HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 27 Abr 2016 22:46

Hasta aquí los Capitanes Generales y Gobernadores de las Islas Filipinas, a continuación iremos viendo los Virreyes y Gobernadores de la Nueva España y de Sudamerica.

Vuelvo a insistir y rogar a los foreros que conozcan personajes, o hechos de armas, que pueden ser desconocidos para otros muchos, los aporten, compartir engrandece y nos hace a todos conocer y amar un poco más a nuestra patria.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 15:10

D. Antonio de MENDOZA y PACHECO 1er. VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Antonio de Mendoza y Pacheco (Mondéjar o Alcalá la Real, España; 1490- Lima, Perú; 1552), político y militar español, que fue caballero de Santiago, comendador de Socuéllamos, primer virrey de la Nueva España (durante 15 años) y segundo del Perú (durante 10 meses).

Antonio de Mendoza fue hijo de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, segundo conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar (a la vez nieto de Íñigo López de Mendoza, el gran poeta), y de su segunda esposa, Francisca Pacheco Portocarrero (hija de Juan Pacheco, primer conde de Escalona).

Nunca fue conde de Tendilla, como muchas informaciones, biografías y publicaciones erróneamente le adjudican, ya que el título y mayorazgo recayó en su hermano mayor, Luis Hurtado de Mendoza. El único título perpetuo que tuvo a su merced fue el de comendador de Socuéllamos.

Se casó con Catalina de Vargas, hija de Francisco de Vargas, contador mayor de los Reyes Católicos, de la que tuvo tres hijos: Íñigo, el primogénito, Francisca y Francisco.

El lugar del nacimiento de Antonio de Mendoza es muy discutido, se considera tradicionalmente Granada, donde su padre era Capitán General, pero Arthur Scott Aiton ofreció como alternativa Alcalá la Real (Jaén), y a éste siguieron muchos otros, como Guillermo Tovar de Teresa. También se dice que fue Valladolid, porque su primera fundación en Nueva España fue una ciudad con dicho nombre, actualmente llamada Morelia.

Francisco Javier Escudero Buendía aportó prueba documental del expediente de caballero de su nieto Francisco Fernández de Córdoba y Mendoza, en donde su genealogía no deja lugar a dudas, afirmando que su abuelo nació en Mondéjar (Guadalajara, España).

A pesar de ser de orígenes alcarreños, Antonio de Mendoza marchó al reino de Granada, donde su padre fue el primer capitán general con funciones de virrey, nombrado por los Reyes Católicos. Es en esta tierra donde los nobles y militares castellanos vivían encerrados en la Alhambra, rodeados de una población cuya mayoría aplastante eran moriscos, cristianos nuevos recién convertidos, donde el futuro primer virrey de Nueva España forjó su carácter tolerante y negociador, al estilo de su padre, Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla y posteriormente marqués de Mondéjar.

Allí aprendió el oficio de virrey sustituyendo a su progenitor, el de regidor de cabildo, el de tesorero de la Casa de la Moneda, y las dificultades de gobierno de una población étnica y confesionalmente distinta a la suya.

La identificación con los moriscos entre los Mendoza fue tal, que en 1509 su padre tuvo que recordar que cuando saliera de viaje vistiera a la castellana, señal de que lo hacía habitualmente con las vestiduras musulmanas, como nos indican Peggy K. Lyss y Emilio Meneses. Esta misma identificación la tuvo con la nueva tierra americana:

Da Priesa en que se venga luego tu hermano don Antonio, que me escrivió el marqués de Denia que lo enbiase, y di a Lázaro de Peralta lo que le haga de vestir y sea a la castellana, y véngase luego él y los Añascos con él. De paramentos para su cama no curas que acá se avrán

El papel de Antonio de Mendoza, hermano de María Pacheco y cuñado por tanto de Juan de Padilla, en la Guerra de las Comunidades es contradictorio, habiendo algún autor —como Escudero Buendía— que lo califica como «Realista y Comunero», frente a otros que lo desmienten, como J. Benedict Warren. Efectivamente, la correspondencia de su hermano Luis Hurtado de Mendoza, transcrita por Emilio Meneses, prueba cómo una vez nombrado representante de Granada a las Cortes de Valladolid de 1518, se puso a favor del Doctor Zúmel y en contra del monarca, es decir, en la línea de los comuneros, y que por ello no le querían nombrar procurador de nuevo para las de 1520.

Que él estovo presto en Valladolid en faser lo que (debe) syn tener respeto a otra persona alguna y podría ser que se ofreciese cosa.

Sin embargo, dos años después aparece en el bando realista en la batalla de Huéscar, Baza y el perdón de Volteruela (actualmente llamada Puebla de Don Fadrique) (1520), donde lidera un ejército de 4000 moriscos, vestidos a su usanza, frente a cristianos viejos, incluso religiosos, a cuyos cabecillas castiga con dureza. Esta actitud mendocina recordará mucho a la Guerra del Mixtón, por muchos motivos, porque en aquella ocasión también el ejército contaba con un numeroso contingente indígena, y además porque la respuesta frente a los sublevados fue similar.

Otro de los episodios desconocidos de la vida del futuro virrey fue la escaramuza que tuvo lugar en Almazán (Soria) donde era señor el conde de Monteagudo, su cuñado. Éste se había marchado a Flandes, dejando en el cargo de alcaide de la fortaleza a Juan Garcés, vecino de Ágreda (Soria), quien parece ser que impidió a los Mendoza, Antonio y su hermano Bernardino de Mendoza, hacerse con el control de los destinos de la ciudad.

La partida mendocina atacó el baluarte defensivo sin piedad, utilizando incluso fuego de alquitrán, apresando en su huida al desgraciado alcaide, torturándolo y ajusticiándolo después.

Antonio de Mendoza fue condenado a un año de destierro por proceso ilegal, en el Monasterio de Uclés (Cuenca), ya que era caballero de la Orden de Santiago, momento que aprovechó para ir a residir a Socuéllamos (Ciudad Real) y rehabilitar la casa-encomienda de dicha localidad manchega.

Antonio de Mendoza y su rama familiar pasaban por sus horas más bajas, y su futuro no era nada halagüeño. Tenía en 1526 posiblemente 35 años, toda una vida para la época, y apenas había conseguido logros fuera de Granada y su entorno familiar. Nada hacía presagiar que él y todos sus hermanos pasarían de ser unos nobles y militares asentistas con intereses rurales en Andalucía, Extremadura y La Mancha.

Sin embargo, el destino les tenía guardada una grata sorpresa: el 10 de marzo de 1526 el rey decide casarse en Sevilla con la infanta Isabel de Portugal y realizar un viaje por toda Andalucía, para conocer sus posesiones más meridionales en alza por el comercio indiano. En premio a la atención recibida por el nuevo capitán general de Granada, Luis Hurtado de Mendoza, todos sus hermanos reciben grandes mercedes, el primero Antonio de Mendoza nombrado ese mismo año embajador en Hungría, al año siguiente su hermano Diego Hurtado de Mendoza es nombrado embajador en Venecia, Bernardino de Mendoza, capitán de La Goleta en 1535, y definitivamente Luis Hurtado es intitulado Grande de España en 1530.

Antes de partir hacia América, realizó tantas misiones diplomáticas en tres etapas, que se puede considerar que éste era su oficio antes de aceptar el cargo de virrey: Desde 1516 hasta 1517 en Flandes e Inglaterra, donde incluso pudo conocer a Enrique VIII. En 1527 viajó al reino de Hungría para llevarle fondos a Fernando I de Habsburgo, el hermano menor de su rey Carlos I de España, pues tras la derrota de los ejércitos húngaros en la batalla de Mohács en 1526, el reino había sido ocupado por los otomanos victoriosos y el Habsburgo deseaba obtener el control. En la batalla de Mohács murió el rey Luis II de Hungría, y ante el trono vacante, Fernando lo reclamó sobre la base de sus derechos adquiridos por su matrimonio con Ana Jagellón de Hungría y Bohemia, hermana del fallecido monarca. Antonio pronto viajó a Italia y Alemania (1527-1530), participando también en la coronación imperial de Carlos V en Bolonia (Italia). También en 1528 fue nombrado gobernador en la Provincia de León dentro de la Orden de Santiago, para apaciguar una sublevación de los moriscos de Hornachos (Badajoz).

Según alguna doctrina y opinión, como la de Germán Vázquez, Antonio de Mendoza, y por extensión muchos de los políticos, estadistas y militares de la época, tuvieron que improvisar estrategias de organización y políticas en un mundo nuevo del que no tenían referencias ni modelos anteriores.

Frente a esta idea, están los que creen que la conquista de América tiene bastantes paralelos con la de las islas Canarias, y la organización posterior con el Reino de Granada como Miguel Molina Martínez y José Szmolka Clares, pero son pocos los que habían advertido que ambos protagonistas, los que fueron los primeros encargados del mando del Reino de Granada — después de haber sido conquistado en 1492 por los Reyes Católicos—-y del Virreinato de Nueva España, eran padre e hijo con similares formas de pensar y de entender el gobierno.

En el caso de Antonio de Mendoza, el desconocimiento de su formación anterior había ocultado la realidad de que era un diplomático, militar y político con cuarenta años de experiencia, con fases de gobierno en la capitanía general-virreinato de Granada, en el que la convivencia con una población mayoritaria recientemente conquistada y convertida a una nueva religión y por supuesto hostil —los moriscos—tenía a los ojos de la Corte española de la época grandes paralelismos con los indios americanos.

Éste fue, sin duda, uno de los principales argumentos de su nombramiento como primer virrey americano —aunque también ayudó mucho que fuera camarero real en 1530— y su experiencia junto a los moriscos, su ejemplo a la hora de afrontar el gobierno de Nueva España, donde no pocas veces (en las ordenanzas, en el urbanismo, en la política económica, en los descubrimientos, en sus relaciones con la iglesia, etc.) aplicó comportamientos aprendidos y heredados en Granada.

Primer virrey de Nueva España

Fue el primer hombre que recibió el cargo de virrey en un territorio americano, junto con los nombramientos de gobernador, capitán general de Nueva España y presidente de la Real Audiencia de México, el 17 de abril de 1535.

