Mensaje por JJWinchester » 28 Ago 2019 17:53
El concepto de "restaurar" siempre supone una actuación más intensa que "conservar", que simplemente representa estabilizar el artefacto histórico para evitar su progresivo deterioro, teniendo en cuenta sobre todo el cambio ambiental al que está expuesto si ha sido desenterrado, o sacado de un naufragio, y dejarlo además, si es posible,en unas condiciones mínimas para su exhibición. De esto será de lo que te hable seguramente el director de ese museo, de conservar o preservar, aunque a veces use la palabra "restaurar".
Ahora bien, aunque "restaurar" siempre supone devolver al objeto parte de su aspecto original, la intensidad de la actuación es muy variable: en pintura, por ejemplo, modernamente se trata de devolver el cuadro a su aspecto original, o lo más posible al mismo, de modo que se aprecie de la misma forma que en el momento en que se pintó, o lo más aproximada posible. Incluso esto es controvertido, hay mucha gente que dice que "el tiempo pinta" y prefieren ser más comedidos, pero la tendencia es ésta en el mundo de la pintura: restauración radical, aunque si hay zonas totalmente repintadas se tratan de identificar.
Para las antigüedades técnicas, como por ejemplo los coches, también se trata de devolver el automóvil a un aspecto de nuevo, o casi, tanto en funcionamiento como en apariencia. Esto es lo más aceptado en ese sector, y nadie se extraña de ver utilizar pintura nueva, y piezas vueltas a cromar.
Pero en el mundo de las armas blancas, no es así. Al hablar de armas antiguas es un error tratar de devolver el aspecto de nuevo a un sable de hace 200 años. En primer lugar, sencillamente, porque no es nuevo, y por eso lo valoramos más. En segundo lugar, a diferencia del coche, en el que podemos darnos un paseo, nunca vamos a utilizar un sable antiguo para su función original, y por tanto no necesitamos, por ejemplo, que esté afilado, o que el puño esté absolutamente firme y sin holgura. Tampoco lo vamos a lucir al cinto en una tarde de domingo para impresionar a las damas, así que no tiene importancia que la vaina no luzca brillante e inmaculada. Y si queremos practicar esgrima histórica, para ello hay reproducciones absolutamente fieles, que podemos utilizar sin remordimientos.
Por ello yo soy bastante comedido al limpiar armas antiguas: retirar el óxido activo, estabilizarlo, y no excederme con las zonas de pátina más antigua. Es preferible sin duda una hoja con algunas zonas oscuras, de aspecto mate, que otra totalmente brillante, pero cubierta de horribles marcas de lija o de cepillo eléctrico. Mejor limpiar lentamente, a mano, con aceite y lana de acero del 00, e ir viendo el avance poco a poco, para saber cuándo parar. Y si hay cromados, mucho más blandos que el acero, ni eso, un limpiador tipo SIDOL, y listo.
Aquí, menos es más, siempre.
El concepto de "restaurar" siempre supone una actuación más intensa que "conservar", que simplemente representa estabilizar el artefacto histórico para evitar su progresivo deterioro, teniendo en cuenta sobre todo el cambio ambiental al que está expuesto si ha sido desenterrado, o sacado de un naufragio, y dejarlo además, si es posible,en unas condiciones mínimas para su exhibición. De esto será de lo que te hable seguramente el director de ese museo, de conservar o preservar, aunque a veces use la palabra "restaurar".
Ahora bien, aunque "restaurar" siempre supone devolver al objeto parte de su aspecto original, la intensidad de la actuación es muy variable: en pintura, por ejemplo, modernamente se trata de devolver el cuadro a su aspecto original, o lo más posible al mismo, de modo que se aprecie de la misma forma que en el momento en que se pintó, o lo más aproximada posible. Incluso esto es controvertido, hay mucha gente que dice que "el tiempo pinta" y prefieren ser más comedidos, pero la tendencia es ésta en el mundo de la pintura: restauración radical, aunque si hay zonas totalmente repintadas se tratan de identificar.
Para las antigüedades técnicas, como por ejemplo los coches, también se trata de devolver el automóvil a un aspecto de nuevo, o casi, tanto en funcionamiento como en apariencia. Esto es lo más aceptado en ese sector, y nadie se extraña de ver utilizar pintura nueva, y piezas vueltas a cromar.
Pero en el mundo de las armas blancas, no es así. Al hablar de armas antiguas [b]es un error tratar de devolver el aspecto de nuevo a un sable de hace 200 años[/b]. En primer lugar, sencillamente, porque no es nuevo, y por eso lo valoramos más. En segundo lugar, a diferencia del coche, en el que podemos darnos un paseo, nunca vamos a utilizar un sable antiguo para su función original, y por tanto no necesitamos, por ejemplo, que esté afilado, o que el puño esté absolutamente firme y sin holgura. Tampoco lo vamos a lucir al cinto en una tarde de domingo para impresionar a las damas, así que no tiene importancia que la vaina no luzca brillante e inmaculada. Y si queremos practicar esgrima histórica, para ello hay reproducciones absolutamente fieles, que podemos utilizar sin remordimientos.
Por ello yo soy bastante comedido al limpiar armas antiguas: retirar el óxido activo, estabilizarlo, y no excederme con las zonas de pátina más antigua. Es preferible sin duda una hoja con algunas zonas oscuras, de aspecto mate, que otra totalmente brillante, pero cubierta de horribles marcas de lija o de cepillo eléctrico. Mejor limpiar lentamente, a mano, con aceite y lana de acero del 00, e ir viendo el avance poco a poco, para saber cuándo parar. Y si hay cromados, mucho más blandos que el acero, ni eso, un limpiador tipo SIDOL, y listo.
Aquí, menos es más, siempre.