Mensaje por Vic33 » 14 Mar 2011 19:44
BATALLA DE TOLON (22 Febrero 1744)
Sobre las doce y cuarto del día 22, estando los navíos británicos del centro a tiro de fusil de los cinco españoles agrupados junto al buque insignia Real Felipe, salieron de la línea para atacar a Navarro. Comenzó el movimiento el navío insignia Namur, seguido del Marlborough y del Norfolk. Imitando a su almirante, llegaron los navíos Princess y Somerset para atacar al grupo de cinco españoles que habían quedado separados, eran los navíos Hércules, Constante, Poder, Real Felipe y Neptuno.
En ese primer momento del ataque británico, De Court ordena forzar la vela, quedando los navíos españoles rezagados y a merced de los enemigos.
Algunos buques británicos de la vanguardia de Rowley se acercaron y atacaron a los navíos españoles Oriente y América, que trataban de mantener el contacto con los franceses del centro. Contra estos dos españoles, y en algunas ocasiones el Neptuno, lucharon dos o tres navíos enemigos por cada uno de los españoles. Estos dos españoles se habían alejado al mandar el almirante francés forzar la vela, señal obedecida por su centro y vanguardia.
Por la popa del grupo de cinco navíos españoles navegaban, demasiado retrasados, por el poco andar de los que iban en cabeza, los navíos Brillante, San Fernando, Halcón, Soberbio y Santa Isabel. Estos buques se enzarzaron con los más adelantados de la retaguardia de Lestock.
Por lo que se ve, Mathews aprovechó que los españoles estaban separados de los franceses para atacar a Navarro y avasallarle con su mayor fuerza. Fue el momento crucial de la batalla, donde se cimentó la victoria española.
El ataque británico se centró en el Real Felipe, que se defendió de tal manera que fue elogiado por el enemigo, en una mezcla de heroísmo, pericia marinera y artillera. Hubo un momento en que era cañoneado por cinco navíos británicos al mismo tiempo, y no pudieron con él, aunque quedó totalmente desmantelado, herido su comandante y con muchas bajas. El Marlborough, que se encontraba a popa del Namur, fue el más decidido, llegando a cruzar la línea española. Quedó tan destrozado que se creyó que su hundimiento era inminente, pero finalmente fue remolcado a Mahón por una fragata aprovechando el cese el fuego ordenado por Mathews a las cuatro y media de la tarde, con grandes destrozos, quedando desarbolado de sus palos mayor y mesana, y muchas bajas, entre ellas las de su comandante, el capitán Cornwall, junto a otros 53 hombres y 90 heridos. También el Namur, otros tres puentes, perdió a su comandante y sufrió mucho en el combate contra el insignia español.
El navío Hércules, que se encontraba a popa del Real Felipe, rechazó el ataque de tres navíos británicos, apoyando con su fuego al buque insignia de Navarro, aunque recibió muchos impactos en su costado de babor y en los palos y aparejos, teniendo que salirse de la línea para reparar las averías importantes.
El navío Constante, que se encontraba a proa del Real Felipe rechazó al navío que le atacó primero, echándole abajo la verga del trinquete y haciendo que se retirase con grandes destrozos. Fue reemplazado por otros dos navíos que le atacaron durante las tres horas que duró este primer ataque. Muerto su comandante, Agustín de Iturriaga, con muchas bajas y averías, tuvo que irse a sotavento para poder repararlas.
El navío Poder fue otro de los que tuvo que aguantar este primer envite de los británicos. El primer navío que le atacó era el navío Princess, al que le produjo tales averías que su comandante Pett arrió su bandera, y esto pasó por dos veces, impidiendo su rendición la resolución de su segundo comandante. Seguidamente fue atacado por el Somerset, al que también rechazó con su fuego enérgico de artillería y fusilería, dejándolo desarbolado. Aún pudo zafarse del ataque de los navíos Bedford, Dragon y Kingston, aunque quedó muy destrozado. Herido su comandante, Rodrigo de Urrutia, y con muchas bajas fue apresado por el Berwick, que había abandonado su puesto en la vanguardia británica.
El navío Neptuno combatió a tiro de pistola contra cuatro navíos y una fragata, que casi llegaron a rodearle. Se defendió tenazmente durante casi cuatro horas. Cuando los británicos cesaron este primer ataque, el navío español tuvo que retirarse a sotavento y luchar para que no se fuera a pique. Los enemigos, que no se atrevieron a rematarle, se retiraron también para poder reparar en lo posible sus muchos daños recibidos.
A las cinco de la tarde, el almirante Mathews, después de reparar los daños lo mejor que pudo, volvió al ataque con el Namur y otros dos navíos y el brulote Anne Galley, para destruir al Real Felipe que se encontraba sólo en ese momento. La situación era desesperada, pero el navío Brillante, el que se encontraba en cabeza del grupo de los retrasados, se percató del peligro y acercándose disparó cincuenta cañonazos contra el brulote, deteniéndole, y, situándose a popa del Real Felipe, le defendió de los navíos británicos, que no atreviéndose a presentar su costado le atacaban e intentaban abordarlo por la popa.
