James Brooke, el Rajá Blanco

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JotaErre » 08 Sep 2020 02:43

Voy a contaros una historia que parece una novela, pero es real... la historia de un hombre que no solo pudo reinar, sino que, efectivamente reinó. Y, además, fundó una dinastía que gobernó un país independiente durante 100 años. Se llamaba James Brooke, pero fue conocido como el Rajá (rey) Blanco.

Si, como yo, devorasteis las novelas de Emilio Salgari en vuestra infancia, seguro que el nombre os suena... junto con Suyodhana (el jefe de los thugs) y Lord James Guillonk (el padre de su amada Mariana), Brooke es uno de los archienemigos de Sandokan. Una curiosa enemistad, puesto que ambos se tratan con un respeto digno del Código de Caballería medieval. Pero mientras que en sus novelas Emilio Salgari hace que finalmente Sandokan derrote a Brooke y le mande de vuelta a Inglaterra, en la vida real, éste murió de vejez y enfermedad en su trono y fue sucedido por el heredero que él mismo designó.

James Brooke nació en 1803, hijo segundón de un miembro de la pequeña nobleza británica. La tradición hacía que el primogénito heredara el título, la casa familiar y las tierras, y los hijos menores se buscaran la vida con la ayuda de algún dinero que sus padres les dejaban en la herencia. La mayoría de hijos segundones de la pequeña nobleza (de forma similar a la de los hidalgos del Siglo de Oro) se inclinaban por el clero, la administración pública o la milicia.

El padre de Brooke llega a la conclusión de que la personalidad de su hijo tira más hacia la tercera opción, así que adquiere para él un nombramiento de alférez (efectivamente, en el Ejército Británico, hasta bien entrado el Siglo XIX, los nombramientos de oficial se compraban), y Brooke, con 16 añitos, se incorpora como alférez en un regimiento de la Compañía de las Indias. Es la época de la expansión británica en la India, y la Compañía está en guerra con el Imperio Mahratta, así que Brooke ve mucha acción y, pese a su juventud, enseguida se gana fama de oficial valiente y con dotes de mando. Pero, tras cinco años de servicio, es herido gravemente y enviado a Gran Bretaña a recuperarse.

Mientras está en Gran Bretaña, su padre muere y deja a Brooke algunos miles de libras de herencia. Brooke decide que, a partir de ahora, va a ser su propio jefe: renuncia a su puesto de oficial y lo pone en venta, y, con sus ahorros, la herencia, y lo que obtiene de vender su cargo de oficial, adquiere un bergantín al que bautiza como "Royalist" (es decir, "Realista", en su acepción de "monárquico", no en la de "persona con los pies en el suelo"). Aunque a sus amigos y familiares les dice que su intención es dedicarse al comercio en el Lejano Oriente, Brooke tiene desde el principio otros planes, así que artilla generosamente al "Royalist", y la mayor parte de la tripulación que recluta son antiguos marineros de la Royal Navy.

Brooke zarpa hacia Borneo, y realiza algunas navegaciones comerciales, pero, enseguida, entra con su barco al servicio de Muda Hassim, Sultán de Brunei. Brunei era un reino grande y antiguo, pero en aquellos momentos, Muda Hassim atravesaba por serios problemas, acosado por bandidos, piratas, pretendientes rivales al trono y potencias europeas (sobre todo, Holanda) que pretendían arrebatarle trozos de su reino.

El "Royalist" se convierte a todos los efectos en la Marina de Brunei, y Brooke empieza a demostrar quien es: uno tras otro, va derrotando a los enemigos de Muda Hassim y asegura su trono. Tanto que, a día de hoy, Brunei continúa existiendo como estado independiente, y su sultán es uno de los hombres más ricos del mundo, gracias al petróleo.

