Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

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Brasilla
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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2018 21:33

Primera Expedición de Cevallos a Rio Grande


La Primera expedición de Cevallos a Río Grande fue una acción militar, entre septiembre de 1762 y abril de 1763, llevada a cabo por los españoles liderados por Pedro Antonio de Cevallos contra los portugueses en América del Sur, como parte de la Guerra de los Siete Años.

Al tomar conocimiento Cevallos de que el Tratado de Madrid (1750) había sido anulado por medio del Tratado de El Pardo (12 de febrero de 1761), y por ende, debía restablecerse la línea del Tratado de Tordesillas, escribió por dos veces al virrey del Brasil, Gomes Freire, para que devuelva los territorios españoles ocupados y deje en libertad de regresar a sus pueblos a los indígenas misioneros, al no tener respuesta, escribió de nuevo el 12 de julio de 1762. Intimó también al gobernador de Colonia a que desalojara las islas Martín García y Dos Hermanas.

En enero de 1762 España se unió a Francia contra Gran Bretaña en la Guerra de los Siete Años, en consonancia con el Pacto de Familia. El plan era atacar a Portugal, que había sido neutral hasta ese momento, pero que era un importante aliado económico de Gran Bretaña. El 9 de mayo de 1762 España invadió Portugal y también decidió atacarlo en América del Sur, y en particular tomar durante la disputa la Colonia del Sacramento.

Cevallos comenzó preparativos de guerra al no obtener la devolución de territorios que le reclamara al virrey del Brasil, para ello, envió a José de Vera con milicias de Santa Fe a Maldonado, aprovisionó las guarniciones de Montevideo y de Buenos Aires, formó un batallón de milicias y puso en movimiento hacia el Río de la Plata a 1.000 indígenas misioneros.

El teniente coronel Tomás Luis de Osorio, comandante de las tropas de Caballería del Regimiento de Dragones y del Fuerte Jesús, María, José de Río Pardo, construyó una fortificación de campaña en diciembre de 1762, la Fortaleza de Santa Teresa, guarneciéndola con cerca de 400 soldados y artillándola con algunas piezas de pequeño calibre. El lugar elegido fue el desfiladero de Angostura cerca del monte de Castillos Grande, cerrando el camino terrestre junto al litoral, que iba desde la Colonia del Sacramento hacia la villa de Río Grande.

[b]La expedición en 1762[/b]

En los primeros días de enero de 1762 la fragata Victoria, con 26 cañones, comandado por el teniente de navío Carlos José de Sarriá, partió de Cádiz rumbo a Buenos Aires con órdenes de que el gobernador del Río de la Plata, Pedro Antonio de Cevallos, ataque a la Colonia.

Cevallos comenzó a preparar en secreto sus fuerzas y en septiembre de 1762 organizó suficientes hombres y barcos para el ataque. A principios de septiembre partió la flota compuesta por la fragata Victoria, el navío de registro armado Santa Cruz, tres avisos (entre ellos el San Zenón), doce lanchas grandes armadas y quince transportes. 2.700 milicianos cruzaron el Río de la Plata y desde el 7 al 14 de septiembre se produjo el desembarco. El 26 de ese mes se les sumó la artillería y municiones procedentes de Montevideo en 113 carros. Luego el ejército fue aumentado por una fuerza de 1.200 indígenas misioneros el 27 de septiembre. El 1 de octubre las fuerzas comenzaron a moverse hacia Colonia y el 5 de octubre comenzó el sitio de la plaza.

Las relaciones entre Cevallos, quien comandaba el ejército, y Sarriá, quien comandaba la flota, eran muy malas. Después de desembarcar el ejército y sin la aprobación de Cevallos, Sarriá partió con la flota de 16 barcos hacia la Ensenada de Barragán, en donde permaneció hasta el 29 de octubre con los barcos de su mando: Victoria, Santa Cruz, tres avisos, ocho lanchas y tres buques corsarios. El 14 de octubre 4 bergantines portugueses lograron salir de Colonia evacuando a algunos residentes civiles y llevándose objetos de valor, sin que la flota española actuara. Tres de ellos regresaron a Colonia el 17 de octubre con víveres para los sitiados.

Afortunadamente para los españoles, los portugueses estaban mal preparados y el 31 de octubre de 1762 Vicente da Silva da Fonseca, el gobernador de la plaza, capituló, entrando los españoles en Colonia el 2 de noviembre de 1762, siendo también ocupadas la isla Martín García y la isla San Gabriel. Los prisioneros portugueses son enviados a Río de Janeiro en sus propios buques, mientras que gran parte de los civiles son trasladados a Cuyo.

El hundimiento del Lord Clive
Invasión anglo-portuguesa al Río de la Plata (1763)

Gran Bretaña, que estaba ahora oficialmente en guerra con España, no participó en las batallas, pero la British East India Company tuvo planes para conquistar territorio español en Sudamérica y envió dos viejos barcos. El más grande era el HMS Kingston, de 62 cañones, que fue renombrado Lord Clive, el otro barco era la fragata Ambuscade. Se había acordado con los portugueses el reparto del área del Río de la Plata, la Banda Oriental para Portugal y la occidental para el Reino Unido, financiando la campaña la compañía con 100.000 libras esterlinas y los dos barcos.

La pequeña escuadra partió de Londres en julio de 1762 rumbo a Lisboa. El 30 de agosto partieron de esa ciudad al mando del capitán John McNamara, comandando la Ambuscade el capitán William Roberts. En Río de Janeiro el gobernador portugués, Gomes Freire le suministró 9 barcos (uno de ellos era la fragata Nossa Senhora da Gloria, de 38 cañones) transportando 500 soldados al mando del teniente coronel Vasco Alpoin. El 21 de noviembre, la escuadra partió de Río de Janeiro hacia el estuario del Río de la Plata para atacar Buenos Aires y Montevideo, pero al llegar a la altura de esta última ciudad, se enteran de la caída de Colonia, debiendo abandonar el proyecto de tomar Buenos Aires debido a no poder hallar el canal de acceso.

El 4 de enero de 1763, la escuadra decidió atacar y retomar Colonia del Sacramento. El 6 de enero los tres buques mayores bombardearon Colonia. La escuadra española al mando de Sarriá, huyó a la primera vista del enemigo. Sarriá destruyó la bandera de su barco para prevenir su caída en manos enemigas, desembarcó en la isla San Gabriel y mandó hundir a la Victoria que estaba varada en la isla, que finalmente se hundió el 8 de enero por una tormenta.

Abandonado por su flota, las defensas costeras españolas combatieron solas, el Lord Clive quedó bajo su fuego, se incendió y se hundió. Murieron 272 hombres a bordo, incluyendo al comandante de la expedición, capitán McNamara, otros 62 fueron rescatados por los españoles. El resto de los barcos aliados retornó a Río de Janeiro, entre ellos la Ambuscade que llevaba 60 muertos de su tripulación.

[b]La expedición en 1763[/b]

El Fuerte de Santa Bárbara se hallaba artillado con siete piezas y guarnecido por un efectivo de quinientos correntinos y muchos indígenas, al mando del teniente coronel Antonio Catani cuando el 1 de enero de 1763 fue asaltado y conquistado por fuerzas portuguesas al mando del capitán Francisco Pinto Bandeira, basadas en el Fuerte Jesús, María, José de Río Pardo. Estas fuerzas estaban conformadas por 230 dragones riograndenses y aventureros paulistas (éstos al mando del capitán Miguel Pedroso Leites). La artillería apresada, junto con 9.000 cabezas de ganado y 5.000 caballos arreados de las estancias de la zona fueron trasladados al fuerte de Río Pardo.

El 10 de febrero de 1763 se firmó el Tratado de París, que puso fin a la Guerra de los Siete Años y obligaba a España a devolver los territorios conquistados.

Aún en control de Colonia del Sacramento, Cevallos marchó con su ejército al este en la primavera, el 19 de marzo de 1763 salió de Colonia con 300 dragones llegando a Maldonado el 29 de marzo. El 8 de abril el ejército salió de Maldonado en dos columnas, la vanguardia iba al mando del capitán Alonso Serrato con 150 hombres, seguía la artillería y en la retaguardia iban 169 carretas.

El 17 de abril mandó construir una batería de 6 cañones frente a la Fortaleza de Santa Teresa, guarnecida por 1.500 hombres y 13 cañones. El día 18, 400 portugueses fracasaron en su intento de impedir la construcción de la batería, batidos en retirada, se produjo la deserción de 1.200 soldados de la fortaleza, quedando dentro de los muros su comandante, el coronel Luis Tomás Osorio con 280 dragones y 25 oficiales, los que se rindieron al día siguiente (19 de abril), siendo capturado Osorio, quien con poco más de 100 hombres de la guarnición fueron trasladados a Maldonado.

Cevallos envió tres destacamentos en persecución de los fugitivos, al capitán Serrato hacia el Fuerte de San Miguel y al capitán José de Molina en dirección a Río Grande, hacia donde debían converger los otros tres destacamentos. El Fuerte de San Miguel se rindió sin combatir, quedando en poder español 13 cañones en Santa Teresa y 15 en San Miguel.​ Cevallos ordenó la mejora de la Fortaleza de Santa Teresa, siendo su autor el ingeniero Francisco Rodríguez Cardozo.

El 24 de abril arribó a Río Grande de San Pedro y el 12 de mayo de invadió la villa conquistando el Fuerte de Jesús, María, José de Río Grande retirándose los portugueses hacia São José do Norte en la orilla opuesta a Río Grande, que también fue ocupada por Cevallos. Los pobladores portugueses que no huyeron hacia Porto dos Casais, fueron trasladados por Cevallos a Maldonado, dando origen al pueblo de San Carlos. Fueron capturados 27 cañones y 8 morteros.

El 27 de diciembre de 1763, Colonia del Sacramento y la isla San Gabriel volvieron a manos portuguesas, pero las demás conquistas continuaron en poder español.

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2018 23:32

Guerra anglo - española 1.796 - 1.802


La guerra anglo-española (1796–1802) fue un conflicto que enfrentó a España, que contaba con el apoyo de Francia, con Gran Bretaña. Finalizó en 1802 con la firma de la Paz de Amiens.

Las batallas libradas en este periodo en las que intervino Francia quedaron enmarcadas en las guerras revolucionarias francesas. Aunque muchos de los choques en los que participó España terminaron en victorias para esta, la guerra anglo-española la desgastó mucho en los aspectos militar, político y económico.

Desde los años 30 del siglo XVIII, los monarcas españoles y franceses, ambos pertenecientes a la dinastía Borbón, firmaron una serie de tratados, conocidos como Pactos de Familia, para hacer la guerra a Gran Bretaña. Sin embargo, en 1789 se produjo la Revolución Francesa y se abolió la monarquía en Francia. Esto puso fin a los pactos hispano-franceses y una serie de potencias europeas, incluida España, declaron la guerra al país galo para frenar la expansión del liberalismo político que ponía en peligro las coronas europeas.

La coalición monárquica fue vencida y se firmó la Paz de Basilea en 1795, que acabó con la llamada Guerra del Rosellón, librada entre 1793 y 1795 entre España y la república francesa. La Francia republicana era ya un hecho consumado, y el objetivo común de ambos países seguía siendo evitar la expansión del imperio británico.

