No necesitamos instructores de tiro, sino maestros de tiro

No necesitamos instructores de tiro, sino maestros de tiro

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En el ámbito del tiro nos solemos encontrar con una circunstancia, al menos curiosa. En los últimos años han proliferado cursos de instructor de tiro. Esto no tiene que ser por sí mismo malo, todo lo contrarío, deberíamos pensar que es muy bueno. Sobre el papel resulta que tenemos varios instructores en una misma unidad, eso debe implicar que la formación de sus compañeros está garantizada desde dentro. ¿Pero realmente esto es así?

La figura del instructor de tiro y la psicopedagogía

“No sé si la instrucción puede salvarme, pero no sé de nada mejor”
(Jorge Luís Borges)

Analicemos primero la figura del instructor:
• ¿Cómo se accede a este título?
• ¿Cuál es el criterio de selección de los aspirantes?
• ¿Dónde y quién lo regula?
• ¿Qué programa utiliza y en base a que directrices pedagógicas?

Así podríamos relatar una gran cantidad de preguntas que se nos pueden ocurrir sobre la generalidad de la figura en sí, siendo quizá mayores cuando entramos a valorar a la persona concreta que lo representa.
El instructor tiene bajo su responsabilidad una función altamente delicada: FORMAR en el uso de las armas a sus compañeros.
Visto así podríamos pensar que es un privilegio: Que estamos haciendo una buena labor ayudando a nuestros compañeros.
Pero, quizá deberíamos plantearnos otro tipo de prejuicios al respecto:
• ¿Estamos preparados para formar a otros?
• ¿Lo que enseñamos, con presunción de veracidad, realmente lo es?
• ¿Si erramos en nuestra enseñanza, vamos a ser responsables de ese error?
Y la peor de todas:
• ¿Si muere un compañero y alumno nuestro, seremos capaces de asumir nuestra parte de culpa?

armas instructor maestro eugenio martinez

Misión

Como instructor se supone que tenemos una formación en materia de tiro que nos permite aleccionar, dirigir y formar a su vez a otros. ¿Pero cómo hemos adquirido esa facultad?
Deberíamos pararnos a pensar en qué consiste un diploma que nos acredita como INSTRUCTOR.
En esta credencial figuran datos como que se ha asistido a un curso homologado por un Instituto Oficial y se han realizado sobre 60 horas lectivas, ante lo cual se expide el correspondiente “Certificado de Aprovechamiento”.
Bueno aparte de haber pagado una cantidad de euros concreta para poder asistir al curso.
¿Cuántos de nosotros dejaríamos en manos de un electricista una avería grave de nuestro coche si nos dice que su título de 60 horas lo habilita para solucionar todo tipo de problemas en vehículos?
Seguramente buscaríamos a un profesional con experiencia que nos solucione el problema sin producir otro mayor.
Una vez aquí deberíamos plantearnos: ¿Cómo puede ayudarme a defender mi vida, una persona que sólo tiene esa preparación que le acredita y cualifica para mi formación en el uso de las armas?

Preparación

Repasemos en que suele consistir un curso de instructor:
• Clases teóricas sobre normativa, legislación, armamento, balística, técnica, táctica, etc.
• Clases prácticas de tiro con diferentes armas y modalidades.
• Hacer unos cientos de disparos y no infringir ninguna norma de seguridad
Después de 8 días y 60 horas lectivas: ya somos instructores de tiro.
¿No hemos echado nada en falta?:
• ¿Quizá algunas clases sobre pedagogía?
• Sobre deontología profesional
• Valoración de experiencia y currículum en materia de tiro
• Confección de algún trabajo o publicación que acredite la formación.

Definición de instructor

Según la Real Academia de la Lengua, un instructor es aquel que transmite ideas, conocimientos o doctrinas.
Esta acepción nos podría servir para muchas materias: electricidad, carpintería, etc., el problema es que no basta con ser un “instructor” en esta materia, en realidad lo que se necesita es un MAESTRO, de forma que no sólo transmita conocimientos e ideas sino que forme en valores, principios, normas de seguridad, conceptos legales y cuestiones éticas, así como la correcta aplicación de la táctica preventiva y la técnica operativa.
Ante esto debemos preguntarnos, ¿Quién se considera maestro?

