HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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JotaErre
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor JotaErre » 16 Abr 2015 00:36

Hay una excelente novela histórica, "El puente de Alcántara", de Frank Bauer, ambientada en la época de Alfonso VI.

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Rescoldo
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 18 Abr 2015 02:40

Leyenda del CID CAMPEADOR

Cuenta la leyenda que Rodrigo Díaz nació en el año 1.043 en un pueblo pequeño de Burgos llamado Vivar. Su padre, que se llamaba Diego, era un noble de la corte de Castilla. Cuentan que era un caballero valiente conocido por su gran destreza con la espada y por ser un gran cabalgador. La madre de Rodrigo también pertenecía a la nobleza.

Como tenía sangre noble fue llevado a la corte de Fernando I el Magno para que sirviera a su hijo Sancho. Y allí, junto a él, aprendió a manejar la espada y las artes de la guerra.

Fue tal su conocimiento que cuando tenía tan solo 16 años el Cid retó y mató al Alférez Real por haberse burlado de su difunto padre. Acabó con la vida de un caballero que tenía gran fama de ser muy diestro con la espada.Y cuentan que la hija del Alférez Real reclamó su derecho a casarse con Rodrigo ya que le había dejado sin padre. Se celebró el matrimonio entre Rodrigo Díaz de Vivar y Doña Jimena.

Durante las Navidades del año 1.065 murió Fernando I. Su hijo Sancho pasó a ser nombrado rey de Castilla. Junto a él su más fiel amigo, Rodrigo Díaz de Vivar.

Dos años más tarde moriría la madre de Sancho II rey de Castilla y de Alfonso VI, rey de León. A partir de aquel momento los dos hermanos entablaron una lucha constante por el poder de los dos reinos. Todo acabaría con el asesinato de Sancho II a manos de un gran traidor. Alfonso VI se apresuró a reclamar la corona de Castilla.

Algo rondaba en la cabeza del amigo fiel de Sancho II porque pensaba que había sido una conspiración de su hermano para proclamarse rey. Y sin esperar más, Rodrigo Díaz de Vivar hizo jurar a Alfonso VI en Santa Gadea que él no ha participado en la traición y muerte de su hermano. Así juró don Alfonso. Juramento de Santa Gadea que llevó a que Alfonso VI fuera nombrado rey de Castilla y León.

Nada más entrar en el reinado Alfonso destituyó a Rodrigo Díaz de Vivar como Alférez Real.

Un buen día, Alfonso VI mandó a Rodrigo junto a cien lanceros a cobrar las parias que debía el rey musulmán de Sevilla. Consistían las parias en unos pagos anuales que se hacían a la corona protectora y que, ese año, el reino de Sevilla se había negado a tributar: diez quintales de plata, diez mulas y diez caballos.

Cuando llegó Rodrigo a Sevilla el rey Almonacid le recibió amistosamente. Procuró buen alimento y descanso. Incluso mandó organizar una gran fiesta en su honor.

Esperando los pagos llegaron unos mensajeros diciendo que un ejército moro y cristiano se acercaba a la ciudad para asaltarla. Tropas musulmanas de Granada y Murcia junto a huestes cristianas de Navarra y Barcelona. Y el rey musulmán muy asustado por ver su ciudad masacrada corrió a recordar a Rodrigo que las parias se pagaban para ser defendidos de los ataques invasores. Cierto era. Así que no le quedó más remedio que organizar un pequeño ejército para que le acompañara a buscar las tropas enemigas.

Y cuenta la leyenda que cuando el conde de Barcelona vio a tan pocos hombres al lado de Rodrigo se rió de la amenaza que pretendía y decía ser…

-¡Ja, ja, ja! ¿Pero quién crees que eres tú para venir a darme órdenes, mocoso? ¿Todos éstos son sus hombres? Decid de mi parte a ese presuntuoso que cuando le crezca la barba, entonces, jugaremos a la guerra.

Cuando el mensajero regresó para comunicar las palabras de García Ordoñez no se atrevió en un primer momento a contar lo que le había dicho. Más tarde el joven habló. Sintió como le ardía la sangre por sus venas. La ira y el enfado se adueñaron de Rodrigo quién juró y perjuró que antes que le creciera la barba apresaría a ese conde engreído y se la cortaría de cuajo.

Y sin pensarlo más ordenó a sus mesnadas, a sus cien hombres que lucharan contra…cinco mil caballeros musulmanes y mil hombres cristianos. Cuenta la leyenda que Rodrigo gracias a su capacidad de mando y valentía supo vencer a los seis mil hombres que intentaban invadir Sevilla. Y para goce y disfrute de nuestro caballero, él mismo pudo apresar al conde de Barcelona, al de Aragón y al de Navarra.

Y sin esperar que le creciera la barba y con una gran sonrisa que se le escapaba por la comisuras de sus labios se acercó al engreído García Ordoñez y con un golpe certero de espada le arrancó el pelo de la barba. Más no terminó ahí su hazaña pues cogió una bolsita de seda donde guardó el pelo arrancado para colgárselo al cuello y allí llevarlo el resto de sus días.

Después de esta increíble victoria y con un gran número de presos moros y cristianos comenzó a dudar qué debía hacer. Sintiendo que él también tenía corazón cristiano decidió, tras los juramentos de todos los caballeros, dejar libres tan solo a los que seguían su religión.

Llegó la hora de regresar a Sevilla acompañado de sus cien hombres y de los prisioneros musulmanes. Los habitantes de la ciudad que ya conocían tal hazaña le esperaban repartidos por toda la villa para dar las gracias y mostrar su alegría.

Y desde el momento que Rodrigo entró por la puerta de la muralla grupos de musulmanes gritaban:

-¡Sidi Rodrigo!, ¡Sidi Rodrigo! (señor Rodrigo).

Otros cristianos también le llamaban:

-¡Campi doctor!, ¡campi doctor! (sabio en batalla campal).

Y de la unión de los dos gritos salió el nombre del Cid Campeador…

El Cid recibió numerosos obsequios y regalos del rey musulmán ya que estaba muy agradecido por haber salvado a la ciudad. A su vez, Rodrigo entregó un gran número de prisioneros moros como botín de guerra…

Cuando Alfonso VI se enteró de la proeza del Cid Campeador quedó impresionado. Aunque no lo hizo tanto cuando supo que había dejado libre a todos los cristianos prisioneros…De ellos hubiera podido obtener el reino una suculenta suma de dinero por sus rescates.

Pero quizás lo que más le molestó a Alfonso VI fue que el Cid recibiera una gran cantidad de valiosos regalos del rey musulmán y que, sin su consentimiento, regalara parte del botín de guerra.

Muy enfadado y herido en su orgullo real y convencido de que el Cid Campeador se había extralimitado en sus decisiones y tareas ordenó implacable el primer destierro de Rodrigo Díaz de Vivar. Le expulsó de las tierras castellanas…

La leyenda del Cristo de la Luz, Toledo

Cuenta la leyenda que en el siglo VIII las tropas musulmanas al mando de Tarik se aproximaban a las murallas de Toledo.
Los cristianos que vivían en la ciudad se apresuraron a esconder la imagen del Cristo Crucificado para evitar que fuera profanada. Este crucifijo se encontraba en una iglesia cercana a la Puerta de Valmardón.

Los fieles decidieron abrir un hueco profundo en un muro interior del templo para esconder al Cristo. Encendieron una lamparilla de aceite y la colocaron a los pies de la imagen. Luego tapiaron el agujero. Pasó el tiempo y este hecho quedó relegado al olvido.

El rey Alfonso VI y Don Rodrigo Díaz de Vivar consiguieron vencer a la corte visigoda de Toledo mediante un asedio muy cruento que había durado semanas. Y junto a las tropas reales entraban triunfantes en Toledo el 25 de mayo de 1085 por la Puerta Vieja de Bisagra.

Cuando el séquito real estaba pasando por la mezquita ocurrió un hecho asombroso. Ambos caballos, tanto el del rey Alfonso VI como el del Cid, se arrodillaron ante la puerta de entrada.

Este suceso fue interpretado como un milagro y un mensaje divino. Así que el rey Alfonso VI mandó registrar minuciosamente la iglesia. Allí encontraron al Cristo Crucificado y la lamparilla de aceite que, milagrosamente, seguía encendida. ¡Después de haber pasado más de 300 años!

A esta mezquita se la llamó desde entonces “El Cristo de la Luz”.

Actualmente, una losa blanca indica el lugar donde los dos caballos se arrodillaron…


La leyenda de la Virgen de la Almudena, Madrid

Existe también una leyenda muy similar a la anterior donde los protagonistas son el Cid Campeador y el rey Alfonso VI.
Cuentan que cuando el apóstol Santiago llegó a Hispania con objeto de cristianizar estas tierras traía numerosos presentes para obsequiar a sus discípulos. Entre todos los objetos llevaba una bonita escultura de la Virgen María que regaló a una iglesia llamada Santa María que se encontraba en la cuesta de la vega. Los cristianos estuvieron adorándola hasta que se produjo la invasión de los musulmanes al derrotar a los visigodos.

