Mensaje por RAngel » 28 Jun 2014 08:07
Bueno, ahi van mis conclusiones definitivas en esto de los 300 metros:
Todos tenemos una idea intuitiva de lo que es el coeficiente balístico de un proyectil: un número adimensional que indica la eficiencia del mismo para avanzar en el seno del aire con la menor pérdida de energía, es decir, su capacidad para mantener la velocidad a lo largo de su trayectoria.
Al representar esa pérdida energética frente a la distancia recorrida para distintos proyectiles observamos que aquellos que poseen igual forma proporcionan curvas similares, diferentes unas de otras según el peso del proyectil, pero que pueden considerarse casi paralelas. Este hecho permitió definir el CB como la constante de proporcionalidad con que de cada curva se ajusta a la de un modelo patrón (para el que CB=1). Esto deduce que el CB de cualquier proyectil está comprendido entre 0 y 1, tanto mayor cuanto más eficiente, es decir, cuanto más se aproxima a la curva del patrón.
Es evidente que para construir la curva de perdida energética de un proyectil se requiere una instrumentación inasequible para la mayoría de nosotros, y así hacemos intentos de encontrarlo mediante fórmulas más o menos aproximadas, o mediante experiencias precarias. El resultado es que, si resultan fiables los que proporcionan los fabricantes para sus distintos proyectiles con pólvoras sin humo (velocidades supersónicas), los modelos que uno encuentra en la bibliografía aplicados a pólvoras negras (velocidades del orden de 400 m/s en el mejor de los casos) dan resultados tan variados que lo mejor que puede hacer uno es ignorarlos y buscarse la vida de otra manera para dar con la trayectoria que seguirá su proyectil.
En los cálculos hechos aplicando diferentes modelos, en base a las experiencias que hemos efectuado en el campo de tiro, el resultado ha sido desalentador. Es verdad que al medir las velocidades a boca de fuego y a 50 metros, la pérdida de energía es una fracción muy pequeña de la inicial, y por tanto el error considerable: no es posible aproximar un fenómeno físico con datos que afectan a una reducida parte del mismo, pero ¿quién es el guapo que pone a 100 o 200 metros el Crony para que pasen entre sus varillas los plomos de distintos pesos y velocidades sin arriesgarse a destrozarlo? ¿Dónde dispondremos de un campo de esa longitud en el que podamos efectuar las experiencias sin molestar a los demás tiradores?
Es obvio que el camino debe de ser otro.
De momento voy a concentrarme en los datos de la primera hoja de Excel, en que puedo analizar, extrapolando, las trayectorias posibles con las alturas de los impactos al subir el alza… a ver si por ahí llego a algo.
Está claro que la cosa sería más sencilla si pudiera uno disponer libremente de una galería de 150 o 200 metros. Aplicando el método de probar y corregir, se llegaría antes, pero…
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Bueno, ahi van mis conclusiones definitivas en esto de los 300 metros:
Todos tenemos una idea intuitiva de lo que es el coeficiente balístico de un proyectil: un número adimensional que indica la eficiencia del mismo para avanzar en el seno del aire con la menor pérdida de energía, es decir, su capacidad para mantener la velocidad a lo largo de su trayectoria.
Al representar esa pérdida energética frente a la distancia recorrida para distintos proyectiles observamos que aquellos que poseen igual forma proporcionan curvas similares, diferentes unas de otras según el peso del proyectil, pero que pueden considerarse casi paralelas. Este hecho permitió definir el CB como la constante de proporcionalidad con que de cada curva se ajusta a la de un modelo patrón (para el que CB=1). Esto deduce que el CB de cualquier proyectil está comprendido entre 0 y 1, tanto mayor cuanto más eficiente, es decir, cuanto más se aproxima a la curva del patrón.
Es evidente que para construir la curva de perdida energética de un proyectil se requiere una instrumentación inasequible para la mayoría de nosotros, y así hacemos intentos de encontrarlo mediante fórmulas más o menos aproximadas, o mediante experiencias precarias. El resultado es que, si resultan fiables los que proporcionan los fabricantes para sus distintos proyectiles con pólvoras sin humo (velocidades supersónicas), los modelos que uno encuentra en la bibliografía aplicados a pólvoras negras (velocidades del orden de 400 m/s en el mejor de los casos) dan resultados tan variados que lo mejor que puede hacer uno es ignorarlos y buscarse la vida de otra manera para dar con la trayectoria que seguirá su proyectil.
En los cálculos hechos aplicando diferentes modelos, en base a las experiencias que hemos efectuado en el campo de tiro, el resultado ha sido desalentador. Es verdad que al medir las velocidades a boca de fuego y a 50 metros, la pérdida de energía es una fracción muy pequeña de la inicial, y por tanto el error considerable: no es posible aproximar un fenómeno físico con datos que afectan a una reducida parte del mismo, pero ¿quién es el guapo que pone a 100 o 200 metros el Crony para que pasen entre sus varillas los plomos de distintos pesos y velocidades sin arriesgarse a destrozarlo? ¿Dónde dispondremos de un campo de esa longitud en el que podamos efectuar las experiencias sin molestar a los demás tiradores?
Es obvio que el camino debe de ser otro.
De momento voy a concentrarme en los datos de la primera hoja de Excel, en que puedo analizar, extrapolando, las trayectorias posibles con las alturas de los impactos al subir el alza… a ver si por ahí llego a algo.
Está claro que la cosa sería más sencilla si pudiera uno disponer libremente de una galería de 150 o 200 metros. Aplicando el método de probar y corregir, se llegaría antes, pero…