En agosto de 1796 Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, firmó con el representante francés el Tratado de San Ildefonso, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso de Segovia. En el Tratado, ambas naciones acordaban iniciar una política conjunta contra Gran Bretaña y socorrerse militarmente en el caso de que una de las partes lo pidiera.

Ese mismo verano, España y Francia mandaron una flota conjunta de veinte navíos desde Cádiz a las pesquerías de Terranova, donde arrasaron con barcos y plazas británicas. En 1797 Gran Bretaña envió una escuadra al Caribe con el propósito de invadir la isla de Trinidad y la de Puerto Rico. La isla de Trinidad fue invadida pero Puerto Rico resistió el ataque. El mismo año, flotas de España y Gran Bretaña combatieron el cabo San Vicente, en las costas de Portugal (entonces aliado británico), choque que resultó favorable a las armas inglesas.

Los británicos atacaron también la isla de Tenerife, pero la acometida fue rechazada por la artillería de la isla y el almirante británico Nelson perdió un brazo de un cañonazo en los combates. Los británicos también asaltaron Menorca, que había sido británica durante varias décadas hasta que los españoles la reconquistaron en tiempos de Carlos III. También tuvieron lugar varios combates en la costa española peninsular: en Cádiz, Cartagena, Brión y Algeciras.

En Francia, la situación había dado un giro, y ahora parecía decidida a mantener una política bélica, conquistando Egipto y la Europa continental. El general Napoleón dio un golpe de Estado en 1799 y se hizo con el poder político en el país. En 1804 Napoleón se proclamó emperador. Sin embargo, España continuó su alianza con Francia e incluso envió a Dinamarca en 1807 tropas españolas, en liga con las francesas, para proteger esas costas de eventuales invasiones británicas durante las guerras napoleónicas. El imperialismo francés preocupaba seriamente al Reino Unido.

En 1801 España y Francia entraron en guerra contra Portugal, en lo que se conoció como guerra de las Naranjas, que terminó con victoria española.

En marzo 1802 se firmó la Paz de Amiens entre Francia, España y la República Bátava por una parte y Gran Bretaña, por la otra. Napoleón había conquistado Malta en 1798, pero Gran Bretaña se la había arrebatado a este en el 1800. En la Paz de Amiens, se acordó que Gran Bretaña debía abandonar Malta y ceder su gobierno a la Orden de Malta, pero el Reino Unido no cumplió lo pactado. Por esta y otras causas, la paz entre Francia y Gran Bretaña se rompió en mayo de 1803. Aunque España trató de mantener la neutralidad, finalmente declaró la guerra a los británicos en diciembre de 1804.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2018 23:53

Acción del 25 de Enero de 1.797


La acción del 25 de enero de 1797 fue una batalla naval menor ocurrida durante las Guerras revolucionarias francesas y enmarcada dentro de la Guerra anglo-española de 1796-1802. Tuvo lugar en el Golfo de Cádiz cuando el navío de línea español San Francisco de Asís fue atacado y perseguido durante varias horas por un escuadrón británico comandado por el oficial George Stewart y formado por tres fragatas de 5ª clase y una corbeta de 6ª clase. Tras un intercambio de fuego intermitente pero feroz, las naves inglesas seriamente dañadas fueron forzadas finalmente a retirarse. Por su parte, el San Francisco de Asís, que sólo sufrió daños menores, fue capaz de retornar a Cádiz sin mayores problemas. El comandante del navío, capitán Alonso de Torres y Guerra, fue ascendido por su hazaña.

Españoles y británicos, que habían sido aliados contra la Francia revolucionaria hasta el Tratado de Basilea, se convirtieron en enemigos cuando España se alineó con Francia en el Tratado de San Ildefonso de 1796. Al estallar la guerra entre ambos países, los ingleses se retiraron del Mediterráneo y se posicionaron en la costa atlántica de la Península Ibérica, desde el Cabo de Finisterre hasta Gibraltar.​ El almirante John Jervis, comandante de la Flota del Mediterráneo, situó su base en Lisboa con la orden del almirantazgo de "... aprovechar cualquier oportunidad para hostigar al enemigo", además de proteger el comercio británico con las colonias.

El invierno de 1796 a 1797 fue uno de los más tormentosos del siglo XVIII. La Royal Navy perdió dos navíos de línea, el HMS Courageux en un naufragio en Gibraltar y el HMS Bombay Castle hundido en la desembocadura del río Tajo, así como dos fragatas. Una expedición francesa enviada a Irlanda para ayudar a los rebeldes de la Society of the United Irishmen contra el gobierno inglés también fracasó debido a las tormentas. La Armada Española sufrió de igual manera aquel tormentoso invierno y su navío de línea de 74 cañones, el San Francisco de Asís, anclado en la Bahía de Cádiz y comandado por el capitán Alonso de Torres y Guerra para proteger la llegada de los barcos mercantes procedentes de América, fue golpeado por una tormenta, desanclado de su fondeadero y obligado a salir a mar abierto.

La batalla

Al amanecer del 25 de enero, el navío San Francisco de Asis, que se encontraba en labores de patrulla navegando en paralelo a la costa de Cádiz y a unas 11 leguas de distancia de ésta, divisó cuatro navíos desconocidos que se aproximaban y, ante la falta de repuesta a sus señales, la tripulación del San Francisco de Asís se puso en estado alerta. El capitán del barco español, Alonso de Torres y Guerra, aún no lo sabía, pero se trataba de las fragatas inglesas Lively, Niger y Meleager acompañadas de una corbeta. Los hechos que sucedieron a continuación son narrados en la Gaceta de Madrid de fecha 7 de febrero de 1797:

Empezaron estos a perseguir al Asís, confiados en su ventaja de vela y superioridad de fuerzas, pues muy luego se conoció que consistían en dos fragatas de 40 cañones, otra de 34 y una corbeta de 28, las cuales a la una del día estaban a tiro de cañón, y entonces afirmó el navío Asís su pabellón español, preparado ya para un combate tan desigual.

Correspondieron los enemigos largando sus banderas inglesas, y rompió el fuego el navío Asís, que se batió en retirada sin intermisión hasta las 4, sufriendo el de dos fragatas que alternativamente lo batían a metralla, dirigiendo él sus tiros con sólo los cuatro guarda-timones de ambas baterías con viveza y acierto, y dando de tiempo en tiempo una orzada o arribada para presentarles el costado, cuyas descargas no pudieron resistir, obligándolas en estos casos a arribar por el daño y averías que sufrían.

Separáronse las fragatas del combate a las 4, y habiendo consultado entre sí los comandantes ingleses volvieron a combatir a las 4 y media, y prosiguieron hasta las 5 que se retiraron.
La proximidad de la noche, y la situación de quedar empeñado en la costa entre Huelva y Ayamonte, determinaron al Comandante del Asís a virar de vuelta del E resuelto a pasar entre los enemigos batiéndolos por ambas bandas; pero estos viendo tal resolución arribaron, y se pusieron en huida, lográndola a favor de la oscuridad de la noche

Consecuencias

El San Francisco de Asís tuvo un total de 14 bajas (2 hombres muertos y 12 heridos) y recibió un impacto en su palo mayor, además de daños menores en las jarcias y el casco. El barco fue reparado y el 14 de febrero de ese mismo año tomó parte en la Batalla del Cabo de San Vicente.

El número de bajas y los daños sufridos por los barcos británicos se desconocen hoy en día, aunque se cree que al menos una de las fragatas resultó seriamente dañada y la acción no es mencionada por ninguna fuente inglesa, ​ a pesar de que durante las guerras revolucionarias y napoleónicas no fue un hecho muy corriente que un solo navío saliera victorioso de un enfrentamiento contra un escuadrón de fragatas bien armadas.

Como recompensa por su victoria, al capitán Alonso de Torres y Guerra se le concedió la encomienda del Corral de Calatrava perteneciente a la Orden de Alcántara, la cual conllevaba además el título de caballero y una renta de 15.800 reales. Por otra parte, la carrera del comandante George Stewart no se vio afectada por este fracaso e incluso fue elegido por el almirante Jervis para llevar a Inglaterra la buena nueva de la victoria en el cabo de San Vicente.

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Re: Hechos de armas heroicos Bdel Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2018 00:34

Batalla de TENERIFE 1.797


Seguramente los turistas ingleses que hoy se acercan a las Islas Canarias, para disfrutar de ese paraíso terrenal, desconocen completamente que en 1797, la Pérfida Albión, fue humillada por el general español Antonio Gutiérrez de Otero , con una concluyente victoria ante su más importante héroe de los mares, el entonces contralmirante Horacio Nelson.

Con la toma de Las Canarias, el Imperio Británico seguramente hubiera adelantado 100 años la caída del Imperio Español. El control de esta gran plataforma estratégica, hubiera permitido a Gran Bretaña asegurarse sus intereses económicos en el Nuevo Mundo y en la costa oeste de África.

En julio de 1797, la Royal Navy a las órdenes de Nelson, se presentó en Tenerife con 9 navíos de guerra bien artillados y 3.700 soldados armados hasta los dientes. Sus intenciones era conquistar las Islas Canarias. La operación militar iba a ser un simple paseo militar, tal era la arrogancia de Nelson.

Pero la determinación y heroísmo de todo el pueblo tinerfeño, liderado por el General Antonio Gutiérrez de Otero , terminó con la arrogancia británica y con el brazo derecho de contralmirante Nelson en el fondo de la bahía de Santa Cruz de Tenerife. Gutiérrez logró coordinar eficazmente, en muy poco tiempo, un heterogéneo grupo de soldados regulares con indisciplinados pescadores, labradores y artesanos.

"Nada esta perdido si tienes voluntad de triunfar" Antonio Gutiérrez

Comienza en 1796 con el tratado de San Ildefonso y terminó en 1808 cuando Napoleón invadió España. Fue un conflicto militar que enfrentó a España, con el apoyo de Francia, contra Inglaterra. En 1808, durante nuestra mal llamada Guerra de la Independencia, el pragmatismo anglosajón, llevó a Inglaterra a cambiar su posición y se convirtió en nuestro aliado contra Francia en su llamada Guerra Peninsular.

El 18 de agosto de 1796

España y la Francia revolucionaria firmaron el tratado de San Ildefonso. Este acuerdo, era una alianza militar entre ambos estados para coordinar una política militar conjunta contra Gran Bretaña. Uno de sus objetivos era fortalecer la posición de la flota española que estaba amenazada por los ingleses en sus viajes a América. Lo firmaron , en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, Manuel Godoy ( en nombre de Carlos IV) y el general Catherine de Pérignon ( en nombre del Directorio Francés)

El 14 de febrero de 1797,

Los ingleses vencen a la armada española frente al cabo de San Vicente , en la costa portuguesa del Algarve. Esta derrota demostró la superioridad de flota británica, al mando de John Jervis, gracias a la disciplina y el entrenamiento de sus marinos. Nos costó 390 muertos y 4 navíos de línea que fueron capturados.

Con la armada española bloqueada por la británica en la bahía de Cádiz el 8 de julio de 1797 ; el almirante Jarvis vio la oportunidad de tomar Santa Cruz , la plaza fuerte de las Islas Canarias y donde se encontraba la Capitanía General . El proyecto de invasión fue diseñado por Nelson, y así se lo hizo ver a Jarvis en su carta del 12 de abril de 1797. La idea era tomar las Islas Canarias y Tenerife era la primera y más difícil etapa.

