Mensaje por Brasilla » 02 Abr 2018 11:07
Expedición de Belgrano al Paraguay ( III )
Nombramiento como Brigadier
Después de cruzar el río Tebicuary, Belgrano se detuvo durante tres días en Santa Rosa. Allí recibió su nombramiento como "Brigadier de ejército" en atención a los méritos y heroicidad. Por extraña casualidad, el nombramiento estaba fechado el mismo día de la batalla de Paraguarí. Años después, Belgrano comentaría en sus Memorias:
"[...] esto me puso en la mayor consternación, así porque nunca pensé trabajar por intereses ni distinciones, como porque preví la multitud de enemigos que debía acarrearme: así que contesté a mis amigos que lo sentía más que si me hubieran dado una puñalada". Belgrano, Memorias en (Molas, 1867, p. 398, volumen XIII) Estrategia de Belgrano
Elección del punto de resistenciaEstando en Santa Rosa, a 4 km al sur del río Tebicuary, Belgrano temió quedar aislado si los enemigos lo separaban del río Paraná. Decidió entonces retroceder hacia ese río y esperar allí la ayuda que había pedido para retomar nuevamente la ofensiva. De las opciones que tenía, eligió defenderse en el paso del río Tacuarí y no en Itapúa, por las ventajas topográficas que ofrecía aquel lugar.
Pedido y envío de refuerzosBelgrano pidió la ayuda de 200 hombres al teniente coronel Martín Galain, que se dirigía a la Banda Oriental. La junta de Buenos Aires le anunció el envió de 700 hombres que ya estaban en Santa Fe y, sin tener en cuenta la opinión de Belgrano sobre la capacidad de las tropas correntinas, el 14 de febrero ordenó al teniente gobernador de Corrientes Elías Galván que enviara 200 hombres hacia Candelaria. Belgrano no confiaba en Galván, de quien decía "en este jefe más he visto expresiones en papel que obras".
El 17 del mismo mes, Belgrano también pidió a Galván un rápido auxilio en recursos debido a la difícil situación de su ejército. Dieciséis días después, el 5 de marzo, en un oficio a Ángel Fernández Blanco, Belgrano se quejó "del poco patriotismo de los vecinos de Corrientes" que no querían enviar lo solicitado sin antes recibir el pago correspondiente. Esto se debía a que l as noticias que llegaban desde Itapúa a Corrientes eran alarmantes. Afirmaban que Belgrano estaba rodeado en Tacuarí y que patrullas paraguayas habían ocupado Trinidad, un pueblo ubicado en su retaguardia, a solo 32 km al noreste de Itapúa.
La Junta preparó otros 600 hombres al mando de José de Moldes, que debían salir de Buenos Aires a comienzos de marzo. Por otro lado envió tres buques para controlar el río Paraná y ayudar a Belgrano, pero esa fuerza naval fue aniquilada por la flota proveniente de Montevideo al mando de Jacinto de Romarate el 2 de marzo, frente a San Nicolás de los Arroyos. Esto complicó además el suministro de soldados y pertrechos que debían cruzar el río Paraná frente a La Bajada.
Asegurar la retirada al otro lado del río ParanáGregorio Perdriel fue enviado con 100 hombres a Candelaria para que, en coordinación con Rocamora ubicado en Itapúa con 150 hombres, aseguraran la logística que venía desde La Bajada, ya que la flotilla paraguaya que merodeaba por la zona había cortado la provisión de ganado desde Corrientes ocupando además el puerto de San José frente a Itapúa.
DesercionesDurante la retirada hacia el río Tacuarí, el 20% de las fuerzas que había enviado Rocamora desertaron, la mayoría de ellos armados. Belgrano distribuyó a los restantes entre los regimientos de Patricios y Arribeños, los equipó con uniformes y cambió los jefes que los mandaban, según Belgrano, "como animales". Pese a todo, las deserciones continuaron y Belgrano informó a la junta que no podía contar con los correntinos ni con los naturales guaraníes que integraban las fuerzas de Rocamora. También desertaron soldados de otros regimientos, entre ellos los de Perdriel. Cuando el regimiento Patricios llegó a Candelaria varios soldados y sargentos aprovecharon la oportunidad para desertar. Esta "canalla sin honor ha acreditado su cobardía" afirmó Perdriel y los acusó de "desertar porque querían" dado que los tenía "bien suplido [de] mucho dinero". El atraso en los pagos de los salarios (prest) era una de las principales causas de deserción e indisciplina.
Belgrano pidió a Fernández Blanco que detuviera en Corrientes, "con la debida reserva", a los desertores y los enviara a Santa Fe. Dos días antes de la batalla de Tacuarí, Belgrano informó nuevamente que solo podía contar con los soldados de Buenos Aires, "ya por su instrucción y [solo] en algunos (sic) por su entusiasmo patriótico". De los naturales proveniente de las Misiones dijo que eran como los paraguayos, y menciona que ante disparos intrascendentes del enemigo, habían abandonado su posición. Finalmente prometió que enviaría la cantidad de soldados que tenía una vez depurada las cifras de las deserciones producidas.
Se hace evidente que la deserción jugó un rol considerable como limitante estructural que hizo inviable ciertos caminos militares [...] el avance terrestre sobre Lima por el Alto Perú, el sometimiento del Paraguay, así como puso en jaque al dominio de Buenos Aires sobre las provincias.(Rabinovich, 2013, p. 74)
Estrategia de VelascoLa idea directriz del gobernador Velasco era expulsar a Belgrano más allá del río Paraná y abrir la vía de comunicación con Montevideo y Portugal. Para realizar esta operación al más bajo costo, utilizó la táctica de la persecución indirecta, que consiste en evitar choques frontales y en adelantarse por el flanco enemigo buscando permanentemente su retaguardia, obligándolo a retroceder para evitar ser cortado y envuelto. Otro de sus objetivos era salir lo antes posible del estado de movilización que agobiaba la economía provincial y desmantelar el creciente poder político del grupo militar de los capitanes-estancieros.
Al constatar Cabañas que la detención de las fuerzas invasoras en Tacuarí no era una pausa en su retirada, envió un ultimátum a Belgrano, y para presionarlo le hizo conocer que estaba al tanto de todas sus dificultades estratégicas:
"Ya sabemos los refuerzos que tiene, y también sabemos, que ya no podrá tener ni más refuerzo ni más tiempo [...] humíllese al que puede justamente, y no quiera probar [por] segunda vez el rigor de las armas, no solo por lo amargo, le prevengo, sino porque su suerte no es para ello [...] le reconvengo para que se rinda con las armas y tropa que en su nombre manda asegurándole las vidas y buen trato [...]". Cabañas a Belgrano en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 453, tomo IV)
Belgrano rechazó este ultimatum.El 7 de marzo de 1811, mientras Cabañas completaba los detalles finales para librar la batalla de Tacuarí, salía desde la lejana Buenos Aires un oficio de la Junta en el cual ordenaba a Belgrano que diera por terminada la campaña y repasara el Paraná rumbo al sur, hacia el Arroyo de la China. Esta orden recién llegaría a Belgrano el 21 de marzo.
La batallaEl teniente coronel Cabañas conocía el paso del río Tacuarí y sabía que era imposible forzarlo con un ataque frontal ante un enemigo que se protegía detrás y que había tenido un mes para organizar su defensa y reglar la artillería. Construyó entonces un puente a 10 km al norte y encargó al comandante Juan M. Gamarra, que había llegado con refuerzos, dirigir un ataque de envolvimiento sobre el ala derecha de Belgrano. Al mismo tiempo, por el ala izquierda y el centro enemigo, planeó ataques distractivos para confundir y ocultar la dirección del ataque principal.
Primera faseHoras antes de la medianoche del 8 de marzo de 1811, las fuerzas de Cabañas, unos 1000 hombres con 6 cañones, comenzaron su marcha hacia el puente recién construido. Luego de cruzar el río Tacuarí, avanzaron de norte a sur abriendo una picada en los montes que bordeaban el río, y llegaron al amanecer a la capilla del pequeño pueblo de Tupá-ra'ý. En ese lugar, ubicado al norte de las posiciones de Belgrano, se fundaría en 1843 la ciudad de Carmen del Paraná. Patrullas de caballería fueron enviadas para detectar si existían tropas de apoyo de Rocamora en el camino del Tacuarí a Itapúa.
Una hora antes de que esas fuerzas llegaran a Tupá-ra'ý, y como primera sorpresa para Belgrano —que no fue informado de la aproximación del enemigo— comenzó el ataque de 4 botes y canoas que habían subido por el río Tacuarí desde el Paraná al mando de Ignacio Aguirre. Al mismo tiempo, por el centro, el grueso de la artillería paraguaya y la fusilería al mando de Juan Antonio Caballero, más tres compañías de lanceros al mando de Pedro Pablo Miers, simulaban su intención de tomar el paso a viva fuerza. Salvo la sorpresa inicial, las fuerzas de Belgrano no tuvieron ningún problema con el ataque por el río, que fue neutralizado por el capitán Celestino Vidal. Por el centro no había nada que temer porque era el punto más fuerte del sistema defensivo.
Segunda fase
Batalla de Tacuarí.Belgrano tuvo una segunda sorpresa cuando le informaron que gran cantidad de tropas enemigas en formación de combate avanzaban por su ala derecha. Al no haber previsto esta acción por el ala norte, todo su sistema defensivo colapsó. Machain abandonó rápidamente su posición en el centro y con unos 126 hombres y dos cañones se dirigió hacia Tupá-ra'ý y, aprovechando el monte y unas islas en los claros, se instaló en los bordes pudiendo frenar el avance enemigo y dilatar el combate. Pero, rodeado por la caballería enemiga, que además capturó su artillería, el ataque frontal de la infantería paraguaya no le dejó otra opción que rendirse con casi todos sus hombres. Las fuerzas de Cabañas capturaron además dos cañones, un carro capuchino, una carreta con abastecimientos y 130 fusiles.
