Mensaje por MExtaniz » 26 May 2011 03:41
Es incierto que genéricamente los cartuchos de 7 mm cargados con balas pesadas tengan menos energía en boca que los cargados con balas ligeras o medias. Esto puede ser verdad en algún tipo específico de alguna determinada casa, pero como norma general simplemente no es así, y para ello basta con mirar las tablas de los fabricantes. Es más, algunas casas, como RWS, tienden a cargar con más energía los cartuchos pesados que los ligeros o medios.
La principal razón por la que los 7mm tienden a tener fama de “pinchadores” entre algunos paisanos nuestros, es simplemente por que utilizan balas totalmente inadecuadas para la caza que practican. En España es de lo más corriente ver los rifles en este calibre cargados con balas de 160 hasta 175 granos, balas que en origen han sido diseñadas para bichos de 300 a 700 Kg. Cuando se dispara con estos “penetradores” a cochinos de 60 Kilos lo normal es que hayan salido del cuerpo del animal antes casi de comenzar a expandir, llevándose la mitad de la energía con ellos en vez de haberla depositado toda en el cuerpo de la res.
Otros emplean balas más ligeras, pero muy “duras”, que están pensadas en realidad también para animales bastante corpulentos y de piel y huesos ciertamente resistentes. Típicos ejemplos de esto son las Barnes X, la Winchester Fail-Safe, y otras por el estilo. El resultado viene a ser parecido al que se obtiene con las pesadas duras.
Y digo pesadas duras porque alguna casa, como excepción, carga ciertos tipos de balas pesadas relativamente “blandas” comparadas con la generalidad de las de su peso. Esas balas suelen estar pensadas para rifles que han sido construídos con cañones militares de tipo antiguo, que estaban diseñados para balas muy largas y pesadas, y que en muchos casos no tiran bien con otras balas que no sean similares en tales características a las mencionadas militares. Un típico ejemplo es el 7 mm Mauser en cañones de origen militar. Además, la balística de estas balas suele ser tan parecida a la de las originales militares, que se puede utilizar el alza regulable de las armas de guerra con gran fiabilidad, lo que a ciertos usuarios parece una gran ventaja. Este proceder un tanto anómalo es mucho más propio de fábricas europeas que de las useñas.
La solución suele ser sencilla: adecuar la bala al tipo de caza que vayamos a practicar. Según sea el tamaño y dureza de los animales a los que disparamos, la velocidad inicial de la bala, y la distancia media a la que esperamos acometer los lances, así un tipo y peso de balas será el más indicado para rematarlos con éxito.
Por tanto, no se pueden dar reglas genéricas en este aspecto, y mucho menos a día de hoy en que hay balas ligeras que son mucho más duras que la mayoría de las pesadas en su calibre, pero como orientación aproximada, lo más recomendable es escoger una bala tal, que en la mayoría de los casos (digamos el 90 % o algo más) se quede dentro del cuerpo del animal, sin salir de él por el lado opuesto al que entró. Pero hay que evitar asimismo aquellas que en el 100 % de los casos se quedan dentro, especialmente si tiende a quedarse en tiros que impactan en zonas blandas, poco protegidas y de escaso espesor comparadas con el resto del cuerpo de la bestia.
El comportamiento ideal de una bala es cuando tocado el animal en una zona vital, la bala sigue su camino por el interior de su cuerpo hasta quedar detenida por la piel del costado opuesto al del orificio de entrada, sin llegar a salir. Si bien es cierto que de esta manera dará mucha menos “sangre” en caso de no quedar la res “parada” con el tiro, lo que dificultará su pisteo posterior, también lo es el que al tener un mayor “poder de detención” los casos en que haya que seguir el rastro serán mucho menos frecuentes.
Es incierto que genéricamente los cartuchos de 7 mm cargados con balas pesadas tengan menos energía en boca que los cargados con balas ligeras o medias. Esto puede ser verdad en algún tipo específico de alguna determinada casa, pero como norma general simplemente no es así, y para ello basta con mirar las tablas de los fabricantes. Es más, algunas casas, como RWS, tienden a cargar con más energía los cartuchos pesados que los ligeros o medios.
La principal razón por la que los 7mm tienden a tener fama de “pinchadores” entre algunos paisanos nuestros, es simplemente por que utilizan balas totalmente inadecuadas para la caza que practican. En España es de lo más corriente ver los rifles en este calibre cargados con balas de 160 hasta 175 granos, balas que en origen han sido diseñadas para bichos de 300 a 700 Kg. Cuando se dispara con estos “penetradores” a cochinos de 60 Kilos lo normal es que hayan salido del cuerpo del animal antes casi de comenzar a expandir, llevándose la mitad de la energía con ellos en vez de haberla depositado toda en el cuerpo de la res.
Otros emplean balas más ligeras, pero muy “duras”, que están pensadas en realidad también para animales bastante corpulentos y de piel y huesos ciertamente resistentes. Típicos ejemplos de esto son las Barnes X, la Winchester Fail-Safe, y otras por el estilo. El resultado viene a ser parecido al que se obtiene con las pesadas duras.
Y digo pesadas duras porque alguna casa, como excepción, carga ciertos tipos de balas pesadas relativamente “blandas” comparadas con la generalidad de las de su peso. Esas balas suelen estar pensadas para rifles que han sido construídos con cañones militares de tipo antiguo, que estaban diseñados para balas muy largas y pesadas, y que en muchos casos no tiran bien con otras balas que no sean similares en tales características a las mencionadas militares. Un típico ejemplo es el 7 mm Mauser en cañones de origen militar. Además, la balística de estas balas suele ser tan parecida a la de las originales militares, que se puede utilizar el alza regulable de las armas de guerra con gran fiabilidad, lo que a ciertos usuarios parece una gran ventaja. Este proceder un tanto anómalo es mucho más propio de fábricas europeas que de las useñas.
La solución suele ser sencilla: adecuar la bala al tipo de caza que vayamos a practicar. Según sea el tamaño y dureza de los animales a los que disparamos, la velocidad inicial de la bala, y la distancia media a la que esperamos acometer los lances, así un tipo y peso de balas será el más indicado para rematarlos con éxito.
Por tanto, no se pueden dar reglas genéricas en este aspecto, y mucho menos a día de hoy en que hay balas ligeras que son mucho más duras que la mayoría de las pesadas en su calibre, pero como orientación aproximada, lo más recomendable es escoger una bala tal, que en la mayoría de los casos (digamos el 90 % o algo más) se quede dentro del cuerpo del animal, sin salir de él por el lado opuesto al que entró. Pero hay que evitar asimismo aquellas que en el 100 % de los casos se quedan dentro, especialmente si tiende a quedarse en tiros que impactan en zonas blandas, poco protegidas y de escaso espesor comparadas con el resto del cuerpo de la bestia.
El comportamiento ideal de una bala es cuando tocado el animal en una zona vital, la bala sigue su camino por el interior de su cuerpo hasta quedar detenida por la piel del costado opuesto al del orificio de entrada, sin llegar a salir. Si bien es cierto que de esta manera dará mucha menos “sangre” en caso de no quedar la res “parada” con el tiro, lo que dificultará su pisteo posterior, también lo es el que al tener un mayor “poder de detención” los casos en que haya que seguir el rastro serán mucho menos frecuentes.