Las Canarias eran reconocidas como la mejor y más estratégica plataforma para que la Royal Navy, pudiera surcar el Atlántico , asegurándose el avituallamiento y refugio, y acabando para siempre con el control español de ese Océano

El 14 de Julio de 1797 el almirante de la Royal Navy, John Jervis , decide una vez analizado el plan propuesto por Horacio Nelson, a autorizar la operación de desembarco y toma de Santa Cruz en la isla de Tenerife. Entonces. Santa Cruz era la única Plaza Fuerte del Archipiélago, a la vez que el puerto más importante de las Canarias.

John Jervis, que había ascendió unos meses antes a Nelson a contralmirante, puso bajo su mando una gran flota que transportarían 3.700 soldados armados hasta los dientes en 9 buques bien artillados para tomar al asalto la única plaza fortificada de la Islas Canarias, Santa Cruz en la Isla de Tenerife.

Nelson tomó el mando de la flota y se puso en marcha hacia las Islas Canarias. Nelson valoró esta operación como un simple crucero que terminaría en un paseo militar:

En una carta , Nelson le decía a su esposa Frances: "Querida Frances,no debes esperar noticias mías próximamente pues voy a emprender un pequeño crucero .."

17 de julio

El día 17, Nelson se reúne con los comandantes de las naves de la flota en su buque insignia, el Theseus, para diseñar el plan de asalto a Santa Cruz.

1º Que los soldados del mismo navío serán transportados juntos en los botes de desembarco y llegarán a la vez a tierra.
2º Cuando los botes sean descubiertos , se iniciarán las descargas de artillería sobre la ciudad y se mantendrá hasta que el enemigo enarbole la bandera blanca.
3º Asegurar el desembarco rápido de las piezas de artillería .
4º Las fragatas fondearán en la parte N.E. de la bahía, una vez que las fuerzas de desembarco estén en tierra.
6º Inmediatamente después del desembarco, las fuerzas de asalto, se dirigirán a la retaguardia de la batería marcada con una G. en la parte N.E. para tomar la cumbre de la colina que se halla sobre ella.
7º Los capitanes podrán desembarcar y dirigir a sus marineros, bajo la dirección del capitán Troubridge.
8º Los infantes de marina estarán a las órdenes del capitán Oldfield y a su vez, él estará bajo el mando del capitán Troubridge
9º El teniente Baynes del destacamento de artillería estará bajo el mando del capitán Troubridge
10º Los oficiales y hombres del Culloden, deberán ir a bordo de la Terpsícore
11º. Los remos de los botes de desembarco serán forrados con lona .
12º El Culloden y el Zealous construirán cada uno una plataforma para transportar a tierra un cañón de 18 pulgadas, y el Theseus un cordaje para arrastrar artillería.
13º La Seahorse construirá una plataforma para un cañón de 9 pulgadas.

El plan de ataque diseñado por Nelson, consistía en la aproximación nocturna a la costa de las tres fragatas de menor calado para el desembarco de las tropas de asalto. Una vez desembarcadas las fuerzas de infantería de marina, atacarían las zonas montañosas para hacerse con el control de las baterías situadas al nordeste de la ciudad. Las tropas durante la operación de desembarco estarían a las órdenes de Troubridge capitán del Culloden

Durante la toma de las baterías de artillería de costa, la bombardera Rayo abriría entonces fuego sobre la ciudad con sus morteros.

Al amanecer y siempre que se tuviera el control de las baterías de artillería , los navíos de línea se aproximarían para iniciar un fuerte bombardeo de la ciudad hasta lograr la entrega de los tesoros de los mercantes anclados en los muelles o la completa destrucción de la ciudad.


18 y 19 de julio


Durante los días 18 y 19, la armada continuaba rumbo a las Islas Canarias

Tras la derrota naval de la escuadra española en el Cabo de San Vicente (14 de febrero de 1797) ante la Royal Navy de John Jervis y el bloqueo de la flota española en Cádiz ( 3-8 de julio 1797) por la flota Inglesa de Nelson, hicieron sospechar al comandante general de las Islas Canarias, general Gutiérrez, un próximo ataque de los ingleses a la Islas Canarias. Los reducidos recursos y la imposibilidad de que pudieran llegaran refuerzos en socorros, hacía de las Islas Canarias un objetivo muy fácil y apetecible por su importancia estratégica.

20 de julio

Troubridge por orden de Nelson se traslada al Theseus, buque insignia de Nelson y recibe del contralmirante la últimas instrucciones del plan de ataque:

Para la fuerza de desembarco, cada navío de línea aportarían 200 hombres y 100 cada fragata. La fuerza de desembarco se completaría con 80 artilleros, lo que completa un total de 1080 hombres.

Operación de desembarco:

Fase I : la primera opción era la realización del desembarco a dos millas al nordeste del muelle de la ciudad, en la playa de Valle Seco. Una vez desembarcadas, las tropas avanzarían para tomar mediante maniobra envolvente el castillo de Paso Alto.

Fase II: Una vez tomado Paso Alto y en el caso de que la ciudad no se rindiera, las tropas se dirigirían al muelle principal para ocupar desde allí Santa Cruz.

Nelson entrega una carta sorprendente, escrita por él , a Troubridge para que una vez desembarcado, la hiciera llegar a las autoridades de la ciudad:

Tengo el honor de informarle que he venido a exigir la inmediata entrega del navío Príncipe de Asturias, procedente de Manila y con destino a Cádiz, perteneciente a la Compañía de Filipinas, junto a su entero y completo cargamento, y así mismo todos aquellos cargamentos y propiedades que hayan podido ser desembarcadas en la isla de Tenerife, y que no sean muy pesada contribución a la isla.
Artículo 1°. Deberán entregarme los fuertes poniendo al momento a las fuerzas británicas en posesión de las puertas.
Artículo 2°. La guarnición depondrá las armas, permitiéndose sin embargo a los oficiales que conserven sus espadas y aquélla, sin condición de ser prisionera de guerra, será transportada a España o quedará en la isla, siempre que su conducta agrade al oficial comandante.
Artículo 3º. Con tal que se cumpla con el primer artículo de que me entreguen los cargamentos ya citados, no se exigirá a los habitantes ni la más pequeña contribución; al contrario, gozarán bajo mi protección de toda seguridad en sus personas y propiedadespara el consumo de sus habitantes. Y, siendo mi ardiente deseo que ni uno sólo de los habitantes de la isla de Tenerife sufra como consecuencia de mi petición, ofrezco los términos más honrosos y liberales; que si son rechazados, los horrores de la guerra que recaerán sobre los habitantes de Tenerife deberán ser imputados por el mundo a vos, y a vos únicamente; pues destruiré Santa Cruz y las demás poblaciones de la isla por medio de un bombardeo.

21 de julio

La flota inglesa permaneció alejada de la costa y durante la noche navegó hacia Santa Cruz a todo trapo.

22 de julio

Durante la madrugada del 22, en plena oscuridad, más de 20 barcas inglesas con unos 1.000 hombres (marineros e infantes de marina) a bordo, intentaron desembarcar por la zona de la desembocadura del barranco de Valleseco, al norte del Castillo de Paso Alto. Las fuentes corrientes hicieron difícil el acercamiento desde sus buques, produciéndose un considerable retraso en lo previsto.

Además, la presencia de los ingleses cerca de la costa fue detectada por una campesina que dio avisó a los centinelas de la fortaleza de Paso Alto. Como consecuencia, desde el castillo se inició una serie de potentes descargas de artillería que aconsejaron a los botes ingleses volver por donde venían y regresar a sus buques. La Plaza entera se puso en pie de guerra. Había fracasado el primer intento y Nelson había perdido el efecto sorpresa que tanto deseaba.

Más tarde, entre las 9 y las 10 de la mañana, al norte de Paso Alto y fuera del alcance de sus cañones, en la zona del Bufadero, Nelson lograría desembarcar, con muchas dificultades, su fuerza de asalto. Una vez en tierra, más de 900 ingleses, iniciaron la ascensión a la montaña del Ramonal, con la intención de dirigirse desde ella hacia el sur, pasar Valleseco y, desde el risco de La Altura, atacar por la retaguardia el castillo de Paso Alto. El movimiento de las tropas inglesas fue muy penoso y complicado porque a lo abrupto del terreno hubo que unir el tremendo calor que hizo aquella jornada

Gutiérrez había anticipado la maniobra de los ingleses y había dispuesto en el risco de La Altura , 160 hombres con el apoyo de 4 pequeños cañones “violetos” de 40 mm para frenar a los atacantes. Consecuencia del fuego de los españoles, los ingleses quedaron clavados en el terreno, sin moverse, en El Ramonal.

Como hemos mencionado , el calor era muy intenso aquella mañana del 22 de julio en Tenerife. A los soldados españoles de la posición del risco de La Altura, no les faltó agua, que era suministrada por las aguadoras de Santa Cruz; por el contrario a los ingleses les escaseaba el preciado elemento, lo que agravó todavía más su situación.

Al atardecer, Nelson ordenó la retirada desde el Theseus y, aprovechando la creciente oscuridad los soldados ingleses embarcaron en sus botes y volvieron a sus barcos.

El desembarco había fracasado ante la imposibilidad de avanzar hacia el objetivo. Por la cabeza de Horacio Nelson, empezaban a aparecer malos augurios. Este había sido el segundo fracaso en el intento de toma de Santa Cruz.

23 de julio

Tras la retirada, Nelson intentó un plan para engañar a Gutiérrez. La flota se dirigió hacia Barranco Hondo y Candelaria .

Pero Gutiérrez no picó el anzuelo y adivinó las intenciones reales de Nelson. El general español, agrupó sus fuerzas en Santa Cruz, con objeto de consolidar su potencia de combate . En Paso Alto quedaron tan sólo dejó 30 hombres; mientras que en el Castillo de San Cristóbal, en el centro de la población, el despliegue defensivo se reforzó con las fuerzas canarias mejor preparadas. El batallón de Canarias quedaría como fuerza en la reserva.

Tras su segundo fracaso, Nelson se enfrentaba con una situación insólita que ensuciaba su reputación militar; debía intentar salvar su honor y el de la Royal Navy.

Nelson convocó a sus capitanes a una reunión y les transmitió el nuevo plan: asalto directo al castillo Principal o de San Cristóbal y el muelle inmediato . En este castillo estaba el Puesto de Mando del general Gutiérrez. Si caía el castillo y se apresaba al Comandante General , la rendición de la plaza era segura.

Nelson había decidido atacar directamente al Castillo de San Cristóbal; pero no se imaginaba que en esa zona se iba a volcar el esfuerzo defensivo de Gutiérrez. El contralmirante incluso había decidido dirigir personalmente uno de los 6 grupos de asalto, al frente de los otros cinco estarían los capitanes Troubridge, Miller, Hood, Waller y Thompson.

De esta forma, Nelson participaría directamente en la batalla , evitando quedarse en su buque insignia como correspondería a su grado de contralmirante y comandante en jefe de la operación. Esta decisiónn personal de Nelso, suponía que se iba a exponer al riesgo del combate, poniendo en grave peligro, si le sucedía algún percance, el mando de la fuerza de desembarco y la propia operación. Nelson, herido en su orgullo, se comportó como un valiente soldado pero también como un irresponsable comandante en jefe

Carta de Nelson a Jarvis:

“No entraré en el asunto de por qué no estamos en posesión de Santa Cruz; su parcialidad le hará creer que se ha hecho hasta el momento todo lo posible, pero sin efecto. Esta noche yo, humilde como soy, tomaré el mando de todas las fuerzas destinadas a desembarcar bajo las baterías del pueblo, y mañana mi cabeza será coronada probablemente de laureles o de cipreses”.

