Mensaje por JotaErre » 30 Dic 2015 00:07
IVAN-HK escribió:Es de sobra conocida la anécdota de aquel señorito andaluz a quien hicieron ministro en la España agraria y atrasada de la primera mitad del siglo pasado, y la respuesta lacónica de su madre, que necesariamente debía ser una mujer de provecho, al replicar a su alborozado vástago que, en lugar de motivo de alegría, aquello era una desgracia para la familia, “porque solo en casa sabíamos que eras tonto, y a partir de ahora se va a enterar toda España”.
El que era experto en respuestas así era Churchill... una vez, un diputado conservador novato, le señaló a la bancada laborista y le preguntó: "Entonces... ¿esos son nuestros enemigos?". Churchill le respondió: "No te equivoques. Esos son tus adversarios... tus enemigos, los tienes a tu alrededor".
Otra vez, una dama indignada por los comentarios desagradables que le hacía Churchill, le dijo: "Si yo fuera su mujer, le echaría veneno en el café" Y Churchill le contestó: "Y, si yo fuera su marido, me lo bebería sin dudarlo".
Claro que, a veces, le salía el tiro por la culata: a principios del Siglo XX, a la muerte sin herederos de Lord Astor, recibió el título y la herencia su mujer, Lady Astor, de origen americano y fuerte personalidad. La herencia de Lord Astor incluía un escaño en la Cámara de los Lores, que Lady Astor ocupó, convirtiéndose en la primera mujer parlamentaria del Reino Unido, mucho antes de que a las mujeres se les concediera el derecho al voto. Un día, Churchill dijo que la presencia de Lady Astor en la Cámara violentaba su intimidad tanto como si ella entrara en el baño mientras Churchill estaba en la bañera. Lady Astor contestó: "No sea presuntuoso, señor Churchill: si tuviera que escoger el baño de un hombre para entrar, no sería el suyo".
Claro que la cosa venía de lejos, pues el general John Churchill, duque de Marlborough (antepasado de Winston Churchill) tenía una esposa que también era conocida por su mal genio. Un día, estando el duque enfermo, se negaba a tomar su medicina por el mal sabor que tenía. Su mujer le insistía en que la tomara, diciendo: "¡Que me ahorquen si no te sienta bien!", ante lo cual, el médico le dijo: "Tomadla, milord: pase lo que pase, saldréis ganando".
[quote="IVAN-HK"]Es de sobra conocida la anécdota de aquel señorito andaluz a quien hicieron ministro en la España agraria y atrasada de la primera mitad del siglo pasado, y la respuesta lacónica de su madre, que necesariamente debía ser una mujer de provecho, al replicar a su alborozado vástago que, en lugar de motivo de alegría, aquello era una desgracia para la familia, “porque solo en casa sabíamos que eras tonto, y a partir de ahora se va a enterar toda España”.[/quote]
El que era experto en respuestas así era Churchill... una vez, un diputado conservador novato, le señaló a la bancada laborista y le preguntó: "Entonces... ¿esos son nuestros enemigos?". Churchill le respondió: "No te equivoques. Esos son tus adversarios... tus enemigos, los tienes a tu alrededor".
Otra vez, una dama indignada por los comentarios desagradables que le hacía Churchill, le dijo: "Si yo fuera su mujer, le echaría veneno en el café" Y Churchill le contestó: "Y, si yo fuera su marido, me lo bebería sin dudarlo".
Claro que, a veces, le salía el tiro por la culata: a principios del Siglo XX, a la muerte sin herederos de Lord Astor, recibió el título y la herencia su mujer, Lady Astor, de origen americano y fuerte personalidad. La herencia de Lord Astor incluía un escaño en la Cámara de los Lores, que Lady Astor ocupó, convirtiéndose en la primera mujer parlamentaria del Reino Unido, mucho antes de que a las mujeres se les concediera el derecho al voto. Un día, Churchill dijo que la presencia de Lady Astor en la Cámara violentaba su intimidad tanto como si ella entrara en el baño mientras Churchill estaba en la bañera. Lady Astor contestó: "No sea presuntuoso, señor Churchill: si tuviera que escoger el baño de un hombre para entrar, no sería el suyo".
Claro que la cosa venía de lejos, pues el general John Churchill, duque de Marlborough (antepasado de Winston Churchill) tenía una esposa que también era conocida por su mal genio. Un día, estando el duque enfermo, se negaba a tomar su medicina por el mal sabor que tenía. Su mujer le insistía en que la tomara, diciendo: "¡Que me ahorquen si no te sienta bien!", ante lo cual, el médico le dijo: "Tomadla, milord: pase lo que pase, saldréis ganando".