Los cristianos sacaron de la iglesia la imagen de la virgen para evitar que fuera saqueada. La guardaron en un lugar desconocido. Con el tiempo aquella iglesia se convirtió en mezquita. Más tarde, el emir de Córdoba mandó construir una fortaleza en la colina que había al lado del río Manzanares para que su muralla defendiera a la villa de los posibles ataques cristianos.

Mientras se iba levantando el muro que cercaba la ciudad un artesano herrero forjó una hornacina para ocultar a la virgen dentro de la misma muralla que estaban construyendo. Y allí permaneció oculta durante largo tiempo sin que nadie supiera el lugar exacto donde se encontraba.

Nos cuenta la leyenda que el Cid Campeador descansaba junto a su ejército en la ciudad de Toledo ya conquistada. Uno de los objetivos del rey era volver a consagrar el templo de Santa María que los musulmanes habían convertido en mezquita. Pero para hacerlo debían encontrar la escultura de la virgen que tanto tiempo llevaba desaparecida.

Un día el Cid había acampado junto a algunos de sus hombres en un llano. Se dirigían hacia Madrid. Ya establecidos el Campeador salió a pasear un rato. Andando por el camino escuchó una petición de auxilio. Se acercó a un barranco donde pudo ver que había un leproso que intentaba salir de una zanja. El Cid le ayudó.

Y cuando ya estuvo fuera este hombre enfermo se convirtió en la imagen de una mujer que dijo ser la virgen que tanto buscaba su rey y que reveló al Cid Campeador alguna de sus victorias que estaban todavía por acontecer. Terminó señalando el sitio exacto de la muralla donde se encontraba la escultura escondida. Y la virgen desapareció.

Cuando el Cid regresó a su campamento pudo ver a todos sus hombres que dormían un sueño excesivamente profundo por lo que ninguno había podido ver la aparición. Al día siguiente partió el Cid junto a sus mesnadas hacia la muralla madrileña. Cuando comenzaron a rodearla un trozo de muro se derrumbó dejando al descubierto la hornacina de hierro con la virgen en su interior.

Milagrosamente dos velas al lado de la imagen le habían dado luz y calor durante cientos de años. La virgen fue llevada a la iglesia de Santa María. La llamaron de la Almudena al haber estado escondida en un almudín…


La leyenda de la afrenta de Corpes
Cuenta la leyenda que el Cid Campeador vivía en Valencia junto a su mujer Doña Jimena y sus dos hijas, Doña Elvira y Doña Sol. Estas dos muchachas estaban casadas por consejo de Alfonso VI con los infantes de Carrión: Don Diego y Don Fernando.

Una noche cuando todos descansaban uno de los leones que tenían en el castillo logró escapar de su jaula. Estuvo el animal paseando libremente por las estancias que quedaron abiertas. Al entrar en el dormitorio del Cid Campeador el león rugió de tal forma que le despertó. Y muy lejos de tener temor se enfrentó al animal mirándolo fijamente a los ojos. La fiera se amansó y el Cid cogiéndole de la melena a su jaula devolvió.

Con el rugido del animal todos se despertaron y acudieron en su ayuda. Pero muy asombrados pudieron ver la hazaña que acababa de cometer. Preocupado estaba Don Rodrigo por su familia.

-¿Están las mujeres bien? ¿Y los infantes de Carrión…?

Algunos de los hombres comenzaron a buscar a los yernos del Campeador. No sabían dónde podían estar. Encontraron muertos de miedo a los dos: Diego se había ocultado detrás de unas columnas y Fernando debajo de la misma cama del Cid.

Descubiertos los infantes de Carrión los hombres del Cid no podían parar de reír. Intentaban no burlarse de su cobardía pero su risa se escuchaba en todo el castillo. Y aunque el Campeador también reía se vio obligado a prohibir cualquier comentario más sobre la cobardía de los infantes. Y no lo hacía por ellos sino por el orgullo herido de sus dos hijas.

Callaron los más fieles del Cid públicamente aunque seguían manteniendo que los infantes de Carrión eran unos cobardes y además, unos impostores. Pasó el tiempo.

Un buen día el rey musulmán Búcar cercó con su ejército Valencia. Los caballeros cristianos contaron hasta cincuenta mil soldados moros acampados frente a las murallas.

Absortos los dos infantes de Carrión ante aquella amenaza se escondieron para dialogar entre ellos sin saber que uno de los más fieles hombres del Cid les escuchaba porque el Campeador así lo había ordenado.

-Yo me casé con Elvira por tener grandes riquezas y una vida tranquila.

-¡Ya! Y yo me casé con Sol para ser yerno del propio Cid Campeador. Y ahora tengo nostalgia de nuestra tranquila Carrión.

-Miedo dan los miles de musulmanes que nos acechan… ¡Aterrorizado estoy!

Después de haber escuchado a los dos infantes de Carrión, Muño acudió al Campeador para contar, con tono irónico, los grandes deseos de los dos.

-¡Don Rodrigo! Menudos yernos tienes, ¡los dos! Valientes ellos que desean volver sin luchar a su Carrión… ¡Anda! Déjalos marchar para que no manchen más tu honor.

Sin sorprenderse lo más mínimo por lo que acababa de contar Muño, el Cid, en busca va de los dos. Con tono muy enfadado les reprocha que, mientras sus hombres están deseando luchar contra los musulmanes, ellos estén deseando volver a la paz de Carrión.

Pero el Cid, sabiendo muy bien lo que hace les libera de la obligación.

-No saldréis a luchar. Dentro de las murallas quedaréis.

Mientras tanto el rey musulmán Búcar mandó un mensajero al Cid Campeador.

-Te estoy cercando Valencia y exijo tu rendición.

Muy seguro de sí mismo el Cid en persona contestó al mensajero del rey musulmán.

-Muy bien. Dame tres días para que organice la rendición.

El Cid comienzó a preparar su estrategia. Un gran ánimo reinaba en todos los caballeros del Campeador. Tal ambiente de optimismo se vivía que hasta a los infantes de Carrión llegó.Y fueron los dos a pedirle que les mandara a la vanguardia de sus mesnadas.

-¿Seguros estáis los dos? ¿En la vanguardia…?

Cuando el Cid ordenó el ataque el infante Fernando se fijó en un árabe llamado Aladrat.

-Luchando con él mostraré mi valentía- pensó el infante de Carrión.

¡Ay! Pero cuando Fernando vio que el árabe también se había fijado en él y veía como llegaba al galope empuñando una gran espada en lo alto…lo pensó mejor.

Don Fernando hizo girar su caballo y al galope salió huyendo del campo de batalla. Y el caballero Vermúdez que era el encargado de vigilar a Fernando se vio obligado a luchar y matar a aquel moro que tanto miedo había dado al de Carrión.

-¡Regresa Don Fernando! Muerto está ya el que se fijó en ti. Ven, toma el caballo y mi espada manchada de sangre y di a todos que fuiste tú. Yo te encubriré.

Musulmanes y cristianos se batían en el campo de batalla. Multitud de cuerpos yacían en la tierra manchada de sangre. Huían caballos sin dueños a ninguna parte. Entró el Cid en batalla junto a Minaya y Vermúdez. Los cristianos con valentía luchaban sin desfallecer. Sangre y metal cubrían los campos valencianos.

Pero todavía el Cid no había cumplido su plan. Buscó al rey árabe y hacia él se dirigió con ánimo de luchar. El rey Búcar vio al Cid que se le acercaba a gran velocidad. Salió huyendo el musulmán en dirección al mar.

Se fueron los dos caballeros que desaparecieron entre el polvo levantado del camino. Babieca acortó distancias sobre su enemigo. Y a punto de darle alcance el Cid levantó su pesada espada. Con un golpe certero arrancó el yelmo de Búcar. Y con otro hundió el frío metal en el corazón del musulmán. Cayó el cuerpo del rey muerto junto a su bella espada que todavía empuñaba. La recogió del suelo el Cid maravillado por tal obra de orfebrería. Empuñadura de oro y piedras preciosas que ya le pertenecían.

-Eres Tizona, amiga fiel de batallas y duelos.

Terminado el enfrentamiento el Cid Campeador agradeció a todos su valentía y tesón. Andaban bien orgullosos los infantes de Carrión…Tan seguros estaban de sí mismos que no paraban de alabar su intervención.

-¡Hemos vencido al rey Búcar, a los moros que están en contra de nuestro Campeador!- gritan los dos infantes de Carrión.

Y los caballeros cristianos se miraban y reían.

-¿Habéis visto luchar a alguno de los dos?