24 de julio

Olvidado ya el fracaso del día 22, ahora Nelson y sus capitanes eran, otra vez, optimistas. Estaban seguros de que los españoles tenían pocos y no muy cualificados recursos. Nelson había recibido la información que Gutiérrez solo disponía de 300 soldados y que el resto eran paisanos que huirían al primer disparo. La toma de Santa Cruz Iba a ser un autentico paseo militar

Operación secundaria inglesa de distracción: a las siete de la tarde , la bombarda inglesa comenzó a bombardear la fortaleza de Paso Alto, sin que apenas tuviera consecuencia las 40 descargas realizas. El fuego fue respondido desde Paso Alto y alrededores del fuerte de San Miguel .

Esta operación de bombardeo, pretendía Nelson, fuera interpretada por Gutiérrez como la típica de preparación previa al desembarco de las fuerzas inglesas. Quería Nelson engañar a Gutiérrez y que este pensase que la zona entre El Bufadero, al norte de Paso Alto, iba a ser la zona de desembarco, la misma donde se produjo el intento fallido el día 22.

Pero el general Gutiérrez no cayó en la trampa y concentró sus tropas en el frente marítimo de la población. Nelson volvió a fallar en la estrategia.

El Comandante General español, basó su estrategia de defensa de Santa Cruz en la eficiencia de fuego de sus baterías de costa. Para robustecer su plan, también desplegó en el lugar del posible desembarco las fuerzas de los Regimientos de Milicias y de las Banderas de Cuba y La Habana; los baluartes artilleros también fueron reforzados con marineros franceses de La Mutine, una corbeta gala robada por los ingleses de la bahía de Santa Cruz unas semanas antes . El Batallón de Infantería de Canarias, quedaría como fuerza de reserva para intervenir dónde y cuándo fuera necesario.

A las 10 de la noche estaban preparados y organizados alrededor de 1000 infantes de marina y marineros ingleses en 6 grupos. Todo estaba listo para del desembarco final. El cútter Fox, con 180 hombres marineros también les iba a acompañar como fuerza de apoyo.

La meteorología seguía del lado español, pues el estado del mar impedía que los barcos ingleses se acercasen mucho a tierra y , como consecuencia San Cristóbal no estaba al alcance de su artillería de los ingleses. Las corrientes alejaron los botes ingleses del rumbo previsto, y cuando eran las 2 de la madrugada del 25 de julio, los botes estaban al alcance de las baterías de costa y pronto empezarían los fogonazos.

El desembarco se realizaría por el muelle de la ciudad, cerca del castillo de san Cristóbal, y en la playa cercana de la Alameda . La estrecha escalera del muelle, sin duda , presentaría dificultades al desembarco, alargando el tiempo requerido para el mismo. Además la zona descubierta de unos 90 metros, que las tropas debería recorrer, entre el muelle y las casas más próximas, estaban batidas por varias baterías y por los infantes; lo que sin duda aprovecharían fácilmente los españoles para causar gran número de bajas a los ingleses.

La oscuridad de la noche y las corrientes impidieron alcanzar los objetivos previstos por Nelson, y sólo 6 botes alcanzaron el muelle y la playa de la Alameda. La mayoría fueron arrastrados por las corriente hacia el Sur , alejándose del objetivo principal del ataque, el Castillo de San Cristóbal, llegando a tierra a unos 500 metros al sur de ese enclave, en la Playa de la Carnicería.

25 de julio

Durante la madrugada, cuando los botes ingleses, navegando con los remos envueltos en tela se encontraban a unos 350 metros de la playa, fueron descubiertos en la rada de Santa Cruz por la fragata española San José, que estaba fondeada en el muelle principal. La voz de alarma se extendió enseguida desde la San José a todo el área del frente de Santa Cruz. Comenzaron los primeros cañonazos, posiblemente y porque la oscuridad era absoluta , se realizaron al azar sobre las siluetas del grupo de botes que se acercaban a la playa.

La batalla se inició simultáneamente en 5 frentes, con las acciones principales en las zonas del muelle y la plaza de la Pila, el barranco de Santos y la playa de las Carnicerías

Las baterías españolas hicieron fuego desde Paso Alto hasta San Telmo. En los primeros momentos, cuando aún los botes se acercaban a la costa, una de ellas , alcanzó al cutter Fox por debajo de su línea de flotación; la embarcación se hundió rápidamente provocando la muerte de su comandante, el teniente Gibson, y otros 97 soldados y marineros

En el muelle llegó a desembarcar un bote con 40 marineros. Inmediatamente los ingleses clavaron las 7 piezas de la batería que, poco antes del desembarco, habían abandonado los sirvientes. Pero cuando las tropas inglesas iniciaron el avance hacia la plaza, frente al Castillo de San Cristóbal , un grupo de milicianos los neutralizo completamente , causando muchas bajas y haciendo prisioneros al resto.

Otros tres botes, con unos 120 soldados, alcanzaron la playa de la Alameda cercana al muelle. Estas fuerzas, no corrieron mejor suerte que las desembarcadas en el muelle. La fuerte resistencia causó muchos muertos y heridos; entre ellos fue baja Horacio Nelson .

El día anterior, en la Batería de Santo Domingo, parte del conjunto del Castillo de San Cristóbal , se abrió una tronera para instalar en ella un cañón de 16 libras enfilado directamente hacia la Playa de la Alameda, que separaba el Castillo Prinicipal del de San Pedro. La tradición cuenta que esa pieza fue el cañón Tigre, que ocasionaría enormes estragos en las fuerzas de Nelson, y fue el responsable directo de la baja del contralmirante de la fuerza expedicionaria inglesa.

En efecto, cuando Nelson se incorporaba en su barca para saltar a tierra, y desenvainaba su espada, la metralla de un disparo del Tigre le alcanzó por encima del codo derecho . Casi al mismo tiempo murió el comandante Richard Bowen, comandante de la Terpsichore junto con varios oficiales y marineros.

Herido Nelson, su hijastro, el teniente Josiah Nisbet cogió a Nelson mientras caía herido en su bote. "Soy hombre muerto,"dijo Nelso, mientras Josiah lo tumbaba en el bote, y le hacía un torniquete con su pañuelo . Indudablemente Josiah salvó la vida de Nelson.

Nelson fue evacuado en el mismo bote , con su brazo derecho colgando, y llevado a su buque insignia el Theseus para ser intervenido. El cirujano de a bordo , y en vista de la gravedad de la herida, decidió amputar el brazo derecho del contralmirante por encima del codo . Parece ser que el brazo se introdujo en un saco junto con el cadáver de otro y se arrojó en las aguas de la rada de Santa Cruz.

La operación de desembarco no podía ir peor para los ingleses. Después de algunos minutos, el panorama era realmente negro para la Royal Navy. Con los botes dispersos por las playas, Horacio Nelson en el quirófano del Theseus, y varios oficiales muertos y abandonados en las escaleras del muelle , las tropas en tierra corrían el riesgo de quedarse sin mando y dirección al poco tiempo.

Simultáneamente a lo descrito anteriormente, Troubridge, jefe de las fuerzas de desembarco ,intentó poner pié en tierra al Sur del Castillo de San Cristóbal, en la Playa de las Carnicerias, pero ante la dura resistencia ofrecida por el Batallón de Infantería de Canarias, el comandante inglés ordenó virar al Norte y dirigirse a la playa de la desembocadura del Barranquillo del Aceite, o de Cagaceite . En el Barranco de Santos, llegaron a desembarcar 450 soldados. Posteriormente avanzaron y se dirigieron a la Plaza Principal o de la Pila, en el centro de la ciudad bajo un intenso fuego. Pero debido a la dura resistencia de los 40 soldados de las Banderas de Cuba y La Habana y los milicianos que defendían la zona, los ingleses iban a intentar la toma del Castillo de San Cristóbal por la retaguardia.

Efectivamente, este grupo numeroso de soldados ingleses , al mando de Troubridge , se acercó por el sur hacia el Castillo de San Cristóbal , por la zona de La Caleta, esperando que su acción se viera apoyada por las tropas, supuestamente desembarcadas al norte del castillo. La sorpresa fue tremenda, de repente unos 60 hombres salieron de la fortaleza y cargaron heroicamente contra las fuerzas invasoras; mientras desde la fortaleza se realizaban descargas de fusilería. Los ingleses huyeron hacia el oeste , dispersándose desordenadamente por las callejuelas de Santa Cruz, dirigiéndose junto con otro grupo, con el que habían establecido contacto, hacia una trampa mortal: el Convento de Santo Domingo .

En efecto, como consecuencia del total desorden del despliegue de fuerzas durante la operación de desembarco, 340 ingleses supervivientes bajo el mando de Troubridge y Hood, acabaron refugiándose en el convento Santo Domingo, donde quedaron completamente cercados.

La arrogancia británica, a pesar de la seria resistencia encontrada, animó al capitán Troubridge, siguiendo el plan de Nelson, a enviar un mensaje de solicitud de rendición al general Gutiérrez; quien lógicamente rechazó este absurdo y arrogante ultimátum británico .

Mientras tanto, Gutiérrez y sus oficiales no estaban completamente seguros de la evolución de la situación, pues les faltaba mucha información. Desde la terraza del Castillo, adivinaban el éxito logrado en la defensa de la Playa de la Alameda y del muelle, pero también les llegaron noticias preocupantes, los ingleses habían logrado internarse en la población al oeste del castillo.

Gutiérrez mando un enlace para localizar al comandante del Batallón de Canarias y entregarle la orden de controlar el muelle para evitar la retirada de Troubridge. Las fuerzas españolas procedieron mientras tanto a la destrucción de los botes ingleses varados en la playa y siguieron haciendo muchos prisioneros entre heridos y desertores.

Durante toda la noche, hasta la madrugada, se entabló una durísima batalla, calle por calle, en los oscuros y estrechos callejones del centro de Santa Cruz. El general Gutiérrez ordenó que 4 destacamentos de 40 hombres cada uno fueran taponando las bocacalles, apoyados con los pequeños y eficaces cañoncitos de campaña de 40 mm.

Ante lo difícil de la situación, Nelson, maltrecho y recién operado, a eso de las 6 de la mañana, envió 15 botes con unos 400 hombres hacia el muelle con objeto de reforzar los efectivos de Troubridge Los disparos de las baterías de costa (especialmente la del muelle, desclavada y puesta de nuevo en servicio por el Teniente Grandy) hundieron 3 botes, por lo que los demás regresaron a sus buques de origen. Entre muertos y ahogados, este último intento de Nelson, llevó a la tumba del fondo del mar a cerca de 100 soldados.