Tercera faseAniquilada la columna de Machain, la caballería de Gamarra avanzó libremente sobre la retaguardia enemiga, cortando el camino a Itapúa y encerrando contra el río Tacuarí a todas las fuerzas de Belgrano. Ante esta maniobra, el grueso de ellas, unos 460 hombres entre oficiales y soldados, según calculó después Belgrano, huyeron hacia Itapúa o se escondieron en los montes, abandonando incluso carretas con municiones, equipos y armas que había enviado Rocamora. El ocultamiento de esta deserción masiva comenzó cuando la Gazeta Extraordinaria del 1 de abril publicó textualmente el parte de Belgrano eliminando la frase
"porque los demás llenos de cobardía y vileza me abandonaron huyendo vergonzosamente". Historiadores argentinos como Mitre (1859), el coronel Ornstein (1941), el coronel Best (1960) y Camogli (2005) tampoco la mencionaron. Mitre, para justificar matemáticamente los escasos 240 hombres que se quedaron con Belgrano, redujo las fuerzas iniciales que defendían Tacuarí de 870 a 400 hombres, es decir, eliminó a los desertores antes que comenzara la batalla. En el apuro, Belgrano nombró a un sargento de artillería catalán como encargado del sector central. Con el resto de las fuerzas que le quedaban, unos 235 soldados entre infantería y caballería, se preparó para enfrentar a las avanzadas de Cabañas que iban completando el cerco.
La batalla estaba decidida, por lo que Cabañas intimó la rendición, la que fue rechazada por Belgrano. Pese al mayor poder de fuego que tenía la fuerza de Belgrano, la artillería paraguaya abrió una brecha por donde se infiltró la caballería del capitán Pedro José Genes. En su cuartel, ubicado en el casco de la estancia de los Anzoátegui, se quemaron "con el mayor sigilo posible" todos los papeles comprometedores. Belgrano ordenó que, en un montículo llamado después Cerrito de los Porteños, se levantase una bandera de parlamento y envió a José Alberto Cálcena y Echeverría, tío de Cabañas, con una propuesta en la que pedía la capitulación con el compromiso de abandonar el Paraguay. Habían pasado más de 14 horas desde que las fuerzas de Cabañas habían comenzado la maniobra envolvente sobre la posición de Tacuarí.
CapitulaciónEl mismo día de la batalla, Cabañas envió a Belgrano la nota con las condiciones de la capitulación:
"Habiéndose presentado el parlamentario don José Alberto de Echeverría, proponiendo de parte del señor general del ejército, el que respecto a que había solo venido no a hostilizar la provincia del Paraguay, sino a auxiliarla, de lo que ha resultado varias hostilidades, se retiraría al otro lado del Paraná con su ejército, y les dejaría la provincia evacuada de toda invasión, he resuelto, yo comandante en jefe de las tropas del Paraguay, convenir a que siempre y cuando se convenga no hacer más hostilidades de armas, conceder a la proposición hecha por dicho parlamentario, bajo de dicho seguro principiaría a marchar desde mañana diez del corriente. Campo de batalla de Tacuari, 9 de marzo de 1811", en(Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 481)Belgrano dio su conformidad, firmó de puño y letra el original y lo remitió a Cabañas. Al día siguiente comenzó a dar cumplimiento a su compromiso de evacuar la provincia de toda invasión.
El general cordobés José María Paz, en su comentario sobre esta acción, dijo:
Efectivamente, no debió escapar ninguno, ni el general mismo. Los paraguayos [...] que, por otra parte, no estaban enconados con el ejército, porque no había cometido desórdenes, no quisieron un triunfo completo y otorgaron una capitulación, que no podían esperar los vencidos, quien aceptó que se retirara con todas sus fuerzas al otro lado del Paraná.(Paz, 1855, p. 356)
Intercambio epistolar entre Belgrano y CabañasMientras su ejército permanecía rodeado por fuerzas paraguayas, Belgrano firmó de conformidad la capitulación propuesta por Cabañas, quien le franqueó el paso para que sus tropas repasaran el río Paraná con todas sus armas y pertrechos. Esta decisión de Cabañas sería criticada después en Asunción pese a su aprobación por parte del gobernador Velasco.
En su nota del 9 de marzo de 1811, Belgrano sostuvo: Me conformo en todas sus partes con cuanto usted me significa en su oficio de este día y al efecto daré principio a mi marcha mañana, pero si usted gustase que adelantemos más la negociación para que la Provincia se persuada de que mi objeto no ha sido conquistarla, sino facilitarle medios para sus adelantamientos, felicidad y comunicaciones con la capital [Buenos Aires], sírvase decírmelo, y le haré mis proposiciones[...]. Belgrano a Cabañas en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 482, tomo III, vol. 1)
Al día siguiente Belgrano envió ocho proposiciones a Cabañas: En la primera "ofreció": paz, unión, confianza y, lo más importante, "franco y liberal comercio de todos los frutos de la provincia". Se aclaró puntualmente "incluso el tabaco". Debe recordarse que tanto Cabañas como Yegros eran grandes productores y acopiadores de tabaco.
En la segunda "pidió": Como la provincia del Paraguay, según Belgrano, "ignora" lo que pasa en España e ignora también que las provincias del Río de la Plata están "ya unidas y en obediencia a la capital", la junta de Buenos Aires pide que el Paraguay envíe diputados y "se una y guarde el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana" de Fernando VII.
En la tercera señaló lo que el Paraguay "debía hacer": nombrar una Junta en Asunción con el gobernador Velasco [sic] como presidente de la misma. El objetivo sería "conservar la monarquía española en estos dominios de Su Majestad el señor don Fernando VII". A tal objeto adjuntó un ejemplar de la Gazeta de Buenos Aires del 14 de febrero de 1811 en la cual se publicó el Reglamento del día 10 de ese mes por el cual la Junta Grande establecía "juntas" en las ciudades principales y subalternas.
Las demás propuestas tenían que ver con hechos inherentes a la propia campaña militar: destino de los prisioneros, colaboracionistas, pago de caballos y ganado consumidos, etc.Cuatro días después Belgrano justificó ante la junta de Buenos Aires los motivos que lo llevaron a realizar estas propuestas que contradecían las "Instrucciones" dadas por aquella y sus propias convicciones. Luego de reiterar nuevamente la ignorancia de los paraguayos, tanto de los dirigentes como del pueblo, de caracterizarlos como "interesados" y de que sobre todo aman, en un grado inexplicable, "sus vacas y caballos" escribe:
[...] traté de formar el papel que acompaño con el número uno [se refiere a la nota de las propuestas] [...] [a pesar] de que hay en él cosas que a mi mismo me eran dolorosas apuntarlas [escribirlas], por tal de atraerlos, ya que con mis fuerzas, ni con las que he pedido [...] podía vencerles. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol. 1)Una de esas "cosas" era el punto tercero de su propuesta donde Belgrano se había excedido en sus "facultades" nombrando a Velasco como presidente de la Junta a constituirse en Asunción siendo esta prerrogativa de exclusiva incumbencia de la Junta Grande según lo establecía el Reglamento del 10 de febrero de 1811 en sus artículos 5° y 6°.
Cabañas acusó el recibo del "papel" (sic) enviado por Belgrano y manifiestó:
Que su autoridad era "limitada" y por lo tanto no podía resolver "ninguna" de las proposiciones de Belgrano. Esto significaba que Belgrano debía tratar estos asuntos con Velasco.
No obstante dice "mi patria merece se le dé satisfacción", por acciones pasadas de la provincia que ha auxiliado al Río de las Plata las "veces que lo ha pedido" [se refiere a las invasiones inglesas] y que lejos de reconocer esos méritos y respeto se la "compensa [expresión irónica de Cabañas] con un ejército auxiliador que jamás ha pedido".
Respecto al tratamiento de prisioneros y colaboracionistas se redujo sucintamente a "asegurar" un buen suceso siempre que se "sepulte" toda invasión [misma expresión usada en la nota de capitulación] entre las "dos provincias" lo que "suavizará la justicia que algunos merecen". De acuerdo con la posición del Congreso del 24 de julio de 1810, Cabañas reduce la "capital" de Belgrano a una "provincia" equivalente a la del Paraguay y advierte que solo el cese de futuras hostilidades beneficiará a algunos prisioneros ante la justicia pero solo a "algunos".
La respuesta de Cabañas la dató, significativamente, en "Campo de batalla de Tacuarí, marzo 10 de 1811" explicitando que había quedado como dueño del mismo.104
Dos días tardó Belgrano en responder a Cabañas. En ella trató de recuperar posiciones neutralizando "con energía":
a) Sobre el pedido directo de satisfacción [reparación] que según Cabañas debía dar el gobierno de Buenos Aires por sus acciones contra la provincia del Paraguay, Belgrano manifestó que este tipo de pretensiones incentivaba la guerra civil y que el "gobierno superior" de todas las provincias no podía dar "satisfacción" a una de sus provincias "dependientes" por errores que la misma provincia había cometido.
b) La posición igualitaria que proponía Cabañas al mencionar en su oficio a la "capital" como provincia no pasó desapercibida para Belgrano. Discursivamente elevó a la junta de Buenos Aires a la categoría de "gobierno superior" y disminuyó a la provincia del Paraguay definiéndola como "dependiente" o posible "hijo rebelde".Negó además las falsedades que le habían atribuido: la de querer sacar 9000 hombres de la provincia, que era un bandido, para lo cual prometió devolver los ganados y caballos "que existan". Desmintió que las provincias no estuvieran unidas, que el actual gobierno de Buenos Aires no duraría o que allí se estarían matando entre facciones.
Dos días después, ya en Candelaria, mientras esperaba que llegaran las fuerzas correntinas y los medios para dirigirse al Arroyo de la China, Belgrano informó a la Junta sobre estos oficios. Respecto de este último dice:
[procuré] atraerlos a que se unan y mezclen [los paraguayos] con el convencimiento, [o] la energía correspondiente pues, si no nos queda el arbitrio de ir a ellos a fuerza de armas, nos queda el de interceptarles la entrada de ganados y caballos; privarle todo comercio con Montevideo, y hacerles sentir la falta de unión con la capital careciendo del aumento de sus intereses [...] [con Rocamora convenimos en que] la conquista del Paraguay, si acaso no entra por los partidos [propuestas] que he hecho a Cabañas, es obra muy larga, y que siendo Montevideo la raíz del árbol, debemos ir a secarla. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol.1)Este no fue el último oficio entre Belgrano y Cabañas pero será el que fijará las posiciones políticas entre las partes. Las notas que envió Belgrano a la Junta motivó que esta contestara el 25 de marzo de 1811 que estaba satisfecha por "la buena disposición de los oficiales paraguayos en favor de nuestra causa". Pero ni los sentimientos de los oficiales ni el objetivo de Velasco podían justificar el optimismo de Belgrano:
"Su ingenuidad que iba unida a su fanatismo, parecía incurable en lo que concernía al Paraguay [...] Cabañas y Yegros y demás, en sus contactos con Belgrano, ponían el acento solo en la paz y en la amistad entre "las dos provincias" pero en ningún momento [...] que los paraguayos aceptaban obedecer a la junta de Buenos Aires".(Vázquez, 1998, p. 133 y 137)Este pacifismo que demostraron los oficiales paraguayos fue más aparente que real. Se debió a la falta de recursos por el bloqueo comercial y el costo de la guerra y al posible descrédito personal si surgían actos de indisciplina en sus soldados por la falta de pago del prest y la necesidad que tenían estos de volver a sus chacras.