Mantuvo una contienda de competencia con el capitán general Hernán Cortés, quien al final tuvo que subordinarse a su mandato. Después de tomar posesión de su cargo el 14 de noviembre su primer acto fue llamar a México y someter a juicio de residencia al gobernador de Nueva Galicia Nuño Beltrán de Guzmán (que había sido presidente de la primera audiencia), bajo la acusación de corrupción y maltrato a los naturales. Nuño fue enviado preso a Castilla, en 1538.

El virrey hizo también abortar una conspiración de los esclavos negros (septiembre de 1537). En 1541 debió enfrentar en forma personal una grave sublevación de los indios caxcanes y chichimecas, en la región de Nueva Galicia, episodio conocido como la guerra del Mixtón, la cual culminó con la derrota de los indios, en febrero de 1542.

Durante los quince años de su mandato en Nueva España, las leyes administrativas que impartió le convirtieron en el supremo organizador del virreinato novohispano.

Obras y otros sucesos importantes

Fundó en 1535 la Casa de la Moneda en la ciudad de México, en 1536 se empezaron a acuñar monedas de plata y cobre como las españolas, llamadas por su forma macuquinas.
Estableció la imprenta que fue la primera de América, siendo el impresor Juan Pablos. El primer libro americano publicado fue la Breve y compendiosa Doctrina Christiana en lengua mexicana y castellana del obispo de México Juan de Zumárraga (1539).
Durante su gobierno se continuaron los viajes de exploración: apoyó a Hernán Cortés en los viajes que dieron por resultado el descubrimiento de la península de Baja California, apoyó a fray Marcos de Niza en 1539 en la empresa exploratoria en la búsqueda de las míticas ciudades de Cíbola y Quivira, así como a Francisco Vázquez de Coronado en 1540, en cuya expedición se exploraron los territorios que constituyen actualmente el suroeste de Estados Unidos y noroeste de México.
El 20 de noviembre de 1540 firmó una capitulación con el gobernador de Guatemala Pedro de Alvarado para explorar los territorios en la llamada «Tierra de la especiería». Por muerte al año siguiente de Alvarado en la campaña del Miztón, la expedición fue efectuada por Juan Rodríguez Cabrillo, quien se dirigió por mar hacia el Pacífico norte. Dicho navegante reconoció en 1542 las hoy costas de los estados de Baja California Sur, Baja California y California (EE.UU.), y nombró un cabo en California con el nombre de cabo Mendocino en honor del virrey.
Otra expedición importante fue la que se envió hacia el Pacífico sur, en el archipiélago filipino, al mando de Ruy López de Villalobos (1542), quien tuvo que regresar por el occidente al ser atacado por los portugueses.
Se fundó el colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco, destinado a la educación de los indios nobles, donde colaboraron frailes como Andrés de Olmos, Juan de Gaona y Bernardino de Sahagún. Asimismo se fundaron otros colegios como el de San Juan de Letrán, para los indios y mestizos, y de La Concepción, para mujeres.
Dictó ordenanzas para dar buen trato a los nativos.
Impulsó y ordenó la minería. Se aperturaron las minas de Zacatecas (1548).
Se puso en marcha de numerosas obras públicas que ampliaron las infraestructuras.
Inició el acondicionamiento del Puerto de Veracruz.
Fundó en 1541 la ciudad de Valladolid, en el valle de Guayangareo (hoy Morelia, en el estado de Michoacán), y otras en lo que hoy es el estado mexicano de Jalisco.
Inició las gestiones para crear la primera Universidad de México.
Acató la promulgación de las Leyes Nuevas el 24 de marzo de 1543, pero al poco tiempo las suspendió hasta que la Corona decidiera acerca de la protesta en contra de las mismas por parte del cabildo de México. A diferencia de lo sucedido en Perú, el virrey atendió prudentemente los reclamos de los conquistadores y encomenderos en contra de las Leyes Nuevas, lo que evitó que estallaran revueltas. Las Leyes Nuevas finalmente fueron derogadas por este virrey el 20 de octubre de 1545. En 1546 el visitador Francisco Tello de Sandoval elevó a la corona 46 cargos en su contra y, simultáneamente, fray Bartolomé de las Casas lo excomulgaba por apoyar a los encomenderos. Sin embargo, en 1548 el Consejo de Indias lo declaró libre de todos los cargos.
Hacia 1547 ocurrió el extraño incidente de la llegada del falso visitador, el licenciado Vena, quien, descubierto, fue azotado públicamente y condenado a 10 años de prisión.
El 12 de febrero de 1546 la diócesis de México fue elevada a la categoría de arquidiócesis. El 8 de julio de 1548 el obispo Juan de Zumárraga fue promovido a arzobispo. La bula llegó tarde a la capital de la Nueva España, cuando ya Zumárraga había muerto, el 3 de junio de 1548.

Segundo virrey en el Perú.

Estimando que la dilatada experiencia de don Antonio en el gobierno de la Nueva España sería apropiada para refrenar los ímpetus sediciosos y dirigir sagazmente la vida peruana, la corte le asignó los cargos de virrey, gobernador y capitán general del Perú y presidente de la Real Audiencia de Lima (8 de julio de 1549). Fue de este modo el primero en la extensa serie de mandatarios novohispanos que recibieron como premio el traslado al gran virreinato de América del Sur.

En su reemplazo, el Consejo de Indias nombró a Luis de Velasco como virrey de la Nueva España, ante quien, antes de partir, dejó Mendoza una relación de su gobierno (25 de noviembre de 1550).

Mendoza, ya achacoso y enfermo, se embarcó en Acapulco, tocó tierra en los puertos de Realejo y Panamá y llegó finalmente a Tumbes (costa norte del Perú), el 15 de mayo de 1551. Desde aquí prosiguió por el camino terrestre de la costa e hizo su entrada solemne en la Ciudad de los Reyes (Lima) el 12 de septiembre de dicho año, aunque sin entrar bajo palio. Recibió el mando del presidente de la Audiencia Gobernadora, Andrés de Cianca.

A pesar de su mala salud y de las secuelas de una hemiplejía, se dedicó a poner orden en la administración y el servicio público. Su mandato sería breve, durando solo diez meses.

Obras y otros sucesos importantes

Debido a su avanzada edad delegó en su hijo Francisco de Mendoza la visita o recorrido de las bien pobladas comarcas del sur, desde Lima hasta Potosí, examinando el aprovechamiento de los recursos naturales y el tratamiento que se daba a los indios, con especial atención a las condiciones de trabajo en el Cerro Rico de Potosí, de inmensa riqueza argentífera. El informe de Francisco de Mendoza, acompañado de los primeros dibujos y planos del centro minero, fueron remitidos a España y depositados presumiblemente en el Consejo de Indias hasta su pérdida.
En 1552 expidió unas ordenanzas para la Audiencia de Lima, que significan el primer código de procedimientos judiciales promulgado en el Perú, con señalamiento de las atribuciones y obligaciones de magistrados, fiscales, relatores, abogados y demás ministros del foro.
Se preocupó por hacer recoger informaciones veraces sobre el Tahuantinsuyo o Imperio de los incas, alentando al conquistador Juan de Betanzos a que culminara su crónica Suma y Narración de los Incas (1551).
Recibió dos cédulas, del 12 de mayo y de 21 de septiembre de 1551 que autorizaban la fundación de la Universidad de San Marcos en el convento de Santo Domingo de Lima.
Concedió licencia a Baltazar Zárate para introducir camellos en el Perú como medio de transporte, pero la empresa fracasó.
Dictó una serie de normativas con el fin de reglamentar el uso de los bienes comunales de los indios, conformar una compañía de alabarderos para servir como escolta virreinal y obligar a los encomenderos a casarse.
Finalmente, agregaremos que bajo su administración se creó el Obispado de la Plata, en Chuquisaca; tuvo lugar la llegada de los primeros sacerdotes de la orden de San Agustín y la celebración del primer concilio provincial limense, por convocatoria del arzobispo Jerónimo de Loayza (1551).

Descontento de los encomenderos

A poco de empezar su gobierno, Mendoza debió enfrentar el descontento de los encomenderos, muchos de los cuales consideraban no haber sido lo suficientemente recompensados por sus servicios durante las guerras civiles. En noviembre 1551 se produjo en el Cuzco una revuelta encabezada por los hidalgos Francisco de Miranda, Alonso de Barrionuevo y Alonso Hernández Melgarejo. La Audiencia envió al Cuzco al mariscal Alonso de Alvarado, investido con el oficio de corregidor y justicia Mayor. Alvarado entró en la ciudad imperial el 3 de diciembre de 1551, ocasionando la fuga de la mayor parte de los revoltosos. No obstante, ajustició a los tres nombrados cabecillas, desterró del Perú a otros y envió preso a alguno.

Pero lo que caldeó más los ánimos de los encomenderos fue la supresión del «servicio personal» de los indios, o sea el aprovechamiento gratuito de su mano de obra por parte de los encomenderos. Esta medida había sido ordenada desde la metrópoli un par de años, y más aún, Mendoza trajo una Real Cédula confirmatoria de tal orden, pero se dejó sin efecto en el Perú por temor al estallido de revueltas. No obstante, los magistrados de la audiencia de Lima resolvieron que no debía posponerse más la aplicación de dicha medida, y el 23 de junio de 1552 libraron una provisión aboliendo el trabajo no remunerado de los nativos. Mendoza avaló la decisión de los oidores (entre los que se contaba Andrés de Cianca), en quienes prácticamente había delegado el mando.

Dicha medida provocó, como era de esperar, la furiosa protesta de los encomenderos. Se descubrió en Lima un plan de conspiración para apresar a los oidores y enviarlos a España luego que falleciese el Virrey, que se hallaba muy enfermo y al borde de la muerte. Se sindicó como cabecilla del complot al general Pedro de Hinojosa, mas éste caudillo supo congraciarse a tiempo con los oidores y quien fue ajusticiado fue su lugarteniente Luis de Vargas.

Muchos descontentos que residían en el Cuzco pasaron a Charcas (actual Bolivia) donde fraguaron una nueva rebelión, pero don Antonio de Mendoza ya no se enteraría de ello. El anciano virrey murió en el palacio de Lima, el 21 de julio de 1552, y fue sepultado, en una pomposa ceremonia fúnebre, en la sacristía de la Catedral limeña. La Audiencia tomó el mando del Virreinato, presidido nuevamente por el oidor Andrés de Cianca.