A la vista de todo esto, Sultán quiere mostrar a Brooke su gratitud y le dice algo así como "pídeme lo que quieras, que te lo concederé”. Brooke no es en absoluto modesto, y le dice: “¡quiero un reino y un trono!”. Y Muda Hassim, en parte por agradecimiento, y en parte por miedo a que Brooke decida que, si no le dan un reino, lo conquistará él (¡y era muy capaz!), le concede Sarawak, una de las provincias de Brunei, con el título de rajá (rey). Y así, en 1842, James Brooke es coronado rey.

Sarawak es una zona de unos 125.000 kilómetros, en la costa norte de la isla de Borneo. Gran parte del territorio es selvático y de zonas pantanosas, y desembocan varios ríos muy caudalosos, que forman intrincados deltas. La población estaba formada sobre todo por tres grupos étnicos: malayos, de religión islámica, razonablemente civilizados, que habitaban sobre todo en pueblos en la costa y se dedicaban a la agricultura y la pesca; dayaks, tribu belicosa y bastante salvaje, que practicaba una religión de tipo animista y vivía en pequeñas aldeas en las zonas selváticas (su carácter guerrero les mereció el apodo de “los cortacabezas”); y una minoría de comerciantes de origen chino que controlaba gran parte del comercio y las finanzas.

Nada más llegar, Brooke se entrevista con jefes tribales y comerciantes y les hace a todos la misma pregunta: “¿cuál es el principal problema de Sarawak?” y la respuesta es prácticamente unánime: “¡los piratas!”. Por las características del territorio, las bandas piratas encuentran fácilmente escondite en Sarawak, pero hay dos de ellas, que tienen sus refugios en los deltas de los ríos Sarebas y Sakarran, que son especialmente peligrosas, pues cada una de ellas está compuesta de miles de hombres, y pueden poner en acción flotas de cientos de pequeñas embarcaciones que, cuando la estación es propicia, devastan la costa a su paso. Luego, huyen hacia su guarida antes de que pueda organizarse una respuesta. Los deltas de ambos ríos son grandes e intrincados, con zonas pantanosas, meandros, muchos brazos, escollos... los piratas están seguros en sus guaridas, pues es casi imposible llegar hasta ellas si no se conoce muy bien la zona.

Brooke estudia el tema, y llega a la conclusión de que, para esta campaña, su fiel “Royalist” no le va a servir: necesita embarcaciones de poco calado y muy maniobrables. Así que adquiere nueve pequeños vapores de paletas a los que dota de generosa artillería. Además, compra también una gran cantidad de mosquetes y pequeñas piezas de artillería, y lo hace llevar todo a Sarawak.

Quedan aún unas cuantas semanas para que empiece la época del año más propicia para los ataques de los piratas, y Brooke da las siguientes órdenes:

1) Todos los hombres capaces de combatir deben unirse a él y traer todas las embarcaciones que puedan reunir.

2) El resto de habitantes de las zonas costeras (mujeres, niños, ancianos, enfermos...) deben tomar todos los víveres y objetos de valor y refugiarse en el interior.

Aunque las órdenes no se cumplen al 100%, su grado de cumplimiento es alto, y miles de malayos se unen a su nuevo rey, trayendo un gran número de pequeñas embarcaciones. Éstas son las típicas embarcaciones de la zona, similares a los catamaranes y trimaranes, frágiles, pero muy rápidas y maniobrables, tanto a vela como a remo. Brooke selecciona las más fuertes e instala en ellas los pequeños cañones que ha adquirido. Además, reparte los mosquetes entre sus súbditos y les adiestra en su uso.

Apenas han terminado estos preparativos cuando llegan noticias de que una flota de piratas del río Sarebas está asolando las poblaciones costeras que no han sido evacuadas. Brooke sale a su encuentro con su recién formada flota (que incluye los nueve vapores y las embarcaciones de sus súbditos). Como es habitual, los piratas ya están huyendo hacia su refugio, pero la previsión de Brooke permite que puedan alcanzarlos... solo que el Rajá ordena no combatir, sino seguirles a distancia... ¿Quéééé?: lo que pretende Brooke es que los piratas, sin saberlo, le guíen hasta su escondrijo, y arrancar el mal de raíz.