Belgrano esperó en Candelaria la llegada de Velasco al cuartel de Tacuarí para iniciar negociaciones directas. Los días pasaron y Belgrano, desalentado por la falta de respuesta a sus oficios y el cierre de la frontera, acusó nuevamente a los "tales paraguayos" de no haber nacido ni para vasallos del rey sino para esclavos, de ser desconfiados y de "mantenerse a la capa", es decir, a la espera de lo que iba a suceder en Montevideo para decidir después si se unían a la junta de Buenos Aires.
El 23 de marzo de 1811 el ejército comenzó, fraccionadamente, su marcha desde Candelaria hacia la Banda Oriental. Nada expresó mejor el estado de ánimo de Belgrano que la frase:
"En fin, voy a olvidar, excelentísimo señor, al Paraguay". Belgrano a la Junta, 25 de marzo de 1811, en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 536, tomo III, vol.1)Esta noticia se extendió rápidamente. El 18 de marzo, desde Montevideo, Elío informaba al Ministro del Despacho de Estado de S.M.:
Voy a establecer un bloqueo riguroso y a franquear la libre comunicación con el Paraguay, cuyo gobernador [...] no solo ha batido a ese general doctor que por allí ha permanecido convertido en conquistador según manifiesta la Gazeta publicada en Buenos Aires N° 3 sino que tengo noticias positivas que toda su división, incluso el señor doctor, ha tenido que rendirse a discreción.
AGI, Leg Bs.As., 98, Montevideo, 18-03-1811 en (Riveiro, 2013, p. 180, nota 356)Ocupación de CorrientesUna vez expulsado Belgrano de la provincia del Paraguay, el gobernador Velasco consideró que se podía poner en práctica el plan de ocupar Corrientes sugerido por Pedro Gracia en septiembre de 1810. El 7 de abril de 1811, una flotilla al mando de Jaime Ferrer, que ya había participado de la liberación de los buques en octubre de 1810, ancló frente a la ciudad de Corrientes. La intención declarada era liberar nuevamente los buques detenidos por orden de la junta de Buenos Aires pero el segundo objetivo era proteger el paso de tres buques con armas que el virrey Elío enviaba desde Montevideo y, si las circunstancias fueran favorables, ocupar la ciudad para mantener abierta esa vía de comunicación en forma permanente. Tres factores jugaban a favor de esto último:
La existencia en Corrientes de un núcleo favorable a la provincia del Paraguay;
La falta de fuerzas para la defensa, debido a que Belgrano se había llevado soldados para invadir la Banda Oriental "dejando solo los inútiles y los que por su avanzada edad no podían sufrir las penurias de una campaña";108
La oposición de la población a la política de la junta de Buenos Aires de realizar levas locales para llevarlas fuera de la provincia. Este último punto será utilizado posteriormente por Blas José de Rojas como argumento en su discurso inaugural.
El teniente gobernador Elías Galván no tenía muchas opciones:
[...]frente al Paraguay no le restaba sino defenderse con astucia o baladronadas y proposiciones cómicas. Por eso en su célebre oficio a Ferrer le había dicho: "Que tenía consigna del general Belgrano de mantener cordialidad con el Paraguay, consigna que se halla convenida ya con los tratados celebrados en el campo de batalla de Tacuarí [...] y ya ratificada por la [...] Junta de Buenos Aires. Le pido que se retire con sus buques ya que no tenemos orden de batirnos [...]".(Vázquez, 1998, p. 158-159)Aunque Galván cedió al requerimiento de Ferrer de liberar los buques paraguayos, este no se retiró pues debía esperar a los barcos que venían de Montevideo. En los siguientes días, además del único barco paraguayo detenido, y para evitar sorpresas, Ferrer exigió la entrega de algunas naves correntinas. El 17 de abril, cuando llegaron los tres barcos más otros tres capturados en el camino, Ferrer exigió a Galván, en el término de dos horas, que se declarase aliado de la Provincia del Paraguay y reconociera al Consejo de Regencia y al virrey Elío.
Ferrer tenía ya diez buques mayores y menores armados, cuatro mercantes más los tres de Montevideo. Sus tropas eran de 300 hombres. Galván intentó resistir en Las Lomas (cerca de la actual Laguna Seca, en Corrientes) pero sus fuerzas, escasas y mal armadas, se dispersaron no bien las fuerzas de Ferrer pudieron conseguir caballos. Galván se retiró hasta La Bajada, donde le dijeron que no tenían recursos para ayudarlo. En Corrientes quedó el regidor del cabildo local Ángel Fernández Blanco para que se entendiera con los paraguayos. El 19 de abril de 1811 el cabildo de Corrientes aceptó el ultimátum y Ferrer ocupó la ciudad. Días después se retiró aguas arriba dejando una guarnición a cargo de Blas José de Rojas, quien asumió como Teniente de gobernador y Capitán general el 28 de abril. Con ese motivo lanzó una proclama contra la "turbulenta" y "facinerosa" Junta de Buenos Aires y su política de levas:
"Paraguayos somos; no esperemos que unos salteadores enemigos de nuestro idolatrado Fernando nos imponga con ardides un yugo vergonzoso, para ir después a costa de nuestra sangre a aumentar su ambición y sus conquistas en Montevideo y Provincias del Perú". Proclama de Blas José de Rojas en (Cardozo, 1963, p. 19/20)Debe destacarse que estos conceptos provenían de un oficial que había combatido en Tacuarí y que además compartía con Fulgencio Yegros un alto grado de confianza e identificación con sus ideas según consta en las notas intercambiadas entre ambos.
A mediados de mayo de 1811 se produjo en Asunción el alzamiento militar que impuso al gobernador Bernardo de Velasco dos consocios para que gobernaran con él. Al conocerse este hecho, Rojas, que era uno los principales conspiradores y que ya venía trabajando con Fernández Blanco, apresó a unos 100 españoles y se apoderó de 13 barcos. En un bando del 30 de mayo, impulsado por el doctor Francia, el gobierno de Asunción, anticipando lo que sería después su política frente a la junta de Buenos Aires, ordenó evacuar Corrientes y reponer las autoridades y la subordinación existentes antes de la ocupación.
Habiendo tenido el actual gobierno por objeto de sus primeras atenciones y cuidados el conservar la tranquilidad interior y la paz, unión y buena armonía con la ciudad de Buenos Aires y las demás del continente, siempre que pueda efectuarse de un modo digno y compatible con el decoro y libertad de esta antigua, vasta y respetable provincia de la Asunción, ha juzgado conducente a tan importante fin el evacuar y dejar libre la ciudad de Corrientes ocupada por nuestras armas, considerando que el pueblo ilustrado de Buenos Aires y todo el mundo imperial, a vista de un ejemplo singular de moderación y generosidad después de las victorias conseguidas por las armas de la provincia, se convencerá mejor de la sinceridad de nuestras intenciones y de que el pueblo valeroso del Paraguay, desplegando la energía de sus fuerzas, nada más a deseado sino el que se respete su libertad. Bando del 30 de mayo de 1811 en (El paraguayo independiente, 1859, p. 6-7, tomo I)
El 6 de junio de 1811, luego de recoger las armas en poder de la población y de imponer a los europeos residentes una contribución de 2000 pesos, Rojas entregó el mando a Fernández Blanco. Elías Galván retornó a la ciudad y asumió sus funciones el 16 de junio de 1811.
En las proposiciones del 10 de marzo de 1811, Belgrano había solicitado a Cabañas la libertad de los prisioneros capturados en Paraguarí y Tacuarí, la de su ayudante Ignacio Warnes y los partidarios de la Junta confinados en el Fuerte Borbón. Cabañas respondió:
[...] en cuanto a lo que pide [...] tendrá todo buen suceso siempre que se sepulte toda invasión particular y general entre las dos provincias, cuyo proceder no dudo suavizará la justicia que algunos merecen.(Instituto Belgraniano Central,, p. 486, tomo III, vol.1)Conjuntamente con la flotilla que al mando de Ferrer se dirigía a Corrientes, Velasco despachó a Montevideo un barco conducido por Francisco Fornell, al mando del sargento mayor Carlos Genovés. Llevaba seis oficiales y 195 soldados prisioneros, incluyendo a Warnes, Saraza y al capitán de dragones Francisco Castellanos. Machain fue embarcado en la Villa de Pilar. Los prisioneros fueron canjeados meses después por una gestión a iniciativa de Machain y Warnes ante el virrey Elío.
Juicio a BelgranoLa formación de la Junta Grande, en diciembre de 1810 y la posterior muerte de Mariano Moreno agudizaron la división y el enfrentamiento dentro de la elite de Buenos Aires dividida entre morenistas y saavedristas. Estos últimos contaban en la capital con el apoyo de los jefes de las milicias y la mayor parte de los alcaldes de barrio. El 6 de abril de 1811 una multitud proveniente de los arrabales y zonas rurales inmediatas y tropas de los cuarteles convenientemente convocadas, presentaron al Cabido un petitorio dirigido a la Junta donde exigían —entre otras cosas— la expulsión de los vocales morenistas y la destitución de Domingo French y Antonio Beruti, también morenistas, del mando del regimiento Estrella. A estos requerimientos se sumó, en la "proposición" número trece:
"Quiere el pueblo que el vocal, Don Manuel Belgrano, general de la expedición destinada al auxilio de nuestros hermanos paraguayos, sea llamado y comparezca inmediatamente en esta capital a responder a los cargos que se le formen.". Peticiones del 6 de abril de 1811 en (Junta de Historia y Numismática Argentina , 1910, p. 287 vol. 2)
Belgrano era considerado no solo como morenista sino como un peligro potencial por estar al mando de un ejército de aproximadamente 3000 hombres en operaciones.
