Mensaje por lincis » 20 Feb 2014 01:07
Voy a tratar de darte algún consejo de cierta utilidad para el caso que planteas.
Vamos a empezar repasando los supuestos más frecuentes y empezando por los potencialmente más peligrosos.
.- Un cartucho, generalmente recargado, que por descuido no lleva pólvora o su carga es insuficiente.
Este supuesto es muy peligroso, pues si no nos percatamos, el siguiente disparo seguramente nos puede hacer reventar el arma y hacernos mucho daño.
La solución es de corte preventivo. Además de extremar el cuidado en la recarga, una práctica muy saludable es cebar unas vainas con el pistón y una bola de cera a modo de proyectil. El objeto de esta curiosa práctica es educar el oído para que distinga el sonido de la detonación del pistón, de forma que si un día nos ocurre con munición real, seamos capaces de identificar el sonido y tomar las medidas necesarias antes de volver a disparar.
Cuales serían las medidas de seguridad a tener en cuenta?
Descargar el arma, abrir la recámara y sacar la vaina y, la más importante comprobar que el cañón no esta obstruido con el proyectil.
.- Un cartucho es percutido y no se produce el disparo.
Lo primero es mantener un par de minutos el arma con el cañón apuntando a un lugar seguro antes de ponernos a trastear. Si estamos en una situación de combate, defensa o en una competición, lógicamente, no podemos permitirnos el lujo de perder ese tiempo precioso. con lo cual, pasaremos a accionar el cierre del arma para despejar la recámara, pero manteniendo el arma siempre en una dirección segura y, en lo posible evitando poner la vista en la ventana de expulsión y orientando esta lo más posible hacía el suelo.
Por lo general, con municiones modernas, este caso es de una incidencia marginal pero, con municiones antiguas, especialmente las cargadas con pistones con mezclas mercuriales, es relativamente posible. También, este tipo de munición puede presentar el problema de que su pólvora de hubiera podido degradar lo que puede afectar su comportamiento de dos formas muy distintas.
Una, que pierda potencia de ignición y no sea capaz de hacer salir el proyectil del cañón. En ese caso, también, si tenemos el oído mínimamente educado, podemos notar que algo no funciona correctamente, pues se comportará de un modo muy parecido a cuando disparamos la vaina cebada que comentaba en el primer supuesto.
La segunda incidencia con municiones antiguas es que, en vez de degradarse perdiendo propiedades, al propelente, le pase justo lo contrario y, que en vez de deflagar, detone, pues su velocidad de quemado aumenta significativamente.
En este caso, tenemos casi asegurada una sobrepresión. Lo podemos notar de diferentes modos, los casos más leves sólo notaremos un estallido mucho más sonoro y, a medida que aumentamos el grado de presiones, veremos el pistón hinchado o una vaina dilatada que cuesta extraer de la recámara,, en cuyo caso es conveniente comprobar que la recámara no se hubiera podido abombar. Esto suele ser típico en las Eibarresas del 6,35, que cuando les pones munición actual, cargada con mayores presiones de las municiones de su época, vemos como las vainas van saliendo deformadas con notables abombamientos, cada vez mayores, pues tienen un efecto acumulativo sobre la recámara.
Siguiendo en importancia es cuando la vaina sale rajada y con los bordes de la raja ennegrecidos. Entonces si que hay que extremar la inspección de la recámara, pues ha podido causar un efecto"soplete" concentrando todo el calor en una zona de la recámara afectando el templado del metal e, incluso, producir una fisura.
Lo que es un caso bastante raro es el que describes, puesto que un cartucho que no ha percutido no tendría que quedarse atascado en la recámara si no ha habido disparo,. Ese caso sólo puede darse si el cartucho no tiene sus medidas correctas por no estar bien recalibrado y se queda encajado, tambien si la vaina ha sufrido estiramiento y no se ha comprobado si necesita un trimado o, si es demasiado largo el montaje y el proyectil sobrepasa la zona de "vuelo libre" y se queda encajado en el estriado.
En este caso, esperamos un par de minutos con el arma apuntado a un lugar seguro y trataremos de abrir el cierre empleando un poco de fuerza o, si hace falta, apoyando la acción dando un golpe con la culata contra el suelo. Se entiende que en el caso que sea un arma larga.
Ah!! Se me olvidaba, también una recámara llena de roña puede suponer un ajuste inadecuado de la vaina y el "pegado" de la misma. A veces, esta deficiencia de ajuste produce que los mecanismos de percusión no actúen, ya que se activan los sistemas de seguridad previstos para que el arma no pueda disparar si el acerrojamiento no es el adecuado.
Eso es lo que a bote pronto se me ocurre ofrecerte como consejo.
