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El colimador óptico, ese aparatito tan práctico

Publicado por en en Caza
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Cada vez que un experimentado cazador y/o tirador me dice que entre sus trastos carece de un colimador óptico, se me saltan los plomos.

 

No es que me sorprenda, porque la verdad es que el caso se repite con monótona frecuencia, pero me resulta totalmente incomprensible que se gaste dinero en artículos y complementos de muy limitada utilidad y en cambio no se adquiera este aparatito tan práctico. Especialmente para quienes cambian con frecuencia de munición o incluso de visor en las mismas armas o le dan bastante trote.

 

Es tan desconocido el colimador óptico y sus utilidades que habría que empezar explicando qué es y para qué sirve. Definiciones oficiales aparte hay que quedarse con la idea de que colimar un arma consiste en alinear su sistema óptico para adecuarlo a la trayectoria de un proyectil.

 

Básicamente un colimador óptico es una cámara que contiene una cuadrícula graduada y que sirve para hacer un primer centrado aproximado del visor. 

Una vez que definitivamente hemos puesto a tiro el visor, también sirve para detectar –en cualquier momento y sin necesidad de disparar– si el visor sigue ajustado; e incluso si no fuera así, para devolverlo a su posición ideal. Igualmente se puede emplear para cambiar los ajustes del visor cada vez que cambiemos de peso y/o marca de munición adecuándolo a cada una de ellas.

 

                      

Un clásico colimador óptico con varillas para los calibres .22, 7 mm, .30 y 9,3. Los modernos colimadores de este tipo incorporan adaptadores que se ajustan al interior del cañón mejor y más fírmemente.

 

Hay que partir de la premisa de una buena firme instalación del visor, cosa que se da por supuesta cuando en muchas ocasiones no es así.

El colimador óptico se coloca exactamente sobre la boca de fuego y frente al visor para alinear las retículas de ambos aparatos. 

Se ponen los aumentos del visor al máximo y actuando sobre las torretas, se hace coincidir el centro del visor con el centro del colimador, de forma que las retículas de ambos se superpongan.

En consecuencia, colimador y visor quedan realmente alineados (al menos en teoría) mientras que la retícula del visor queda virtualmente alineada (aunque paralela por encima) a la recta imaginaria que prolongaría el cañón.

El resultado es que, sin disparar, conseguimos que el visor –que generalmente nos llega totalmente desajustado de fábrica– termine apuntando con gran aproximación al lugar al que apunta el rifle.

 

                     

                                                   Colimador instalado en la boca del cañón y alineado con el visor

 

Si fuera tan fácil como eso, no sería necesario hacer ni un sólo disparo para poner el visor a punto; pero resulta que una cosa es a dónde apuntan rifle y visor y otra muy distinta dónde acaba el proyectil.

Eso ocurre porque rifle y visor tienen una diferencia de paralelismo, cada calibre tiene una rasante, cada cañón un "vicio" de desviación y cada munición (tanto por peso como por diseño y carga impulsora) tiende a pegar más arriba, más abajo, más a la derecha o más a la izquierda. 

 

Por tanto, superponer la retícula del visor a la del colimador no garantiza ni mucho menos que los disparos se vayan a clavar en el 10 de la diana (ojo con los ajustes que algunos armeros hacen de esta manera). Ese alineamiento lo que garantiza es que vas a ahorrar la munición que hubieras empleado hasta corregir un visor recién instalado y poner los tiros más o menos centrados; por eso es necesario un ajuste fino.

Hay quien asegura que el simple colimado, sin ajuste fino, le resulta suficiente para disparos de caza a corta-media distancia... Bueno, puede ser... Yo no me fío, que luego vienen las sorpresas.

