Mensaje por escarpia » 23 Sep 2007 13:33
Se enviaron varios oficiales a las líneas italianas para establecer el calendario y las modalidades de rendición. Pero dos de ellos volvieron diciendo que las condiciones que aceptaban no eran las pactadas con Ajuriaguerra. sino otras más duras. ¿Qué había pasado? Que los franquistas habían intervenido, y muy particularmente el comandante Barba, conocido ultraderechista que había organizado en 1934 la UME (Unión Militar Española). Los oficiales enviados habían aceptado, aun sin estar facultados para ello, un acuerdo de siete puntos en que se decía que la rendición es incondicional, como lo ha especificado "Su Excelencia el Generalísimo", y se respetarán las vidas de todos, salvo los que hayan cometido crímenes. Esto da base a la tesis franquista (sostenida sobre todo por Martínez Bande. basándose en el documento del día 24) para hablar de un pacto de Guriezo. que no seria sino una rendición incondicional. He aquí la versión de Martínez Bande: El convenio fue firmado en Guriezo, el 24 de agosto, entre don Sobrino Eguileor y Uribarrena y don Raimundo Pujana y Echeandia, "capitanes del Ejército Vasco", de una parte, y el teniente coronel italiano de Estado Mayor don Amílcare Fariña y el comandante español, también de Estado Mayor, don Bartolomé Barba, de otra. En el documento se fijaban los términos de la rendición, que se llevarla a cabo al día siguiente, entre las seis y siete de la tarde: unos 2.000 hombres cruzarían por el Pontarrón y otros 8.000 por el puente de la Magdalena, ambos sobre el río Agüera. Lo harían por grupos espaciados y luego depositarían las armas, siendo concentrados y trasladados a Castro Urdiales: un batallón quedaría en cada uno de los pueblos de Laredo, Colindres, Limpias, Ampuero, Santoña y Caraza, encargados de mantener el orden, hasta la llegada de fuerzas de "Flechas". Pero lo importante es aquí la cláusula séptima del convenio, que decía: "Se entiende que la rendición es sin condiciones, con arreglo a las disposiciones dictadas por S. E. el Generalísimo, respetándose la vida de todos, excepto de aquellos qua hayan cometido crímenes". La oficiosidad excesiva de algunos jefes de "Flechas" y la oposición por parte de determinados batallones vascos a entregarse originó una serie de fricciones, resueltas con la llegada de una compañía de Guardias de Asalto desde Bilbao. Para comprender mejor lo que había sucedido al final de la heroica resistencia vasca y otros hechos que pasaron después, hay que tener en cuenta las siguientes palabras del Lehendakari Aguirre: "Principalmente, los elementos nacionalistas, desde la caída de Bilbao, sufrieron en todo su ser la sensación de que ya para ellos todo estaba perdido. Los demás partidos tenían una continuidad política en los demás territorios. Ellos, no. Se atravesaban las fronteras de nuestro pueblo donde la gente hablaba otro idioma. Trágica realidad que hay que saber vivirla para comprenderla." Y para comprender, por ejemplo, los términos de un telegrama de Aguirre a Irujo el 21 de junio: "Nadie ofrece gobierno Euzkadi y pueblo evacuación, hospitalidad. Comprenderás impresión nacionalista perdido territorio patrio causa absoluta desmoralización pretendiendo tropas capitular. Sea Valencia, sea Cataluña creímos merecer agradecimiento nuestra lealtad." Un mes más tarde Aguirre lo repite netamente ante Azaña, a juzgar por las Memorias de éste (libro IV. p. 282): "La caída de Bilbao produjo el desmoronamiento de la moral del ejército. Perdida la tierra, ya nada tenían que hacer. El no está conforme con eso añade Azaña: hay que defender el país fuera de él. No tienen más que una palabra y quiere recordarme lo que me había dicho en Madrid: que se batiría con entusiasmo si les otorgaba la autonomía". A los cuatro días de entrar las tropas de Franco en Bilbao, el Boletín Oficial del Estado publicaba un decreto derogando los conciertos económicos en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Los rebeldes eran así castigados.Con la misma celeridad, después de la rendición de Santoña, comenzó la durísima y sistemática represión franquista que alcanzaría a todo el país vasco.