El 19 de abril, la Junta, obedeciendo las proposiciones hechas por el "pueblo" y publicadas en la Gazeta Extraordinaria del 15 de abril, "previno" a Belgrano para que regresara a la capital y dejase el mando del ejército al oficial que "corresponda por su empleo y antigüedad" que "por ahora" debía ser José Rondeau. Ese oficio llevaba la firma del abogado Joaquín Campana, redactor del petitorio y nuevo secretario de gobierno de la Junta, aliado de Saavedra. En su respuesta del 21 de mayo, Belgrano manifestó abiertamente su ambivalencia: "Tuve impulsos de obedecer y no cumplir la orden" escribió. Finalmente acató la orden para que no se pensara que lo hacía por "ambición" y no provocar, "tal vez", un "nuevo movimiento" o "vaivén" que se debía evitar frente a los enemigos.
El 6 de junio de 1811 la Junta designó como Juez Fiscal al coronel Marcos González Balcarce, otro partidario de Saavedra que también había firmado el petitorio con otros militares, y que luego fue nombrado como nuevo comandante del regimiento Estrella. Su misión era formar la causa reuniendo información y tomando las declaraciones correspondientes.
El 20 de junio, 16 oficiales del ejército que operaba en la Banda Oriental y que participaron de la expedición contra la provincia del Paraguay, expresaron que no habían encontrado a nadie que tuviera alguna queja contra Belgrano..
El 26 de junio el fiscal tomó declaración al coronel Tomás de Rocamora. Las preguntas versaron sobre las causas por las que no pudo unirse a Belgrano, las fuerzas disponibles y su disposición en las distintas batallas, si Belgrano tuvo la posibilidad de cruzar el Paraná en lugar de dar batalla en Tacuarí y si sabía las causas por las cuales fueron separados varios oficiales del ejército. Al respecto Rocamora mencionó la fuga de los oficiales Juan Mármol y Bertolot de la batalla de Tacuarí junto con otros "prófugos que huían del ejército". Sobre estos hechos no le pidieron aclaraciones. Se adjuntó al expediente el largo derrotero que recorrió Rocamora desde Yapeyú hasta San José, sobre el Paraná.
Dos días después, el 28 de junio, se tomó la declaración a Gregorio Perdriel. Las preguntas fueron sobre la marcha desde la Bajada, detalles de la batalla de Paraguarí y posterior retirada, si se habían hecho observaciones sobre el enemigo y si el general había comunicado a los oficiales la orden de la Junta de "no aventurar acción sin ventajas conocidas". Perdriel realizó una extensa declaración en respuesta a las 25 preguntas que le hicieron.
La causa se paralizó durante el mes de julio. "Pero lo que más llama la atención es que en ningún momento se tomó declaración al inculpado, siendo el único que podía aclarar con testigos "de visu" todas las dudas". A fines de ese mes se recibieron distintos oficios provenientes de los alcaldes de la ciudad que manifestaron no tener cargos que hacer a Belgrano por su actuación militar. Tanto Tomás José Grigera como los alcaldes trataron ahora de minimizar la importancia del juicio diciendo que:
"[...] el espíritu del artículo 13 de las peticiones del 6 de abril es excitar al gobierno a que juzgue según derecho al general [Belgrano] como en iguales circunstancias y casos se ha practicado aún cuando la desgracia de la pérdida de las acciones de guerra hayan sido inevitables".(Carranza , 1896, p. 62 vol. 
Sin embargo, como lo había anticipado Belgrano, el momento para su destitución no había sido el más adecuado, por las "relaciones" o negociaciones que se estaban realizando con los paraguayos, portugueses, Artigas e incluso los "enemigos" de Montevideo. Al año siguiente, en un oficio a Rivadavia del 11 de mayo de 1812 Belgrano agregó: "los bribones del 5 y 6 de abril me perjudicaron y perjudicaron a la Patria; ¿Qué ventaja se saca de mentir?"
Como consecuencia del cambio político ocurrido en el Paraguay en mayo de 1811, la Junta consideró que Belgrano era el hombre más adecuado para iniciar negociaciones con el nuevo gobierno paraguayo. A tal fin, el 1 de agosto, lo nombró representante de la Junta en misión especial con las Instrucciones oficiales y confidenciales correspondientes. Belgrano respondió que para llevar adelante su cometido era conveniente que se resolviese previamente su situación procesal. Teniendo en cuenta que ya se habían realizado las publicaciones y recogidos los informes, renunció a toda defensa y confió la misma en todos los oficios que había enviado oportunamente a la Junta mientras estuvo en operaciones y en las declaraciones de los oficiales de su ejército.
Del 3 al 8 de agosto se tomaron siete declaraciones a oficiales que por diversas razones habían sido desafectados del ejército por Belgrano. A todos ellos, al llegar a Buenos Aires, se les había quitado el despacho pero luego, a casi todos, les fue retornado sin explicación alguna. Muchas declaraciones fueron antedatadas como si se hubieran tomado en julio y no en agosto y, a diferencia de Rocamora y Perdriel, se hicieron pocas preguntas.
El capitán Martínez declaró que, cuando le comentó al vocal Miguel de Azcuénaga que Belgrano había hecho marchar a Rocamora el doble de leguas de lo necesario, aquel le advirtió que tuviera "cuidado con decir nada de esto porque era hombre perdido". Al momento de su declaración, Azcuénaga ya no ocupaba su cargo pues había sido desterrado por los autores de la "asonada" del 6 de abril.
Cuando se tomó declaración al teniente José Mármol, del regimiento de granaderos Fernando VII, uno de los que habían desertado en Tacuarí, no se le hizo ninguna pregunta relacionada con ese hecho. Alberdi criticó a Mitre por haber incluido en su Historia de Belgrano estos documentos "superfluos" y vergonzosos para el gobierno, que además "no tuvieron resultado ni influjo en la vida [de Belgrano] ni en la de su época".
Finalmente el 9 de agosto de 1811, teniendo en cuanta lo "expuesto por el Exmo. Cabildo, Alcaldes de barrio y oficiales del ejército" se declaró que Manuel Belgrano:
"[...] se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y constancia dignos de reconocimiento de la patria; en consecuencia queda repuesto a los grados y honores que obtenía y que se le suspendieron en conformidad de lo acordado en las peticiones del 6 de abril; y para satisfacción del público y de este benemérito patriota, publíquese este decreto en La Gazeta".(Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 656)El 29 de dicho mes, Belgrano y Vicente Anastasio Echeverría llegaron a Corrientes para iniciar su misión diplomática en el Paraguay.
Causas del rechazo del Paraguay La explosión paraguaya que saludó y derrotó a Manuel Belgrano y su ejército en las batallas de Paraguarí y Tacuarí en el año 1811, fue básicamente obra del localismo provincial y la desconfianza sobre la conducción de Buenos Aires. Ello no fue debido a la lealtad a la corona española. Durante los siglos posteriores a la Conquista, el Paraguay se había desenvuelto en soledad; con cultura, manera de vivir y raza diferentes y había vivido sin ayuda de nadie.(Williams, 1969, p. 120)
No era ese el único motivo:
La mayor influencia de los comerciantes porteños sobre las autoridades coloniales en comparación con sus colegas del Alto Plata generó en las distintas áreas que componían dicha región (Paraguay, las provincias del Litoral, sur del Brasil) un profundo sentimiento de suspicacia y recelo hacia la poderosa ciudad-puerto.(Cisneros y Escudé, 1998, p. 118 volumen 2, Cap. 6)
La junta de Buenos Aires cometió el error de querer mantener su privilegiada posición colonial con medidas económicas, políticas y militares. Los paraguayos reaccionaron en masa ante esta pretensión. En un artículo publicado en La Gazeta el 6 de marzo de 1812, Monteagudo criticó a la Junta e indirectamente a Saavedra por esta actitud:
"Se instaló el 25 de mayo de 1810 la primera junta de gobierno: ella pudo haber sido más feliz en sus designios [...] si en vez de un plan de conquista se hubiera adoptado un sistema político de conciliación con las provincias [...] el Paraguay hizo en mi opinión la resistencia que debió y ha acreditado hasta el fin que conoce su dignidad: el quiere vivir confederado y no sujeto a un pueblo [Buenos Aires] cuyos derechos son iguales. "Monteagudo, artículo La Gazeta, 6/3/1812 en (Garin, 2011, p. 119)Dos años más tarde, Belgrano agregaría:
"A la salida del doctor Castelli, coincidió la mía, que referiré a continuación hablando de la expedición al Paraguay, expedición que solo pudo caber en unas cabezas acaloradas que solo venían su objeto y a quienes nada era difícil, porque no reflexionaban ni tenían conocimientos". Belgrano, Autobiografía en (Belgrano, 1944, p. 
Tanto Cabañas como Yegros, ricos hacendados y yerbateros, sabían que tras la expulsión de Belgrano se podían iniciar los cambios políticos que se estaban dando en diversas partes de América y al mismo tiempo librarse del yugo económico de Buenos Aires, postergados por la misión Espínola y Peña, las acciones políticas y económicas, el ultimátum y finalmente la invasión.
Por otro lado, la acción militar de la junta de Buenos Aires fue utilizada por determinados sectores del Cabildo de Asunción para justificar un pedido de "ayuda" a los portugueses, que a cambio exigían a la provincia reconocer a Carlota Joaquina como heredera de Fernando VII.78 Y fue este nuevo peligro el que provocó que el 14 de mayo de 1811, el gobierno de Velasco fuera intervenido con el agregado de dos consocios hasta la realización de un congreso. Ese congreso destituyó a Velasco y estableció una junta de cinco miembros que de inmediato reiteró a Buenos Aires su decisión de autogobernarse.
