HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 13 Feb 2016 23:33

TOMA AUSTRACISTA DE MALLORCA

La toma austracista de Mallorca fue un episodio de la Guerra de Sucesión Española que tuvo lugar el 27 de septiembre de 1706 cuando el Gran i General Consell del reino de Mallorca decidió rendirse ante la presencia en el puerto de Palma de una flota angloholandesa de la Gran Alianza que apoyaba al Archiduque Carlos en sus pretensiones a ocupar el trono de la Monarquía Hispánica frente al borbón Felipe V, que había sido designado como sucesor un mes antes de morir por el último rey de la Casa de Astria, Carlos II. Con el alineamiento del reino de Mallorca a favor de la causa austracista —aunque Menorca no sería tomada hasta dos años después— todos los estados de la Corona de Aragón se habían decantado por el Archiduque, mientras la Corona de Castilla apoyaba a Felipe V, como lo había demostrado la fracasada primera entrada en Madrid del archiduque Carlos que había tenido lugar tres meses antes.

La capitulación de Ibiza y de Mallorca

El proyecto de tomar las Islas Baleares se ideó al mismo tiempo que se planeaba la ofensiva austracista sobre Madrid. El objetivo era conseguir para la flota de guerra aliada —integrada por barcos inglesa y holandesa— una base segura y un centro de aprovisionamiento para sus operaciones navales en el Mediterráneo.

En las tres islas baleares existía un partido austracista que mantenía contactos con los austracistas catalanes a través de Joan Antoni de Boixadors, conde de Savellà, cuya esposa estaba emparentada con destacados nobles mallorquines. Por eso el Archiduque Carlos puso le puso al frente de la expedición y en cuanto fuera ocupado el reino de Mallorca desempeñaría el cargo de gobernador en su nombre.

La escuadra aliada formada por unos 35 barcos, en su mayoría ingleses, primero se dirigió a Ibiza que capituló el 19 de septiembre de 1706 nada más avistar la flota. Inmediatamente el Consell d'Eivissa proclamó a Carlos III y juró obediencia al conde de Savellà. Seis días después la flota se presentó en el puerto de Palma y el día 26 estallaba un motín popular austracista durante el cual algunas casas y tiendas de franceses y de algunos señalados felipiestas fueron saqueadas, lo que dificultó la resistencia del virrey de Mallorca, el conde de Alcudia, que contaba con pocos efectivos para la defensa de la isla. Así el día 27 de septiembre el Gran i General Consell decidió capitular.

Tras desembarcar el conde de Savellà reunió al Consell al que asistió la representación al completo de los artesanos y de los payeses ('campesinos'), pero no así la de los otros estamentos de los que sólo asistieron la mitad de sus representantes, "lo que resulta indicativo de los apoyos políticos con que contó Carlos III", según Joaquim Albareda. En esa sesión del Consell se aprobaron las capitulaciones, entre las que figuraba la confirmación de «todos los privilegios, prágmáticas, franquezas» concedidos a la Ciudad y al Reino en tiempo de Carlos II, pero no los «concedidos por los serenísimos reyes pasados», tal como reclamó el Consell al conde Savellà.

Después de esta reunión del Consell el Archiduque fue proclamado el 4 de octubre como rey de Mallorca con el título de Carlos III, actuando como plenipotenciario suyo el conde de Savellà —que en diciembre sería nombrado virrey y capitán general del reino de Mallorca—. El 6 de octubre embarcaron para Almería el conde de Alcudia, y otros destacados felipistas, como el obispo Francesc de la Portilla y el jurista de la Audiencia, Francesc Ametller.

La noche del 11 de octubre tuvo lugar una insurrección austracista iniciada en Ciudadela que se hizo con el control de toda Menorca. Joan Miquel Saura fue nombrado gobernador por el conde de Savellà, quien juró en nombre de Carlos III los privilegios de la isla. Pero el dominio austracista duró sólo tres meses, porque en cuanto la flota aliada abandonó las islas Baleares, se presentó una flota francesa en Mahón y recuperó la isla para los borbónicos el 1 de enero de 1707. La represión contra los austracistas fue muy dura y se convirtió en una ola de terror cuando en febrero fue descubierta una nueva conspiración en favor de Carlos III el Archiduque. Treinta y tres personas fueron ejecutadas. En noviembre de 1707 el gobernador borbónico, el castellano Diego Leonardo Dávila, "suprimió los privilegios de la isla, restringió el sistema de representación y ordenó que los jurados mayores de las villas [equivalentes a los jurats del Reino de Valencia] fueran nombrados por el rey".

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 15:44

TOMA BORBONICA DE MALLORCA

La toma borbónica de Mallorca fue el último episodio de la Guerra de Sucesión Española. Tuvo lugar el 2 de julio de 1715 cuando la isla de Mallorca —el último reducto de la resistencia austracista que apoyaba a Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico en sus pretensiones a ocupar el trono de la Monarquía Hispánica— capituló ante la llegada de una flota borbónica, diez meses después de la caída de Barcelona en poder de Felipe V de España. A continuación fue ocupada Ibiza, pero no la isla de Menorca, ya que según lo estipulado en el Tratado de Utrech pasó a soberanía de Gran Bretaña, bajo la que permanecería casi sin interrupción hasta 1802 (Tratado de Amiens).

La capitulación de Mallorca

Una vez producida la caída de Barcelona en septiembre de 1714, el último reducto austracista era el Reino de Mallorca que desde 1706, como el resto de los estados de la Corona de Aragón, se había alineado con el Archiduque Carlos, quien a finales de 1711 había sido proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Durante los meses siguientes Mallorca e Ibiza —Menorca según el Tratado de Utrecht había pasado a soberanía británica— estuvieron gobernadas por el virrey nombrado por Carlos VI, el marqués de Rubí, que contaba con el apoyo de fuerzas imperiales y con la presencia de algunos catalanes que se habían refugiado allí a causa de la derrota de los austracistas del Principado.1

Según informó el general británico conde de Peterborouhg los mallorquines pidieron la protección del rey de Gran Bretaña «no pudiendo asumir de ningún modo sufrir la esclavitud de los españoles y considerándose siempre como súbditos del emperador». Por su parte el enviado británico Matthew Prior comunicó al gobierno francés que era una «fábula sin fundamento alguno» que Jorge I hubiera «ofrecido a los mallorquines entregarse a Inglaterra» o que «les acogería en caso que decidieran entregarse».1

En mayo de 1715, cuando ya parecía inminente la ocupación borbónica de la isla, un emisario del emperador Carlos VI, el austracista Juan Amor de Soria, intentó negociar en París las condiciones de la rendición, que incluirían el mantenimientos de las "libertades" del reino y de toda la Corona de Aragón. Pero las conversaciones no produjeron ningún resultado. "Beneficiándose de la pasividad de los británicos, ahora con los whigs en el gobierno, los ejércitos francés y español ocuparon la isla, que capituló el 2 de julio".

El 11 julio el virrey Rubí entregaba las llaves de Palma de Mallorca al general francés Calude D'Aspheld, después de más de treinta días de resistencia al avance de las tropas borbónicas.

El Decreto de Nueva Planta del Reino de Mallorca

A diferencia de lo ocurrido tras la toma austracista de Mallorca en la que el representante del Archiduque Carlos reunió al Gran i General Consell ante el que confirmó «todos los privilegios, prágmáticas, franquezas» concedidos a la Ciudad y al Reino en tiempo de Carlos II,4 Felipe V de Borbón promulgó un Decreto de Nueva Planta el 15 de noviembre de 1715, similar al Decreto de Nueva Planta de Valencia y de Aragón de 1707, por el que quedaron abolidas las leyes e instituciones propias del reino de Mallorca —lo que no hicieron los británicos en Menorca—. Así, como ha señalado, Nuria Sales, "con la Nueva Planta el reino de Mallorca dejaba de existir para convertirse en un simple título honorífico".

El Gran i General Consell fue abolido, y sus poderes pasaron al capitán general, la nueva máxima autoridad en las islas con mayores atribuciones que el virrey al que sustituyó, y a la Real Audiencia que suplantó a la suprimida Audiencia. El sistema insaculatorio («de sac i sort») para la elección de los cargos fue suprimido y a partir de entonces serían designados por el rey o por el capitán general. Asimismo fue suprimido el derecho público —no así el derecho privado, que se mantuvo como en el Reino de Aragón tras el segundo Decreto de Nueva Planta de 1711; lo contrario de lo que sucedió en el Reino de Valencia—. Asimismo Mallorca perdió el derecho a acuñar moneda propia.

En cuanto al régimen local se impuso el sistema castellano del corregidor y los regidores despareciendo la representación del estamento popular. Así en 1718 el ayuntamiento de Palma de Mallorca quedó formado por 20 regidores, 16 caballeros —nobleza— y 4 ciutadans honrats, sistema que se aplicó al resto de municipios de la isla. En el Cronicón de Campaner se dijo: «si bien quedaron los caballeros muy satisfechos de empuñar ellos solos el gobierno económico de la Ciudad, en breve se desengañaron viendo que su autoridad no era como la que tuvieron los Jurados». Sin embargo, si bien es cierto que la Real Audiencia podía suspender cualquier acuerdo de los municipios, éstos tenían competencias, por ejemplo, sobre jornales lo que permitió a la nobleza imponerse sobre las clases populares, que no estaban representadas en los municipios —al contrario de lo que sucedía durante la «época foral»—.

Menorca, conquistada por una escuadra anglo-holandesa en 1708 en plena Guerra de Sucesión Española, pasó a la soberanía de Gran Bretaña en virtud del Tratado de Utrecht de 1713 y así permaneció a lo largo del siglo XVIII hasta la firma del Tratado de Amiens de 1802, excepto durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) que estuvo ocupada por los franceses y entre 1782 y 1797 en que estuvo bajo la soberanía del rey de España.

Como el interés británico por Menorca era estrictamente militar —tener una base naval en pleno Mediterráneo Occidental en el que Mahón constituía un excelente puerto natural, de ahí que pasara a ser la nueva capital de la isla frente a la aristocrática Ciudadela—, la Corona mantuvo las instituciones y leyes propias de Menorca, excepto la Inquisición española que fue abolida. Así los municipios continuaron siendo universitats gobernadas por los históricos jurats que representaban a los diferentes estamentos. En Ciutadella ('Ciudadela' en castellano) eran cuatro: un cavaller (noble), un ciutadá (burgués), un pagès (campesino) y un menestral (artesano).

La lengua propia siguió siendo la oficial y de uso público. "Contrastaba, por ejemplo, la Societat Maonesa de Cultura fundada en 1778 donde todo se hacía en catalán, con la Real Sociedad de Amigos del País del Reino de Mallorca fundada el mismo año en Palma que competía en celo con la Real Audiencia y con el obispado en materia de campañas sistemáticas de extirpación del «dialecto mallorquín» e imposición del castellano". Esto redundó en el florecimiento de la literatura en catalán en la isla con figuras como Joan Ramis i Ramis o Antoni Febrer i Cardona hasta tal punto que algunos estudiosos han llamado al último tercio del siglo XVIII el "periodo menorquín de la literatura catalana".

El primer gobernador británico fue sir Richard Kane, que estuvo en el cargo entre 1712 y 1736, y dejó muy buen recuerdo por las medidas que tomó como la construcción de la carretera entre Maó y Ciutadella —el «camí d'en Kane»—, el desecamiento de muchos aiguamolls —zonas pantanosas—, o la introducción en la isla del cultivo de la trepadella ('esparceta') y otras plantas forrajeras. Asimismo, la presencia de la flota británica acabó con las incursiones de los piratas berberiscos del norte de África, con lo que la población a partir de entonces pudo instalarse en la costa sin temor a ser atacada.

Cuando a partir de 1802 por el Tratado de Amiens Menorca pasó a soberanía española perdió sus instituciones de autogobierno y en su lugar se impuso el centralismo a través de Palma de Mallorca; el catalán dejó de ser la lengua oficial para serlo el castellano; fue suprimida la libertad de comercio y Mahón dejó de ser un puerto franco; los menorquines perdieron la exención de servir en el Ejército y en la Marina que habían conservado no sin dificultades bajo la dominación británica; y al desaparecer la flota británica volvió la amenaza de los piratas berberiscos del norte de África.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 19:23

TOMA DE GIBRALTAR

La toma de Gibraltar tuvo lugar el 4 de agosto de 1704 en el contexto de la Guerra de Sucesión española por parte de la flota angloholandesa comandada por George Rooke y el príncipe de Hesse. La intención del ataque era la de añadir la fuerte plaza de Gibraltar a la causa del Archiduque Carlos. El gobierno de la ciudad, sin embargo, se mostró fiel al rey Felipe V. Los enfrentamientos entre la flota de la bahía de Algeciras y la guarnición española apenas duraron dos días cuando,con un gran desequilibrio entre las tropas sitiadoras y defensoras, los soldados ingleses del capitán Whitaker lograron tomar tierra en el Muelle Nuevo de la ciudad, tomaron rehenes entre la población civil y obligaron a los mandos españoles a levantar bandera parlamentaria e iniciar las negociaciones de la rendición y capitulación que tendría lugar el 4 de agosto.

En 1700 el último rey de la Casa de Austria, Carlos II, murió sin descendencia. De los dos aspirantes al trono, Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV de Francia) y Carlos de Habsburgo (hijo del emperador Leopoldo I), el testamento dejó como heredero al pretendiente francés. La no aceptación de esta decisión por parte de los austriacos y las reticencias de Inglaterra y las Provincias Unidas sobre una posible unión entre España y Francia, llevaron a lo que se conoce como Guerra de Sucesión Española.

Las hostilidades comenzaron en 1701 y llegaron a la Península en 1704. En España, la mayor parte de los territorios de la Corona de Aragón se posicionaron a favor del Archiduque, mientras que el resto apoyó al Borbón, convirtiéndose el conflicto en una auténtica guerra civil. En este contexto y habiendo sido proclamado rey Felipe V desembarcó en Lisboa el archiduque de Austria el 9 de marzo de 1704.1 Desde esta posición y apoyado por el rey de Portugal marcharían las tropas terrestres contra diversas posiciones extremeñas que Portugal reclamaba como propias.

Al mismo tiempo dos de las principales potencias marítimas europeas, el Reino Unido y las Provincias Unidas se dirigen hacia Barcelona capturando dos galeones de camino y presentándose frente a la ciudad el 17 de mayo. A la flota comandada por el Almirante George Rooke se unió el Príncipe de Hesse-Darmstadt, virrey de Cataluña que confiaba en que la ciudad sería fiel al heredero de Austria. Sin embargo el gobernador barcelonés Francisco de Velasco rehusó entregar la ciudad y adherirse a los intereses austríacos. Tras acercarse la flota a la ciudad, desembarcaron en ella 3000 hombres que abrieron fuego disuasorio, pero ante la oposición de las guarniciones y ciudadanos de Barcelona las tropas debieron reembarcar y la flota puso rumbo al sur, donde, según los informantes holandeses, la ciudad de Gibraltar se hallaba desguarnecida.

El 1 de agosto de 1704 una flota angloneerlandesa de 61 buques de guerra, con una dotación de 4.000 cañones, 9.000 infantes y 25.000 marineros llegaron a la Bahía de Algeciras situándose frente al puerto de Gibraltar,defendido por tan solo 100 soldados y poco más de 400 personas civiles armadas. Esta plaza era especialmente importante debido a su situación estratégica en el estrecho de Gibraltar y nudo de comunicaciones entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo y a sus propias características ya que se consideraba a la propia orografía de la ciudad el punto más fuerte de su defensa. En Gibraltar se encontraban además las antiguas fortificaciones almohades y castellanas realizadas durante el reinado de Carlos V que daban al sitio fama de inexpugnable.

Tan pronto como se observó desde la ciudad el imponente ejército de los sitiadores, el gobernador de la ciudad, el general de batalla Diego de Salinas, y el Alcalde Mayor, Cayo Antonio Prieto, reunieron a los mandos militares para plantear el modo más eficaz de defender la plaza. Gibraltar en estas fechas contaba con una población de alrededor de 5.000 habitantes y una escasa dotación militar (consistente en 100 hombres y un número similar de cañones). Las baterías y gran parte de las fortificaciones tenían más de un siglo de existencia, al haber sido diseñadas y construidas sobre las defensas de la ciudad medieval, bajo el mandato de Carlos V, con los diseños y la dirección del ingeniero Calvi. Conocedores de que la guarnición no sería suficiente para soportar un asedio, se reclutaron rápidamente a soldados y civiles. En las primeras horas de ese 1 de agosto se repartirán en las diferentes baterías y puestos de defensa hasta 470 hombres. Al mando del Maestre de Campo Juan de Medina, 200 hombres irían al Muelle Viejo, situado al norte de la ciudad, a los pies de la alcazaba; el Maestre de Campo Diego de Dávila y Pacheco con 170 hombres se situaría junto a la Puerta de Tierra, entrada a la ciudad desde el istmo; el Capitán de Caballos Francisco Toribio de Fuertes por su parte junto a 20 milicianos, 8 soldados y varios vecinos se establecerían en el muelle nuevo, al sur de la ciudad. En el castillo permanecieron los 72 hombres que habitualmente formaban su guarnición, 6 de ellos artilleros.

Tras unas cargas de artillería naval realizadas con objetivo intimidatorio, se produjeron los primeros movimientos del ejército anglo-holandés, consistentes en el desembarco de entre 3.000 y 4.000 hombres de infantería en la zona conocida como Punta Mala, actual Puente Mayorga, para establecer su campamento. En las siguientes horas, tras el establecimiento en tierra del ejército, se mandaron desde el campamento a la ciudad dos cartas; la primera de ellas fechada en Lisboa el 5 de mayo y firmada por el archiduque de Austria, instaba a los gobernantes de Gibraltar a la rendición y al reconocimiento del archiduque como legítimo heredero al trono de España, apelando a la fidelidad que la ciudad había mantenido a su tío, Carlos II. Se garantizaban en la misiva las propiedades y privilegios de los gibraltareños al reconocer éstos su autoridad, mientras se señalaba que el caso contrario sería considerado hostil y se emprenderían acciones bélicas contra la ciudad por parte de los aliados británicos y holandeses. En la segunda carta, redactada en el mismo campamento y fechada por tanto el 1 de agosto, el mismo Príncipe de Hesse-Darmstadt manifestaba su deseo de que la ciudad ejecutara la voluntad del legítimo rey de España, evitando el asedio y asalto de Gibraltar.

El cabildo en pleno, junto a los mandos militares gibraltareños, respondía ese mismo día mediante carta al campamento, manifestando su total reconocimiento de Felipe V como rey de España y la disposición a sacrificar sus vidas en la defensa de Gibraltar y sus habitantes.

La respuesta desde tierra llegaría el viernes 2 de agosto, cuando una segunda carta del Príncipe de Hesse-Darmstadt llegaba a la ciudad pidiendo la rendición inmediata de la plaza en de media hora, tras la cual comenzarían los bombardeos. La rendición no se produjo y, viendo el almirante Rooke que en la ciudad se comenzaban a preparar las defensas, mandó a los vicealmirantes Byng y Vander Dussen situar sus navíos en una línea frente a la ciudad con el objetivo de dificultar las obras de defensa. El viento sin embargo era demasiado fuerte y la formación no puede llevarse a cabo. El asalto se aplazaba momentáneamente, salvo una pequeña escaramuza llevada a cabo durante la noche, en la que varias lanchas cañoneras al mando del capitán Whitaker conseguían sorprender en los muelles a un barco corsario francés allí situado. Ese mismo día había salido desde la ciudad una carta dirigida al marqués de Villadarias, Capitán General de Andalucía, informando de la situación de la ciudad, la magnitud del ejército sitiador, guarnición de Gibraltar y solicitándose ayuda militar ante la imposibilidad de defender la plaza.

La tarde del 2 de agosto, el Príncipe de Hesse-Darstadt, al mando de mil ochocientos soldados de infantería, se situó en el istmo a escasos metros de las murallas de Gibraltar mientras que la flota al mando de George Rooke formó en una línea frente a la ciudad. A las 5 de la mañana del 3 de agosto navíos y lanchas cañoneras abrían fuego contra las defensas gibraltareñas. En apenas cinco horas los daños en el frente de la ciudad eran numerosos y aunque no se había conseguido abrir brecha en las murallas y las diferentes baterías eran aún operativas el pánico cunde en la ciudad y mujeres y niños salen por la puerta de Carlos V en dirección a el Santuario de Nuestra Señora de Europa situado al sur, en la Punta Europa. Al mismo tiempo la concentración de tropas de defensa en el frente de la bahía dejaba desguarnecida la costa oriental y desde barcas unos 100 hombres de los batallones catalanes partidarios del aspirante austriaco aprovechan esta circunstancia para subir mediante escalas por los precipicios y tomar tierra en la actualmente conocida como Catalan Bay.

Desde el primer momento de la ofensiva los bombardeos se centraban en los dos muelles gibraltareños al ser las zonas mejor defendidas y de más fácil desembarco. Trascurridas varias horas el Almirante Rooke mandaba al capitán Whitaker asaltar el Muelle Nuevo. Pero serían los navíos de los capitanes Hicks y Jumper junto a 100 marineros los que se acercarían a la posición al encontrarse mejor situados para ello. La toma del Muelle Nuevo permitiría el asalto de la ciudad desde el sur al situarse fuera de las murallas. Viendo cómo la guarnición de esos muelles abandonaba el puesto antes de la llegada de los asaltantes decidían los británicos que las tropas se acercasen y ocupasen la batería. Sin embargo el movimiento de los defensores no se había limitado a regresar a la ciudad sino que el capitán Bartolomé Castaño viendo que el puerto sería rápidamente ocupado había mandado colocar minas en la torre allí situada, llamada de Leandro, antes de evacuar las tropas y con la intención de sorprender a los sitiadores. La explosión de la torre coincidió como estaba planeado con la llegada de los hombres de Hicks y Jumper resultando que 7 lanchas fueran alcanzadas, unos 50 hombres muertos y otros 60 heridos. El movimiento defensivo había cumplido su objetivo pero el muelle sur había quedado sin defensa. Los supervivientes de la voladura de la batería y varias chalupas con 600 hombres al mando de Whittaker pudieron tomarlo inmediatamente y avanzar sin resistencia hasta una pequeña batería con cañones de a ocho situada a mitad de camino de la ciudad.

Entre los refugiados de la ermita de la Virgen de Europa corrió entonces la voz de que el enemigo se encontraba en tierra y regresaron a la ciudad a defender sus posesiones; la confusión cundió entre los defensores cuando varios proyectiles cayeron cerca de los civiles dando la impresión de que se hacía fuego contra ellos. Situados los sitiadores entre la ciudad y la capilla quedaron retenidas mujeres y niños en este punto por los hombres del Almirante Byng. Ante tal imagen Diego de Salinas y sus oficiales decidieron tras cinco horas de bombardeo levantar bandera parlamentaria. El fuego sobre Gibraltar cesó y varios oficiales anglo-holandeses acudieron al cabildo de la ciudad a debatir las condiciones de la capitulación. El alcalde Cayo Antonio y los regidores gibraltareños expusieron su disposición a rendir la ciudad al considerarla indefendible solicitando las condiciones más beneficiosas para ellos previa liberación de los rehenes de Punta de Europa.

Esta tradicional versión del conflicto ha sido contradicha por la crítica reciente. Según ésta al rendirse, la plaza disponía de prácticamente toda su artillería, abundante munición, pólvora, agua y suministros. No había padecido apenas bajas y sus defensas se encontraban casi intactas. Así la toma de rehenes por los marinos ingleses aparece como causa fundamental de la capitulación de una plaza que, según las propias fuentes inglesas, podría haber resistido largo tiempo. En 1702 estas mismas tropas invasoras habían cometido todo tipo de desmanes contra la población civil en la bahía de Cádiz.

La ciudad fue entregada finalmente el 4 de agosto por el gobernador al Príncipe de Hesse-Darmstadt al ser aceptados por las dos partes los seis puntos principales de la capitulación de Gibraltar: que los oficiales y soldados podrían salir con sus armas, los soldados con lo que pudieran cargar en sus hombros y los caballeros con sus caballos, que se podrían sacar de la ciudad tres cañones con 12 cargas de pólvora y balas, que los gibraltareños podrían cargar con pan, carne y vino para 7 días de marcha, que se podría así mismo cargar con la ropa y los cofres de oficiales y cabildo y lo que quedara en la ciudad podría ser enviado más tarde, que a todo aquel que permaneciera en la ciudad se le respetarían todos los privilegios que tuvieran así como los tribunales de la ciudad y derechos religiosos y por último que los mandos militares de Gibraltar debían señalar la posición de todos los almacenes de pólvora, munición y armas de la ciudad. Quedaban excluidos de esta capitulación todos los ciudadanos franceses que quedarían como prisioneros de guerra siendo sus bienes confiscados.

Tras firmar la capitulación el cabildo de Gibraltar redactó y mandó una carta al rey de España en la que se exponían las condiciones en las que se había desarrollado el sitio, las escasas defensas con las que contaban para defender la ciudad y el sacrificio de los gibraltareños al exponerse a una fuerza militar muy superior. Al día siguiente los gibraltareños que decidieron abandonar la ciudad salían por la Puerta de Tierra hacia las poblaciones cercanas desfilando junto a sus banderas, el pendón de la ciudad y entre redobles de tambores. De los aproximadamente 5000 habitantes de Gibraltar permanecieron en ella no más de 70 personas, muchas de ellas enfermas y un número importante de religiosos como el párroco de la Iglesia de Santa María, Juan Romero de Figueroa.

Una flota francesa al mando del conde de Toulouse intentó recuperar Gibraltar pocas semanas después enfrentándose a la flota angloholandesa al mando de Rooke el 24 de agosto a la altura de Málaga. La batalla naval de Málaga fue una de las mayores de la guerra. Duró trece horas pero al amanecer del día siguiente la flota francesa se retiró, con lo que Gibraltar continuó en manos de los aliados. Así que finalmente consiguieron lo que habían venido intentando desde el fracaso de la toma de Cádiz en agosto de 1702: una base naval para las operaciones en el Mediterráneo de las flotas inglesa y holandesa.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 23:15

SITIO DE TURIN

El Asedio de Turín de 1706 tuvo lugar con el cerco a la ciudadela fortificada piamontesa por parte del ejército franco-español (asedio que duró 117 días) durante el curso de los acontecimientos bélicos de la Guerra de Sucesión Española, a cuya conclusión se firmó el Tratado de Utrecht (1713) que reconocía a Víctor Amadeo II, duque de Saboya, como el primer rey de su dinastía.

Por sus relevantes circunstancias y la importancia de la ciudad (una de las poquísimas capitales europeas sometidas a asedio), el hecho tuvo una gran resonancia internacional.

En 1700 moría sin descendencia el rey Carlos II de España (último representante de la Casa de Austria). Desde hacía ya unos años, las condiciones de salud del soberano, que nunca habían sido buenas, empeoraban peligrosamente. Las monarquías europeas, conocedoras de la situación, comenzaron un complejo trabajo diplomático de cara a la sucesión.

Se movilizaron particularmente Luis XIV de Francia y el emperador Leopoldo I: el primero porque se había casado con la infanta española María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y hermanastra de Carlos II; y el segundo porque se había casado con la también hija de Felipe IV, la infanta Margarita Teresa de Austria.

En realidad, lo que estaba en juego era el control de la Monarquía Española con sus dominios en Europa y las Indias. Además los Habsburgo de Austria reclamaban derechos como parientes directos de la hasta entonces casa reinante en España.

Carlos II, indeciso, pidió consejo al Pontífice, el cual temiendo que si la corona española recaía en manos de los Habsburgo austríacos se podría volver a repetir aquella concentración de poder que se dio con el emperador Carlos V, aconsejó al soberano que lo mejor sería la sucesión borbónica. Además Carlos II estaba sometido a la presión del partido filipista de la Corte de Madrid, encabezado por el primado de España, el cardenal Luis Manuel Fernández Portocarrero, que en esos momentos era el encargado de dirigir la política española. Todo esto hizo que finalmente se decidiese por designar como sucesor a Felipe de Anjou, segundogénito del Delfín de Francia, nieto de Luis XIV y bisnieto por línea materna de Felipe IV, como así rezaba su testamento:

...declaro sea mi sucesor, en caso de que Dios me lleve sin dejar hijos, al Duque de Anjou, hijo segundo del Delfín, y como tal le llamo a la sucesión de todos mis Reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos...

La apertura del testamento desató el conflicto, ya que la nueva alianza España-Francia estaba destinada a romper el equilibrio europeo. El conflicto que estalló, conocido como Guerra de Sucesión Española, tuvo una duración de 10 años y concluyó con los tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714).

El conflicto enfrentó por una parte a Inglaterra, el Imperio, Portugal, Dinamarca y la República de Holanda y de otra a Francia y España, la cual había aceptado a Felipe de Anjou como nuevo rey con el nombre de Felipe V.

El ducado de Saboya se encontraba entre Francia y el Ducado de Milán, territorio español, y constituía, por tanto, un corredor militar natural que conectaba a ambos aliados, por lo cual Luis XIV casi obligó al duque Víctor Amadeo II a una alianza con los franco-españoles.

Víctor Amadeo II, aconsejado por su primo el Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, conde de Soisson y general de las tropas imperiales, tuvo la intuición de que esta vez la batalla principal entre Francia y el Imperio tendría lugar en Italia y no en Flandes o Lorena. Sobre la base de este convencimiento, decidió aliarse con los Habsburgo, que eran los únicos que, en caso de victoria, podían garantizar la independencia del Estado saboyano.

De hecho, una alianza con Francia, en caso de victoria de esta última, no habría hecho más que acentuar el estado de sumisión de los Saboya a los galos, que ya duraba cerca de un siglo, mientras que el emperador le prometía el Montferrato, parte de la Lomellina y de la Valsesia, el Vigevanasco y parte de la provincia de Novara.

Fue una elección hábil e inteligente, pero al mismo tiempo arriesgada, porque en caso de derrota del ejército saboyano, habría sido completamente desposeído de sus dominios.

La elección efectuada por Víctor Amadeo II en el otoño de 1703 (Tratado de Turín) indujo a Luis XIV a iniciar las operaciones, primero contra Saboya y después el Piamonte.

Situadas entre dos fuegos (al oeste Francia y al este el ejército español, que controlaba la Lombardía), las tierras saboyanas fueron rodeadas y atacadas por tres ejércitos. Perdidas Susa, Vercelli, Chivasso, Ivrea y Niza en 1704, solo resistía la ciudadela de Turín, fortificación mandada erigir por el duque Manuel Filiberto de Saboya 140 años antes.

Importante fue el rol jugado por las llamadas gallerie di mina, túneles excavados en el subsuelo circundante a la ciudadela, en los cuales se movía un cuerpo especial de soldados: eran en total 51 más 350 excavadores que patrullaban este intrincado laberinto de galerías haciendo explotar barriles de explosivos bajo las filas de los soldados franceses. La profundidad de las galerías, dispuesta sobre dos niveles, alcanzaba casi los 14 metros.

El sistema de galerías de minas y contraminas, utilizado desde antiguo, tomó un nuevo impulso y sistematización después de la caída de Famagosta (Chipre) en 1571, en la cual los otomanos las usaron bajo los muros enemigos.

Ya en 1572 Manuel Filiberto ordenó la construcción de un sistema de contraminas para defender el bastión de San Lazzaro. Para los aprovisionamientos hídricos, la ciudadela fue dotada del llamado Cisternone, un enorme pozo (cuya forma recordaba al de San Patrizio de Orvieto), gracias al cual la plaza fuerte gozaba de una fuente de agua casi perenne. Estas medidas bélicas, que se fueron engrandeciendo con los años, hicieron de Turín una de las ciudades mejor defendidas de Europa.

En agosto de 1706 los ejércitos franco-españoles estaban preparados para atacar Turín y situados en las cercanías de la ciudadela, pero el comandante, Louis d'Aubusson de la Feuillade, pensaba que los hombres a su disposición eran todavía insuficientes y prefirió esperar refuerzos. Esta decisión se reveló un error porque dará tiempo a la ciudad para fortificarse hasta la colina y reagruparse en torno a la ciudadela en previsión de un largo asedio.

El asedio

El asedio se inició el 14 de mayo cuando las tropas franco-españolas (compuestas por más de 40.000 hombres) se colocaron estratégicamente de frente a la fortaleza. Según la leyenda, ese día un eclipse de sol oscureció el campo de batalla a las 10:15, permitiendo ver la constelación de Tauro. El sol era el símbolo de Luis XIV y este hecho animó sobremanera a las tropas defensoras, que se imaginaron una fácil victoria.

El mariscal de Francia, el marqués Sébastien Le Prestre de Vauban, experto en técnicas de asedio, habría preferido un ataque lateral a la fortaleza considerando la red de galerías de contraminas como un obstáculo infranqueable, pero La Feuillade no hizo caso y ordenó a 48 ingenieros militares excavar numerosas líneas de trincheras. Aquello que para Vauban era un peligroso cavillo delle mine se reveló de hecho como fatal.

Por su parte los asediados, apoyados por la población (que participó directamente en la batalla), infligieron numerosas bajas al ejército enemigo. La batalla continuó durante todo el verano de 1706.

El 8 de junio el duque de La Feuillade envió un mensajero a Víctor Amadeo con una oferta en la que daba al duque la posibilidad de huir libremente de Turín para escapar de los bombardeos. Luis XIV había dado órdenes de no poner en peligro la vida del soberano enemigo, pero éste rehusó incluso comunicar la ubicación de sus apartamentos a fin de que no fuesen bombardeados:
«Il mio alloggio è là dove la battaglia è più furiosa» («Mi alojamiento es allá donde la batalla es más furiosa»), habría sido su respuesta.

De todas formas, el duque no tenía intención de permanecer en la ciudad por mucho tiempo: el 17 de junio Víctor Amadeo II dejó Turín para encontrarse con el príncipe Eugenio de Saboya, su primo, que estaba yendo en su ayuda al mando de las tropas imperiales. La ciudad fue dejada bajo la dirección del general austríaco Wirich Philipp von Daun.

El principal objetivo de los franceses fue dar con una entrada a la fortaleza que les permitiese penetrar en masa. La operación no se reveló nada fácil: entre el 13 y el 14 de agosto fue descubierta una entrada, a la cual los asediadores pudieron acceder después de numerosas bajas. Cuando todo parecía ya perdido, los asediados la hicieron explotar sepultando a sus enemigos.

Diez días después, los franceses se lanzaron a un ataque sangriento a la Mezzaluna di Soccorso con 38 compañías de granaderos. Los piamonteses se defendieron utilizando también material inflamable. Al final, la victoria fue de los turineses, que obligaron a los enemigos a retirarse, pero sobre el campo de batalla quedaron más de 400 víctimas solo de parte saboyana. Temiendo el brote de una epidemia, el conde Daun hizo preparar una fosa donde hizo quemar los cadáveres.

En este punto sucede el célebre episodio de Pietro Micca, que sacrificó su propia vida para frenar el enésimo ataque francés a las galerías subterráneas. La situación parecía perdida para los piamonteses, tanto que el duque de Orleans, capitán del ejército de Luis XIV, había llegado a Turín para darles el golpe de gracia.
Marcha del príncipe Eugenio de Saboya para defender los estados del duque Víctor Amadeo II.

El 2 de septiembre los dos Saboya subieron a la colina de Superga, desde donde se dominaba toda la ciudad, para estudiar la táctica de contraofensiva, decidiendo rodear al enemigo mediante el empleo del grueso de su ejército y una parte de la caballería hacia la zona noroeste de la ciudad, la más vulnerable, a pesar de que esto constituía también un riesgo por la cercanía de las líneas francesas.

Éstos, por su parte, no podían hacer otra cosa que tratar febrilmente de encerrarse en sus propias trincheras; la llegada de un contingente de socorro de tales dimensiones les había cogido claramente desprevenidos. Eugenio de Saboya se expresó de la siguiente forma:

Ces gents là sont dejà a demi battues.

Estas gentes están ya medio derrotadas.

El 5 de septiembre fue interceptado en Pianezza por la caballería imperial un convoy con dirección al campo francés. Se trataba de un importantísimo éxito estratégico por parte del príncipe Eugenio de Saboya; a consecuencia de ello los franceses tuvieron que racionar sus municiones.

El 6 de septiembre la estrategia de rodear a las tropas francesas llevó a las tropas saboyanas a posicionarse entre los ríos Dora Riparia y Stura di Lanzo. El enfrentamiento final se inició el 7 de septiembre cuando las tropas austro-piamontesas se dispusieron a lo largo de todo el frente y rechazaron cualquier tentativa de contraofensiva franco-española.

El plan del príncipe Eugenio preveía la ruptura del ala derecha francesa a través de la disciplinada infantería prusiana del príncipe Leopoldo de Anhalt Dessau. El ataque sobre este lado fue particularmente sangriento, y sólo al cuarto intento los prusianos consiguieron romper la resistencia francesa. En particular el regimiento de La Marine, que defendía el extremo derecho francés, se encontró sin más municiones en medio del ataque decisivo y, sin refuerzos ni provisiones, se dio a la fuga.

En este punto, después de a ver rechazado el contraataque de la caballería de d'Orleans, la victoria era una cuestión de tiempo. La caballería imperial fue reorganizada por el príncipe Eugenio para aniquilar definitivamente a la adversaria, ataque en el cual participó Víctor Amadeo II. Numéricamente inferiores, los franceses fueron obligados a ponerse en fuga hacia los puentes del Po, abandonando a su propio destino al ala izquierda.

Las fuerzas imperiales del centro y del ala derecha tenía la misión de tener ocupadas a las tropas francesas contrapuestas. Un intento de ataque consiguió la ruptura temporal del frente de d'Orleans, el cual se vio obligado a intervenir con parte de la caballería para cerrar la brecha. Lucento, potentemente fortificada y defendida por dos de los mejores regimientos franceses, Piemont y Normandie, no fue nunca ocupada por un asalto, pero fue abandonada por los defensores después de haber cubierto la retirada de las divisiones que cubrían el centro y la izquierda francesa.

Los franceses habían perdido cerca de 6.000 hombres, frente a los 3.000 austro-piamonteses. En los días siguientes, casi 7.700 franceses cayeron todavía en los enfrentamientos con los saboyanos o a causa de las heridas.

Víctor Amadeo II y el príncipe Eugenio de Saboya entraron en la ciudad ya liberada por la Porta Palazzo, dirigiéndose hacia la catedral para asistir a un Te Deum de gracias. Sobre la colina de la Superga, como recuerdo de la batalla, los Saboya hicieron construir una basílica real, en la cual cada 7 de septiembre se celebra un Te Deum.

En recuerdo de la batalla, que tan profundamente marcó la futura historia piamontesa, se efectuaron grabaciones en los pilares de la ciudad con la fecha 1706 y la efigie de la Madonna della Consolata (después de que el santuario de della Consolata no fuera dañado, casi milagrosamente, por las bombas).

Para recordar siempre la batalla, un futuro barrio turinés fue bautizado con el nombre de Borgo Vittoria. Además, en el centro de la ciudad existen numerosas calles que recuerdan, con sus nombres, a personajes destacados de la batalla: desde Via Pietro Micca hasta Via Vittorio Amedeo II.

También se organizaron grandes manifestaciones para celebrar el bicentenario y el tricentenario de la batalla: en 1906, en una Turín ya convertida en el centro industrial de Italia, el encargado de organizar los festejos fue Tommaso Villa, bajo el patrocinio del alcalde de la ciudad, Secondo Frola. Para la ocasión se celebraron congresos de carácter histórico, se publicaron libros, se inauguraron monumentos, etc. La gran repercusión de estos hechos llevó a declarar (25 de agosto) la casa de Pietro Micca en Sagliano como Patrimonio nacional.

En ocasión del tercer centenario, en 2006, se realizó una gran reconstrucción histórica con figurantes provenientes de asociaciones históricas de media Europa, y además se organizó una exposición en la torre del homenaje de la ciudadela.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 23:23

BATALLA DE VILLAVICIOSA

La batalla de Villaviciosa tuvo lugar el 10 de diciembre de 1710 durante la Guerra de Sucesión Española, un día después de la batalla de Brihuega.

Después de tener que abandonar Madrid por la imposibilidad de defenderla con éxito, las tropas leales al Archiduque Carlos iniciaron una retirada ordenada hacia Barcelona, hostigadas ocasionalmente por guerrilleros a favor de Felipe V de España. El ejército franco-español presente en el centro de España, capitaneado por Luis José de Borbón, Duque de Vendôme, empezó una persecución agresiva con el objetivo de derrotar de forma definitiva a las fuerzas aliadas presentes en la península Ibérica. Pronto dio alcance a la retaguardia, el grupo británico de 4.000 a 5.000 hombres, al mando de James Stanhope, Primer Conde de Stanhope. El 8 de diciembre de 1710 se enfrentaron ambas fuerzas en Brihuega, y los ingleses, ampliamente superados en número, fueron completamente derrotados y hechos prisioneros los supervivientes, tras oponer feroz resistencia.

Guido von Starhemberg, que había recibido demasiado tarde noticias del peligro en que se encontraba el grupo británico, retrocedió de inmediato y plantó cara al ejército franco-español en una sangrienta batalla en los alrededores de Villaviciosa de Tajuña. El ejército aliado mantuvo el control del campo de batalla, pero ambos bandos la consideraron una victoria.

A pesar del empate técnico, la batalla supuso un éxito para Vendôme, ya que el ejército del Archiduque, aunque logró proseguir su retirada de forma ordenada, se vio aún más debilitado y fue hostigado a cada paso por los irregulares y la caballería franco-española. Para cuando llegaron a Barcelona el 6 de enero de 1711, se había visto reducido a unos 6.000 o 7.000 hombres, y la ciudad era prácticamente el único enclave español en reconocer la autoridad del Archiduque Carlos.

El ejército franco-español bajo las órdenes del duque de Vendôme formó de la siguiente manera (el rey Felipe V participó en la batalla, en los escuadrones de caballería del ala derecha):

Primera línea:

Ala derecha: Escuadrones de Caballería, al mando del marqués de Valdecañas, auxiliado por el teniente general Armendariz, el mariscal de campo Ronquillo y el brigadier Melchor de Portugal:

Dragones de Caylus.
Dragones de Vallejo (tres escuadrones).
Dragones de Osuna.
Caballería de Guardias de Corps (cuatro escuadrones).
Caballería de Granada Viejo.
Caballería de Piñateli.
Caballería de Órdenes Viejo (cuatro escuadrones).

Centro: 16 batallones de Infantería al mando del conde de las Torres, auxiliado por el capitán general marqués de Toy, el teniente general marqués de la Ber, el mariscal de campo conde Harcelles y los brigadieres Rufo, Charni, Rivadex, Rupelmonde, Borbón y Terri:

Infantería de Guardias Españolas de Amézaga (tres batallones).
Infantería de Guardias Walonas (tres batallones).
Infantería de Comesfort (un batallón).
Infantería de Castellar (un batallón).
Infantería de Gueldres (un batallón).
Infantería de Benmel (un batallón).
Infantería de Santal de Gende (un batallón).
Infantería de Armada (un batallón).
Infantería de Lombardía (un batallón).
Infantería de Milan (un batallón).
Infantería de Uribe (un batallón).
Infantería de Mulfeta (un batallón).

Ala izquierda: Escuadrones de Caballería y Dragones al mando del conde de Aguilar, auxiliado por el teniente general Mahony, los mariscales de campo Conde de Montemar y Joseph de Amézaga, y el brigadier Crevecoeur:

Dragones de Marimon.
Dragones de Quimalol.
Dragones de Grinao.
Caballería de Santiago Viejo.
Caballería de Bargas.
Caballería de la Reina (cuatro escuadrones)

Segunda línea:

Ala derecha: Escuadrones de caballería al mando del conde de Merode, subordinado al marqués de Valdecañas. Estaba auxiliado por el mariscal de campo Tomás Idiáquez y el brigadier Pozoblanco:

Caballería de Asturias (cuatro escuadrones).
Caballería de La Muerte.
Caballería de Pozoblanco (cuatro escuadrones).
Caballería de Estrella.
Caballería de Lanzarote (tres escuadrones).
Caballería de Extremadura (tres escuadrones).

Centro: 15 batallones de Infantería al mando del teniente general Pedro de Zúñiga, auxiliado por el mariscal de campo Grafton, y los brigadieres Correa, Pertoni, Hercel, Pedroche, Estrada y duque de Petroameno:

Infantería de Castilla (un batallón).
Infantería de Murcia (un batallón).
Infantería de Trujillo (un batallón).
Infantería de Saboya (un batallón).
Infantería de Écija (un batallón).
Infantería de Mar de Nápoles (un batallón).
Infantería de Extremadura (un batallón).
Infantería de Toledo (un batallón).
Infantería de Sicilia (un batallón).
Infantería de Coria (un batallón).
Infantería de Bajeles (un batallón).
Infantería de Vitoria (un batallón).
I Cuerpo de Infantería de Segovia (un batallón).
II Cuerpo de Infantería de Segovia (un batallón).
Infantería de Napoles (un batallón).

Ala izquierda: Escuadrones de Caballería al mando del teniente general Navamorquende, subordinado al conde de Aguilar. Estaba auxiliado por el mariscal de campo Cárdenas y el brigadier Carvajal:

Caballería de Rosellón Nuevo (cuatro escuadrones).
Caballería de Granada Nuevo.
Caballería de Velasco.
Caballería de Carvajal.
Caballería de Raja.
Caballería de Jaén
Caballería de Rosellón Viejo (cuatro escuadrones)

Artillería: al mando del Capitán General de Artillería Manuel Coloma Escolano, marqués de Canales, quien dispuso sus 23 cañones en dos líneas.

Las bajas ascendieron a 2.000 - 3.000 muertos y heridos por parte de las tropas franco-españolas y 3.000 muertos y heridos y 5.000 prisioneros por parte de las tropas austracistas.

Se desconoce el orden de batalla presentado por las tropas austracistas.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 23:33

BATALLA DE ZARAGOZA O MONTE TORRERO

La batalla de Zaragoza o batalla del monte Torrero se libró el 20 de agosto de 1710 en el marco de la Guerra de Sucesión Española.

Las tropas leales al Rey Felipe V que habían sido derrotadas en la batalla de Almenar el 27 de julio de 1710 abandonaron seguidamente Cataluña y la capital de Aragón. Su comandante, el marqués de Bay, hizo acampar a sus 20.000 hombres entre el río Ebro y el monte Torrero.

Su contrincante, el ejército aliado, contaba con unos 23.000 hombres, al mando del príncipe austriaco Starhemberg.

El 15 de agosto, las fuerzas leales a Felipe V rechazaron un ataque de la caballería enemiga, al que siguieron numerosas escaramuzas durante cinco días consecutivos. El ejército aliado a su vez atravesó sin problemas el Ebro el 19 de agosto y se desplegó en orden de batalla durante la noche.

El ala izquierda de los aliados estaba formada por regimientos aragoneses-valenciano-catalanes y holandeses al mando del Conde de Atalaya, en tanto que el ala derecha estaba constituida por un cuerpo expedicionario anglo-austriaco a las órdenes de James Stanhope. El centro del ejército lo componían tropas alemanas mandadas por el propio Guido von Starhemberg.

El 20 de agosto de 1710 a las 8 de la mañana comenzó un duelo de artillería que duró hasta el mediodía. Los combates de la tarde fueron una réplica de los de la batalla de Almenar: la caballería castellana atacó con bravura y estaba a punto de abrir una brecha cuando las tropas anglo-austriacas contraatacaron y pusieron en desbandada al enemigo, causándole 3.000 muertos y más de 4.000 prisioneros. Con la ayuda de un molinero del lugar, Felipe V logró escapar de la captura disfrazado de soldado raso.

El 21 de agosto de 1710, el Archiduque entraba en Zaragoza y reconquistaba el reino de Aragón. El Ejército Real español estaba aniquilado y el camino a Madrid abierto para el pretendiente de los Habsburgo. Felipe V abandonó Madrid el 9 de septiembre y se refugió en Valladolid.

La entrada en Madrid del Archiduque Carlos el 28 de septiembre no tuvo nada de triunfal por la hostilidad de la población. Entonces fue cuando hizo su famoso comentario: «Esta ciudad es un desierto». Durante el invierno siguiente se vio obligado a salir finalmente de Madrid para enfrentarse a la contraofensiva francesa, la cual le reportó la primera derrota en Brihuega, siendo después vencido definitivamente en la batalla de Villaviciosa.

La Batalla de Zaragoza, también conocida como Batalla del Monte Torrero, tuvo lugar el 20 de Agosto de 1710. Las tropas borbónicas, en retirada de Cataluña, acamparon junto a la capital aragonesa a fin de reorganizarse. El Marqués de Bay, recién estrenado su mando, fue informado de que no existía ningún vado que permitiera cruzar el Ebro a las tropas austracistas. Sin embargo, éstas consiguieron atravesar el río con la ayuda de los lugareños y se aprestaron a formar en batalla a lo largo del día 19. Los borbónicos hicieron lo propio y al día siguiente, al amanecer, abrieron fuego los cañones. Felipe de Anjou contaba con 20.000 hombres y Carlos de Habsburgo con 25.000 efectivos.

Una de las singularidades de esta batalla es que ambos pretendientes estuvieron presentes en la misma y aunque no participaron directamente en la confrontación, su integridad se vio comprometida por la proximidad de la acción. También es significativa la pluralidad de procedencias de las tropas participantes en el enfrentamiento. Entre las borbónicas: soldados españoles (tanto de la Corona de Castilla como de la Corona de Aragón), franceses, valones, italianos e irlandeses. En el bando austracista: españoles (también de ambas coronas), ingleses, alemanes, austríacos, portugueses, holandeses y franceses (hugonotes).

El ala derecha del ejército borbónico estaba bajo el mando del Teniente-General José Acroy, Duque de Havré, y los Generales Mahoni y Amézaga, con tropas españolas e irlandesas, y fiaba su fuerza a la caballería española. Para contrarrestarla, el Mariscal Starhemberg situó en su ala izquierda tropas españolas, holandesas y portuguesas con el Teniente-General Stanhope al frente de la caballería, y el General Conde Belcastel al frente de la infantería. El ala izquierda del ejército borbónico estaba comandada por el General José de Armendáriz y el Príncipe Tserclaes-Tilly, con tropas españolas, francesas y valonas. Frente a ellos, en la derecha de los aliados se situaba el Teniente-General Barón Wetzel y el General Conde de la Atalaya, con tropas inglesas y austríacas. El centro borbónico estaba bajo el mando del Marqués de Bay y el Teniente General Sello con tropas españolas, francesas e italianas. Frente a ellos, el centro aliado era comandado por el Mariscal Starhemberg y sus tropas alemanas.

El juego de la artillería comenzó al despuntar el día y a media mañana, las tropas aliadas iniciaron el avance. Bacallar, Castellví y Boyer ofrecen distintas versiones de lo ocurrido durante la batalla pero podría deducirse que se desarrolló del siguiente modo: el flanco izquierdo aliado tomó la iniciativa y mientras ambas caballerías chocaban sin un resultado claro, la infantería austracista terminó por imponerse. En el flanco derecho, la caballería borbónica puso en fuga a la aliada, abandonando el campo en su persecución. Ello permitió que la infantería austracista se reorganizara y contraatacara, ganando el campo al enemigo con gran esfuerzo. Por último, la infantería alemana se aprovechó de la ventaja del terreno cuando el centro borbónico –animado por las evoluciones de su caballería– le salió al encuentro. No obstante, no pudo sostener el choque y, amenazado de flanqueo, se batió en retirada arrastrando al resto de las tropas de Felipe de Anjou.

Contra las 2.000 bajas del ejército aliado, las pérdidas borbónicas se cifraron en 4.000 hombres, a los que se sumaban 6.000 más entre heridos y prisioneros. Los austracistas tomaron al enemigo 22 cañones y más de 70 banderas y estandartes.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 23:39

Bueno hasta aquí las principales batallas de la guerra de sucesión en España, hubo muchas más, en los diferentes escenarios de Europa, he recogido las que entendía que merecían más la pena y las que transcurrieron en nuestra patria.

Vuelvo a rogar a todos los forer@s que si tienen algún aporte en este tema lo hagan, bien sea por actos heroicos locales o de cualquier otra índole.

A continuación voy a intentar seguir con los generales españoles que tuvieron una actuación destacada en la guerra de sucesión.

Agradezco vuestras visitas y mucho más las aportaciones de cada uno.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 14 Feb 2016 23:57

Respecto a las causas que dieron lugar a la guerra de sucesión española, existe un interesante libro del escritor José Calvo Poyato, (El hechizo del Rey) que de forma novelada trata de las intrigas del cardenal Portocarrero y algunos nobles de la época, personalmente lo recomiendo a aquellos que les guste la historia y la historia de España de forma novelada.

La postura adoptada por una parte mayoritaria de los catalanes a favor del bando austracista dio lugar a que tras ganar la guerra Felipe V, dictara los decretos de nueva planta, por los que se abolían una serie de instituciones.

No obstante hay que tener en cuenta que al inicio de su reinado Felipe V juró como rey foral en Cataluña, nada más llegar a España en 1700; había jurado los Fueros en Barcelona, se había casado con su primera mujer en el monasterio de Vilabertran en Gerona y había actuado con buena voluntad. Los catalanes le habían manifestado su lealtad a través de infinidad de textos, glosas y retóricas halagadoras. Felipe V se encontró en 1704 con un viraje radical en la posición de Cataluña, que apostó por las aspiraciones del archiduque Carlos. Eso para el rey de la familia Borbón fue un delito de lesa traición.

Hay un hecho indiscutible. Y es que el Tratado de Utrecht se compromete -en el artículo 13 del pacto entre la monarquía española y la reina de Inglaterra- a resolver el problema catalán. Y en eso estaba de acuerdo el rey de España. En concreto, se les ofrece la amnistía en 1713 y el olvido de las responsabilidades de la guerra y se les prometen los mismos derechos económicos que a los castellanos. Eso equivale a decir que a los catalanes se les va a permitir acceso definitivo al comercio con América, rompiendo el tradicional monopolio castellano. Los ingleses creían que las aspiraciones de Cataluña se centraban en el ámbito económico y que por ahí venía el acuerdo. La gran sorpresa es que la propuesta de Felipe V no se acepta en un contexto de extraordinaria histeria religiosa, con un papel fanatizador del clero regular. Mucha gente pensaba que era mucho mejor un acuerdo que hubiera evitado la tragedia del sitio de Barcelona, pero lo cierto es que Cataluña apostó por lo que hemos llamado «el sueño de la razón imposible».