La primera declaración de independencia de América

Antonio de Mendoza, perdida la posibilidad de crear una estirpe de virreyes Mendoza tanto en la Nueva España como en el Perú, preparó un memorial en 1551, que envió con su hijo Francisco de Mendoza a España —según Rafael Diego Fernández— para ser entregado al Emperador Carlos I, que podría ser considerado por su incendiario contenido la primera declaración de independencia de América, máxime teniendo en cuenta que el propio virrey dice en ella que no oso decirle más porque me va mal de ello, frente a la que tradicionalmente ha sido considerada hasta ahora —entre otros por Simón Bolívar—, que era la carta de Lope de Aguirre a Felipe II (1561.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 16:52

D. Luis de VELASCO y RUIZ DE ALARCON 2º VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Luis de Velasco (Carrión de los Condes, 1511 - Ciudad de México, Virreinato de la Nueva España, 1564), III señor de Salinas fue el segundo virrey de Nueva España, entre 1550 y 1564, tras haber sido virrey de Navarra entre 1547 y 1549.

Pariente de los Condestables de Castilla, sucedió en el virreinato de Nueva España a Antonio de Mendoza, quien tuvo que elegir entre este y el de Perú, mientras Luis de Velasco ocuparía el otro puesto. Llegó a San Juan de Ulúa el 23 de agosto de 1550 y pasó el mes de septiembre en Puebla, mientras Mendoza tomaba su decisión. Finalmente los dos se reunieron en Cholula y Mendoza eligió el Perú. El 25 de noviembre del mismo año, Velasco llegó oficialmente a la Ciudad de México como virrey de Nueva España, cargo que ocupó hasta su muerte el 31 de julio de 1564.

Suele considerársele gobernante prudente. Ayudó a los nativos a defenderse frente a los abusos de los propietarios de minas de oro, y liberó a 15 000 esclavos ilegales. De su mandato destacan la abolición efectiva de la encomienda, la liberación de los indios ilegalmente esclavizados, la urbanización de poblados, la realización de importantes obras públicas, la apertura en 1553 de la Universidad de México y la colonización, pacificación (inaugurada el 25 de enero) y conquista de territorios del norte del virreinato, fundando ciudades como San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende), Durango (1563), San Felipe de Ixtlahuaca y Nombre de Dios. Su hijo Luis de Velasco y Castilla, Marqués de Salinas también fue virrey de Nueva España.

La supresión de la encomienda y la mejora del trato a los indios habían sido prescritas por la corona española desde 1542, con la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas, inspiradas por Fray Bartolomé de las Casas. A diferencia de su predecesor, que no exigió su cumplimiento, aunque nominalmente las acatara, y que incluso llegó a suspenderlas, Luis de Velasco las puso en práctica venciendo con energía la oposición de los encomenderos, como por otra parte le había ordenado detalladamente Carlos I al nombrarle Virrey en Bruselas, en 1549. Otras realizaciones del mandato de Velasco fueron también resultado del disciplinado y tenaz cumplimiento de las instrucciones recibidas de la metrópoli, desde las cortes de Carlos V y de Felipe II.

En 1558 la Ciudad de México sufrió su primera gran inundación de la época española, que se convirtió en epidémica. Hasta 1560 Velasco gobernó con autoridad ilimitada. Aunque no cometió ningún abuso, en este año la Audiencia y otros influyentes españoles intentaron que el emperador limitara la autoridad del virrey, poniendo el requisito de que sus actuaciones necesitaran la autorización de la Audiencia.

En sus años finales, Velasco se centró en fundar asentamientos en Florida, en explorar el Océano Pacífico y en aumentar las riquezas del imperio. El 22 de mayo de 1559 fundó lo que es ahora la ciudad de Yurécuaro en el estado de Michoacán. En ese mismo año envió una flota de trece naves bajo el mando de Tristán de Luna y Arellano para establecerse en la costa oriental de Florida, pero la expedición fracasó debido a la hambruna y a las revueltas de los hostiles guerreros nativos. Los españoles se vieron forzados a marcharse.

Al principio de 1564 Velasco encargó a Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta una expedición por el Pacífico hasta las islas Filipinas, donde Fernando de Magallanes y Ruy López de Villalobos habían llegado en 1521 y 1543.

Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón murió en 1564. Le sucedió Gastón de Peralta, marqués de Falces.

Él fue el primer virrey en vivir en el Palacio Real o Palacio Virreinal, otrora propiedad de la familia del marqués del Valle de Oaxaca (es decir de la familia de Hernán Cortés), actual Palacio Nacional.

Su esposa fue Ana de Castilla y Medoza, descendiente de la Casa real de Castilla, hija de Diego de Castilla, señor de Gor y caballerizo mayor de Carlos V, descendiente del rey Pedro I de Castilla, y su hijo, Luis de Velasco y Castilla, también llegó a ser virrey de Nueva España y del Perú.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 16:54

D. Gastón DE PERALTA DEL BOSQUETE 3º VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Gastón de Peralta del Bosquete, (Pau, Baja Navarra, hacia 1510 - Valladolid, en 1587) noble español que ostentó los títulos de III marqués de Falces, V conde de Santisteban de Lerín. Tercer virrey de la Nueva España (1566-1567).

Gastón de Peralta fue hijo de los aristócratas navarros Antonio de Peralta y Velasco y Ana de Bosquet. Tercer nieto de Mossén Pierres de Peralta y Alfonso Carrillo de Acuña, Arzobispo de Toledo, ambos protagonistas de la boda de los Reyes Católicos. Se desempeñó como comandante militar, diplomático en Italia y gobernador de Navarra. El Real Consejo de las Indias lo propuso al Rey para que viniera de Virrey a Nueva España, cuando llegó la noticia de la muerte de Luis de Velasco. Entonces se embarcó a Veracruz donde arribó a principios de septiembre de 1566, viajó acompañado de su criado Pedro Ordóñez Pérez. A su llegada a la Nueva España tuvo que conocer de los procesos y ejecuciones a consecuencia del juicio contra Martín Cortés, Marqués del Valle de Oaxaca, acusado de conspirar contra Su Majestad el Rey Felipe II. Suspendió la ejecución de la sentencia de Don Luis Cortés, hermano del Marqués, enviado a España.

Peralta llegó a la Ciudad de México en una atmósfera tensa. Uno de sus primeros actos debía quitar la artillería y los soldados que habían sido fijados en el palacio Virreinal y en las calles principales de la ciudad.

Durante su gestión abrió un hospital para ancianos, inválidos, convalecientes y locos. Acusado de animosidad en su contar por los oidores, se le retiró a la Metrópoli; Estas acusaciones fueron comunicadas al monarca español Felipe II en una carta. Alarmado, Su Majestad envió a dos visitadores, Luis Carrillo y al Licenciado Alonso de Muñoz, a la Nueva España para investigar los casos. Ellos le ordenaron al Virrey Peralta regresarse a España para explicar su conducta, pero después fue residenciado y absuelto.

Poseía los Títulos de Marqués de Falces, Conde de Santisteban de Lerín y Barón de Marcilla, fue el primero a quien se le dio en la Nueva España el tratamiento de Excelencia. Murió en Valladolid en 1587. Uno de sus hermanos lo fue Juan de Peralta y Bosquet, tronco de los Peralta de Andalucía, Costa Rica, El Salvador y California. Rama de los Marqueses de Peralta.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 17:21

D. Martín Enriquez DE ALMANSA y ULLOA 4º VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Martín Enríquez de Almansa y Ulloa (¿Toro?, Zamora, España ¿1510? - † Lima, Perú, 1583), político y militar español que fue el cuarto Virrey de la Nueva España y el sexto Virrey del Perú.

Fue el tercer hijo de Francisco Enríquez de Almansa, I Marqués de Alcañices y Señor de la villa de Almansa, e Isabel de Ulloa y Castilla. Su padre creó el mayorazgo de Valderrábano (Toro), el 19 de febrero de 1540. Su hermano mayor heredó el marquesado de Alcañices.

En 1568 el rey de España Felipe II convocó en Madrid a una Junta Magna de los miembros del Consejo de Indias, del Consejo de Castilla, entre otros magistrados y políticos, con el fin de tomar innovadoras medidas con respecto a la administración de los dominios de América, asunto que había sido postergado por la corona. Felipe II, hasta entonces absorbido por los problemas europeos, volcó de pronto su interés en sus colonias ultramarinas, con el fin de reforzar en ellas su poder. En dicha Junta se acordó la elección de Francisco Álvarez de Toledo como virrey del Perú y la de Martín Enríquez de Almansa como virrey de la Nueva España.

El gobierno de Martín Enríquez de Almansa en la Nueva España se inició el 5 de noviembre de 1568 y culminó doce años después, antes de ser promovido al virreinato del Perú. Diversos autores concuerdan en que esta larga administración fue hábil y benéfica. En un libro publicado en 1983, Antonio F. García-Abásolo ha estudiado los aspectos principales de este gobierno, basándose en abundante documentación (Martín Enríquez y la reforma de 1568 en Nueva España, Sevilla).

La primera acción que hizo Enríquez de Almansa al llegar al puerto de Veracruz fue desalojar un puesto de piratería que habían establecido los ingleses en la Isla de Sacrificios, desde donde atacaban a los barcos que entraban o salían de la bahía. Los españoles ganaron la batalla de San Juan de Ulúa y entre los piratas o corsarios que fugaron derrotados estaban los famosos Francis Drake y John Hawkins.

Poco después, ya instalado en la capital, tuvo que enfrentar el conflicto de intereses entablado entre los frailes franciscanos y el clero secular, pretendiendo los unos que se volviese a su convento la procesión que por costumbre antigua conducían aquellos a la Iglesia de Santa María la Redonda. Las palabras no pudieron satisfacer a los contendientes, que en medio de la procesión y turbando la solemnidad de la fiesta religiosa, apelaron a la vía de los hechos, tomando parte en favor de los frailes la numerosa población de indios de aquel barrio que dejó harto mal parados a sus contrarios, hiriendo y matando a algunos con la nube de piedras que sobre ellos descargaron. Se evitaron mayores consecuencias por la prudente conducta del virrey, que a fuerza de medidas conciliatorias logró calmar los irritados ánimos.