Voy a tratar de darte algún consejo de cierta utilidad para el caso que planteas.
Vamos a empezar repasando los supuestos más frecuentes y empezando por los potencialmente más peligrosos.
.- Un cartucho, generalmente recargado, que por descuido no lleva pólvora o su carga es insuficiente.
Este supuesto es muy peligroso, pues si no nos percatamos, el siguiente disparo seguramente nos puede hacer reventar el arma y hacernos mucho daño.
La solución es de corte preventivo. Además de extremar el cuidado en la recarga, una práctica muy saludable es cebar unas vainas con el pistón y una bola de cera a modo de proyectil. El objeto de esta curiosa práctica es educar el oído para que distinga el sonido de la detonación del pistón, de forma que si un día nos ocurre con munición real, seamos capaces de identificar el sonido y tomar las medidas necesarias antes de volver a disparar.
Cuales serían las medidas de seguridad a tener en cuenta?
Descargar el arma, abrir la recámara y sacar la vaina y, la más importante comprobar que el cañón no esta obstruido con el proyectil.
.- Un cartucho es percutido y no se produce el disparo.
Lo primero es mantener un par de minutos el arma con el cañón apuntando a un lugar seguro antes de ponernos a trastear. Si estamos en una situación de combate, defensa o en una competición, lógicamente, no podemos permitirnos el lujo de perder ese tiempo precioso. con lo cual, pasaremos a accionar el cierre del arma para despejar la recámara, pero manteniendo el arma siempre en una dirección segura y, en lo posible evitando poner la vista en la ventana de expulsión y orientando esta lo más posible hacía el suelo.
Por lo general, con municiones modernas, este caso es de una incidencia marginal pero, con municiones antiguas, especialmente las cargadas con pistones con mezclas mercuriales, es relativamente posible. También, este tipo de munición puede presentar el problema de que su pólvora de hubiera podido degradar lo que puede afectar su comportamiento de dos formas muy distintas.
Una, que pierda potencia de ignición y no sea capaz de hacer salir el proyectil del cañón. En ese caso, también, si tenemos el oído mínimamente educado, podemos notar que algo no funciona correctamente, pues se comportará de un modo muy parecido a cuando disparamos la vaina cebada que comentaba en el primer supuesto.
La segunda incidencia con municiones antiguas es que, en vez de degradarse perdiendo propiedades, al propelente, le pase justo lo contrario y, que en vez de deflagar, detone, pues su velocidad de quemado aumenta significativamente.
En este caso, tenemos casi asegurada una sobrepresión. Lo podemos notar de diferentes modos, los casos más leves sólo notaremos un estallido mucho más sonoro y, a medida que aumentamos el grado de presiones, veremos el pistón hinchado o una vaina dilatada que cuesta extraer de la recámara,, en cuyo caso es conveniente comprobar que la recámara no se hubiera podido abombar. Esto suele ser típico en las Eibarresas del 6,35, que cuando les pones munición actual, cargada con mayores presiones de las municiones de su época, vemos como las vainas van saliendo deformadas con notables abombamientos, cada vez mayores, pues tienen un efecto acumulativo sobre la recámara.
Siguiendo en importancia es cuando la vaina sale rajada y con los bordes de la raja ennegrecidos. Entonces si que hay que extremar la inspección de la recámara, pues ha podido causar un efecto"soplete" concentrando todo el calor en una zona de la recámara afectando el templado del metal e, incluso, producir una fisura.
Lo que es un caso bastante raro es el que describes, puesto que un cartucho que no ha percutido no tendría que quedarse atascado en la recámara si no ha habido disparo,. Ese caso sólo puede darse si el cartucho no tiene sus medidas correctas por no estar bien recalibrado y se queda encajado, tambien si la vaina ha sufrido estiramiento y no se ha comprobado si necesita un trimado o, si es demasiado largo el montaje y el proyectil sobrepasa la zona de "vuelo libre" y se queda encajado en el estriado.
En este caso, esperamos un par de minutos con el arma apuntado a un lugar seguro y trataremos de abrir el cierre empleando un poco de fuerza o, si hace falta, apoyando la acción dando un golpe con la culata contra el suelo. Se entiende que en el caso que sea un arma larga.
Ah!! Se me olvidaba, también una recámara llena de roña puede suponer un ajuste inadecuado de la vaina y el "pegado" de la misma. A veces, esta deficiencia de ajuste produce que los mecanismos de percusión no actúen, ya que se activan los sistemas de seguridad previstos para que el arma no pueda disparar si el acerrojamiento no es el adecuado.
Eso es lo que a bote pronto se me ocurre ofrecerte como consejo.