Tristemente todos conocemos personas que avaladas por su inmenso ego, pretende demostrarnos que están en posesión de la verdad. En este caso de la teoría y práctica del tiro.
Quizá toda esa aureola de maestro, lo único que pretende es camuflar sus carencias.

Quizá debamos plantearnos que el instructor no es más que una parte del sistema, un interlocutor más que debe estar lo suficientemente receptivo para aprovechar el flujo de estos conocimientos, prevaleciendo su interrelación en el grupo.

Desde el punto de vista de alumno, hemos de asumir nuestras carencias, existentes en todo ser humano y sin pretender ser perfectos, asimilar con mente abierta los conocimientos y experiencias que nos brinde el día a día, haciendo de nosotros un instructor cada vez más cualificado y motivado de forma que podamos transmitir estos, y lo más importante: formándonos continuamente.
Si pretendemos llegar a ser un buen instructor debemos cumplir algunas premisas:
• Controlar nuestro ego.
• Estar receptivo a enseñanzas ajenas.
• Vivir una continua formación y actualización en la materia.
• Ser capaces de transmitir nuestra experiencia y conocimientos a los demás.

En resumen huyamos de los instructores que se creen gurús del tiro, que se encuentran en posesión de la verdad y la técnica perfecta enarbolando la bandera del ejemplo a seguir.
Trabajamos con una finalidad: Intentar compartir nuestros conocimientos para el bien del grupo y como parte de nuestro crecimiento profesional y humano.
Hemos de pensar que jugamos con un bien precioso, el que más: “La vida humana”.

Psicopedagogía

Se conoce con este nombre a la disciplina aplicada que estudia el comportamiento humano durante el aprendizaje.
La podríamos definir como la rama de la psicología que estudia como aprenden las personas.
De todos es conocida la figura del instructor de tiro como un profesional del uso de las armas, que ha de dotarnos de los conocimientos necesarios para su utilización y con las garantías de autoprotección y legalidad necesarias que nos permitan, en su caso, salir bien parados de un enfrentamiento armado.
Una vez referida esta peculiar característica del instructor, deberíamos entrar en valorar las condiciones formativas que son de aplicación en la formación del tirador.
Podemos preguntarnos varias cosas:
¿El instructor ha de ser un buen tirador?
¿Debe ser un buen conocedor de la mecánica y el conocimiento de las armas?
¿A de ser un buen psicólogo?
Tal vez la respuesta adecuada sea:
“Debe ser todo a la vez”
Sí, un buen instructor ha de ser un compendio de todas esas personas.-
Ha de ser un buen tirador, puesto difícilmente podemos creer a alguien que explica unas técnicas que no es capaz de poner en práctica.
No puede explicar cómo funciona su herramienta de trabajo sin conocer los pormenores de sus mecanismos y poder subsanar cualquier interrupción en el momento que ocurre.
Debe conocer las peculiaridades de la mente de sus alumnos, en cuanto a las diferentes formas de entender nuestras explicaciones y en base a ello adaptarse a sus peculiaridades y poder sacar el máximo provecho de sus habilidades.

Aplicación de la psicopedagogía en la formación

Una vez visto la idealidad del instructor, en cuanto a su formación y su capacidad de transmitir esas habilidades y técnicas a sus alumnos, intentaremos definir unas directrices sobre la aplicación psicopedagógica en la formación del tirador.

Dividiremos esta aplicación en base de áreas de trabajo:

• Atención a la diversidad.-
Adaptando las técnicas e implementando la metodología didáctica, en base a las características propias de cada tirador y al tipo de conflicto que le puede suceder.
• Orientación profesional.-
Buscaremos potencial la habilidad de resolución de problemas, en base a las diferentes cuestiones que puedan surgir durante el trabajo con las armas.
• Acción tutorial.-
Planteamiento didáctico, centrado en un programa que se pueda desarrollar en base a unos criterios formativos que evolucionen constantemente y que puedan ser supervisados y mejorados.
• Instrucción psicopedagógica.-
Una de las principales áreas de acción del instructor es la orientación, basándose en técnicas y estrategias que generen un proceso de interiorización en el alumno.
La intervención psicopedagógica ha de generar una interactuación entre instructor y alumno, de forma que se enfoque hacía tres principios básicos:
1. Principio de prevención.-
Mentaliza y forma la capacitación del tirador en cuanto a la necesidad de anticiparse a la agresión, al menos mentalmente, de forma que genere un sentimiento de alerta muy necesario.
2. Principio de evolución.-
Las diferentes técnicas han de estar enfocadas a una evolución constante en base a la repetición, asimilación e interiorización de la técnica, de esa forma generar una memoria neuromuscular en el tirador.
3. Principio de reacción.-
Asimilados y entrenados los principios anteriores, podremos reaccionar ante una agresión sin tener los condicionamientos normales en el enfrentamiento. Es decir, si hemos generado una capacidad de prevención y evolución en nuestro trabajo, actuaremos con un sentimiento de seguridad y autoconfianza que incrementará nuestra posibilidad de sobrevivir al mismo.
• Rol del instructor.-
Generar en el alumno una sensación de auto-valoración positiva, que le permita avanzar en las diferentes técnicas de enfrentamiento.
Potenciar los diferentes estados de evolución en todas las fases del aprendizaje.
Identificar individualmente los posibles problemas de aprendizaje:
• Cognitivos (Inseguridad, miedos, excesiva responsabilidad, etc.,)
• Habilidades motoras (Falta de coordinación, malas técnicas, mal uso de los medios, etc.,).
Al identificar el problema dotar de los medios necesarios para poder corregirlos.
• Mantener una posición crítica del mismo, con una constante evolución y aprendizaje en bien del alumno.

El entrenamiento realista y el distrés real

Cuando hablamos de entrenamiento con armas de fuego nos referimos, mayoritariamente, a una serie de actos repetitivos que se supone tienen como finalidad prepararnos para una posible intervención policial que conlleve un riesgo manifiesto, para nuestra vida o la de terceros. Sí además hablamos de “prácticas de tiro reglamentarias” en determinados Cuerpos policiales, probablemente estemos refiriéndonos a la necesidad de cubrir un expediente legal impuesto.

Aún contemplando las dos opciones como actos individualizados, siempre será preferible el entrenamiento, que el mero cumplimiento de una obligación reglamentaria. Quiero decir con esto, que por desgracia, se da con demasiada frecuencia que en las Unidades policiales se tienda a cubrir el expediente con unas prácticas de tiro obligatorias y poco adecuadas y basadas, en el mejor de los casos, en un pequeño entrenamiento carente de teórica y consistente en disparar un determinado número de cartuchos bajo la supervisión de un instructor no siempre cualificado.
Llegado a este punto, es donde quiero explicar el enunciado del artículo: El entrenamiento realista y el distrés real.
Cuando hablamos de entrenamiento realista, nos estamos refiriendo a la oportunidad de asemejar nuestras prácticas de tiro lo más posible a las circunstancias reales que nos podemos encontrar en la calle, es decir: distancias de enfrentamiento, varios agresores, condiciones de luminosidad, encuentro en edificios, etc., toda una serie de variables que nos deberían hacer pensar que el mero hecho de ir dos veces al año a los ejercicios de tiro reglamentarios, en un campo de tiro olímpico, efectuar 30 disparos de media, a una diana de precisión, a 25 metros de distancia, con condiciones de luz excelentes, sin ningún tipo de estrés ni condicionantes, no nos garantiza que estemos preparados para repeler una agresión en la calle, a dos metros de distancia, de noche, por sorpresa y varios atacantes, por ejemplo.
Ante este supuesto de entrenamiento nada realista, de normal cumplimiento reglamentario y que incluso no se realiza anualmente, deberíamos plantearnos una duda razonable sobre nuestra capacidad de reacción y las consecuencias fisiológicas a las que seremos sometidos: EL DISTRÉS.
Entendemos por distrés, el bloqueo o falta de habilidad en la reacción de una persona por falta de aprendizaje y de práctica en las acciones a realizar ante una situación no entrenada. Lo podemos definir como el estrés negativo o desagradable.

Ante todo lo expuesto es cuando empieza a tener sentido el enunciado de: El entrenamiento realista y el distrés real, en cuanto entendamos la directa repercusión del primero sobre el segundo, es decir a mayor entrenamiento semejante a las circunstancias reales, menor será el distrés que suframos y que nos puede bloquear en nuestra reacción.
Resumiendo: dejemos los legalismos en cuanto a las prácticas de tiro obligadas y empecemos a plantearnos la posibilidad de adecuar una formación continuada y real en los ejercicios de tiro, con instructores cualificados, que nos permita actuar de forma segura y profesional en bien de nuestra integridad y la de los ciudadanos.

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