Mensaje por VBull » 22 Oct 2018 22:43
Pues que el conde ese lleva mas razón que un santo, por obvio, si bien me permito cierta matización.
Por ejemplo, cuando dos personas civilizadas, al menos leídas y ya no te digo si viajadas, entran en debate por disparidad de criterios la gracia del debate no está en acordar si la noche sigue al día o viceversa sino en exponer ambos sus razones y ser capaces de discernir cómo es posible que a uno le parezca que la noche sigue al día mientras que para el otro la secuencia es al revés siendo el día el que sigue a la noche. Cuestión de percepciones.
Lo insólito de nuestros días es que no hay interés por entrar en ese tipo de debate, menos aún en escuchar las razones del otro para entender el porqué de sus percepciones, la diatriba se enfocará en cuestionar la definición del día y la noche e imponérsela al otro, porque todo es discutido y discutible, eso es lo democrático, y por ende no podrá haber punto de encuentro ni consenso toda vez que el objeto de la discusión es una soberana majadería propia de estúpidos paletos indocumentados, poco o nada viajados. Lo que debiera ser una cuestión de percepciones se transforma en cuestión de definiciones incuestionables.
Vivimos tiempos extraños, y los modernos se han inventado un palabro para expresar que hay que escuchar a los demás, empatizar, cuando toda la vida de dios se ha dicho escuchar; ya son ganas de darle vueltas al punto y reinventar la rueda con lo bien definido que ha estado siempre el punto y redondita la rueda. Pues no, hay que estar constantemente volviendo la vista atrás para cuestionar lo incuestionable y en consecuencia perder vilmente el tiempo.
Ahí lo dejo que me enredo.
Pues que el conde ese lleva mas razón que un santo, por obvio, si bien me permito cierta matización.
Por ejemplo, cuando dos personas civilizadas, al menos leídas y ya no te digo si viajadas, entran en debate por disparidad de criterios la gracia del debate no está en acordar si la noche sigue al día o viceversa sino en exponer ambos sus razones y ser capaces de discernir cómo es posible que a uno le parezca que la noche sigue al día mientras que para el otro la secuencia es al revés siendo el día el que sigue a la noche. Cuestión de percepciones.
Lo insólito de nuestros días es que no hay interés por entrar en ese tipo de debate, menos aún en escuchar las razones del otro para entender el porqué de sus percepciones, la diatriba se enfocará en cuestionar la definición del día y la noche e imponérsela al otro, porque todo es discutido y discutible, eso es lo democrático, y por ende no podrá haber punto de encuentro ni consenso toda vez que el objeto de la discusión es una soberana majadería propia de estúpidos paletos indocumentados, poco o nada viajados. Lo que debiera ser una cuestión de percepciones se transforma en cuestión de definiciones incuestionables.
Vivimos tiempos extraños, y los modernos se han inventado un palabro para expresar que hay que escuchar a los demás, empatizar, cuando toda la vida de dios se ha dicho escuchar; ya son ganas de darle vueltas al punto y reinventar la rueda con lo bien definido que ha estado siempre el punto y redondita la rueda. Pues no, hay que estar constantemente volviendo la vista atrás para cuestionar lo incuestionable y en consecuencia perder vilmente el tiempo.
Ahí lo dejo que me enredo.