Las burlas se hicieron tan dolorosas e incisivas que los dos decidieron regresar junto a sus mujeres a Carrión. Querían llevarse a las dos muchachas decían, para enseñarlas las tierras de las que herederas serían…

Y el Cid ante esta petición accedió a que los infantes se llevaran a sus hijas a Carrión. Pero Rodrigo los conocía bien y temía lo peor…Algo perturbaba su alma y su estado de ánimo sin bien saber el por qué. Después de otorgarles grandes obsequios como caballos para la guerra, mulas para la carga, ropajes bordados con oro y tres mil marcos en monedas el Cid les quiso mostrar su aprecio donando lo que más quería. Y cambiaron de mano sus dos espadas, Tizona y Colada…

Pero Rodrigo Díaz de Vivar no se fiaba de los infantes, eso ya era sabido. Mandó a su sobrino Félez Muño a que viajara junto a sus hijas para que no las perdiera de vista y las protegiera.

Entraban en tierras de Corpes cruzando un denso robledal. Encontraron un llano con un hermoso y fresco manantial.

-Aquí acamparemos. Mañana…más.

Amaneció en tierras de Corpes. Todos casi preparados estaban. Los infantes mandaron que se adelantaran y no volvieran la mirada atrás. Marchaban todos los vasallos y el sobrino del Cid. Ya habían planeado alguna maldad… Solos se quedaron con sus esposas en aquél claro del robledal.

-¡No heredaréis nada de nuestras posesiones ni tierras! ¡Esto lo tenéis que saber las dos!

Despojaron a las mujeres de sus ropas y las dejaron con tan solo un fino blusón. Se calzaron las espuelas los traidores de Carrión. Doña Elvira y Doña Sol pedían clemencia entre lloros y gritos de piedad. Creían adivinar las intenciones de los infantes de Carrión.

-¡Hacednos el favor! Nuestro padre os dio dos buenas espadas con un filo tajador…Cortarnos la cabeza y evitarnos el sufrimiento y el dolor.

Pero los infantes ciegos de venganza y rencor preparaban también los cintos que provocarían mucho dolor.

-¡Don Diego, Don Fernando! ¡Os lo rogamos por Dios! Seremos mártires sin cabeza…Evitad el sufrimiento y el terror. Nuestro padre os buscará para vengarse de vos. No queremos ni pensar…la furia que puede desatar en vosotros dos.

Pero por muchas peticiones y ruegos, y entre gritos de dolor, los infantes comenzaron a azotarlas sin piedad y con mucho rencor. Odio hacia el Cid, el que fue su señor. Odio por aquel león y la batalla que tanto les acobardó.

Fueron azotadas una y otra vez con las correas. Una y otra vez golpeadas con las espuelas. Se desgarró a cuajos la blanca piel de las dos doncellas.

Se rompieron las dos camisas que ya no protegían más aquellos dos cuerpos abatidos por la maldad. Manchado el blanco puro del rojo más doloroso e intenso. Se mezcló el rosa con las lágrimas y el barro del robledal.

Doña Elvira y Doña Sol sintieron su vista nublar. Pidieron a Dios que acabara con este sufrimiento porque ya no podían soportar tanto dolor.

-¡Padre, padre, que en Valencia estás…! ¡Cid, Cid, si nos oyeras llamarte tu corazón se rompería en dos!

La vista se les nubló ya no veían casi la luz del sol. Comenzaron a perder el sentido, ya no sentían casi el dolor. Los golpes de los infantes resonaban más allá de Carrión. Ecos de venganza y muerte, sonidos de odio y sed de ambición. Durante mucho tiempo sus fuerzas utilizaron en golpearlas con gran tesón. Ya no podían casi ni ellos. Agotados se sintieron los dos.

Cayeron los cuerpos en el robledal de Corpes. Y los infantes de Carrión descansaron agotados por tal afrenta dirigida hacia el Campeador. Cuando se repusieron del esfuerzo los dos infantes recogieron todas sus pertenencias y allí abandonaron a las dos. Volaban buitres acechando...

-¡Qué suerte si se alimentaran de ellas!- Pensaron los dos.

Ya han vengado su deshonra. Tranquilos y sonrientes marchan los dos. Pero el sobrino del Cid, a medio camino hacia Carrión, no dejaba de pensar en los dos infantes, en Doña Elvira y Doña Sol. Sospechosa situación que lo angustiaba y en su interior se iba acrecentando la sospecha, su malestar y su furor. Y decidió regresar sobre sus pasos sin seguir el camino, no. Mejor pasar desapercibido ante tal sospecha, si, mejor. Y se escondió entre los matorrales esperando verles pasar…Tiempo que se hace eterno sin parar de dudar.

-Pero… ¡oh Dios! ¡No esperaba escuchar lo que tuvo que oír! Creyó que a sus primas las habían matado…

Cuando desaparecieron los infantes en el camino Félez Muño hizo galopar su caballo. Fue en busca de las muchachas esperando encontrarlas en algún sitio. Y allí parecieron inertes en la hierba, manchadas de sangre y barro. Medio desnudas, en carne viva y con los ojos cerrados. Limpió sus rostros con agua fresca. Les dio de beber ese líquido esperando que renacieran las dos.

-¡Primas, primas! ¡Doña Elvira y Doña Sol! Volver a este mundo aunque sea cruel…Os vengaremos os lo prometo yo. Que esos dos infantes tienen que morir… ¡Se lo prometo al Campeador!

Comenzó Doña Sol a tartamudear. Se incorporaron poco a poco las dos. Comenzaron a recordar algo. Contaron lo que pasó. Y su primo muy asustado animaba a las dos. Desconocía de donde salían estas palabras ahora; quizás fuera de su cariño y amor.

Buscó ropaje para cubrirlas. Montó en la grupa de su caballo a las dos. Tortuoso se hizo el camino hasta Torres de Doña Urraca donde descansaron Doña Elvira y Doña Sol.

Algo tramaba Félez Muño que se dirigía hacia Gormaz…

Pero lo que ha sucedido en aquellas tierras enseguida lo supo “todo Dios”. Y mientras los infantes se rían de su afrenta el Cid creía morirse de dolor. Mandó el Campeador que las llevaran a Valencia. Envió un mensajero a su señor. A Alfonso VI pidió justicia para poder vengarse de los infantes de Carrión.

Alfonso VI escuchó al mensajero lleno de intenso dolor. No quería creer en lo sucedido. Tal afrenta de Corpes debía ser juzgada. Fueron las cortes de Toledo las elegidas para tal fin. Dio de plazo siete semanas. Y ordenó pena grave por no acudir.

Fueron citados: Enrique de Borgoña; los condes de Portugal, Galicia, Astorga y León. Fueron convocados García Ordoñez, don Birbón, el hermano de Doña Jimena y los padres de los infantes de Carrión.

El Cid antes de entrar en Toledo decidió descansar en el Monasterio de San Servando. El obispo nombró a cien hombres como sus vasallos. Vistió el Cid unas preciosas calzas, camisa blanca de fino hilo, una túnica con remates dorados y una capa rojo sangre. Se recogió su largo pelo y trenzó su luenga barba. Y ya terminado su aseo se dirigió hacia las cortes de Toledo.

Miraban todos expectantes al Cid Campeador cuando entró en el interior. El rey Alfonso VI se levantó y le ofreció un sitio a su lado. El Cid Campeador lo rechazó.

-Desde que fui nombrado rey solo he necesitado ordenar dos cortes: la primera en Burgos, la otra en Carrión. Pero ésta es muy especial y por vergüenza ajena la he convocado por la afrenta a las hijas del Cid Campeador. Quiero que se haga justicia. Deseo que se devuelva al Cid su honor. Ordeno que seáis jueces todos los condes a los que he citado yo. Sois sabios y sois justos en vos confío yo. Solo me queda deciros que siempre estaré con el que demuestre su razón. Hable primero el Cid y luego contesten los infantes de Carrión.

Habló el Cid pidiendo justicia y sin olvidar sus dos espadas las reclamó a los infantes de Carrión.

Asombrados se hallaban los dos infantes que en secreto dialogaban los dos: el Cid no les había pedido cuenta por sus hijas y esto lo entienden como un gran favor. Ilusos ellos que pensaban que aquí se acababa la demanda del Campeador. Sacaron a Tizona y Colada. Se las entregaron al rey que al Cid devolvió. Tomó las dos Don Rodrigo y mirándolas, la empuñadura besó. Tanto costó ganarlas, tanta sangre y sudor. Bien quería ese metal que muy sinceramente a los dos infantes donó.

Pero de pronto su rostro se iluminó; sonrieron sus ojos y el corazón. Juró con voz en grito que había de vengar a Doña Elvira y Doña Sol. A su sobrino Pedro le entregó Tizona y a Martín Antolínez, Colada le dio.

-Sois mi mejor caballero y a Colada os la entrego yo. Se la arranqué a un gran enemigo. Al conde de Barcelona se la gané yo.

El Cid se dirigió hacia el rey reclamando una segunda petición: reclamó el ajuar de sus hijas, a los infantes de Carrión.

-¡Devolvedme mi dinero ya que mis yernos no sois!

-Ya le hemos dado sus espadas… ¿qué más quiere este señor? No nos queda ningún dinero ni presentes… Solo podemos pagar con tierras de Carrión.