[b]Informe de de Troubridge a Nelson:[/b]

[i]Señor:
Debido a la oscuridad de la noche no encontré inmediatamente el Muelle, el punto señalado para el desembarco, pero avancé hacia la costa bajo la batería del enemigo, cerca del sur de la ciudadela; el capitán Waller desembarcó al mismo tiempo y otros dos o tres botes. El oleaje era tan grande que muchos retrocedieron; los botes se llenaban de agua en un instante y se estrellaban contra las rocas, mojándose la mayor parte de las municiones guardadas en los saquitos. Tan pronto como hube reunido unos pocos hombres avancé inmediatamente con el capitán Waller hacia la plaza, el lugar de reunión, esperando encontrarnos allí con usted y el resto de la gente; y aguardé cerca de una hora, tiempo durante el cual envié un sargento con dos señores del pueblo a intimidar a la ciudadela. Sospecho que mataron al sargento en su encargo ya que no he oído nada de él desde entonces. Perdidas todas las escalas de asalto en la resaca, o sin ser posible encontrarlas, no se pudo hacer ningún asalto a la ciudadela; por ello, marché a reunirme con los capitanes Hood y Miller, de quienes había sabido que hicieron bueno su desembarco, con una porción de hombres, al S.O. del lugar donde yo lo había realizado. Traté entonces de adquirir alguna noticia de Vos y del resto de los oficiales, pero sin éxito.
[/i]

26 de julio

A las 5 de la madrugada, el teniente coronel Güinther, jefe del Batallón de Infantería de Canarias, requirió a Troubridge , comandante de las fuerzas inglesas de desembarco y encerradas en Santo Domingo, que se entregasen. Ellos se negaron, con la esperanza de la llegada de refuerzos desde la escuadra inglesa.

La terrible escena anterior, fue vista directamente por los sitiados ingleses desde la torre del convento de Santo Domingo.

Desgraciadamente para Nelson, las cosas no iban a cambiar, y lo que inicialmente iba a ser un simple paseo militar, se iba a convertir, gracias a la determinación de un puñado de soldados y milicianos, en una terrible tragedia y en la más triste derrota de Horacio Nelson.

Pero los ingleses persistían en su arrogancia y hasta otras dos veces Troubridge envió emisarios a Gutiérrez para que se rindiese. Pretendía acobardarle con la amenaza de incendiar Santa Cruz. El Comandante General respondía siempre con “aún disponemos de hombres y municiones .....”

Perdidas todas las esperanzas de recibir refuerzos, a las 6:30 de la mañana, Troubridge se rindió y envió un oficial con bandera blanca a ofrecer capitulaciones ante el general Gutiérrez. En su escrito , Troubridge ofrecía la capitulación siempre que “se le concedieran los honores de guerra”. El General accedió a la petición, con la condición de que aquella escuadra británica se comprometiera a no volver a atacar Tenerife ni a ninguna de las demás islas de Canarias.

El acuerdo fue firmado ante Gutiérrez por el capitán Hood, quien posteriormente se trasladó , acompañado por el capitán Carlos Adan , a bordo del Theseus, para informar a Nelson de la capitulación. Las condiciones fueron aceptadas por el contralmirante en todos sus términos, incluyendo el de entregar en Cádiz un informe del Comandante General dirigido a la Corte para informar de la victoria lograda

Los británicos vencidos desfilaron por la Plaza de la Pila, donde estaban formadas las Unidades españolas y los marineros franceses de La Mutine. Posteriormente al desfiles, se incorporaron los prisioneros para reembarcarlos con sus heridos a los buque de procedencia.

En la tarde del 26, los ingleses rindieron honores fúnebres, con 25 cañonazos y arriado de sus banderas de sus buques, en memoria del capitán de fragata Bowen, comandante de la fragata Terpsichore, muerto el día anterior.

Los españoles le entregaron comida y vino abundante, quedando muy satisfechos los “derrotados” por nuestras atenciones y humanidad

Los británicos, agradecieron el detalle obsequiando a Gutiérrez con un queso y una barrica de cerveza inglesa, a lo que correspondió el comandante general con dos barricas de vino tinerfeño.

27 de julio

La flota inglesa levó anclas ; y en las aguas de la rada de Santa Cruz , quedaron las esperanzas de un crucero y desfile militar, junto con 226 muertos ingleses, un barco hundido y el brazo derecho de Nelson

28 de julio

Informe oficial de Nelson al almirante Jervis:

Theseus, 28 de julio, frente a Santa Cruz

Señor,

En obediencia a sus órdenes de hacer un vigoroso asalto al pueblo de Santa Cruz en la isla de Tenerife, envié desde los diferentes barcos bajo mi mando 1000 hombres, que incluían a los infantes de marina, para que se prepararan para desembarcar bajo la dirección del capitán Troubridge del navío Culloden, y los capitanes Hood, Thompson, Fremantle, Bowen, Miller y Waller, quienes ofrecieron voluntaria y muy amablemente sus servicios; y aunque estoy bajo la dolorosa necesidad de informarle que no nos ha sido posible tener éxito en nuestro asalto, es mi deber afirmar que creo que nunca mayor osada intrepidez se mostró por los capitanes, oficiales y hombres que usted hizo el honor de colocar bajo mi mando; y el informe que le envío adjunto, espero le convencerá de que mis disposiciones, humildes como son, han sido ejercidas en la ocasión presente. Adjunto le envío también una lista de los fallecidos y heridos, y entre los primeros, con e más profundo dolor, tengo que colocar el nombre del capitán Richard Bowen, del navío Terpsíchore, el oficial más emprendedor, competente y valiente que haya servido en la marina de su Majestad; y con mucha pena tengo que mencionar la pérdida del teniente John Gibson, comandante del cúter Fox, y de un gran número de valientes oficiales y hombres.
H.Nelson.


Bajas de la Batalla de Tenerife

Españolas
Los españoles sufrieron cerca de 60 bajas, de las que 24 fueron mortales: 1 teniente coronel, 1 subteniente, 14 soldados y milicianos , 6 civiles y 2 marineros franceses.



Bajas Inglesas
El bando inglés sufrió muchas más bajas que el español. Los historiadores aseguran que las bajas totales inglesas, incluyendo prisioneros, fueron cerca de 800. Los muertos en combate , ahogados ( incluyendo los del Fox) y desaparecidos fueron 349; y los prisioneros unos 451. Otras fuentes especializadas, aseguran que las bajas inglesas llegaron a ser unas 600 soldados; es decir, alrededor del 50 % de los recursos iniciales de Nelson.

Condiciones de la capitulación de la Batalla de Tenerife


Santa Cruz, 25 de julio de 1797

Las tropas pertenecientes a S.M. Británica serán embarcadas con todas sus armas de toda especie, y llevarán sus botes si se han salvado; y se les franquearán los demás que se necesiten, en consideración de lo cual se obligan por su parte a que no molestarán el pueblo de modo alguno los navíos de la Escuadra Británica que están delante de él, ni a ninguna de las Islas en las Canarias, y los prisioneros se devolverán de ambas partes.

Dado bajo mi firma y sobre mi palabra de honor

Samuel Hood

Ratificado por

T.Troubridge, Comandante de las tropas Británicas.



Carta de Nelson a Gutiérrez

Nelson, envió una carta de agradecimiento al general Gutiérrez por el trato dado a sus hombres , que fue entregada por Troubridge el día después, cuando recuperaron a los heridos que estaban en los hospitales de Santa Cruz

Theseus, en las afueras de Tenerife, 25 de julio de 1796


”No puedo separarme de esta isla sin da a V.E. las más sinceras gracias por su fina atención para conmigo, y por la humanidad que ha manifestado con los heridos nuestros que estuvieron en su poder, o bajo su cuidado, y por la generosidad que tuvo con todos los que desembarcaron, lo que no dejaré de hacer presente a mi Soberano, y espero con el tiempo poder asegurar a V.E. personalmente cuanto soy de V.E. obediente humilde servidor”
Horacio Nelson

Respuesta de Gutiérrez:
"Muy Señor mío, de mi mayor atención: Con mucho gusto he recibido la muy apreciable de V.S. efecto de su generosidad y buen modo de pensar, pues de mi parte considero que ningún lauro merece el hombre que sólo cumple con lo que la humanidad le dicta, y a esto se reduce lo que yo he hecho para con los heridos y para los que desembarcaron, a quienes debo de considerar como hermanos desde el instante que concluyó el Combate. Si en el estado a que ha conducido a V.S. la siempre incierta suerte de la Guerra, pudiese yo, o cualquiera de los efectos que esta Isla produce, serle de alguna utilidad o alivio, ésta sería para mí una verdadera complacencia, y espero admitirá V.S. un par de barricas de vino, que creo no sea de lo peor que produce. Sería de mucha satisfacción tratar personalmente cuando las circunstancias lo permitan, a sujeto de tan dignas y recomendables prendas como V.S. manifiesta; y entre tanto ruego a Dios guarde su vida por largos y felices años”.

Santa Cruz de Tenerife 27 de julio de 1797

B.L.M. de V.S. su más seguro atento servidor.

D. Antonio Gutiérrez


[b]Consecuencia de la Derrota de Nelson en la Batalla de Tenerife[/b]

Si Nelson hubiera tomado Santa Cruz, muy probablemente las Islas Canarias, no hubieran vuelto a ser una parte de España. Los británicos podrían hoy veranear, tan a gusto, en una de sus colonias tal como hacen en Gibraltar. Nunca los ingleses hubieran soltado las Islas Canarias, salvo por la fuerza , tal como hicieron con la Isla de Menorca en 1782.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor goncula » 31 Ene 2018 16:54

Sigo este hilo con especial interés y desde aquí agradezco al compañero Brasilla su trabajo, el cuál estoy encantado de poder leer y le animó a que siga porque siempre aprendemos algo.

Esta batalla es una de las más desconocidas por la gente. A Antonio Gutiérrez de Otero y Santayana le tengo un especial cariño (tengo por firma su frase), además de por ser paisano mío, por lo prácticamente desconocido que es, incluso en su lugar de nacimiento, Aranda de Duero (Burgos). Ya os digo yo que a pesar de tener allí un parque y una calle con su nombre, y un pequeño busto detrás de la Iglesia de San Juan ( de la que se dice contribuyó a sufragar el altar mayor) si preguntas que quién fue o que hizo la mayoría no lo sabe.

Como anécdota diré que desde hace relativamente poco, año 2008, se viene conmemorando esta batalla en Tenerife (conocida como la Gesta del 25 de julio) los dias 24 y 25 de julio de todos los años pero lo increíble es que tanto el General Gutiérrez como Nelson tienen cada uno una calle con su nombre (aquí Nelson está como la placa en honor de los ingleses en Cartagena de Indias :shock: :shock: :shock: ) y lo más rocambolesco es que ya os podéis imaginar cuál de las dos es más grande, y además con diferencia.

Un cordial saludo.
"Nada está perdido si tienes la voluntad de triunfar"

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Hoplon » 31 Ene 2018 17:35

La placa de homenaje a los ingleses en Cartagena de Indias fue finalmente retirada en 2014 por presión popular.

https://www.elmundo.es/internacional/201 ... b4581.html

Nada tengo en contra de que se recuerde a los que murieron al servicio de su nación, sea esta cual sea, pero en Londres sólo hay dos calles con nombre español: Trafalgar y Vigo, dos batallas en las que nos vencieron. Somos más generosos que ellos, a pesar de lo que opina "The Times".