Saludos

[b][size=150]Expedición de Belgrano al Paraguay ( III )[/size][/b]
[b]
Nombramiento como Brigadier
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Después de cruzar el río Tebicuary, Belgrano se detuvo durante tres días en Santa Rosa. Allí recibió su nombramiento como "Brigadier de ejército" en atención a los méritos y heroicidad. Por extraña casualidad, el nombramiento estaba fechado el mismo día de la batalla de Paraguarí. Años después, Belgrano comentaría en sus Memorias:
[i]"[...] esto me puso en la mayor consternación, así porque nunca pensé trabajar por intereses ni distinciones, como porque preví la multitud de enemigos que debía acarrearme: así que contesté a mis amigos que lo sentía más que si me hubieran dado una puñalada". Belgrano, Memorias en (Molas, 1867, p. 398, volumen XIII)[/i]
[b] Estrategia de Belgrano
[/b]
[b]Elección del punto de resistencia[/b]
Estando en Santa Rosa, a 4 km al sur del río Tebicuary, Belgrano temió quedar aislado si los enemigos lo separaban del río Paraná. Decidió entonces retroceder hacia ese río y esperar allí la ayuda que había pedido para retomar nuevamente la ofensiva. De las opciones que tenía, eligió defenderse en el paso del río Tacuarí y no en Itapúa, por las ventajas topográficas que ofrecía aquel lugar.
[b]
Pedido y envío de refuerzos[/b]
Belgrano pidió la ayuda de 200 hombres al teniente coronel Martín Galain, que se dirigía a la Banda Oriental. La junta de Buenos Aires le anunció el envió de 700 hombres que ya estaban en Santa Fe y, sin tener en cuenta la opinión de Belgrano sobre la capacidad de las tropas correntinas, el 14 de febrero ordenó al teniente gobernador de Corrientes Elías Galván que enviara 200 hombres hacia Candelaria. Belgrano no confiaba en Galván, de quien decía "en este jefe más he visto expresiones en papel que obras".
El 17 del mismo mes, Belgrano también pidió a Galván un rápido auxilio en recursos debido a la difícil situación de su ejército. Dieciséis días después, el 5 de marzo, en un oficio a Ángel Fernández Blanco, Belgrano se quejó "del poco patriotismo de los vecinos de Corrientes" que no querían enviar lo solicitado sin antes recibir el pago correspondiente. Esto se debía a que l as noticias que llegaban desde Itapúa a Corrientes eran alarmantes. Afirmaban que Belgrano estaba rodeado en Tacuarí y que patrullas paraguayas habían ocupado Trinidad, un pueblo ubicado en su retaguardia, a solo 32 km al noreste de Itapúa.
La Junta preparó otros 600 hombres al mando de José de Moldes, que debían salir de Buenos Aires a comienzos de marzo. Por otro lado envió tres buques para controlar el río Paraná y ayudar a Belgrano, pero esa fuerza naval fue aniquilada por la flota proveniente de Montevideo al mando de Jacinto de Romarate el 2 de marzo, frente a San Nicolás de los Arroyos. Esto complicó además el suministro de soldados y pertrechos que debían cruzar el río Paraná frente a La Bajada.
[b]Asegurar la retirada al otro lado del río Paraná[/b]
Gregorio Perdriel fue enviado con 100 hombres a Candelaria para que, en coordinación con Rocamora ubicado en Itapúa con 150 hombres, aseguraran la logística que venía desde La Bajada, ya que la flotilla paraguaya que merodeaba por la zona había cortado la provisión de ganado desde Corrientes ocupando además el puerto de San José frente a Itapúa.
[b]Deserciones[/b]
Durante la retirada hacia el río Tacuarí, el 20% de las fuerzas que había enviado Rocamora desertaron, la mayoría de ellos armados. Belgrano distribuyó a los restantes entre los regimientos de Patricios y Arribeños, los equipó con uniformes y cambió los jefes que los mandaban, según Belgrano, "como animales". Pese a todo, las deserciones continuaron y Belgrano informó a la junta que no podía contar con los correntinos ni con los naturales guaraníes que integraban las fuerzas de Rocamora. También desertaron soldados de otros regimientos, entre ellos los de Perdriel. Cuando el regimiento Patricios llegó a Candelaria varios soldados y sargentos aprovecharon la oportunidad para desertar. Esta "canalla sin honor ha acreditado su cobardía" afirmó Perdriel y los acusó de "desertar porque querían" dado que los tenía "bien suplido [de] mucho dinero". El atraso en los pagos de los salarios (prest) era una de las principales causas de deserción e indisciplina.
Belgrano pidió a Fernández Blanco que detuviera en Corrientes, "con la debida reserva", a los desertores y los enviara a Santa Fe. Dos días antes de la batalla de Tacuarí, Belgrano informó nuevamente que solo podía contar con los soldados de Buenos Aires, "ya por su instrucción y [solo] en algunos (sic) por su entusiasmo patriótico". De los naturales proveniente de las Misiones dijo que eran como los paraguayos, y menciona que ante disparos intrascendentes del enemigo, habían abandonado su posición. Finalmente prometió que enviaría la cantidad de soldados que tenía una vez depurada las cifras de las deserciones producidas.
Se hace evidente que la deserción jugó un rol considerable como limitante estructural que hizo inviable ciertos caminos militares [...] el avance terrestre sobre Lima por el Alto Perú, el sometimiento del Paraguay, así como puso en jaque al dominio de Buenos Aires sobre las provincias.(Rabinovich, 2013, p. 74)
[b]Estrategia de Velasco[/b]
La idea directriz del gobernador Velasco era expulsar a Belgrano más allá del río Paraná y abrir la vía de comunicación con Montevideo y Portugal. Para realizar esta operación al más bajo costo, utilizó la táctica de la persecución indirecta, que consiste en evitar choques frontales y en adelantarse por el flanco enemigo buscando permanentemente su retaguardia, obligándolo a retroceder para evitar ser cortado y envuelto. Otro de sus objetivos era salir lo antes posible del estado de movilización que agobiaba la economía provincial y desmantelar el creciente poder político del grupo militar de los capitanes-estancieros.
Al constatar Cabañas que la detención de las fuerzas invasoras en Tacuarí no era una pausa en su retirada, envió un ultimátum a Belgrano, y para presionarlo le hizo conocer que estaba al tanto de todas sus dificultades estratégicas:
[i]"Ya sabemos los refuerzos que tiene, y también sabemos, que ya no podrá tener ni más refuerzo ni más tiempo [...] humíllese al que puede justamente, y no quiera probar [por] segunda vez el rigor de las armas, no solo por lo amargo, le prevengo, sino porque su suerte no es para ello [...] le reconvengo para que se rinda con las armas y tropa que en su nombre manda asegurándole las vidas y buen trato [...]". Cabañas a Belgrano en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 453, tomo IV)[/i]
[b]
Belgrano rechazó este ultimatum.[/b]
El 7 de marzo de 1811, mientras Cabañas completaba los detalles finales para librar la batalla de Tacuarí, salía desde la lejana Buenos Aires un oficio de la Junta en el cual ordenaba a Belgrano que diera por terminada la campaña y repasara el Paraná rumbo al sur, hacia el Arroyo de la China. Esta orden recién llegaría a Belgrano el 21 de marzo.
[b] La batalla[/b]
El teniente coronel Cabañas conocía el paso del río Tacuarí y sabía que era imposible forzarlo con un ataque frontal ante un enemigo que se protegía detrás y que había tenido un mes para organizar su defensa y reglar la artillería. Construyó entonces un puente a 10 km al norte y encargó al comandante Juan M. Gamarra, que había llegado con refuerzos, dirigir un ataque de envolvimiento sobre el ala derecha de Belgrano. Al mismo tiempo, por el ala izquierda y el centro enemigo, planeó ataques distractivos para confundir y ocultar la dirección del ataque principal.
[b]
Primera fase[/b]
Horas antes de la medianoche del 8 de marzo de 1811, las fuerzas de Cabañas, unos 1000 hombres con 6 cañones, comenzaron su marcha hacia el puente recién construido. Luego de cruzar el río Tacuarí, avanzaron de norte a sur abriendo una picada en los montes que bordeaban el río, y llegaron al amanecer a la capilla del pequeño pueblo de Tupá-ra'ý. En ese lugar, ubicado al norte de las posiciones de Belgrano, se fundaría en 1843 la ciudad de Carmen del Paraná. Patrullas de caballería fueron enviadas para detectar si existían tropas de apoyo de Rocamora en el camino del Tacuarí a Itapúa.
Una hora antes de que esas fuerzas llegaran a Tupá-ra'ý, y como primera sorpresa para Belgrano —que no fue informado de la aproximación del enemigo— comenzó el ataque de 4 botes y canoas que habían subido por el río Tacuarí desde el Paraná al mando de Ignacio Aguirre. Al mismo tiempo, por el centro, el grueso de la artillería paraguaya y la fusilería al mando de Juan Antonio Caballero, más tres compañías de lanceros al mando de Pedro Pablo Miers, simulaban su intención de tomar el paso a viva fuerza. Salvo la sorpresa inicial, las fuerzas de Belgrano no tuvieron ningún problema con el ataque por el río, que fue neutralizado por el capitán Celestino Vidal. Por el centro no había nada que temer porque era el punto más fuerte del sistema defensivo.
[b]Segunda fase
Batalla de Tacuarí.[/b]
Belgrano tuvo una segunda sorpresa cuando le informaron que gran cantidad de tropas enemigas en formación de combate avanzaban por su ala derecha. Al no haber previsto esta acción por el ala norte, todo su sistema defensivo colapsó. Machain abandonó rápidamente su posición en el centro y con unos 126 hombres y dos cañones se dirigió hacia Tupá-ra'ý y, aprovechando el monte y unas islas en los claros, se instaló en los bordes pudiendo frenar el avance enemigo y dilatar el combate. Pero, rodeado por la caballería enemiga, que además capturó su artillería, el ataque frontal de la infantería paraguaya no le dejó otra opción que rendirse con casi todos sus hombres. Las fuerzas de Cabañas capturaron además dos cañones, un carro capuchino, una carreta con abastecimientos y 130 fusiles.