Y la estratagema funciona: siguiendo los pasos de los piratas, Brooke consigue navegar el delta del río Sarebas hasta tener a su alcance la base pirata. Y, de nuevo, decide esperar: Brooke supone (acertadamente) que los piratas celebrarán el éxito de su razzia con una buena fiesta y abundante alcohol, y espera a que se hayan emborrachado bien para atacarles. Entre tanto, ordena a parte de su fuerza que desembarque y tome posiciones para asaltar el campamento por tierra.

Llega la noche y los piratas, agotados y ebrios, se van a dormir. Entonces Brooke ordena el ataque, simultáneamente por tierra y mar. La batalla es feroz y sin cuartel: aunque resacosos y sorprendidos, los piratas luchan con ferocidad, pues se han dado cuenta de que no hay escapatoria. Pero los malayos están hartos de sus depredaciones, se han dado cuenta de que tienen la oportunidad perfecta de vengarse, y no van a dejarla escapar. La lucha es sin cuartel, pero, al amanecer, los piratas del río Sarebas han sido completamente aniquilados.

Al año siguiente, Brooke repite la jugada contra los piratas del río Sakarran. La campaña es un calco de la anterior, y también termina con el aniquilamiento de los piratas. Brooke nunca conseguirá acabar por completo con la piratería en Sarawak (hay demasiados escondrijos), pero sí que la ha convertido de “problema número uno” a “molestia soportable”.

Con estas dos campañas, Brooke consigue pacificar su reino. Además, gana dos beneficios adicionales: el primero de ellos es un sobrenombre (“El Exterminador de Piratas”) que le acompañará el resto de su vida. El segundo, la absoluta lealtad de sus súbditos, que vienen a pensar: “vale, será un rey intruso, blanco e infiel. Pero está dispuesto a jugarse el pellejo por nosotros, y eso es más de lo que se puede decir de casi todos los reyes anteriores”. Esto se pone en valor bien pronto: poco tiempo después, un sobrino de Muda Hassim decide reclutar un pequeño ejército para conquistar Sarawak, convencido de que la población se pondrá mayoritariamente de su parte. En realidad, prácticamente todos los habitantes de Sarawak, de todas las etnias, permanecen fieles al Rajá Blanco, y el pretendiente es fácilmente derrotado. “Por ser vos quien sois”, Brooke le perdona la vida y le devuelve a Brunei, eso sí, avisándole de que, la próxima vez, no será tan clemente.

(NOTA: aquí es donde Salgari se permite cambiar la historia: en las novelas, Sandokán toma partido por el pretendiente, y juntos derrotan a James Brooke y le obligan a volver, vencido, a Gran Bretaña. Pero, en nuestra línea temporal, las cosas sucedieron como las he contado).

Ya libre de las amenazas más graves, Brooke empieza a gobernar el reino a su manera. En política exterior, su principal objetivo es dejar claro a quien corresponda (sobre todo, otros reinos cercanos y potencias europeas que buscaban expandir sus colonias) que Sarawak es un reino independiente y perfectamente capaz de defenderse. Además de esto, Brooke siempre está dispuesto a echar una mano a Muda Hassim, su antiguo jefe, cuando éste le necesita. Y, como natural de Gran Bretaña, favorece siempre que puede los intereses británicos en la zona. Por ejemplo, enterado de que la Royal Navy necesita una base en Borneo, Brooke le regala la isla de Labuán (en la que Salgari hace pasar una parte importante de las aventuras de Sandokán).

La política interior de Brooke es propia, en muchos aspectos, de un déspota ilustrado: favorece las grandes obras públicas, la educación, la higiene y la sanidad. También dicta leyes que facilitan el comercio, crea industria, y realiza prospecciones para encontrar recursos minerales. Una de sus medidas es contratar a precio de oro a un famoso armero hispano-filipino para que ponga en marcha y dirija una fábrica de cañones y armas de fuego en Sarawak.

