Efectos de un retroceso moderado sobre la puntería en rifles de caza

Efectos de un retroceso moderado sobre la puntería en rifles de caza

Caza
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La reducción de retroceso es siempre bienvenida. Disparar es divertido pero el retroceso puede ser desagradable y hasta inducir a la imprecisión, por lo que muchos de nosotros seríamos felices con un arma utópica que tuviera el efecto de un calibre estándar con el retroceso de un 22 LR.

En la pasada quedada de Caspe de un grupo de usuarios de armas.es, este hecho quedó claro una vez más; y aunque se dispararon cartuchos potentes como el 458 Magnum, el empleo del 22 como entrenador y la presencia de otros rifles de “calibres cinegéticos” me animó a hacer una sencilla comprobación del efecto del retroceso en el acierto sobre blancos pequeños estáticos o en movimiento.

Nuestro compañero de foro CX4 Storm, a pesar de su, según él, “limitada experiencia”, probó a hacer blanco a unos 80 metros con una carabina del 22 nueva para él, cosa que consiguió sin dificultad, hasta vaciar con rapidez dos cargadores de 5 y uno de 10 en una Norinco JW25 (cerrojo). Encadenando detonaciones, raro era el disparo que fallaba a una lata y los tres que no impactaron quedaron muy cerca de hacerlo.
Esto dio pie al comentario de si sería posible hacer lo mismo con un rifle de calibre muy potente habitualmente empleado para la caza. La conclusión es que los fallos eran más numerosos y con mayor margen de error.

Tras hacer la misma prueba con mi 300 WM de cerrojo y mi 30.06 semiautomático, el análisis de la situación fue sencillo: poder mantener el visor centrado en el blanco disparo tras disparo y apretar el gatillo con la confianza de un control total de nuestro rifle, con un mínimo o nulo tiempo de “refresco” entre disparo y disparo, ayuda enormemente a hacer blanco, especialmente –lógico– en disparos posteriores al primero.
Esto se nota en un disparo suelto y mucho más en disparos sucesivos.

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De la misma manera, para disparar a caza con arma a pulso y a pieza en movimiento –verbigracia el disparo en batidas y monterías– lo ideal es un conjunto rifle-calibre con una relación ideal entre su energía y su retroceso.
En recechos este efecto tiene menos influencia pues al fin y al cabo uno está dispuesto a soportar un fuerte retroceso cuando se dispone a disparar una sola bala a un animal quieto, aunque también en este caso una mayor confianza en el control mejora la concentración en el disparo y un cazador con miedo a disparar su rifle jamás disfrutará de la caza ni obtendrá buenos resultados.

Pero volviendo a lo que estábamos, la suerte quiso que apareciera en el polígono de tiro el compañero de foro Aragonesín muy bien acompañado de su esposa e hijos y su flamante Sauer 303 XT (semiautomático), calibre 8x57, con 56 centímetros de cañón (todo un lujo nada frecuente), cargado con balas de 196 granos.
A mi parecer fue, de todo lo disponible, el calibre de caza que mejor se aproximaba a lo que buscaba para comprobar si un calibre estándar podría acercarse al efecto de blancos sucesivos conseguidos con el calibre 22 (sólo acercarse) en esa relación ideal de energía/retroceso contenido para repetir acertando con facilidad.

“Aragonesín, te voy a gibar tres balas”... Dicho y hecho para verificar que a corta distancia, con miras abiertas sencillas (alza y punto) se puede acertar tres veces (cargador legal de caza) en un margen de tiempo corto, pude disparar a distancia típica de batida sobre un blanco de 35 centímetros de largo por 10 centímetros de ancho alcanzándolo las tres veces seguidas, de forma rápida y sin perderlo de vista en ningún momento... Y eso siendo yo a estas alturas un tirador mediocre sin apenas rastro de lo que fui.

El efecto relatado, que tiene su parte positiva y deseable, tiene también un serio inconveniente: es necesario educar el dedo.
Resulta frecuente que los tiradores noveles o directamente los nerviosos o poco entrenados, llevados por la facilidad de disparo y contenido retroceso de un rifle semiautomático de calibre modesto, pierdan el control sobre la cantidad y calidad de disparos efectuados e incluso hacia el punto concreto hacia donde lo hacen, confiando en que la fluidez de fuego cumplirá el trabajo que ellos no han hecho.

Este suceso ha servido a los cazadores con cerrojo para mirar a los del semiautomático un poco por encima del hombro; pero no es menos cierto que ser eficaz con poco retroceso y recarga semiautomática exige mucho más control que disparar con un rifle de cerrojo con el cual, tras cada recarga, iniciamos la acción desde cero retomando puntos y apuntando a la pieza, si es que hay tiempo para ello.

Un segundo efecto “indeseado” (lo es sólo para algunas personas) proviene de la sensación percibida. Me explico: hay cazadores o tiradores que se sienten más seguros con un equipo de más retroceso porque relacionan inevitablemente la sensación que un rifle produce en el hombro con la energía que desarrolla por delante. Así, un conjunto cartucho-rifle que se hagan notar poco son interpretados por estas personas como equipos carentes de energía. Nada más errado.

En la búsqueda de la reducción del retroceso se pueden cambiar las municiones o el arma. Algunos fabricantes de munición ofrecen versiones de bajo retroceso en algunos calibres, como la serie “Managed Recoil” de Remington, pero su uso no es lo habitual en el ámbito de la caza.

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Los recargadores pueden utilizar menos pólvora, pólvora diferente o un peso de bala menor para conseguir un retroceso más contenido.
También se puede hacer el arma más pesada, o cambiar algo que reduzca la percepción de retroceso, como una cantonera de gel, sistemas “kick-off” o una culata menos “pegona”.
Otra opción es modificar el efecto de los gases mediante frenos de boca o compensadores.

La realidad es que el gas producido por las explosiones de pólvora ardiendo producen una fuerza contraria igual en la parte trasera (a través de la tercera ley del movimiento de Newton) añadiendo a la fuerza de retroceso producido por el peso de la bala y la velocidad, el efecto de los gases que tiende a elevar la boca de fuego.

Sin embargo, algunos se preguntan si los denominados “frenos de boca” o “ports” tienen efectos paralelos a la reducción de retroceso, aparte del conocido estampido sónico que se traga el tirador.
La respuesta es que sí, hay un efecto en reducción de velocidad a la misma longitud de cañón... ¿Cuánta? Eso ya es ponerme en un apuro y lo más probable es que no sea relevante.

En resumen, si queremos un rifle de retroceso contenido y de efectividad probada, el muelle y carro de un semiautomático son los principales valedores para absorber buena parte del retroceso y el calibre elegido, bien sea un 270, un 280, un 7x64, un 30.06 ó un 8x57 complementarán bien el efecto (lástima ese 308 en semiautomático), dejando claro que de los mencionados, en relación energía/suavidad me quedo con el último, que fue el vencedor en la prueba contra el 30.06 saut, que no le anduvo lejos) y por supuesto contra el 300 WM de cerrojo.

Si además una buena cantonera de gel y un adecuado “stock” se suman a la ecuación, miel sobre hojuelas.

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