Mensaje por IVAN-HK » 11 Ene 2007 09:55
Sobrevivir a baja altura
Vuelas a ras del suelo. Eso puede parecer muy peligroso, pero es la forma más segura de hacerlo. Si vuelas más alto (no importa que el día sea claro o esté encapotado), presentarás una silueta. Y ellos tendrán más tiempo para ver como te acercas, y como te alejas. Claro que volar muy bajo es también peligroso, pero es otra clase de riesgo. Es un tipo de peligro que tú puedes controlar.
Si vas todo lo bajo que debes ir y pretendes colgarte de un ala, debes procupar que la punta de ésta no dé contra un árbol, la ladera de una montaña o algo así. Una vez, en Nellis, un buen amigo mío viró volando tan bajo que perdió un borde marginal del ala de su F-15.
Pero cuando digo volar a la altura de los árboles, quiero decir que a veces vas por debajo de las copas de éstos. Sobrevuelas la carretera, entre los árboles. Claro que no debes hacerlo a menos que sea necesario, pero así es en muchas ocasiones. No se pretende que te arriesgues de una forma innecesaria, pero debes considerar qué te interesa más, volar a ras del suelo o exponerte al fuego antiaéreo enemigo.
En muchas ocasiones vamos a unos 100 pies [cerca de 30 metros]. Para ello nos someten a un entrenamiento gradual en el que se empieza a 500 pies [aproximadamente 150 metros], después te enseñan a hacerlo a 300 [90 metros] y al final te acostumbras a bajar hasta los 100. Es muy poco, y más si vas a 300 nudos [unos 450 km/h].
Volar en tales condiciones y en combate requiere un aprendizaje. Con este fin se celebran los programas de entrenamiento Red Flag en la base de Nellis, pero la zona es desértica, sin árboles. Y ello supone un problema importante. Sobre el desierto no puedes ejercitarte en el vuelo sobre bosques y valles como los que vas a encontrar en Europa o Corea.
No tiene nada que ver volar a baja cota sobre un desierto rocoso con hacerlo sobre los árboles y entrando y saliendo de valles. Porque, aunque encuentres más obstáculos en tu camino, es más sencillo. Los árboles y las distintas alturas de las cosas te dan una mejor percepción de la profundidad de campo.
Pero, además de volar, debes saber aprovechar el terreno para protegerte. ¿Qué hay aquí que me sirva para ocultarme? Cuando te lanzas al ataque debes hacerte una rápida composición de lugar y poseer alguna información táctica. No puedes aproximarte dos veces seguidas desde la misma dirección, pues de lo contrario los "malos" sabrán por donde pueden esperarte. Deberías conocer un poco el terreno sobre el que te mueves.
Pero en operaciones como las nuestras, no hay tiempo para sentarse a estudiar la zona del objetivo. Estás allí arriba, en vuelo, y recibes una llamada en la que se pide apoyo aéreo directo. Allá abajo hay alguien que necesita tu ayuda.
Echas una ojeada al mapa y piensas: "bien, aquellos están en la hondonada de esa montaña. Atacaremos desde el noreste". Una vez has dado la primera pasada, lo último en lo que piensas es en dar la segunda desde la misma dirección, pues los "otros" podrían estar esperándote. Pero a veces debes hacerlo. A veces es el único eje de ataque posible. Incluso cuando el terreno o las nubes te dificultan la tarea, debes intentar mezclar los ejes de ataque. Y, por supuesto, debes tener en cuenta donde se encuentras las fuerzas propias.
Sobrevivir a baja altura
Vuelas a ras del suelo. Eso puede parecer muy peligroso, pero es la forma más segura de hacerlo. Si vuelas más alto (no importa que el día sea claro o esté encapotado), presentarás una silueta. Y ellos tendrán más tiempo para ver como te acercas, y como te alejas. Claro que volar muy bajo es también peligroso, pero es otra clase de riesgo. Es un tipo de peligro que tú puedes controlar.
Si vas todo lo bajo que debes ir y pretendes colgarte de un ala, debes procupar que la punta de ésta no dé contra un árbol, la ladera de una montaña o algo así. Una vez, en Nellis, un buen amigo mío viró volando tan bajo que perdió un borde marginal del ala de su F-15.
Pero cuando digo volar a la altura de los árboles, quiero decir que a veces vas por debajo de las copas de éstos. Sobrevuelas la carretera, entre los árboles. Claro que no debes hacerlo a menos que sea necesario, pero así es en muchas ocasiones. No se pretende que te arriesgues de una forma innecesaria, pero debes considerar qué te interesa más, volar a ras del suelo o exponerte al fuego antiaéreo enemigo.
En muchas ocasiones vamos a unos 100 pies [cerca de 30 metros]. Para ello nos someten a un entrenamiento gradual en el que se empieza a 500 pies [aproximadamente 150 metros], después te enseñan a hacerlo a 300 [90 metros] y al final te acostumbras a bajar hasta los 100. Es muy poco, y más si vas a 300 nudos [unos 450 km/h].
Volar en tales condiciones y en combate requiere un aprendizaje. Con este fin se celebran los programas de entrenamiento Red Flag en la base de Nellis, pero la zona es desértica, sin árboles. Y ello supone un problema importante. Sobre el desierto no puedes ejercitarte en el vuelo sobre bosques y valles como los que vas a encontrar en Europa o Corea.
No tiene nada que ver volar a baja cota sobre un desierto rocoso con hacerlo sobre los árboles y entrando y saliendo de valles. Porque, aunque encuentres más obstáculos en tu camino, es más sencillo. Los árboles y las distintas alturas de las cosas te dan una mejor percepción de la profundidad de campo.
Pero, además de volar, debes saber aprovechar el terreno para protegerte. ¿Qué hay aquí que me sirva para ocultarme? Cuando te lanzas al ataque debes hacerte una rápida composición de lugar y poseer alguna información táctica. No puedes aproximarte dos veces seguidas desde la misma dirección, pues de lo contrario los "malos" sabrán por donde pueden esperarte. Deberías conocer un poco el terreno sobre el que te mueves.
Pero en operaciones como las nuestras, no hay tiempo para sentarse a estudiar la zona del objetivo. Estás allí arriba, en vuelo, y recibes una llamada en la que se pide apoyo aéreo directo. Allá abajo hay alguien que necesita tu ayuda.
Echas una ojeada al mapa y piensas: "bien, aquellos están en la hondonada de esa montaña. Atacaremos desde el noreste". Una vez has dado la primera pasada, lo último en lo que piensas es en dar la segunda desde la misma dirección, pues los "otros" podrían estar esperándote. Pero a veces debes hacerlo. A veces es el único eje de ataque posible. Incluso cuando el terreno o las nubes te dificultan la tarea, debes intentar mezclar los ejes de ataque. Y, por supuesto, debes tener en cuenta donde se encuentras las fuerzas propias.