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 15 Feb 2016 00:38

Francisco del Castillo FAJARDO Y MUÑOZ Marques de Villadarias General Español

Francisco del Castillo Fajardo y Muñoz, segundo marqués de Villadarias (1692-1716) fue un noble y militar español.

Francisco, nacido en Madrid en 1642, era el hijo natural del primer marqués de Villadarias, Antonio del Castillo y Maldonado, nacido de una relación con María Muñoz de Lorca, que careciendo de hijos legítimos de su matrimonio con Catalina de Argote, lo declaro como sucesor al mayorazgo de la Casa de Arias del Castillo y del Marquesado de Villadarias, Francisco cambió su segundo apellido por Fajardo, apellido procedente de su bisabuela.

El mayorazgo se lo disputó a Francisco, II. Marqués de Villadarias, y lo ganó, el Marqués del Vado de Maestre, como marido de Agüeda de Veintimiglia Pisa y del Castillo, hija legítima de una hermana de su padre Antonio del Castillo Fajardo y Maldonado, por lo tanto, su prima hermana.

Francisco se desposó en Málaga el 25 de marzo de 1685 con Paula de Veintimiglia y Rodríguez de Santisteban, siendo para ella sus segundas nupcias. Nacieron seis hijos del matrimonio. Más tarde, Paula heredaría tras la muerte sin descendencia de su hermano Diego el principado de Santo Mauro de Nápoles, el marquesado de Cropani y el condado de Peñón de la Vega.

Paula era la viuda de Pedro de Lucena y Sotomayor, con quien había tenido a una hija, Leonor Petronila. Esta hija, quedaría en el testamento de Paula como heredera del principado de Santo Mauro de Nápoles, mientras que los otros dos títulos quedaban en testamento para el primogénito de Francisco, su hijo Antonio, heredero también del marquesado de Villadarias.

El 13 de noviembre de 1692 falleció su padre y pasó a ser el segundo marqués de Villadarias. Durante el periodo 1690-1699, Francisco ostentó el título temporal de vizconde de Villadarias, debido a que Carlos II concedió el título de marqués de Villadarias con vizcondado previo, cediéndoselo su padre tras su obtención. Tras el Real Despacho de 1699 que hizo oficial el título, el vizcondado quedó suprimido.

La vida profesional de Francisco pasó por un sinfín de cargos públicos. Combatió en la Guerra de Flandes donde se ganó una serie de ascensos en el ejército español por méritos de guerra. En 1682, de regreso en España, fue nombrado Maestre de Campo de Infantería, ascendiendo más tarde a Capitán General del Ejército, ocupando el cargo en el periodo de 1690 a 1693. Compartió cargos políticos con su vida militar y ocupó el cargo civil de Gobernador de Ostende entre 1686 y 1693. En 1694, fue destinado a Barcelona como Maestre de Campo y Capitán General de los Ejércitos Catalanes, ocupando el cargo hasta 1696. En 1696 fue nombrado Gobernador y Capitán General de Guipúzcoa, estando en el cargo hasta que fue trasladado en 1698 a Ceuta a desempeñar el mismo cargo.

En 1702 dejó la Gobernación y Capitanía de Ceuta y fue nombrado Capitán General en Andalucía, estando en el cargo entre 1702 y 1710. Durante la Guerra de Sucesión Española su cuartel apoyó a rey Felipe V. En 1702, las tropas del archiduque Carlos de unos 14 000 hombres desembarcaron cerca de Cádiz apoyados por una flota anglo-holandesa al mando de Sir George Rooke, comprometiendo seriamente su región militar, aunque fueron contenidas exitosamente. Sin embargo, la flota anglo-holandesa del Príncipe de Darmstadt y de Sir George Rooke conquistó Gibraltar en 1704.

De junio a julio de 1704 invadió Portugal y conquistó Castelo de Vide y Marvão. Durante 1704 y 1705 intentó recapturar Gibraltar a los anglo-holandeses, poniéndolo asedio, hasta que fue reemplazado el 8 de febrero de 1705 por el mariscal francés René de Froulay de Tessé, que levantó el asedio y se retiró. En 1710 tomó el mando del ejército como General de Cataluña y fue relevado tras la derrota en la batalla de Almenar.

En 1713 fue nombrado Capitán General de Valencia y trasladado a la Capitanía de la ciudad. A los pocos meses de su llegada a Valencia, abandonó el cargo para ocupar el puesto de Capitán General de los Reales Ejércitos.

El marqués falleció en Madrid en abril de 1716 a la edad de 74 años y su hijo Antonio del Castillo y Veintimiglia le sucedió en el marquesado de Villadarias.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 15 Feb 2016 00:45

Excmo. Sr. D. José CARRILLO DE ALBORNOZ Y MONTIEL DELGADO General del Ejercito Español

José Carrillo de Albornoz y Montiel Delgado, I duque de Montemar, G.E. III conde de Montemar (*Sevilla, 8 de octubre de 1671 - †Madrid, 26 de junio de 1747), aristócrata y militar español.

Hijo de Francisco Carrillo de Albornoz Esquivel y Guzmán (*Sevilla, 18 de junio de 1639), II conde de Montemar, coronel de guardias, director general de la caballería de España, general del Ejército de Orán, caballero de la Orden de Santiago, y de su primera mujer, Leonor de Montiel y Segura, hija de Federico de Montiel y de Isabel de Segura.

Fue comendador de Moratalla en la Orden de Santiago y segundo coronel del Regimiento de Caballería de Montesa desde 1706 (21 de agosto), ascendido a brigadier al año siguiente (7 de septiembre); en ese mismo año de 1707 sucedió en el condado de Montemar y en 1710 participó con el cargo de mariscal en la batalla de Villaviciosa, en el marco de la Guerra de Sucesión Española, peleando en el bando triunfador.

Ocupó en dos ocasiones la Capitanía General de Cataluña entre 1722 y 1725, siendo sustituido en el cargo por Guillermo de Melun, marqués de Risbourg (1725–1735), pero ocupándolo interinamente en 1726 por deseo del rey. En ese mismo año fue nombrado Capitán General de la Costa de Granada.

El 4 de abril de 1731 fue nombrado capitán general de los Reales Ejércitos, y también sirvió como coronel de las Reales Guardias de Infantería Española, así como director general de la Caballería de España desde 1732.

También sirvió como general en jefe del Ejército que reconquistó Orán en 1732. Su Escuadra salió de Alicante, siendo el comandante supremo de la flota el veterano oficial de la Armada, Francisco Javier Cornejo, con un transporte de 600 velas y división de galeras conduciendo 26.000 hombres a cargo del general José Carrillo de Albornoz, con 110 cañones y 60 morteros. Después de una diversión se desembarca en las proximidades de Orán con 500 lanchas cargadas de granaderos que fueron hostigados por 2.000 jinetes moros. Una vez desembarcados todos los hombres comenzaron a tomar posiciones, como la de Monte Santo, lo que atemorizó a los defensores de Orán, que la abandonaron, y así fue tomada por los españoles con sus 5 fortines, 138 cañones y 7 morteros y abundante munición intactos. En el puerto (Mazalquivir) se capturaron una goleta y 5 bergantines corsarios. Una vez tomada y asegurada la plaza, se dejó con 8.000 infantes y un regimiento de caballería. La reacción de los moros no se hizo de esperar, y atacaron en Orán el castillo de San Andrés.

Participó en la Batalla de Bitonto (25 de mayo de 1734), donde arrebató a los austriacos las plazas de Nápoles y Sicilia, que habían pertenecido a la Corona de España hasta 1700, en provecho de los Borbones. En agradecimiento a los servicios prestados en esta batalla, Felipe V elevó en 1735 el condado de Montemar a ducado, añadiéndole la Grandeza de España, por Real Cédula de 20 de mayo de dicho año. Posteriormente sirvió como Ministro de Guerra desde 1737 a 1741, falleciendo en Madrid el 26 de junio de 1747

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.


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