Viendo el peligro que representaba el brulote, se echó al agua una falúa desde el Real Felipe. Al mando del teniente de navío Pedro Sáenz Sagardía, y tripulada por voluntarios, el alférez de navío Pedro Arrigoni, el guardiamarina Juan Gayoso, el condestable Noguera y 17 marineros y soldados, se acercaron al brulote, desafiando el fuego de fusilería que se hacía desde el brulote y de los tres navíos británicos que lo defendían, abordándolo con el objetivo de desviarlo de su rumbo. Conseguido el propósito ya pudo el Real Felipe dispararle algunos cañonazos con sus cañones de popa, consiguiendo acertar de llenó y hacerle explotar, matando a los pocos británicos que quedaban vivos. En el brulote, murieron su comandante, Mackie, un oficial y 19 marineros.
Mientras tanto habían llegado los navíos San Fernando y Santa Isabel, que con la ayuda de una nueva intervención del Hércules, consiguieron rechazar este segundo ataque, en el que llegaron a tomar parte hasta siete navíos británicos. El Hércules tuvo que apartarse debido a las averías anteriores.
Mathews juzgó prudente retirarse y así lo ordenó a las 18:30 de la tarde al ver acercarse a la vanguardia francesa de De Court. La escuadra francesa había sido una mera espectadora del combate y sólo efectuó la maniobra de acercarse cuando era evidente que los británicos se retiraban El almirante francés manifestó que había hecho señales a Gavaret para que virase con la vanguardia, pero Gavaret dijo que no había visto las señales con el humo de los cañones. Al fin Gavaret viró por contramarcha y De Court lo hizo cuando pudo, por giros simultáneos. Gavaret tuvo ocasión de doblar a la vanguardia británica, pero De Court se lo impidió haciéndole señales de que arribase para que se acercara a él; “esta vez el humo no impidió ver la señal”. Por otra parte, tres navíos británicos de la vanguardia salieron de la formación para impedirlo, por si Gararet lo hubiese intentado.
De haberse acercado la escuadra francesa a media tarde, en lo más duro del combate, se hubiera logrado una gran victoria y, lo más importante, evitar muchas bajas en la tripulación española, además de los severos daños en las naves.

Perdonad el ladrillo, pero es una historia que siempre me ha impresionado, y al ver el post, no he podido resistirlo.

, pero cómo decía un profesor, tranquilos, que ésto no saldrá en el examen.

Aunque para mí tenía que ser materia obligatoria.

BATALLA DE TOLON (22 Febrero 1744)
Sobre las doce y cuarto del día 22, estando los navíos británicos del centro a tiro de fusil de los cinco españoles agrupados junto al buque insignia Real Felipe, salieron de la línea para atacar a Navarro. Comenzó el movimiento el navío insignia Namur, seguido del Marlborough y del Norfolk. Imitando a su almirante, llegaron los navíos Princess y Somerset para atacar al grupo de cinco españoles que habían quedado separados, eran los navíos Hércules, Constante, Poder, Real Felipe y Neptuno.
En ese primer momento del ataque británico, De Court ordena forzar la vela, quedando los navíos españoles rezagados y a merced de los enemigos.
Algunos buques británicos de la vanguardia de Rowley se acercaron y atacaron a los navíos españoles Oriente y América, que trataban de mantener el contacto con los franceses del centro. Contra estos dos españoles, y en algunas ocasiones el Neptuno, lucharon dos o tres navíos enemigos por cada uno de los españoles. Estos dos españoles se habían alejado al mandar el almirante francés forzar la vela, señal obedecida por su centro y vanguardia.
Por la popa del grupo de cinco navíos españoles navegaban, demasiado retrasados, por el poco andar de los que iban en cabeza, los navíos Brillante, San Fernando, Halcón, Soberbio y Santa Isabel. Estos buques se enzarzaron con los más adelantados de la retaguardia de Lestock.
Por lo que se ve, Mathews aprovechó que los españoles estaban separados de los franceses para atacar a Navarro y avasallarle con su mayor fuerza. Fue el momento crucial de la batalla, donde se cimentó la victoria española.
El ataque británico se centró en el Real Felipe, que se defendió de tal manera que fue elogiado por el enemigo, en una mezcla de heroísmo, pericia marinera y artillera. Hubo un momento en que era cañoneado por cinco navíos británicos al mismo tiempo, y no pudieron con él, aunque quedó totalmente desmantelado, herido su comandante y con muchas bajas. El Marlborough, que se encontraba a popa del Namur, fue el más decidido, llegando a cruzar la línea española. Quedó tan destrozado que se creyó que su hundimiento era inminente, pero finalmente fue remolcado a Mahón por una fragata aprovechando el cese el fuego ordenado por Mathews a las cuatro y media de la tarde, con grandes destrozos, quedando desarbolado de sus palos mayor y mesana, y muchas bajas, entre ellas las de su comandante, el capitán Cornwall, junto a otros 53 hombres y 90 heridos. También el Namur, otros tres puentes, perdió a su comandante y sufrió mucho en el combate contra el insignia español.
