Mensaje por oscashooter » 13 Jun 2018 10:09
Hipocresía y "crónica escrita a medida" por los esbirros de pluma de los vencedores. La guerra, lejos de ser el "estado natural del hombre" es, sin embargo, una situación frecuente en la historia de la humanidad en la que se desatan las pasiones y se imponen a toda razón. En estas situaciones, aflora lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, y encontramos desde actos de un heroísmo y sacrificio inauditos, hasta los crímenes más abyectos.
Se dirá que todo depende de lo que podemos definir como "catadura moral" de las personas; pero no es del todo cierto. Situaciones límite, sentimientos de supervivencia o venganza, creencias arraigadas y un maniqueísmo que sin duda lo preside todo: "buenos o malos" actúan como una especie de marco "sobrevenido" en que los valores, los principios y la razón misma se retiran para dejar paso al sentimiento pasional, la lucha por la supervivencia, el atavismo tribal con filias y fobias del grupo al que se pertenece.
No sirven, tampoco y para nada, las "explicaciones" interesadas y simplistas que algunos esgrimen desde raíces dudosamente filosóficas que tratan de hacer brotar determinadas actitudes de la ideología subyacente en las sociedades implicadas. Hablar del "racismo" alemán, por ejemplo, dejando a un lado lo que fue -y en parte es todavía- el latente en los EE.UU. o la feroz diferencia de clases, esgrimida y mantenida en Gran Bretaña entre los cokney lo los gentleman, es pecar de simple o tratar de confundir. Tampoco la estructura del estado y su concepción lo justifican: el que para la filosofía alemana el Estado sea "anterior y esté por encima" de la voluntad de los propios individuos, o el que en los EE.UU. se parta del "contrato social" y se canten las loas a la "libertad" en abstracto, no significa, de por sí, nada en absoluto: esos "propagandistas de la libertad" son los autores de hechos y frases como "el indio bueno es el indio muerto" de los tiempos de Custer, al "España es responsable" cuando vuela el "Maine" y ya tienen su cassus belli para intervenir a fondo en Cuba, o ese "el alemán bueno es el alemán muerto" mientras, sin problema de conciencia, bombardean a fondo las ciudades alemanas o lanzan dos bombas atómicas sobre Japón. Los mismos, no lo olvidemos, que también rocían Vietnam con "agente naranja" (a despecho de la salud incluso de sus propios soldados) o lo riegan con napalm.
La guerra, y más cuando se le añade un alto componente pasional, es una situación de excepción, una en la que todo se mueve, muta, se exacerba y, como se apuntaba, aflora lo más extremo y peor de la naturaleza humana. No existen esos buenos y malos, sino hechos vergonzosos de unos y otros, y si generalizamos, si señalamos con el dedo sólo en una dirección, además de poco objetivos y nada honestos, estamos alentando esa diferencia, ese odio o aversión latentes que son, inevitablemente, terreno abonado para que las atrocidades vuelvan a repetirse.
Hipocresía y "crónica escrita a medida" por los esbirros de pluma de los vencedores. La guerra, lejos de ser el "estado natural del hombre" es, sin embargo, una situación frecuente en la historia de la humanidad en la que se desatan las pasiones y se imponen a toda razón. En estas situaciones, aflora lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, y encontramos desde actos de un heroísmo y sacrificio inauditos, hasta los crímenes más abyectos.
Se dirá que todo depende de lo que podemos definir como "catadura moral" de las personas; pero no es del todo cierto. Situaciones límite, sentimientos de supervivencia o venganza, creencias arraigadas y un maniqueísmo que sin duda lo preside todo: "buenos o malos" actúan como una especie de marco "sobrevenido" en que los valores, los principios y la razón misma se retiran para dejar paso al sentimiento pasional, la lucha por la supervivencia, el atavismo tribal con filias y fobias del grupo al que se pertenece.
No sirven, tampoco y para nada, las "explicaciones" interesadas y simplistas que algunos esgrimen desde raíces dudosamente filosóficas que tratan de hacer brotar determinadas actitudes de la ideología subyacente en las sociedades implicadas. Hablar del "racismo" alemán, por ejemplo, dejando a un lado lo que fue -y en parte es todavía- el latente en los EE.UU. o la feroz diferencia de clases, esgrimida y mantenida en Gran Bretaña entre los cokney lo los gentleman, es pecar de simple o tratar de confundir. Tampoco la estructura del estado y su concepción lo justifican: el que para la filosofía alemana el Estado sea "anterior y esté por encima" de la voluntad de los propios individuos, o el que en los EE.UU. se parta del "contrato social" y se canten las loas a la "libertad" en abstracto, no significa, de por sí, nada en absoluto: esos "propagandistas de la libertad" son los autores de hechos y frases como "el indio bueno es el indio muerto" de los tiempos de Custer, al "España es responsable" cuando vuela el "Maine" y ya tienen su cassus belli para intervenir a fondo en Cuba, o ese "el alemán bueno es el alemán muerto" mientras, sin problema de conciencia, bombardean a fondo las ciudades alemanas o lanzan dos bombas atómicas sobre Japón. Los mismos, no lo olvidemos, que también rocían Vietnam con "agente naranja" (a despecho de la salud incluso de sus propios soldados) o lo riegan con napalm.
La guerra, y más cuando se le añade un alto componente pasional, es una situación de excepción, una en la que todo se mueve, muta, se exacerba y, como se apuntaba, aflora lo más extremo y peor de la naturaleza humana. No existen esos buenos y malos, sino hechos vergonzosos de unos y otros, y si generalizamos, si señalamos con el dedo sólo en una dirección, además de poco objetivos y nada honestos, estamos alentando esa diferencia, ese odio o aversión latentes que son, inevitablemente, terreno abonado para que las atrocidades vuelvan a repetirse.