El cañón "Tigre" se expone aún hoy en Tenerife.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor cutis » 31 Ene 2018 19:59

Que simpaticos estos " The Times " ; deberian repasar lo que hacen sus conciudadanos en Mallorca o Ibiza . Porque la verdad , estando en estas maravillosas islas , todas las borrachas y putas que vi y fueron muchas,eran todas inglesas

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2018 21:51

Respecto de lo que dice The Times, que evidentemente es un "timo", sólo se puede decir lo que en su momento dijo mi paisano Alonso Quijano.

"Ladran Sancho, luego cabalgamos"

Agradecido por vuestros comentarios y vuestro interés.
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2018 22:00

Y se me olvidaba, la culpa de que se comporten como se comportan, es única y exclusivamente nuestra, que no se le olvide a nadie.

Hace nueve años estuve en Dusseldorf, para someterme a un trasplante de celulas madre, pues bien en lo días que estuve en esa localidad, fui a una cervecería muy famosa allí Schumacher, o algo parecido, como el corredor de F1, alli nos atendió un "simpatico " camarero, de casi dos metros que no hablaba nada más que alemán, venía conmigo una persona que habla, perfectamente frances, ingles, euskera y castellano, por mi parte me defiendo bien en italiano, como no nos entendía o no quería, recurrimos a la mímica, y al final conseguimos lo que queríamos, incluso aprendimos un poco de alemán.

Si eso lo hicieramos aquí con los hijos de la gran bretaña, y si no piden en español, no se les sirve, para empezar, y si hay mal comportamiento se les encierra 24 horas y se les pone en un avión a su país, seguro que las cosas iban a empezar a ir mejor con esa basura que viene.

Por cierto, y para culminar la "anecdota" junto a nosotros había cuatro chavales jovenes catalanes, empeñados en que les tenían que atender en catalán porque ellos no hablaban otra cosa, el "simpatico camarero" junto con otro compañero acabaron cogiéndoles del cuello y sacándoles a la calle, sin servirles cervezas ni nada parecido.

En fin cosas que pasan.

Saludos cordiales:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: Hechos de armas heroicos del Ejercito Español

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2018 22:27

Batallas de ALGECIRAS 1.801



La campaña de Algeciras —conocida también como batalla o batallas de Algeciras— consistió en un intento de la escuadra naval francesa de Tolón dirigida por el contraalmirante Charles Linois de unir las flotas francesa y española en Cádiz durante junio y julio de 1801, en el ámbito de las guerras revolucionarias francesas. Esta campaña precedió a una operación planeada contra Egipto o Portugal. Para poder llegar a Cádiz, la escuadra francesa tenía que pasar cerca de la base naval británica de Gibraltar, en la que se encontraba el centro de operaciones de la escuadra dirigida por el contraalmirante sir James Saumarez, cuya tarea consistía en bloquear el puerto español.

Tras cubrir la distancia que separaba Tolón y Gibraltar sin sobresaltos, e incluso habiendo capturado varios buques británicos, la escuadra francesa echó el ancla en Algeciras, una ciudad portuaria fortificada desde la que se podía ver Gibraltar a través de la bahía de Algeciras. El 6 de julio de 1801, Saumarez inició un ataque contra la escuadra rival, en lo que se conoce como la primera batalla de Algeciras. A pesar de que consiguió infligir daños a los tres navíos de línea franceses allí presentes, no fue capaz de capturar ninguno de ellos. En consecuencia, tuvo que retirarse. Además, perdió el HMS Hannibal, ya que se había quedado encallado a causa de los daños sufridos y los franceses se habían hecho con su control.

Tras la primera batalla, ambos bandos se retiraron a hacer reparaciones y a pedir refuerzos. El 9 de julio, llegó al lugar una flota de cinco naves de línea españolas y una francesa, así como varias fragatas provenientes de Cádiz, las cuales escoltaron a la escuadra de Linois hasta el puerto español. Asimismo, los británicos, desde Gibraltar, trataron por todos los medios de restaurar la escuadra y hacer que fuera útil de nuevo para la batalla.

La tarde del 12 de julio, la flota francohispana partió desde Algeciras y la fuerza británica la siguió. Esto resultó en la captura de los navíos perseguidos durante la llamada segunda batalla de Algeciras. Los británicos abrieron fuego a las 23:20 y la acción que sucedió a este hecho fue confusa. A lo largo de la misma, el barco británico HMS Superb consiguió atravesar la desorganizada retaguardia aliada. Posteriormente, a este le siguió el resto de la fuerza de Saumarez. En la confusión del confrontamiento, los británicos consiguieron capturar un navío francés, mientras que una fragata de bandera española se hundió y dos buques de primera clase, equipados con 112 cañones y también españoles, colisionaron y explotaron, provocando la muerte de 1700 hombres. Al amanecer del siguiente día, el barco francés Formidable fue atacado cuando se encontraba cubriendo la retaguardia de la escuadra combinada, pero consiguió escapar y llegar a Cádiz a salvo.

Finalmente, las flotas francesa y española consiguieron su objetivo último, que consistía en reunirse en Cádiz. No obstante, el precio fue bastante alto, ya que sufrieron importantes pérdidas. Además, no lograron zafarse del bloqueo al que estaban sometidas y no podían enterarse de los planes egipcios o portugueses. Las batallas, «generalmente consideradas como una única»,​ resultaron ser decisivas en la consolidación del control del mar Mediterráneo por parte de los británicos, así como en la derrota del ejército francés en Egipto a causa de la imposibilidad de enviar refuerzos desde Tolón.

El 1 de agosto de 1798, una flota británica sorprendió y prácticamente destruyó por completo la flota mediterránea francesa en la batalla del Nilo, después de la exitosa invasión de Egipto por parte de Francia. Esto dio un vuelvo a la situación estratégica existente en el mar Mediterráneo, ya que la flota francesa, con base en Tolón, dejó de ser una amenaza importante, mientras que el Reino Unido y sus aliados se hicieron con el control naval de la región para el resto de la guerra de la Segunda Coalición.

​ A lo largo de los tres años siguientes, varias escuadras tanto británicas como aliadas llevaron a cabo bloqueos contra todas las bases navales españolas y francesas importantes de la región, incluyendo Alejandría, Corfú y Malta, pero principalmente contra los importantes puestos de Tolón y Cádiz. Esto limitó drásticamente el transporte de tropas y material militar francés a través del Mediterráneo, lo que resultó en la toma de Malta y Corfú y la reducción, tanto en número como en efectividad, del ejército en Egipto.

En enero de 1801, en un intento por aumentar el tamaño de la flota mediterránea francesa y de reforzar la asediada guarnición egipcia, el primer cónsul Napoleón Bonaparte ordenó que una escuadra compuesta de siete navíos de línea partiera de Brest, situado en la costa atlántica, en dirección hacia el Mediterráneo bajo el mando del contraalmirante Honoré Ganteaume. La escuadra fracasó en tres ocasiones y no consiguió llegar a Egipto, por lo que tuvo que retirarse a Tolón a finales de julio de 1801.

Durante el último de los intentos, la escuadra de Ganteaume partió de Tolón el 27 de abril de 1801 con las órdenes de asegurar la supremacía naval sobre la isla de Elba para después poder llevar a cabo una invasión marítima; después, siguió navegando hacia el este del mar.​ A lo largo de estas operaciones, Ganteaume descubrió que varios de los barcos de su fuerza se encontraban peligrosamente desguarnecidos en cuanto a personal, por lo que decidió consolidar sus tripulaciones y enviar tres navíos de línea, el Formidable, el Indomptable y el Desaix, junto con la fragata Créole de vuelta a Tolón.​

El regreso de estos navíos a Tolón permitió a los franceses planear una operación secundaria. A comienzos de ese año, Bonaparte y Carlos IV de España habían llegado a un acuerdo, gracias al cual el gobierno español iba a prestar seis navíos de línea de la flota de Cádiz a la Marina francesa.​ Se emitieron órdenes para que los tres barcos de línea que habían abandonado la escuadra de Ganteaume y la fragata Muiron se unieran a la nueva escuadra formada en Cádiz, cuya dirección recayó en el contraalmirante Charles Linois.

A esta fuerza de nueve buques franceses, a los que se iban a unir, tal y como se había acordado, las seis naves de la flota española, le fue encomendada la tarea de cumplir uno de los dos planes establecidos: el primero de ellos consistía en un ataque a gran escala sobre Lisboa. Por aquel entonces, Portugal y España estaban enzarzados en la guerra de las Naranjas y en Lisboa se encontraba uno de los principales puertos comerciales británicos: el almirante francés Kerguelen había estimado años atrás que, mediante un ataque sobre ese puerto, se podrían incautar un total de «dos millones» de bienes y buques británicos.​

La otra operación planeada, aprobada tras el fin de la guerra de las Naranjas el 2 de junio, consistía en reabastecer la guarnición de Egipto empleando los soldados estacionados en los puertos italianos. Para facilitar la cesión de las naves españolas a los franceses, Napoleón ordenó al comandante Pierre Dumanoir le Pelley partir hacia Cádiz. Le Pelley arribó al puerto español con las fragatas Libre e Indienne, con soldados para tripular los recién adquiridos navíos y con el comodoro Julien le Ray para comandarlos.

La escuadra que estaba llevando a cabo el bloqueo sobre Cádiz, dirigida por el contraalmirante sir James Saumarez, un veterano de la batalla del Nilo y uno de los miembros de la famosa Banda de Hermanos de lord Nelson.10​ El HMS Superb y el HMS Venerable iniciaron la persecución de los buques de le Pelley, pero el almirante francés consiguió evitar a sus perseguidores y llegar a Cádiz de forma segura.​ Saumarez había llegado a Cádiz en mayo de 1801, con órdenes de no solo bloquear a la flota española, sino también de evitar cualquier intento de alguna escuadra francesa de establecer vínculos con la flota española gaditana.

Linois partió de Tolón el 13 de junio de 1801 con tres navíos de línea y una fragata y un total de 1560 soldados al mando del general de brigada Devaux.20​ La expedición de Gaunteaume se encontraba todavía en el este del Mediterráneo, mietras que la fuerza de bloqueo británica al mando de sir John Borlase Warren, que debía vigilar Tolón, se encontraba, por el contrario, en las cercanías de Malta, con la esperanza de poder interceptar a Ganteaume en su regreso.

En consecuencia, cuando Linois salió del puerto, tan solo había unas pocas naves británicas disponibles para perseguirlo y estas fueron fácilmente ahuyentadas por los barcos de guerra de mayor tamaño de la escuadra francesa. La travesía de Linois fue lenta, ya que tuvo que enfrentarse a vientos provenientes del suroeste que redujeron el ritmo de la escuadra; consecuentemente, el 30 de junio, solo habían llegado al cabo de Gata, situado en el mar de Alborán. El 1 de julio fueron avistados desde Gibraltar, a pesar de que el único barco de guerra que se encontraba allí era el HMS Calpé, comandado por el capitán George Dundas. Este no pudo ralentizar el avance de los franceses. Sin embargo, Dundas ordenó al teniente Richard Janvarin que tomara un barco y comunicara a la fuerza de bloqueo formada por siete navíos de línea establecida en Cádiz y dirigida por Saumarez la presencia de los buques franceses.

Linois pasó cerca de Gibraltar el 3 de julio y, durante la noche, descubrió que el bergantín HMS Speedy, equipado con catorce cañones, se encontraba a poca distancia. La escuadra de Linois había capturado varios navíos mercantiles durante su travesía, pero esta era la primera nave de guerra a la que tenía que enfrentarse. A pesar de que su tamaño era mucho menor, el Speedy y su capitán lord Cochrane tenían fama de infames. A lo largo del año anterior, Cochrane había llevado a cabo varias incursiones exitosas en las costas españolas, durante las cuales había destruido o capturado más de cincuenta barcos.

