HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Mar 2016 10:26

Excmo. Sr. D. Juan Angel MICHELENA Militar y Marino Español


Juan Ángel Michelena (n. Maracaibo, Virreinato de Nueva Granada, 1774 – † Ferrol, Betanzos, Galicia, 1831), marino español, criollo de Nueva Granada, de activa participación en contra de los gobiernos independentistas argentinos, inmediatamente después de la Revolución de Mayo.

Viajó muy joven a la metrópoli, e ingresó en la Real Armada en el puerto militar de Cádiz a los doce años. Hizo una campaña por el mar Mediterráneo, visitando decenas de puertos árabes.

Más tarde prestó servicios en La Habana, Puerto Rico y combatió en la batalla de San Vicente.

Era capitán en 1805, cuando llegó a Montevideo, poniéndose a órdenes del general Pascual Ruiz Huidobro. Al año siguiente se unió a la campaña de Santiago de Liniers para luchar contra las invasiones inglesas a Buenos Aires, como jefe de los marineros que pelearon en tierra. Más tarde fue uno de los capitanes que llevaron y trajeron tropas desde y hacia la Banda Oriental, peleando en la defensa de Montevideo durante la segunda invasión inglesa.

Permaneció durante los años siguientes en Montevideo, pero no apoyó la junta de gobierno instalada por Francisco Javier de Elío en esa ciudad en 1808. En septiembre, el virrey Liniers lo envió a hacerse cargo del gobierno de Montevideo; llegó sin escolta, fue insultado y golpeado en público por el propio Elío, fue Gobernador de Montevideo del 17 de septiembre al 28 de septiembre de 1807 y una revuelta de apoyo a Elío lo obligó a huir. Un año más tarde, Elío fue depuesto por el nuevo virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Estaba en Buenos Aires cuando estalló la Revolución de Mayo, y acompañó al general Joaquín de Soria a Montevideo. En un acto de torpeza que le costaría muy caro, la Primera Junta no intentó evitar que Soria se llevara toda la flota a Montevideo, donde se formó el más poderoso centro realista. Michelena contribuyó a desarmar el intento de revolución urdido por el coronel Prudencio Murguiondo.

En diciembre de ese mismo año de 1810, dirigió una campaña contra las costas del río Uruguay, logrando pasar varias villas a la obediencia a Montevideo; entre ellas, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Paysandú, Soriano, Mercedes, Colla, etc. Cuando los orientales se alzaron en armas a principios del año siguiente, no pudo evitar que los porteños le enviaran refuerzos, pero al menos retrasó mucho su avance. Junto al capitán Jacinto Romarate, atacó a los patriotas en varias campañas, y saquearon las costas del río Paraná, debilitando a los porteños y proveyendo de carne a Montevideo.

En julio de 1811, por orden de Elío, bombardeó la ciudad de Buenos Aires. En realidad, dadas las costas demasiado playas del Río de la Plata, no pudo acercarse demasiado a ellas. Lanzó varias decenas de cañonazos contra las costas de la ciudad, que quedaban demasiado lejos para sus cañones. Cuentan las crónicas de la época que las familias lo miraban desde las azoteas o desde la playa, mientras almorzaban y se divertían.

A fin de año viajó con el virrey Elío a España, adonde llegó con toda su tripulación enferma de escorbuto. Regresó con algunos refuerzos en agosto, y poco después volvió a “bombardear” Buenos Aires; esta vez tuvo el cuidado de que el viento favorable le permitiera acercarse un poco más, con lo que logró destruir algunas casetas armadas por los pescadores en las playas inundables. Lanzó un sonoro ultimátum al Triunvirato, contestado por otro de tono igualmente altanero.

Combatió en la derrota naval del Buceo, y fue uno de los prisioneros tomados unos días después, cuando la ciudad se rindió al general Alvear.

Fue llevado preso a Las Bruscas, cerca de la actual ciudad de Dolores, pero pronto pasó al hospital de Buenos Aires. Intentó varias veces fugarse, pero no lo consiguió hasta 1820. En medio de la anarquía de ese año, logró evadirse en un bote hasta Colonia. Desde allí pasó a Río de Janeiro y Gibraltar, llegando finalmente a Cádiz.

En 1823 se puso a las órdenes de un general francés, con el cual ayudó a la restauración absolutista de ese año, venciendo a los liberales. Fue ascendido al grado de general. Fue gobernador de la ciudad y puerto de Ferrol, lugar donde falleció en septiembre de 1831.

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Mar 2016 21:04

Excmo. Sr. D. José POSADAS Militar y Marino Español


José Posadas o José Posada fue un marino español. En 1811, cuando era capitán de fragata y estaba en Montevideo, el virrey Francisco Javier de Elío lo puso al frente de una fuerza heterogénea de tropas que debían detener el avance de los revolucionarios comandados por José Artigas. Fue derrotado y tomado prisionero en la batalla de las Piedras, el 18 de mayo de 1811. En octubre del mismo año se puso en libertad en virtud de un canje de prisioneros.

Iniciado el segundo sitio de Montevideo, Posadas comandó el batallón de Infantería de Marina. Durante la fase final de la ofensiva de la escuadra patriota en la Campaña Naval de 1814, Posadas zarpó el 14 de mayo de ese año con la escuadra realista a bordo de la fragata Neptuno como segundo del comandante de la escuadra (y del Apostadero de Montevideo) Miguel de la Sierra.

Ya trabado el combate su superior abandonó la escuadra a su suerte y se retiró de la lucha, por lo que Posadas debió asumir el mando. La escuadra fue completamente derrotada, cayendo Montevideo poco después.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Mar 2016 21:13

Excmo. Sr. D. Gaspar DE VIGODET Capitán General del Ejercito Español


José Gaspar de Vigodet más conocido como Gaspar de Vigodet o bien como aparece en algunos documentos históricos: Gaspar de Bigodé1 o Bigodet2 y apodado por sus compañeros de armas como "Vidogo" (Sarrià de Barcelona, 1764 – Madrid, e/ noviembre y diciembre de 1835) era un militar español de origen francés que tras su designación como gobernador de Montevideo en 1810 y luego como capitán general y gobernador de las provincias del Río de la Plata en 1811, se convertiría en la máxima autoridad de este virreinato y en su último gobernante colonial.

Sin embargo, su cargo solo fue efectivo en la Banda Oriental por lo que no fue reconocido en la mayoría del territorio rioplatense, ya que estaba controlado fácticamente por las autoridades de Buenos Aires, y por lo cual organizaría la resistencia realista desde Montevideo, designada como nueva capital por su antecesor, el virrey Elío, hasta que la ciudad fuera sitada por segunda vez el 20 de octubre de 1812 y cayera en manos patriotas a mediados de 1814.

Posteriormente al llegar a España, sería ascendido al rango de teniente general, y luego comandó la capitanía general de Andalucía en el año 1814 y la de Castilla la Nueva en 1820.

Por sus méritos defendiendo a la Corona española se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando y fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica (1815), caballero gran cruz de la Orden de Carlos III (1816) y caballero gran cruz de la Orden de San Hermenegildo (1818).

Como militar participó en el sitio de Gibraltar desde el 30 de agosto de 1782 al 4 de febrero de 1783, siendo ascendido a subteniente el 1º de enero de este último año, y en la Campaña del Rosellón en 1793.

Fue nombrado segundo comandante en 1806, con el grado de teniente coronel, y poco después fue ayudante de estado mayor del ejército de Andalucía. Durante la Guerra de la Independencia Española intervino en el año 1808 en la batalla de Bailén del 19 de julio y en la de Tudela el 23 de noviembre, y por su accionar en la primera de ellas fue ascendido a coronel.

El día 1 de diciembre del mismo año pasó a la División de vanguardia como su comandante, y participó en el combate de Tarancón el 23 de diciembre, en la batalla de Uclés el 13 de enero de 1809, en la acciones de Mora el 18 de febrero y de Consuegra el 22 del mismo mes. Por sus meritorios servicios fue promovido a mariscal de campo el 16 de marzo de 1810.

Al poco tiempo era designado gobernador montevideano por el Consejo de Regencia de España e Indias el 7 de septiembre del mismo año, por lo cual, embarcó en la corbeta El Diamante rumbo a Sudamérica y ocupó el puesto al arribar a la ciudad el día 7 de octubre del corriente, que estaba ejercido en forma interina por Joaquín de Soria. Una de sus primeras medidas fue elevar al pueblo de «El Colla» al rango de villa con el nuevo nombre de Rosario, el 15 de octubre del corriente.

Al año siguiente sería asignado en el cargo de capitán general de las provincias de la Plata10 con sede en Montevideo el 18 de noviembre de 1811, sucediendo al último virrey Francisco Javier de Elío, en la defensa contra los avances de los independentistas rioplatenses. El sitio a que fue sometida la ciudad el 20 de octubre de 1812 lo obligó a intentar una salida pero fue derrotado por completo en la batalla de Cerrito el 31 de diciembre.

Derrotada la Real Armada en el Combate de Martín García por la escuadra patriota dirigida por Guillermo Brown durante la Campaña Naval de 1814 y privado de su apoyo, el sitio se cerró y el general Carlos María de Alvear obligó a negociar la entrega de la ciudad, concretándose finalmente con la firma de la capitulación de Montevideo el 20 de junio de ese año.

Regresó a España a finales de 1814 en donde sería ascendido a teniente general para convertirse en el nuevo comandante de la capitanía general de Sevilla, y el 24 de marzo de 1815 fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica y como tal representó al Rey en el Brasil para negociar los acuerdos esponsales con la infanta María Isabel de Braganza, además de ejercer mandatos algo difusos en Río de Janeiro, donde intentó perjudicar a Alvear que se había refugiado en esa ciudad, después de su expulsión del Río de la Plata.

Debido a la instigación del teniente general Vigodet que había influido en la reina consorte luso-brasileña Carlota Joaquina de Borbón para que informara a su hermano el rey Fernando VII de la llegada del líder depuesto y de la actitud tomada por su representante en Río —el ministro Andrés de Villalba que estaba en la Corte de aquel país— ya que el coronel-ingeniero Ángel Augusto de Monasterio "el Arquímides de la Revolución de Mayo" al llegar a dicha ciudad, se comunicó por carta con el ministro español para proteger a Alvear de ser deportado a España, pudiéndolo salvar, y por lo cual, Vigodet solo lograría que el monarca remplazase al ministro antes citado.

Una vez en Madrid y por sus méritos, nuevamente fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de Carlos III el día 9 de octubre de 1816, y en el año 1818 fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de San Hermenegildo, y en el mismo año le sería asignado, pero esta vez la más preciada condecoración militar española, la categoría de Gran Cruz Laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Posteriormente, fue nombrado capitán general de Castilla la Nueva, en 1820. Al haber sido miembro de la regencia que destituyera al rey Fernando VII de España, debió exiliarse en Francia en el año 1823.

Al retornar de su exilio en 1834, después de la muerte del Rey, juró en Madrid el acta del nuevo Estatuto Real en las Cortes de la sesión regia promulgada por la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, el día viernes 25 de julio del corriente, y al año siguiente en las citadas Cortes, votó unos proyectos el martes 27 de enero, el sábado 7 de febrero y nuevamente el martes 24 de marzo, además de dar un voto positivo el día lunes 4 de mayo y el miércoles 20 del mismo mes, siendo esta última fecha el final de su actividad pública, aunque aparece nombrado en una real orden del 24 de octubre del citado año con el grado de teniente general, por el cual se le adjudicó los "beneficios del doble tiempo de campaña" por consideración a los sacrificios y padecimientos en el Río de la Plata defendiendo a la Corona española como digno militar que fue.