[b]Tercera fase[/b]
Aniquilada la columna de Machain, la caballería de Gamarra avanzó libremente sobre la retaguardia enemiga, cortando el camino a Itapúa y encerrando contra el río Tacuarí a todas las fuerzas de Belgrano. Ante esta maniobra, el grueso de ellas, unos 460 hombres entre oficiales y soldados, según calculó después Belgrano, huyeron hacia Itapúa o se escondieron en los montes, abandonando incluso carretas con municiones, equipos y armas que había enviado Rocamora. El ocultamiento de esta deserción masiva comenzó cuando la Gazeta Extraordinaria del 1 de abril publicó textualmente el parte de Belgrano eliminando la frase[i] "porque los demás llenos de cobardía y vileza me abandonaron huyendo vergonzosamente". [/i]
Historiadores argentinos como Mitre (1859), el coronel Ornstein (1941), el coronel Best (1960) y Camogli (2005) tampoco la mencionaron. Mitre, para justificar matemáticamente los escasos 240 hombres que se quedaron con Belgrano, redujo las fuerzas iniciales que defendían Tacuarí de 870 a 400 hombres, es decir, eliminó a los desertores antes que comenzara la batalla. En el apuro, Belgrano nombró a un sargento de artillería catalán como encargado del sector central. Con el resto de las fuerzas que le quedaban, unos 235 soldados entre infantería y caballería, se preparó para enfrentar a las avanzadas de Cabañas que iban completando el cerco.
La batalla estaba decidida, por lo que Cabañas intimó la rendición, la que fue rechazada por Belgrano. Pese al mayor poder de fuego que tenía la fuerza de Belgrano, la artillería paraguaya abrió una brecha por donde se infiltró la caballería del capitán Pedro José Genes. En su cuartel, ubicado en el casco de la estancia de los Anzoátegui, se quemaron "con el mayor sigilo posible" todos los papeles comprometedores. Belgrano ordenó que, en un montículo llamado después Cerrito de los Porteños, se levantase una bandera de parlamento y envió a José Alberto Cálcena y Echeverría, tío de Cabañas, con una propuesta en la que pedía la capitulación con el compromiso de abandonar el Paraguay. Habían pasado más de 14 horas desde que las fuerzas de Cabañas habían comenzado la maniobra envolvente sobre la posición de Tacuarí.
[b]Capitulación[/b]
El mismo día de la batalla, Cabañas envió a Belgrano la nota con las condiciones de la capitulación:
[i] "Habiéndose presentado el parlamentario don José Alberto de Echeverría, proponiendo de parte del señor general del ejército, el que respecto a que había solo venido no a hostilizar la provincia del Paraguay, sino a auxiliarla, de lo que ha resultado varias hostilidades, se retiraría al otro lado del Paraná con su ejército, y les dejaría la provincia evacuada de toda invasión, he resuelto, yo comandante en jefe de las tropas del Paraguay, convenir a que siempre y cuando se convenga no hacer más hostilidades de armas, conceder a la proposición hecha por dicho parlamentario, bajo de dicho seguro principiaría a marchar desde mañana diez del corriente. Campo de batalla de Tacuari, 9 de marzo de 1811", en(Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 481)[/i]
Belgrano dio su conformidad, firmó de puño y letra el original y lo remitió a Cabañas. Al día siguiente comenzó a dar cumplimiento a su compromiso de evacuar la provincia de toda invasión.
El general cordobés José María Paz, en su comentario sobre esta acción, dijo:
Efectivamente, no debió escapar ninguno, ni el general mismo. Los paraguayos [...] que, por otra parte, no estaban enconados con el ejército, porque no había cometido desórdenes, no quisieron un triunfo completo y otorgaron una capitulación, que no podían esperar los vencidos, quien aceptó que se retirara con todas sus fuerzas al otro lado del Paraná.(Paz, 1855, p. 356)
[b]
Intercambio epistolar entre Belgrano y Cabañas[/b]
Mientras su ejército permanecía rodeado por fuerzas paraguayas, Belgrano firmó de conformidad la capitulación propuesta por Cabañas, quien le franqueó el paso para que sus tropas repasaran el río Paraná con todas sus armas y pertrechos. Esta decisión de Cabañas sería criticada después en Asunción pese a su aprobación por parte del gobernador Velasco.
[b]En su nota del 9 de marzo de 1811, Belgrano sostuvo:[/b]
Me conformo en todas sus partes con cuanto usted me significa en su oficio de este día y al efecto daré principio a mi marcha mañana, pero si usted gustase que adelantemos más la negociación para que la Provincia se persuada de que mi objeto no ha sido conquistarla, sino facilitarle medios para sus adelantamientos, felicidad y comunicaciones con la capital [Buenos Aires], sírvase decírmelo, y le haré mis proposiciones[...]. Belgrano a Cabañas en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 482, tomo III, vol. 1)
[b]
Al día siguiente Belgrano envió ocho proposiciones a Cabañas:[/b]
[i]En la primera "ofreció": paz, unión, confianza y, lo más importante, "franco y liberal comercio de todos los frutos de la provincia". Se aclaró puntualmente "incluso el tabaco". Debe recordarse que tanto Cabañas como Yegros eran grandes productores y acopiadores de tabaco.
En la segunda "pidió": Como la provincia del Paraguay, según Belgrano, "ignora" lo que pasa en España e ignora también que las provincias del Río de la Plata están "ya unidas y en obediencia a la capital", la junta de Buenos Aires pide que el Paraguay envíe diputados y "se una y guarde el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana" de Fernando VII.
En la tercera señaló lo que el Paraguay "debía hacer": nombrar una Junta en Asunción con el gobernador Velasco [sic] como presidente de la misma. El objetivo sería "conservar la monarquía española en estos dominios de Su Majestad el señor don Fernando VII". A tal objeto adjuntó un ejemplar de la Gazeta de Buenos Aires del 14 de febrero de 1811 en la cual se publicó el Reglamento del día 10 de ese mes por el cual la Junta Grande establecía "juntas" en las ciudades principales y subalternas.
Las demás propuestas tenían que ver con hechos inherentes a la propia campaña militar: destino de los prisioneros, colaboracionistas, pago de caballos y ganado consumidos, etc.[/i]
Cuatro días después Belgrano justificó ante la junta de Buenos Aires los motivos que lo llevaron a realizar estas propuestas que contradecían las "Instrucciones" dadas por aquella y sus propias convicciones. Luego de reiterar nuevamente la ignorancia de los paraguayos, tanto de los dirigentes como del pueblo, de caracterizarlos como "interesados" y de que sobre todo aman, en un grado inexplicable, "sus vacas y caballos" escribe:
[i] [...] traté de formar el papel que acompaño con el número uno [se refiere a la nota de las propuestas] [...] [a pesar] de que hay en él cosas que a mi mismo me eran dolorosas apuntarlas [escribirlas], por tal de atraerlos, ya que con mis fuerzas, ni con las que he pedido [...] podía vencerles. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol. 1)[/i]
Una de esas "cosas" era el punto tercero de su propuesta donde Belgrano se había excedido en sus "facultades" nombrando a Velasco como presidente de la Junta a constituirse en Asunción siendo esta prerrogativa de exclusiva incumbencia de la Junta Grande según lo establecía el Reglamento del 10 de febrero de 1811 en sus artículos 5° y 6°.
Cabañas acusó el recibo del "papel" (sic) enviado por Belgrano y manifiestó:
Que su autoridad era "limitada" y por lo tanto no podía resolver "ninguna" de las proposiciones de Belgrano. Esto significaba que Belgrano debía tratar estos asuntos con Velasco.
No obstante dice "mi patria merece se le dé satisfacción", por acciones pasadas de la provincia que ha auxiliado al Río de las Plata las "veces que lo ha pedido" [se refiere a las invasiones inglesas] y que lejos de reconocer esos méritos y respeto se la "compensa [expresión irónica de Cabañas] con un ejército auxiliador que jamás ha pedido".
Respecto al tratamiento de prisioneros y colaboracionistas se redujo sucintamente a "asegurar" un buen suceso siempre que se "sepulte" toda invasión [misma expresión usada en la nota de capitulación] entre las "dos provincias" lo que "suavizará la justicia que algunos merecen". De acuerdo con la posición del Congreso del 24 de julio de 1810, Cabañas reduce la "capital" de Belgrano a una "provincia" equivalente a la del Paraguay y advierte que solo el cese de futuras hostilidades beneficiará a algunos prisioneros ante la justicia pero solo a "algunos".
La respuesta de Cabañas la dató, significativamente, en "Campo de batalla de Tacuarí, marzo 10 de 1811" explicitando que había quedado como dueño del mismo.104
Dos días tardó Belgrano en responder a Cabañas. En ella trató de recuperar posiciones neutralizando "con energía":
[i] a) Sobre el pedido directo de satisfacción [reparación] que según Cabañas debía dar el gobierno de Buenos Aires por sus acciones contra la provincia del Paraguay, Belgrano manifestó que este tipo de pretensiones incentivaba la guerra civil y que el "gobierno superior" de todas las provincias no podía dar "satisfacción" a una de sus provincias "dependientes" por errores que la misma provincia había cometido.
b) La posición igualitaria que proponía Cabañas al mencionar en su oficio a la "capital" como provincia no pasó desapercibida para Belgrano. Discursivamente elevó a la junta de Buenos Aires a la categoría de "gobierno superior" y disminuyó a la provincia del Paraguay definiéndola como "dependiente" o posible "hijo rebelde".[/i]
Negó además las falsedades que le habían atribuido: la de querer sacar 9000 hombres de la provincia, que era un bandido, para lo cual prometió devolver los ganados y caballos "que existan". Desmintió que las provincias no estuvieran unidas, que el actual gobierno de Buenos Aires no duraría o que allí se estarían matando entre facciones.
Dos días después, ya en Candelaria, mientras esperaba que llegaran las fuerzas correntinas y los medios para dirigirse al Arroyo de la China, Belgrano informó a la Junta sobre estos oficios. Respecto de este último dice:
[i][procuré] atraerlos a que se unan y mezclen [los paraguayos] con el convencimiento, [o] la energía correspondiente pues, si no nos queda el arbitrio de ir a ellos a fuerza de armas, nos queda el de interceptarles la entrada de ganados y caballos; privarle todo comercio con Montevideo, y hacerles sentir la falta de unión con la capital careciendo del aumento de sus intereses [...] [con Rocamora convenimos en que] la conquista del Paraguay, si acaso no entra por los partidos [propuestas] que he hecho a Cabañas, es obra muy larga, y que siendo Montevideo la raíz del árbol, debemos ir a secarla. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol.1)[/i]
Este no fue el último oficio entre Belgrano y Cabañas pero será el que fijará las posiciones políticas entre las partes. Las notas que envió Belgrano a la Junta motivó que esta contestara el 25 de marzo de 1811 que estaba satisfecha por "la buena disposición de los oficiales paraguayos en favor de nuestra causa". Pero ni los sentimientos de los oficiales ni el objetivo de Velasco podían justificar el optimismo de Belgrano:
[i]"Su ingenuidad que iba unida a su fanatismo, parecía incurable en lo que concernía al Paraguay [...] Cabañas y Yegros y demás, en sus contactos con Belgrano, ponían el acento solo en la paz y en la amistad entre "las dos provincias" pero en ningún momento [...] que los paraguayos aceptaban obedecer a la junta de Buenos Aires".(Vázquez, 1998, p. 133 y 137)[/i]
Este pacifismo que demostraron los oficiales paraguayos fue más aparente que real. Se debió a la falta de recursos por el bloqueo comercial y el costo de la guerra y al posible descrédito personal si surgían actos de indisciplina en sus soldados por la falta de pago del prest y la necesidad que tenían estos de volver a sus chacras.