Sin embargo, su trato con las dos grandes minorías del reino (dayaks y chinos) es más propia de un gobernante del Siglo XXI que de uno del XIX: aunque Brooke cree que hay que civilizar a los dayaks, también piensa que un exceso de civilización en muy poco tiempo puede ser más perjudicial que beneficioso para ellos, así que opta por una política a largo plazo, controlando y limitando los contactos que los misioneros y los comerciantes (británicos y chinos) puedan tener con los dayaks.

Con los comerciantes chinos, también opta por una política muy diferente de lo habitual en la zona: estos comerciantes, aunque de origen chino, llevaban muchas generaciones extendidos por gran parte del Sudeste Asiático, Filipinas y zonas de Oceanía, donde dominaban gran parte del comercio y las finanzas. Esto les hacía poderosos y a la vez odiados, de manera similar a los judíos en Europa. Muchos monarcas de la zona les cobraban impuestos brutales e incitaban “pogromos” contra ellos para desviar la atención del pueblo cuando las cosas iban mal. Brooke, en cambio, les marca unas reglas (por ejemplo, el tema del comercio con los dayaks o la prohibición de la usura), pero les garantiza que, mientras cumplan sus reglas, les protegerá a ellos y a sus negocios. Es un buen trato, que convierte a los comerciantes chinos en entusiastas partidarios de Brooke. Éste llega a confiar en dichos comerciantes tanto que prefiere confiarles a ellos el arrendamiento y explotación de las minas, antes que a compañías británicas.

(NOTA: sobre estos comerciantes chinos, un pariente mío, experto en el comercio con Asia, me decía a mediados de la década de 1980: “si llegas a un país asiático y no hay comercios de chinos, ¡huye!: aquello es el Infierno”).

Todas estas medidas funcionan, y la economía de Sarawak prospera. Brooke considera que las cosas están tranquilas y se merece un descanso, así que parte en un viaje a Gran Bretaña. El recibimiento es espectacular, Brooke es recibido por la Reina, que le nombra miembro de la Orden de Bath (con tratamiento de Sir), recibe las llaves de la ciudad de Londres, los nobles y ricos se pelean por invitarle a sus fiestas... James Brooke se ha convertido en un ídolo, un ejemplo de lo que un británico puede conseguir si se lo propone.

Ahora, todo lo que necesita para asegurar definitivamente su trono es un heredero... y, sorprendentemente, en este punto tiene un problema. No sé si alguno de nosotros sería capaz de hacer lo que hizo Brooke, pero estoy seguro de que casi todos sabemos hacer un heredero. El problema es que Brooke era homosexual, y, además, le gustaban los jovencitos. Las crónicas de sociedad de la época hablan de la “intensa amistad” que tuvo con diversos jóvenes de la buena socied británica durante su estancia en Londres.

Sin embargo, una hermana de Brooke tiene un hijo llamado Charles, que es oficial de la Royal Navy. James trata a su sobrino, ve en él buenas cualidades y le propone adoptarle como hijo y heredero. Charles acepta, y Brooke se ocupa de que se forme en las mejores universidades británicas, pasando también temporadas en Sarawak para aprender a llevar el “negocio familiar”.

Finalmente, enfermo y envejecido, James Brooke muere en 1868 y es sucedido por su sobrino Charles, segundo de la dinastía de los Rajás Blancos. Charles es un gobernante capaz, que continúa con éxito las políticas de su tío y antecesor. Aunque la situación es mucho más pacífica, Charles también tiene que tomar las armas en varias ocasiones contra piratas, bandidos, traficantes de esclavos y reyes rivales. También firma un tratado de defensa con Gran Bretaña.

Charles muere en 1917 y es sustituído por su hijo Vyner, tercero de la dinastía. Vyner busca continuar las políticas de sus predecesores, pero ahora las cosas han cambiado: en los turbulentos años 20 y 30, empiezan a tomar fuerza los movimientos de independencia y anticolonialistas, y el reinado absoluto de los Rajás Blancos empieza a ser cuestionado. Vyner toma algunas medidas para que los nativos ocupen posiciones de poder, pero esto no parece suficiente, así que Vyner negocia con las élites de Sarawak la redacción de una constitución que transformará Sarawak en una monarquía parlamentaria. La constitución se acaba de redactar en 1939, y se espera que se convoquen elecciones para 1942 o 1943...