Gaspar de Vigodet fallecería en Madrid entre los meses de noviembre y diciembre de 1835

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Gaspar de Vigodet fallecería en Madrid entre los meses de noviembre y diciembre de 1835
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 25 Mar 2016 21:21

Excmo. Sr. D. Francisco DE PICOAGA Y ARRIOLA Militar Peruano en el Ejercito Español

Francisco de Picoaga y Arriola (Cuzco, 4 de octubre de 1751 - Cuzco, 29 de enero de 1815) fue un militar realista peruano. Luchó en el Alto Perú contra los patriotas rioplatenses y ascendió al alto rango de Mariscal de campo. En 1814 defendió Arequipa amenazada por los patriotas revolucionarios cuzqueños, pero fue derrotado en la batalla de la Apacheta, siendo tomado prisionero. Encerrado en un convento del Cuzco, murió asesinado.

Fue hijo del general José Picoaga y Juana Arriola. Estudió en el Seminario de San Antonio del Cuzco en el cual se destacó por su inclinación a las cuestiones teológicas. A lo largo de su vida mantuvo su amor a las letras y llegó a tener una magnífica biblioteca.

En 1786 como vecino notable y de influencia fue nombrado coronel del regimiento de milicias de su ciudad, ascendiendo después a teniente coronel de ejército. Contrajo matrimonio con Antonia Suárez, natural de Madrid, hija de Antonio Suárez, fiscal de la Real Audiencia del Cuzco.

En 1809, bajo las órdenes del brigadier José Manuel de Goyeneche, marchó a sofocar los primeros movimientos revolucionarios que estallaron en el Alto Perú (actual Bolivia). Después del triunfo realista y la ocupación de La Paz, volvió al Cuzco.

Nuevamente marchó al Alto Perú al frente del primer regimiento del Cuzco y bajo las órdenes de Goyeneche, para contrarrestar el avance de las fuerzas patriotas procedentes de Río de la Plata. Tuvo una considerable participación en la victoria alcanzada en Huaqui por las armas realistas el día 20 de junio de 1811.
Participó también en la batalla de Sipe Sipe librada el 13 de agosto de ese mismo año y ganada también por los realistas. Obtuvo por entonces su ascenso a brigadier de infantería. Enseguida avanzó hasta Yavi donde se situó con mil hombres de vanguardia. Le salió al encuentro el coronel argentino Eustaquio Díaz Vélez, pero Picoaga, obedeciendo órdenes superiores, marchó hasta Suipacha, donde encontró el resto de su división que marchaba a reforzarle. Díaz Vélez le siguió y se encontró con Picoaga frente a frente, con el río Suipacha de por medio. A principios de 1812 Díaz Vélez inició la ofensiva pero los soldados realistas lo repelieron con disparos de sus fusiles. Picoaga decidió contraatacar el 18 de enero, pero cuando ya se disponía a hacerlo, llegó al campo el brigadier Pío Tristán, mayor general del ejército, quien dispuso que se suspendiesen las hostilidades. Picoaga regresó al cuartel general de Potosí y ocupó Chuquisaca con su división, la cual obró sobre Cochabamba donde, apoyado por otras columnas realista, sofocó sangrientamente un nueva revolución, labor que culminó en mayo de 1812.

Tras los reveses realistas de Tucumán y Salta, Goyeneche renunció al mando de las fuerzas realistas en el Alto Perú. Las tropas se disgustaron de la separación de su general, particularmente el primer regimiento del «Cuzco», pero Picoaga logró imponerles la disciplina, debido al influjo que ejercía sobre sus tropas.

Los argentinos, al mando del general Manuel Belgrano, invadieron nuevamente el Alto Perú. El virrey del Perú José Fernando de Abascal, reorganizó el Ejército Real del Perú y en reemplazo de Goyeneche nombró al general español Joaquín de la Pezuela, recientemente llegado de la península ibérica. Belgrano continuó su avance y Pezuela resolvió atacarlo. Ocuparon los realistas las alturas de Vilcapugio, y descendiendo a la llanura, el 1 de octubre de 1813 al amanecer, se trabó una reñida batalla. El resultado parecía ya adverso a los realistas, cuando el primer regimiento del «Cuzco» conducido por Picoaga, y un batallón mandado por Pedro Antonio Olañeta hicieron prodigiosos esfuerzos y destrozaron el ala izquierda enemiga. En tan críticos momentos fue cuando el escuadrón de «Castro» atacó la retaguardia de Belgrano y alcanzó la victoria. A Picoaga se le concedió el rango de mariscal de campo en el mismo campo de batalla. El 14 de noviembre de ese mismo año, Pezuela obtuvo otro triunfo en Ayohuma, en donde también se distinguió Picoaga. Luego, éste fue enviado a los departamentos de Puno y Cuzco a disponer el recojo de desertores y reclutar hasta dos o tres mil hombres para reemplazar las bajas, labor que evidentemente no correspondía a su alto rango. Al parecer, Pezuela le dio tal comisión para alejarlo, pues desconfiaba de los oficiales realistas nacidos en el Perú.

Cuando el 3 de agosto de 1814 estalló en el Cuzco la revolución que capitanearon los hermanos Angulo, Picoaga se hallaba en su hacienda de Lucre. Los revolucionarios le propusieron que se uniese a ellos, llegando a ofrecerle un importante lugar en la dirección del gobierno y de la guerra. Picoaga, que miraba casi con escrúpulo religioso la desobediencia al Rey, prefirió abandonar su país, que fue la otra alternativa que le pusieron los rebeldes. Pasó a Lima y halagado por el virrey Abascal, decidió permanecer para ayudar a derrotar a la revolución. Marchó hacia Arequipa a fin de organizar fuerzas y recuperar la intendencia de Puno hasta donde se había extendido la revolución. Salió del Callao el 26 de septiembre de 1814 a bordo de la fragata Tomás con 100 infantes del regimiento «Real de Lima», fusiles, lanzas, municiones y dinero. El viaje demoró tanto, que cuando Picoaga y su escasa tropa llegaron a principios de noviembre, los revolucionarios cuzqueños al mando del brigadier Pumacahua amagaban ya la ciudad de Arequipa.

Picoaga se puso de acuerdo con el intendente José Gabriel Moscoso y el brigadier Pío Tristán para defender Arequipa, pese a que se hallaban en desventaja frente a los patriotas, pues estos eran más numerosos y mejor armados. Se libró la batalla de la Apacheta, el 10 de noviembre, en la que Pumacahua resultó vencedor. Los patriotas ocuparon Arequipa, mientras que Picoaga y Moscoso fueron tomados prisioneros. La noticia de que una división realista al mando del general Juan Ramírez Orozco se acercaba a Puno procedente del Alto Perú, obligó a Pumacahua a retirarse prontamente para el Cuzco, llevando consigo a aquellos prisioneros.

Picoaga y Moscoso fueron encerrados en el Convento de la Merced del Cuzco. Ambos rechazaron airadamente las invitaciones y ventajosas promesas que les hicieron los patriotas para que se unieran a la revolución, en especial Picoaga, que era de un carácter severo e inflexible. Ante la aproximación de las tropas realistas, los patriotas cuzqueños acordaron abandonar la ciudad imperial, pero antes, decidieron pasar por las armas a ambos prisioneros. No atreviéndose a hacerlo públicamente, les dispararon dentro de sus calabozos, mientras se hallaban engrilletados, lo que ocurrió en altas horas de la noche del 29 de enero de 1815. Se dice que Picoaga, en su agonía, recitaba un salmo con imperturbable serenidad. Los cadáveres de ambos amanecieron colgados de la horca de la Plaza de Armas del Cuzco, de donde fueron recogidos y sepultados por la piedad de algunas personas. El cabildo de Arequipa costeó solemnes exequias para ambos. En Lima lo hicieron los deudos de Picoaga el 22 de mayo de 1815 con asistencia del virrey Abascal.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 26 Mar 2016 20:50

Excmo. Sr. D. José Manuel DE GOYENECHE Y BARREDA Teniente General del Ejercito Español

José Manuel de Goyeneche y Barreda, I conde de Guaqui (Arequipa, virreinato del Perú, 1776-Madrid, España, 1846) fue un militar, diplomático y realista peruano.

José Manuel de Goyeneche fue un destacado militar que tuvo un papel relevante en las guerras de independencia de los países suramericanos. Durante la ocupación francesa de la España peninsular, Goyeneche fue representante plenipotenciario de la Junta Suprema de Sevilla (la Junta de Sevilla se consideraba el gobierno legítimo de España en ausencia del rey) para la proclamación del rey Fernando VII en los virreinatos del Perú y Río de la Plata. Al mando de los ejércitos realistas en el Alto Perú recuperó el control realista en ese territorio, destacando la victoria en la decisiva batalla de Huaqui, también conocida como batalla del Desaguadero, por la que obtuvo el título de Conde de Guaqui y Grande de España de primera clase.

Cuando dimitió como general en jefe de las tropas españolas en el virreinato del Perú viajó a la península ibérica, donde adquirió el grado de teniente general de los Reales Ejércitos y ocupó diferentes cargos en la Corte, entre otros, senador vitalício, presidente de la Junta de Arreglo de Comercio de Ultramar y Consejero Honorario de Estado.

José Manuel de Goyeneche nació en Arequipa en la provincia de Arequipa actual Perú, el 12 de junio de 1776 en el seno de una familia acomodada, perteneciente a la nobleza local y con arraigada relación con la milicia. Su padre, Juan de Goyeneche y Aguerrevere oriundo valle navarro del Baztán, era Capitán de Caballería y Sargento Mayor de Milicias Disciplinadas y su madre María Josefa de Barreda y Benavides era hija de Nicolás de Barreda y Ovando, que ocupaba el cargo de Mariscal de Campo.

A los ocho años ingresó como cadete en el 1° batallón de las Milicias de Arequipa, sirviendo en ellas nueve meses y diez días. El 12 de diciembre de 1783 fue nombrado teniente de menor edad en la 4° Compañía del Regimiento de Milicias de Caballería de Cumaña.

En 1788 viajó a Sevilla, donde se desempeñaba como administrador general de la Real Aduana Francisco de Barreda, tío suyo, para finalizar sus estudios de cadete de las milicias disciplinadas y cursar la carrera de Filosofía. Allí obtuvo los grados de Licenciado y Doctor en Filosofía, con dispensa de edad en 1795. Este mismo año fue nombrado Capitán del Regimiento de Granaderos del Estado tras pagar 80 000 reales por derecho de inscripción, lo que era una práctica frecuente en la época.

Se encontraba agregado al Real Cuerpo de Artillería, de guarnición en Cádiz, cuando sufrió la ciudad el bombardeo por la escuadra inglesa del Contralmirante Nelson en 1797, tomando parte en la batalla al frente de doscientos granaderos en defensa de la plaza.

En 1800, todavía de guarnición en Cádiz, sufrió la ciudad un segundo ataque británico, defendidendo la ciudad el Capitán Goyeneche al mando de las baterías de Capuchinos y Plataforma.

En febrero de 1802 el rey Carlos IV le hizo merced del Hábito de Santiago, previas pruebas de la legitimidad, cristiandad y nobleza de sus cuatro primeros apellidos, siendo su padrino el marqués de Casa Palacio, miembro destacado de la aristocracia potosina.

En 1803 el Gobierno comisionó a Goyeneche para que estudiara los progresos de la táctica militar en diferentes países de Europa, terminando así sus estudios militares en las principales cortes europeas. Así presenció en Berlín y Potsdam las maniobras de los ejércitos mandados por Guillermo III de Prusia, las del Archiduque Carlos en Viena y las de Napoleón Bonaparte en París y Bruselas. Continuó viaje por Inglaterra, Holanda, Suiza, Alemania e Italia. Al término de su viaje escribió sus memorias del mismo y tradujo el Manual de instrucción del ejército prusiano, y en mayo de 1805 presentó a Manuel Godoy una detallada memoria fruto de sus estudios que fue aprobada por el Príncipe de la Paz en junio de 1805 y declarada «adaptable a nuestro adelantamiento militar» y «que se haría uso de su trabajo dedicado al honor, utilidad y provecho de la patria».

El 22 de junio de 1805 recibió el grado y la agregación de Coronel de Milicias Disciplinadas, en carácter de agregado.

En 1806 en Sevilla se asoció con Juan Miguel de Lostra en la compañía comercial Sobrinos de Aguerrevere y Lostra, con una aportación inicial de 240 000 reales de plata.

En la primavera de 1808 Goyeneche, aún bajo reinado de Carlos IV, antes de producirse las abdicaciones de Bayona, recién trasladados los reyes y la corte a Aranjuez, se traslada a Sevilla alojándose en casa de su tío Francisco Barreda Benavides que era Administrador General de la Real Aduana, lugar donde poco después, 27 de mayo, se constituyó la Junta de Sevilla.

El 17 de junio de 1808 la Junta de Sevilla nombra a Goyeneche su comisionado como representante plenipotenciario del Gobierno legítimo de España en América, ascendiéndolo al rango de brigadier del Ejército el 24 de junio de 1808, con instrucciones de asegurar la proclamación del rey Fernando VII en el Río de la Plata y en el Virreinato del Perú. Junto con el encargo anterior llevaba una orden, fechada el 20 de junio, y firmada por hombres relevantes de la Junta (Saavedra, Díaz, Bermudo, Flores, Checa, Zambrano, Coca y Miñano) en la que se ordenaba a los gobernadores de los puertos españoles en los que hiciera escala que apresaran los barcos franceses que llegaran a aquellas plazas tomando como prisioneros de guerra a su tripulación.

... muy a la mira de las insidiosas órdenes que pueda despachar el Duque de Berg (Joaquin Murat), Presidente de la Junta erigida en Madrid, o el Consejo de Castilla, oprimidos por él, o cualquiera otra autoridad intrusa y sospechosa de que intenten valerse, de modo que sólo se reconozca a esta Suprema Junta y a sus Comisionados (...) Haga saber a los Gobernadores de los Puertos donde tocase que ni en ellos ni en ninguno de los dominios españoles admitan buques pertenecientes a la nación francesa, aun cuando fuesen con salvoconducto del Gobierno de Madrid, oprimido por ella, debiendo interceptarse su correspondencia y apresarlos, tratando a sus tripulaciones como prisioneros de guerra

El día 25 de junio, después de acusar recibo de los encargos realizados por la Junta de Sevilla, parte del puerto de Cádiz a bordo de la goleta Nuestra Señora del Carmen al mando del alférez de navío Eugenio Cortés. Le acompañaba el capitán de fragata Juan José Sanllorente con órdenes similares a las suyas para Chile.

La Junta de Sevilla obtuvo un salvoconducto para el Nuestra Señora del Carmen del almirante inglés Colligwood y pliegos para el almirante William Sidney Smith que mandaba la armada inglesa en mares del sur y desconocía que la Junta estaba en conversaciones de paz con los ingleses. Esas conversaciones las habían abierto los generales Jácome y Apodaca por mandato de la misma.

Francia, que pretendía ganarse la fidelidad de los territorios españoles de ultramar, comisionó al Marqués de Sassenay, que durante su estancia en EE. UU. ya había efectuado dos viajes particulares al Río de la Plata. Fue el propio Napoleón quien ordenó su misión. El Barón de Sassenai partió a América a bordo del brick francés Consolador, mandado por el teniente de Navío Mr. Dauriau, con los siguientes documentos para presentar a las autoridades de los Virreinatos de Lima y Plata: el pasaporte de Napoleón a dicho emisario; las renuncias del Rey Fernando en su padre, de Carlos IV y sus hijos en favor de Napoleón (impresas en Francia y autorizadas por el Ministro de Relaciones Extranjeras); los Oficios de este Ministro -algunos sin firmar- manifestando la elección que había hecho el Emperador en su hermano José para soberano de España; una notificación de que las Cortes reunidas en Bayona tenían por objeto exigir el consentimiento de la Nación para este cambio de monarquía; varios pliegos sellados y cerrados de las Secretarías de España para los Gobernadores de los Virreinatos de Buenos Aires y Lima, para algunos de México, Santa Fe y de las islas Filipinas; una carta reservada del ministro de Hacienda; dos órdenes de las Secretarías de Hacienda y Guerra y una Real Provisión del Consejo de Castilla en la que se participaba la nulidad de la renuncia de Carlos IV y la voluntad de su hijo Fernando de que su padre volviera a ocupar el trono.

Sassenay llegó a Buenos Aires el día 17 de agosto, procedente de Montevideo donde se entrevistó con Elío. El enviado francés llegó a la capital del Plata seis días antes que Goyeneche, lo que imposibilitó que las autoridades rioplatenses estuvieran prevenidas y apresaran cualquier barco francés, según las órdenes que traía de la Junta. Por este motivo Liniers recibió a Sassenay ante la Junta de los Magistrados y del Cuerpo Municipal, que a la vista de su misión, acordaron su expulsión a Europa y la inmediata proclamación de Fernando VII, que se verificó el 21 de agosto.

Goyeneche, dando cuenta de estos hechos al Virrey del Perú, en carta fechada el 27 de agosto, escribía que Sassenay llevaba «documentos ordenando se reconociera a un llamado José primero, apoyando tan inaudita misión con las órdenes nulas y violentas de algún español que firmaba» (en referencia a José Miguel Aranza).

En dicha carta, dirigida al Virrey Abascal, Goyeneche daba instrucciones muy precisas para rechazar en el Perú las pretensiones de Napoleón:

Despreciará cualesquiera orden, sea de quien fuere, con tal que aparezca el nombre pérfido de Napoleón, y V.E. podrá determinar el hacer jurar y proclamar a nuestro ilustre Fernando Séptimo, sin pérdida de minutos, pues aunque yo procuraré aligerar en todo cuanto sea posible la distancia que hoy nos separa, con sentimiento de no hallarme en día de tanta gloria, a mi llegada recogeré los informes y renovaré la alegría e iguales sentimientos de que soy testigo en esta capital. El emperador de los franceses y su gobierno es nuestro enemigo abierto, y todo súbdito de él que aparezca por mar y tierra en ese Virreinato, es prisionero.

El Nuestra Señora del Carmen llegó a las islas Canarias el día 3 de julio y José Manuel de Goyeneche proclamó a Fernando VII como rey legítimo. El 19 de agosto llegó a Montevideo (actual Uruguay) donde también, como en las Canarias, proclamó a Fernando VII como legítimo, seguidamente, el 23 de agosto llegó a Buenos Aires donde entregó, en el Palacio de la Real Fortaleza, a las autoridades del virreinato del Río de la Plata las acreditaciones de la Junta de Sevilla y los documentos que esta le había confiado, les informó, así mismo, de la declaración de guerra a Francia y la firma de la paz con Inglaterra. El 22 de septiembre sale hacía Lima para hacer lo propio en el virreinato del Perú.

Las pretensiones de la Infanta Carlota

La hermana mayor de Fernando VII, la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, reina regente de Portugal en el Brasil, pretendía la regencia de aquellas provincias españolas durante el cautiverio en Francia de sus padres y hermano mayor. El emisario Diego Paroisen, por orden de Saturnino Rodríguez Peña, realizó diferentes gestiones en el vierreinato de la Plata y de Lima para conseguir sus propósitos. Con este propósito entregó 5 documentos firmados por la infanta a diversas personalidades, entre los que se encontraba Goyeneche a quien también entregó una carta personal de la propia Infanta. El 11 de septiembre de 1808 Goyeneche remitía a la Junta de Sevilla los documentos que el emisario de la Infanta Carlota le había hecho llegar a él y respondía a la Infanta que se respetaban sus derechos como miembro de la Familia Real Española, pero que en aquellos países no se reconocía otra soberanía que la de Fernando VII y la de la Metrópoli, y que las órdenes de ésta eran las que tenían que obedecer.

Goyeneche tenía también la comisión de la Junta de restablecer la buena armonía con la Corte del Brasil informándola de la conveniencia de la unión de los dos reinos contra Napoleón. En cumplimiento de estas órdenes envió, de acuerdo con Liniers, a Río de Janeiro a dos personas de su confianza: Eugenio Cortés y Ambrosio Cerdán que deberían entregar a la Infanta una carta suya. En dicha carta Goyeneche dice, entre otras cosas:

... La Nación Española (...) me ha enviado a la América Meridional para informar a sus leales habitantes de la deliberación en que se halla de derramar toda su sangre antes de ceder a las pérfidas y aventuradas deliberaciones del Emperador de los Franceses en favor de su dinastía que quiere sustituya a la que juramos obediencia y fidelidad en la sagrada persona del Ilustre Fernando Séptimo que se halla con toda la Real Familia sojuzgado en Francia (...) que las Cortes se cercioren que nuestro sentimiento es uno solo e invariable y que sea cual fuere la suerte de nuestra Metrópoli, jamás las águilas francesas se desplegarán en estos países. Esta resolución debe fijar las altas miras de V.A. y aprovechando de la misión que pasa a comunicar a S.A. el Príncipe Regente que sus estados de Europa han formado causa común con nosotros y que la armonía, paz y buena inteligencia debe unir a ambos países.

La contestación a la Infanta se realizó mediante estos mismos dos enviados, que habían llegado a Brasil el 7 de octubre e introducidos en la Corte por el Almirante Sydney,

El 24 de febrero de 1809 Goyeneche informa, desde Lima, a la Junta de Sevilla sobre la postura de la Corte de Brasil. En su carta dice:

Todos estamos uniformes en la idea de las miras ambiciosas y sin apoyo de aquel gobierno que sólo lo ha hallado en Don Francisco Elío, interino gobernador de Montevideo cuya escandalosa insubordinación y poco pudor en levantar calumnias ha sido alimentado por el ministro Coutinho, causando perjuicios graves que han afligido el ánimo de aquel recomendable y leal vasallo de S.M. cual es el Virrey de Buenos Aires

La llegada al Río de la Plata

Desde la llegada al Río de la Plata de las primeras noticias acerca de los sucesos en España, el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, había agudizado el conflicto que mantenía con su superior, el virrey Liniers. El alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos Aires Martín de Álzaga, viajó a Montevideo promoviendo la formación de una junta como primer paso para la creación de una Junta Suprema y la convocatoria a un congreso en Buenos Aires.

La llegada de un emisario de Bonaparte exacerbó el conflicto, poniéndose Elío en franca rebeldía y llegando a llamar traidor a Liniers. No obstante, el 21 de agosto se juró finalmente en Buenos Aires a Fernando VII, y el 2 de septiembre de 1808 se decretó por bando en Buenos Aires la guerra a Francia.
General Francisco Javier de Elío. Atribuido a Miguel Parra. (Museo del Prado).

Según el político y revolucionario argentino Manuel Moreno, Goyeneche llegó a Montevideo con los tres pliegos para sendas misiones reservadas. Se acreditó allí ante Francisco Javier de Elío como representante de la Junta de Sevilla, alentándolo en su propósito de independizarse de Buenos Aires y no reconocer la autoridad del virrey Liniers por ser de origen francés: «Cuando llegó a Montevideo aplaudió el celo del gobernador Elío y sus vecinos en haber formado una junta y manifestó que su venida se dirigía a promover el establecimiento de otras en las ciudades de aquel reino». Tras esto, Goyeneche pasó a Buenos Aires.

El 21 de septiembre de 1808 se produjo así el primer movimiento juntista en el Virreinato. En Montevideo un cabildo abierto formó una Junta y nombró al gobernador Elío como su presidente.

En Buenos Aires se presentó al Virrey Santiago de Liniers (de origen francés) del que pensaba guardaría fidelidad al rey intruso José I a causa de un escrito reservado que le fue entregado en fecha 23 de junio de 1808 por los Vocales Apoderados de la Junta Suprema de Sevilla Andrés Miñano y Eusebio Antonio Herrera en el que le informaban de que «el Emperador de los Franceses había acordado seducir la fidelidad del Virrey» autorizando a Goyeneche si fuera necesario, previa consulta con las autoridades locales, para «apoderarse, si las circunstancias lo exigiesen, de la persona del Virrey, entregando el mando de las tropas al oficial que considerase más digno...». Esta predisposición contra el Virrey aumentó con las desfavorables referencias que de él le transmitió Elío en Montevideo. Sin embargo, tras conferenciar con Liniers y con el resto de las autoridades locales, resolvió aprobar la lealtad del Virrey, según consta en comunicación enviada a la Junta el 14 de septiembre de 1808.

Al asumir Goyeneche la defensa del Virrey Liniers, Elío tomó también a Goyeneche como objeto de sus ataques ordenando a Joaquín de Molina que dirigiera un escrito a la Junta de Sevilla en el que, sin acompañar prueba alguna, acusó a Goyeneche de connivencia con Murat y con la Infanta Carlota Joaquina. Elío, a su vez, por un lado dio publicidad a este escrito para minar dentro del Virreinato la autoridad de Liniers y de Goyeneche y, a su vez, dirigió otro escrito a la Junta con fecha 7 de septiembre de 1808 en el que manifestaba que «pensaba que Goyeneche, por lo menos, suspendería del mando a Liniers, pero lejos de haber tomado las providencias que todos deseaban, me escribe declarando estar muy satisfecho de la conducta del Virrey».16 Sin embargo, la Junta Suprema declaró estar enterada y complacida de la actuación de Goyeneche, nombrándole al terminar su misión Presidente de la Audiencia del Cuzco y General en Jefe de sus tropas.

Ramón Muñoz, en su obra La guerra de los 15 años en el Alto Perú, acusó a Goyeneche de proponerse hacer uso de las instrucciones de Murat y, al comprobar la lealtad del virrey a Fernando VII, se proclamó realista.

Buena parte de la población, al recibir noticias de que en España subsistía un gobierno, lo hizo propio más allá de su ilegitimidad (en ese momento ni siquiera se habían organizado las diferentes juntas bajo un mando único. La de Sevilla era una más aunque se arrogase la autoridad sobre las Indias. De hecho, la Junta de Galicia envió a Pascual Ruiz Huidobro como Virrey al Río de la Plata, solo que al tomar conocimiento de la realidad en el Plata optó por no intentar reivindicar sus supuestos derechos reconociendo la endeble autoridad de que emanaban).

Con el objeto de asegurar los fondos necesarios para proseguir su misión, Goyeneche no dudo en condenar a Elío: «Trasladado a Buenos Aires fue diferente su lenguaje, y unido con Liniers y los oidores, de quienes esperaba caudales y créditos para proseguir su misión a Lima blasfemó de la conducta del jefe de Montevideo y lo caracterizó refractario.» Tuvo sin embargo tratos con Álzaga, a quien dejó entrever que el gobierno peninsular vería con agrado que se depusiera a todo gobierno americano sobre cuya lealtad pudiera haber dudas: «No por eso dejó de insinuarse privadamente con los individuos del Cabildo que ya se hallaban sumamente alarmados con los manejos de Liniers, que sería acertado y muy conformes a las ideas de la metrópoli se separasen en América los mandatarios sosspechosos y se erigiesen unos gobiernos populares que vigilasen sobre la seguridad pública.» Estas manifestaciones dieron respaldo a Álzaga para seguir adelante con su plan, que desembocaría en la abortada revolución del 1 de enero del año siguiente. Goyeneche siguió hacia el Alto Perú, camino de Lima.

Algunos historiadores afirman que su actuación en la ciudad de Charcas, representando al carlotismo, provocó su expulsión y el inicio de la Revolución de Chuquisaca[cita requerida], aunque los datos y documentos custodiados en el Archivo Histórico Nacional y Archivo General de Indias avalen lo contrario.

La relación de Goyeneche con los diferentes "poderes" del momento en el España le dio pie a Gregorio Funes a decir en su Ensayo histórico de la revolución de América: «Fue bonapartista en Madrid, federalista en Sevilla, en Montevideo aristócrata, en Buenos Aires realista puro y en el Perú tirano».

En Chuquisaca los oidores de la Real Audiencia de Charcas, todos españoles enfrentados a la presidencia, que recae en Ramón García de León y Pizarro, en exceso apaciguador, se reunieron los días 18 y el 23 de septiembre, y se manifiestaron en desacuerdo con el reconocimiento de Goyeneche como legítimo comisionado de la Junta Suprema Central. Venía de Buenos Aires, sospechosos de pretender la entrega de Charcas a la infanta Carlota de Portugal, hermana de Fernando VII, o peor, a Bonaparte. Además, el oidor regente Antonio Boeto se opuso a la misma comisión «habiendo otras juntas provinciales independientes de la de Sevilla».

El día 24 de septiembre el arzobispo de Charcas, Moxó, se posicionó por el reconocimiento de la Junta Suprema Central, y acusado ante ella misma de exceso de celo por intimar al clero con pena de excomunión en caso de desconocer la legimidad de Goyeneche. El día anterior se había realizado la reunión para un Real Acuerdo en el que se trazaba una línea entre los oidores de la Audiencia por un lado y el Presidente Ramón García de León y Pizarro y el Arzobispo Moxó por otro, en torno a la comisión Goyeneche.

El 11 de noviembre Goyeneche arribó por fin a Chuquisaca. Aunque a principios de noviembre Goyeneche, quien tenía potestad de la Junta Central para destituir a todos los oidores, fue recibido por la Audiencia, y esta no mantuvo su postura que también desafiaba la autoridad del Virrey de Buenos Aires, su oidor regente Antonio Boeto, intimado por Goyeneche, creó cierto revuelo que se concretó en una manifestación pública. Boeto fallecé producto de la acalorada discusión. Como señala Manuel Moreno en su obra Vida y memorias de Mariano Moreno;

La Junta de Sevilla fue reconocida no solo sin contradicción, pero aún con alegría, y en todo el virreynato sólo un anciano y respetable magistrado, el Regente de Charcas, se atrevió a censurar la ligereza e impropiedad de este paso: su singular firmeza le costó muy cara pues murió de sofocación por los insultos que Goyeneche le hizo al pasar por esa ciudad.

Según Ramón Muñoz, Goyeneche entregó los documentos que le había encargado la Infanta Carlota al presidente Pizarro, quien los derivó a la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca para que un Claustro de Doctores diese su parecer. Sin embargo, en el Acta de 12 de enero de 1809 levantada al efecto y que se conserva en el Archivo de Indias19 consta que dichos pliegos fueron dirigidos, en sobre escrito en portugués, por el Ministro de Estado del Regente de Portugal, Sousa Coutinho, en nombre de la Infanta Carlota. El Claustro, siguiendo la posición de su síndico, el Dr. Manuel de Zudáñez, no sólo rechazó los términos de la orden de la hermana de Fernando VII, sino que calificó en sus acuerdos de subversiva la comunicación de la Infanta: en efecto, habiéndose jurado a Fernando VII como rey de España y de las Indias, al desconocer ese derecho y afirmar que su padre fue obligado a ceder la corona a Fernando por una sublevación en Aranjuez, provocada con ese fin, podía ser interpretado como una propuesta de traición.

Las diligencias de Goyeneche fueron cortas habiendo el presidente Ramón García de León y Pizarro reconocido la autoridad de la Junta Central y despachadas las comunicaciones de la infanta Carlota, por lo que el plenipotenciario siguió camino de Lima, en donde el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, lo confirmó en el rango de brigadier y le concedió la presidencia provisoria de la Real Audiencia del Cuzco, donde desde 1807 se desempeñaba su hermano Pedro Mariano como oidor. Permaneció en el cargo hasta 1814, oportunidad en que se produjo su traslado como oidor a la Real Audiencia de Lima.

No obstante la situación en Chuquisaca se agravó y el 25 de mayo de 1809 los oidores de Audiencia de Charcas movidos por su rencor deponen al presidente, alegando sospechas de connivencia con los portugueses, y mandan comisionados a diversas ciudades de la audiencia. Únicamente en La Paz se produjo una sublevación el 16 de julio para constituir su propia junta de gobierno con el nombre de Junta Tuitiva. Ambas proclamaron salvaguardar los derechos del prisionero Fernando VII.

El virrey de Buenos aires, Baltasar Hidalgo de Cisneros, toma medidas inmediatas y manda ayuda al mando de Vicente Nieto. Sin embargo, el gobernador de Potosí Francisco de Paula Sanz pidió auxilios al virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa. Abascal, envía la ayuda, de la misma forma que se mandaron los socorros peruanos ante la Invasiones Inglesas del Río de la Plata. Además ya había una historia de intervención desde muchas décadas antes en los levantamientos de Túpac Amaru y Tupac Catarí en razón de la unidad social con el Alto Perú. Abascal se resolvió no esperar más, e inmediato dio las órdenes para el levantamiento de una fuerza que impusiera el orden. A ese efecto nombró al presidente de la Real Audiencia del Cuzco, José Manuel de Goyeneche, como comandante en jefe del ejército pacificador. De otro lado, Baltasar Hidalgo de Cisneros, el 21 de septiembre formalizó la actividad de los auxilios peruanos en el virreinato español del Río de la Plata.

Goyeneche se puso inmediatamente en marcha para el río Desaguadero, línea divisoria de ambos virreinatos españoles. Las tropas que Goyeneche traía para combatir la insurrección de la Paz consistían en 5000 hombres que, aunque bien armados y municionados, se trataba de milicianos de Cuzco, Arequipa y Puno, bisoños sin combate alguno, en tanto que los revolucionarios contaban 800 fusiles y 11 piezas de artillería, todo en muy mal estado. De tal manera que la nobleza arequipeña y cuzqueña encabeza una tropa realista integrada exclusivamente por castas e indígenas peruanos.

Goyeneche estuvo hasta mediados de octubre entrenando y formando a su ejército de milicianos. Estableciendo el campamento general en el Distrito de Zepita de donde se movió el día 13 del mismo mes con dirección a La Paz. Cuando la vanguardia de Goyeneche a las órdenes del coronel Pierola, con cien hombres y dos piezas de artillería llegó al puente del Desaguadero, este ya estaba ocupado por una pequeña fuerza de los revolucionarios de la Paz que, inexpertos y mal armados, no pudieron resistir a la artillería enemiga y se replegaron a la Paz, abandonando el punto.

La revuelta de La Paz, a diferencia del golpe jurídico de Chuquisaca, había tomado el camino del Reinado del Terror con matanzas de españoles, quemas y delincuencia. La aproximación de las tropas de Goyeneche hizo que la Junta Tuitiva de la Paz se disolviera, trasladando el mando político y militar a su Presidente Murillo. El 18 de octubre Indaburo, segundo de Murillo, llegó a un acuerdo con un emisario de Goyeneche renunciando al movimiento insurrecto, y retornando a la monarquía, por lo que fue apresado y muerto al día siguiente. Goyeneche avanzó y atacó a las desorganizadas fuerzas de Murillo derrotándolas el día 25 de octubre en los Altos de Chacaltaya. Tras esa victoria, envió a su primo el coronel Domingo Tristán a someter a los rebeldes refugiados en las Yungas bolivianas, lo que verificó en Chicaloma, Irupana y Chulumani.

Goyeneche restableció el orden en la ciudad La Paz, con alivio de la población, inició rápidamente juicios contra los partícipes de la insurrección de La Paz, siendo condenandos únicamente ocho a pena de muerte, y los otros, quince en total, encarcelados en los presidios de Boca Chica (Cartagena de Indias), Islas Malvinas, Filipinas y Morro en La Habana.20 El 29 de enero de 1810 fueron ejecutados entre los ocho mencionados: Murillo, Mariano Graneros, Juan Bautista Sagárnaga y García Lanza. Muchos rebeldes se salvaron de la ejecución «comprando unos y otros la gracia de la vida con donaciones de considerables sumas en alhajas y en dinero».

Algunos autores, como Matheu, afirman que la lentitud en las decisiones del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros en la toma de decisiones fue la causa por la que Goyeneche tomara la iniciativa en la represión del alzamiento de La Paz. Matheu afirma en su obra Autobiografía que

No fue mala la disposición tomada por Cisneros ni la elección de Vicente Nieto, a fin de apaciguar las innovaciones de La Paz, Alto Perú, mala fue la calma de Cisneros, que nombrado a fines de febrero recien a principio de julio llegó a Montevideo y perdió todo el mes en esa ciudad y la Colonia a cautelas, asi que lo mandó tarde, cuando el travieso Goyeneche se había adelantado explotando, como aventurero los miedos de Abascal que echó mano de él, quien ensangrentó farsaica (sic) y brutalmente sin título para entrometerse en una jurisdicción y dominio del todo separados, su propio país o patria, si la tienen bribones sin el decoro siquiera aparente, como él dejó ver en Madrid, Sevilla, Montevideo, Buenos Aires, por todo donde había aparecido haciendo roncha.

La guerra en el Alto Perú

Al llegar la noticia de la Revolución de Mayo, el 13 de julio de 1810 Abascal anunció que reincorporaba provisionalmente el Alto Perú al virreinato del Perú. Aclarando el virrey en el decreto de anexión que lo hacía: «hasta que se restablezca en su legítimo mando el Excmo. Señor Virey de Buenos-Ayres, y demás autoridades legalmente constituidas», pues solo la autoridad real podía desmembrar el territorio definitivamente del virreinato de Buenos Aires. El mismo 13 de julio de 1810 creó el Ejército del Alto Perú poniendo al mando al general Goyeneche. Éste organizó nuevas fuerzas, pero no avanzó hacia el sur hasta después de la batalla de Suipacha, que dejó toda la región bajo el poder de los revolucionarios. En mayo de 1811 firmó con el jefe político del ejército independentista Juan José Castelli un armisticio que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir. Castelli desplazó parte de sus tropas con el posible objetivo de rodear a las fuerzas de Goyeneche, pero Goyeneche aprovechó mejor el tiempo, cruzó el Río Desaguadero y atacó primero. La batalla de Huaqui,26 del 19 de junio de 1811, fue una amplia victoria de Goyeneche.

En pocas semanas ocupó todas las provincias del Alto Perú, incluyendo las ciudades de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, recuperando el dominio español de todo aquel vasto territorio.

Su victoria en la célebre y decisiva Batalla de Guaqui (o del Desaguadero) le valió la concesión del título de Conde de Guaqui, al que después se le concedería la Grandeza de España de Primera clase. El título fue otorgado por el Rey Fernando VII el 1 de agosto de 1815 accediendo a la solicitud que presentaron algunas de las principales ciudades de los Virreinatos del Plata y Perú (Potosí, Cochabamba, La Plata, Moquegua, Arequipa, etc.), según consta en la Real Orden de concesión:

... en atención al mérito nobleza y circunstancias del Teniente General de mis Reales Exércitos Don Josef Manuel de Goyeneche, a los grandes servicios que me ha hecho en dicha América durante mi cautiverio y particularmente al que contraxo en la batalla que en los campos de Guaqui dio al exército insurgente de Buenos Ayres, del que resultó la conservación del Virreynato del Perú, y de toda aquella parte de América

El título debía ser precedido de un Vizcondado previo que, de los propuestos en la solicitud de las ciudades, Goyeneche eligió el de "Vizconde del Alto Perú".

Antes de que diera comienzo la invasión a la provincia de Salta, en el norte de la actual Argentina, la rebelión de Cochabamba ocupó a los realistas casi un año en su pacificación. Tras vencer la resistencia de los rebeldes cochabambinos —donde la tradición destaca la actuación de sus mujeres— autorizó el saqueo por las tropas, ocupó la ciudad y reprimió con severidad a los jefes rebeldes: el gobernador Mariano Antezana y otros 7 oficiales fueron ajusticiados, y sus cabezas puestas en exhibición en la ciudad y los caminos vecinos. Una novela del año 1884, Juan de la Rosa, de Nataniel Aguirre, ha popularizado la idea de que se habría producido terribles excesos por parte de las tropas de Goyeneche, incluyendo matanzas de mujeres y niños, aunque tales hechos no han sido comprobados históricamente.

En 1813, el general Pío Tristán, a órdenes de Goyeneche, persiguió al ejército rioplatense hasta territorio argentino. Tristán, por iniciativa propia, atacó al Ejército del Norte argentino comandado por Belgrano sin comunicarlo a Goyeneche, siendo derrotado en la batalla de Tucumán. Unos meses más tarde, Tristán fue cercado y nuevamente derrotado en la batalla de Salta, cayendo prisionero todo su ejército. Ante la derrota de su subordinado, los ejércitos de Goyeneche quedaron desprotegidos, forzándole a replegarse hacia Oruro. Tiempo atrás Goyeneche había escrito al virrey Abascal manifestándole su deseo de abandonar el mando de las tropas para no hacerse responsable de la que sucediera si aquél continuaba enviándole tan pocos refuerzos. Tras las derrotas sufridas por Tristán, que Goyeneche consideraba consecuencia de lo anterior mientras que Abascal las atribuía a la imprevisión del general, presentó su dimisión como general en Jefe y fue sustituido por Joaquín de la Pezuela. Poco después regresó a la península. En opinión de algunos autores, Goyeneche se sintió lastimado en su amor propio de fundador del Ejército.

¿Qué podrá decir a V.E. un general nacido en el dichoso suelo de la América del Sur, que tiene la gloria de haber formado con los infelices labradores de las provincias del Cuzco, Arequipa y Puno un cuerpo respetable, que a través de más de veinte victorias en las que con sus jefes han marcado su lealtad con el costoso cuño de su propia sangre(etc.)
Carta de Goyeneche al Ministerio de Gracia y Justicia, Potosí a 2 de Enero de 1813.


Téngase en cuenta que en esta primera etapa de la guerra, el ejército realista se encontraba compuesto totalmente por americanos siendo que los primeros refuerzos europeos llegarían al Perú en abril de 1813.
Regreso a España

A su regreso a España fue nombrado teniente general de los Reales Ejércitos, Vocal de la Junta de Guerra de Indias, Vocal del Consejo de Guerra y Presidente de la Junta de Arreglo de Comercio de Ultramar.

El Conde de Guaqui fue elegido también diputado a Cortes por Arequipa y Senador del Reino por la provincia de Canarias. El Rey Fernando le nombró su Gentilhombre de Cámara con Ejercicio y Servidumbre, así como Caballero de la Orden Militar de Santiago. Ocupó igualmente los cargos de Consejero Honorario de Estado, Senador Vitalicio, Prócer del Reino, Regidor Perpetuo de Cádiz, Comisario Regio del Banco Español de San Fernando, etc.

A lo largo de su vida fue condecorado, entre otras, con las Grandes Cruces de Isabel la Católica, Carlos III, San Hermenegildo, Laureada de San Fernando o la Cruz de Comendador de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno.

Murió en Madrid el 10 de octubre de 1846. Sus restos están enterrados en su Panteón familiar del cementerio de San Isidro en la capital de España. Una calle en Madrid lleva su nombre.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 26 Mar 2016 21:01

Excmo. Sr. D. Manuel DE CLEMENTE Y MIRO Marino de la Armada Española

Manuel de Clemente y Miró fue un marino español que tras participar de la lucha contra franceses y británicos, combatió contra la revolución iniciada en Buenos Aires en mayo de 1810. Adhirió al partido más extremo del absolutismo español y el favor del rey Fernando VII de España le permitió en la llamada Década Ominosa alcanzar el grado de brigadier y Jefe de Escuadra.

Nació en Sevilla en 1773, hijo de Sebastián de Clemente y Francia y de Manuela Miró y Agraz. El 14 de mayo de 1792 sentó plaza de Guardiamarina en la Compañía del Departamento Marítimo de Cádiz. El 4 de octubre de 1793 embarcó en el navío San Carlos y el 22 de noviembre trasbordó a la fragata Santa Rosa, con la que efectuó un viaje de instrucción a Cartagena. El 11 de abril de 1794 arribó a Cádiz tomando conocimiento de su ascenso a alférez de fragata dispuesto por la Real Orden del 3 de abril.

Sirvió luego por breves períodos en los navíos San Nicolás, Glorioso, Magnánimo y Galicia, destinado éste último en la escuadra que al mando del capitán general Francisco de Borja y Poyo realizó un crucero por la costa cantábrica. Pasó luego brevemente al navío Purísima Concepción y al San Sebastián, que abandonó el 14 de septiembre de 1794. Recuperado, el 15 de octubre fue destinado al navío San Justo y poco después al Reina María Luisa, parte de la escuadra que al mando del capitán general Juan de Lángara combatió y apresó a la fragata francesa Ifigenia y el 17 de enero de 1795 recibió el encargo de marinar la presa, que por el mal estado del casco pudo arribar a Cádiz recién el 22 de junio.

Fue asignado al navío Europa, el 2 de noviembre pasó al Príncipe de Asturias y nueve días después al San Pedro Apóstol, parte de la escuadra del capitán general Ignacio María de Álava que partió con rumbo a Lima y a Filipinas. Permaneció en esas aguas hasta agosto de 1799 en que, trasladado a la fragata Nuestra Señora del Pilar, zarpó rumbo a San Blas, donde al arribar en febrero de 1800 tuvo que desembarcar por enfermo.2

Tardó casi dos años en recuperarse, reincoporándose a principios de 1802. Pasó a La Habana, donde el 5 de octubre de 1803 fue promovido a alférez de navío. Solicitó retornar a la península y, concedido, embarcó en la fragata mercante Santa Rosa, que fue apresada en el cabo de San Vicente por un lugre británico. Se le permitió trasbordar a una fragata mercante danesa pero recién el 2 de febrero de 1805 regresaría a Cádiz. Asignado a la escuadra de Ignacio María de Álava, el 16 de agosto desembarcó nuevamente por enfermedad.

Reincorporado, el 8 de enero de 1806 fue destinado a la fragata Flora y fue puesto al mando de la cañonera nº 27 y el falucho nº 107 afectados a la protección de convoyes sobre las costas del oeste de la bahía de Cádiz. Mantuvo varios encuentros con fuerzas británicas, valiéndose del poco calado de sus buques que le permitían acercarse a la costa.

Tras la invasión napoleónica, participó entre el 9 y el 14 de junio de 1808 en los combates que terminaron con la rendición de la escuadra del almirante François Étienne de Rosily-Mesros en la bahía de Cádiz. Regresó a su fragata, la que fue enviada a Montevideo zarpando el 1 de septiembre de 1808. La Flora' permaneció afectada a ese Apostadero hasta el 3 de septiembre de 1810.

Ascendido por Real Orden del 29 de septiembre de 1809 al grado de teniente de fragata, recibió el mando de la sumaca Aránzazu, afectada al Primer bloqueo de Buenos Aires dispuesto tras la Revolución de Mayo de 1810, permaneciendo en este servicio hasta el 11 de enero de 1811, en que regresó a Montevideo.

El 14 de febrero recibió el mando del bergantín Cisne, que en conserva del Belén y los dos al mando del capitán de fragata Jacinto Romarate, zarparon con rumbo a San Nicolás de los Arroyos en el río Paraná, donde arribaron el día 2 de marzo y ese mismo día derrotaron a las fuerzas de Buenos Aires.

Por orden del virrey zarpó de Colonia del Sacramento con el Cisne rumbo a Santo Domingo Soriano, integrando la escuadrilla al mando de Juan Ángel Michelena. Allí el 3 de abril de 1811 participó del Combate de Soriano, durante el cual bombardeó el pueblo para proteger el desembarco de las tropas y su posterior reembarque al ser rechazadas por las milicias patriotas.

De regreso en Montevideo, el 8 de mayo de 1811 recibió el mando del bergantín Paraná. Al frente de una flotilla de cinco naves y transportando caudales, víveres y pólvora, zarpó rumbo al Paraguay con la orden de tomar el mando de las fuerzas navales de esa provincia. Al llegar frente a la ciudad de Corrientes ordenó el bombardeo de la ciudad por cerca de dos horas y arrojando 120 balas que si bien causaron poca destrucción en las edificaciones, dañaron algunos barcos amarrados en el puerto que debieron retirarse. Tras mantener un intercambio de artillería y conseguir desmontar una de las baterías enemigas regresó por considerar no factible el cumplimiento de sus órdenes.

Por recomendación de Francisco Javier de Elío, la Real Orden del 14 de agosto de 1811 lo promovió al grado de teniente de navío. En agosto mantuvo un duelo de artillería con una batería patriota de una única pieza situada en la bajada de Santa Fé, consiguiendo silenciarla.

Tras el fracaso del tercer bombardeo de Buenos Aires, fue puesto al frente de la escuadrilla destacada frente al puerto de Buenos Aires, arribando a la línea de bloqueo el 25 de abril de 1812. El 10 de julio dejó el mando por motivos de salud y debió ser trasladado a Montevideo. Ya recuperado zarpó con su buque para apoyar a las fuerzas que ocupaban Colonia del Sacramento, pero el 22 de agosto se encontraba nuevamente enfermo y tras entregar el mando regresó al Apostadero.

El 5 de marzo de 1813 embarcó en la corbeta Mercurio (capitán de fragata José Primo de Rivera), zarpando con rumbo a Lima, regresando a Montevideo el 27 de febrero de 1814. El 8 de marzo asumió el mando del Cisne, pero pocos días después se hizo cargo de la corbeta Mercedes, con la cual participó de un encuentro sin mayores consecuencias con una fragata y dos goletas enemigas.

Iniciada la Campaña Naval de 1814 por la escuadra de las Provincias Unidas del Río de la Plata no participó del combate de Martín García pero sí de la derrota final en el Combate naval del Buceo. Al frente de la Mercedes, consiguió salvar su nave y conducirla a puerto días después del combate. Derrotada la Real Armada, el sitio de Montevideo llegó prontamente a su fin y el 23 de junio las tropas de las Provincias Unidas entraban a la ciudad. Liberado Gaspar de Vigodet, último capitán general del Río de la Plata, de acuerdo a los términos de la capitulación, el 3 de julio de 1814 Clemente fue puesto al mando del bergantín Nancy y comisionado para transportar a Vigodet a Río de Janeiro. Allí tomó el mando de la urca Juana Paula y prosiguió a Cádiz arribando el 3 de febrero de 1815. Pasado el buque a desarme el 15 de julio, fue designado segundo ayudante secretario de la Capitanía General del Departamento de Cádiz.

El 3 de diciembre de 1819 fue ascendido a capitán de fragata y nombrado Comandante de las Reales falúas y de las tropas de la Marina que servían en la guardia real. Convencido partidario del absolutismo, en 1820 se afilió al partido de los Apostólicos. Viéndose involucrado en la Sublevación de la Guardia Real de 1822 contra el gobierno constitucional, se vio obligado a ocultarse al fracasar el movimiento hasta que el 8 de julio de 1822 fue capturado. Golpeado y herido debió ser operado, siendo luego encerrado en la cárcel de Manzanares. Tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue trasladado por los constitucionalistas primero al Castillo de las Peñas de San Pedro y luego a San Felipe de Játiva. El 16 de junio de 1823 fue liberado cuando se lo conducía a su ejecución y se presentó ante el duque del Infantado Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm puesto por Fernando VII de España al frente del Consejo de Regencia.

El favor del monarca absoluto durante la Década Ominosa le aseguró rápidos ascensos sin servicios que lo justificaran; fue promovido a capitán de navío con antigüedad al 6 de junio de 1822 y confirmado como Comandante de las Reales falúas del Real Sitio del Buen Retiro y Casa de Campo, en palabras del mismo Clemente «empleo bastante bonito y sin responsabilidad», recibiendo la Cruz y Escudo de Fidelidad de 1ª Clase. El 14 de julio de 1825 fue ascendido al grado de brigadier y el 6 de diciembre de 1829 nombrado Jefe de Escuadra.

En el ejercicio de esas funciones, falleció el 30 de agosto de 1830 en su residencia de Madrid.

Recibió entre otras condecoraciones la Cruz de primera clase de la Real y Militar Orden de San Fernando, la Cruz de la Marina Laureada, la gran cruz de la Orden de San Hermenegildo y la Medalla del combate del 9 al 14 de junio de 1808.

Había casado en 1810 en Montevideo con Polonia Guerra Muñoz, hija de Rafael Guerra y de Juana Muñoz, con quien tuvo tres hijos: Manuel de Clemente y Guerra (1815, San Fernando, Isla de León), María del Carmen y María de los Dolores.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 26 Mar 2016 23:37

Excmo. Sr. D. Juan Pio DE TRISTAN Y MOSCOSO Militar Peruano y Español

Juan Pío de Tristán y Moscoso (Arequipa, 11 de julio de 1773 - Lima, 24 de agosto de 1859) fue un militar y político peruano que luchó en el bando realista durante la Guerra de Independencia Hispanoamericana y que llegó a ocupar interinamente el cargo de virrey del Perú, convirtiéndose en el último representante de España en el Perú.

Tristán nació en Arequipa, ciudad del Virreinato del Perú en una familia aristocrática formada por José Joaquín Tristán del Pozo y Carassa, y María Mercedes Moscoso Pérez Oblitas, y estuvo casado con su sobrina Joaquina Flores y Tristán. En el Perú recibió su primera educación. A los 7 años acompañó a su padre, el cual participó en el sofocamiento de la rebelión indígena de Túpac Amaru.

El joven Tristán se enroló en el regimiento de Soria, en el cual alcanzó el grado de subteniente. Partió a España con este regimiento, realizando la travesía a través del Cabo de Hornos, que era la ruta habitual en esa época.

Una vez llegado a la Península Ibérica estudió en Salamanca, donde conoció a Manuel Belgrano. Tristán abandonó la carrera militar y pasó a Francia, donde estudió en el Colegio de Benedictinos de Sorèze. Pero la agitación producida en este país a consecuencia de la Revolución francesa lo obligó a volver a España. Retomó su carrera en el ejército y participó en operaciones militares contra los franceses en el Rosellón. A fines del siglo XVIII regresó a América y estuvo dos años en Buenos Aires, como ayudante del virrey del Río de la Plata, Pedro de Melo.

En 1809 regresó a su tierra natal, incorporándose al ejército realista que comandaba su primo, el brigadier José Manuel de Goyeneche. En ese año estallaron rebeliones contra la autoridad española en el Alto Perú, y Goyeneche fue enviado a reprimirlas, estando Tristán entre las tropas movilizadas a tal efecto. En 1810 el virrey del Perú ordenó defender las provincias altoperuanas de la ofensiva de los revolucionarios del Río de la Plata que habían enviado un ejército. Pío Tristán estuvo presente en la batalla de Huaqui o del Desaguadero (20 de junio de 1811) con el grado de coronel y mayor general del Ejército comandado por Goyeneche. Esta batalla permitió a los realistas recuperar el Alto Perú, que había sido ocupado por los revolucionarios.Ofensiva hacia Salta y Tucumán

Las alternativas de la guerra hicieron que el ejército realista no pudiera avanzar más hacia el sur, lo que permitió el repliegue de los revolucionarios hacia la Intendencia de Salta. Allí quedaron destacamentos de avanzada y el grueso del Ejército del Norte retrocedió hasta Tucumán. Allí, en marzo de 1812, su jefe Juan Martín de Pueyrredón entregó el mando al general Manuel Belgrano, el viejo compañero de estudios de Tristán en Salamanca. Belgrano detuvo la retirada y avanzó con su ejército hasta la ciudad de Jujuy.

Goyeneche ocupó este tiempo en pacificar el Alto Perú, tratando de ganarse a la población que recordaba los excesos por él cometidos en 1809. También no vaciló en emplear la fuerza, debiendo sofocar la rebelión de Cochabamba. Cuando el Alto Perú estuvo controlado, Goyeneche comenzó su ofensiva contra el Ejército del Norte. Pío Tristán fue ascendido a brigadier y puesto al mando de la vanguardia realista, formada por 3.000 hombres y apostada a orillas del río Suipacha.

En agosto de 1812 Tristán avanzó por La Quiaca rumbo a Jujuy, adonde llegó a fines de ese mes. Belgrano, cumpliendo directivas de su gobierno, había ordenado el repliegue de su ejército y de la población. Tristán se encontró con la táctica de la "tierra arrasada" llevada a cabo por el Éxodo Jujeño, pero aun así avanzó en pos del ejército de Belgrano. Este se detuvo en la ciudad de Tucumán y presentó batalla.
Pío Tristán en las batallas de Tucumán y Salta

El 24 de septiembre de 1812 tuvo lugar la batalla de Tucumán, en la cual el ejército realista fue derrotado por un ejército con menos recursos al mando del general Manuel Belgrano y de Eustoquio Díaz Vélez, como mayor general. La infantería de Tristán quedó dueña del campo, pero los revolucionarios destruyeron los abastecimientos realistas y se encerraron en la ciudad, negándose a capitular. Al saber que Belgrano y la caballería patriota estaban moviéndose con intenciones de cortarle la retirada, Tristán ordenó el repliegue hacia el norte. Retrocedió hasta la ciudad de Salta, donde se fortificó a la espera del enemigo.

Belgrano y Díaz Vélez llegaron a las cercanías de Salta en febrero de 1813, y Tristán sacó a su ejército de la ciudad para esperarlo. Belgrano simuló un ataque frontal mientras el grueso de las tropas patriotas hacían un movimiento envolvente. Atrapado entre dos fuegos Tristán replegó sus fuerzas al interior de la ciudad y se dispuso a ofrecer una última resistencia en torno a la Plaza Mayor, pero no pudo organizar a sus tropas, que se negaron a defender las trincheras y corrieron a buscar refugio en la iglesia catedral. Finalmente, Tristán decidió capitular para evitar un inútil derramamiento de sangre y envió un parlamentario a Belgrano. Éste aceptó y a su vez ofreció honrosas condiciones: dejó en libertad a todos los combatientes realistas, exigiéndoles solamente que hicieran el juramento de no volver a tomar las armas en contra de la Patria. Diecisiete jefes y oficiales (incluyendo a Tristán) y casi 3.000 soldados, la completa vanguardia del ejército de Goyeneche, cayó prisionera en la batalla de Salta.

Después de este hecho Tristán cumplió su palabra y abandonó el ejército, retirándose a su natal Arequipa.

Entre ambos jefes, ex condiscípulos, se entabló una relación de respeto, cuando no de cordialidad, según ciertos usos caballerescos de la época. Por ejemplo, en el combate de Las Piedras, librado el 3 de septiembre de 1812, en el que vencieron las tropas revolucionarias rioplatenses al mando de Eustoquio Díaz Vélez, los hombres de Belgrano capturaron a un coronel realista: Agustín Huici. Tristán pidió que el prisionero fuera tratado con humanidad y respeto, diciendo que él haría lo mismo con los prisioneros patriotas en su poder. Envió también cincuenta onzas de oro para cubrir los gastos de la manutención del prisionero, y firmó:

"Campamento del Ejército GRANDE, septiembre de 1812"

Belgrano, con un toque de humor, devolvió las cincuenta onzas para que con ellas cubriera los gastos de los prisioneros patriotas y firmó la nota:

"Cuartel General del Ejército CHICO, 17 de septiembre de 1812"

Belgrano tenía la firme idea de ganar la voluntad de los americanos que combatían en el bando realista. Por esa razón aceptó al parlamentario que envió Tristán en medio de la batalla de Salta y le contestó:

"Dígale usted a su general que se despedaza mi corazón al ver derramar tanta sangre americana: que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación."

Luego, tras la rendición, Tristán pretendió entregar a Belgrano su espada, tal como se acostumbraba, pero el jefe patriota se lo impidió, y en presencia de todos, lo abrazó. La promesa de no volver a luchar contra la Patria fue suficiente para Belgrano, quien dejó ir a su enemigo, en contra del consejo de sus oficiales y de su gobierno.

Tristán tuvo la oportunidad de romper su juramento, pues un obispo realista liberó a todos de su juramento, argumentando que la palabra dada a los revolucionarios podía romperse, pues se trataba de herejes. De este modo muchos oficiales y soldados volvieron a tomar las armas, pero no así Tristán.

Tristán se vio envuelto nuevamente en la guerra cuando en 1814 estalló una rebelión patriota en Cuzco. Fuerzas patriotas mandadas por el brigadier Mateo Pumacahua atacaron Arequipa, y Tristán retomó las armas en defensa de su suelo natal. Cayó prisionero tras la victoria patriota en la batalla de la Apacheta (9 de noviembre). Sin embargo, Tristán fue nombrado gobernador de Arequipa por los patriotas, y tras la derrota de éstos fue presidente de la Audiencia del Cuzco, en 1816.

En 1823 el virrey José de la Serna lo ascendió a Mariscal de campo. Tristán participó en la lucha contra el Ejército Libertador de Simón Bolívar. Tras la derrota y captura del virrey en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, la Real Audiencia de Cuzco (entonces capital del virreinato) le nombró virrey interino el día 16, cargo que juró el 24 de diciembre. Sin embargo, seis días después de su juramento, publicó una proclama en la que aceptaba la Capitulación de Ayacucho firmada por el virrey De la Serna y reconocía la independencia de la República del Perú. Organizó entonces la transición y el traspaso de poderes a las nuevas autoridades peruanas.

Pío Tristán adoptó las ideas republicanas y fue designado prefecto de Arequipa. Se dedicó en lo siguiente a la actividad política, participando en la creación de la Confederación Peruano-Boliviana. En 1836 fue nombrado Ministro de Estado, y presidió el Estado Sud-Peruano entre 1838 y 1839. A los 87 años de edad, murió en Lima, ya retirado de toda actividad.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 27 Mar 2016 11:24

Excmo. Sr. D. Agustín HUICI Militar Español


Agustín Huici fue un militar español que participó en la lucha contra la independencia hispanoamericana en el Alto Perú y el norte de la República Argentina.

Huici aparece como comandante de las Compañías de Fernando VII del ex Regimiento Fijo de Buenos Aires cuando menos tras la reorganización de sus fuerzas que dispuso el brigadier José Manuel de Goyeneche en julio de 1811, tras su victoria batalla de Huaqui

Al producirse un nuevo alzamiento en Cochabamba favorable a las Provincias Unidas del Río de la Plata, a comienzos de marzo de 1812 Goyeneche dispuso la convergencia del Ejército Real del Perú en varias columnas para destruir el movimiento revolucionario. Huici partió de La Laguna (Tomina, Chuquisaca) el 12 de mayo al frente del Tercer Cuerpo del ejército realista. La columna debió enfrentar en su avance la oposición de los indios a quienes derrotó en el Alto de las Cañas y en Vallegrande. Durante su marcha, destruyó por completo el pueblo de Pucará por su adhesión al movimiento emancipador.

Continuó su avance hasta reunirse con el resto del ejército el 15 de junio en Socona. El ejército unido entró en Cochabamba el 28 y 29 de mayo, sometiendo a la ciudad a tres días de saqueo y múltiples incendios que la dejaron en ruinas, «en castigo de su repetida infidelidad»

En agosto de 1812 se produce la invasión del ejército español al norte del actual territorio argentino. El ejército, fuerte en 3000 hombres, se encontraba a las órdenes del general Pío Tristán, primo de Goyeneche. Pese a haber reorganizado las fuerzas patriotas derrotadas en Huaqui, su nuevo comandante, el general patriota Manuel Belgrano, carecía de los recursos para resistir y obedeciendo las órdenes de Buenos Aires el 23 de agosto de 1812 ordena la retirada de San Salvador de Jujuy y dispone arrasar las cosechas y evacuar población, mulas, caballos y ganado, en lo que sería llamado el Éxodo jujeño.

Al iniciarse el avance sobre Salta, Huici fue reemplazado interinamente al frente de las Compañías de Fernando VII por el capitán Manuel Vidal y asumió el mando de la vanguardia en conjunto con el teniente coronel Llanos.

El avance de la división de la vanguardia realista comandada por el que fue llamado por Manuel Belgrano el «más solemne ladrón y asesino que ha pisado las Provincias Unidas del Río de la Plata» culminó en la ocupación de la ciudad de Salta, ya evacuada por los patriotas que continuaron su marcha hacia el sur, a fines de agosto. Allí, Huici designó gobernador político provisional a José Eugenio Tirado, que era regidor del cabildo de Salta.

Huici detuvo su avance antes del río Pasaje, donde en la margen opuesta se hallaban los patriotas, en espera de refuerzos, guerrillas al mando del teniente coronel Leefdael, retrasado en su marcha, así como 4 piezas de artillería volante y 5 compañías de granaderos al mando del teniente coronel Juan Tomás Moscoso, que arribaría el día 6. Al desplazarse la retaguardia enemiga, sin aguardar a Moscoso, el 3 de septiembre de 1812 Huici avanzó hasta el río de las Piedras. Ese día, al frente de 600 soldados, atacó por sorpresa la retaguardia patriota comandada por el mayor general Eustoquio Díaz Vélez que cubría la retirada de las tropas. Las tropas de Díaz Vélez se replegaron desordenadamente, mezcladas con los atacantes y atropellando al resto del ejército que estaba acampado al Sur. Sin embargo, Belgrano aprovecho el desorden enemigo y dispuso un rápido contraataque que convirtió al llamado combate de las Piedras en una victoria.

Huici, que bajaba por Camino de las Postas, al notar que el camino por Trancas había sido abandonado por el Ejército del Norte, avanzó hacia esa localidad sin protección alguna. Así lo relata el general José María Paz: «se le ocurrió al coronel Huici adelantarse unas pocas cuadras de la cabeza de la columna, y entrar primero que todos a dicha villa. Una pequeña partida de paisanos que, al mando del capitán don Esteban Figueroa, se retiraba al acercarse la columna, vio llegar tres hombres y desmontarse en una casa que hallaron habitada; creyeron tener tiempo de apoderarse de ellos antes que los socorriese la columna, y así lo hicieron: eran el expresado coronel Huici, un portaestandarte Negreiros y un capellán. Luego que los hubieron tomado, los obligaron a montar a caballo y los hicieron volar más que correr; todo lo que hicieron sus compañeros para alcanzarlos y recuperarlos fue inútil. Esto había sucedido a las cuatro de la tarde; a las doce de la noche estaban en Tucumán»

Huici era considerado «feroz y cruel» tanto por los patriotas como por sus pares. El escritor Mariano Torrente escribió acerca del personaje: «Hubo al mismo tiempo algunos otros comandantes que imitaron aquel rigor en este teatro de sangre i entre ello el teniente coronel don Agustín Huici sentimos verdaderamente que estos lunares hayan empañado el lustre de tan heróicas campañas».

Esos antecedentes hicieron temer a Tristán por la suerte de su oficial, por lo que le escribió a Belgrano solicitándole humanidad en el trato del prisionero, prometiéndole actuar de manera equivalente con los prisioneros a su cargo. Tristán acompañó su petición con 50 onzas de oro para cubrir los gastos del coronel Huici. El mismo día de recibida la nota, Belgrano le respondió asegurándole que el coronel Huici sería tratado con todas las consideraciones correspondientes como prisionero de guerra de las Provincias Unidas. Afirmando su confianza en que Tristán trataría con respeto y consideración a los prisioneros patriotas, le devolvió el oro a fin de que los utilizara en beneficio de éstos.

Huici fue luego trasladado al centro de detención en la provincia de San Luis. A comienzos de noviembre de 1814, Vicente Dupuy lo incluiría junto con el coronel Pedro Barreda, el capitán Pedro Ugarte y el subteniente Domingo Vidart, entre aquellos prisioneros que «no sólo habían difundido noticias falsas y despreciativas sobre los acontecimientos americanos, sino que trataron de soliviantar a algunos vecinos, y sostuvieron activa correspondencia -la cual fue interceptada- con los realistas de Córdoba», lo que los hizo acreedores de ser tratados severamente.

Las condiciones de detención provocaron efectivamente quejas del teniente coronel Huici, pero nuevamente sus antecedentes no le granjearon consideraciones: «enemigos tan bárbaros como el famoso Agustín Huici, reclamaban candorosamente bienestares imposibles».Trasladado al fuerte Santa Catalina, en Río Cuarto, huyó en abril de 1816. Fue capturado y al ser conducido desde Mendoza a Buenos Aires, debió quedar en San Luis, enfermo e imposibilitado de continuar el viaje. El 12 de julio de 1816, restablecido, el coronel realista marchó hacia su destino, custodiado hasta San José del Morro por el teniente José Gregorio Calderón, falleciendo al llegar. Calderón regresó con las pertenencias del difunto a San Luis, lo que le valió acusaciones de haberlo asesinado con el fin de robarle.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 27 Mar 2016 11:34

Excmo. Sr. D. Pedro Antonio DE OLAÑETA MARQUIEGUI General del Ejercito Español

Pedro Antonio de Olañeta Marquiegui (Elgueta, España 1770 - Tumusla, Provincia de Charcas, 2 de abril de 1825) fue un militar español de destacada actuación en el ejército realista del Alto Perú, donde dirigió la última campaña que se llevó a cabo en este territorio contra las tropas independentistas. Murió como consecuencia de las heridas sufridas durante el combate de Tumusla. El 12 de julio de 1825 fue nombrado virrey del Río de la Plata por el rey Fernando VII, quien desconocía que Olañeta había fallecido.

Hijo de una familia humilde de Vizcaya, emigró a América con sus padres hacia 1787. Fijó su residencia en la zona de Potosí y Salta, dedicándose al comercio e ingresando en los cuerpos de milicias. Con motivo de su profesión fue apodado como el contrabandista por sus adversarios. Alcanzó una gran fortuna con sus actividades mercantiles, sobre todo entre el Perú y el Virreinato del Río de la Plata, donde -en Jujuy- se casó con una bella criolla hermana de Guillermo Marquiegui y llegó a poseer una estancia.

Al producirse la Revolución de Mayo en 1810, la actitud de este terrateniente - que ya tenía algunas características de caudillo - fue vacilante, volcándose luego de un modo absoluto (y absolutista) al bando "realista" (es decir, proespañol) al notar que las nuevas autoridades ponían en riesgo sus poderes semi feudales. De este modo es que participó como comandante en las campañas contra las incursiones de los independentistas argentinos contra el Alto Perú, estando entonces Olañeta a las órdenes del general José Manuel de Goyeneche. Destacó en sus acciones contra los insurgentes en la Provincia de Jujuy, zona que atacó en repetidas ocasiones y cuya capital consiguió ocupar en 1817, hasta que fue rechazado por los gauchos de Martín Miguel de Güemes, si bien este caudillo patriota falleció a consecuencia de las heridas sufridas en una escaramuza con los soldados de Olañeta. Más tarde ascendió a coronel y permaneció bajo el mando de Joaquín de la Pezuela.

Fue ascendido a general de brigada, y tuvo que aceptar el mando del virreinato de José de la Serna e Hinojosa en 1821. En 1821, su sobrino Casimiro Olañeta, en complicidad con José Mariano Serrano, nacido en Chuquisaca, y Bernabé Aráoz, gobernador de Tucumán, planifican el asesinato de Martín Miguel de Güemes, General en Jefe de la Vanguardia del Ejército Auxiliar del Perú. En los primeros días de junio de ese año, Pedro Antonio Olañeta envía 300 soldados a Salta, quienes ingresan amparados por los nombrados y otros miembros de la oligarquía salteña. El 7 de junio, aprovechando que el Gobernador Güemes viene a la ciudad a visitar a su hermana Macacha, escoltado solamente por 25 soldados de su guardia de Infernales, le tienden una emboscada que logra herirlo de muerte, ya que fallece el día 17 a consecuencias de esa herida. De simpatías absolutistas se rebeló contra la autoridad del virrey del Perú, y en comunicación con Bolívar favoreció indirectamente la derrota de La Serna en las campañas de Junín y Ayacucho, pero seguidamente el mismo fue derrotado y muerto al año siguiente mientras intentaba resistir el avance patriota en el Alto Perú.

Participó en las campañas realistas de 1823. Su condición de absolutista convencido, contrario a la revolución liberal que sufrió España durante el reinado de Fernando VII, terminó por enfrentarle con La Serna, y sublevándose contra su autoridad se autoproclamó "único defensor del altar y del trono" Olañeta, sin embargo había estado en comunicación con Bolívar, y dio comienzo el 15 de enero de 1824 a la llamada Rebelión de Olañeta, que fue combatida por fuerzas del virreinato peruano al mando de Jerónimo Valdés, hasta su repliege el 17 de agosto de 1824, en razón de los avances de Simón Bolívar tras la Batalla de Junín.

Los españoles huyen despavoridos abandonando las más fértiles provincias, mientras el general Olañeta ocupa el Alto Perú con un ejercito verdaderamente patriota y protector de la libertad.
Bolivar, 13 de agosto de 1824.


Después de la derrota de La Serna en la Batalla de Ayacucho lideró un pequeño grupo de militares resistentes en el Alto Perú. Pero esta situación fue apenas una anécdota, dado que el avance de Sucre sobre el Alto Perú era imparable y, en 1825, tras caer La Paz, lo mismo ocurrió con Potosí el 29 de marzo, donde Olañeta había concentrado sus tropas. Cuatro días más tarde, en un intento desesperado por resistir, Olañeta murió el 1 de abril a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla del Tumusla el día anterior por el Coronel Carlos Medinaceli, según una versión por el disparo de uno de sus soldados.

En la Península ibérica, el rey Fernando VII tras tener conocimiento de la capitulación de Ayacucho de la mano de Casariego, procedió el 12 de julio de 1825 al nombramiento a Olañeta como virrey del Río de la Plata,4 nombramiento que fue realizado cuando ya éste había fallecido sin saberlo aún el rey.

La batalla de Tumusla

El general Olañeta, al saber de la defección de Medinaceli, se puso en movimiento para ir a sofocarla en su cuna. Retrocedió del punto donde estaba y se dirigió a Cotagaita con 700 hombres. Mientras tanto Medinaceli había tomado posiciones en el río Tumusla, donde Olañeta lo atacó el 1 de abril de 1825. El combate concluyó a las siete de la tarde. Herido por tiros de fusil el día 1 de abril, Olañeta cayó en tierra, a cuya vista sus soldados se dispersaron, entregándose algunos al jefe vencedor. Olañeta falleció al día siguiente, el 2 de abril. Ese mismo día Medinaceli remitió el parte de la batalla al mariscal Sucre.

El general Olañeta, que había evacuado Potosí el 28, tuvo un encuentro con una partida nuestra el 1º del corriente y, siendo completamente derrotado y herido,murió el 2. Antonio José de Sucre, Potosí, 6 de abril de 1825.

Años más tarde, en 1828, el último foco de resistencia español en la República de Bolívar fue dirigido por el general realista Francisco Javier Aguilera, famoso por dar muerte a los patriotas Manuel Asencio Padilla e Ignacio Warnes, finalmente fue derrotado en Vallegrande (Santa Cruz, Bolivia) por una división dirigida por el coronel Anselmo Rojas y todos sus líderes fueron decapitados. Sus cabezas fueron expuestas en la plaza.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 27 Mar 2016 12:32

D. Juan Saturnino CASTRO Militar del Ejercito Español y posteriormente independentista.

Juan Saturnino Castro (Salta, noviembre de 1782 - Moraya, septiembre-octubre de 1814) fue un oficial argentino realista que luchó contra las fuerzas independentistas de las Provincias Unidas del Río de la Plata, del que era originario, teniendo una destacada actuación en la batalla de Vilcapugio. Fue ejecutado por haber intentado sublevar las tropas americanas del ejército realista a favor de los independentistas.
Biografía

Ingresó joven en el ejército real español, revistando en el Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, uno de cuyos batallones tenía su sede en Salta.

En 1809 marchó con parte de ese regimiento al Alto Perú, donde actuó en la represión de la Revolución de Chuquisaca, que se limitó a algunos arrestos y destierros. Después pasó al Perú y fue ascendido a coronel, pasando al arma de caballería.

En 1811 luchó en la batalla de Huaqui en el ejército realista. Participó en la captura de Cochabamba, ciudad que después de rendirse a los realistas había vuelto a rebelarse. Formó en las filas del ejército de vanguardia ―el «Ejército grande»― del general Pío Tristán en la invasión del norte argentino. Luchó en las batallas de Tucumán y Salta. Fue tomado prisionero en esta última batalla, como el resto de su ejército. El general patriota Manuel Belgrano (1770-1820) los dejó en libertad a cambio de que juraran ante Dios que no tomarían nuevamente las armas contra las Provincias Unidas. Muchos de los oficiales juramentados cumplieron su palabra, entre ellos Tristán, pero la mayor parte ―entre ellos Castro― decidieron no cumplirla, y consiguieron que el arzobispo de Charcas los «liberara» del juramento.

De modo que Castro se incorporó al ejército al mando del general Joaquín de la Pezuela (1761-1830), que enfrentó al Ejército del Norte. El 27 de septiembre de 1813, al frente de tropas de caballería e infantería, avanzó desde Pequereque e interceptó las tropas del caudillo Baltasar Cárdenas en el combate de Ancacato, provocando una matanza en que cayó también el jefe patriota. Gracias a la victoria, el general Pezuela se apoderó de correspondencia secreta, que indicaba que Belgrano estaba esperando las tropas de Cárdenas y la caballería de Cochabamba, que aún no se le había unido.

De modo que Pezuela apresuró su avance y atacó a Belgrano cuatro días más tarde en la batalla de Vilcapugio. La superioridad numérica y de preparación militar de las tropas rioplatenses permitió a los patriotas arrollar las posiciones realistas. Pero en el momento en que la infantería de la izquierda realista acababa de ser destruida y el resto de las tropas comenzaban a huir, reapareció la caballería de Castro, dispersando toda el ala de la derecha patriota, que arrastró al resto de las tropas y las desorganizó por completo. La victoria realista fue completa.

Castro comandó una parte importante de la caballería en la batalla de Ayohúma (14 de noviembre de 1813) y fue el encargado de perseguir a sus enemigos. Varias veces estuvo a punto de alcanzar a la retaguardia patriota, dirigida por el coronel porteño Cornelio Zelaya (1782-1855), con quien se cruzaron insultos a los gritos durante todo el día siguiente a la batalla.

En 1814 participó en la segunda invasión realista al norte argentino, bajo el mando de Pezuela, y fue el jefe del primer cuerpo realista en ocupar Salta, su ciudad natal.

Mientras estaba de guarnición en San Salvador de Jujuy, recibió correspondencia de su hermano, el doctor Manuel Antonio Castro ―un reputado jurista instalado en Córdoba― y de varios amigos de este, en que intentaban convencer al coronel de que se pasara a las filas patriotas. No obstante, Castro acompañó a las tropas realistas en su retirada al Alto Perú, presionados por los gauchos de Martín Miguel de Güemes.

Al llegar a Santiago de Cotagaita, los realistas se enteraron de que el anciano indígena Mateo Pumacahua (1740-1815) había formado una junta de gobierno en Cusco (3 de agosto de 1814), y que esta revuelta se había extendido a Arequipa, Huamanga, Puno y La Paz. Entonces Castro decidió por fin pasarse al bando americano y organizó la sublevación de los soldados de origen americano del ejército realista, e incluso convenció a muchos oficiales. Según el testimonio de los oficiales realistas, cinco sextas partes de las tropas eran americanas; si Castro hubiera logrado sublevarlos, el ejército realista hubiera desaparecido en cuestión de días.

En agosto de 1814 escribió al general porteño José Rondeau (1775-1844) ―nuevo comandante del Ejército del Norte― pidiendo colaboración y relatando sus planes. Uno de los oficiales americanos a quien había contactado lo delató al general Pezuela. Sabiéndose descubierto, Castro intentó insurreccionar una parte de las tropas y pasarse a los patriotas, pero fue arrestado: Pezuela lo condenó a muerte, y el batallón de Cuzco ―con cuya fidelidad más contaba Castro―, hizo una demostración de fidelidad a los españoles ofreciéndose a ser ellos quienes lo fusilaran.

Fue ejecutado en la aldea boliviana de Moraya ―a unos 45 km al norte de Villazón― a fines de septiembre o principios de octubre de 1814.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.


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