cualquier gilipollez, la situación en Oriente Medio, los tejemanejes sionistas, la puta esfera naranja que aterrizó delante de mis narices en un carrascal hacía pocos días, el caso es que me costó unos segundos, mientras aparcaba, procesar la información. Espera ahí, Rafael, de casi 90 años y con una cabeza que funciona a 8 bits -tienes que esperar varios segundos hasta que procesa el "buenos días" y responde, porque a bien educado a Rafael no le gana nadie- y su sobrina Purita, cuya desviación de columna se extiende a cualquier característica de su humanidad carácter incluido, ¿¿¿¿quemando bengalas en la terraza bajo la llovizna -esa bucólica llovizna de mierda- de noche por la tarde en invierno sin festividad ni motivo -ni aunque los hubiera-???? Dos goterones de sudor frío surcaron mis mejillas barbudas.
Salí del coche por puro automatismo, no quería hacerlo. Levanté la cabeza y allí estaba. Mi chimenea. Rugiendo y bufando, soltando escupitajos enormes de chispas incendiadas. El gorro del tubo es el típico picudo de casa de brujas. Subía y bajaba al compás de las chispas, la arandela había dilatado por el calor. La sinfonía de todo aquello dejaba en una canción de los payasos de la tele a las trompetas del Apocalipsis. Yo temía que saliese disparado, es un proyectil spitzer temible calibre 75 cm. Todos los mitos de chimeneas explosivas -hahahaha estos garrulos de pueblo cómo exageran- se hicieron realidad ante mis ojos. De repente, el caperuzo bajó. Hubo unos segundos en los que dentro de mi casa se oía algo muy parecido a todos los demonios del infierno rascándose los huevos unos a otros a compás. Y acto seguido ¡Boum! caperuzo a la mierda -cayó encima de una casa abandonada, rodó por el tejado y cayó de nuevo mansamente a un par de metros de mí- y una BOLA de chispas se elevó cuatro o cinco metros por encima del tubo de la chimenea cayendo después en mis tejados. Gracias a Dios -tengo la flor en el culo desde que nací- llevaba lloviendo dos días. Como sabréis las casas antiguas tienen madero, entramado de caña barro generalmente deshecho y la teja. Vamos, que todo bajo la teja es altamente inflamable. Observé aquél fuego flamígero cayendo sobre mi casa y me dije: se acabó. Eternos instantes después reparé en las manos de mi mujer clavándose en mi brazo. ¡LA GATA!!! Bueno, empapado en agua abrí la puerta de la casa. Nunca imaginé semejante bofetada de calor en una casa por lo general HELADA salvo a dos metros del hogar. Y el humo. Mucho humo. La gata, que no es gilipollas, pasó como una centella entre mis piernas. Tomé aire y repté por las escaleras hacia el salón. No se veía a un metro. Vi que el tiro se había cerrado. Claro, se cerró abajo y arriba y el creosol cogió presión además de temperatura hasta explotar. Volví a la calle a coger aire, le di la vuelta al forro polar, esperé que se empapara de lluvia, cogí un perfil de acero de dos metros y volví a la chimenea. Abrí todas las ventanas. Paredes detrás de otras paredes de PIEDRA estaban calientes. Y con el perfil abrí el tiro de la chimenea. Y entonces sí, aluciné. Cayó una brasa pura, brillante entre el humo, de puro creosol con la forma piramidal de la chimenea, ocupaba todo el lugar del fuego. No he estado nunca cerca de nada tan caliente. Sentí que la cara y las manos se me iban a encender. Solté el perfil y salí de allí corriendo.
En un par de horas ya no había humo. Y la casa parecía un piso con caldera central y termostato a 40ºC Se podía ir en pelota por el tercer piso, el agua salía templada en el baño, porque las paredes de piedra por donde estaban incrustadas las cañerías estaban calientes. Fue una ayuda para quitarnos el olor a romaní.
Al día siguiente:
-Buenos días, Rafael!
Tic-tac tic tac tic tac tic tac ¡Jodo! Ahora ya no limpies la chaminera que más limpia no la pués tener!!

Vrakk, cerca. ¿Dónde tienen como lema NO DAR TRABAJO A NADIE DE FUERA? De fuera me refiero del término municipal. Exactamente, allí.