... pero Vyner tiene a la historia en contra. La Segunda Guerra Mundial devasta la zona y, para los japoneses, Sarawak es un objetivo de primera importancia. No solo por sus recursos naturales, sino porque, para ellos, eso de un blanco gobernando un reino asiático es una blasfemia, una aberración que tiene que ser corregida cuanto antes. Y, con los británicos derrotados en Singapur, la resistencia que puede oponer Sarawak es completamente insuficiente frente a la potencia japonesa. Vyner y su corte tienen pronto que partir al exilio en la India.

El régimen que imponen los japoneses en Sarawak no destaca por su amabilidad respecto a los nativos, especialmente hacia la minoría china, a la cual ven los japoneses como la potencial clase dirigente de la resistencia. La crueldad japonesa convierte a Sarawak en un territorio infestado de guerrillas antijaponesas.

Finalmente, en 1945, Sarawak es liberado y Vyner recupera su trono. Pero es ya un hombre vencido, sobrepasado por las circunstancias, y cede Sarawak a la Corona Británica a cambio de una generosa pensión y de conservar hasta su muerte el título de rey. Un sector importante de Sarawak se opone a ello y pide la continuación de la monarquía en la persona de Anthony Brooke, sobrino de Vyner. La administración británica actúa rápidamente, ejecutando a un par de dirigentes y enviando a Anthony al exilio en Nueva Zelanda. Sarawak es agregado a la Federación Malaya, colonia británica. Aquí acaba la dinastía de los Rajás Blancos.

Sin embargo, no es el final de la historia para Sarawak: el gobierno británico pretendía mantener su dominio de Malasia, por varios motivos: la presencia en ella de una de sus bases más importantes (Singapur), el estar establecida en una vía de navegación estratégica, y al existencia de petróleo, caucho, nitratos, y muchas materias primas muy importantes para la industria británica. Pero los habitantes quieren la independencia, y, al no obtenerla por vías pacíficas, recurren a la lucha de guerrillas. El resultado (eufemísticamente llamado por el gobierno de Su Graciosa Majestad “Emergencia Malaya”) es una guerra que no tiene nada que envidiar a la fase francesa de la Guerra de Vietnam. Finalmente, tras 10 años de lucha, los británicos se dan cuenta de que se han metido en una guerra que no pueden ganar, y, en 1957, conceden la independencia a Malasia.

Tras unos comienzos caóticos (que llevaron incluso a la expulsión de Singapur del nuevo país, sin duda un caso único en la historia), Malasia se organizó como estado federal y ha conseguido hasta hoy un grado razonable de democracia, estabilidad política y prosperidad económica. Actualmente, Sarawak es uno de los estados federados de Malasia y goza de un amplio autogobierno. Trabajando de acuerdo, el gobierno de Sarawak y el gobierno federal de Malasia han convertido a la isla de Labuán en un importante centro financiero offshore... sin duda un destino muy adecuado dada la relación de los piratas con la isla.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JJWinchester » 08 Sep 2020 19:27

Madre mía, que gran historia... :apla: :apla: :apla: la realidad siempre, siempre, supera a la ficción.

¡Gracias!
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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor Rapiegu » 08 Sep 2020 19:35

Interesante y ameno relato :apla: :apla:

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor fierabras » 09 Sep 2020 08:49

Me han dado ganas de releer todas las novelas de Sandokan, que ya las tengo olvidadas ... y su lugarteniente Yáñez.

Que buenos ratos me hicieron pasar hace ya 30 años por lo menos.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor Hoplon » 09 Sep 2020 10:03

fierabras escribió:Me han dado ganas de releer todas las novelas de Sandokan, que ya las tengo olvidadas ... y su lugarteniente Yáñez.

