Mensaje por Hoplon » 05 Ene 2021 20:57
Es inútil querer contentar a quienes no se van a contentar nunca.
En estos tiempos de ofendiditos, en los que la opinión de un analfabeto vale los mismos “likes” que la de un genio, y en los que asuntos de género, de orientación sexual, de religión (o ausencia de ella), de raza, de posición económica o logros sociales, nazionanismo, femineras, vegamongers y progredumbre, enturbian cualquier intento de reflexión serena, cabe hacerse –en mi modesta opinión- dos preguntas:
- ¿Es ilegal? Porque si lo es, asumo que han de ser sancionados, pero ¿lo es?
- Sería estupendo trasladar a todos los animalitos a otra finca, a un santuario seguro, avanzado, y solidario, pero eso ¿quién lo paga?
Porque opinar sobre cómo ha de gastarse el dinero de los demás es muy fácil.
A mi la afición a la caza y al tiro me cuestan dinero, que sale de mi bolsillo, como es lógico, pero ¿los animalistas se han planteado asociarse, cobrar una cuota de 500 € al año a sus socios, comprar unas hectáreas de monte, mantenerlo limpio, y llevar allí a todos los animales que no tengan otro sitio? Y digo pagarlo ellos, no pedir una subvención, porque estoy saciado de ver señoras que montan un refugio para gatos (o para gallinas violadas) y luego piden dinero al ayuntamiento.
Me recuerda una famosa fábula de Esopo:
Iba un hombre de viaje con su hijo y su burro. El niño iba montado sobre el burro, mientras que el padres caminaba a su lado. Tras un largo camino, llegaron por fin a un pueblo y, al pasar por sus calles, la gente no paraba de mirarles:
- Pero, ¿has visto? El hijo, que es joven y fuerte va montado en el burro, y su pobre padre, ya viejo, ha de caminar.
El hombre avergonzado, bajó a su hijo del burro y se montó él. Y así, siguieron su camino. Tiempo después llegaron hasta otro pueblo y, de nuevo, la gente no paraba de mirarles y cuchichear:
- ¡Qué horror! El hombre va montado en el burro como si fuera el rey, mientras que deja a su hijo pequeño andando cansado a su lado.
El hombre, avergonzado de nuevo, bajó del burro y comenzó a caminar junto a su hijo y llevando al burro de las riendas.
Un rato después, llegaron hasta otro pueblo y la gente se paraba a mirarles:
- ¡No puede ser! Tienen un burro y van de pie, ¿habrase visto?
Al escuchar esto, el hombre se montó en el burro junto a su hijo y siguieron su camino. Al pasar por el siguiente pueblo la gente comenzó a comentar:
- ¡Es un abuso! El pobre animal ha de cargar con el peso de dos personas.
Al oír los comentarios, el hombre desmontó del burro y bajó a su hijo. Buscaron unas cuerdas y unas varas, hicieron una camilla y subieron al burro para poder cargar con él.
En el siguiente pueblo, no daban crédito:
- ¿Has visto? ¿Pero qué es esto? Un hombre y un niño cargando a un burro.
Entonces, el hombre, harto de todos los comentarios de todo el mundo, desató al burro, subió a su hijo en él y dijo:
- Así salí de mi casa, y así seguiré.
Moraleja: no se puede contentar a todos.
Es inútil querer contentar a quienes no se van a contentar nunca.
En estos tiempos de ofendiditos, en los que la opinión de un analfabeto vale los mismos “likes” que la de un genio, y en los que asuntos de género, de orientación sexual, de religión (o ausencia de ella), de raza, de posición económica o logros sociales, nazionanismo, femineras, vegamongers y progredumbre, enturbian cualquier intento de reflexión serena, cabe hacerse –en mi modesta opinión- dos preguntas:
- ¿Es ilegal? Porque si lo es, asumo que han de ser sancionados, pero ¿lo es?
- Sería estupendo trasladar a todos los animalitos a otra finca, a un santuario seguro, avanzado, y solidario, pero eso ¿quién lo paga?
Porque opinar sobre cómo ha de gastarse el dinero de los demás es muy fácil.
A mi la afición a la caza y al tiro me cuestan dinero, que sale de mi bolsillo, como es lógico, pero ¿los animalistas se han planteado asociarse, cobrar una cuota de 500 € al año a sus socios, comprar unas hectáreas de monte, mantenerlo limpio, y llevar allí a todos los animales que no tengan otro sitio? Y digo pagarlo ellos, no pedir una subvención, porque estoy saciado de ver señoras que montan un refugio para gatos (o para gallinas violadas) y luego piden dinero al ayuntamiento.
Me recuerda una famosa fábula de Esopo:
Iba un hombre de viaje con su hijo y su burro. El niño iba montado sobre el burro, mientras que el padres caminaba a su lado. Tras un largo camino, llegaron por fin a un pueblo y, al pasar por sus calles, la gente no paraba de mirarles:
- Pero, ¿has visto? El hijo, que es joven y fuerte va montado en el burro, y su pobre padre, ya viejo, ha de caminar.
El hombre avergonzado, bajó a su hijo del burro y se montó él. Y así, siguieron su camino. Tiempo después llegaron hasta otro pueblo y, de nuevo, la gente no paraba de mirarles y cuchichear:
- ¡Qué horror! El hombre va montado en el burro como si fuera el rey, mientras que deja a su hijo pequeño andando cansado a su lado.
El hombre, avergonzado de nuevo, bajó del burro y comenzó a caminar junto a su hijo y llevando al burro de las riendas.
Un rato después, llegaron hasta otro pueblo y la gente se paraba a mirarles:
- ¡No puede ser! Tienen un burro y van de pie, ¿habrase visto?
Al escuchar esto, el hombre se montó en el burro junto a su hijo y siguieron su camino. Al pasar por el siguiente pueblo la gente comenzó a comentar:
- ¡Es un abuso! El pobre animal ha de cargar con el peso de dos personas.
Al oír los comentarios, el hombre desmontó del burro y bajó a su hijo. Buscaron unas cuerdas y unas varas, hicieron una camilla y subieron al burro para poder cargar con él.
En el siguiente pueblo, no daban crédito:
- ¿Has visto? ¿Pero qué es esto? Un hombre y un niño cargando a un burro.
Entonces, el hombre, harto de todos los comentarios de todo el mundo, desató al burro, subió a su hijo en él y dijo:
- Así salí de mi casa, y así seguiré.
Moraleja: no se puede contentar a todos.