En 1570 el virrey organizó una campaña militar contra los huachichiles, indios chichimecas que amenazaban los centros mineros de Querétaro, a consecuencia de la cual fundó en Zacatecas los presidios de Ojuelos y Portezuelos y en Guanajuato el de San Felipe.

Bajo su gestión, se creó formalmente el Tribunal del Santo Oficio o la Inquisición, llegando en 1571 el primer inquisidor Pedro Moya de Contreras. En 1574 se efectuó el primer auto de fe en Ciudad de México, en el que se castigaron a 63 penitentes.

También ingresaron nuevas órdenes religiosas, como las de los Hospitalarios de San Hipólito y la Compañía de Jesús en 1572. Los hospitalarios levantaron el Hospital de San Hipólito, y los jesuitas abrieron el Colegio de Pátzcuaro, en 1574.

Tuvo un serio incidente con el comisario de los franciscanos Francisco Rivera. Éste, molesto porque el Virrey no le había concedido una audiencia luego de larga espera, lo zahirió en una prédica que dio en la catedral. Celoso de su autoridad, el virrey logró que se ordenara al comisario volver a España. Para eludir dicha pena, el comisario reunió a todos sus frailes y, entonando los salmos sagrados, tomaron camino a Veracruz, conmoviendo a la supersticiosa población indígena, a tal punto que el virrey, temeroso de una revuelta, tuvo que cejar y escribir a Rivera en términos comedidos, suplicándole que volviese a obtener la justicia que reclamaba.

En 1573 se fundó el Convento de religiosas de Balvanera con el título de Jesús de la Penitencia y el Colegio de Santa María de Todos los Santos, que en 1700 fue declarado colegio mayor. También se comenzó la edificación de la magnífica Catedral de México y un año después las construcciones del Convento de la Merced. En 1575 se fundó la Parroquia de San Pablo y en el siguiente año el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, lugar este último que tenía la ermita fundada en recuerdo de la Noche Triste. Por último, en 1579 se fundó el Convento de religiosas de Santa Clara.

Se fundó la villa de Celaya, en 1571, por obra de vizcaínos (su nombre deriva de Zelaya, localidad vizcaína), y la villa de San Felipe, en los despoblados de San Luis de Potosí.

En 1576, funda la Villa de León, lo que hoy es León, Guanajuato. Estalló una epidemia de viruela que mató a millares de indígenas, hecho que motivó que el virrey ordenara que se establecieran hospitales para la atención de los enfermos, declarando además que los afectados quedaran exentos del tributo.

Comisionó a los indios la construcción de obras defensivas destinadas a evitar las constantes inundaciones provocadas por el desborde de los ríos del valle de México durante la época de las lluvias.

Quebrantada su salud por un largo mandato de más de una década, solicitó al rey Felipe II que lo relevara del cargo. Pero el monarca, queriendo aprovechar su experiencia en el manejo de los asuntos indianos, lo promovió el 26 de mayo de 1580 a los oficios de Virrey, Gobernador y Capitán General del Perú y Presidente de la audiencia de Lima. Debía sustituir en el mando al enérgico y exitoso Francisco Álvarez de Toledo, el organizador del virreinato peruano.

Virrey del Perú

Ya achacoso, Enríquez se embarcó en el puerto de Acapulco el 9 de diciembre de 1580 y tras 85 días de viaje arribó al Callao, donde desembarcó el 4 de mayo del año siguiente. Luego entró a Lima bajo palio, tomando oficialmente posesión de su gobierno el 15 de mayo de 1581. En las cartas escritas por el virrey tras su instalación en el Perú puede descubrirse alguna traza de envidia o enfado por el sello demasiado personalista que su antecesor había impreso a las tareas administrativas.

Obras y otros sucesos importantes

Una de las primeras medidas que acordó, contradiciendo el parecer de su antecesor, fue la reapertura del Colegio de la Compañía de Jesús, donde los vecinos de Lima enviaban a educarse a sus hijos. Empero, este Colegio no recibía a estudiantes foráneos y vista esta carencia, el virrey permitió a los jesuitas instituir el Colegio Real de San Martín (11 de agosto de 1582), a fin de recibir a los muchachos de origen provinciano que venían a la capital para seguir estudios universitarios. Su primer rector fue el padre Pablo José de Arriaga.

En 1581 creó el corregimiento de Huancavelica y nombró a Juan Maldonado de Buendía como su primera autoridad.

En lo que respecta al real patronato, fundó en la Universidad de San Marcos una cátedra de quechua a la que ordenó asistieran los sacerdotes vinculados a la prédica entre los indígenas.

Puso en marcha un sistema de correo de postas, utilizando corredores o chasquis, similares a los de la época incaica. La diferencia, sin embargo, consistía en su institucionalización como servicio permanente. Su fin era regularizar la comunicación postal entre Lima y el rico asiento de Potosí. Para garantizar su mantenimiento entregó su administración a un concierto de empresarios que asumieron las funciones de correo mayor.

Mejoró el servicio de la mita que hacían los indios en las minas de Potosí y Huancavelica. Remitió a España un total de 1.280.879 pesos en metales finos.

Una flota partió de España para vigilar el paso del Estrecho de Magallanes, donde años atrás había cruzado el corsario inglés Francis Drake para asolar las costas de Chile y Perú. Una sección de esta flota, bajo el mando de Pedro Sarmiento de Gamboa llegó a la boca del estrecho en febrero de 1584. Sarmiento fundó dos poblaciones para su defensa, Ciudad del Nombre de Jesús y Ciudad del Rey Felipe, que no tuvieron permanencia.

Acató una orden dada por la Corona en 1580, de construir cuatro galeones para aumentar la Armada del Sur compuesta apenas por un barco y un bergantín. Pero el virrey alegó ante las autoridades metropolitanas que la escasez de oficiales carpinteros de ribera y madera hacían imposible la conclusión de dicha empresa. Su recomendación fue que dichas naves se hicieran en Filipinas, islas colonizadas desde el virreinato de la Nueva España, con el que mantenía una constante relación. Pero el rey insistió en que se alistasen algunos navíos, en vista de la guerra que se veía venir contra Inglaterra, a lo que respondió el virrey que haría todo lo posible. En definitiva, poco se pudo hacer en lo concerniente a la defensa de las costas.

Durante su mandato llegó una real cédula que prohibía la producción en el Perú de vino, aceite, seda, papel y paños, en el marco del proteccionismo implementado por la Corona, que no quería que las industrias de sus colonias hicieran la competencia a las de la península.

Empezó a intensificarse el comercio con las Filipinas, y a través de este archipiélago, con China. En 1581 arribó al Callao un navío enviado desde Filipinas, con un cargamento de porcelana, hierro, especias, seda, cera y otros objetos procedentes del Lejano Oriente, que se vendían a precios más baratos que los productos importados de Europa. Pero el mismo virrey, temeroso del aumento del contrabando, prohibió luego este comercio transpacífico y, en coordinación con el virrey de Nueva España, lo limitó al puerto de Acapulco.

En este tiempo ocurrió la entrada en Lima de su segundo arzobispo, Toribio Alfonso de Mogrovejo, el 11 de mayo de 1581, quien convocó un Concilio de la provincia eclesiástica de Lima ó III Concilio limense, inaugurado el 15 de agosto de 1582. En esta reunión eclesiástica participaron los obispos sufragáneos de Quito, Cuzco, Charcas, Paraguay, Tucumán, Santiago de Chile y La Imperial, al lado de notables teólogos como José de Acosta y Pablo José de Arriaga y se establecieron las bases para la tarea evangelizadora en el resto del virreinato,

Al virrey le tocó presidir el tercer auto de fe celebrado por la Inquisición de Lima (29 de octubre de 1581), durante el cual fue quemado un luterano flamenco llamado Juan Bernal, y se impusieron penas menores a otras veinte personas.

Durante su período se organizaron dos entradas a la selva: la de Agustín de Ahumada al Dorado en 1583 y la de Francisco de Hinojosa a los Moxos, con malos resultados. Por el contrario, en la región del Río de la Plata, la expedición de Hernando de Lerma fundó la ciudad de Salta de los Calchaquíes (hoy Ciudad de Salta, en Argentina).4

Con respecto a catástrofes naturales, en Arequipa ocurrió un terremoto el día 22 de enero de 1582, que además de arruinar la infraestructura de la ciudad provocó algunas muertes de personas. Meses después y en ese mismo año se sintió un fuerte temblor en Lima, durante la celebración del Concilio Provincial.

Fallecimiento

Afectado por una apoplejía y parálisis muscular, el virrey falleció en Lima el 12 de marzo de 1583, cuando aún no había completado dos años en el gobierno. Durante sus exequias pontificó el obispo de Santiago de Chile, don Fray Diego de Medellín y pronunció la oración fúnebre el de La Imperial, don Fray Antonio de San Miguel (ambos entonces en Lima con motivo del Concilio provincial). En cumplimiento de su codicilo o disposición de última voluntad, donde nombraba como albaceas a los oidores de la audiencia limeña, su cadáver fue depositado en el Convento de San Francisco de esta ciudad. El arzobispo Mogrovejo (después elevado a los altares como Santo Toribio de Mogrovejo) puso el siguiente epitafio sobre su tumba:

«Hoy (12 de Marzo) murió el Virrey, de que ha tenido esta ciudad grande sentimiento y por su salud se hizo procesión general, fuera de otras muchas particulares que se hacían cada día y mañana se hará el entierro con mucha solemnidad, donde irá el Concilio y todas las Ordenes. Ha perdido esta tierra mucho en faltarle tal persona, por la mucha cristiandad y buen celo que tenía de acertar a servir a Nuestro Señor y favorecer las cosas de la Iglesia y socorrer las necesidades de los pobres, a que acudía con muchas veras. Nuestro Señor lo tenga en el cielo».

El poder fue asumido interinamente por la Audiencia presidida por el oidor Cristóbal Ramírez de Cartagena. En la corte de Madrid, la noticia de la muerte del virrey fue recibida con tristeza y preocupación tal como se percibe de lo dicho por el secretario Andrés de Eraso al rey: “Vuestra Majestad ha perdido en el virrey don Martín Enríquez un gran ministro y celoso del servicio de Nuestro Señor y de Vuestra Majestad”.

El historiador peruano Rubén Vargas Ugarte ha escrito sobre este virrey lo siguiente:

… Enríquez había sido un hombre probo e íntegro y un leal servidor de Dios y del Rey. A haber venido con menos años al Perú y no haberle precedido un gobernante de la visión y dinamismo de Toledo, hubiera sido uno de nuestros mejores Virreyes. Pero a ello vino a añadirse la brevedad de su período de mando. En tan escaso espacio de tiempo era imposible que realizara grandes cosas. Dedicóse, puede decirse, a mantener la situación existente, cosa que, por otra parte, veremos repetida en muchos de sus sucesores, aunque no tuvieran sobre sí el peso de los años

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 22:28

D. Lorenzo SUAREZ DE MENDOZA JIMENEZ 5º VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Lorenzo Suárez de Mendoza Jiménez, cuarto conde de la Coruña1 (Guadalajara, 1518 — Ciudad de México, 29 de junio de 1583), fue el quinto virrey de la Nueva España, desde el 4 de octubre de 1580 hasta el 29 de junio de 1583. Nació dentro de la nobleza española, siendo descendiente directo de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, y primo segundo de Antonio de Mendoza, el primer virrey de la Nueva España.

Suárez Mendoza fue un docto hombre de letras, un escritor de mérito. Fue alabado por Gálvez de Montalvo (condiscípulo de Cervantes en las clases que López de Hoyos daba en Madrid) en su libro El Pastor de Filida. Participó en la guerra y conquista de Túnez, a donde fue llevado por su padre, quien acompañó al emperador. Fue patrón y protector de la Universidad de Alcalá de Henares. De 1550 a 1553 sirvió como asistente de Sevilla, cargo equivalente al de corregidor.

El 26 de marzo de 1580 fue nombrado virrey por el rey Felipe II, para reemplazar al anterior virrey, Martín Enríquez de Almansa, que había sido promovido a virrey del Perú. Suárez de Mendoza hizo su entrada solemne en la ciudad de México el 4 de octubre de 1580, y en esa fecha tomó formalmente cargo de su administración en la Nueva España. La pompa con que fue recibido no tuvo precedentes. Su carácter afable y la atención que prestó a los asuntos públicos lo hicieron muy pronto una figura muy popular.

Logros

Siendo un hombre recto y honesto, una de su mayores preocupaciones fue terminar con la proliferación del vicio y la corrupción administrativa, la cual había alcanzado enormes proporciones. Miembros de la Audiencia, oficiales de gobierno, jueces y burócratas vendían sus servicios y decisiones. Suárez intentó detener tales abusos con algún éxito. El poder de la Audiencia limitaba algunas de sus decisiones y eso le impedía el completo éxito en su lucha. Para combatir las obstrucciones de la Audiencia pidió al rey Felipe II el envío de un visitador. Esta importante posición recayó en la figura de Pedro Moya de Contreras, nombrado mediante Real Cédula en 1583, quien ya era el primer inquisidor general de la Nueva España y, además, arzobispo de la ciudad de México. Moya de Contreras sucedería a Suárez como virrey después de la muerte de este último en 1583.

Para regular el comercio y supervisar las dos grandes aduanas en Acapulco y Veracruz, Suárez instituyó el Tribunal del Comercio, conocido como el Consulado.

Suárez de Mendoza ya era viejo cuando tomó posesión del cargo y no sobrevivió más de tres años después de esto. Murió el 29 de junio de 1583 en la capital del virreinato. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de San Francisco y más tarde trasladados a España a su tumba familiar. La Audiencia tomó control del virreinato en espera del nombramiento del nuevo virrey. La Audiencia, en ese entonces, incluía personajes tales como el Dr. Robles, el Lic. Sánchez Paredes, y don Pedro Farfán. Este gobierno interino enfrentó muchas dificultades y durante sus 16 meses en el poder hubo mucha inseguridad. En 1584 el arzobispo Pedro Moya de Contreras tomó las riendas del gobierno como sexto virrey de la Nueva España.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 22:31

D. Pedro MOYA DE MENDOZA 6º Virrey de Nueva España


Pedro Moya de Contreras (Pedroche, Córdoba, España, h. 1527 - Madrid, 21 de diciembre de 1591) fue un sacerdote español. Fue el sexto virrey de Nueva España.

Cursó estudios en la Universidad de Salamanca, doctorándose en derecho canónico y civil. Después fue maestrescuela en la escuela catedralicia de las islas Canarias, e inquisidor en Murcia. Felipe II, con la finalidad de conservar la fe y la ortodoxia de agentes internos y externos, estableció, por Real Cédula del 16 de agosto de 1570, el Tribunal del Santo Oficio en la Nueva España.

El doctor Moya fue nombrado inquisidor, y le fueron entregadas las instrucciones para cumplir con su cometido el 18 de agosto de 1570 por el inquisidor Diego de Espinosa. El Tribunal de la fe se instaló el 4 de noviembre de 1570 en la ciudad de México. Moya ocupó el cargo de 1570 a 1574. Se ordenó de sacerdote en México y en 1571 ofició su primera misa. A la muerte del arzobispo Alonso de Montúfar, fue nombrado arzobispo por el papa Gregorio XIII el 15 de septiembre de 1572. Siendo arzobispo de México, fue nombrado virrey de Nueva España, cargo que ocupó desde el 25 de septiembre de 1584 hasta el 16 de octubre de 1585.

En 1583, el precursor de Moya y Contreras como virrey, Lorenzo Suárez de Mendoza, cuarto conde de La Coruña, pidió al rey Felipe II nombrar a un visitador especial (el inspector real) para ayudar a resolver un conflicto entre el virrey y la Audiencia. Felipe II nombró a Moya, entonces arzobispo de México, como visitador.

El recién nombrado, mediante sus investigaciones encontró una corrupción generalizada, y él envió las acusaciones contra oidores corruptos y otros funcionarios del Virreinato al rey. En su informe al rey, elogió a aquellos funcionarios que habían cumplido con sus obligaciones, y pidió castigos para los otros.

Quitó el empleo a los oidores que habían abusado de su puesto, y castigó, en algunos casos con la horca, a los empleados infieles. Como virrey, remitió a la Corona sumas más considerables que ninguno de sus antecesores. Trabajó en beneficio de la población indígena, creando un seminario expreso para ellos. Realizó el primer auto de fe en la Nueva España el 28 de febrero de 1574; en el auto, entre blasfemos y herejes, destacaron las figuras de los piratas de la flota del pirata inglés John Hawkins, quienes habían sido abandonados por sus compañeros en la costa de Veracruz después de sufrir daños en sus naves por el mal clima. Destacó Moya al convocar el Tercer Concilio Provincial Mexicano, el cual inició sus actividades en 1585 en su sede; en él se decretó la abolición de la esclavitud de los indios; y cuyas disposiciones estuvieron vigentes por más de trescientos años. En 1589, volvió a España y fue nombrado presidente del Real y Supremo Consejo de Indias.

Murió tan pobre que el rey Felipe II tuvo que mandar pagar sus funerales y sus deudas.


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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 28 Abr 2016 22:41

D. Alvaro MANRIQUE DE ZUÑIGA y SOTOMAYOR 7º Virrey de Nueva España


Manrique López de Zúñiga y Sotomayor, luego Álvaro Manrique de Zúñiga y Sotomayor, fue un noble personaje español, perteneciente a la ilustre Casa de Zúñiga. A lo largo de su vida, acumuló los cargos y títulos de I marqués de Villamanrique, con el señorío previo de Mures (del que fue su II Señor), I señor de Gines (Sevilla), virrey de Nueva España, presidente de la Real Audiencia de México, comendador de la Orden de Santiago.

Nació hacia 1525 en Sevilla, siendo el quinto hijo de Teresa de Zúñiga y Manrique de Castro, III duquesa de Béjar, III duquesa de Plasencia, II marquesa de Ayamonte, II marquesa de Gibraleón, IV condesa de Bañares, Grande de España, y de su esposo Alonso Francisco de Zúñiga y Sotomayor, IV conde de Belalcázar y IV vizconde de la Puebla de Alcocer. Eran sus hermanos mayores Manuel, Alfonso, Francisco y Antonio, y los menores, Pedro Gutierre y Diego Luis, teniendo también una hermana, única hembra, llamada Leonor.

Álvaro, por ser uno de los hijos menores, no tenía derecho a ninguno de los títulos familiares. Sin embargo, en 1565, a la muerte de su madre, heredó el mayorazgo de Gines (Sevilla), fundado por su abuela Leonor Manrique de Castro, y refundado por su madre, quien creara señoríos para sus tres hijos menores aún vivos, por lo que comenzó a llamarse Álvaro Manrique de Zúñiga y Sotomayor, de acuerdo a una cláusula del citado mayorazgo.

Poco después, se convirtió también en Señor de Mures, segundo de los mayorazgos creados por doña Teresa en la figura de su hijo Pedro Gutierre, quien al morir sin descendencia en 1570, según estipulaba una cláusula de su mayorazgo, éste revertía en su hermano Álvaro.

Por escritura de 30 de diciembre de 1576 funda un juro para el Convento de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles, de Sevilla, para dotar anualmente a huérfanas de Ayamonte (Huelva), Burguillos (Sevilla) y Capilla (Badajoz).

Álvaro, como representante del cabildo de Sevilla, sostuvo un pleito en 1576 de competencia con el Tribunal de la Inquisición de Sevilla sobre la celebración de autos públicos, y otros temas.

Al servicio del rey Felipe II de España

Álvaro sirvió a la Corona de España con eficacia y lealtad, fue comendador de la Orden de Santiago. El rey Felipe II de España le concedió el 4 de febrero de 1575 el título de I marqués de Villamanrique,6 sobre el señorío previo de Mures.

Participó en el traslado solemne de los restos mortales de San Leandro, San Fernando III, rey de Castilla y León, de su esposa la reina Beatriz, de su hijo Alfonso X de Castilla rey de Castilla y León, de otros infantes y de la imagen de la Virgen, de la capilla real antigua a la capilla real nueva de la catedral de Sevilla realizado el 13 de junio de 1579, siendo uno de los portadores del féretro del rey don Fernando.

Virrey de Nueva España

Álvaro, ya I marqués de Villamanrique, fue nombrado por el rey Felipe II el 26 de febrero de 1585 virrey, gobernador y capitán general de Nueva España, así como presidente de la Real Audiencia de México.8 Por escritura fechada en Madrid el 13 de marzo de 1585 el marqués de Villamanrique da recibo de los documentos recibidos de mano de Juan de Ledesma a mandato del rey:

Título de virrey y gobernador de la Nueva España, fechado en Zaragoza el 26 de febrero de 1585.
Título de capitán general de la Nueva España.
Título de presidente de la Real Audiencia de México.
Información de lo que tiene que hacer en el ejercicio de los dichos cargos.
Cedula real para que vaya de capitán general de la flota que fuere.
Cedula real para que pueda llevar a la marquesa, su esposa.
y otras cédulas más, referentes a los dineros a recibir para el viaje, personas que lo acompañaran
.

Recibe del rey Felipe II las instrucciones para el cumplimiento de su cargo, de fecha 1 de marzo. "Lo que vos... habéis de hacer en el servicio de Dios N.S. y mío y bien de aquella tierra, además de lo contenido en los poderes que de mí lleváis, es lo siguiente:" (consta de 58 ítems), y de fecha 5 de marzo sobre las obras en realización de la fortaleza de la ciudad (castillo de San Juan de Ulúa) y puerto de Veracruz y le ordena proveerlas de la artillería necesaria para su defensa.

Álvaro viajó a México en la flota del año 1585 y desembarcó acompañado de su esposa Blanca de Velasco en Veracruz el 7 de septiembre e hizo su entrada solemne en la ciudad de México el 17 de octubre de 1585. Luego tomó cargo de su gobierno, que lo ejerció hasta la venida de su sucesor Luis de Velasco y Castilla, en enero de 1590.

El rey Felipe II, por correspondencia de 1587-1588, le da órdenes para el buen gobierno, informaciones sobre los fiscales de la audiencia, indios en servicio de los mineros, las flotas que van a Nueva España, etc. El marqués de Villamanrique ordena en 1586 que en la sumisión de los indios chichimecas se respete el buen orden y que estos no se vendiesen como esclavos.

Durante su gobierno hizo cumplir las ordenanzas sobre el comercio de vinos y regulación de los sitios de venta. Dispuso a principios de 1586 cumplir las ordenanzas de la cédula que disponía la secularización de las doctrinas encargadas hasta entonces a las órdenes religiosas. La ejecución de estas ordenanzas se había suspendido desde años atrás (estando en vigor en tiempos del virrey Martín Enríquez de Almansa). Motivo por el que surgieron agrios disgustos con los provinciales de las órdenes de san Agustín, santo Domingo y san Francisco.

Por este periodo los saqueos y robos cometidos por los piratas corsarios sir Thomas Cavendish, sir Francis Drake y Walter Raleigh en las aguas del Virreinato de Nueva España continuaron. El 18 de octubre de 1586 Drake capturó el galeón Santa Ana, que venía de Manila. Cavendish saqueó el 6 de agosto de 1587 el puerto de Huatulco y el 3 de septiembre saqueó el puerto de barra de Navidad en territorio de Nueva Galicia (hoy Jalisco). Cavendish también capturó, el 15 de noviembre del mismo año el galeón que venía de Manila en aguas cercanas a la península de Baja California.18 El marqués de Villamanrique creó un cuerpo de milicias de voluntarios para rechazar cualquier desembarco de los filibusteros y armó dos buques para combatirlos en alta mar.

El Tribunal de la Inquisición de México siguió autos del 1586 al 1589 contra el marqués de Villamanrique, virrey de Nueva España, por abuso de jurisdicción al interceptar y requisar la correspondencia de la Inquisición de México.

La real audiencia de Guadalajara creada años antes obraba independientemente de la de México, sin querer reconocer su supremacía, por lo que el virrey marqués de Villamanrique en 1588 la llamó para establecer jurisdicciones, que les parecieron arbitrarias a los oidores de Guadalajara. Las noticias exageradas de estas diferencias llegaron a la corte de España con cargos exagerados y la mayor parte injustos y se advertía que las injusticias y abusos del virrey marqués de Villamanrique producirían una guerra civil.

En su carta de 11 de mayo de 1588 pide el rey Felipe II al presidente y oidores de la real Audiencia de Guadalajara dar informe de las causas que motivaron impedir el cumplimiento de las provisiones que dio el virrey marqués de Villamanrique El marqués de Villamanrique firma el 15 de febrero de 1589 el asiento y las capitulaciones que hizo con Juan Bautista de Lomas Colmenares, sobre el descubrimiento y población de Nuevo México, remitiéndolas a la decisión regia con carta de 11 de marzo de 1589.

El rey Felipe II en su carta de 31 de agosto de 1589 informa a Luis de Velasco y Castilla, (primo de Blanca de Velasco, esposa del marqués de Villamanrique) que lo ha provisto como virrey de Nueva España. Felipe II nombra como visitador y juez de residencia del virrey marqués de Villamanrique a Pedro Romanos, obispo de Tlaxcala. Lamentablemente era el obispo Pedro Romanos un enemigo del virrey marqués de Villamanrique por los incidentes habidos en el pasado con el clero mexicano.

El obispo lo sentenció y ordenó el embargo de sus bienes libres (hasta la ropa blanca de la marquesa). El nuevo virrey Luis de Velasco hizo su entrada solemne en la ciudad de México el 27 de enero de 1590. El marqués de Villamanrique permaneció hasta febrero de 1590 en México, regresando luego a España.

Escribió Advertimientos que el marqués de Villamanrique dio al virrey Luis de Velasco, marqués de Salinas, su sucesor en el gobierno de Nueva España, por mandato de su majestad y Declaraciones del marqués de Villamanrique en relación a los cargos que contra él hizo Diego Romano, Obispo de Tlaxcala publicados en 1590.

También redactó Memorial sobre la estadía de Álvaro Manrique de Zúñiga, I marqués de Villamanrique, virrey y capitán general de la Nueva España y los asuntos que trató con el arzobispo de México. Su sucesor, el virrey Luis de Velasco, envía con carta de 18 de abril de 1592 las copias de dos documentos: Cargos que resultan de la visita secreta del obispo de Tlaxcala, Diego Romanos, tomada a Álvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villamanrique y Memorial del marqués de Villamanrique a Su Majestad.

Por carta de 23 de junio de 1590 el rey Felipe II informa al virrey Luis de Velasco sobre el nuevo camino de Veracruz a México hecho por orden del virrey marqués de Villamanrique, y le pide aclarar las discrepancias entre los pro y contra de la obra. Asimismo le pide información sobre la discordia y diferencias habidas entre el marqués de Villamanrique y la Audiencia de Guadalajara sobre la provisión de oficios y cosas de gobierno.

Encontrado culpable de los cargos que se le imputaron, regresó a España deshonrado y arruinado. Entre las penas que se le impusieron, estaba la del exilio de la corte, por lo que se tuvo que establecer nuevamente en Sevilla, además de la prohibición de ocupar cualquier tipo de cargo público, y el embargo de todos sus bienes.

Por real cédula de 29 de marzo de 1599 el rey Felipe III le perdona la condena en que había incurrido tras la visita que se tomó por su oficio de virrey de la Nueva España y lo habilita de nuevo para ocupar oficios de virrey, gobierno, justicia, guerra y hacienda, de los que se le había privado a perpetuidad.

Al fallecer su madrastra Brianda Sarmiento de la Cerda el 2 de enero de 1602, presentó el marqués de Villamanrique el testamento otorgado en Madrid por su madrasta el 23 de noviembre de 1601, como albacea y ejecutor del mismo.

El marqués de Villamanrique hizo su testamento el 5 de noviembre de 1601 y lo otorgó el 8 de febrero de 1602. Falleció en Sevilla el 3 de marzo de 1604, sin haber alcanzado la resolución del Consejo de Indias que ordenaba alzar el embargo de sus bienes libres.


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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 29 Abr 2016 11:27

D. Luis DE VELASCO y CASTILLA 8º VIRREY DE NUEVA ESPAÑA


Luis de Velasco y Castilla (Carrión de los Condes, 1539 - Sevilla, 7 de septiembre de 1617) fue un noble, político y militar español titulado marqués de Salinas del Río Pisuerga, que fue virrey de Nueva España en dos ocasiones (1590-1595 y 1607-1611) y también virrey del Perú (1596-1604).

Nació en Carrión de los Condes (Palencia) en 1539, fue hijo de Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, señor de Salinas y pariente de los Condestables de Castilla, perteneció a la Casa de Velasco, y de su mujer Ana de Castilla y Mendoza, descendiente del rey Pedro I de Castilla.

Tras haber ocupado el Virreinato de Navarra, don Luis padre es nombrado Virrey de Nueva España, por lo que la familia se traslada al Nuevo Mundo. A la muerte de su padre, siguió en Nueva España como regidor, pero a consecuencia de sus enfrentamientos con Álvaro Manrique de Zúñiga, el nuevo Virrey, volvió a España donde Felipe II lo nombró embajador en Florencia.

De regreso a la a Nueva España continuó la labor de su padre con sus medidas a favor de los indígenas. Conquistó a los chichimecas fundando establecimientos de tlaxcaltecas, más españolizados, entre ellos, en varias ciudades en los actuales estados de Coahuila (Saltillo), Jalisco, Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí, o la de San Luis de la Paz. Duplicó el tributo que pagaban los naturales. Embelleció la Ciudad de México, abriendo el parque de la Alameda Central, mejoró las fortificaciones de Veracruz y encargó a Juan de Oñate la exploración y conquista de los territorios conocidos posteriormente como Nuevo México.

En 1595 fue nombrado virrey de Perú, cargo que comenzó a desempeñar en junio del año siguiente. Como había hecho en Nueva España, trató de mejorar las condiciones de trabajo de los indígenas, particularmente en las minas. En 1604 volvió a Nueva España, siendo nombrado de nuevo virrey en 1607 a la edad de 70 años.