Belgrano esperó en Candelaria la llegada de Velasco al cuartel de Tacuarí para iniciar negociaciones directas. Los días pasaron y Belgrano, desalentado por la falta de respuesta a sus oficios y el cierre de la frontera, acusó nuevamente a los "tales paraguayos" de no haber nacido ni para vasallos del rey sino para esclavos, de ser desconfiados y de "mantenerse a la capa", es decir, a la espera de lo que iba a suceder en Montevideo para decidir después si se unían a la junta de Buenos Aires.
El 23 de marzo de 1811 el ejército comenzó, fraccionadamente, su marcha desde Candelaria hacia la Banda Oriental. Nada expresó mejor el estado de ánimo de Belgrano que la frase:
[i] "En fin, voy a olvidar, excelentísimo señor, al Paraguay". Belgrano a la Junta, 25 de marzo de 1811, en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 536, tomo III, vol.1)[/i]
Esta noticia se extendió rápidamente. El 18 de marzo, desde Montevideo, Elío informaba al Ministro del Despacho de Estado de S.M.:
[i]Voy a establecer un bloqueo riguroso y a franquear la libre comunicación con el Paraguay, cuyo gobernador [...] no solo ha batido a ese general doctor que por allí ha permanecido convertido en conquistador según manifiesta la Gazeta publicada en Buenos Aires N° 3 sino que tengo noticias positivas que toda su división, incluso el señor doctor, ha tenido que rendirse a discreción.
AGI, Leg Bs.As., 98, Montevideo, 18-03-1811 en (Riveiro, 2013, p. 180, nota 356)[/i]
[b]Ocupación de Corrientes[/b]
Una vez expulsado Belgrano de la provincia del Paraguay, el gobernador Velasco consideró que se podía poner en práctica el plan de ocupar Corrientes sugerido por Pedro Gracia en septiembre de 1810. El 7 de abril de 1811, una flotilla al mando de Jaime Ferrer, que ya había participado de la liberación de los buques en octubre de 1810, ancló frente a la ciudad de Corrientes. La intención declarada era liberar nuevamente los buques detenidos por orden de la junta de Buenos Aires pero el segundo objetivo era proteger el paso de tres buques con armas que el virrey Elío enviaba desde Montevideo y, si las circunstancias fueran favorables, ocupar la ciudad para mantener abierta esa vía de comunicación en forma permanente. Tres factores jugaban a favor de esto último:
La existencia en Corrientes de un núcleo favorable a la provincia del Paraguay;
La falta de fuerzas para la defensa, debido a que Belgrano se había llevado soldados para invadir la Banda Oriental "dejando solo los inútiles y los que por su avanzada edad no podían sufrir las penurias de una campaña";108
La oposición de la población a la política de la junta de Buenos Aires de realizar levas locales para llevarlas fuera de la provincia. Este último punto será utilizado posteriormente por Blas José de Rojas como argumento en su discurso inaugural.
El teniente gobernador Elías Galván no tenía muchas opciones:
[i][...]frente al Paraguay no le restaba sino defenderse con astucia o baladronadas y proposiciones cómicas. Por eso en su célebre oficio a Ferrer le había dicho: "Que tenía consigna del general Belgrano de mantener cordialidad con el Paraguay, consigna que se halla convenida ya con los tratados celebrados en el campo de batalla de Tacuarí [...] y ya ratificada por la [...] Junta de Buenos Aires. Le pido que se retire con sus buques ya que no tenemos orden de batirnos [...]".(Vázquez, 1998, p. 158-159)[/i]
Aunque Galván cedió al requerimiento de Ferrer de liberar los buques paraguayos, este no se retiró pues debía esperar a los barcos que venían de Montevideo. En los siguientes días, además del único barco paraguayo detenido, y para evitar sorpresas, Ferrer exigió la entrega de algunas naves correntinas. El 17 de abril, cuando llegaron los tres barcos más otros tres capturados en el camino, Ferrer exigió a Galván, en el término de dos horas, que se declarase aliado de la Provincia del Paraguay y reconociera al Consejo de Regencia y al virrey Elío.
Ferrer tenía ya diez buques mayores y menores armados, cuatro mercantes más los tres de Montevideo. Sus tropas eran de 300 hombres. Galván intentó resistir en Las Lomas (cerca de la actual Laguna Seca, en Corrientes) pero sus fuerzas, escasas y mal armadas, se dispersaron no bien las fuerzas de Ferrer pudieron conseguir caballos. Galván se retiró hasta La Bajada, donde le dijeron que no tenían recursos para ayudarlo. En Corrientes quedó el regidor del cabildo local Ángel Fernández Blanco para que se entendiera con los paraguayos. El 19 de abril de 1811 el cabildo de Corrientes aceptó el ultimátum y Ferrer ocupó la ciudad. Días después se retiró aguas arriba dejando una guarnición a cargo de Blas José de Rojas, quien asumió como Teniente de gobernador y Capitán general el 28 de abril. Con ese motivo lanzó una proclama contra la "turbulenta" y "facinerosa" Junta de Buenos Aires y su política de levas:
[i] "Paraguayos somos; no esperemos que unos salteadores enemigos de nuestro idolatrado Fernando nos imponga con ardides un yugo vergonzoso, para ir después a costa de nuestra sangre a aumentar su ambición y sus conquistas en Montevideo y Provincias del Perú". Proclama de Blas José de Rojas en (Cardozo, 1963, p. 19/20)[/i]
Debe destacarse que estos conceptos provenían de un oficial que había combatido en Tacuarí y que además compartía con Fulgencio Yegros un alto grado de confianza e identificación con sus ideas según consta en las notas intercambiadas entre ambos.
A mediados de mayo de 1811 se produjo en Asunción el alzamiento militar que impuso al gobernador Bernardo de Velasco dos consocios para que gobernaran con él. Al conocerse este hecho, Rojas, que era uno los principales conspiradores y que ya venía trabajando con Fernández Blanco, apresó a unos 100 españoles y se apoderó de 13 barcos. En un bando del 30 de mayo, impulsado por el doctor Francia, el gobierno de Asunción, anticipando lo que sería después su política frente a la junta de Buenos Aires, ordenó evacuar Corrientes y reponer las autoridades y la subordinación existentes antes de la ocupación.
Habiendo tenido el actual gobierno por objeto de sus primeras atenciones y cuidados el conservar la tranquilidad interior y la paz, unión y buena armonía con la ciudad de Buenos Aires y las demás del continente, siempre que pueda efectuarse de un modo digno y compatible con el decoro y libertad de esta antigua, vasta y respetable provincia de la Asunción, ha juzgado conducente a tan importante fin el evacuar y dejar libre la ciudad de Corrientes ocupada por nuestras armas, considerando que el pueblo ilustrado de Buenos Aires y todo el mundo imperial, a vista de un ejemplo singular de moderación y generosidad después de las victorias conseguidas por las armas de la provincia, se convencerá mejor de la sinceridad de nuestras intenciones y de que el pueblo valeroso del Paraguay, desplegando la energía de sus fuerzas, nada más a deseado sino el que se respete su libertad. Bando del 30 de mayo de 1811 en (El paraguayo independiente, 1859, p. 6-7, tomo I)
El 6 de junio de 1811, luego de recoger las armas en poder de la población y de imponer a los europeos residentes una contribución de 2000 pesos, Rojas entregó el mando a Fernández Blanco. Elías Galván retornó a la ciudad y asumió sus funciones el 16 de junio de 1811.
En las proposiciones del 10 de marzo de 1811, Belgrano había solicitado a Cabañas la libertad de los prisioneros capturados en Paraguarí y Tacuarí, la de su ayudante Ignacio Warnes y los partidarios de la Junta confinados en el Fuerte Borbón. Cabañas respondió:
[i] [...] en cuanto a lo que pide [...] tendrá todo buen suceso siempre que se sepulte toda invasión particular y general entre las dos provincias, cuyo proceder no dudo suavizará la justicia que algunos merecen.(Instituto Belgraniano Central,, p. 486, tomo III, vol.1)[/i]
Conjuntamente con la flotilla que al mando de Ferrer se dirigía a Corrientes, Velasco despachó a Montevideo un barco conducido por Francisco Fornell, al mando del sargento mayor Carlos Genovés. Llevaba seis oficiales y 195 soldados prisioneros, incluyendo a Warnes, Saraza y al capitán de dragones Francisco Castellanos. Machain fue embarcado en la Villa de Pilar. Los prisioneros fueron canjeados meses después por una gestión a iniciativa de Machain y Warnes ante el virrey Elío.
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Juicio a Belgrano[/b]
La formación de la Junta Grande, en diciembre de 1810 y la posterior muerte de Mariano Moreno agudizaron la división y el enfrentamiento dentro de la elite de Buenos Aires dividida entre morenistas y saavedristas. Estos últimos contaban en la capital con el apoyo de los jefes de las milicias y la mayor parte de los alcaldes de barrio. El 6 de abril de 1811 una multitud proveniente de los arrabales y zonas rurales inmediatas y tropas de los cuarteles convenientemente convocadas, presentaron al Cabido un petitorio dirigido a la Junta donde exigían —entre otras cosas— la expulsión de los vocales morenistas y la destitución de Domingo French y Antonio Beruti, también morenistas, del mando del regimiento Estrella. A estos requerimientos se sumó, en la "proposición" número trece:
[i] "Quiere el pueblo que el vocal, Don Manuel Belgrano, general de la expedición destinada al auxilio de nuestros hermanos paraguayos, sea llamado y comparezca inmediatamente en esta capital a responder a los cargos que se le formen.". Peticiones del 6 de abril de 1811 en (Junta de Historia y Numismática Argentina , 1910, p. 287 vol. 2)
[/i]
Belgrano era considerado no solo como morenista sino como un peligro potencial por estar al mando de un ejército de aproximadamente 3000 hombres en operaciones.
