Mensaje por santiagoruiz » 02 May 2008 02:35
Quinina
Durante cientos de años se utilizó la Quinina, producto de la corteza del árbol de la quina, originario del Perú, y utilizado desde antes del Imperio de los Incas para combatir los estados febriles.
Los antiguos peruanos la utilizaron en su forma natural, restregando o cubriendo las heridas con la corteza del tronco de la quina molida.
En el siglo XV, los descubridores españoles llevaron a Europa "la maravilla que curaba todas las enfermedades", que se utilizó desde entonces en este continente, aunque en el Perú se empleaba ya desde hace miles de años.
En 1820, es descubierto un método para extraer la quinina y la cinchonida, que era otra droga proporcionada por el árbol.
Desde ese año, se comenzaron a utilizar esas drogas en vez de la corteza propiamente dicha, tal cual se había estado haciendo desde tiempos inmemorables.
A partir de 1930, se desarrollaron las primeras drogas antimaláricas, aunque la quinina se siguió utilizando hasta la Segunda Guerra Mundial con ese propósito.
La malaria llegó a tener niveles epidémicos entre las tropas Aliadas en el Pacífico.
Actualmente, se sigue utilizando para combatir la malaria, también en contra de los calambres musculares como sulfato de quinina ("Circonyl de Pharma") y hasta en cosmetología.
Su contraparte alemana
Atabrina
Mientras tanto, en Alemania fue inventada una droga sintética que fue utilizada desde antes de la guerra para combatir ese mal.
La droga se vendía con el nombre de Atabrina.
Esa droga tenía efectos secundarios -probablemente por causa de la poca experimentación relacionada con las dosis-, tales como dolores de cabeza, náuseas, vómitos y, en algunos casos, hasta producía psicosis temporales.
No obstante, la pastillita amarilla era muy efectiva contra la malaria, y por tanto los médicos obligaban la ingesta de la droga a los soldados, en especial en el Pacífico y otras áreas endémicas como la zona central de Italia.
[b]Quinina [/b]
Durante cientos de años se utilizó la Quinina, producto de la corteza del árbol de la quina, originario del Perú, y utilizado desde antes del Imperio de los Incas para combatir los estados febriles.
Los antiguos peruanos la utilizaron en su forma natural, restregando o cubriendo las heridas con la corteza del tronco de la quina molida.
En el siglo XV, los descubridores españoles llevaron a Europa "la maravilla que curaba todas las enfermedades", que se utilizó desde entonces en este continente, aunque en el Perú se empleaba ya desde hace miles de años.
En 1820, es descubierto un método para extraer la quinina y la cinchonida, que era otra droga proporcionada por el árbol.
Desde ese año, se comenzaron a utilizar esas drogas en vez de la corteza propiamente dicha, tal cual se había estado haciendo desde tiempos inmemorables.
A partir de 1930, se desarrollaron las primeras drogas antimaláricas, aunque la quinina se siguió utilizando hasta la Segunda Guerra Mundial con ese propósito.
La malaria llegó a tener niveles epidémicos entre las tropas Aliadas en el Pacífico.
Actualmente, se sigue utilizando para combatir la malaria, también en contra de los calambres musculares como sulfato de quinina ("Circonyl de Pharma") y hasta en cosmetología.
[b]Su contraparte alemana[/b]
[b]Atabrina [/b]
Mientras tanto, en Alemania fue inventada una droga sintética que fue utilizada desde antes de la guerra para combatir ese mal.
La droga se vendía con el nombre de Atabrina.
Esa droga tenía efectos secundarios -probablemente por causa de la poca experimentación relacionada con las dosis-, tales como dolores de cabeza, náuseas, vómitos y, en algunos casos, hasta producía psicosis temporales.
No obstante, la pastillita amarilla era muy efectiva contra la malaria, y por tanto los médicos obligaban la ingesta de la droga a los soldados, en especial en el Pacífico y otras áreas endémicas como la zona central de Italia.