Mensaje por Papertó » 15 Jul 2017 18:42
Algunas consideraciones acerca de la logística del ejército cristiano antes de la batalla:
Cada caballero, pesadamente armado, llevaba a su cargo 4 monturas: Un caballo de guerra (destrier) para el combate, un palafrén que montaba en el viaje, un caballo montado por su escudero y una mula para cargar con las armas y enseres. Con éstos datos, nos encontraremos con 12.000 caballos y 4.000 acémilas. Dado que un caballo de guerra consumía unos 14 kgs. de heno o pasto diarios y 5 kgs. de avena o cebada + 35 litros de agua/día, vemos que hacen falta 80.000 kgs./día de grano que por 27 días de viaje desde Toledo hasta la batalla suponen una carga de 2.170 toneladas sólo para alimentar ése ganado.
Calculando que una bestia de carga puede transportar entre 100 y 150 kgs durante una jornada de marcha, se requerirían 14.400 animales de carga. Sumando un mínimo de 18.000 kgs/día de comida para los hombres (a razón de 1,5 kgs de alimento persona/día) al cabo de 27 jornadas supone 486.000 toneladas que debían ser transportadas por otras 3.240 acémilas. En total 17.600 animales sólo para el aprovisionamiento de monturas y hombres. A esto habría que añadir las necesarias para llevar armas, tiendas de campaña, herramientas, vino, carnes, productos perecederos, ... Y además habría que añadir las bestias necesarias para acarrear la comida de las propias bestias de carga. Aparte de ello, se habría tenido que transportar 600 tiendas para 20 hmbres con un peso unitario de 50 kgs. lo cual implica otras 200 mulas más.
El total general ascendería a 20.000/25.000 acémilas. Las 60.000 bestias de carga que repartió Alfonso VIII según el Arzobispo de Toledo puede parecer una exageración pero da una idea de la magnitud de aquélla expedición.
Como para repetir esto en los tiempos actuales. Ya no hay hombres como aquellos.
Algunas consideraciones acerca de la logística del ejército cristiano antes de la batalla:
Cada caballero, pesadamente armado, llevaba a su cargo 4 monturas: Un caballo de guerra (destrier) para el combate, un palafrén que montaba en el viaje, un caballo montado por su escudero y una mula para cargar con las armas y enseres. Con éstos datos, nos encontraremos con 12.000 caballos y 4.000 acémilas. Dado que un caballo de guerra consumía unos 14 kgs. de heno o pasto diarios y 5 kgs. de avena o cebada + 35 litros de agua/día, vemos que hacen falta 80.000 kgs./día de grano que por 27 días de viaje desde Toledo hasta la batalla suponen una carga de 2.170 toneladas sólo para alimentar ése ganado.
Calculando que una bestia de carga puede transportar entre 100 y 150 kgs durante una jornada de marcha, se requerirían 14.400 animales de carga. Sumando un mínimo de 18.000 kgs/día de comida para los hombres (a razón de 1,5 kgs de alimento persona/día) al cabo de 27 jornadas supone 486.000 toneladas que debían ser transportadas por otras 3.240 acémilas. En total 17.600 animales sólo para el aprovisionamiento de monturas y hombres. A esto habría que añadir las necesarias para llevar armas, tiendas de campaña, herramientas, vino, carnes, productos perecederos, ... Y además habría que añadir las bestias necesarias para acarrear la comida de las propias bestias de carga. Aparte de ello, se habría tenido que transportar 600 tiendas para 20 hmbres con un peso unitario de 50 kgs. lo cual implica otras 200 mulas más.
El total general ascendería a 20.000/25.000 acémilas. Las 60.000 bestias de carga que repartió Alfonso VIII según el Arzobispo de Toledo puede parecer una exageración pero da una idea de la magnitud de aquélla expedición.
Como para repetir esto en los tiempos actuales. Ya no hay hombres como aquellos.