El navío Hércules, que se encontraba a popa del Real Felipe, rechazó el ataque de tres navíos británicos, apoyando con su fuego al buque insignia de Navarro, aunque recibió muchos impactos en su costado de babor y en los palos y aparejos, teniendo que salirse de la línea para reparar las averías importantes.
El navío Constante, que se encontraba a proa del Real Felipe rechazó al navío que le atacó primero, echándole abajo la verga del trinquete y haciendo que se retirase con grandes destrozos. Fue reemplazado por otros dos navíos que le atacaron durante las tres horas que duró este primer ataque. Muerto su comandante, Agustín de Iturriaga, con muchas bajas y averías, tuvo que irse a sotavento para poder repararlas.
El navío Poder fue otro de los que tuvo que aguantar este primer envite de los británicos. El primer navío que le atacó era el navío Princess, al que le produjo tales averías que su comandante Pett arrió su bandera, y esto pasó por dos veces, impidiendo su rendición la resolución de su segundo comandante. Seguidamente fue atacado por el Somerset, al que también rechazó con su fuego enérgico de artillería y fusilería, dejándolo desarbolado. Aún pudo zafarse del ataque de los navíos Bedford, Dragon y Kingston, aunque quedó muy destrozado. Herido su comandante, Rodrigo de Urrutia, y con muchas bajas fue apresado por el Berwick, que había abandonado su puesto en la vanguardia británica.
El navío Neptuno combatió a tiro de pistola contra cuatro navíos y una fragata, que casi llegaron a rodearle. Se defendió tenazmente durante casi cuatro horas. Cuando los británicos cesaron este primer ataque, el navío español tuvo que retirarse a sotavento y luchar para que no se fuera a pique. Los enemigos, que no se atrevieron a rematarle, se retiraron también para poder reparar en lo posible sus muchos daños recibidos.
A las cinco de la tarde, el almirante Mathews, después de reparar los daños lo mejor que pudo, volvió al ataque con el Namur y otros dos navíos y el brulote Anne Galley, para destruir al Real Felipe que se encontraba sólo en ese momento. La situación era desesperada, pero el navío Brillante, el que se encontraba en cabeza del grupo de los retrasados, se percató del peligro y acercándose disparó cincuenta cañonazos contra el brulote, deteniéndole, y, situándose a popa del Real Felipe, le defendió de los navíos británicos, que no atreviéndose a presentar su costado le atacaban e intentaban abordarlo por la popa.
Viendo el peligro que representaba el brulote, se echó al agua una falúa desde el Real Felipe. Al mando del teniente de navío Pedro Sáenz Sagardía, y tripulada por voluntarios, el alférez de navío Pedro Arrigoni, el guardiamarina Juan Gayoso, el condestable Noguera y 17 marineros y soldados, se acercaron al brulote, desafiando el fuego de fusilería que se hacía desde el brulote y de los tres navíos británicos que lo defendían, abordándolo con el objetivo de desviarlo de su rumbo. Conseguido el propósito ya pudo el Real Felipe dispararle algunos cañonazos con sus cañones de popa, consiguiendo acertar de llenó y hacerle explotar, matando a los pocos británicos que quedaban vivos. En el brulote, murieron su comandante, Mackie, un oficial y 19 marineros.
Mientras tanto habían llegado los navíos San Fernando y Santa Isabel, que con la ayuda de una nueva intervención del Hércules, consiguieron rechazar este segundo ataque, en el que llegaron a tomar parte hasta siete navíos británicos. El Hércules tuvo que apartarse debido a las averías anteriores.
Mathews juzgó prudente retirarse y así lo ordenó a las 18:30 de la tarde al ver acercarse a la vanguardia francesa de De Court. La escuadra francesa había sido una mera espectadora del combate y sólo efectuó la maniobra de acercarse cuando era evidente que los británicos se retiraban El almirante francés manifestó que había hecho señales a Gavaret para que virase con la vanguardia, pero Gavaret dijo que no había visto las señales con el humo de los cañones. Al fin Gavaret viró por contramarcha y De Court lo hizo cuando pudo, por giros simultáneos. Gavaret tuvo ocasión de doblar a la vanguardia británica, pero De Court se lo impidió haciéndole señales de que arribase para que se acercara a él; “esta vez el humo no impidió ver la señal”. Por otra parte, tres navíos británicos de la vanguardia salieron de la formación para impedirlo, por si Gararet lo hubiese intentado.
De haberse acercado la escuadra francesa a media tarde, en lo más duro del combate, se hubiera logrado una gran victoria y, lo más importante, evitar muchas bajas en la tripulación española, además de los severos daños en las naves.
:roll: Perdonad el ladrillo, pero es una historia que siempre me ha impresionado, y al ver el post, no he podido resistirlo. :lol: , pero cómo decía un profesor, tranquilos, que ésto no saldrá en el examen. :wink: Aunque para mí tenía que ser materia obligatoria. :P