Mensaje por TEIDE » 22 Oct 2008 00:57
De verdad Buscador llevo semanas viendo tus hilos y he tratado de no decir nada, pero ya no puedo mas.
ME PONES MALO
Estando en la mili tenía un compañero con la misma manía que tu, era un hombretón de 19 años 1,85 de alto y 90 kilos bien repartidos, simpático y educado.
Iba recogiendo todas las cosas desconocidas que encotraba tiradas por San Gregorio, Chinchilla y El Palancar.
Pues faltándole un par de meses de mili un sábado por la tarde escuchamos un estampido en la nave dormitorio de la sección de armas de apoyo, hubo un silencio en la compañía e inmediatamente se empezaron a escuchar los gritos mas terribles que he oido nunca, lo recuerdo y tiemblo y eso que han pasado veinte años.
En unos segundos pasaron tres o cuatro compañeros que lo llevaban en volandas mientras seguía gritando, su cara era una masa de carne molida y sus manos habían desaparecido, en su lugar colgaban jirones de tendones y huesos sin forma.
A los cinco minutos volvió uno de los que lo había llevado al botiquín del acuartelamiento, diciendo que el capitán médico le había pedido que volviese a la compañía a recoger todos los dedos y trozos grandes que encontrase para posibles injertos y que los siguiese hacia el hospital en otro coche.
Este chico cuya ilusión era ser policía como su padre, si consiguió superar la depresión que siguió a las múltiples operaciones de reconstrucción, con suerte estará en un kiosko de la ONCE.
La nave tenía como doscientos metros cuadrados y habían dedos, trozos de hueso, grasa y piel por todas partes, techo, ventanas camas, taquillas... todo.
Lo mas curioso es que eso lo hizo la simple espoleta de una bomba de mano.
De modo que POR FAVOR haz lo que quieras con tu cuerpo, pero deja de exhibirte, porque a mi solo me recuerdas a los guiñapos de carne que tuve que quitar de mi caña para acostarme esa noche con un terrible olor a cerdo quemado que tardó semanas en quitarse.
Saludos.
De verdad Buscador llevo semanas viendo tus hilos y he tratado de no decir nada, pero ya no puedo mas.
ME PONES MALO
Estando en la mili tenía un compañero con la misma manía que tu, era un hombretón de 19 años 1,85 de alto y 90 kilos bien repartidos, simpático y educado.
Iba recogiendo todas las cosas desconocidas que encotraba tiradas por San Gregorio, Chinchilla y El Palancar.
Pues faltándole un par de meses de mili un sábado por la tarde escuchamos un estampido en la nave dormitorio de la sección de armas de apoyo, hubo un silencio en la compañía e inmediatamente se empezaron a escuchar los gritos mas terribles que he oido nunca, lo recuerdo y tiemblo y eso que han pasado veinte años.
En unos segundos pasaron tres o cuatro compañeros que lo llevaban en volandas mientras seguía gritando, su cara era una masa de carne molida y sus manos habían desaparecido, en su lugar colgaban jirones de tendones y huesos sin forma.
A los cinco minutos volvió uno de los que lo había llevado al botiquín del acuartelamiento, diciendo que el capitán médico le había pedido que volviese a la compañía a recoger todos los dedos y trozos grandes que encontrase para posibles injertos y que los siguiese hacia el hospital en otro coche.
Este chico cuya ilusión era ser policía como su padre, si consiguió superar la depresión que siguió a las múltiples operaciones de reconstrucción, con suerte estará en un kiosko de la ONCE.
La nave tenía como doscientos metros cuadrados y habían dedos, trozos de hueso, grasa y piel por todas partes, techo, ventanas camas, taquillas... todo.
Lo mas curioso es que eso lo hizo la simple espoleta de una bomba de mano.
De modo que POR FAVOR haz lo que quieras con tu cuerpo, pero deja de exhibirte, porque a mi solo me recuerdas a los guiñapos de carne que tuve que quitar de mi caña para acostarme esa noche con un terrible olor a cerdo quemado que tardó semanas en quitarse.
Saludos.