Que buenos ratos me hicieron pasar hace ya 30 años por lo menos.


Así es, Yáñez el portugués.

Me acabo de acordar de "El Hombre que pudo Reinar" de Rudyard Kipling, una novela, ésta de pura ficción, muy buena, de la que hicieron una peli con Sean Connery.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JotaErre » 09 Sep 2020 10:51

Hoplon escribió:
fierabras escribió:Me han dado ganas de releer todas las novelas de Sandokan, que ya las tengo olvidadas ... y su lugarteniente Yáñez.

Que buenos ratos me hicieron pasar hace ya 30 años por lo menos.


Así es, Yáñez el portugués.

Me acabo de acordar de "El Hombre que pudo Reinar" de Rudyard Kipling, una novela, ésta de pura ficción, muy buena, de la que hicieron una peli con Sean Connery.


Brooke fue la inspiración de Kliping para escribir esa novela.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JotaErre » 09 Sep 2020 10:53

fierabras escribió:Me han dado ganas de releer todas las novelas de Sandokan, que ya las tengo olvidadas ... y su lugarteniente Yáñez.

Que buenos ratos me hicieron pasar hace ya 30 años por lo menos.


Y a mí... Sandokán, el Corsario Negro, la Princesa de Éboli y el León de Damasco... ¡qué buenos ratos me hizo pasar Salgari!

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor Hoplon » 09 Sep 2020 11:35

JotaErre escribió:
Hoplon escribió:
fierabras escribió:Me han dado ganas de releer todas las novelas de Sandokan, que ya las tengo olvidadas ... y su lugarteniente Yáñez.

Que buenos ratos me hicieron pasar hace ya 30 años por lo menos.


Así es, Yáñez el portugués.

Me acabo de acordar de "El Hombre que pudo Reinar" de Rudyard Kipling, una novela, ésta de pura ficción, muy buena, de la que hicieron una peli con Sean Connery.


Brooke fue la inspiración de Kliping para escribir esa novela.


¡Anda, no lo sabía!

Otro hombre que quiso establecer su propio reino, pero en este caso fracasó, y que ha dado lugar a libros y película, fue Lope de Aguirre.

Colón llevaba firmado en sus Capitulaciones que sería virrey y gobernador de todos los territorios descubiertos, con cobro del diezmo, pero las denuncias que recibió le obligaron a pleitear con los reyes, y al final no lo logró.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JotaErre » 10 Sep 2020 01:01

Yo también he pensado alguna vez en esa comparación entre Brooke y Aguirre. Pero pienso que a Aguirre se le ha idealizado un poco, y a eso debe su duradera fama: se ha convertido en la encarnación, en el prototipo del Rebelde, el hombre que se rebela contra su rey, y, si hace falta, contra el mismo Dios.

Personalmente, creo que Aguirre tenía unas dosis muy altas de soberbia y locura. Le veo como una especie de Quijote negativo.

Brooke, en cambio, era otra historia, una especie de "condottiero" moderno. Una sorprendente combinación de aventurero, militar y estadista.

Maquiavelo, en "El Príncipe", dedica un capítulo al "príncipe nuevo", es decir, consejos para un gobernante que acaba de conquistar su propio reino (cosa no tan rara en la Italia bajomedieval y renacentista)... sin duda, Brooke se lo leyó con mucha atención.

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Re: James Brooke, el Rajá Blanco

Mensajepor JotaErre » 10 Sep 2020 01:07

Por cierto, la primera vez que oí hablar de James Brooke, fue (¡cómo no!) en mi infancia, leyendo a Salgari. Pocos años después, leí un libro sobre la piratería en Asia, y me sorprendió que se le mencionara... ¿cómo? ¿resulta que no era una creación de Salgari, sino un personaje histórico? Fuí a buscarle en la enciclopedia (en mi casa teníamos la Larousse), y allí estaba su entrada... en la Enciclopedia me enteré (de manera esquemática) de su vida y de que había fundado una dinastía.


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