Mensaje por pablo1984 » 08 Mar 2013 23:25
70 años después de Krasny Bor, la batalla entre divisionarios españoles y bolcheviques continúa, pero no en las heladas estepas rusas, sino en la sierra segoviana.
El 10 de febrero de 1943 comienza la batalla de Krasny Bor en plena II Guerra Mundial. La División Española de Voluntarios, llamada División Azul por el color mayoritario de sus camisas –el mahón falangista-, tuvo la mitad de las bajas que sufrió en toda su guerra contra Stalin. 70 años más tarde, la Agrupación Capitán Urbano de reconstrucción histórica, junto a la Hermandad de la División Azul y la productora de televisión HistoricaMedia, deciden producir un documental que atestigüe y documente esta hazaña. La Gaceta estuvo en el rodaje y así lo vivió:
Son las nueve de la mañana en la sierra de Segovia y el clima es casi perfecto. Una leve capa de nieve cubre toda la sierra y poco a poco van llegando los protagonistas. Ni en las mejores predicciones se esperaba un día así; la niebla, el frío, la nieve y el viento hacen que el parecido con los arrabales de Leningrado sea aún mayor.
El campo base es un ajetreo constante, la gente empieza a llegar y los fusiles, botas, chaquetas de la Wehrmacht y camuflajes rusos van de un lado para otro. Ruskis y guripas despliegan sus equipos con un cuidado extremo y poco a poco van preparándose, deteniéndose en cada uno de los detalles de su uniforme. Este será el único rincón de paz, fuera la batalla de Krasny Bor será recreada al detalle.
La nieve persiste, parece que desde arriba están colaborando en el rodaje. El frio es considerable, las manos y los pies empiezan a notarlo -ya pudieron haber hecho la batalla en verano- exclama un divisionario de la Agrupación Capitán Urbano armado con una MG 34.
Desde lo alto de un camión de la Wehrmacht el general, vestido de calle y armado con un megáfono, da las órdenes a seguir, explicando cada una de las escenas. El grupo de unos setenta soldados, perfectamente preparados para la batalla, escucha atentamente las órdenes.
A mí me toca defender los intereses soviéticos, y viéndome junto a mis compañeros dudo de mis capacidades como soldado sanguinario. Me entregan un mosin, y todo cambia, el hecho de tener un arma, aunque sea de fogueo, en la mano me otorga la fiereza que antes no tenía. Nos echamos colina abajo convencidos de la supremacía soviética. La orden es clara: ¡tenemos que tomar el búnker!
Al grito de “Dabai” una decena de ruskis nos lanzamos colina arriba para enfrentarnos a los divisionarios españoles. El armamento de fogueo empieza a retumbar en la sierra de Segovia. -Pobres vecinos, ¿qué pensarán que estamos haciendo aquí?- comenta un camarada al que las heridas de guerra le dan mayor realismo.
La lucha en el búnker es encarnizada, muchos son los camaradas que ya han caído en combate. Algunos se las han visto y deseado para acceder a la parte alta del búnker. ¡Corten! Jadeando y arrastrando las armas llegan los últimos a la cima de la colina. Por suerte era fogueo.
La nieve empieza a derretirse y los enfrentamientos entre rusos y españoles se repiten a lo largo de la finca. Parece que la artillería rusa ha hecho su trabajo, los divisionarios se van replegando, dejando muchas bajas en su camino. Cuando la Operación Estrella Polar parecía terminada, de repente, el megáfono detiene todo. Hora de comer.
¡Por fin! el fusil y el casco ya empezaban a pesar demasiado, cómo se nota que uno no ha hecho la mili.
Al cruzar la trinchera te das cuenta que este hobby reúne a amigos de toda España. Muchos de ellos recorren la Península entera para participar en estos eventos, “Esto es como cuando de pequeños jugabas a las guerras, pero ahora tenemos la suerte de hacerlo con dinero y algunos medios” explica el general divisionario con la sonrisa dibujada en la cara.
El megáfono indica la vuelta al trabajo. Ahora toca sufrir. Las escenas de la tarde narran la ofensiva divisionaria que acabará con el avance ruso. La nieve ya ha desaparecido del todo y el campo de batalla se ha convertido en un auténtico barrizal donde resulta difícil moverse.
Los guripas atacan, hay que mantener la línea. Estos guripas se meten muy bien en el papel, están mejor organizados que nosotros…
¡Ahh! ¡Me han dado! ¡No! Ahora hay que caer con estilo, y lo que es más importante con credibilidad. Los divisionarios me pasan por encima, ahora sí que siento miedo. Estar tumbado y que veinte personas pasen por encima de ti, hace que temas más por tu cabeza que por la veracidad de tu personaje.
Los compañeros de la división celebran su victoria. Mientras los rusos nos retiramos al calor de chimenea. La jornada ha sido dura, pero ahora toca rememorar los mejores momentos vividos en nuestro “frente” particular.
70 años después de Krasny Bor, la batalla entre divisionarios españoles y bolcheviques continúa, pero no en las heladas estepas rusas, sino en la sierra segoviana.
El 10 de febrero de 1943 comienza la batalla de Krasny Bor en plena II Guerra Mundial. La División Española de Voluntarios, llamada División Azul por el color mayoritario de sus camisas –el mahón falangista-, tuvo la mitad de las bajas que sufrió en toda su guerra contra Stalin. 70 años más tarde, la Agrupación Capitán Urbano de reconstrucción histórica, junto a la Hermandad de la División Azul y la productora de televisión HistoricaMedia, deciden producir un documental que atestigüe y documente esta hazaña. La Gaceta estuvo en el rodaje y así lo vivió:
Son las nueve de la mañana en la sierra de Segovia y el clima es casi perfecto. Una leve capa de nieve cubre toda la sierra y poco a poco van llegando los protagonistas. Ni en las mejores predicciones se esperaba un día así; la niebla, el frío, la nieve y el viento hacen que el parecido con los arrabales de Leningrado sea aún mayor.
El campo base es un ajetreo constante, la gente empieza a llegar y los fusiles, botas, chaquetas de la Wehrmacht y camuflajes rusos van de un lado para otro. Ruskis y guripas despliegan sus equipos con un cuidado extremo y poco a poco van preparándose, deteniéndose en cada uno de los detalles de su uniforme. Este será el único rincón de paz, fuera la batalla de Krasny Bor será recreada al detalle.
La nieve persiste, parece que desde arriba están colaborando en el rodaje. El frio es considerable, las manos y los pies empiezan a notarlo -ya pudieron haber hecho la batalla en verano- exclama un divisionario de la Agrupación Capitán Urbano armado con una MG 34.
Desde lo alto de un camión de la Wehrmacht el general, vestido de calle y armado con un megáfono, da las órdenes a seguir, explicando cada una de las escenas. El grupo de unos setenta soldados, perfectamente preparados para la batalla, escucha atentamente las órdenes.
A mí me toca defender los intereses soviéticos, y viéndome junto a mis compañeros dudo de mis capacidades como soldado sanguinario. Me entregan un mosin, y todo cambia, el hecho de tener un arma, aunque sea de fogueo, en la mano me otorga la fiereza que antes no tenía. Nos echamos colina abajo convencidos de la supremacía soviética. La orden es clara: ¡tenemos que tomar el búnker!
Al grito de “Dabai” una decena de ruskis nos lanzamos colina arriba para enfrentarnos a los divisionarios españoles. El armamento de fogueo empieza a retumbar en la sierra de Segovia. -Pobres vecinos, ¿qué pensarán que estamos haciendo aquí?- comenta un camarada al que las heridas de guerra le dan mayor realismo.
La lucha en el búnker es encarnizada, muchos son los camaradas que ya han caído en combate. Algunos se las han visto y deseado para acceder a la parte alta del búnker. ¡Corten! Jadeando y arrastrando las armas llegan los últimos a la cima de la colina. Por suerte era fogueo.
La nieve empieza a derretirse y los enfrentamientos entre rusos y españoles se repiten a lo largo de la finca. Parece que la artillería rusa ha hecho su trabajo, los divisionarios se van replegando, dejando muchas bajas en su camino. Cuando la Operación Estrella Polar parecía terminada, de repente, el megáfono detiene todo. Hora de comer.
¡Por fin! el fusil y el casco ya empezaban a pesar demasiado, cómo se nota que uno no ha hecho la mili.
Al cruzar la trinchera te das cuenta que este hobby reúne a amigos de toda España. Muchos de ellos recorren la Península entera para participar en estos eventos, “Esto es como cuando de pequeños jugabas a las guerras, pero ahora tenemos la suerte de hacerlo con dinero y algunos medios” explica el general divisionario con la sonrisa dibujada en la cara.
El megáfono indica la vuelta al trabajo. Ahora toca sufrir. Las escenas de la tarde narran la ofensiva divisionaria que acabará con el avance ruso. La nieve ya ha desaparecido del todo y el campo de batalla se ha convertido en un auténtico barrizal donde resulta difícil moverse.
Los guripas atacan, hay que mantener la línea. Estos guripas se meten muy bien en el papel, están mejor organizados que nosotros…
¡Ahh! ¡Me han dado! ¡No! Ahora hay que caer con estilo, y lo que es más importante con credibilidad. Los divisionarios me pasan por encima, ahora sí que siento miedo. Estar tumbado y que veinte personas pasen por encima de ti, hace que temas más por tu cabeza que por la veracidad de tu personaje.
Los compañeros de la división celebran su victoria. Mientras los rusos nos retiramos al calor de chimenea. La jornada ha sido dura, pero ahora toca rememorar los mejores momentos vividos en nuestro “frente” particular.