Las chimeneas abiertas antiguas son un elemento que le da sabor a cualquier casa. La mía tiene cosa de un metro cúbico , y con posterioridad se le acoplaron paredes y un regulador de tiro superior. Si la casa no tuviera corrientes de aire por todos lados sería una bonita trampa mortal. Un día volvíamos de las compras en el coche por la tarde, ya de noche a eso de las seis. De repente mi mujer me dice "hala cari mira qué guay Rafael ha puesto bengalas en la terraza" Rafael es el vecino. No lo dijo exactamente así porque es portuguesa, pero el alma del mensaje era esa. También porque es portuguesa, llevábamos los Chichos a tope en el cd, le hice creer que eso era flamenco. Cuánto me arrepentí de haberlo hecho. Yo, probablemente estaría pensando en cualquier gilipollez, la situación en Oriente Medio, los tejemanejes sionistas, la puta esfera naranja que aterrizó delante de mis narices en un carrascal hacía pocos días, el caso es que me costó unos segundos, mientras aparcaba, procesar la información. Espera ahí, Rafael, de casi 90 años y con una cabeza que funciona a 8 bits -tienes que esperar varios segundos hasta que procesa el "buenos días" y responde, porque a bien educado a Rafael no le gana nadie- y su sobrina Purita, cuya desviación de columna se extiende a cualquier característica de su humanidad carácter incluido, ¿¿¿¿quemando bengalas en la terraza bajo la llovizna -esa bucólica llovizna de mierda- de noche por la tarde en invierno sin festividad ni motivo -ni aunque los hubiera-???? Dos goterones de sudor frío surcaron mis mejillas barbudas.
Salí del coche por puro automatismo, no quería hacerlo. Levanté la cabeza y allí estaba. Mi chimenea. Rugiendo y bufando, soltando escupitajos enormes de chispas incendiadas. El gorro del tubo es el típico picudo de casa de brujas. Subía y bajaba al compás de las chispas, la arandela había dilatado por el calor. La sinfonía de todo aquello dejaba en una canción de los payasos de la tele a las trompetas del Apocalipsis. Yo temía que saliese disparado, es un proyectil spitzer temible calibre 75 cm. Todos los mitos de chimeneas explosivas -hahahaha estos garrulos de pueblo cómo exageran- se hicieron realidad ante mis ojos. De repente, el caperuzo bajó. Hubo unos segundos en los que dentro de mi casa se oía algo muy parecido a todos los demonios del infierno rascándose los huevos unos a otros a compás. Y acto seguido ¡Boum! caperuzo a la mierda -cayó encima de una casa abandonada, rodó por el tejado y cayó de nuevo mansamente a un par de metros de mí- y una BOLA de chispas se elevó cuatro o cinco metros por encima del tubo de la chimenea cayendo después en mis tejados. Gracias a Dios -tengo la flor en el culo desde que nací- llevaba lloviendo dos días. Como sabréis las casas antiguas tienen madero, entramado de caña barro generalmente deshecho y la teja. Vamos, que todo bajo la teja es altamente inflamable. Observé aquél fuego flamígero cayendo sobre mi casa y me dije: se acabó. Eternos instantes después reparé en las manos de mi mujer clavándose en mi brazo. ¡LA GATA!!! Bueno, empapado en agua abrí la puerta de la casa. Nunca imaginé semejante bofetada de calor en una casa por lo general HELADA salvo a dos metros del hogar. Y el humo. Mucho humo. La gata, que no es gilipollas, pasó como una centella entre mis piernas. Tomé aire y repté por las escaleras hacia el salón. No se veía a un metro. Vi que el tiro se había cerrado. Claro, se cerró abajo y arriba y el creosol cogió presión además de temperatura hasta explotar. Volví a la calle a coger aire, le di la vuelta al forro polar, esperé que se empapara de lluvia, cogí un perfil de acero de dos metros y volví a la chimenea. Abrí todas las ventanas. Paredes detrás de otras paredes de PIEDRA estaban calientes. Y con el perfil abrí el tiro de la chimenea. Y entonces sí, aluciné. Cayó una brasa pura, brillante entre el humo, de puro creosol con la forma piramidal de la chimenea, ocupaba todo el lugar del fuego. No he estado nunca cerca de nada tan caliente. Sentí que la cara y las manos se me iban a encender. Solté el perfil y salí de allí corriendo.
En un par de horas ya no había humo. Y la casa parecía un piso con caldera central y termostato a 40ºC Se podía ir en pelota por el tercer piso, el agua salía templada en el baño, porque las paredes de piedra por donde estaban incrustadas las cañerías estaban calientes. Fue una ayuda para quitarnos el olor a romaní.
Al día siguiente:
-Buenos días, Rafael!
Tic-tac tic tac tic tac tic tac ¡Jodo! Ahora ya no limpies la chaminera que más limpia no la pués tener!!
:mrgreen: