El Reglamento de Armas español se elaboró originalmente como una serie de medidas no destinadas a regular el uso y disfrute de las armas sino a llevar sobre ellas un férreo control. Leído aún sin sentido crítico se intuye que todo en él está inspirado por el temor y por tanto muchos de sus artículos flotan sobre el vano de la teoría y no de la realidad y del día a día.
Una de las normas que evidencian esto es la necesidad del armero y la imposibilidad, por ejemplo, de que usted, cazador de Bilbao, vaya a una montería o a un campeonato de tiro en Huelva y haga noche fuera de casa.
Muy por el contrario, tras levantarse a la 1,30 de la madrugada y partir de Bilbao a las 2 para llegar siete horas después a su destino (9 de la mañana) y asistir a la cacería o campeonato. Sin solución de continuidad tendrá que volver a casa del tirón por ejemplo tras la montería, partiendo a eso de las 5,30 de la tarde para llegar a las 12,30 de la noche a su casa.
Adivina adivinanza en esta ecuación de horas, armas, armeros y reglamentos, ¿dónde está el fallo?: en la imbecilidad. Si los imbéciles volaran, no veríamos el Sol. Aunque no creo que lo hicieran porque son incapaces de ver ante sus narices situaciones tan normales como la descrita arriba.
– Oiga, Señor jabaliviejo, entonces ¿propugna usted el libre transporte de armas de forma que se contravenga la más elemental norma de seguridad?
– ¡No, hombre! ¿No sabe usted lo que es hacer compatible la seguridad y la libertad de los ciudadanos en una honesta vida cotidiana? ¿No sabe usted que el reglamento de armas no tendría por qué dar lugar a astracanadas como la arriba descrita ni a convertir en delincuentes a ciudadanos cumplidores?
Es tan sencillo como llegar con tu rifle al cuartel más cercano a tu destino y depositar el arma y su guía de pertenencia contra el correspondiente recibo. Ahí te la custodian, tú duermes tranquilo y puedes salir del hotel a tu antojo, para el cuartel no supone menoscabo de sus funciones ni supone más molestia que el guardia de turno compruebe tus datos a la entrega y a la recepción... Y todos tan contentos... Pero la respuesta cuando yo intenté esto fue que "la Guardia Civil no está para eso". Eso sí, con mucho gusto te la dejan en depósito si te sorprenden en el hotel con ella.
Lo dicho, reglamentos imbéciles y alejados de la realidad que hacen delito de la situación cotidiana y delincuentes en aquellos que no quisieran delinquir.