El 19 de abril, la Junta, obedeciendo las proposiciones hechas por el "pueblo" y publicadas en la Gazeta Extraordinaria del 15 de abril, "previno" a Belgrano para que regresara a la capital y dejase el mando del ejército al oficial que "corresponda por su empleo y antigüedad" que "por ahora" debía ser José Rondeau. Ese oficio llevaba la firma del abogado Joaquín Campana, redactor del petitorio y nuevo secretario de gobierno de la Junta, aliado de Saavedra. En su respuesta del 21 de mayo, Belgrano manifestó abiertamente su ambivalencia: "Tuve impulsos de obedecer y no cumplir la orden" escribió. Finalmente acató la orden para que no se pensara que lo hacía por "ambición" y no provocar, "tal vez", un "nuevo movimiento" o "vaivén" que se debía evitar frente a los enemigos.
El 6 de junio de 1811 la Junta designó como Juez Fiscal al coronel Marcos González Balcarce, otro partidario de Saavedra que también había firmado el petitorio con otros militares, y que luego fue nombrado como nuevo comandante del regimiento Estrella. Su misión era formar la causa reuniendo información y tomando las declaraciones correspondientes.
El 20 de junio, 16 oficiales del ejército que operaba en la Banda Oriental y que participaron de la expedición contra la provincia del Paraguay, expresaron que no habían encontrado a nadie que tuviera alguna queja contra Belgrano..
El 26 de junio el fiscal tomó declaración al coronel Tomás de Rocamora. Las preguntas versaron sobre las causas por las que no pudo unirse a Belgrano, las fuerzas disponibles y su disposición en las distintas batallas, si Belgrano tuvo la posibilidad de cruzar el Paraná en lugar de dar batalla en Tacuarí y si sabía las causas por las cuales fueron separados varios oficiales del ejército. Al respecto Rocamora mencionó la fuga de los oficiales Juan Mármol y Bertolot de la batalla de Tacuarí junto con otros "prófugos que huían del ejército". Sobre estos hechos no le pidieron aclaraciones. Se adjuntó al expediente el largo derrotero que recorrió Rocamora desde Yapeyú hasta San José, sobre el Paraná.
Dos días después, el 28 de junio, se tomó la declaración a Gregorio Perdriel. Las preguntas fueron sobre la marcha desde la Bajada, detalles de la batalla de Paraguarí y posterior retirada, si se habían hecho observaciones sobre el enemigo y si el general había comunicado a los oficiales la orden de la Junta de "no aventurar acción sin ventajas conocidas". Perdriel realizó una extensa declaración en respuesta a las 25 preguntas que le hicieron.
La causa se paralizó durante el mes de julio. "Pero lo que más llama la atención es que en ningún momento se tomó declaración al inculpado, siendo el único que podía aclarar con testigos "de visu" todas las dudas". A fines de ese mes se recibieron distintos oficios provenientes de los alcaldes de la ciudad que manifestaron no tener cargos que hacer a Belgrano por su actuación militar. Tanto Tomás José Grigera como los alcaldes trataron ahora de minimizar la importancia del juicio diciendo que:
[i] "[...] el espíritu del artículo 13 de las peticiones del 6 de abril es excitar al gobierno a que juzgue según derecho al general [Belgrano] como en iguales circunstancias y casos se ha practicado aún cuando la desgracia de la pérdida de las acciones de guerra hayan sido inevitables".(Carranza , 1896, p. 62 vol. 8)[/i]
Sin embargo, como lo había anticipado Belgrano, el momento para su destitución no había sido el más adecuado, por las "relaciones" o negociaciones que se estaban realizando con los paraguayos, portugueses, Artigas e incluso los "enemigos" de Montevideo. Al año siguiente, en un oficio a Rivadavia del 11 de mayo de 1812 Belgrano agregó: "los bribones del 5 y 6 de abril me perjudicaron y perjudicaron a la Patria; ¿Qué ventaja se saca de mentir?"
Como consecuencia del cambio político ocurrido en el Paraguay en mayo de 1811, la Junta consideró que Belgrano era el hombre más adecuado para iniciar negociaciones con el nuevo gobierno paraguayo. A tal fin, el 1 de agosto, lo nombró representante de la Junta en misión especial con las Instrucciones oficiales y confidenciales correspondientes. Belgrano respondió que para llevar adelante su cometido era conveniente que se resolviese previamente su situación procesal. Teniendo en cuenta que ya se habían realizado las publicaciones y recogidos los informes, renunció a toda defensa y confió la misma en todos los oficios que había enviado oportunamente a la Junta mientras estuvo en operaciones y en las declaraciones de los oficiales de su ejército.
Del 3 al 8 de agosto se tomaron siete declaraciones a oficiales que por diversas razones habían sido desafectados del ejército por Belgrano. A todos ellos, al llegar a Buenos Aires, se les había quitado el despacho pero luego, a casi todos, les fue retornado sin explicación alguna. Muchas declaraciones fueron antedatadas como si se hubieran tomado en julio y no en agosto y, a diferencia de Rocamora y Perdriel, se hicieron pocas preguntas.
El capitán Martínez declaró que, cuando le comentó al vocal Miguel de Azcuénaga que Belgrano había hecho marchar a Rocamora el doble de leguas de lo necesario, aquel le advirtió que tuviera "cuidado con decir nada de esto porque era hombre perdido". Al momento de su declaración, Azcuénaga ya no ocupaba su cargo pues había sido desterrado por los autores de la "asonada" del 6 de abril.
Cuando se tomó declaración al teniente José Mármol, del regimiento de granaderos Fernando VII, uno de los que habían desertado en Tacuarí, no se le hizo ninguna pregunta relacionada con ese hecho. Alberdi criticó a Mitre por haber incluido en su Historia de Belgrano estos documentos "superfluos" y vergonzosos para el gobierno, que además "no tuvieron resultado ni influjo en la vida [de Belgrano] ni en la de su época".
Finalmente el 9 de agosto de 1811, teniendo en cuanta lo "expuesto por el Exmo. Cabildo, Alcaldes de barrio y oficiales del ejército" se declaró que Manuel Belgrano:
[i] "[...] se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y constancia dignos de reconocimiento de la patria; en consecuencia queda repuesto a los grados y honores que obtenía y que se le suspendieron en conformidad de lo acordado en las peticiones del 6 de abril; y para satisfacción del público y de este benemérito patriota, publíquese este decreto en La Gazeta".(Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 656)[/i]
El 29 de dicho mes, Belgrano y Vicente Anastasio Echeverría llegaron a Corrientes para iniciar su misión diplomática en el Paraguay.
[b]Causas del rechazo del Paraguay[/b]
La explosión paraguaya que saludó y derrotó a Manuel Belgrano y su ejército en las batallas de Paraguarí y Tacuarí en el año 1811, fue básicamente obra del localismo provincial y la desconfianza sobre la conducción de Buenos Aires. Ello no fue debido a la lealtad a la corona española. Durante los siglos posteriores a la Conquista, el Paraguay se había desenvuelto en soledad; con cultura, manera de vivir y raza diferentes y había vivido sin ayuda de nadie.(Williams, 1969, p. 120)
No era ese el único motivo:
La mayor influencia de los comerciantes porteños sobre las autoridades coloniales en comparación con sus colegas del Alto Plata generó en las distintas áreas que componían dicha región (Paraguay, las provincias del Litoral, sur del Brasil) un profundo sentimiento de suspicacia y recelo hacia la poderosa ciudad-puerto.(Cisneros y Escudé, 1998, p. 118 volumen 2, Cap. 6)
La junta de Buenos Aires cometió el error de querer mantener su privilegiada posición colonial con medidas económicas, políticas y militares. Los paraguayos reaccionaron en masa ante esta pretensión. En un artículo publicado en La Gazeta el 6 de marzo de 1812, Monteagudo criticó a la Junta e indirectamente a Saavedra por esta actitud:
[i]"Se instaló el 25 de mayo de 1810 la primera junta de gobierno: ella pudo haber sido más feliz en sus designios [...] si en vez de un plan de conquista se hubiera adoptado un sistema político de conciliación con las provincias [...] el Paraguay hizo en mi opinión la resistencia que debió y ha acreditado hasta el fin que conoce su dignidad: el quiere vivir confederado y no sujeto a un pueblo [Buenos Aires] cuyos derechos son iguales. "Monteagudo, artículo La Gazeta, 6/3/1812 en (Garin, 2011, p. 119)[/i]
Dos años más tarde, Belgrano agregaría:
[i] "A la salida del doctor Castelli, coincidió la mía, que referiré a continuación hablando de la expedición al Paraguay, expedición que solo pudo caber en unas cabezas acaloradas que solo venían su objeto y a quienes nada era difícil, porque no reflexionaban ni tenían conocimientos". Belgrano, Autobiografía en (Belgrano, 1944, p. 8)
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Tanto Cabañas como Yegros, ricos hacendados y yerbateros, sabían que tras la expulsión de Belgrano se podían iniciar los cambios políticos que se estaban dando en diversas partes de América y al mismo tiempo librarse del yugo económico de Buenos Aires, postergados por la misión Espínola y Peña, las acciones políticas y económicas, el ultimátum y finalmente la invasión.
Por otro lado, la acción militar de la junta de Buenos Aires fue utilizada por determinados sectores del Cabildo de Asunción para justificar un pedido de "ayuda" a los portugueses, que a cambio exigían a la provincia reconocer a Carlota Joaquina como heredera de Fernando VII.78 Y fue este nuevo peligro el que provocó que el 14 de mayo de 1811, el gobierno de Velasco fuera intervenido con el agregado de dos consocios hasta la realización de un congreso. Ese congreso destituyó a Velasco y estableció una junta de cinco miembros que de inmediato reiteró a Buenos Aires su decisión de autogobernarse.
Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier: