Mensaje por Steyr » 03 Ago 2011 23:54
Los foros en general han venido a sustituir a las tertulias de los casinos, cafés, reboticas... Estas tertulias eran bastante más cerradas y por lo general los contertulios o tertulianos se elegían entre ellos por afinidades, igual que los partidos políticos seleccionan a sus militantes por su filiación ideológica, como es natural. En estos casos, las tertulias eran o son más relajadas, dentro de las discrepancias que pueda haber acerca de un tema, porque hay un sustrato ideológico común.
En cambio, en las tertulias más abiertas también ocurrían u ocurren cirios buenos, igual que ahora (no me refiero a las trifulcas que montan los especialistas de la telebasura, puesto que de eso viven).
Los foros, por su propia naturaleza, son abiertos, nacen abiertos. Eso significa que, aun partiendo de un principio común a todos sus integrantes y que constituye su razón de ser, por ejemplo, el gusto por el olor a la pólvora, se producen desencuentros y tensiones más o menos fuertes. Esto es así porque el personal que lo conforma es heterogéneo social y culturalmente. No es mala esta circunstancia, porque permite un intercambio de opiniones y puntos de vista enriquecedores para todos, si se sabe apreciar y respetar una opinión adversa a la nuestra. Las ideas con las que estamos en desacuerdo se combaten o rebaten con argumentos, no con descalificaciones personales, que siempre hieren y acaban generando un duelo del que nada bueno sale.
Aunque el foro sea especializado, como ya indica su propio nombre, es casi imposible sustraerlo a temas colaterales o conexos con el de las propias armas, porque los que gustan de ellas viven en sociedad y no pueden sustraerse a los acontecimientos que cotidianamente moldean sus vidas, incluida su afición por el arma.
La cuestión estriba en no perder los papeles cuando se da una opinión acerca de lo que sea, o en evitar zaherir a quien no la comparta... Se puede hablar de todo, creo yo, desde el respeto y la consideración hacia el prójimo, incluso siendo mordaz, cáustico o sarcástico, para animar el debate y la prosa, sin incurrir en la injuria, el insulto, la ofensa...
En fin, esto lo hacemos entre todos; y todos somos responsables de que vaya bien, mal o regular. No sólo los moderadores tienen responsabilidad. No podemos descargar todo ese peso sobre ellos, puesto que también incumbe a nosotros mismos moderarnos para evitar el desvarío.
Ya está bien, que creo que me he pasado de la raya.
Los foros en general han venido a sustituir a las tertulias de los casinos, cafés, reboticas... Estas tertulias eran bastante más cerradas y por lo general los contertulios o tertulianos se elegían entre ellos por afinidades, igual que los partidos políticos seleccionan a sus militantes por su filiación ideológica, como es natural. En estos casos, las tertulias eran o son más relajadas, dentro de las discrepancias que pueda haber acerca de un tema, porque hay un sustrato ideológico común.
En cambio, en las tertulias más abiertas también ocurrían u ocurren cirios buenos, igual que ahora (no me refiero a las trifulcas que montan los especialistas de la telebasura, puesto que de eso viven).
Los foros, por su propia naturaleza, son abiertos, nacen abiertos. Eso significa que, aun partiendo de un principio común a todos sus integrantes y que constituye su razón de ser, por ejemplo, el gusto por el olor a la pólvora, se producen desencuentros y tensiones más o menos fuertes. Esto es así porque el personal que lo conforma es heterogéneo social y culturalmente. No es mala esta circunstancia, porque permite un intercambio de opiniones y puntos de vista enriquecedores para todos, si se sabe apreciar y respetar una opinión adversa a la nuestra. Las ideas con las que estamos en desacuerdo se combaten o rebaten con argumentos, no con descalificaciones personales, que siempre hieren y acaban generando un duelo del que nada bueno sale.
Aunque el foro sea especializado, como ya indica su propio nombre, es casi imposible sustraerlo a temas colaterales o conexos con el de las propias armas, porque los que gustan de ellas viven en sociedad y no pueden sustraerse a los acontecimientos que cotidianamente moldean sus vidas, incluida su afición por el arma.
La cuestión estriba en no perder los papeles cuando se da una opinión acerca de lo que sea, o en evitar zaherir a quien no la comparta... Se puede hablar de todo, creo yo, desde el respeto y la consideración hacia el prójimo, incluso siendo mordaz, cáustico o sarcástico, para animar el debate y la prosa, sin incurrir en la injuria, el insulto, la ofensa...
En fin, esto lo hacemos entre todos; y todos somos responsables de que vaya bien, mal o regular. No sólo los moderadores tienen responsabilidad. No podemos descargar todo ese peso sobre ellos, puesto que también incumbe a nosotros mismos moderarnos para evitar el desvarío.
Ya está bien, que creo que me he pasado de la raya.