 

       

El primer paso (foto izquierda) es centrar las retículas de ambos aparatos, visor y colimador, superponiéndolas. A la derecha vemos en la diana cómo incluso en un ajuste a muy corta distancia (realizado como ejemplo para este artículo) la coincidencia exacta de la retícula del visor con la cuadrícula del colimador no garantiza un ajuste preciso –que será tanto más importante cuanto más larga sea la distancia de disparo– aunque sí ofrece una buena aproximación.

 

De todos modos no hay que alarmarse porque la utilidad del colimador óptico no termina con la simple aproximación. No así otros colimadores (los láser, por ejemplo) que, sin la ayuda de una cuadrícula externa o "en destino", tienen una utilidad muchísimo más limitada (luego explicaré esto).

 

EL IMPRESCINDIBLE AJUSTE FINO

Llegados a este punto en el que hemos aproximado, tenemos que pasar inevitablemente a la práctica y disparar para realizar el ajuste fino o ajuste final. Operación tanto más necesaria cuanto más largo se vaya a disparar o cuanto más maniático se sea en que el rifle vaya centradísimo (conozco un tipo así que se acuesta conmigo todas las noches y al que sin embargo no oigo roncar).

 

Es de suponer que al disparar habrá una diferencia entre el lugar apuntado y el impactado. No estarán lejanos uno de otro gracias a la primera aproximación y así hemos ahorrado ya un buen número de balas que en una primera fase puede que incluso ni siquiera viéramos dónde se habían perdido.

 

No es objeto de este artículo explicar cómo se ha de ajustar un visor; pero por si hay alguien que está muy verde: nos bastará colocar una diana (mejor si es cuadriculada en centímetros, pulgadas o MOA) a la distancia a la que vayamos a realizar el ajuste. Haremos un disparo de prueba y un segundo disparo de corroboración. Después medimos la desviación al centro del blanco y corregimos con la escala de las torretas. 

Si el visor es de buena calidad y sus torretas indican verdaderamente las porciones de desviación que marcan en la escala, no nos costará nada llevar el próximo disparo al centro de la diana. Pero si incluso llegara a ocurrir que las torretas carecieran de marcas, la escala del colimador podría servirnos igualmente.

Hay otro método de ajuste que yo llamo "directo" y para el que es imprescindible un banco inamovible que sujete firmemente el rifle. Consiste en disparar y a continuación mover las torretas para llevar la cruz de la retícula hasta el agujero que ha hecho la bala.

 

   

Una vez hemos hecho el ajuste fino y las balas impactan en el blanco (izquierda), colocamos de nuevo el colimador y anotamos la posición en la que la retícula debe estar con respecto a la cuadrícula. En este caso, un cuadro y tres cuartos abajo y lo mismo a la derecha, lo que anotaremos para futuras comprobaciones. Como indica el colimador, cada cuadrito equivale a cuatro pulgadas a cien yardas.

 

Sea por el método que sea, ya habremos realizado el ajuste fino. En este momento volvemos a instalar el colimador y tomamos nota de la ubicación de la retícula del visor sobre la cuadrícula. ESA será la posición que deberá tener siempre para la distancia elegida y la munición empleada y así lo anotaremos en un papelito que nos lo recordará cada vez que lo necesitemos. 

En siguientes ocasiones, para garantizar que el visor no se ha desajustado, bastará instalar el colimador y comprobar que sigue en la posición que en su día dejamos anotada.

 

Otra de las ventajas del colimador óptico es que podemos realizar colimaciones con distintos tipos de munición y para cambiar de una a otra nos bastará con instalar el colimador, recurrir al papelito de los apuntes y mover la retícula hasta la posición deseada, si bien siempre es recomendable un disparo de comprobación.

 

COLIMADOR ÓPTICO VS COLMADORES LÁSER

Bien sea de tipo cartucho (que se coloca en la recámara) o de tipo convencional (que se coloca en la boca de fuego) no recomiendo el colimador láser. Esto es un consejo puramente personal pero razonado.

El colimador láser –suponiendo que esté bien construido (cosa que siempre me genera dudas)– sólo indica la línea completamente recta entre el cañón y el blanco.

Pregunto: ¿la bala vuela completamente recta desde el cañón al blanco? 

Si respondéis a esa pregunta tenéis la primera de las razones que niega la pretendida exactitud de este tipo de colimadores.

 

Así que para que un colimador láser sea verdaderamente útil habrá que acompañarlo de una cuadrícula "en destino" (que viene a reproducir la función que tiene la cuadrícula del colimador óptico). Por cierto que algunos de los colimadores láser vienen ya equipados con esa cuadrícula sin la cual esos aparatos sirven solamente para la primera aproximación o para colimar con miras abiertas y eso utilizándolos correctamente.

En esta dirección se aprecia en un vídeo la utilidad del colimador láser con la cuadrícula en destino cuyo proceso viene a ser el mismo que con el colimador óptico aunque con la incomodidad de la distancia entre visor y cuadrícula:

www.youtube.com/watch?v=pIi29Y9rEvc

 

Si hemos decidido adquirir un colimador láser o ya lo habíamos hecho, ampliaremos su utilidad como he dicho anteriormente con la cuadrícula en destino que nosotros mismos podemos realizar echando mano de los programas de informática para "dibujar" una cuadrícula en pulgadas, centímetros o MOAs, según la escala de las torretas del visor.

 

Tras el ajuste fino, esa cuadrícula en destino nos indicará la diferencia que debe haber entre el punto en que incide el rayo láser y el que apunta el visor.

En este caso usaremos de nuevo unos apuntes como recordatorio y de esa manera siempre podremos comprobar que el ajuste del visor se mantiene.

 

CUESTIONES DE DETALLE

1ª – No he comentado que los colimadores láser que se colocan en la boca del cañón tienen cierto peligro si uno se despista, pues ha ocurrido a veces que el tirador dispara sin haberlo retirado previamente; lo que tiene consecuencias catastróficas para el aparato y a menudo también para el rifle.

 

  

    Si empleáis el colimador láser en boca de cañón acordaos de sacarlo antes de disparar o de lo contrario...

 

Esto no ocurre con el colimador óptico ya que siendo más aparatoso es más difícil dejárselo puesto y además al apuntar por el visor nos daremos cuenta inmediatamente de que no lo hemos retirado, pues lógicamente veremos su cuadrícula en lugar del blanco.

 

2ª – El único inconveniente del colimador óptico consiste en la mayor parte de los modelos no puede emplearse o se emplea con dificultad con visores de gran amplitud de campo ya que la cuadrícula es muy pequeña y con pocos aumentos no resulta nada fácil apreciar el detalle de centrado. En cualquier caso incluso los visores con estas características suelen disponer de un zoom hasta 4 aumentos con los que sí podremos trabajar sobre el colimador. 

Por cierto, que es recomendable emplear los máximos aumentos, ya que esto nos facilitará un ajuste de clicks más fino y no supondrá variación en el ajuste.

No obstante, algunos modelos (especialmente los de fijación magnética que se detallan más abajo), presentan una retícula ampliada que permite el uso con visores y sistemas de puntería sin aumento (holográficos, visores de pantalla y punto, visores de puntos rojo...).

 

                        

        

           La cuadrícula o retícula del colimador es muy pequeña y precisa de los aumentos del visor para poder apreciarla con claridad salvo en algunos modelos pensados para ser usados con sistemas de puntería sin aumentos.

 

3º – El movimiento de la retícula del visor sobre la cuadrícula del colimador suele sorprender a algunos novatos, ya que al actuar sobre las torretas apreciaremos que la retícula se mueve al lado contrario de lo que indican sus escalas.

Por ejemplo, al mover la torreta de altura en dirección "up" apreciaremos que la retícula baja y si giramos en dirección "down", la retícula sube. Lo mismo ocurre con la torreta de deriva y no hay que alarmarse ya que esto es lo correcto.

 

El up, down, rigth y left marcados en las torretas con una flecha nos indican hacia dónde debemos girar según el efecto que deseamos en el disparo. Así, si queremos elevar el punto de impacto, giramos la torreta en dirección "up"; sin embargo lo que en realidad hace el visor es bajar la retícula. Cosa lógica, pues para lograr que el disparo vaya más alto tendrá que bajar la cruz de forma que el tirador lo compense elevando el cañón y consiguiendo finalmente ese disparo más alto.

Este efecto que de otra forma pasaría inadvertido se aprecia cuando observamos el colimador a través del visor y actuamos al mismo tiempo sobre las torretas.

 

ANEXO

En comentarios posteriores a la publicación de este artículo han surgido dudas sobre los sistemas de fijación al cañón en el colimador óptico.

Estos sistemas serían tres:

– Magnético.

– Con varillas de calibre específico.

– Con varillas ajustables.

 

El primero tiene dos ventajas: al fijarse mediante un imán, no hay que introducir nada en el cañón (con lo que reducimos el riesgo de dañar el estriado) y se puede colocar exactamente a la misma altura del visor o aproximarse a ella aunque éste quede muy alto.

Por contrapartida exige que seamos muy puntillosos en su instalación, pues para que los valores no varíen, el colimador deberá estar siempre colocado a la misma altura, cosa que se puede lograr con unas sencillas marcas en la zona del imán.

Algunos modelos presentan una retícula ampliada que permite el uso con visores y sistemas de puntería sin aumento.

 

El segundo es el más frecuente en colimadores veteranos (como el mio) y si bien su correcto calibrado y su fleje garantizan que no dañaremos el cañón, no es menos cierto que en calibres pequeños puede no ser efectivo a la hora de sujetar el colimador en la posición necesaria. Además el fleje puede tocar en alguna estría y variar el valor del ajuste. Para colmo tendremos que contar con todas las varillas (así se suministra ahora) para disponer de las adecuadas para nuestras armas.

 

 

El tercer tipo es el más fiable y cuenta con varias ventajas: sus tres varillas abarcan todos los calibres y además se fijan con firmeza al cañón. No obstante conviene no pasarse apretando para que el sistema de casquillo expandido no estropee el interior del cañón (tampoco es cosa de tener miedo... Más aprieta la bala y no pasa nada).

 

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Con el pudor que produce hablar de uno mismo me limitaré a decir que el primer recuerdo de mi vida es la lercha de caza de mi padre que apenas podía arrastrar por el pasillo de casa, con una liebre más grande que yo y algunos pájaros en los que encontraba cosas fascinantes desde el pico hasta las patas. Tengo la única certeza de pertenecer a una familia con antepasados cazadores desde que se tiene memoria de ellos. Está claro que tengo "el gen de la caza" y mi mayor orgullo es mi hijo, que también parece tenerlo y mejora mis pasos con igual gusto por la naturaleza y sus moradores. Estudié Ingeniería Técnica Forestal en la Politécnica de Madrid; pero abandoné aquello por otros intereses. A mis 45 años, para sobrevivir, ejerzo de editor autónomo y periodista con la mayor dignidad que permite esta profesión. He sido colaborador ocasional en revistas como "Caza y Pesca" o "Trofeo Pesca" y actualmente soy corresponsal de RNE y Europa Press en una pequeña ciudad del noroeste español
ARMAS.ES me ofrece ahora un espacio blog junto a unos compañeros que me superan en experiencia, lo cual es un honor, un placer y también una responsabilidad.
"La baña y el rascadero" es el único título posible para el espacio de un viejo jabalí. Un espacio en el que relajarse pero en el que un jabalí viejo deja entrever sus virtudes y sus defectos a través de sus marcas. Así, junto a los comentarios de "baña" (bien serenos o bien intrascendentes y placenteros) los habrá de "rascadero", por aquello de sacudirse algunos "parásitos" que siempre resultan molestos.
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