Se enviaron varios oficiales a las líneas italianas para establecer el calendario y las modalidades de rendición. Pero dos de ellos volvieron diciendo que las condiciones que aceptaban no eran las pactadas con Ajuriaguerra. sino otras más duras. ¿Qué había pasado? Que los franquistas habían intervenido, y muy particularmente el comandante Barba, conocido ultraderechista que había organizado en 1934 la UME (Unión Militar Española). Los oficiales enviados habían aceptado, aun sin estar facultados para ello, un acuerdo de siete puntos en que se decía que la rendición es incondicional, como lo ha especificado "Su Excelencia el Generalísimo", y se respetarán las vidas de todos, salvo los que hayan cometido crímenes. Esto da base a la tesis franquista (sostenida sobre todo por Martínez Bande. basándose en el documento del día 24) para hablar de un pacto de Guriezo. que no seria sino una rendición incondicional. He aquí la versión de Martínez Bande: El convenio fue firmado en Guriezo, el 24 de agosto, entre don Sobrino Eguileor y Uribarrena y don Raimundo Pujana y Echeandia, "capitanes del Ejército Vasco", de una parte, y el teniente coronel italiano de Estado Mayor don Amílcare Fariña y el comandante español, también de Estado Mayor, don Bartolomé Barba, de otra. En el documento se fijaban los términos de la rendición, que se llevarla a cabo al día siguiente, entre las seis y siete de la tarde: unos 2.000 hombres cruzarían por el Pontarrón y otros 8.000 por el puente de la Magdalena, ambos sobre el río Agüera. Lo harían por grupos espaciados y luego depositarían las armas, siendo concentrados y trasladados a Castro Urdiales: un batallón quedaría en cada uno de los pueblos de Laredo, Colindres, Limpias, Ampuero, Santoña y Caraza, encargados de mantener el orden, hasta la llegada de fuerzas de "Flechas". Pero lo importante es aquí la cláusula séptima del convenio, que decía: "Se entiende que la rendición es sin condiciones, con arreglo a las disposiciones dictadas por S. E. el Generalísimo, respetándose la vida de todos, excepto de aquellos qua hayan cometido crímenes". La oficiosidad excesiva de algunos jefes de "Flechas" y la oposición por parte de determinados batallones vascos a entregarse originó una serie de fricciones, resueltas con la llegada de una compañía de Guardias de Asalto desde Bilbao. Para comprender mejor lo que había sucedido al final de la heroica resistencia vasca y otros hechos que pasaron después, hay que tener en cuenta las siguientes palabras del Lehendakari Aguirre: "Principalmente, los elementos nacionalistas, desde la caída de Bilbao, sufrieron en todo su ser la sensación de que ya para ellos todo estaba perdido. Los demás partidos tenían una continuidad política en los demás territorios. Ellos, no. Se atravesaban las fronteras de nuestro pueblo donde la gente hablaba otro idioma. Trágica realidad que hay que saber vivirla para comprenderla." Y para comprender, por ejemplo, los términos de un telegrama de Aguirre a Irujo el 21 de junio: "Nadie ofrece gobierno Euzkadi y pueblo evacuación, hospitalidad. Comprenderás impresión nacionalista perdido territorio patrio causa absoluta desmoralización pretendiendo tropas capitular. Sea Valencia, sea Cataluña creímos merecer agradecimiento nuestra lealtad." Un mes más tarde Aguirre lo repite netamente ante Azaña, a juzgar por las Memorias de éste (libro IV. p. 282): "La caída de Bilbao produjo el desmoronamiento de la moral del ejército. Perdida la tierra, ya nada tenían que hacer. El no está conforme con eso añade Azaña: hay que defender el país fuera de él. No tienen más que una palabra y quiere recordarme lo que me había dicho en Madrid: que se batiría con entusiasmo si les otorgaba la autonomía". A los cuatro días de entrar las tropas de Franco en Bilbao, el Boletín Oficial del Estado publicaba un decreto derogando los conciertos económicos en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Los rebeldes eran así castigados.Con la misma celeridad, después de la rendición de Santoña, comenzó la durísima y sistemática represión franquista que alcanzaría a todo el país vasco.