Mensaje por oscashooter » 05 Sep 2019 08:57

La historia es una ciencia, sin duda, englobada en lo que se denomina "ciencias sociales", y como tal ciencia, no te quepa duda, tiene también sus protocolos, sus procedimientos, sus instrumentos, su metodología.
El que su objeto sean hechos protagonizados por personas, como bien apuntas, introduce una buena dosis de subjetividad, tanto en los "testimonios" de los protagonistas o espectadores, como en la interpretación (a menudo "ideológica") de los mismos.
En este sentido, las crónicas o relatos particulares y subjetivos por tanto, adolecen a menudo de la necesaria objetividad para juzgar los hechos. Pero esto, siendo así, no puede ni debe ocultar la verdad: no tu verdad, mi verdad o la del otro, sino la más descarnada, fría, objetiva y ajustada a la realidad. Podrán gustarnos o no algunos hechos, podremos suscribirlos, comprenderlos o condenarlos... pero siguen estando ahí.
Entonces, la cuestión es el "cómo" podemos llegar a esa "verdad" que permita hacerse cabal idea de lo acaecido, la que permita sacar conclusiones y enseñanzas para, como también correctamente apuntas, saber leer el pasado, comprender el presente y... proyectar el futuro,
No existe una varita mágica para todo ello... pero sí un "procedimiento". En primer lugar consiste en orillar, dejar a un lado en lo posible la propia ideología, tratando de que nuestra aproximación a los hechos estudiados sea lo más objetiva posible. En segundo lugar, como apuntábamos, recurrir a las "fuentes", que son los testimonios de los protagonistas, claro que sí... pero, sobre todo, fundamentalmente DOCUMENTALES, y si esos testimonios son de "terceros", en alguna medida externos y desapasionados, tanto mejor. Otro paso importante es el CONTRASTE, el cruzar los testimonios o documentos, no quedarse con el "relato" de uno de los lados, sino ante un mismo hecho, buscar TODA LA DOCUMENTACIÓN existente, recabar los TESTIMONIOS, y ponerlos al servicio de obtener una visión LO MÁS CERCANA POSIBLE a lo que en efecto y de manera incontestable fue la REALIDAD DE LO ACAECIDO.
Es importante, muy importante, y no sólo en historia, DIFERENCIAR ENTRE "INFORMACIÓN", hechos objetivos, contrastados, comprobados, documentados, incontestables, y la "OPINIÓN" o "INTERPRETACIÓN" que pueda hacerse de los hechos.
Presentar los hechos, sin sesgar ni resaltar nada, facilitar los elementos para el conocimiento real y veraz de lo sucedido, dejar que cada cual se forme su propia opinión -documentada y crítica- sobre un hecho histórico, un conjunto de los mismos, una época, es y debe ser la labor de todo historiador riguroso y honesto. Si se "interpreta", debe señalarse, advertirse, quedar claro.
Quien quiera, honradamente, servir a la Historia, trabajarla como la ciencia que es, aprovechar sus lecciones... sin duda debe proceder por la senda que apuntamos. Todo lo que no sea esa aproximación a la realidad, a los hechos, lo más objetiva y desapasionada posible, se alejará de ese quehacer historiográfico, entrará en los terrenos, siempre embarrados, vidriosos, sesgados (aunque también profundamente humanos) de la apología o la demonización, de lo parcial e interesado, de lo sesgado, de los prejuicios (PRE-juicios)
Rigor y honestidad, sin duda, son dos virtudes exigibles a todo historiador.
Un saludo
:-) La historia es una ciencia, sin duda, englobada en lo que se denomina "ciencias sociales", y como tal ciencia, no te quepa duda, tiene también sus protocolos, sus procedimientos, sus instrumentos, su metodología.
El que su objeto sean hechos protagonizados por personas, como bien apuntas, introduce una buena dosis de subjetividad, tanto en los "testimonios" de los protagonistas o espectadores, como en la interpretación (a menudo "ideológica") de los mismos.
En este sentido, las crónicas o relatos particulares y subjetivos por tanto, adolecen a menudo de la necesaria objetividad para juzgar los hechos. Pero esto, siendo así, no puede ni debe ocultar la verdad: no tu verdad, mi verdad o la del otro, sino la más descarnada, fría, objetiva y ajustada a la realidad. Podrán gustarnos o no algunos hechos, podremos suscribirlos, comprenderlos o condenarlos... pero siguen estando ahí.
Entonces, la cuestión es el "cómo" podemos llegar a esa "verdad" que permita hacerse cabal idea de lo acaecido, la que permita sacar conclusiones y enseñanzas para, como también correctamente apuntas, saber leer el pasado, comprender el presente y... proyectar el futuro,
No existe una varita mágica para todo ello... pero sí un "procedimiento". En primer lugar consiste en orillar, dejar a un lado en lo posible la propia ideología, tratando de que nuestra aproximación a los hechos estudiados sea lo más objetiva posible. En segundo lugar, como apuntábamos, recurrir a las "fuentes", que son los testimonios de los protagonistas, claro que sí... pero, sobre todo, fundamentalmente DOCUMENTALES, y si esos testimonios son de "terceros", en alguna medida externos y desapasionados, tanto mejor. Otro paso importante es el CONTRASTE, el cruzar los testimonios o documentos, no quedarse con el "relato" de uno de los lados, sino ante un mismo hecho, buscar TODA LA DOCUMENTACIÓN existente, recabar los TESTIMONIOS, y ponerlos al servicio de obtener una visión LO MÁS CERCANA POSIBLE a lo que en efecto y de manera incontestable fue la REALIDAD DE LO ACAECIDO.
Es importante, muy importante, y no sólo en historia, DIFERENCIAR ENTRE "INFORMACIÓN", hechos objetivos, contrastados, comprobados, documentados, incontestables, y la "OPINIÓN" o "INTERPRETACIÓN" que pueda hacerse de los hechos.
Presentar los hechos, sin sesgar ni resaltar nada, facilitar los elementos para el conocimiento real y veraz de lo sucedido, dejar que cada cual se forme su propia opinión -documentada y crítica- sobre un hecho histórico, un conjunto de los mismos, una época, es y debe ser la labor de todo historiador riguroso y honesto. Si se "interpreta", debe señalarse, advertirse, quedar claro.
Quien quiera, honradamente, servir a la Historia, trabajarla como la ciencia que es, aprovechar sus lecciones... sin duda debe proceder por la senda que apuntamos. Todo lo que no sea esa aproximación a la realidad, a los hechos, lo más objetiva y desapasionada posible, se alejará de ese quehacer historiográfico, entrará en los terrenos, siempre embarrados, vidriosos, sesgados (aunque también profundamente humanos) de la apología o la demonización, de lo parcial e interesado, de lo sesgado, de los prejuicios (PRE-juicios)
Rigor y honestidad, sin duda, son dos virtudes exigibles a todo historiador.
Un saludo