La captura más memorable se produjo durante la acción del 6 de mayo de 1801, en la que Cochrane se hizo con la fragata corsaria Gamo, considerablemente superior en cuanto a tamaño, cerca de Barcelona.​ En un principio, Cochrane pensó que los barcos sin identificar eran navíos capturados por los españoles y se decidió a acercarse a ellos. Cuando se dio cuenta de que esto era un error, la escapada era ya imposible.​ No obstante, en vez de rendirse, Cochrane obligó a su tripulación deshacerse de todos los cañones y de todo aquello que se encontrase en la cubierta y tuviese un peso excesivo con el fin de poder maniobrar para situarse fuera del alcance de los cañones franceses.​

A continuación, trató de escapar por el espacio existente entre el Formidable y el Desaix y consiguió evitar los disparos provenientes de los buques franceses y llegar a mar abierto. El comodoro Jean-Anne Christy de la Pallière, al mando del Desaix, hizo que este virase e inició una persecución, en la que consiguió dañar algunos de los aparejos y varias velas del Speedy. Según el Speedy reducía su velocidad a causa de los daños, el Desaix se puso a su altura y disparó una andanada a corta distancia. Sin embargo, en el momento del disparo de la andanada, el navío francés estaba en balanceo,​ por lo que la cubierta no resultó dañada y ninguno de los miembros de la tripulación causó baja. Aun así, consiguió arrancar lo que quedaba de los aparejos y las velas restantes, de modo que el Speedy quedó incontrolable.

En vez de enfrentarse a otra andanada, Cochrane decidió rendirse. Tras esto, fue llevado al Desaix, donde Christy de la Pallière le reconoció su gran defensa y se negó a aceptar la espada de Cochrane como símbolo de su rendición con las siguientes palabras: «No voy a aceptar la espada de un oficial que ha luchado durante tantas horas contra la imposibilidad».​ Linois se enteró por Cochrane de que Saumarez se encontraba adelante suyo. Además, consciente de que la guarnición de Gibraltar se habría percatado de su presencia,​ decidió regresar con su escuadra hacia el este bordeando Punto Cabrita para echar el ancla en Algeciras, un puerto fortificado español desde el que se podía ver Gibraltar a través de la bahía de Gibraltar, el 4 de julio.

El 5 de julio, a las dos de la madrugada, el teniente Janvarin le informó a Saumarez en las costas de Cádiz de la llegada de Linois. El almirante decidió poner rumbo hacia Gibraltar inmediatamente, a pesar de tener el viento en contra. La fragata HMS Thames se separó del grupo y se dirigió a la desembocadura del río Guadalquivir, situada a dieciocho millas náuticas —33 km—, de la que regresó junto con el HMS Superb, comandado por el capitán Richard Goodwin Keats y que estaba bloqueando el río con el pequeño bergantín HMS Pasley.​

Keats siguió a Saumarez de vuelta a Algeciras y se encontraba cerca de allí cuando la batalla comenzó. No obstante, tras enterarse, gracias a un informe poco preciso de un buque mercantil estadounidense, de que Linois había escapado de la bahía y se encontraba de nuevo en mar abierto, Keats supuso que los franceses debían de estar regresando a Tolón y que, consiguientemente, sería más provechoso regresar a Cádiz para continuar con el bloqueo que unirse a la persecución dirigida por Saumarez. El lugre HMS Plymouth también se separó de la escuadra y puso rumbo a Lisboa con varios envíos dirigidos al Almirantazgo en los que se informaba de las intenciones de Saumarez.

El almirante británico, a sabiendas de que Linois se encontraba aún anclado en la bahía, pretendía descender hasta Algeciras inmediatamente. Sin embargo, se vio afectado por una serie de rachas de viento que provocaron que su escuadra virara hacia el este, alejándose del Superb y acercándose a Algeciras. Por lo tanto, Saumarez no estuvo en la posición adecuada para atacar a la escuadra francesa, que se encontraba anclada, hasta la mañana del 6 de julio.

Con el fin de anticipar la llegada y el hipotético ataque de Saumarez, Linois había colocado a su escuadra en una posición defensiva poderosa: los tres navíos de línea estaban anclados en una línea que iba de norte a sur y cruzaba las poco profundas aguas de la entrada al puerto de Algeciras; además, estaban protegidos por fuertes españoles situados a ambos extremos de la línea, así como en el propio pueblo, donde se encontraba el Murion. El propio Linois estaba a cargo de la línea a bordo del Formidable y envió a algunos miembros de las tripulaciones de las naves que conformaban la línea a ayudar a las defensas españolas.

Primera batalla de Algeciras

A las siete de la mañana, Saumarez dio la orden a su escuadra de avanzar hacia el interior de la bahía de inmediato para poder enfrentarse directamente a los franceses. Los navíos británicos pasaron frente a los fuertes españoles de El Tolmo, San Diego y Punta Carnero sin que éstos llegaran a intervenir.30​ A las ocho de la mañana y ya en la bahía de Algeciras, el Fuerte de San García, armado con cinco cañones de a veinticuatro, uno de a dieciocho y dos morteros, fue el primero en abrir fuego contra ellos.

El capitán Samuel Hood, que se encontraba a bordo del HMS Venerable fue el encargado de dirigir la ofensiva. No obstante, Hood se vio afectado por ligeras corrientes de viento y, por lo tanto, el primer barco en entrar en acción fue el del capitán Charles Stirling, el HMS Pompée, que atacó a los buques franceses que se encontraban anclados y que después se situó cerca del Formidable.​ Al Pompée le siguieron el HMS Audacious, el Caesar, buque insignia de Saumarez, y el Hannibal, mientras que el Venerable y el HMS Spencer se mantuvieron a cierta distancia a causa de las corrientes de viento.

Llegadas las diez de la mañana, bajo el fuego de las baterías del Fuerte de Isla Verde y del Fuerte de Santiago y con el auxilio de las lanchas cañoneras españolas de la batería de la torre del Almirante, ambas escuadras estaban combatiendo al completo, a excepción del Pompée.​ Este, que estaba a la cabeza de la línea británica, había quedado atrapado en una corriente de aire que lo había dejado de cara a los cañones del Formidable.​ De este modo, Linois pudo enfilarlo. Tras percatarse de la complicada situación en la que estaba inmerso Stirling, Saumarez ordenó al capitán Solomon Ferris que llevara el Hannibal hacia la cabeza de la línea francesa para poder abrir fuego contra el Formidable. Ferris tardó cerca de una hora en llegar allí a causa del viento y, al intentar acercarse a la orilla, quedó encallado en un banco de rocas, a tiro de los cañones del fuerte español de Santiago.

Saumarez envió a los botes de su escuadra a ayudar tanto al Hannibal como al Pompée, que se encontraban atrapados, bajo constantes disparos y con la imposibilidad de responder. Al mismo tiempo, Linois ordenó que se cortaran los cables de anclaje que mantenían sus buques unidos entre sí y que seguidamente fueran hacia las aguas bajías, lejos de la calmada escuadra británica. El Formidable consiguió realizar la maniobra con éxito, pero tanto el Desaix como el Indomptable quedaron encallados cerca de la orilla, donde quedaron al alcance de los cañones de las naves británicos, que también habían cortado sus respectivos cables para tratar de acercarse a sus contrincantes.​

No obstante, a las 13:35, Saumarez se dio cuenta de que su escuadra estaba en serio peligro de quedar encallada directamente bajo el fuego de las baterías españolas. Como todos los botes de la escuadra estaban hundidos u ocupados remolcando el Pompée hasta Gibraltar, no existía la posibilidad de desplegar una operación anfibia contra los fuertes españoles.​ A la vista de la situación, Saumarez, aunque reacio, se vio obligado a suspender el ataque. Lo que restaba de la escuadra se retiró a Gibraltar, pero el varado Hannibal se quedó en la bahía de Algeciras.

El Hannibal había estado expuesto al fuego combinado francohispano durante cuatro horas y había perdido dos mástiles, mientras que más de 140 miembros de su tripulación habían causado baja. En un intento por mantener con vida a los tripulantes que aún seguían vivos, Ferris ordenó a sus hombres que se refugiaran bajo la cubierta. No obstante, los franceses volvieron a abrir fuego contra el buque a las dos de la tarde y Ferris, que había quedado aislado tras la retirada de Saumarez, se vio obligado a rendirse. Un grupo de abordaje francés extinguió el fuego y colgó de nuevo la Union Flag, esta vez boca abajo, para indicar que el Hannibal había capitulado. Sin embargo, a diferencia de los franceses, los miembros de la Marina Real británica empleaban la bandera invertida como señal de socorro, por lo que algunos botes acudieron a su auxilio sin percatarse de su error y fueron capturados por los franceses.​

La victoria francesa había resultado bastante costosa: más de 160 hombres fallecieron, mientras que otros trescientos heridos completaron la lista de bajas; asimismo, tres buques franceses resultaron gravemente dañados.​ Tanto el capitán del Formidable como el del Indomptable se encontraban entre los muertos. Linois, por su parte, no resultó herido.​ Once hombres españoles también perdieron la vida en la batalla y cinco cañoneros de bandera también española quedaron inutilizables. Las baterías y el pueblo también sufrieron importantes daños en el enfrentamiento. Por otro lado, las pérdidas en el bando británico también fueron significativas, con más de 130 muertos y cifras de heridos superiores a los 230. La mayoría de las bajas se produjeron en el Hannibal y en el Pompée. Además del extravío del Hannibal, el Pompée había sufrido graves daños y el resto de los buques que conformaban la escuadra británica también necesitaban reparaciones urgentes.

Interludio

Inmediatamente después de la conclusión de la batalla, Linois empleó a sus mensajeros terrestres para solicitar la asistencia de la flota española de Cádiz, dirigida por el almirante José de Mazzaredo.​ Linois y Saumarez también se embarcaron en la tarea de reparar y reabastecer sus escuadras con la vista puesta en la reanudación de la acción. En Gibraltar, los heridos fueron trasladados al hospital naval, mientras que los fallecidos fueron enterrados en varias tumbas que más tarde pasarían a conformar el cementerio de Trafalgar.​

Saumarez ordenó que los barcos con mayores daños, que eran el Pompée y el Caesar, fueran inmovilizados en el muelle y sus respectivos tripulantes distribuidos en los buques restantes, de modo que se pudiesen garantizar rápidas y necesarias reparaciones. Esto fue necesario ya que el número de carpinteros en Gibraltar se había visto reducido al haber tenido que acudir muchos de ellos en ayuda del Hannibal a lo largo de los últimos compases de la batalla. La escuadra al completo necesitaba vastas reparaciones. El capitán Alexander Ball, comisario naval en Gibraltar, fue el encargado de llevarlas a cabo.

El capitán Jahleel Brenton, del Caesar, no estaba de acuerdo con la orden emitida por Saumarez, así que protestó y este le permitió continuar con sus reparaciones por su cuenta: la tripulación del buque trabajó todo el día y durante turnos largos en la noche para asegurarse de que, cuando Saumarez partiera de nuevo, el Caesar pudiera ir con él.​ Entre estos arreglos consta la sustitución en tan solo cuatro días de los mástiles dañados.​ Saumarez también envió un bote con una bandera blanca a Algeciras con el objetivo de tratar de conseguir la repatriación en libertad condicional de Ferris y sus oficiales.

Tras una breve correspondencia entre Linois y el almirante británico, los oficiales de Saumarez, incluyendo a Ferris y Cochrane, fueron enviados a Gibraltar.​ Más tarde, los franceses accedieron a devolver también a los tripulantes británicos heridos que habían sido capturados en el Hannibal.​ Ferris fue enviado de vuelta al Reino Unido, donde tuvo que esperar a la corte marcial por la pérdida de su barco, a bordo del HMS Plymouth junto con varias partidas. Sin embargo, tanto él como sus oficiales fueron absueltos por completo.

Linois también puso en marcha las tareas de reflote y reparación para sus barcos, entre los que ahora se encontraba el Hannibal, que rebautizó como Annibal. En un principio, se colocaron unos mástiles improvisados sobre el maltrecho casco del navío. No obstante, este necesitaba tantos arreglos que, cuando Linois partió a finales de esa misma semana, solo estaba listo para navegar, pero no para participar en un combate, por lo que fue enviado de vuelta a Algeciras.​

En Cádiz, a pesar de que los españoles dudaron en un principio, los mensajes de Linois unidos a las peticiones de le Pelley llevaron a Mazzaredo a ordenar la partida de una escuadra el 9 de julio. Esta estaba bajo el mando del vicealmirante Juan Joaquín de Moreno e incluía dos navíos de línea de primera clase y de gran tamaño, el Real Carlos y el San Hermenegildo, ambos equipados con 112 cañones.46​ El resto de la escuadra estaba conformada por tres barcos españoles de 96, ochenta y 74 cañones, así como del Saint Antoine, cargado con 74 cañones y que días antes era conocido como San Antonio. La tripulación de este buque estaba compuesta por algunos antiguos hombres de las fragatas Libre e Indienne, apoyados por varios navegantes españoles y comandados por el comodoro Le Ray. Asimismo, las fragatas francesa Libre y la española Sabina y el lugre Vautour acompañaban a la escuadra.

El capitán Keats, que se encontraba a bordo del Superb y que, tras su regreso a Cádiz, se había quedado en el puerto custodiando el HMS Thames y el HMS Pasley, se percató de la partida de la escuadra combinada. El Thames estaba navegando cerca de la costa en busca de un navío mercantil estadounidense detenido y observó la partida de la escuadra; no obstante, tuvo que retirarse, ya que cuatro navíos de línea se estaban acercando. Poco después, la escuadra aliada se percató de la presencia del Superb, que también tuvo que retirarse ante un navío de línea y dos fragatas.

Ante la amenaza de la escuadra de Moreno, Keats se vio obligado a reconstituir la suya. Inmediatamente después, envió el Pasley a Gibraltar con el fin de avisar a Saumarez de la situación.​ El bergantín arribó a las tres de la tarde seguido de cerca por el grueso de la escuadra aliada, de la cual el Saint Antoine se había separado en Cádiz y estaba llevando a cabo la persecución desde una posición más lejana, seguido por el Superb. La escuadra de Moreno echó el ancla en la bahía de Algeciras, fuera del alcance de las baterías británicas de Gibraltar, y esperó a que Linois completase sus reparaciones.​

El Saint Antoine se unió a esta la mañana del 10 de julio.​ Más tarde, Keats llevó sus buques a Gibraltar, donde los esfuerzos por reparar su escuadra estaban al alza, a sabiendas de que Moreno partiría junto con Linois hacia Cádiz de un momento a otro.​ Saumarez, preocupado por el tamaño de la escuadra aliada, envió mensajes urgentes a lord Keith, bajo cuyo mando estaba la flota mediterránea, pidiéndole ayuda, ya que creía que Moreno tardaría al menos dos semanas más como consecuencia del estado de las naves de Linois. Sin embargo, Saumarez estaba equivocado: Moreno había planeado llevar la maltrecha escuadra a Cádiz tan pronto como sus barcos estuvieran listas para navegar.

Segunda batalla de Algeciras


La mañana del 12 de julio, la escuadra combinada francohispana salió al mar, seguida de cerca por la británica. Los dos bandos estuvieron la mayor parte del día reunidos, a pesar de las dificultades propiciadas por el estado de los barcos y el viento, y, a las siete de la tarde, Moreno ordenó a su escuadrón que virara completamente hacia el oeste, en dirección al mar abierto y a Cádiz. Saumarez lo siguió y, a las nueve menos veinte, con la noche echandósele encima y la intensidad del viento aumentando, ordenó a Keats, que se encontraba a bordo del Superb, el más rápido de la escuadra, que se adelantara y atacara la retaguardia de las fuerzas de Moreno.

Cuarenta minutos después, Keats se percató de la presencia del Real Carlos y disparó tres andanadas contra su costado, las cuales produjeron un incendio de gran magnitud en la cubierta del buque español. A continuación, el Superb se echó hacia el Saint Antoine y combatió contra el navío francés durante aproximadamente treinta minutos, hasta que la tripulación del mismo se rindió.​ Al mismo tiempo, el Real Carlos se sumergió en la oscuridad y la confusión. Al encontrarse con el San Hermenegildo, sin saber que era un barco amigo, abrió fuego contra él.​

Después, el Real Carlos se abalanzó sobre el San Hermenegildo y los dos grandes navíos se enzarzaron al tiempo que el fuego se expandía por ambas cubiertas.​ A las doce y cuarto del 13 de julio, el Real Carlos explotó, causando la muerte a 1700 hombres.​ Quince minutos después, el San Hermenegildo, afectado por las llamas de su barco amigo, también explosionó. En total, dos mil miembros de las tripulaciones de estos dos buques españoles perdieron la vida.​ Dos oficiales y treinta y seis marineros consiguieron llegar vivos al Superb y otros 262 se salvaron, ya que lograron subirse al Saint Antoine u otros barcos de su escuadra.​ Asimismo, la fragata española Perla, que navegó independientemente a lo largo de toda la noche, sufrió daños fatales en algún momento de la misma y se hundió la siguiente mañana.

Mientras tanto, Keats había derrotado al Saint Antoine después de tan solo media hora de enfrentamiento, ya que el comodoro Julien le Ray, que estaba herido, se rindió. Las bajas en la tripulación del Saint Antoine fueron significativas, mientras que solo quince miembros de la tripulación del Superb habían resultado heridos. El resto de los navíos de la escuadra británica estaban siguiendo al Superb en la oscuridad con la intención de atrapar a lo que restaba de la escuadra de Moreno al tiempo que esta navegaba hacia el noroeste, bordeando la costa española.

En su persecución, abrieron fuego contra el Saint Antoine creyendo erróneamente que aún estaba activo. A las 4:00, el Formidable, ahora bajo el comando del capitán Amable Troude, fue avistado al norte, en la bahía de Conil de la Frontera, cerca del cabo de Trafalgar, y Saumarez envió al Venerable a su caza. Hood, capitán de este barco, recibió el apoyo del Thames, capitaneado por Aiskew Hollis. A las 5:15, el Venerable consiguió situarse lo suficientemente cerca como para abrir fuego y se inició la confrontación. Hood ordenó a Hollis que se acercara con su barco a la popa de Troude y que abriese fuego de enfilada contra su navío. No obstante, el Formidable corrió mejor suerte durante el enfrentamiento y, a las 6:45, el mástil principal del buque de Hood cayó sobre la cubierta.

Aprovechándose de las dificultades a las que estaba haciendo frente el navío británico, Troude, a bordo del Formidable, se ayudó del viento para avanzar y volvió a reunirse con el grueso de la escuadra de Moreno, que se encontraba estacionada en el puerto de Cádiz.​ Mientras el Formidable se alejaba, los mástiles que seguían en pie sobre la cubierta del Venerable cayeron y este quedó encallado en las costas de Sancti Petri. Los miembros de la escuadra británica pensaban que Moreno podría contraatacar al maltrecho barco, pero la llegada del Audacious y del Superb disipó la duda y el almirante español se vio obligado a retirarse a Cádiz.​ Hood consiguió reflotar el Venerable el 13 de julio y el barco fue arrastrado hasta Gibraltar junto con el Saint Antoine, que había sido tomado. Saumarez dejó tres buques en el lugar para mantener el bloqueo sobre Cádiz, de modo que se restauró la situación previa al inicio de la batalla.

[b]Consecuencias[/b]

En Francia, la campaña se expuso como una victoria, ya que a los logros genuinos de Linois en Algeciras le siguieron informes exagerados de la defensa de la bahía de Conil por parte de Troude. Por este motivo, la segunda batalla se consideró como un éxito al haberse enfrentado los franceses a una fuerza británica superior en número. A pesar de que era cierto que Troude había demostrado habilidad y coraje en el enfrentamiento, su reputación creció sobre las bases de un infrome enviado a París por Dumanois le Pelley que estaba basado en una carta escrita por el propio capitán Troude.

En dicha carta, este afirmaba que, además de contra el Venerable y el Thames, había tenido que batallar contra el Caesar y el Spencer —identificado incorrectamente en el informe como Superb—.Troude sostuvo que, aparte de reducir a estos buques, también había destuído el Venerable por completo llevándolo hacia la costa. En consecuencia, Troude fue ascendido, recibió alabanzas y consiguió acaparar un gran número de cargos en la Marina nacional francesa.

En España, por otro lado, el resultado de la campaña enfureció al gobierno y propició el deterioro de la alianza francohispana. Los españoles solicitaron la devolución a aguas españolas de los navíos con su bandera que estaban estacionados en Brest, en la costa atlántica francesa, mientras que rebajaron su presión sobre Portugal. La debilitación del eje París-Madrid tuvo especial importancia en la firma del Tratado de Amiens a comienzos del año 1802, que puso fin a las guerras revolucionarias.

En Gran Bretaña, Saumarez fue laureado debido al éxito de la segunda batalla, pese a la derrota inicial. Las dos cámaras del Parlamento agradecieron sus acciones y fue nombrado caballero de Bath, lo que acarreaba una pensión de 1200 libras esterlinas anuales. Cerca de cinco décadas después, la segunda batalla fue una de las acciones reconocidas por el Naval General Service Medal, que condecoró a todos los participantes británicos que seguían vivos en 1847.

La campaña fue el centro de las novelas Capitán de mar y guerra —Master and Commander en la versión original—, de Patrick O'Brian, y Touch and Go, escrita por Cyril Northcote Parkinson. En los relatos británicos de la campaña, esta se suele considerar como una única batalla, con un resultado global favorable a Saumarez, a pesar de haber fracasado tratando de evitar que Linois uniera su escuadra con la de Cádiz y de la pérdida del Hannibal.​

El plan francés para reforzar al ejército que se encontraba atrapado en Egipto fracasó por completo como consecuencia de las pérdidas sufridas por la flota española de Cádiz y la restauración del bloqueo. Al final, la guarnición de Egipto tuvo que rendirse en septiembre tras una dura campaña contra fuerzas británicas y otomanas.​ Asimismo, el dominio británico sobre el mar se acentuó, de modo que ninguna embarcación francesa podía partir o llegar a un puerto francés o aliado sin ser detectado e interceptado por la Marina Real.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.


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