Mensaje por lincis » 21 Nov 2013 21:48
Bueno, siempre tenemos la opción de desempolvar los viejos tratados de fortificaciones.
Cavar un foso profundo y ancho, muros inclinados y lo demás.
No cabe duda que este fenómeno es una enorme tragedia humana. Sabemos cuantos entran, más o menos, sabemos, también más o menos, los que están esperando en la frontera para dar el salto.
Pero sabemos cuantos han quedado en el camino?
Es indudable, aunque nadie quiere hacerlo notar, que un buen número de pateras se hunden sin que siquiera tengamos noticias. Sólo nos enteramos de las que lo hacen cerca de las costas o,por casualidad, tienen la suerte de que pase cerca un barco.
Desde mi punto de vista, el "buenismo" está agravando el problema. Fijaros como reaccionan cuando pisan la costa, la besan, cantan, ríen,en fin han triunfado, han llegado a jauja.
Opino que la única forma de atajar el problema y la tragedia es la inmediata repatriación. Meterles en un barco fondeado lejos de la costa, esperar a tenerlo lleno y. luego, rumbo a desembarcarlos en cualquier punto de la costa africana, eso si, con un apaño de 72 horas de víveres.
No se me ocurre otra forma más eficaz de quitarles la idea de venir aquí. Que tengan totalmente claro que todos los esfuerzos y recursos que empleen para venir no van a servir de nada.
Ahora, esos esfuerzos, esos ahorros, esas penalidades y esos riesgos son asumibles por el premio al que aspiran.
Ellos ven la tele, ven como los que llegan son arropados, alimentados, ven los médicos con sus cruces rojas. Después reciben noticias de los que están aquí, la mayor parte de las veces exagerando sus logros y comodidades.
Alguno realmente consiguen esos logros económicos, por lo general los que se dedican a actividades delictivas, estos, encima, se traen a sus colegas en cuanto les informan del cachondeo de leyes que tenemos y,que si tienen mala suerte y los trincan acaban en cárceles-hoteles.
Claro que una medida tan sensata, es de suponer, desataría la algarabía de los cantamañanas de siempre.
Pero para eso también tengo un plan.
Plantarte en el debate dejarles largar, preguntarles si están tan íntimamente convencidos de sus ideas como poner un grano de arena en defensa de su causa.
De seguro que, inflamado de ardor integrador, nos contestará con un rotundo !!SI¡¡.
Pues ya está el cochino en la trampa. Acto seguido se le pregunta qué a cuantos puede acoger en su casa y a su costa? Mientras balbucea buscando una salida honrosa, con toda la pompa, le encargamos la gloriosa tarea de reunir a sus camaradas partidarios de la "integración" para hacer un listado de las plazas de acogida que cada cual aporta.
El estado como tal, en la situación actual, no puede asumir esta tarea, pero alentará y brindará todo su apoyo moral(ojo, sólo moral) a toda iniciativa, particular o asociativa que se brinde a servir a la humanidad empeñando cuantos medios privados considere oportuno. Es más, recibirán una bonificación fiscal 1 punto por encima de la habitual en las donaciones.
Y aquí paz y después gloria.
Bueno, siempre tenemos la opción de desempolvar los viejos tratados de fortificaciones.
Cavar un foso profundo y ancho, muros inclinados y lo demás.
No cabe duda que este fenómeno es una enorme tragedia humana. Sabemos cuantos entran, más o menos, sabemos, también más o menos, los que están esperando en la frontera para dar el salto.
Pero sabemos cuantos han quedado en el camino?
Es indudable, aunque nadie quiere hacerlo notar, que un buen número de pateras se hunden sin que siquiera tengamos noticias. Sólo nos enteramos de las que lo hacen cerca de las costas o,por casualidad, tienen la suerte de que pase cerca un barco.
Desde mi punto de vista, el "buenismo" está agravando el problema. Fijaros como reaccionan cuando pisan la costa, la besan, cantan, ríen,en fin han triunfado, han llegado a jauja.
Opino que la única forma de atajar el problema y la tragedia es la inmediata repatriación. Meterles en un barco fondeado lejos de la costa, esperar a tenerlo lleno y. luego, rumbo a desembarcarlos en cualquier punto de la costa africana, eso si, con un apaño de 72 horas de víveres.
No se me ocurre otra forma más eficaz de quitarles la idea de venir aquí. Que tengan totalmente claro que todos los esfuerzos y recursos que empleen para venir no van a servir de nada.
Ahora, esos esfuerzos, esos ahorros, esas penalidades y esos riesgos son asumibles por el premio al que aspiran.
Ellos ven la tele, ven como los que llegan son arropados, alimentados, ven los médicos con sus cruces rojas. Después reciben noticias de los que están aquí, la mayor parte de las veces exagerando sus logros y comodidades.
Alguno realmente consiguen esos logros económicos, por lo general los que se dedican a actividades delictivas, estos, encima, se traen a sus colegas en cuanto les informan del cachondeo de leyes que tenemos y,que si tienen mala suerte y los trincan acaban en cárceles-hoteles.
Claro que una medida tan sensata, es de suponer, desataría la algarabía de los cantamañanas de siempre.
Pero para eso también tengo un plan.
Plantarte en el debate dejarles largar, preguntarles si están tan íntimamente convencidos de sus ideas como poner un grano de arena en defensa de su causa.
De seguro que, inflamado de ardor integrador, nos contestará con un rotundo !!SI¡¡.
Pues ya está el cochino en la trampa. Acto seguido se le pregunta qué a cuantos puede acoger en su casa y a su costa? Mientras balbucea buscando una salida honrosa, con toda la pompa, le encargamos la gloriosa tarea de reunir a sus camaradas partidarios de la "integración" para hacer un listado de las plazas de acogida que cada cual aporta.
El estado como tal, en la situación actual, no puede asumir esta tarea, pero alentará y brindará todo su apoyo moral(ojo, sólo moral) a toda iniciativa, particular o asociativa que se brinde a servir a la humanidad empeñando cuantos medios privados considere oportuno. Es más, recibirán una bonificación fiscal 1 punto por encima de la habitual en las donaciones.
Y aquí paz y después gloria.