Durante su segundo mandato en Nueva España comenzó las obras del desagüe del valle de México, remedio propuesto por el ingeniero y cosmógrafo Enrico Martínez para resolver el problema de las frecuentes inundaciones que sufría la Ciudad de México. Sofocó una revuelta de esclavos negros cerca de Orizaba y financió las exploraciones de Sebastián Vizcaíno a Japón (1611).

Concluido su mandato, regresó a España donde se le confió la presidencia del Consejo de Indias. Considerado uno de los administradores coloniales más capaces, en recompensa a sus servicios recibió el título de marqués, con lo que pasó de señor a marqués de Salinas del Río Pisuerga.

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Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 29 Abr 2016 11:44

D. Gaspar DE ZUÑIGA ACEVEDO y VELASCO 9º Virrey de Nueva España


Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco nació en Monterrey, castillo del municipio de Monterrey, provincia de Orense, en 1560 y falleció en Lima el 10 de febrero de 1606, noble español de la Casa de Zúñiga, V conde de Monterrey, señor de Biedma, Ulloa y de la casa de la Ribera, pertiguero mayor de Santiago de Compostela, virrey, gobernador y capitán general del reino de la Nueva España (México), presidente de la Real Audiencia de México, luego virrey, gobernador y capitán general del reino del Perú, presidente de la Real Audiencia de los Reyes (Lima).

Hijo de Jerónimo de Zúñiga Acevedo y Fonseca, IV conde de Monterrey, señor de Biedma, Ulloa y de la casa de la Ribera, pertiguero mayor de Santiago de Compostela, y de su esposa Inés de Velasco y Tovar, hija de Juan de Velasco y Tovar, marqués de Berlanga, y de su esposa Juana Enríquez de Ribera. A la muerte de su padre en 1563 lo vino a heredar y fue V conde de Monterrey. Se casó en 1583 con Inés de Velasco y Aragón, hija de Iñigo Fernández de Velasco, VI conde de Haro, IV duque de Frías, Condestable de Castilla, y de su esposa Ana Ángela de Aragón y Guzmán. Las capitulaciones entre el conde de Monterrey y el duque de Frías, sobre el matrimonio de sus hijos Gaspar e Inés fueron otorgadas en 1563. Gaspar e Inés tuvieron en su matrimonio varios hijos entre ellos a su primogénito Pedro Jerónimo, que murió joven, por lo que vino a heredarlo su hermano menor Manuel de Acevedo y Zúñiga, casado con Leonor de Guzmán, hija de Enrique de Guzmán, II conde de Olivares, y de María Pimentel de Fonseca y Zúñiga (hermana de Gaspar), Inés de Zúñiga y Velasco casada con Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares, válido del rey Felipe IV, María de Zúñiga y Aragón, que murió soltera y Catalina de Fonseca y Zúñiga, monja en el Convento de Santa Cruz de Valladolid.

Ayuda militar al rey Felipe II

Gaspar estudió en Monterrey en el colegio de los jesuitas fundado por su abuelo Alonso de Zúñiga y Acevedo Fonseca, III conde de Monterrey. A la edad de dieciocho años, decidió en 1578 dar ayuda al rey Felipe II, con sus tropas gallegas pagadas a su costo, en acciones militares en la frontera de Portugal, reduciendo a la obediencia del rey Felipe II dieciocho villas.

Gaspar con sus tropas gallegas junto con las de su primo Francisco de Zúñiga y Sotomayor, IV duque de Béjar y Plasencia, y los ejércitos reales al mando de Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba de Tormes, participaron en la revista a la entrada al Portugal, que hizo el rey Felipe II, en Cantillana cerca de Badajoz, el día 15 de junio de 1580. Gaspar defendió con sus tropas gallegas el puerto de la Coruña cuando fue atacado por el corsario inglés Francis Drake en 1589. Gaspar tuvo que litigar en 1594 con su pariente Fernando de Castro y Andrade, Conde de Lemos, ante el Consejo Real de Castilla por un trámite del pleito sobre los bienes de la Casa de Ulloa.

Virrey del reino de la Nueva España

El conde de Monterrey fue nombrado por el rey Felipe II el 28 de mayo de 1595 virrey, gobernador y capitán general del reino de la Nueva España y presidente de la Real Audiencia de México. Fue el noveno virrey de la Nueva España, que gobernó del 1595 hasta 1603. El permiso de salida firmado por Felipe II en Madrid el 27 de junio de 1695 y el expediente de información y licencia de pasajero a Indias, pasando con 70 criados, de ellos doce casados con esposas e hijos, y 58 solteros, se puede consultar en el Archivo de Indias. Llegó a Veracruz a mediados de septiembre en la flota del general Luis Fajardo, se entrevistó un día con su antecesor, Luis de Velasco y Castilla, Marqués de Salinas, en Acolmán y el 5 de noviembre de 1595 hizo su entrada oficial en la capital mexicana.

El conde de Monterrey decidió al comenzar su gobierno, para conseguir un aumento de las rentas de la corona, poblar la provincia de Nuevo México. Estudió el tratado celebrado entre su predecesor y Francisco de Oñate, lo corrigió y nombró a Vicente Saldivar para su ejecución. Las compañías reclutadas se amotinaron en Taxco, a 200 leguas de México. El virrey puso la expedición al mando del capitán Lope de Ulloa para castigar a los rebeldes y obligar a las tropas a continuar con la expedición. Nuevo México fue ocupado sin que los indígenas hicieran resistencia. La expedición fundó la ciudad de Santa Fe y llegó en sus exploraciones hasta la actual Nebraska, pero no encontró las famosas siete ciudades de oro en las provincias de Cíbola y Quivira.

El virrey, conde de Monterrey, dispuso en 1596 enviar una expedición para explorar y colonizar California, de donde llegaban noticias de existir ricos criaderos de perlas. Nombró jefe de la expedición al almirante Sebastián Vizcaíno. La expedición compuesta de tres navíos salió de Acapulco y descubrió todo el litoral de California. Se le dio el nombre del virrey a la Bahía que hoy lleva el nombre de Monterrey, fundó el puerto de la Paz en la Baja California y regresó a Acapulco. Después de intentos sin éxito por colonizar California, el padre jesuita Juan María Salvatierra fundó la ciudad de Loreto en la costa oriental de la Baja California. Se fundó la capital de Nuevo León y se le dio el nombre de Monterrey en su honor.

Los piratas, al mando de Guillermo Paro, sorprenden Campeche en 1597 sembrando el terror. Después de una fuerte resistencia son vencidos por los vecinos y su jefe gravemente herido y luego ajusticiado. El virrey conde de Monterrey ordenó la protección de los puertos y el traslado de la población de Veracruz al lugar donde hoy se encuentra, frente al castillo de San Juan de Ulúa, y en 1600 se comenzó con la construcción de la ciudad.

Durante su gobierno en México puso mucho empeño en que los indios que vivían esparcidos por los montes fueran reunidos en poblados, pero conservando para aquellos sus derechos en sus tierras, así mismo dispuso que los indios fueran libres para el servicio de los campos y las minas para evitar que fueran engañados y explotados por los mineros y por los ricos propietarios. En 1601 se levantaron los indios de la sierra de Topia debido al cruel trabajo que llevaban en las minas. El obispo de Guadalajara, Ildefonso de la Mota, fundó varias misiones de jesuitas, logrando apaciguar a los indios.

El rey Felipe III lo nombró el 19 de mayo de 1603 virrey, gobernador y capitán general del reino de Nueva Castilla (Perú) así como presidente de la Real Audiencia de Lima. Esperó en México la llegada de su sucesor Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, quien vino acompañado por su esposa y a quienes el 4 de octubre de 1603 los recibió en Otumba con gran pompa, dando un hospedaje y fiestas suntuosas que duraron ocho días, a su costa, luego siguió rumbo a Acapulco acompañado por una gran cantidad de indios llorando por su partida. Una demostración como ésta de cariño y reconocimiento sentida por los indios no se había hecho con ninguno de sus antecesores y tampoco se hizo con sus sucesores. Fue un virrey, dicen los cronistas, adornado de grandes virtudes y reconocido por los indios como su "benefactor y padre".

Virrey del reino del Perú

El conde de Monterrey, fue el décimo virrey del Perú, que gobernó del 1604 al 1606. Su despedida de México fue muy suntuosa y espléndida, se embarcó en Acapulco el primero de abril de 1604 estando delicado de salud, arribó a Paita el 24 de mayo y por diversas causas, enfermedad y mal tiempo se vio obligado a proseguir el viaje por tierra, no obstante lo fatigoso de las jornadas y el 14 de julio salió en dirección a Lima, en agosto pasaba por Lambayeque y en octubre salía de Trujillo, en noviembre pasó unos días en Huaura y, finalmente, después de haberse entrevistado con su antecesor, nuevamente Luis de Velasco y Castilla, Marqués de Salinas, hizo su entrada oficial en Lima el 8 de diciembre de 1604.

El cabildo de Lima hizo postergar las fiestas, que de costumbre se celebraban al advenimiento del nuevo virrey, por tener que realizarse un auto de fe el 13 de marzo de 1605 (reos de poca consideración, que no fueron quemados). Las fiestas en honor del conde de Monterrey se celebraron con corrida de toros y juego de cañas el 15 de abril y los estudiantes del colegio de San Pablo le dieron recibimiento el 29 de julio del mismo año.

El virrey conde de Monterrey impuso en 1604 el impuesto de pesas y medidas para financiamiento del Cabildo. El 25 de noviembre de 1604 fuertes temblores de tierra causaron en la provincia de Arequipa graves daños. Conociendo el conde de Monterrey, la emigración de indios, que por temor huyeron de sus pueblos, a consecuencia de los grandes estragos y repetidos temblores que causó la erupción del volcán Huaynaputina en 1600 en la provincia de Arequipa, comisionó al licenciado Juan Antonio de Rivero y Alderete para que dé un informe sobre los daños ocurridos y para que consiga buscar los prófugos, hacer que regresen con sus familias y trabajen en la reconstrucción de sus pueblos.

El conde de Monterrey al tener conocimiento, envió una nave a la isla de Galápagos para rescatar a diez naufragados, que habían permanecido allí dos años de penurias. La nave trajo a los rescatados en noviembre de 1605 a Lima.

Mandó crear el Tribunal de Cuentas con los fueros y preeminencias de la Contaduría Mayor de Castilla. El Tribunal quedó organizado en febrero de 1607. Se erigió el obispado de Santa Cruz de la Sierra en 1605. Se fundaron en Lima los monasterios de la recoleta de Belén, de religiosos mercedarios, la recolección de Santa María Magdalena, de religiosos dominicanos y el colegio de San Ildefonso, de la orden de San Agustín.

Su obra colonizadora prevenía la fundación de villas. Se fundó el 29 de septiembre de 1606 la villa de San Miguel de Ibarra en el Ecuador. Esta villa debía de servir de enlace entre Quito y Pasto, así como entre Quito y la provincia de Esmeralda. San Felipe de Austria de Oruro en Bolivia se fundó el primero de noviembre de 1606. La villa situada en un centro minero creció rápidamente.

Ordenó la expedición para el descubrimiento de las islas Indias Australes en el Mar del Sur cumpliendo los deseos del rey Felipe III manifestadas en su nombramiento. Puso la expedición al mando del Capitán Mercante y cabo Pedro Fernández de Quirós, asistido por el Capitán de Marina Don Diego de Prado y Tovar al mando de la nao San Pedro y San Pablo, 60 toneladas, de Luis Báez de Torres al mando de la nao Almiranta San Pedrico, 40 toneladas, y de Pedro Bernal al mando de una lancha inglesa, Los Reyes Magos, lista en caso de desembarco. Las tres naves llevaban sesenta, cuarenta y doce marineros respectivamente, entre castellanos, portugueses y flamencos.

Los tres navíos llevaban el matelotaje necesario para su éxito en cuanto a agua, alimentos y armas. Fueron a bordo también seis religiosos franciscanos, Fray Martín de Bonilla como comisario de éstos. Salió del Callao con gran solemnidad el 21 de diciembre de 1605. El papa Clemente VIII había concedido tres años antes indulgencias a los expedicionarios a petición de Diego de Prado, con la intermediación de Cristóbal Clavio. Tras la travesía del Pacífico Quirós muestra más interés por el comercio con Manila que por el descubrimiento y conspira para cambiar la dirección de la expedición hacia el nordeste cuando ésta apercibía signos de aproximarse a tierra firme, a latitud 26.

Esta tierra firme estaba evidenciada por signos tales como las nubes continentales, por el tipo de tormentas y por la manera de ponerse del sol en lo que sería el Sur de Nueva Caledonia. Este cambio en contra de lo acordado en consejo de oficiales y la ira por haber utilizado parte de los toneles destinados al agua para mercar con vino en Manila provoca el motín y la separación tras haber explorado las Islas del Espíritu Santo (Vanuatu). Posteriormente Quirós vuelve desposeído de mando a Acapulco en la nao capitana.

Diego de Prado y Luis Báez de Torres continúan la empresa. Navegan por la costa de Nueva Guinea, que cartografían y a la que bautizan Magna Margarita en honor a la reina. Posteriormente navegan hacia la tierra firme de la que han tenido ya evidencias cuando navegaban en latitud 26°.

Cuando son conscientes de que se trata de tierra firme toman posesión de lo que creen un nuevo continente, lo bautizan Austrialia del Espíritu Santo, en honor a la Casa de Austria. Encuentran numerosas poblaciones de tez relativamente clara y bastante organizados, Diego de Prado los denomina canacs. La acogida es a veces pacífica y a veces violenta. La expedición muestra mucha cautela de no agredir gratuitamente a los indígenas. Así mismo, descubren evidencias de la presencia mercante esporádica de comerciantes chinos. De Prado anota todos los indicios de riqueza mineral, vegetal y animal.

Cuando han recorrido decenas de leguas de costa en lo que sería Queensland vuelven al norte, evitando las barreras de arrecifes ("baxos" en el relato). Capturan a algunos indígenas para cristianizarlos en Manila, pero no pudieron establecerse definitivamente en ellas. La expedición continúa por el estrecho de Tovar, rebautizado por los navegantes ingleses como Estrecho de Torres, por Nueva Guinea y Borneo, donde cruzan los primeros indígenas lusófonos que les indican la cercanía a tierra explorada.

En Manila, el gobernador parece retrasar la noticia del descubrimiento por intereses comerciales y celos a una nueva tierra que haría sombra a Filipinas, mientras tanto, Quirós inunda la secretaría de Estado de relatos ficticios para ganar favores reales, pues era consciente de la existencia de tierra firme austral. Pese a las cartas, relatos, mapas y envío de un indígena al Rey, la Administración Pública Española entierra en los archivos el descubrimiento y toma de posesión de Australia.

En aquellos años se predecía que la talla de las Indias Australes fuese similar a la de América, por lo que es posible que la Administración se encontrase sin recursos para emprender otra colonización. Gaspar de Zúñiga nunca conocerá el resultado de esta expedición que financió, pues el descubrimiento acaece en 1608. El cambio de Virrey en Perú ha podido influir también en el desenlace de la historia. Báez de Torres continuará sirviendo a la Marina de manera discreta, Diego de Prado y Tovar, volverá por Goa, Ormuz, peregrinando a Alepo y de nuevo en barco vía Malta hasta llegar a Madrid, se ordenará monje y se encerrará en el convento de San Basilio de Madrid, calle del Desengaño, hoy desaparecido.

Los exploradores ingleses del siglo XVIII conocían el relato de Torres y lo respetaban como precursor. El estandarte de Diego de Prado, una Cruz de Malta sobre fondo blanco figura hoy en la bandera del Estado australiano de Queensland.

También ordenó la expedición a las tierras de los mojos en el oriente del Alto Perú (hoy Bolivia).

Hizo intensificar la minería, en especial la explotación de las minas de azogue, tan importantes en aquella época, por servir el azogue para la extracción de plata y oro. Promulgó ordenanzas para asegurar la buena calidad de las obras de artesanía, impedir el monopolio y conseguir artesanos capacitados en el ejercicio de su arte y de buena fama.

La prosperidad de los mestizos y mulatos en la América fue muy notoria en esta época. El virrey conde de Monterrey se vio obligado a redactar ordenanzas prohibiendo los atuendos de lujo a las mulatas, la posesión de armas a los mulatos y, además, prohibiendo que fueran de acompañantes de personas de calidad más de dos. Estas ordenanzas fueron en Nueva España años más tarde, en 1612, ampliadas por su sucesores y se extendieron a los negros, filipinos y chinos.

El conde de Monterrey, virrey de México y del Perú fue muy piadoso, su honradez era acrisolada. Con su patrimonio cubrió las deudas del Estado. A pesar de su quebrantada salud visitaba iglesias, repartía en limosna y actos de caridad todas sus rentas. En su época vivieron en Lima ejemplares de piedad y religiosidad como el arzobispo Toribio de Mogrovejo, Isabel Flores de Oliva, Martín de Porras, que fueron santificados por la Iglesia Católica. Sucedieron en el Perú por esos años raros acontecimientos, como los cronistas de la época lo relatan, los sucesos del terremoto de Arequipa, resurrección de muertos, arrepentimiento de herejes, apariciones de almas.

El conde de Monterrey recibió el apodo el Virrey de los Milagros. El cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala atestigua que el conde de Monterrey daba limosna a los pobres, favorecía a los indios, honraba a los incas y caciques, y castigaba a los corregidores, encomenderos y españoles quienes maltrataban a los indios.

Falleció en Lima el 10 de febrero de 1606 después de una larga y penosa enfermedad que lo obligó a guardar cama por más de 2 meses, que pasó en la hacienda la Granja, de los padres dominicanos, situada en Limatambo. En su testamento dejó por albaceas a Diego de Portugal, alcalde ordinario de la ciudad de los Reyes en 1606 y a Diego Núñez de Avendaño, quien al ser el Oidor más antiguo de la Real Audiencia ejerció el gobierno en ausencia del virrey, pero falleció meses después el 26 de mayo 1606. Los costos de su entierro fueron cubiertos por la Real Audiencia al no haber dinero en la casa del virrey conde de Monterrey y se lo enterró en la iglesia de San Pedro de la Compañía de Jesús. Sus restos fueron trasladados a España en mayo de 1607 por el padre Alonso Mesías, quien fue elegido procurador en Roma, y sepultados en la iglesia del Colegio de los Jesuitas, castillo de Monterrey, situado en Verín, Galicia, fundada por su abuelo Alonso. Dejó unas deudas grandes. Su hermano Baltasar ayudó a su hijo heredero Manuel por el pleito de herencia del condado de Monterrey y de los mayorazgos de su casa ante los reyes Felipe III y Felipe IV.

Su esposa, la condesa de Monterrey, se quedó en España con sus hijos durante la ausencia del conde Gaspar, residiendo en su palacio en Madrid. Ella dio refugio a su prima Juana de Velasco y Aragón, VI duquesa de Gandia, en diciembre de 1599, cuando la duquesa, camarera mayor de la reina Margarita de Austria, tuvo que retirarse de la corte del rey Felipe III a insinuaciones de su válido Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma.

Su reputación de hombre honesto era tan grande que nadie propuso que se llevara a cabo el Juicio de Residencia, que normalmente se hacía al virrey saliente cuando dejaba el gobierno. La Real Audiencia de Lima en su carta del 28 de febrero de 1606 informa al rey Felipe III la muerte del virrey, conde de Monterrey, manifestando que su gobierno fue uno de los más justos y prudentes que han gozado estos Reinos y que el conde de Monterrey fue un personaje de gran talento y singulares virtudes de piedad y justicia, y las demás, que sin duda le hicieron uno de los grandes y más importantes ministros que V.M. ha tenido. Por real cédula de Felipe III, fechada el 11 de mayo de 1608 en Aranjuez, en reconocimiento a los servicios prestados a la Corona de España por el conde de Monterrey, se concedieron a sus herederos un repartimiento en el Perú, con una renta de seis mil ducados.

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Marco Tulio Cicerón.


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