Comentaban los jueces entre ellos y se escuchaba una voz:

-Eso lo tiene que contestar el Cid Campeador. Nuestro pensamiento es otro. El dinero debéis devolver con especies hasta que se cumpla lo que Rodrigo os otorgó.

Comenzaron a entregar caballos, palafrenes, mulas, espadas y tierras de Carrión. Los jueces los tasaron y dieron un valor. El Cid lo aceptó.

-Otra petición tengo. Ésta es la más dolorosa, la mayor afrenta sufrida, el mayor dolor que mata…Y quiero que se me escuche bien lejos para que se pueda sentir mi sufrimiento que deseo retar a los dos infantes que no osaron vengarse sobre mí si no sobre mis dos vidas: Doña Sol y Doña Elvira.

-Quisiera saber que mal os hice yo. Siempre os traté con respeto y hasta con cierta admiración. Os entregué a mis dos hijas, las dueñas de mi corazón. ¿Por qué me heristeis en lo más profundo? ¡Decidme! ¿Qué os hice yo? Fuisteis capaces de golpearlas con cintas y espolón. Yo no osaré juzgaros en público ya lo hice en mi interior. Solo pido a esta corte que haga justicia a vuestra acción.

Raudo el gran enemigo del Campeador, García Ordoñez se levantó.

-Mi señor rey y resto de la corte. Las largas barbas del Cid a unos espantan y a otros hace huir. Los infantes de Carrión pertenecen a la gran nobleza, de alta alcurnia son. ¿Y las hijas del Campeador? Los que os cuenta el Cid no tiene ningún valor.

Don Rodrigo Díaz de Vivar se acarició su barba. Se levantó y declaró:

-No sé que tenéis contra mi barba. Nadie nunca se atrevió a tocarla. Nadie pudo arrancarla como yo hice con la vuestra en el castillo de Cabra. ¿Recordáis que os la arranqué? ¡Así se nota todavía vuestra calva! ¿Queréis verla? La guardo todavía en esta bolsita colgada al cuello…

Siguen mientras tanto discutiendo los condes y sabios. Uno de los infantes de Carrión sigue manteniendo que él es de alta alcurnia. No debiera haberse casado con una de las hijas de un infante.

Y Pere por fin declaró. Contó lo que él sabía: el león, el moro.... Calló un momento antes de retar a Fernando en duelo.

Debatiendo aún estaban cuando entraron presurosos los mensajeros de los reyes de Navarra y de Aragón. Hablaron y dejaron a todos callados con su petición.

-Quieren nuestros reyes casarse con Doña Elvira y Doña Sol.

El rey Alfonso VI accedió y recordó a los infantes de Carrión que tendrían que besar las manos de sus reinas aquellas que habían golpeado hasta creerlas muertas.

Se ordenó un plazo de tres semanas para los duelos bajo pena de ser considerado traidor aquel que no dignara a aparecer.

El Cid Campeador regresó a Valencia.

Los representantes del Cid iban a utilizar a Colada y Tizona. Se preparó el campo de batalla en un llano. Acudieron los seis combatientes con los escudos, las lanzas y sus espadas. El infante Fernando y Pere se batieron con mucha violencia. Fernando atravesó el escudo de Pere y rompió su lanza al intentar clavarla en su cuerpo.

Por el contrario, Pere si logró atravesar el escudo de Fernando y clavar el hierro cerca de su corazón. Cayó el infante de Carrión envuelto en una mancha de roja sangre y para evitar su muerte declaró ante la amenaza de Tizona que su oponente decía toda la verdad. Cierto era lo de la batalla, el león y la afrenta.

Tocó el turno al infante Diego que se batió en duelo contra Martín Antolínez. Ambos mostraron una gran fuerza en sus golpes. Sacó Martín a Colada amenazando al infante. Y el de Carrión salió huyendo del campo de batalla. Tuvo que reconocer que también había sido vencido.

Y el osado Muñoz Gustioz fue atravesado al primer golpe. Asomó la punta de la lanza por la otra parte del escudo, tiñendo de sangre su ropaje. Se le dio por muerto al momento cuando su padre reclamó su cuerpo.

Hasta aquí las leyendas existentes sobre el Cid Campeador, en el siguiente intentaré plasmar la realidad y su papel en la reconquista de España frente a la invasión árabe.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 18 Abr 2015 23:03

RODRIGO DIAZ DE VIVAR )(El Cid Campeador)

Antes reseñe algunas de las leyendas surgidas en torno a la figura del Cid, quizás el mayor homenaje se lo dio Hollywood con la película producida por Samuel Bronston y protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.

(Rodrigo Díaz de Vivar, llamado El Cid Campeador; Vivar, actual España, h. 1043 - Valencia, 1099) Caballero castellano. Hijo de Diego Laínez, descendiente del semilegendario Laín Calvo, quedó huerfano a tierna edad y fue educado junto al infante Sancho, hijo del rey Fernando I de Castilla y León, quien, al acceder al trono castellano, lo nombró alférez real (1065). Hacia 1066, el prestigio de Rodrigo Díaz se vio notablemente incrementado a raíz de su victoria en el combate singular que mantuvo con el caballero navarro Jimeno Garcés, para dirimir el dominio de unos castillos fronterizos que se disputaban los monarcas de Castilla y Navarra; el triunfo le valió el sobrenombre de Campeador.

Como jefe de las tropas reales, Rodrigo participó en la guerra que enfrentó a Sancho II de Castilla con su hermano Alfonso VI de León, quien, derrotado en las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), se vio obligado a buscar refugio en la corte musulmana de Toledo. El destino, sin embargo, quiso que Sancho II muriera en 1072, cuando intentaba tomar Zamora, con lo que Alfonso VI se convirtió en soberano de Castilla y León.

El nuevo monarca no sólo no manifestó resentimiento hacia el Campeador, sino que, consciente de la valía de sus servicios, lo honró concediéndole la mano de su sobrina, doña Jimena, con quien casó en julio de 1074. No obstante, unos años después, en 1081, una inoportuna expedición a tierras toledanas sin el premiso real, que puso en grave peligro las negociaciones emprendidas por Alfonso VI para obtener la emblemática ciudad de Toledo, provocó su destierro de Castilla y la confiscación de todas sus posesiones.

Acompañado de su mesnada, el Campeador ofreció sus servicios primero a los condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II de Barcelona, pero, al ser rechazado, decidió ayudar a al-Muqtadir, rey de Zaragoza, en la lucha que mantenía con su hermano al-Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, quien contaba con el apoyo de los condes de Barcelona y del monarca Sancho I Ramírez de Aragón.

Al servicio de al-Muqtadir, venció en Almenar a Berenguer Ramón II (1082) y cerca de Morella a al-Mundir y el soberano aragonés (1084). Durante este período fue cuando recibió el sobrenombre de Cid, derivado del vocablo árabe sid, que significa señor.

En 1086, la derrota de Alfonso VI frente a los almorávides en Sagrajas propició la reconciliación del monarca con Rodrigo Díaz, quien recibió importantes dominios en Castilla. De acuerdo con el soberano castellanoleonés, el Cid partió hacia Levante, donde, entre 1087 y 1089, hizo tributarios a los monarcas musulmanes de las taifas de Albarracín y de Alpuente e impidió que la ciudad de Valencia, gobernada por al-Qadir, aliado de los castellanos, cayera en manos de al-Mundir y Berenguer Ramón II. En 1089, sin embargo, una nueva disensión con Alfonso VI provocó su definitivo destierro de Castilla, acusado de traición por el rey. Rodrigo decidió regresar al oriente peninsular, se convirtió en protector de al-Qadir y derrotó una vez más a Berenguer Ramón II en Tévar (1090).

Muerto su protegido, decidió actuar en interés propio, y en julio de 1093 puso sitio a Valencia, aprovechando el conflicto interno entre partidarios y opuestos a librar la ciudad a los almorávides. El 15 de junio de 1094, el Cid entró en Valencia y organizó una taifa cristiana que tuvo una vida efímera tras su muerte, acaecida el 10 de julio de 1099. Doña Jimena, su viuda y sucesora, con la ayuda del conde Ramón Berenguer III de Barcelona, casado con su hija María en 1098, consiguió defender la ciudad hasta el año 1101, en que cayó en poder de los almorávides.

Esta es aproximadamente su biografía más real, aunque reconozco que la leyenda es más amena.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
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Mensajepor Rescoldo » 18 Abr 2015 23:07

RODRIGO DIAZ DE VIVAR )(El Cid Campeador)

Antes reseñe algunas de las leyendas surgidas en torno a la figura del Cid, quizás el mayor homenaje se lo dio Hollywood con la película producida por Samuel Bronston y protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.

(Rodrigo Díaz de Vivar, llamado El Cid Campeador; Vivar, actual España, h. 1043 - Valencia, 1099) Caballero castellano. Hijo de Diego Laínez, descendiente del semilegendario Laín Calvo, quedó huerfano a tierna edad y fue educado junto al infante Sancho, hijo del rey Fernando I de Castilla y León, quien, al acceder al trono castellano, lo nombró alférez real (1065). Hacia 1066, el prestigio de Rodrigo Díaz se vio notablemente incrementado a raíz de su victoria en el combate singular que mantuvo con el caballero navarro Jimeno Garcés, para dirimir el dominio de unos castillos fronterizos que se disputaban los monarcas de Castilla y Navarra; el triunfo le valió el sobrenombre de Campeador.

Como jefe de las tropas reales, Rodrigo participó en la guerra que enfrentó a Sancho II de Castilla con su hermano Alfonso VI de León, quien, derrotado en las batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), se vio obligado a buscar refugio en la corte musulmana de Toledo. El destino, sin embargo, quiso que Sancho II muriera en 1072, cuando intentaba tomar Zamora, con lo que Alfonso VI se convirtió en soberano de Castilla y León.

El nuevo monarca no sólo no manifestó resentimiento hacia el Campeador, sino que, consciente de la valía de sus servicios, lo honró concediéndole la mano de su sobrina, doña Jimena, con quien casó en julio de 1074. No obstante, unos años después, en 1081, una inoportuna expedición a tierras toledanas sin el premiso real, que puso en grave peligro las negociaciones emprendidas por Alfonso VI para obtener la emblemática ciudad de Toledo, provocó su destierro de Castilla y la confiscación de todas sus posesiones.

Acompañado de su mesnada, el Campeador ofreció sus servicios primero a los condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II de Barcelona, pero, al ser rechazado, decidió ayudar a al-Muqtadir, rey de Zaragoza, en la lucha que mantenía con su hermano al-Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, quien contaba con el apoyo de los condes de Barcelona y del monarca Sancho I Ramírez de Aragón.

Al servicio de al-Muqtadir, venció en Almenar a Berenguer Ramón II (1082) y cerca de Morella a al-Mundir y el soberano aragonés (1084). Durante este período fue cuando recibió el sobrenombre de Cid, derivado del vocablo árabe sid, que significa señor.

En 1086, la derrota de Alfonso VI frente a los almorávides en Sagrajas propició la reconciliación del monarca con Rodrigo Díaz, quien recibió importantes dominios en Castilla. De acuerdo con el soberano castellanoleonés, el Cid partió hacia Levante, donde, entre 1087 y 1089, hizo tributarios a los monarcas musulmanes de las taifas de Albarracín y de Alpuente e impidió que la ciudad de Valencia, gobernada por al-Qadir, aliado de los castellanos, cayera en manos de al-Mundir y Berenguer Ramón II. En 1089, sin embargo, una nueva disensión con Alfonso VI provocó su definitivo destierro de Castilla, acusado de traición por el rey. Rodrigo decidió regresar al oriente peninsular, se convirtió en protector de al-Qadir y derrotó una vez más a Berenguer Ramón II en Tévar (1090).

Muerto su protegido, decidió actuar en interés propio, y en julio de 1093 puso sitio a Valencia, aprovechando el conflicto interno entre partidarios y opuestos a librar la ciudad a los almorávides. El 15 de junio de 1094, el Cid entró en Valencia y organizó una taifa cristiana que tuvo una vida efímera tras su muerte, acaecida el 10 de julio de 1099. Doña Jimena, su viuda y sucesora, con la ayuda del conde Ramón Berenguer III de Barcelona, casado con su hija María en 1098, consiguió defender la ciudad hasta el año 1101, en que cayó en poder de los almorávides.

Esta es aproximadamente su biografía más real, aunque reconozco que la leyenda es más amena.

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Mensajepor Rescoldo » 21 Abr 2015 00:59

PEDRO I DE ARAGON Rey de Aragón y Navarra

El 18 de noviembre de 1096, Pedro I vencería al rey taifa de Huesca en la batalla de Alcoraz y completaría la empresa en la que su padre había dejado la vida. En el asedio se distinguiría un joven guerrero que llegaría a ser tan legendario como el mismo Cid, el infante Alfonso, hermano de Pedro I y futuro Alfonso I el Batallador. Rendida Huesca, el rey aragonés pudo socorrer a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, con quien mantenía una estrecha relación de amistad, anterior incluso al matrimonio entre sus hijos. El Cid Campeador había sido el único guerrero capaz de vencer a los temibles almorávides, lo había hecho en los campos de Cuarte y desde entonces aguardaba la revancha mermado de efectivos. Pedro I acudió con sus tropas y también lo hizo Alfonso VI de Castilla. Por primera vez castellanos y aragoneses se unían para frenar a los africanos. En enero de 1097 los almorávides caían en la batalla de Bairén, en Gandía. De nada había servido el frente combinado por tierra y mar de los musulmanes ante la alianza castellano-aragonesa acaudillada por el Cid.

Pedro I tuvo un reinado breve, de sólo diez años, durante los que luchó sin descanso por ampliar las fronteras de la Reconquista y servir de apoyo a su amigo Rodrigo Díaz de Vivar en Levante. Participó en victorias legendarias, como Huesca, Bairén o Barbastro, y fracasó a la hora de dejar un descendiente a su reino. No haría falta, quedaba en las mejores manos, las de su hermano Alfonso I.

Desde 1089 su padre le cedió el dominio en tenencia del curso medio del Cinca, a título de «rey de Monzón», tieras fronterizas muy expuestas a los ataques musulmanes de la taifa de Lérida. Seguía así Sancho Ramírez la costumbre navarro-aragonesa de delegar tierras gobernadas con títulos reales entre los infantes para colaborar en las tareas de gobierno y comenzar a ejercer responsabilidades regias.

Entre los años 1093 y 1103 combatió como aliado del Cid en el Levante, dominó las plazas de Culla, Oropesa, Miravet, Montornés y Castellón de la Plana. Lo confirman no solo las crónicas, sino también la Historia Roderici y los diplomas suscritos por los tenentes de estas fortalezas. Se conserva un documento de julio de 1100 de Pedro I de Aragón, donde se titula rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe, Ribagorza, Culla, Oropesa y Castellón. En ella concede a «mio cid Muño Muñoz» el castillo de Azafaz, la villa de Ova y se mencionan los tenentes levantinos: Ortí Ortiz, que tiene la honor sobre Monroig, Culla y Oropesa; y el citado Muño Muñoz, que se encarga de la tenencia de Castellón, Monroig sobre Montornés y Azafaz.

El 4 de junio de 1094 heredó el trono de Aragón y de Pamplona. El reinado de Pedro I significó la expansión del territorio aragonés en sus tramos central y oriental, llegando hasta la Sierra de Alcubierre y los Monegros.

Conquistó Huesca en (1096), después de derrotar a Al-Musta'in II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz. Combatió al lado del Cid en la batalla de Bairén (1097) derrotando a los almorávides, que habían acudido con un importante ejército mandado por Muhammad ibn Tasufin con objeto de recuperar para el islam Valencia, que había sido conquistada por el Campeador.

Más tarde tomó Barbastro (1101), Sariñena e intentó tomar Zaragoza. Sitió Tamarite de Litera (1104) y reglamentó el fuero de los infanzones. Consolidó la supremacía militar de las tropas cristianas sobre las musulmanas, muriendo, según Iglesias Costa, lo más probablemente entre el 27 y el 30 de septiembre de 1104, en el Valle de Arán,9 si bien Ubieto Arteta no precisa el día y la sitúa en el mes de septiembre de 1104.

En este caso ya aparece claramente unidas las coronas de Aragon y Navarra en un solo monarca, conviene recordar que la corona de Navara contaba con el territorio de la actual Navarra, así como la tierra de los vascones actualmente País Vasco, en tanto que la corona de Aragón contaba con Huesca, Teruel, Lerida y la parte de la actual Cataluña que no se hallaba en poder de los musulmanes. no existiendo corona ni reino independiente de cataluña ni de los vascones.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 21 Abr 2015 01:10

ALFONSO I EL BATALLADOR

Rey de Aragón y de Navarra (?, 1073 - Poleñino, Huesca, 1134). Accedió al trono de ambos reinos en 1104, al morir sin descendencia su hermano Pedro I. Intentó un acercamiento a Castilla, materializado en su casamiento con doña Urraca, por consejo de Alfonso VI (1109); pero dicho matrimonio, contestado por algunos grupos privilegiados, estuvo lleno de desavenencias, que terminaron con su anulación (1114). Más tarde llegaría a tener enfrentamientos con su hijastro, Alfonso VII de Castilla, a propósito de territorios fronterizos en disputa (toma de Burgos, que permanecía en poder de Aragón); las Paces de Támara (1127) pusieron fin al conflicto, obligando a Alfonso I a renunciar al título imperial.

Alfonso dio un impulso definitivo a la reconquista del valle del Ebro: tras tomar Egea de los Caballeros, Tauste (1106), Tamarite (1107) y Morella (1117), y detener una ofensiva musulmana en la Batalla de Valtierra (1110), concentró sus fuerzas sobre Zaragoza; para ello obtuvo del Concilio de Toulouse los beneficios de Cruzada, consiguió ayuda económica del obispo de Huesca y concentró en Ayerbe un ejército expedicionario en el que predominaban los francos, mandado por Gastón de Bearne; con él puso sitio a Zaragoza durante siete meses, hasta que se la entregaron los almorávides (1118).

El empuje reconquistador prosiguió en los años siguientes con la toma de Tudela, Tarazona, Borja, Épila y Ricla (1119), la repoblación de Soria (1120) y la derrota de la contraofensiva almorávide en la Batalla de Cutanda (1120). Su empresa más audaz fue, sin embargo, una expedición contra Granada, en la que se adentró profundamente en territorio musulmán, al frente de un ejército de aragoneses, normandos y bearneses: en menos de un año (1125-26) recorrió Teruel, Valencia, Játiva, Murcia, Baza, Granada, Motril, Málaga, Lucena, Córdoba, Alcaraz, Cuenca y Albarracín. Aunque no hizo conquistas en aquella ocasión, sí logró un gran botín y se le incorporaron muchos mozárabes que, a su regreso, contribuyeron a repoblar el valle del Ebro.

Más tarde puso sitio a Valencia (1129), con la intención de tomar un puerto desde el que poder embarcarse para proseguir la Cruzada hacia Jerusalén; ocupó Mequinenza (1133) empleando una flota fluvial, con la que pretendía dominar el Ebro hasta su desembocadura; entró en conflicto con el conde Ramón Berenguer III de Barcelona por las aspiraciones de ambos a la conquista de Lérida; y fracasó en un largo asedio sobre Fraga (1133-34).

Otras acciones de este rey eminentemente guerrero se orientaron hacia el norte de los Pirineos, para mantener su poder sobre sus vasallos del sur de Francia (1131). Al morir dejó sus reinos para las órdenes militares; pero los nobles no aceptaron dicho testamento, procediendo a dividir la herencia entre Ramiro II el Monje (Aragón) y García V el Restaurador (Navarra). El desorden de aquel momento fue aprovechado por los almorávides para lanzar una gran ofensiva, en la que recuperaron algunos territorios del valle del Ebro.

El conde Ramón Berenguer III de Barcelona era vasallo de la corona de Aragón, existe constancia de que deseando ampliar sus dominios, puso cerco a la ciudad de Lerida, sobre la que tenía planes de conquista El Batallador, y ante los que debía ceder el conde

Es a partir de este conde, cuando comienza a hablarse del territorio catalán, en una narración de la conquista de Mallorca de 1115 se ha conservado en el documento pisano llamado Liber maiolichinus, en el que se llama a Ramón Berenguer III con los apelativos Dux Catalensis o Catalanensis y catalanicus heros, mientras que sus súbditos son denominados Christicolas Catalanensis, por lo que se considera la referencia documental más antigua a Cataluña, identificada con los dominios del conde de Barcelona.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 24 Abr 2015 01:39

JAIME I El Conquistador

Jaime I de Aragón nació en Montpellier (Francia) en 1208, hijo de Pedro II el Católico, rey de Aragón y Conde de Barcelona, y de María de Montpellier. Fue Rey de Aragón (1213-1276), de Valencia (1239-76) y de Mallorca (1229-1276), Conde de Barcelona (1213-1276), y señor de Montpellier (1219-1276).

El comienzo de su reinado estuvo marcado por la batalla de Muret (1213), en la que murió su padre, dejando al pequeño Jaime bajo la custodia de Simón de Monfort, el vencedor de Muret, que le retuvo como rehén hasta que por orden del Papa Inocencio III fue entregado a los Templarios en 1214. Muret también marcó el inicio del fin de la política de expansión catalana en la Occitania, que quedaría definitivamente vinculada a Francia, dirigiéndose, a partir de entonces, los intereses catalana-aragoneses hacia el Mediterráneo, política en la que Jaime I obtuvo grandes éxitos, por los que recibió el apodo con el que ha pasado a la historia: El Conquistador.

Los primeros años del reinado de Jaime I El Conquistador fueron difíciles. La anarquía se apoderó tanto de Aragón como de Cataluña, mientras el rey-niño permanecía en el castillo de Monzón a cargo de los Templarios. Siguiendo las disposiciones de la reina María, muerta en 1214 en Roma, la regencia era ejercida por su tío Sancho Raimúndez, conde de Rosellón, que tuvo que hacer frente a frecuentes revueltas nobiliarias, que finalizarían con la paz de Alcalá (1217). Jaime I asumió la dirección de sus estados en 1225. Ya antes, en 1221, contrajo matrimonio con Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII. Este casamiento fue anulado por razón de parentesco, contrayendo segundas nupcias (1235) con la princesa Violante, hija de Andrés II, rey de Hungría.

Jaime I dedicará los primeros años de su reinado a someter a los nobles rebeldes, recrudecida la pugna nobleza-monarquía con episodios como los sitios de Albarracín, (1220) y Montcada (1223), llegando incluso a caer prisionero en 1224; a reorganizar las finanzas del reino, arruinado por la política de Pedro II el Católico; y a afrontar los problemas derivados de la sucesión en el condado de Urgell.


Solventada la cuestión interior, el debilitamiento del poderío musulmán tras la derrota en las Navas de Tolosa (1212) permite al rey emprender la expansión del reino por el Mediterráneo. Proceso inscrito en el marco global de la política de los reinos cristianos peninsulares, se constituyó en parte fundamental del programa propiciado por el monarca a partir de 1228 para reafirmar su poder y recuperar el prestigio y la autoridad de la Corona, que su padre había arruinado, para lo que propuso una empresa militar colectiva que beneficiara a todos, con el rey como motor y como cabeza suprema de este proyecto.

En 1229 emprendió la conquista de Mallorca. Tras la toma de la ciudad de Mallorca (diciembre de 1229), se apoderó de la isla en pocos meses, salvo un pequeño núcleo de resistencia musulmana, que logró mantenerse en la sierra de Tramontana hasta 1232. Entretanto, estableció un protectorado sobre Menorca, rubricado por el tratado de Capdepera, por el cual los musulmanes menorquines aceptaron su soberanía (1231). Por último, cedió la sumisión de Ibiza a la alta aristocracia catalana, que la hizo efectiva en 1235.quedando Mallorca como un reino más de la Corona de Aragón.


Dominadas las Baleares, Jaime I asumió en 1232 la dirección de la conquista de Valencia, ocupando Burriana y Peñíscola, el reino de Valencia (1238) e incorporando entre 1244-45 Játiva y Biar. Conquistó también Murcia en 1266, aunque la cedió a Alfonso X de Castilla por el tratado de Almizra (1244) Su interés principal se asienta en la expansión comercial y política en el Mediterráneo. Así, la conquista de Mallorca, lograda gracias a la potencia naval catalana, le permite establecer y controlar las rutas comerciales del occidente mediterráneo. Acabó con la piratería islámica y las Baleares se constituyeron en puente para el comercio entre Cataluña y el norte de África.

La Conquista de Valencia, a diferencia de la de Mallorca, fue hecha con un importante contingente de aragoneses. De hecho, en 1231, Jaime I se reunió con el noble Blasco de Alagón y el maestre de la Orden Militar del Hospital en Alcañiz para fijar un plan de conquista de las tierras valencianas. Blasco de Alagón recomendó asediar las poblaciones en terreno llano y evitar las fortificadas. Sin embargo, lo primero que se tomó fueron dos enclaves montañosos: Morella, aprovechando Blasco la debilidad de su gobierno musulmán; y Ares, lugar cercano a Morella tomado por Jaime I para obligar a Blasco de Alagón a que le entregara Morella.

En 1233 se planea la campaña en Alcañiz, que constaría de tres etapas:

La primera etapa empieza con la toma de Burriana en 1233 y Peñíscola.
La segunda etapa se dirige al sur llegando hasta el Júcar, en la ciudad de Alcira donde se encontraba el único puente de toda Valencia que cruzaba el Júcar. El 30 de diciembre de 1242 fue conquistada esta villa, permitiendo así la definitiva conquista del Reino de Valencia.
La tercera etapa abarca desde 1243 a 1245, llegándose a los límites estipulados en el tratado de Almizra en 1244, firmado entre Jaime I y el infante Alfonso (futuro Alfonso X de Castilla) para delimitar las áreas de expansión sobre territorio musulmán entre Castilla y la Corona de Aragón. Las tierras al sur de la línea Biar-Villajoyosa quedaron reservadas para Castilla (incluyendo el reino de Murcia), incorporándose al reino de Valencia por Jaime II de Aragón tras las Sentencias arbitrales de Torrellas (1304) y el tratado de Elche (1305).
En esta última etapa y en los años siguientes, Jaime I tuvo que hacer frente a diversas revueltas de la población mudéjar, encabezadas por el caudillo al-Azraq.

Jaime I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza aragonesa al convertir las tierras conquistadas en Valencia en un reino diferenciado, unido a la Corona de Aragón (1239), respetando sus usos y costumbres y estableciendo los Fueros de Valencia els Furs. La creación del reino provocó una iracunda reacción de la nobleza aragonesa, que veía así imposibilitada la prolongación de sus señoríos en tierras valencianas.

El periodo de campañas permitió resolver momentáneamente los problemas económicos del reino y desviar la belicosidad de la nobleza hacia otros objetivos, pero las decisiones tomadas por el rey para la reorganización de los territorios, el reparto entre sus herederos, y las cuestiones de derechos y jurisdicción, enfrentaron de nuevo al rey con la nobleza, a cuyo frente estuvieron algunos de sus hijos: Alfonso hasta su muerte en 1260, el infante Pedro y el bastardo Fernando Sanchís de Castro, ya en los últimos años del reinado.

En Aragón la nobleza consideró un ataque a sus derechos la conversión de Valencia en un reino independiente, pues consideraba a Valencia una simple prolongación de su reino, lo que junto a la no-imposición del fuero aragonés y la desvinculación de este reino del de Aragón y su unión a Cataluña en el testamento de 1243, situó a toda la nobleza aragonesa junto al infante Alfonso, enfrentado a su padre.

En Cataluña la devolución de Murcia a Castilla provocó un malestar que se transformó en oposición abierta cuando Jaime I solicitó ayuda para una nueva expedición a Andalucía, lo que provocó nuevas sublevaciones ante la confiscación de bienes que emprendió el monarca.

Jaime I el conquistador fue un hombre culto e inteligente, que en su pugna con la nobleza utilizó el soporte de la doctrina jurídica romana revitalizada por la escuela de Bolonia, que afirmaba la supremacía del Príncipe. También favoreció a los municipios y a la burguesía. Organizó el Consell de Cent o gobierno municipal de Barcelona y promovió la redacción del Libro del Consulado de Mar, un compendio de derecho marítimo.

Fue en su reinado cuando se produjo el nacimiento de la conciencia territorial en la Corona de Aragón, sobre todo en los Estados fundacionales de Aragón y el principado de Cataluña, con la actuación de dos fuerzas: la normalización del Derecho, y la conversión de las Cortes en una institución reivindicativa y cohesionadora de la conciencia de la comunidad.

En Aragón se promulgan en 1247 los Fueros de Aragón, realizados por el Obispo de Huesca, Vidal de Canellas, que recogen una parte sustancial de los fueros locales junto a un marco más amplio de reminiscencias romanistas. En Cataluña, la protección de la monarquía permitió el triunfo de los Usatges de Barcelona y su difusión territorial por Cataluña a mediados del siglo XIII. También otorgó a Valencia una ordenación político-administrativa, la Costum (1240), de carácter municipal, que fueron revisadas en 1251. Los Foris et consuetudines Valentiae fueron confirmados por el rey en 1271 y se fueron extendiendo por todo el reino, a pesar de la oposición de la nobleza aragonesa.

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Mensajepor Rescoldo » 28 Abr 2015 10:09

PEDRO III de Aragon (El Grande)

Hijo de Jaime I el Conquistador y su segunda esposa Violante de Hungría. Sucedió a su padre en 1276 en los títulos de rey de Aragón, rey de Valencia (como Pedro I) y conde de Barcelona (como Pedro II).

A este monarca se debe la expansion del reino de Aragon por el Mediterraneo, para ello aprovechó su matrimonio con Constanza para reivindicar la corona siciliana. Sicilia se encontraba desde 1266 bajo la soberanía de Carlos de Anjou quien, con el apoyo del papa Clemente IV, que no deseaba a ningún Hohenstaufen en el sur de Italia, había sido investido rey tras derrotar en Benevento a Manfredo, quien falleció en la batalla.

Una flota de la corona aragonesa, al mando de Conrado Lanza, recorre en 1279 las costas africanas para restablecer la soberanía feudal de Aragón sobre Túnez, que la muerte del emir Muhammad I al-Mustansir había debilitado. Posteriormente, en 1281, Pedro III armó una flota para invadir Túnez y solicitó al recién elegido papa Martín IV una bula que declarara la operación militar como cruzada, pero el papa, de origen francés y partidario de Carlos de Anjou, se la negó.

Cuando la flota se disponía a zarpar, tuvieron lugar en Sicilia los acontecimientos conocidos como las Vísperas sicilianas que provocaron la expulsión de la isla, tras una gran matanza, de los franceses. Los sicilianos enviaron entonces una embajada a Pedro III ofreciéndole la corona siciliana, a la que tenía derecho gracias a su matrimonio. El rey aragonés puso entonces su flota rumbo a Sicilia, donde arribó el 30 de agosto de 1282 y fue coronado rey en la ciudad de Palermo.

Inmediatamente envió una embajada a Carlos de Anjou, que se encontraba en Mesina, instándole a reconocerle como rey de Sicilia y a abandonar la isla. La derrota de la flota angevina en Nicoreta, a manos del almirante Roger de Lauria, obligó a Carlos a dejar Mesina y refugiarse en su reino de Nápoles.

El papa Martín IV respondió a la coronación siciliana de Pedro III con su excomunión (9 de noviembre de 1282) y su deposición como rey de Aragón (21 de diciembre de 1283), ofreciendo la corona al segundo hijo del rey de Francia, Carlos de Valois, a quien invistió el 27 de febrero de 1284, y declarando una cruzada contra Aragón.

La situación en la que se encontró Pedro III era totalmente inestable, ya que no sólo tenía que enfrentarse a la invasión francesa que se preparaba al norte de los Pirineos, sino que tuvo que hacer frente a graves problemas en el interior de sus reinos surgidos ante las necesidades económicas que provocó la conquista de Sicilia.


Pedro III soluciona los problemas internos concediendo, en las Cortes de Tarazona (1283-84), la formación de la Unión aragonesa y prestando juramento al Privilegio General que defendía los privilegios de la nobleza; asimismo concedió al Condado de Barcelona la constitución “Una vegada l´any” en las cortes celebradas en Barcelona entre 1283 y 1284.

Solucionados los problemas interiores, pudo centrar su atención en la invasión francesa, que al mando del propio rey francés Felipe III tomó en 1285 la ciudad de Gerona, para inmediatamente tener que retirarse cuando la flota aragonesa retornó de Sicilia al mando de Roger de Lauria e infligió a la escuadra francesa una derrota total en las islas Formigues y a continuación una derrota en tierra en el barranco de las Panizas, cuando las tropas francesas se retiraban.

Tras su gran victoria, Pedro III se dispuso a enfrentarse a su hermano Jaime II de Mallorca y a su sobrino el rey Sancho IV de Castilla, que no le habían prestado apoyo durante su conflicto con los franceses,pero su prematura muerte lo impidió.

Este rey puso los cimientos de la gran expansion que llevaria a cabo la corona de Aragon mas adelante, sirviendose para ello de ilustres guerreros y aprovechando las circunstancias politicas y sociales para acceder a otros tronos.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Abr 2015 16:21

ROGER DE LAURIA

Almirante de la Corona de Aragón, defendió Sicilia contra los angevinos. En 1284 derrotó al príncipe de Tarento y realizó una espectacular campaña en Calabria. Posteriormente volvió a Cataluña a petición de Pedro III el Grande, venciendo a los franceses en las islas Formigues y tomando parte en la batalla de Panissars (1285). Al acceder Jaime II al trono de Aragón, luchó al servicio de éste contra su hermano Federico, que pretendía el trono siciliano. Fue derrotado en Siracusa, pero venció al infante Federico en Cabo Orlando y Ponza. Firmada la Paz de Caltabellotta (1302) entre ambos hermanos, Roger se retiró a Valencia.

A principios de 1283 fue nombrado almirante de la flota y destinado a la defensa del reino de Sicilia, que el año anterior, tras el episodio conocido como Vísperas Sicilianas, había sido incorporado a la Corona aragonesa en virtud de los derechos de la reina Constanza y en contra de las pretensiones del angevino Carlos I, rey de Nápoles y Sicilia; en el mismo año de su nombramiento, Roger de Llúria derrotó en el puerto de Malta a una escuadra angevina formada por galeras provenzales, lo que supuso el dominio sobre las islas mediterráneas de Gozzo y Malta y permitió el saqueo del puerto de Nápoles y la conquista de las islas de Capri e Ischia.

En 1284 armó una escuadra en Messina (Italia) con la que el 5 de junio derrotó en el golfo de Nápoles a la flota de Carlos, duque de Anjou (hijo de Carlos I y futuro rey de Nápoles que reinó como Carlos II, apodado el Cojo), a quien hizo prisionero; aprovechando la victoria, atacó las costas de Calabria (Italia), provocó sublevaciones populares a favor de Pedro III en la región napolitana de Basilicata y dirigió sus naves hacia las costas tunecinas, donde a mediados de septiembre conquistó la isla de Gelves.

Mientras tanto el papa Martín IV (1281-1285), perjudicado por la expansión aragonesa en el ámbito mediterráneo, había excomulgado a Pedro III y predicado la cruzada contra él (1283); el pontífice contaba con el apoyo militar del rey francés Felipe III el Atrevido y de Jaime II de Mallorca, hermano de Pedro el Grande que en 1279 había sido desposeído por éste del gobierno de la isla; ello provocó, en 1285, el intento de invasión de Cataluña por las tropas de Felipe el Atrevido mediante una acción combinada por mar y tierra.

El rey de Aragón llamó en su ayuda a Roger de Llúria, quien en septiembre de 1285 derrotó a la armada francesa en la costa gerundense (en el golfo de Roses o frente a las islas Formigues, según las distintas fuentes) y, un mes después, al ejército de tierra en la batalla del Coll de Panissars (entre La Jonquera, Girona, y Le Perthus, Francia), lo que supuso la derrota definitiva de Felipe el Atrevido; por su actuación, Roger de Llúria recibió el señorío de Gelves.

A la muerte de Pedro III (1285), los territorios de la Corona de Aragón se repartieron entre sus hijos Alfonso y Jaime; sobre el primero (Alfonso III el Franco de Aragón, 1285-1291) recayeron los reinos peninsulares, mientras que al segundo (Jaime I de Sicilia, 1286-1296; futuro Jaime II el Justo de Aragón, 1291-1327) le correspondió el de Sicilia. El nuevo papa Honorio IV (1285-1287) y Carlos el Cojo de Nápoles lanzaron una ofensiva conjunta sobre los dominios de Jaime I, pero Alfonso III reaccionó enviando a Roger de Llúria para repeler el ataque: el ejército angevino-pontificio fue derrotado por el almirante aragonés frente a Nápoles (1287).

Al morir sin descendencia Alfonso III (1291), legó los reinos peninsulares a Jaime, con la condición de que renunciara al trono siciliano en favor del tercero de los hermanos, Federico, pero Jaime intentó reunir en su persona la herencia de su padre Pedro III y se limitó a nombrar a Federico lugarteniente general del reino de Sicilia, a cuyo servicio quedó Roger de Llúria.

El contexto internacional (en particular, la falta de apoyo castellano) obligaron a Jaime II de Aragón a firmar el tratado de Anagni (Italia, 24-VI-1295), en virtud del cual el monarca aragonés se comprometía a devolver Sicilia al papa Bonifacio VIII (1294-1303), quien lo trasladaría a Carlos el Cojo, y a su vez el pontífice levantaba la excomunión que pesaba desde 1283 sobre el rey de Aragón y, de forma secreta, prometía a éste la investidura de los reinos de Córcega y Cerdeña.

Los sicilianos se opusieron a los términos del tratado y en diciembre 1295 eligieron a Federico como señor de la isla; en 1296 Federico fue coronado rey de Sicilia con el nombre de Federico II (1296-1337), lo que provocó de un nuevo estallido bélico en el que Jaime II y Bonifacio VIII, en virtud de lo firmado en Anagni, se coligaron en contra de Federico II. En las primeras fases de la lucha, Roger de Llúria combatió en el ejercito de éste, pero en 1298 pasó a formar parte de las tropas de Jaime II; al mando de las mismas, resultó herido en la batalla de Squilace (Italia, 1297), pero en las batallas de cabo Orlando (1299) y Ponza (1300) infligió sendas derrotas a las fuerzas de Federico II.

La guerra concluyó con la firma de la paz de Caltabellotta (Italia, 1302), por la que Federico II era reconocido como monarca vitalicio de la isla (adoptando el titulo de rey de Trinacria), pero con la condición de que a su muerte Sicilia revertiría al reino angevino de Nápoles. Tras estos acontecimientos, Roger de Llúria, cuyos bienes en Sicilia habían sido confiscados por Federico II, se retiró a sus posesiones valencianas, donde murió.

En la actualidad lleva su nombre la II Bandera Paracaidista, que tuvo un importante papel en la Guerra de Ifni, o la guerra que no existio, siendo decisiva su intervención en la liberación de Tiliuin del sitio al que estaba sometida. Acuartelada en las Islas Canarias, entre 1961 y agosto de 1963 quedó basada en la ciudad de Esmara, en el Sáhara Español, como apoyo durante el conflicto de los Petrolitos.

Desde los años 1990 ha sido desplegada en apoyo de misiones internacionales. En 1996 la BPAC formó el grueso de SPABRI II, segundo contingente español de la IFOR en Bosnia y Herzegovina, mientras que en 1999 fue movilizada hacia Kosovo, donde estuvo encuadrada entre 2000 y 2001 entre las fuerzas de la OTAN que velaron por la aplicación de la Resolución 1224 de Naciones Unidas.

En 2010 volvió a ser desplegada en Afganistán.

Igualmente ha llevado su nombre un destructor de la clase Oquendo, botado en 1967 y dado de baja en 1982, el Roger de Lauria (D-42)
El Roger de Lauria (D-42) fue destinado junto al Marqués de la Ensenada a la 11.ª Escuadrilla de Escoltas, con puerto base en la base naval de Ferrol junto con los destructores de clase Churruca, antiguos clase Gearing FRAM II (Fleet Rehabilitation and Modernization; Modernización y Rehabilitación de la Flota) de origen estadounidenses.

En este destructor embarcaron en Málaga los entonces príncipes de España Juan Carlos de Borbón y Borbón y Sofía de Grecia y Dinamarca el 19 de septiembre de 1970 con rumbo a Melilla, para participar en los actos conmemorativos de la Legión española.

El 9 de agosto de 1978, participó junto a las fragatas Baleares y Extremadura, el destructor Lepanto, el portaaeronaves Dédalo y el submarino norteamericano USS Shark en unos ejercicios antisubmarinos en Cartagena.

Originalmente era del mismo diseño que el Oquendo. Se inició su construcción en Ferrol, pero vistos los problemas de estabilidad que presentó, al igual que el Marqués de la Ensenada, fue botado sin finalizar y remolcado hasta Cartagena para remodelarlo, donde fueron literalmente cortados por la mitad, en sentido longitudinal, con objeto de aumentarles la manga. Tras haber sido alargado y ensanchado, fue vuelto a botar el 2 de marzo de 1968. Además, se le mejoró el armamento y sensores al montársele equipos FRAM II norteamericanos


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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 09 May 2015 01:05

ALFONSO VII El Emperador

Rey de León y de Castilla, primero de la dinastía de Borgoña Era hijo de doña Urraca (hija de Alfonso VI, que reinó en Castilla entre 1109 y 1126) y de Raimundo de Borgoña. Su madre le reconoció como rey de Galicia en 1111. Y enseguida encabezó la resistencia de los castellanos contra las ambiciones de su padrastro, Alfonso I de Aragón: realizó varias campañas para recuperar los territorios que el rey de Aragón había retenido después de separarse de Urraca; las Paces de Támara (1127) evitaron el choque entre ambos y consolidaron a Alfonso VII en el trono castellano, al que había accedido un año antes.

No obstante, tuvo que hacer frente a varias rebeliones nobiliarias entre 1130 y 1133, fruto de la autonomía de la que habían gozado los nobles en el periodo de desorden que siguió a la muerte de Alfonso VI. Tras la muerte sin sucesor de Alfonso I (1134), pretendió además el trono de Aragón y, aunque no lo consiguió, el intento le valió la adquisición de La Rioja, la posesión temporal de Zaragoza y el vasallaje del rey de Navarra, el conde de Barcelona y varios señores del sur de Francia.

Aprovechó esta situación para hacerse proclamar emperador (1135), expresando la pretensión leonesa de hegemonía peninsular y de exclusividad en la reconquista frente a los musulmanes. Dichas pretensiones no se lograron, pues el reinado de Alfonso VII contempló una cierta disgregación de la Corona castellano-leonesa: por un lado, se vio obligado a reconocer la independencia de Alfonso I Enríquez como rey de Portugal (1143); por otro, al enfrentarse los reinos de Navarra y Aragón, hubo de optar por apoyar a uno de ellos frente al otro, lo cual le puso en guerra con García V de Navarra y le obligó a firmar con Aragón el Tratado de Tudellén (1151), por el que reconocía a Ramón Berenguer IV de Aragón el derecho a reconquistar Valencia, Denia y Murcia; roto ya el sueño imperial, al morir Alfonso repartió el reino entre sus hijos Sancho III (Castilla) y Fernando II (León).

En cuanto a la Reconquista, Alfonso concibió un plan consistente en hostigar a las poblaciones hispano-musulmanas hasta que se rebelaran contra los almorávides, para situar en el poder a su aliado y vasallo Zafadola; a tal fin, realizó desde 1139 múltiples expediciones de saqueo y de ayuda a sublevaciones locales.

Pero la invasión de los almohades a partir de 1146 desbarató el plan, obligando a Alfonso a fortificar la frontera y a aliarse con el almorávide Ibn Ganiya para organizar la resistencia. Su empresa más espectacular fue una gran expedición en la que llegó hasta Córdoba (1144) y tomó Almería (1147); los almohades recuperaron este importante puerto en 1157 y Alfonso murió cuando regresaba de aquella batalla.

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