Mensajepor Tuzaro » 31 Ago 2026 10:54
El texto del coronel Baños es, básicamente, una ópera trágica donde todos los personajes del Estado español —Gobierno, oposición, Fuerzas Armadas, Guardia Civil, Policía y hasta el Rey— aparecen como traidores coordinados en una conspiración universal. Lo curioso es que, como en toda buena tragedia, no hay ni una sola prueba documental: ni órdenes, ni decretos, ni informes, ni sentencias. Nada. Solo la palabra del narrador, que se presenta como el único patriota lúcido rodeado de una élite vendida.
La reinterpretación del artículo 8 de la Constitución es otro momento estelar. Según Baños, las Fuerzas Armadas deberían “tomar el mando” porque la Constitución se lo ordena. Lástima que la Constitución diga exactamente lo contrario: el poder militar está subordinado al civil, y la dirección de la defensa corresponde al Gobierno (art. 97 CE). El Tribunal Constitucional lo ha reiterado en múltiples sentencias, como la STC 48/2003. Pero claro, cuando uno quiere justificar un golpe “constitucional”, los matices jurídicos molestan. Mucho más fácil convertir el artículo 8 en una carta blanca para la insubordinación.
La parte dedicada a Marruecos es casi literatura fantástica. El país aparece como una mezcla entre Hydra, el KGB y el Imperio Romano: infiltración total, colaboradores pagados en medios, planes secretos para desmembrar España, macrobases militares para cercar Canarias… y todo ello sin una sola fuente verificable. Sí, Marruecos ha aumentado su gasto militar (SIPRI), compra armamento a Francia e Israel (Jane’s Defence) y coopera con EE. UU. en programas como FMF e IMET. Eso es real. Lo que no es real es convertir esos hechos en un complot internacional para trocear España. Es como leer un informe de defensa y luego añadirle dragones.
A Marruecos le basta con Ceuta, Melilla, Canarias, el Sahara y parte de Mauritania... casi ná. No digo que sea el vecino perfecto, más bien es el enemigo en potencia del que hay que precaverse y al que hay que aplicarle una estrategia de disuasión creíble, justo lo contrario a lo que hace nuestro gobierno al que también acuso de traidor.
Y, por supuesto, no podía faltar el recurso favorito de la propaganda emocional: las analogías históricas apocalípticas. Baños invoca el 711, el saco de Roma, la caída de Constantinopla y Atila, porque nada dice “análisis serio” como comparar una crisis migratoria con la destrucción de civilizaciones enteras. Los historiadores llevan décadas explicando cómo estas comparaciones se usan para manipular percepciones modernas (Thomas Asbridge, Peter Frankopan), pero aquí se emplean como si fueran pruebas científicas. Si mañana cae un chaparrón en Ceuta, no descartes que lo compare con Pompeya.
El cierre del texto es la guinda: una llamada a la “rebelión” contra un “enemigo interior y exterior”, sin definir quién es ese enemigo ni qué significa rebelarse. Esto ya no es geopolítica, ni estrategia, ni análisis. Es agitprop: agitación y propaganda emocional diseñada para movilizar a quien ya está predispuesto a creer que España está al borde del colapso. Cass Sunstein lo explica bien en Conspiracy Theories and Other Dangerous Ideas: cuando un discurso presenta al Estado entero como traidor y al narrador como único salvador, no estamos ante un análisis, sino ante una narrativa de radicalización.
En resumen: el texto de Baños no describe la crisis de Ceuta y Melilla desde parámetros técnicos, jurídicos o estratégicos. Describe un apocalipsis patriótico imaginario. Si alguien quiere debatir seriamente sobre Marruecos, la frontera sur o la política exterior española, perfecto. Pero para eso hacen falta datos, fuentes y rigor, no invocar a Atila ni pedir golpes “constitucionales”.
Saludos,
Túzaro
¡El conceto es el conceto y ésa es la cuestión!
Manuel Manquiña, ilustre filósofo y paisano mío.