HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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Brasilla
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 05 Feb 2016 22:33

SAQUEO DE CORDOBA


El saqueo de Córdoba se produjo al iniciar la Guerra de la Independencia Española en 1808, cuando esta ciudad sufrió un saqueo por parte de las tropas francesas que duró 3 días y sembró de pánico y terror la población.

Tras la batalla del puente de Alcolea, el general Dupont entró en Córdoba el 13 de junio de 1808 por la Puerta Nueva y se dedicó a saquear la ciudad. La razón o excusa para tal acción, fue un tiro fallido que el juez de paz de la Santa Hermandad, Pedro Moreno, realizó desde la actual calle Alfonso XII. Con el apoyo de la artillería, las tropas galas, asaltaron iglesias, conventos, casas, robando todo tipo de carros, vehículos, caballos y dinero, entre otros bienes.

El ejército francés se ensañó especialmente en conventos femeninos como el Convento del Carmen, el Convento de San Juan de Dios o el Convento de los Terceros, donde se produjeron numerosas violaciones y saqueos de las imágenes, y en el robo de dinero, como en el Palacio de Viana, donde se apoderaron de 80.000 reales, o en el Palacio Episcopal, de 100.000. En total se calcula que las tropas francesas se llevaron más de 10 millones de reales. Tamaña fue la recaudación, que los franceses desistieron de imponer ningún tipo de impuesto de guerra a la población.

Las tropas imperiales abandonaron la ciudad el día 16 de junio tras conocer la capitulación de la Armada francesa en la bahía de Cádiz, así como de la formación del ejército de Andalucía comandado por el general Castaños, que con el apoyo de tropas del general Reding, se dirigía hacia el valle del Guadalquivir. Siete días más tarde, el general Castaños entró en Córdoba donde comenzó a preparar la batalla que le enfrentaría al Ejército Imperial en los días siguientes, conocida como batalla de Bailén.

Con la derrota de los franceses en Bailén, el Ayuntamiento de Córdoba y otras instituciones de la ciudad hicieron llegar al general Castaños, un recordatorio para que los franceses devolvieran el botín incautado a sus legítimos dueños, a lo cual el general respondió que sólo se devolverían «los vasos, ornamentos sagrados y cuanto perteneciese al culto», en cumplimiento de las leyes de la guerra.

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 05 Feb 2016 22:40

BATALLA DE ELVIÑA

La batalla de Elviña (también conocida como batalla de Coruña) fue una batalla de la Guerra de la Independencia Española enmarcada dentro de las Guerras Napoleónicas. Tuvo lugar el 16 de enero de 1809 entre 14 000 soldados británicos bajo el mando de sir John Moore, y 16 000 soldados franceses bajo el mando de Nicolas Jean de Dieu Soult.

Después de la desastrosa Convención de Sintra, en la cual se permitió la repatriación de las tropas francesas derrotadas en la batalla de Vimeiro, los comandantes del ejército británico (incluido Arthur Wellesley, futuro Duque de Wellington) fueron llamados a su patria para enfrentarse a una investigación. De esta forma, las tropas expedicionarias británicas en España y Portugal fueron dejadas al mando de sir John Moore, un militar conocido por su reforma en las tácticas de la infantería ligera.

Sin embargo, la campaña subsecuente estuvo marcada por las privaciones y por las condiciones invernales que costaron la vida de 6000 soldados británicos. La retirada posterior, realizada durante un severo invierno, fue un completo desastre. Las marchas agotadoras, el tiempo gélido y las frecuentes escaramuzas con la vanguardia de las tropas francesas provocaron una caída en el alcoholismo de numerosas tropas, y su consiguiente abandono ante el avance francés.

Estas condiciones, unidas a la sorpresiva llegada del propio Napoleón con un ejército a España, forzaron a Moore a iniciar la retirada completa hacia el puerto de La Coruña, en la esquina noroccidental de España. Razones políticas y una serie de acciones británicas tenaces y sorpresivas en la propia retaguardia francesa hicieron que Napoleón decidiera dejar la persecución en manos del mariscal Soult.

El encuentro entre los dos ejércitos se produjo en el llano de Elviña, en las inmediaciones de la ciudad de La Coruña, en la que se hallaban fondeados los barcos de la Real Armada Británica dispuestos para la evacuación. Lejos de actuar como un ejército derrotado y diezmado, las tropas británicas se propusieron proteger la evacuación rechazando los ataques franceses, normalmente mediante la propia infantería ligera creada por Moore.

Cogiendo lo mejor que quedaba de sus tropas (entre ellos los regimientos 51st Highlanders y 95th Rifles), Moore se enfrentó a los franceses y consiguió evitar la destrucción total, dando a sus exhaustas tropas el tiempo necesario para embarcar en los transportes anclados en el puerto. El propio Moore fue herido en el pecho por un proyectil de cañón durante la batalla, falleciendo poco después en la ciudad de La Coruña, pero con la satisfacción de ver cómo su ejército se salvaba de la destrucción.

El fuego de cobertura de los barcos de guerra mantuvo a Soult a distancia permitiendo a los británicos embarcar sin problemas y retornar sanos y salvos al Reino Unido. Los sucesivos ataques franceses fueron rechazados y el ejército británico se retiró con aproximadamente 900 bajas (entre muertos y heridos) incluyendo al propio sir John Moore. Las bajas francesas ascendieron a 2000 hombres aproximadamente. El mariscal Soult pudo tomar la ciudad poco después de que la abandonaran las tropas británicas y, al encontrar el cuerpo del comandante británico, decidió enterrarlo con los honores que merecía.

El ejército británico, a pesar de su retirada de la península ibérica, había combatido exitosamente contra un enemigo mayor y mejor aprovisionado. A pesar de la pérdida de sir John Moore, un comandante muy popular, la tropa tenía la sensación de haber conseguido un triunfo moral (similar a lo que significó Dunkerque en la Segunda Guerra Mundial), lo que ayudó a mantener la reputación de los soldados británicos en las subsiguientes contiendas dentro de las guerras napoleónicas.

Los británicos regresaron a la península por Portugal en abril de ese mismo año, con tropas de refresco, nuevos aprovisionamientos y un nuevo comandante, sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington y que, años más tarde, derrotaría definitivamente a Napoleón en la batalla de Waterloo.

La campaña y la batalla de Elviña presagiaron muchos de los problemas que encontraría el ejército británico en la guerra peninsular. Primero y sobre todo, mostró la necesidad de un método fiable de suministro. Los sufrimientos del ejército británico en la retirada fueron terribles, pero lo peor de todo es que forzaron a muchos soldados al saqueo y la rapiña de la campiña española. Esto, desde luego, no contribuyó a mejorar las relaciones de los británicos con sus aliados españoles. Subsecuentemente, el futuro comandante Arthur Wellesley planeó un sistema logístico en conjunción con los españoles, los portugueses y las unidades británicas. Este sistema fue muy eficiente y aseguró que los británicos pagaran a los suministradores y comerciantes locales. También se pusieron de manifiesto las dificultades de emprender una campaña en invierno, lo que contribuyó en gran manera a las privaciones sufridas por el ejército.

Finalmente, la falta de comunicación entre los aliados contribuyó al desastre global. El rol del ejército británico bajo las órdenes de Moore era dar soporte a los ejércitos españoles en su lucha con Napoleón. Sin embargo, cuando Moore llegó a Salamanca, no era consciente de que Napoleón ya había derrotado a los españoles. Después de estos hechos, muchos esfuerzos fueron llevados a cabo para centralizar el mando y la comunicación, la mayoría de las veces bajo el mando de comandantes británicos, como Wellesley y Beresford.

Recuerdos de la batalla en la actualidad

Algunos recuerdos de esta batalla están presentes aún en la ciudad de La Coruña. Aunque el campo de batalla ha sido parcialmente borrado, principalmente por la Avenida de Alfonso Molina que constituye la principal entrada a la ciudad, aún queda algo por ver del mismo. Así, el pueblo de Elviña es fácil de encontrar saliendo de La Coruña a mano derecha. Junto al pueblo, la mayoría del antiguo campo de batalla ha sido ocupado hoy en día por la Universidad de La Coruña, en donde se levanta un monolito conmemorativo en el que se puede leer en latín la frase que Soult grabó en la tumba original de Moore: "Aquí cayó John Moore, general en jefe del ejército inglés, en la batalla del 16 de enero de 1809 contra los franceses dirigidos por el duque de Dalmacia."


Más arriba del pueblo de Elviña, subiendo hacia el monte de la Zapateira existe un mirador que nos da la perspectiva francesa del campo de batalla. En ese mirador se ha colocado un mapa descriptivo de la batalla hecho de baldosas. También se guardan unas placas conmemorativas, una de las cuales fue descubierta por el príncipe de Gales en 1931. Las demás han sido costeadas por diferentes asociaciones históricas coruñesas y por el embajador del Reino Unido en 1997.

La tumba de Moore puede verse en la Ciudad Vieja de La Coruña, más concretamente en los jardines de San Carlos, en los cuales se levantan varias placas conmemorativas. Una de ellas recoge las palabras de Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, elogiando el valor de los gallegos en la contienda. También existen placas recogiendo los poemas que dedicaron Charles Wolfe y Rosalía de Castro al general Moore.

Finalmente, cada ciertos años se hace una recreación histórica de la batalla organizada por el ayuntamiento de La Coruña y la asociación cultural Royal Green Jackets.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 05 Feb 2016 22:44

BATALLA DE ESPINOSA DE LOS MONTEROS

La batalla de Espinosa de los Monteros fue librada el 10 y 11 de noviembre de 1808, en las proximidades de localidad homónima burgalesa en los Montes Cantábricos, en que las tropas napoleónicas al mando del general Victor obtuvieron la victoria contra el teniente general Joaquín Blake, jefe del Ejército de Galicia.
Desarrollo de la batalla

En el primer día de combate, Victor, buscando un victoria fácil que borrase su humillación en Valmaseda, lanzó una serie de ataques sin sentido que fueron repelidos con fuertes perdidas por los disciplinados soldados regulares del general marqués de la Romana. Sin embargo, la posición de Blake todavía se mantenían. En la mañana del 11 de noviembre, Victor retomó sus posiciones y coordinó un ataque francés masivo que atravesó a la izquierda de Blake y barrió las tropas españolas fuera del campo de batalla. Los franceses capturaron un total de 30 cañones y otras treinta banderas.

Aunque no es una derrota decisiva en sí misma, la confusión desesperada del ejército español destrozado y cansado, que carecía de un gobierno y una estructura de mando coordinada, la batalla de Espinosa marcó un golpe de muerte para el Ejército de Galicia que mandaba Blake. En su haber con todo fue capaz de retirar cara al oeste, con orden, lo que quedaba de sus tropas a través de las montañas, escapando de la persecución napoleónica del mariscal Soult. Cuando llegó a León, el 23 de noviembre de 1808, todavía contaba con 10 000 hombres bajo su mando. Tres días después, Blake traspasó el mando de sus tropas a marqués de la Romana.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 05 Feb 2016 22:58

BATALLA DE FUENGIROLA

La batalla de Fuengirola tuvo lugar los días 14 y 15 de octubre de 1810, en el marco de la Guerra de Independencia Española.

La expedición hispano-británica al mando de Sir Andrew Thomas Blayney, XI Lord Blayney, constituyó uno de los más importantes intentos por liberar Málaga de la ocupación napoleónica. Sin embargo, una pequeña guarnición de soldados polacos al servicio del Ejército francés de Napoleón Bonaparte, destinados en la fortaleza medieval de Fuengirola, logró contenerla, tras apresar a Lord Blayney durante la batalla (estuvo tres años prisionero en Francia).

Uno de los motivos que indujo a los defensores del 4º Regimiento del Gran Ducado de Varsovia a realizar incursiones entre las filas de las fuerzas que asediaban el castillo, era que debido al enorme polvorín que concentraba la fortificación, entre munición y pólvora, los defensores temían que fuese blanco de la artillería enemiga y muy probablemente fortaleza y defensores hubiesen sido aniquilados, (de ahí que dispusieran de material suficiente como para que la torre suroeste y parte de los muros adyacentes (S y O) de la fortaleza volaran por los aires cuando las tropas napoleónicas abandonaron posteriormente el castillo).

La noche del primer día de asedio la guarnición del castillo se vio reforzada por 33 soldados polacos, procedentes de la guarnición de Mijas, al mando del teniente Eustachy Chełmicki que fue quien dirigió aquellas incursiones, de cuyo resultado se produjo la captura, a las tropas británicas, de piezas completas de artillería y otros elementos también de artillería, neutralizando así buena parte de baterías de tierra que no pudieron ser utilizadas por los sitiadores, además de la captura del comandante británico Lord Blayney.

Al inicio de la batalla el castillo solo contaba con tres o cuatro piezas de artillería. Esta derrota del ejército hispano-británico estuvo condicionada, en parte, por la mala coordinación de las tropas de asalto y de desembarco con la armada británica situada frente a la costa, quienes disponían de superioridad numérica de artillería naval y mayor capacidad de fuego. Curiosamente tanto británicos, al desistir de la toma del castillo, como polacos cuando, por el desarrollo de la guerra, se vieron obligados a abandonarlo, ambos lo hicieron por mar. El primer día de la batalla se produjo en condiciones de lluvia intensa. La torre volada junto a los muros destruidos jamás se reconstruyeron. Con posterioridad los extremos de los muros que permanecieron en pie fueron unidos por la construcción de otro más endeble que actualmente se conserva, orientado hacia SO, conocido como «muro de aspilleras».

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 06 Feb 2016 10:29

BATALLA DE GAMONAL O DE BURGOS

La batalla de Gamonal (también conocida como batalla de Burgos) fue una batalla librada en el pueblo de Gamonal, actual barrio de Burgos, el 10 de noviembre de 1808 entre las tropas de Napoleón y las españolas al mando del Conde de Belveder, saldándose con la derrota para las tropas españolas y dando paso al expolio de la ciudad de Burgos.

A Burgos llegó el general Murat el 13 de marzo de 1808 tratando de buscar la adhesión del vecindario. No lo consiguió y a finales de año hubo alborotos, bajo pretexto de la detención de un correo, y el intendente, marqués de la Granja, estuvo a punto de perecer a manos del pueblo amotinado.

El mariscal Bessières, que tenía asentado su cuartel general en Burgos, mandó salir, el 2 de junio de 1808, al general Merle con 6 batallones y 200 caballos para apaciguar la insurrección de Santander.

Merlé hubo de regresar para unirse al general Lasalle, que había partido de Burgos el 5 de junio de 1808, con 4 batallones y 709 caballos, hacia Valladolid.

Al quedar desguarnecida la ciudad llega el ejército de Extremadura, compuesto por 18.000 hombres, distribuidos en 3 divisiones, al mando del joven conde de Belveder, nombrado por la Junta Central para reemplazar a José Galluzo.
Ejército imperial

El mariscal Soult toma el mando del II cuerpo francés, tras el cese de Bessières, que pasa al mando de la caballería y sale al encuentro de Napoleón en el recorrido de Vitoria a Madrid.

Desde el 7 de noviembre de 1808 viene la 1ª división, la tarde del 9 llega la 2ª, quedando en Lerma la 3ª. En la ciudad y cercanías había 12.000 hombres, de los cuales 1200 eran de caballería.

Fiado Belveder en algunas favorables y leves escaramuzas, recomienda descanso a los oficiales de la 2ª división, considerando suficiente la 1ª para rechazar a los franceses, en caso de que atacaran. Ignoraba tanto la superioridad de sus adversarios como la endeblez de sus tropas.

A las 6 de la mañana del 10 de noviembre de 1808, el general Lasalle, con la caballería francesa, llegó a Villafría, a tres cuartos de legua de Gamonal, donde esperaba la 1ª división de Belveder, mandada por Fernando María de Alós. Como los franceses no disponían de infantería, retrocedieron hasta Rubena provocando la acción de la 1ª, que fue rechazada por Lasalle, obligando al repliegue hacia Gamonal.

El resto del ejército español acude y es derrotado, entrando mezclados los vencedores con los vencidos en la ciudad de Burgos. La caballería pesada de Bessières acuchilla a los soldados fugitivos y se apodera de la artillería. Si las pérdidas españolas fueron considerables, la dispersión y el desorden fueron las características más importantes.

Los vencedores entraron en la ciudad, se dedicaron al pillaje y se apoderaron de 2000 sacas de lana fina. Napoleón sentó en Burgos su cuartel general y el 12 de noviembre, revistadas las tropas, concede perdón general y amnistía a todos los españoles que en el plazo de un mes, a contar desde su entrada en Madrid, depusieran las armas y renunciasen a toda alianza y comunicación con los ingleses. Napoleón parte hacia Madrid, dejando a su hermano José en la ciudad.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 06 Feb 2016 10:48

BATALLA DE GARCIA HERNANDEZ

El día anterior, el 22 de julio de 1812, en la batalla tan bien retratada en 1875 por la pluma de Benito Pérez Galdós, que españoles y franceses llaman "Batalla de los Arapiles", que los ingleses denominan "Battle of Salamanca", y quienes la vivieron llamaron "Batalla de Calvarrasa de Arriba", el ejército aliado al mando de Sir Arthur Wellesley, futuro 1er Duque de Wellington, había ganado una victoria decisiva sobre el ejército francés dirigido por el mariscal Auguste Marmont. La división de Foy fue la única unidad francesa que no participó en la batalla y por lo tanto actuó como retaguardia de la retirada francesa con el objetivo de frenar a las fuerzas británicas de persecución y con ellos posibilitar un repliegue ordenado de la fuerza principal. Por el lado británico, la brigada de caballería pesada de von Bock (Legión Alemana del Rey) tampoco participó el 22 ya que se encontraba en Pelabravo, 20 kilómetros al sudeste de Salamanca cubriendo el flanco izquierdo del ejército aliado.

En la llamada Batalla de García Hernández los dragones pesados alemanes al servicio de su Majestad Jorge III de Gran Bretaña y príncipe elector de Hanover, Alemania, lograron pasar a la historia de la caballería al romper tres cuadros enemigos y poner en un muy serio compromiso a su división de infantería, la que con apoyo de caballería debía proteger la retirada francesa.

Tras la victoria anglo-portuguesa de Los Arapiles el 22 de julio de 1812, el derrotado ejército francés se retiró del campo de batalla cubierto por la 1ra. división de infantería del general Maximilien Foy, la que prácticamente no estuvo involucrada de lleno en la batalla, habiendo quedado posicionada sobre el extremo del flanco derecho francés en Calvarrasa de Arriba. Atravesando el frondoso bosque de encinas se dirigió al sur del Arapil Grande, hacia Alba de Tormes con la intención de cruzar allí el largo puente medieval sobre el río Tormes y encaminarse por el camino que conduce a Peñaranda de Bracamonte, más allá, hacia Valladolid y Burgos.

Foy había recibido la orden del comandante de la 2da división de infantería, teniente general Bertrand Clauzel - quien por ser el tercero en antigüedad había quedado al mando de toda la fuerza del Ejército francés de Portugal tras que el mariscal del imperio, Auguste-Frédéric-Louis Viesse de Marmont y su segundo al mando, el general Jean Pierre François, conde de Bonet, habían sido heridos de gravedad por un proyectil de metralla al inicio de la batalla - de no abandonar la orilla del Tormes hasta las nueve de la mañana para proteger el repliegue de las tropas. Sin embargo, desde las 07:00 el general Jean-Baptiste Curto, jefe de toda la caballería ligera, quien lo flanqueaba por el Norte, lo alertó de que una caballería británica había sido divisada en las alturas entre Alba de Tormes y La Serna. Poco más tarde le informó que sus propios exploradores habían distinguido una fuerte columna británica que atravesaba el río por un vado (se trataba de la División de Infantería Ligera que lo había cruzado a la altura de Huerta). Como habían partido ya las unidades que debían precederle en la marcha y también la mayor parte de los soldados desbandados que no se habían unido todavía a sus cuerpos, y, temiendo que su retirada se viese amenazada, Foy adelantó su marcha. El movimiento a tal fin comenzó a las 08:00 y se efectuó como estaba previsto por la carretera de Peñaranda.

La fuerza de Foy estaba compuesta por su propia unidad, la 1ra. División de Infantería, integrada por las brigadas del general Jean Chemineau con los regimientos 6º ligero y 76º de línea con dos batallones cada uno (total 1.509 hombres) y la brigada del general François Desgraviers-Berthelot, muerto en la batalla del día anterior y ahora bajo el mando del coronel Ennemond Molard, con los regimientos 39º y 69º de línea, igualmente con dos batallones cada uno (total 2.128 hombres) y una batería de 6 cañones. La fuerza montada estaba integrada por la división de caballería ligera del general Jean-Baptiste Curto con 2 escuadrones del 3er Regimiento de Húsares, 2 escuadrones del 26º de chasseurs (cazadores), y un escuadrón del 28º de chasseurs. En total 521 jinetes incluidos los 37 oficiales al mando. Según las fuentes francesas (no lo mencionan las inglesas) también eran parte de la retaguardia montada, la División de Dragones del general Pierre Boyér con el 6º y 11º de dragones 1 , que tenía por misión proteger en su retaguardia a la artillería que, ya más adelantada al norte, mantenía su marcha por el camino de Peñaranda mientras que la infantería la seguía en paralelo a campo traviesa.

Tras su victoria, Wellesley había decidido realizar personalmente la persecución de los franceses llevando, junto a las divisiones de infantería 1ra y Ligera, que estaban bastante frescas, a la brigada de caballería ligera inglesa del general George Anson con solo dos escuadrones (otras fuentes indican tres), uno del 11º de dragones ligeros y el otro del 16º, en total unos 300 hombres (el resto de los escuadrones de estos regimientos más los del 12º habían sido destacados para escoltar la columna de franceses tomados prisioneros durante la Batalla de los Arapiles), y a la brigada de caballería pesada de von Bock con el 1º y 2º regimientos de dragones de la Legión Alemana del Rey con 3 escuadrones cada uno y un total de 771 hombres, la que no había participado en forma directa en la batalla ya que habían quedado como reserva en Pelabravo cubriendo el flanco izquierdo de Wellington para asegurar la retirada de la fuerza por si las cosas hubieran salido mal. Tanto von Bock como Anson recibieron –a horas de la victoria- la orden de disponer lo necesario para perseguir al enemigo al alba del día siguiente para lo cual Wellesley requirió que ambas brigadas cruzaran el río Tormes a la salida del sol. El general de brigada Georg von Bock (en realidad Baron Eberhardt Georg Otto Bock von Wülfingen) estaba interinamente al mando de toda la caballería británica en la península debido a que su titular, el teniente general Stapleton Cotton había sido herido, y su segundo el general de brigada John Le Marchand, muerto en la batalla del día anterior.

Esa misma noche el general irlandés había tenido una cita con un pintor aragonés al cual le había encomendado hacerle un retrato (la vanidad de Wellington no tenía límites y en el curso de su vida fueron innumerables los retratos que encargó de sí mismo a los más conspicuos artistas de la época). Ese pintor -un admirador del general- se llamaba Francisco José de Goya y Lucientes el que allí mismo hizo un boceto “de tiza roja sobre grafito” que sirvió de base de tres retratos al óleo del duque que Goya pintó después de la victoria de Los Arapiles. Wellington sirvió de modelo poco tiempo debido a los preparativos para el día siguiente lo que obligó a Goya a interrumpir la sesión. Volvieron a encontrarse días más tarde en Flores de Ávila donde el sexagenario y acaudalado genio de la pintura, viudo reciente, a quien apodaban "el sordo", pudo terminar su dibujo.

Al clarear el 23 de julio, mientras la brigada de von Bock, habiendo partido de Pelabravo había también cruzado el Tormes detrás de la infantería, la famosa División Ligera del general alemán Carl August von Alten a quien Wellington llamaba "el mejor de los hannoverianos" (3,500 hombres de los regimientos ingleses 43º, 52º y 95º "Rifles", y los portugueses 1º y 3º de cazadores) por los vados en Huerta, unos once kilómetros al norte de Alba de Tormes. Ambas fuerzas se dirigían hacia el sur para unirse a la fuerza de Wellesley sobre el margen del río Gamo, a la altura del pueblo de Garcihernández.

Wellington se había puesto al frente de la caballería de Anson con su escolta personal, el 1er escuadrón del 5º de Dragones de la Guardia Real2 . En la creencia de que el cruce por el puente de Alba de Tormes había sido bloqueado por un batallón español que se había hecho fuerte en el castillo fortificado, dirigió su búsqueda por un camino diferente. Sin embargo el general Carlos de España (de origen francés, su apellido era en realidad Carlos d'Espagnac), abyecto personaje conocido como "El Tigre de Cataluña" por su crueldad3 , había retirado la unidad sin informar a Wellington, lo que permitió a los franceses utilizar esa vía de escape. Vuelto sobre sus pasos el futuro duque utilizó para su persecución el mismo puente pero dado el lento cruce por parte de su infantería, el avance de la caballería se retrasó considerablemente, la que finalmente pudo ponerse en movimiento por el camino de Alba recién a eso de las nueve de la mañana. La infantería estaba integrada por la 1ra División de Infantería del teniente general John Hope, comandada en la ocasión por el general Henry Campbell (6,200 hombres). Tanto la Ligera de Alten como la de Campbell habían quedado en el flanco izquierdo de la fuerza británica durante la batalla. La segunda no habían tenido un rol preponderante en ella por lo que estaba relativamente intacta4 .

Mientras las fuerzas británicas terminaban de cruzar el puente los restos en retirada de las fuerzas francesas estaban ya próximos a la altura de García Hernández, con el objetivo de dirigirse desde allí a Valladolid y Burgos para unirse a la Armada del Norte. El pueblo hoy denominado Garcihernández se halla situado en un pequeño llano, atravesado de sudeste al noroeste por el riachuelo Gamo (llamado Caballero en las crónicas inglesas) y limitado al nordeste por una línea de colinas coronadas por una meseta: Los Altos de La Serna. La carretera de Alba a Peñaranda cruza la planicie en diagonal de sudoeste a noreste pasando a doscientos metros al sur del poblado antes cruzar el arroyo y subir por las citadas colinas. Estas terminan, en su otro extremo al norte del pueblo cayendo a plomo sobre el Gamo, con su extremidad occidental solo separada del río por un desfiladero el que recorre un sendero que conduce a Encinas de Abajo. El avance de la brigada de von Bock por ese lado se hizo muy lento debido a que por un lado en el tramo del valle que bordea el Tormes este era atravesado por muchos arroyos con innumerables bañados, y por el otro, porque el desfiladero con su camino tan angosto y pedregoso determinó que la columna de la infantería obligara a la caballería a marchar a paso de hombre.
El avistaje de la retaguardia francesa

En cabeza de la fuerza de Foy y en columna de batallón iba la segunda brigada, a las órdenes del general Chemineau, y a retaguardia marchaba la primera bajo el mando del coronel Molard. La caballería ligera de Curto cubría la línea de los infantes, los que caminaban entorpecidos en su avance por la multitud de heridos y rezagados que, en busca de refugio, se acumulaban en torno de ellos.

En el momento en que dichas tropas se disponían a subir la pendiente de la colina y cuando la retaguardia del coronel Molard estaba aún franqueando el vado del riachuelo (muchos hombres se detuvieron a la vera del arroyo a beber y algunos otros se dirigían al pueblo con el objeto de conseguir comida), hicieron su aparición los dragones de George Anson los que hacía una hora habían dejado a tras a la infantería y ahora se acercaban formados en columnas cerradas hacia el Noroeste por la orilla derecha del Gamo. Viendo el peligro Foy ordenó inmediatamente a su infantería y artillería apresurarse para ganar las alturas de los cerros mientras la caballería cubría sus movimientos. Los del 76º de la brigada de Molard, viendo que no llegarían a subir a la meseta, se habían formado ya en dos cuadros mientras que los dos del 6º, continuaron marchando en columna, tratando cortar camino trepando la colina con el objetivo de alcanzar el resto de la fuerza y ponerse a resguardo de la caballería alemana. Los restantes regimientos, el 39º y el 69º de Chemineau que iban adelante creyéndose cubiertos por su caballería siguieron su curso por el camino hacia Peñaranda subiendo la cuesta aunque viendo el desenlace de los acontecimientos pronto formaron también en cuadros. A Boyér Foy le había ordenado que dispusiera su caballería sobre el camino de Peñaranda al costado del pueblo con el objeto de bloquear el acceso al puente y contener el avance de los jinetes ingleses de Anson.

Wellington que marchaba a la cabeza de la columna de Anson le ordenó a éste atacar sin demora a los dragones de Boyer, mientras procuraba acelerar la marcha de la brigada de von Bock, que venía retrasada por las dificultades del camino que había tomado remontando la orilla derecha del Gamo. De este modo, la cabeza de la columna de von Bock no desembocó en el llano hasta el momento en que los escuadrones de Anson, después de franquear el riachuelo, se disponían a enfrentar a los dragones de Boyer, que sin esperar el choque huyeron en dirección Peñaranda. En el llano no quedaban ya más tropas imperiales que la brigada Molard, cuyo flanco meridional se hallaba al descubierto por la huida de los dragones susodichos. Los hombre de Anson cruzaron el puente y formaron en línea frente a la caballería de Curto que habiendo hecho lo mismo cortaba el camino sobre la base de la pendiente para cubrir el flanco septentrional de los infantes. Wellington ordenó a Anson que iniciara el ataque con sus dragones para expulsarlos. Mientras tanto los dos regimientos de dragones pesados de la brigada de von Bock habían salido del desfiladero y debido a lo angosto de la planicie ya estaban formando en echelones (escalones) dispuestos también a dar batalla a la caballería de Curto.

En ese momento llegaba a la formación de von Bock el teniente coronel de artillería John May que circunstancialmente había acompañado en el operativo a Wellington con el mensaje de éste de que se apurara la carga contra la caballería de Curto 5 . Consecuentemente von Bock ordenó al teniente coronel Johann von Bülow, comandante del 1º de Dragones iniciar la carga. Cuando los hombres a Anson estaban a punto de iniciar la suya, llegaba ya al galope el primer escuadrón del 1º al mando del capitán Hans Heinrich von Hattdorf con la plana mayor de la brigada, incluido el general von Bock, el coronel May y el teniente coronel von Bülow arremetiendo contra los chasseurs franceses sin esperar que lo hicieran los jinetes de Anson.

Los franceses de Curto viendo la determinación y el número de la fuerza que venía en ayuda de quien tenían enfrente, dieron media vuelta y se alejaron dejando a su merced a sus camaradas de la infantería. En su persecución el 1er escuadrón del 1º de la KGL fue alcanzado por los disparos que desde su flanco izquierdo le llovieron sorpresivamente de la infantería enemiga a la que no habían visto, cayendo heridos varios caballos y jinetes, incluido el teniente coronel May, por lo que se abandonó la persecución de los chasseurs.

Entre tanto el capitán Gustav von der Decken al mando del 3er escuadrón, el del ala izquierda del 1º de dragones de la KGL, viendo que cualquier avance contra la caballería enemiga sería muy peligroso con los cuadros franceses disparándoles desde tan corta distancia, resolvió por su propia iniciativa atacar con su solo escuadrón el cuadro del 76º de línea francés que se hallaban más próximo y a menos de 30 pasos del lugar donde deberían pasar. A pesar de recibir una descarga desde una distancia tan corta las bajas fueron pocas. Una segunda mucho más devastadora alcanzó al escuadrón cuando ya se hallaba a solo unos 12 metros del enemigo.

Irónicamente lo que en principio debía ser algo muy perjudicial para los alemanes se convirtió por una casualidad en el inicio de la destrucción de los franceses. El mismo von der Decken, que había sido herido en la rodilla durante la primera descarga recibida, se las había arreglado para mantenerse sobre su silla de montar, aunque luego la segunda lo hirió nuevamente y en forma grave (tras el combate fue evacuado a Salamanca donde falleció el 16 de septiembre producto de su herida). También el teniente Voss cayó heridos de muerte por cuatro impactos de bala junto a otros jinetes, entre ellos el dragón Post cuya cabalgadura recibió un disparo fortuito y en lugar de desplomarse al instante siguió herido de muerte en su desesperada carrera arrastrando consigo al infortunado dragón para finalmente caer violentamente sobre una esquina del cuadro francés, llevando por delante todo lo que encontró en su caída. El resultado fue un hueco correspondiente al espacio ocupado por ocho infantes, brecha que inmediatamente fue aprovechada por el capitán Friedrich von Uslar-Gleichen, segundo al mando y que se había hecho cargo del escuadrón, para –alentando a sus hombres- penetrar y cargar con sus temibles espadas largas y de hoja recta desde adentro del cuadro mismo, a espalda de los sorprendidos infantes franceses, convirtiendo todo el cuadro en un caos y amasijo de hombres muertos y heridos. En esa ocasión el dragón Grobe derribó de un sablazo al comandante de la brigada, el coronel Molard, quien cayó de su cabalgadura dejando sin comando a su tropa, la que ya totalmente desmoralizada tiró sus armas y levantó los brazos en señal de rendición. El valiente Molard falleció 12 días después a consecuencia de su herida.

Viendo la dantesca escena y sin meditarlo un solo segundo, el Rittmeister (capitán de la caballería) August von Reizenstein, al mando del 2do escuadrón del 1º, que también se había visto obstaculizado en su avance por las características del terreno, cargó contra el segundo cuadro del 76º francés, el que se encontraba algo más arriba en la ladera, siendo recibido también por una nutrida salva que hirió de muerte al teniente Carl von Heugel y de gravedad al corneta Carl Tappe. Sin embargo la fuerza de ánimo y la moral de los franceses ya estaba muy quebrada por la masacre sufrida por sus camaradas, por lo que varios infantes hicieron lo peor que podían haber hecho: comenzaron a emprender la fuga rompiendo así el cuadro -única posibilidad de protección- con lo cual éste sufrió las mismas consecuencias del primero. Los infantes diseminados de ambos cuadros rápidamente intentaron formar un tercero al ver que en su ayuda venía al galope el único escuadrón francés que no había huido. Se trataba del único escuadrón del 28º de chasseurs que integraba la brigada de Curto. Contra este arremetió sin embargo el capitán Carl von Marschalck del 3er escuadrón del 2º regimiento de dragones de la KGL, seguido por su camarada el teniente Johannes Fumetty a cargo de la mitad del 2º escuadrón (se trataba de la 6ª compañía) también del 2º regimiento.

En tanto los dos batallones de infantería ligera franceses del 6º que estaban intentando a paso redoblado alcanzar las alturas de la ladera sobre el lado izquierdo del camino a Peñaranda de Bracamonte, fueron arremetidos ahora por el escuadrón de von Reitzenstein, quien encaró con sus hombres al batallón más retrasado, todavía a cierta distancia de la cresta. Mientras los franceses se esforzaban por llegar a lo alto, buscando la seguridad, los hombres de las dos compañías que iban a la retaguardia, comandadas por un capitán de apellido Philippe, se dieron media vuelta e hicieron fuego contra los dragones alemanes, los que sin darse por aludidos los alcanzaron repartieron tajos a diestra y siniestra entre ellos.

Intuyendo que no llegarían a la cima para cubrirse, los franceses formaron un cuadro muy precario que desde luego no aguantó la carga disolviéndose en un instante. Cientos de ellos tiraron sus mosquetes y solo unos cincuenta lograron huir alcanzando la protección de los cuatro batallones del 39º y 69º de Línea que ya estaban formados en la cresta de la colina en dos cuadros. El 69º, en cuyo seno se hallaba Chemineau (Foy se hallaba en el del 39º), fue atacado por los dos escuadrones del 2º de Dragones los que recibieron una furiosa descarga, producto de la cual cayó muerto el capitán von Uslar-Gleichen y fue malherido el teniente Fumetty el que solo pudo salvarse de ser tomado prisionero gracias a la valerosa acción del sargento Schmahlfeld quien lo rescató. Los jinetes aliados buscaron entonces una presa más fácil y siguieron adelante, más allá de la infantería de Foy, repartiendo sablazos a un buen número de rezagados y heridos y al rebaño de la escolta de civiles de la división, hasta tropezar con el cuadro formado por el batallón de cola de la 8va división, que no se dejó tampoco romper. La caballería aliada, cuyas monturas estaban agotadas, hubo finalmente de renunciar, por tanto a su empresa persecutoria y se retiró a sus posiciones de partida.

Así terminó el combate de García Hernández, señalado por la brillante carga de la caballería pesada de los alemanes de Hannover, los que, al lograr romper tres cuadros de infantería francesa, consiguieron un éxito resonante en el curso de la Guerra de Independencia española.

Cuando ya el enfrentamiento sobre la meseta había terminado, llegó al lugar de la acción la división de infantería ligera de von Alten, que formaba la cabeza de la columna de infantería británica. Wellington le encomendó que enviara al 95º “Rifles” a la cumbre de la meseta en las colinas que dominan el pueblo de García Hernández, para dar apoyo a los dragones alemanes; pero éstos habían puesto fin a sus ataques y ya se encontraban descendiendo al llano. Foy se aprovechó del receso de su enemigo para poner en marcha lo que quedaba de su fuerza. Ya no era tiempo pare que los infantes aliados le siguieran, y solo la caballería de Anson estaba en condiciones de acosarla, con la única intención de hostigar su retaguardia. Ésta no había recorrido dos kilómetros, cuando se vio reforzada por el contingente del Ejército del Norte, que a las órdenes del general de brigada François Pierre Chauvel, acudía en su auxilio desde Burgos. Se trataba solamente de 900 jinetes (húsares y cazadores). Pero llegaban plenos de ardor y disciplina, por no haber tomado parte en los desdichados combates que habían minado el valor combativo de sus camaradas en Los Arapiles y García Hernández. Aquella fuerza formó en seguida a la cola de la columna manteniendo a raya los intentos ofensivos de la caballería aliada.

Por Coca de Alba y Nava de Sotrobal, el grueso del ejército derrotado alcanzó, primero Peñaranda de Bracamonte, y después, Flores de Ávila, pueblo a la vera del cual vivaqueó la mayoría de las tropas de dicho ejército durante la noche del 23 al 24 de julio de 1812. Únicamente la vanguardia, con el Mariscal, los equipajes, el tren de artillería y las carretas de heridos continuaron hasta Arévalo. Por su parte, el ejército aliado renunció a toda persecución activa, y sus unidades de infantería no pasaron más allá del río Almar, cerca de una legua al oeste de Peñaranda.

A mediodía del 23, el Duque de Ragusa y, por consiguiente, el general Clauzel que lo reemplazaba, recibieron la carta del Rey José Bonaparte fechada el 21, anunciándole la marcha en su socorro del Ejército del Centro. De todos los mensajeros portadores de ejemplares de tal mensaje, solo uno llegó a su destino; los restantes renunciaron tal vez a cumplir su misión o fueron detenidos y probablemente asesinados por los guerrilleros.

Por su parte Wellington aprovechó el interregno para esperar el arribo del resto de su infantería antes de reiniciar la persecución. Finalmente al llegar a Flores de Ávila, en conocimiento de que el derrotado Ejército de Portugal francés estaba por unirse al Ejército del Norte, en conjunto una fuerza muy superior, decidió dar por finalizado el operativo de persecución. La campaña de Salamanca había concluido y Goya lo estaba esperando en Flores de Ávila ya desalojado por los franceses. El óleo terminado que muestra al general con el uniforme rojo y la cruz de la medalla peninsular, le fue entregado por el artista durante la corta estancia del irlandés en Madrid (del 12 de agosto al 1º de septiembre). El general –regocijado porque había recibido la noticia de que el rey George III le habían otorgado el título Earl (marqués)– quedó tan satisfecho que en 1814 le encargó dos retrato más. En realidad el nombramiento no lo había hecho el rey sino su hijo primogénito, el príncipe de Gales y futuro rey Jorge IV, quien asumió la regencia a fines de 1810 dado el estado de su padre quien a los 72 años no solo estaba ya ciego por las cataratas y con un fuerte reumatismo sino totalmente senil (fuera de sus cabales, se hallaba recluido en el palacio Windsor)

Vale la pena remarcar que toda la acción se desarrolló en tan solo unos cuarenta minutos, pero en ese corto período de tiempo ocurrió uno los ataques más famosos de las guerras napoleónicas, en la que una fuerza de caballería logró romper y destruir tres cuadros enemigos infligiéndoles 200 bajas (entre ellos el general Molard) y la pérdida de 1.400 hombres tomados prisioneros.

De los 770 dragones de la KGL que participaron en la acción, se produjeron 127 bajas (6 oficiales y 121 suboficiales y dragones) entre muertos y heridos de los cuales 51 murieron en el enfrentamiento y una gran cantidad luego en el hospital de Salamanca a causa de sus heridas. También se perdieron 140 caballos. Ambos regimientos quedaron tan reducidos que al día siguiente cada uno de ellos debió formar con solo dos en lugar de tres escuadrones.

Respecto de la intervención de los dragones de la KGL y la destrucción de los tres cuadros de defensa, Wellington escribiría en su informe oficial "Nunca antes he sido testigo de una carga más valiente que la que hizo contra la infantería del enemigo la brigada de caballería pesada de la King’s German Legion bajo el mando del general de brigada von Bock, la que resultó totalmente exitosa, con todo el cuerpo de infantería -tres batallones de la 1ª división enemiga- hechos prisioneros"6 . Por su parte, el propio general Foy, haciendo honor a sus valientes enemigos sostendría después de la batalla "La carga realizada por el hannoveriano Bock a la cabeza de la brigada pesada de la legión alemana que hemos visto personalmente el día después de la batalla de Los Arapiles, ha sido la más audaz de toda la guerra de España".

En el gobierno británico la batalla de García Hernández causó tal impresión que decretó por una ley aprobada por el parlamento en mismo año de 1812 que todos los oficiales de la KGL que hasta entonces habían servido como temporarios, fueran admitidos como personal permanente, en similares condiciones a las de sus camaradas británicos, siéndoles reconocida no solo la antigüedad desde el comienzo de sus servicio en la Legión sino también el derecho a pensión o media paga por parte del gobierno británico .

La derrota en los Arapiles el 22 de julio tuvo desastrosas consecuencias para la estrategia de Napoleón en la Península Ibérica: los franceses se vieron privados de las bases y los arsenales que necesitaban para llevar a cabo una nueva invasión de Portugal, el rey José I tuvo que abandonar Madrid –hacia donde avanzaba el victorioso ejército de Wellington– y no hubo más remedio que evacuar Andalucía y levantar el sitio de Cádiz, donde se refugiaba el gobierno legítimo de España.

El encargado de llevarle las malas noticias al emperador fue el capitán Fabvier, que cabalgó durante treinta y dos días hasta alcanzar el cuartel general imperial, en ese momento en tierras rusas. Napoleón no prestó demasiada atención a lo ocurrido en Salamanca, pues estaba más preocupado por hacer una entrada triunfal en Moscú. Más tarde se daría cuenta de su error, puesto que, en cierto modo, la Batalla de los Arapiles había significado el principio del fin de su Imperio.

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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 06 Feb 2016 20:36

LOS SITIOS DE GERONA

Pongámonos en contexto. Madrid se ha levantado contra los franceses el 2 de mayo. Napoleón se ha encontrado con algo insólito: un pueblo que, aun sin rey, se organiza sobre la base de sus viejas instituciones y se alza en armas para defender la patria y la religión. Por todas partes surgen las Juntas. Los franceses son derrotados en el Bruc y en Bailén, fracasan en los asedios de Zaragoza y Valencia. En tal tesitura, temen perder la comunicación con Francia, comunicación que pasaba, entre otros lugares, por Cataluña, y concretamente por Gerona. La situación en Cataluña era difícil. Un fuerte contingente francés se había asentado en Barcelona y creía controlar la región. Pero en Gerona también los españoles se levantan. En junio de 1808 se constituye una Junta, animada sobre todo por el pueblo llano y los clérigos; pese al recelo de la burguesía local, la Junta se convierte en el verdadero poder y declara la guerra a los franceses.

¿Y estaba Gerona en condiciones de hacer tal cosa? En realidad, era una locura. Estamos hablando de una ciudad pequeña, de unos 10.000 habitantes y castigada por la crisis del trigo. Militarmente era muy débil: con un marino como gobernador, Julián de Bolívar, tenía una guarnición de tan sólo 300 soldados del Regimiento de Ultonia, al mando de dos oficiales de ascendencia irlandesa: O’Daly y O’Donovan. Ante el estado de guerra, la Junta organizó dos tercios de miqueletes, milicias populares como los somatenes. También acudieron marineros de Sant Feliu de Guixols para atender unas pocas piezas de artillería, en unas murallas arrumbadas por el tiempo y reducidas a su mínima expresión.

Tres asedios

De manera que Gerona era muy poca cosa, pero para los franceses era vital: necesitaban controlarla para asegurar las comunicaciones con Francia. Así que el jefe napoleónico en Barcelona, Duhesme, que se ha enterado de la sublevación, corre a sofocarla. Es el 20 de junio. Se presenta en Gerona con 5.000 hombres y ocho cañones. Insta a los gerundenses a rendir la plaza. Los gerundenses dicen que no. Duhesme se lanza al asalto. Y aquí, como en Valencia o en Zaragoza, los franceses fracasan: después de tres asaltos, la ciudad resiste. El francés resuelve volver a Barcelona para reunir más tropas. Será un calvario: por el camino, partidas de somatenes y soldados le infligen graves bajas. Los gerundenses han superado este primer asedio. Devotos, atribuyen su victoria a la protección de San Narciso, que es nombrado jefe militar de la ciudad.

Los franceses vuelven, como era de esperar. Será un mes después, el 20 de julio. Duhesme trae ahora más cañones; plantea un largo asedio en toda regla. Pero las defensas de Gerona han aumentado. Primero llegan tres batallones españoles. Rápidamente empiezan a concentrarse columnas de somatenes con dos grandes guerrilleros: Juan Clarós y Miláns del Bosch. Y los refuerzos consiguen su objetivo: después de un mes de asedio, el 20 de agosto los franceses tienen que abandonar nuevamente, y esta vez con pérdidas aún más cuantiosas.

Habrá un tercer asedio. Será el definitivo. Y será también uno de los más tremendos de la guerra de la independencia. Por parte francesa, penetra un gran ejército -18.000 hombres- con el objetivo de asegurar el control sobre Cataluña y, muy principalmente, acabar con la resistencia de Gerona. Pero a Gerona ha llegado alguien muy importante: el general Álvarez de Castro, un militar experto, de sesenta años; un hombre que se había negado a entregar a los franceses el castillo de Montjuich, que se había lanzado al combate y que llegaba a Gerona con el propósito de apurar la resistencia. El 1 de abril de 1809, nuestro general publica un bando resolutivo: se resistirá hasta la muerte. Y quien piense en pasarse al enemigo, será ejecutado sin piedad.

Los franceses se lanzan al ataque. Ocupan las posiciones elevadas en torno a Gerona. Desde allí quieren bombardear la ciudad durante el tiempo que sea preciso. Envían un emisario a Álvarez de Castro para instarle a la rendición. El español no la acepta. El asedio será brutal. La artillería francesa cañonea sin cesar los muros de Gerona, sus casas, sus calles. Ya no se trata simplemente de amedrentar a la población, sino que es una estrategia deliberada de aniquilación de la ciudad, hasta su última piedra. Los gerundeses, sin embargo, no se rinden. Al revés, aceptan vivir entre las bombas como quien oye llover.

Es casi increíble, pero esa situación va a prolongarse durante siete meses. Los franceses siguen acercándose, siguen bombardeando, pero Gerona no cae. A sus exiguas fuerzas –unos 5.600 hombres-, Álvarez de Castro ha añadido a la población civil. Primero se crea la Cruzada Gerundense –un nombre que dice mucho sobre el carácter que los españoles dieron a aquella guerra. La Cruzada constituyó ocho compañías clasificadas por oficios: clérigos seculares, clérigos regulares, estudiantes, artesanos, gente de posición, constructores, etc. Todos defienden: hombres, niños, ancianos, mujeres… sobre todo las mujeres. Tanto se distinguen las mujeres de Gerona en la resistencia, que Álvarez de Castro decide encuadrarlas también militarmente y otorgarles los mismos derechos que a los soldados. Así nace a finales de junio la Compañía de Santa Bárbara, que usaba como distintivo un lazo rojo en el brazo. Esta es la orden del general:

“Habiendo entendido el espíritu, valor y patriotismo de las Señoras Mujeres Gerundenses, que en todas las épocas han acreditado, y muy particularmente en los sitios que ha sufrido esta Ciudad, y en el riguroso que actualmente le ha puesto el enemigo; deseando hacer público su heroísmo y que con más acierto y bien general puedan dedicar y emplear su bizarro valor en todo aquello que pueda ser de beneficio común á la Patria, y muy particularmente de los nobles guerreros defensores de ella, y que a su tiempo tenga noticia circunstanciada S. M. del inaudito valor, y entusiasmo de las Señores Mujeres Gerundenses, (…) Ha venido S. E. en disponer y mandar que se forme una compañía de doscientas Mujeres sin distinción de clases, jóvenes, robustas, y de espíritu varonil para que sean empleadas en socorro, y asistencia de los soldados, y gente armada (…) La Compañía de Señoras Mujeres Gerundenses tendrá la denominación de Compañía de Santa Bárbara”.

La estrategia de la boa

Los españoles conseguirán hacer llegar víveres y municiones a los sitiados, pero ninguna ayuda podrá romper la tenaza francesa. El 19 de septiembre lanzan los de Napoleón su gran ataque: cañoneo brutal, murallas rotas, franceses que entran por las grandes brechas… Se combate cuerpo a cuerpo. Y pronto, el milagro: los gerundenses logran detener el asalto. Para los franceses resultaba incomprensible. Tanto que, directamente, optaron por no volver a intentarlo: a partir de ese momento, la estrategia francesa se limitará a estrechar el cerco a fuerza de artillería, como una boa asfixia a su presa. Eso será lo que acabe con Gerona.

El 10 de noviembre llega una carta del mando español: no va a ser posible prestar auxilio a la plaza. Gerona está abandonada a su suerte. Cuando llega el invierno, la situación es insostenible: los edificios, arruinados; los supervivientes, sin techo ni víveres ni medicinas; las defensas, quebradas. La descomposición de los cadáveres expande graves enfermedades. El propio Álvarez de Castro enferma. La Junta designa a Bolívar para que tome el mando. Poco le queda por hacer.

Son las siete de la tarde del 10 de diciembre de 1809. Ha caído la noche. Los sitiados, al límite de sus fuerzas, optan por capitular. Aún así, ponen sus condiciones. Los sitiados no son bandoleros ni rebeldes. Son un ejército, incluida la población civil movilizada. Como militares, exigen al ejército vencedor un trato conforme a los usos tradicionales de la guerra. Los franceses serán respetuosos, pero sólo a medias. En Gerona ya no había nada que saquear. Pusieron un especial celo en atrapar al general Álvarez de Castro; no les costó mucho, postrado como se hallaba. Al general le espera un calvario: enfermo y deshecho, será llevado de una cárcel a otra hasta terminar en el castillo de Figueras, donde muere el 22 de enero de 1810.

Después, los franceses intentarán ganarse a la población imponiendo un régimen catalanista, bajo inspiración del afrancesado Tomás Puig. Será sólo un cebo, porque toda Cataluña es de hecho anexionada a Francia en 1812 y sometida al típico esquema centralista francés. El pueblo, por su parte, nunca aceptará el sometimiento. Cuando los franceses sean vencidos y abandonen la ciudad, ya en 1814, muy pocos afrancesados les seguirán. Y por el contrario, Gerona, la Gerona española, pasará a nuestra historia como un ejemplo insuperable de abnegación y de patriotismo. Entre otras cosas, sus muros fueron uno de los primeros lugares donde ondeó la enseña rojigualda como bandera de España. Esa bandera de Gerona está hoy en el Museo del Ejército. Y esa fue la verdadera historia de la Gerona española, de la Cataluña española.

LUCHARON POR Y EN DEFENSA DE ESPAÑA, GLORIA A TODOS ELLOS

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 06 Feb 2016 20:44

BATALLA DE GEVORA (Badajoz)

La posición estratégica de la fortaleza de Badajoz, ha ocasionado frecuentes enfrentamientos armados, relacionados tanto con la posesión de la plaza, cómo con el control de la zona para el abastecimiento y paso de los diferentes ejércitos que operaban en la península, durantes las múltiples enfrentamientos celebrados a lo largo de la historia. Esta batalla, que tuvo lugar a las puertas de su fortificación abaluartada, fue uno de los ejemplos más significativos.

Algunos historiadores la citan como batalla de Santa Engracia, ya que transcurrió en parte en unas alturas situadas entre el fuerte de San Cristóbal y el río Gévora.

Como antecedente de la misma, cabe destacar que el mariscal Soult había puesto cerco a Badajoz, cuya conquista era imprescindible para proteger la retaguardia francesa y continuar atacando desde Torres Vedras, la capital de Portugal. En auxilio de Badajoz y con el fin de evitar la pérdida de la plaza, el Duque de Wellington encargó al Marqués de la Romana (Capitán GeneralPedro Caro y Surera) el mando de una fuerza 8.000 infantes españoles y 1.200 hombres de la caballería portuguesa, para que con instrucciones precisas contribuyeran a la ruptura del cerco de Badajoz.

Unos días después de este acuerdo fallece repentinamente D. Pedro Caro, asignándose la responsabilidad de la operación al Marqués de Mendizábal, que rompiendo el cerco de la ciudad se estableció en las alturas de Santa Engracia, al amparo del fuerte de San Cristóbal y la confluencia del río Gévora con el Guadiana. Sin embargo no adoptó las precauciones necesarias, ni siguió las instrucciones de Wellington.

Soult sorprendido por el atrevido movimiento de estas fuerzas y preocupado por el éxito de su misión, observó minuciosamente el comportamiento de este cuerpo de ejército acampado en las inmediaciones de Badajoz. Primero bombardeó intensamente el campamento de Mendizábal, que hubo de retirarse de las cercanías del fuerte y evitar ser blanco de artillería francesa.

En estas condiciones, Soult ordenó que desde Mérida su caballería acudiera con rapidez al lugar al mando de Latour-Maubourg con 3.000 efectivos, para situarla al flanco izquierdo de Mendizábal, una vez vadeado el Gévora, siempre con sumo sigilo y ante la despreocupación del mando español. El campamento aliado se vio envuelto y atacado por la caballería, al mismo tiempo que el mariscal Mortier ordenó a Girad avanzar con la infantería tras cruzar el Gévora.

La caballería Portuguesa sin el apoyo suficiente huyó hacia Elvas, quedándose desamparado y rodeado Mendizábal que formando dos cuadros, intentó resistir en vano la acometida francesa. En una hora cayeron, entre muertos y heridos, 800 españoles (entre ellos murió el brigadier de Gabriel) y 400 franceses. Las fuerzas de Soult hicieron 4.000 prisioneros, apoderándose de numerosas piezas de artillería y variado armamento. En la confusión de la batalla, solamente escasos efectivos consiguieron llegar al abrigo de la fortificación al frente de Mendizábal.

Esta batalla tuvo dos consecuencias muy graves. Una de ellas fue la pérdida de la plaza de Badajoz, tras la muerte del general Menacho. Otra, no menos importante, la práctica desaparición del único ejército operativo de Extremadura.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 07 Feb 2016 18:22

INVASION FRANCESA DE SEVILLA

La invasión francesa de Sevilla tuvo lugar el 1 de febrero de 1810 en el contexto de la invasión francesa de España y de la Guerra de la Independencia Española. Esta se prolongaría hasta el 27 de agosto de 1812, cuando es ganada por los españoles con ayuda británica en la batalla del Puente de Triana. El expolio artístico que sufrió la ciudad fue notable. El 13 de octubre de 1817, por el notable papel que tuvo Sevilla en la Guerra, le fue concedido el título de Muy Heroica por Fernando VII.

Francia firma con España el Tratado de Fontainebleau (1807) que permite la entrada en España de tropas francesas para invadir Portugal. Las tropas entran en España en octubre de 1807, pero los acontecimientos políticos posteriores dejan claro que se trata de una invasión de la península por parte de las tropas de Napoleón. El 2 de mayo de 1808 militares españoles se sublevan en Madrid contra los franceses dando comienzo la Guerra de la Independencia. El 6 de junio de 1808 José Bonaparte, hermano de Napoleón, pasa a ser nombrado por Francia como Rey de España con el nombre de José I. Los franceses reprimen la resistencia con dureza extrema y llevan a cabo un saqueo de obras de arte y todos los tesoros nacionales. Ciudades como Zaragoza habían resistido hasta 1809 un durísimo asedio. Se constituyen juntas en todas las provincias de España.

La Junta se Sevilla se constituye el 27 de mayo de 1808 y se nombra como Junta Suprema de España e Indias y comienza a organizar la resistencia desde el Sur de España. La Junta se reunían en la iglesia del antiguo convento de San Hermenegildo, en la Plaza de la Concordia de Sevilla, a escasos metros de la céntrica Plaza del Duque.

El 14 de enero de 1809, el Almirante Juan Ruiz de Apodaca, Ministro de Marina de la Junta de Sevilla, cruza a Londres y firma con George Canning la alianza anglo-española contra Napoleón. Entre los términos del tratado está que España proveerá el elemento humano y bélico para la guerra y todos los elementos necesarios, desde armas hasta suministros, e Inglaterra dará el apoyo de sus generales. El precio de la alianza es el libre comercio entre la América española e Inglaterra. Además, el General Castaños se reuniría con el Presidente de la Junta para planear la derrota de los franceses en el Sur, que culminaría en la batalla de Bailén en julio de 1808.

El 25 de septiembre se crea la Junta Central con representantes de las juntas de todas las provincias. Esta Junta tendrá su sede en el municipio madrileño de Aranjuez, aunque en diciembre de 1808 esta sede se traslada a Sevilla.

El 22 de enero de 1810 se corrió la voz de la entrada en Córdoba del ejército francés, lo que generó mucha inquietud en Sevilla. El día 23 la gente supo que la comunidad de frailes capuchinos de la ciudad había embarcado con varias cajas de lienzos de Murillo de su iglesia y que muchas hermandades y cofradías estaban montando su plata y sus joyas en barcos y que los ricos de la ciudad hacían lo mismo sacando de la capital sus riquezas. La Junta notó esta huida y decidió marcharse también, haciéndolo a la una de la madrugada y en silencio para que nadie se diera cuenta de que se marchaban. Dicha Junta Suprema Central se trasladaría a la Isla de León, en San Fernando, Provincia de Cádiz, el 23 de enero de 1810.

La ciudad de Sevilla no estaba mal defendida en cualquier caso, ya que contaba con unas murallas bien conservadas y por 300 cañones, por tanto existían posibilidades de éxito.

El 24 de agosto de 1810, el pueblo se percató de la ausencia de la Junta y decidieron congregarse en la Maestranza de Artillería, donde solicitaron de forma asamblearia una organización para enfrentarse a las huestes de Napoleón. Liberaron al Conde de Montijo y al General Palafox (hermano de José de Palafox, que participaría en los sitios de Zaragoza, y marqués de Lazán), que se encontraban arrestados por posibles intrigas. El General Palafox quiso crear una regencia compuesta por él, el Conde de Montijo y el Marqués de la Romana y Saavedra, creando así una nueva Junta Suprema en el Alcázar de Sevilla. El pueblo se soliviantó al ver que estaban haciendo lo mismo que la Junta anterior y ocupó el Alcázar.

Al acercarse las tropas francesas, toda la Junta sevillana decide marcharse, pero al no ser seguras las vías hacia Cádiz deciden tomar otro camino y dejan Sevilla por el puente de Triana.

El 30 de enero las tropas de Napoleón se encuentran ya en Alcalá de Guadaíra. Los vecinos forman pelotones armados de fusiles y piezas de artillería, se improvisan fortificaciones, etcétera. Sin embargo, estas acciones defensivas no estaban lo suficientemente organizadas para resistir al grande y bien armado ejército invasor.

En estas circunstancias, los señores Araspacochaga, Maestre y Don Joaquín Goyeneta y Jacobs fueron hasta Torreblanca de los Caños, el actual barrio de Torreblanca, y pactaron unas capitulaciones con los franceses, que fueron en su mayor parte incumplidas por los invasores, pero que evitaron derramamientos de sangre. El 1 de febrero los franceses llegan a la ciudad, dirigidas por el Mariscal Claude-Victor Perrin y por el propio José Bonaparte.

Napoleón Bonaparte declarará:
Mis tropas han entrado ya en Sevilla, en donde se ha hallado un formidable botín

Goyeneta fue nombrado Corregidor de Sevilla, el equivalente a alcalde, por José Bonaparte de 1810 a 1812. Bajo su mandato se demolió el Convento de la Encarnación para construir un Marcado de Abastos, donde se encuentra actualmente el Metropol Parasol, se destruyen las parroquias de La Magdalena y Santa Cruz, que se transforman en plazas. Goyeneta fue además hermano mayor del Gran Poder y tiene una calle estrecha de Sevilla a su nombre.

José Bonaparte incluyó Sevilla en su lista de ciudades conquistadas y acudió a un baile de gala en su honor en el Archivo de Indias, tapándose sus estanterías con tapices y colocándose lujosas lámparas de araña.

Sevilla terminaría en las manos del Mariscal Jean de Dieu Soult, que dejaría de intentar tomar Cádiz para asentarse en el Palacio Episcopal de Sevilla, en la Plaza Virgen de los Reyes, a dirigir la ciudad y el saqueo de obras de arte.
El expolio artístico

En la Iglesia del Hospital de la Santa Caridad, las pinturas alegóricas de Miguel de Mañara atendiendo a los desamparados pintadas por Murillo fueron saqueadas por el Mariscal Soult y fueron a parar a su domicilio de París. Estos cuadros fueron vendidos por sus herederos y hoy se encuentran en diferentes museos del Mundo.

De distintos edificios religiosos se saquearon cuadros de Zurbarán, Herrera el Viejo, Juan de Roelas, Francisco Pacheco o Alonso Cano. La Iglesia de Santa María la Blanca, el Convento Casa Grande de San Francisco, la Iglesia de San Buenaventura, la Iglesia de Santa Isabel, la Iglesia de Santa María de Gracia y la Catedral de Sevilla fueron obligadas a entregar sus mejores obras artísticas.

Como los capuchinos habían empacado la obra que tenían en su convento de Murillo y se la habían llevado antes de la entrada de los franceses, hoy esos cuadros están expuestos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Las obras saqueadas por los franceses eran almacenadas en el Alcázar de Sevilla y custodiadas por Eusebio Herrera, un español que servía como mariscal del ejército francés. En el Alcázar se contabilizaron casi mil obras, de las cuales las 150 mejores salieron inmediatamente para Francia, otra cantidad fue enviada a Madrid para deleite de los cargos del Imperio Francés establecido allí y otras tantas fueron repartidas entre los militares franceses que se encontraban en Sevilla. Muchas obras saqueadas por el propio Soult fueron a parar al Museo del Louvre de París.

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Brasilla
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 07 Feb 2016 18:44

BATALLA DE LA ALBUERA

La batalla de La Albuera se enmarca en la Guerra de la Independencia Española, llamada Guerra Peninsular por los británicos y portugueses. El encuentro se libró el 16 de mayo de 1811, en La Albuera, localidad extremeña situada a 22 km de Badajoz en la ruta hacia Sevilla. Combatieron fuerzas aliadas compuestas por tropas españolas y anglo-portuguesas contra el ejército del Imperio francés, incluyendo un regimiento polaco del Ducado de Varsovia, al mando de mariscal Soult.

Las fuerzas anglo-portuguesas estaban a las órdenes del mariscal Sir William Beresford; las fuerzas españolas las mandaba el general Joaquín Blake. El encuentro acabó sin una victoria clara para ninguno de los dos bandos después de una lucha sangrienta, aunque generalmente se acepta como una victoria táctica del ejército hispano-anglo-portugués. Los datos de combatientes y de bajas aún son discutidos.

Wellington pasó el invierno de 1810-1811 manteniendo la línea de fortificaciones de Torres Vedras que protegían Lisboa. Las tropas francesas, bajo el mando de André Masséna, invernaron frente a estas líneas, mostrándose incapaces de tomarlas al asalto y de incluso autoabastecerse, por lo que en marzo de 1811 Masséna reconoció lo insostenible de su situación y puso rumbo a la frontera española, hacia la fortaleza de Ciudad Rodrigo, punto estratégico en el camino de España hacia Portugal por Salamanca. Masséna dejó una pequeña guarnición en la fortaleza portuguesa de Almeida. La combinación del duro invierno en Torres Vedras, las privaciones y la apresurada retirada destruyeron prácticamente la capacidad combativa del ejército de Masséna.

Al sur del río Tajo, la fortaleza portuguesa de Elvas y la española de Badajoz se asentaban sobre la ruta principal de Portugal a Madrid. Las operaciones francesas en esta área estaban bajo la responsabilidad de Soult, el cual también permanecía ocupado en otras partes (como por ejemplo el asedio de Cádiz). En enero de 1811 Soult aligeró las fuerzas ocupadas en Cádiz para disponer de una fuerza mayor con la que dirigirse a Badajoz. Como respuesta, las tropas españolas e inglesas intentaron romper el asedio de Cádiz dando lugar a la batalla de Chiclana, también llamada batalla de Barrosa, el 8 de marzo de 1811. La batalla se saldó con una derrota táctica francesa, pero no se consiguió explotarla de cara a levantar el asedio. Badajoz cayó el 10 de marzo de 1811 (supuestamente como resultado de una traición más que debido a las operaciones militares), y Soult volvió rápido a la zona de Sevilla para apoyar el asedio de Cádiz y prevenir cualquier repetición de los movimientos que dieron lugar a la batalla de Barrosa.

Las ciudades fortificadas eran particularmente importantes debido al pobre estado de las comunicaciones terrestres en la península ibérica, que dificultaban los movimientos y complicaban la logística necesaria para transportar y abastecer tropas de asedio.

Wellington comprendió que era necesario controlar las cuatro fortalezas mencionadas (Ciudad Rodrigo, Almeida, Elvas y Badajoz) para proteger a Portugal de una futura invasión y autorizó el movimiento del ejército anglo-portugués hacia España. Dividió sus fuerzas para intentar tomar simultáneamente Almeida y Badajoz. Un ejército de 20.000 hombres (10.000 de los cuales eran británicos) al mando de Beresford se destinaron al asedio de Badajoz mientras Wellington se dirigía con más o menos el doble de efectivos hacia Almeida.

Wellington no disponía de un tren de asedio, así que se limitó a bloquear Almeida manteniendo una fuerza de cobertura al este. El ataque de Masséna a esta posición se saldó con la derrota francesa en la batalla de Fuentes de Oñoro (a pocos kilómetros de Ciudad Rodrigo), el 5 de mayo de 1811. Como resultado de la misma, los franceses evacuaron Almeida el 11 de mayo. En uno de los episodios más humillantes de la historia del ejército británico, toda la guarnición de la plaza se escurrió entre las líneas de bloqueo sin perder un solo hombre y sin que se diese la alarma.

Mientras tanto, Beresford intentaba reunir una especie de tren de asedio con los cañones de la fortaleza de Elvas y comenzó las operaciones de asedio contra Badajoz el 8 de mayo de 1811. Soult se puso en marcha en socorro de la plaza con unos 24.000 hombres mientras, más al sur, el general Joaquín Blake desembarcaba en la provincia de Huelva con 8.000 españoles desde Cádiz en un destacable movimiento anfibio y se puso en marcha para unirse a Beresford. El ejército aliado avanzó a lo largo de la carretera Sevilla-Badajoz hacia La Albuera.

El Mariscal Soult intentaba estorbar la reunión del ejército aliado y trataba de llegar a tiempo para evitar que el ejército de Blake, que venía del sur, paralelo al eje de su marcha, pudiera incorporarse al resto de los aliados, para lo cual quería interceptarlo entre Almendral y La Albuera con un movimiento lateral.

Por su parte, el campo de batalla había sido elegido por Wellington, y como la reunión de los aliados no se efectuó hasta la noche del día 15, no dio tiempo a practicar obras de trincheras ni a preparar el campo, toda vez que los soldados venían rendidos por largas marchas.

El 15 de mayo, un destacamento de la caballería de Beresford de unos 2.500 jinetes fue expulsado de la orilla derecha del río Albuera con relativa facilidad por la caballería francesa. El brigadier británico Robert Long fue relevado del mando debido a este fracaso. A primeras horas del 16 de mayo de 1811 las fuerzas españolas de Blake y las anglo-portuguesas de Beresford se unieron (dato desconocido por Soult) y se desplegaron al sur de la posición.

Los ejércitos enfrentados

Beresford mandaba un ejército compuesto por la 2ª División (5.500 efectivos) del General William Stewart, la 4ª División (4.500) bajo el mando del general Lowry Cole, la División Portuguesa (4.800) del general John Hamilton, una Brigada portuguesa (1.400) del coronel Richard Collins y una Brigada de la King's German Legion (KLG)2 (1.100) a las órdenes del general Charles von Alten. El general William Lumley mandaba la caballería anglo-portuguesa compuesta por tres regimientos británicos (1.250) y 850 jinetes portugueses. Se disponía de dos baterías de artillería británicas, dos de la KGL y dos portuguesas bajo el mando de Alexander Dickson.

El ejército español, mandado por los generales Francisco Javier Castaños y Joaquín Blake, estaba compuesto por las divisiones de infantería de los generales Lardizábal (2.400), Ballesteros (3.500) y Zayas (4.900), la brigada independiente de Carlos de España (1.800), las brigadas de Caballería de Loy y Penne Villemur (1.900) y de dos baterías de artillería.

El ejército de Soult estaba formado por las divisiones de infantería de Jean-Baptiste Girard (4.200), Honoré Gazan (4.200), las potentes brigadas de Werlé (5.600) y Godinot (3.900), la división de dragones de Latour-Maubourg (2.800), caballería ligera adicional (1.200) y 48 piezas de artillería al mando de Ruty.

Despliegue

Beresford desplegó a sus tropas ocupando las alturas que se desarrollan desde La Albuera hacia el sur, teniendo detrás la ribera de Valdesevilla y delante la de Chicapierna, dando frente al camino de Sevilla. Situó el ala izquierda y el centro detrás del pueblo, siguiendo un arco que partía de la ribera de La Albuera y extendiendo el ala derecha por las alturas de las casillas de Gragera en dirección a Capela.

El centro de la línea de batalla aliada estaba formado por la División de Steward, en la que combatían también tropas portuguesas del teniente general A. Luiz Fonseca. El pueblo de La Albuera quedó ocupado por la brigada ligera de Charles von Alten, perteneciente a la KGL. A Alten se le encargó la tarea de mantener la defensa de los puentes, misión para la que estaría apoyado por la caballería portuguesa al mando de Olway, que formó a su retaguardia, así como por unas piezas artilleras, emplazadas detrás de la iglesia.

El ala izquierda la constituían la División portuguesa de Hamilton y la División de Cole, que llegaría al campo de batalla procedente del Sitio de Badajoz.

El ala derecha, dando frente al camino real de Sevilla, estaba formada por las tropas españolas bajo el mando de Blake. Se desplegó en primera línea a la división de Ballesteros y a continuación la de Lardizábal. Detrás se situó en segunda línea la división de Zayas. A las tropas de Blake se unieron las de Castaños, mandados por el general Carlos de España, que se situaron a sus flancos.

Al extremo del ala derecha se colocó la caballería española, también en dos líneas: la primera la de Castaños, al mando de Penne-Villemur, y la segunda la de Blake, a las órdenes del brigadier Loy y el coronel Manon.

Al extremo del ala izquierda se desplegó la caballería británica bajo el mando del general William Lumley.

Por último, de la División portuguesa de Hamilton se separó una brigada para formar la reserva del dispositivo aliado.
El plan de batalla

La intención de Beresford era caer sobre las avanzadas francesas que quisieran apoderarse de los dos puentes: el situado junto al pueblo, inmediato a la desembocadura del Chicapierna en el Nogales, y otro entonces existente aguas abajo. Para impedirlo, debía lanzar a la carga su caballería desde las lomas y batir el grueso del ejército enemigo en los llanos del Prado y la Dehesa que habían de cruzar para llegar al pueblo, teniendo asegurada una posible retirada, por Valverde de Leganés, hacia Portugal.

Sin embargo, Soult, que era un magnífico táctico, trastocó todo el plan aliado. Soult pensaba que Blake no había llegado aún al campo de batalla y se dispuso a cortarle el paso, colocándose en su ruta de concentración entre Almendral y La Albuera. Para ello concibió una finta seguida de una amplia maniobra de flanqueo en dirección sur, contra el ala derecha anglo-portuguesa para interponerse entre la posición de Beresford y la que pensaba que ocupaba Blake en ese momento.

Para llevar a cabo la finta, Soult ordenó al general Godinot que con su brigada y cinco escuadrones de caballería, al mando del general Briche, fingiera un ataque contra el pueblo. Mientras tanto él, con la mayor parte del ejército, atacaría por el sur, trabando una batalla en orden oblicuo que sorprendiera al dispositivo defensivo aliado, al propio tiempo que con su caballería envolvía por la espalda al enemigo, cortándole la retirada hacia Portugal.

Cuatro escuadrones de Ulanos (lanceros polacos) cruzaron el río Albuera. Los británicos respondieron desplegando dos escuadrones de dragones del 3º Dragoon Guards. El primer escuadrón fue dispersado por dos compañías polacas, pero el segundo contraatacó y forzó a los lanceros a retirarse de nuevo a la otra orilla.

El ataque de la brigada de Godinot a La Albuera a través del puente sobre el río homónimo, aunque concebido únicamente como una finta que fijase a los aliados mientras el grueso del ejército francés maniobraba hacia el flanco derecho aliado, estaba provocando numerosas bajas en el bando francés, cuyas tropas fueron sometidas a un continuo bombardeo por parte de la artillería portuguesa. A pesar de ello, Godinot expulsó a la brigada de Alten (KGL) del pueblo.

Los generales aliados, como se ha visto, esperaban un ataque frontal o sobre la izquierda de su línea, es decir, sobre los puentes, calculando que Soult pretendía abrirse paso hacia Badajoz directamente, y los hechos parecían confirmar que así sería gracias tanto a la maniobra de distracción iniciada por Godinot como al fuego de una batería de grueso calibre que empezó a cañonear La Albuera.

Sin embargo, un oficial de Zayas, Schépeler, que se encontraba desayunando junto a él mientras todos oteaban el sector donde avanzaban las tropas de Soult, dirigió su catalejo hacia el sur y, percibiendo entre el carrascal el brillo de las bayonetas francesas, exclamó: "De allí es de donde vienen: por allí atacan", haciendo volver a todos la cabeza en la dirección señalada. Blake le ordenó que galopara hacia la última colina de la loma y, desde allí, vio la cabeza de las columnas que descendían por el otro lado del Nogales. Volvió a galope e hizo señales a Zayas.

Los generales aliados todavía dudaban. El propio Beresford, al que le parecía muy temerario que Soult se arriesgara a perder el dominio del camino de Sevilla, cabalgó con Schepeler hacía la colina donde pudo comprobar la veracidad del informe.

La batalla, contrariamente a lo esperado, se iba a desarrollar en orden oblicuo, muy osado para los atacantes, de no ser dirigida, como en este caso, por un táctico eminente, y muy peligrosa para los atacados, que se veían obligados a descomponer su formación y cambiar de frente, con el peligro de ser envueltos y cortado el camino de retirada.
El ataque de flanco francés

Beresford se dispuso a redesplegar sus fuerzas para evitar un ataque de flanco. Toda el ala derecha tendría que girar adoptando un dispositivo de martillo para hacer frente a las divisiones de Girard y de Gazan que avanzaban apoyadas por la carga de la caballería de Latour-Maubourg sobre la extrema derecha del ejército aliado. Detrás de las divisiones de Girard y Gazan, se movía la reserva de infantería del general Werlé.

Se ordenó a las unidades españolas encararse hacia el sur. La 2ª División británica, desplegada tras La Albuera, fue reemplazada por la División Portuguesa de Hamilton y mandada hacia el sur donde se desplegó en escalón, es decir, algo retrasada, a la derecha de las tropas españolas. Con este redespliegue se pretendía extender el flanco derecho Aliado hacia el oeste. La 4ª División, bajo el mando de Cole, quedó en reserva. A pesar de las órdenes, Blake se negó a encarar sus tropas hacia la derecha porque estaba convencido de que el ataque principal francés sería sobre La Albuera en el centro. Sin embargo, por propia iniciativa, el general Zayas sí encaró sus batallones hacia el sur.

Cuando el V Cuerpo francés de Girard comenzó su ataque sobre el ala derecha aliada, sólo cuatro batallones de la División de Zayas estaban alineados para enfrentarse al mismo. Los flancos del V Cuerpo estaban cubiertos por artillería a caballo, la caballería francesa marchaba a la izquierda y los hombres de Werle detrás. La caballería francesa, a medida que progresaba su infantería, se iba abriendo a su izquierda para abarcar todo el campo español y dominar la vaguada del Valdesevilla, con la vista puesta en el camino de Valverde.

Entretanto, proseguía la inicial maniobra de distracción de Briche y Godinot, presionando sobre los puentes y cañoneando incesantemente al pueblo.

La línea española detiene el asalto de las columnas francesas

Los franceses quedaron sorprendidos cuando advirtieron que los españoles le oponían una línea frontal, por la rápida maniobra de martillo ejecutada por Zayas, con la cual no contaban.

Por otra parte, Soult se había confiado y dejó avanzar sólo a Girard con las dos divisiones, reteniendo junto a sí a Gazan, que, a la vez, era su jefe de Estado Mayor. Girard detuvo sus columnas para cambiar su formación, paralización que dejó sin apoyo a su caballería, permitiendo que a la española, muy inferior en número, la reforzara la anglo-portuguesa, de Lumley, que tomó el mando de toda el arma.

Tampoco supo Girard desplegar a las dos divisiones, constreñidas por la estrechez del campo en que se movía, teniendo que acudir personalmente Soult y Gazan. Sin embargo, su ataque fue violentísimo, secundado por una gran masa de artillería, que se había emplazado en las alturas que dividen la horquilla del Nogales y el Chicapierna. Se produjo un intenso tiroteo entre los franceses y los españoles al mando de Zayas, que lucharon tenazmente y resistieron el embate francés. El resultado de este primer asalto, en el que los hombres de Zayas y Ballesteros resistieron bravamente la acometida, se saldó con gran número de bajas por ambas partes y, batida la vanguardia francesa, que no logró imponer su masa, en la que siempre confiaban los imperiales, el paso a la formación en línea se efectuó con cierto desorden, pereciendo el general francés Pepin y quedando fuera de combate los generales Maranzon y Brayer. Después también había de caer herido el propio Gazan.

Contra todo pronóstico, la línea española se mantuvo firme e incluso forzó a la división de cabeza francesa a detenerse, resistiendo el primer ataque francés hasta la llegada de la infantería británica. El humo y la ansiedad del combate provocaron un episodio de "fuego amigo" cuando la infantería británica disparó contra las espaldas de sus aliados españoles haciendo que éstos recibiesen disparos de frente, por los franceses, y de espaldas por los británicos.

Por tanto, la División española bajo Zayas, a pesar de la superioridad numérica francesa, realizó un papel brillante, decisivo para la victoria aliada, arrojando un mortal fuego de mosquete sobre los 14.000 franceses que avanzaban hacia ellos mientras Beresford enviaba refuerzos.

La densa formación francesa fue destrozada por las descargas de mosquetería de las divisiones de Zayas, Houghton, Abercrombie y Cole. La artillería aliada causó aún más estragos que los mosquetes.

Las tropas de Zayas sufrieron un 30% de bajas, pero se mantuvieron firmes luchando hasta que se les ordenó retirarse para descansar y reabastecerse. Posiblemente la División de Zayas, compuesta por los regimentos de Reales Guardias Españolas y Reales Guardias Valonas, Irlanda, Legión Extranjera, Ciudad Real, Toledo y Patria, estaba entre las mejores del ejército español de la época. Según se expone en britishbattles.com, la actuación de los batallones de Zayas en la batalla de la Albuera «merece más reconocimiento del que recibe. La Guerra Peninsular es un evento de gran importancia en la tradición del ejército británico. Es una pena que mucha de esa tradición sea antiespañola más incluso que antifrancesa».
Los británicos cambiaron a su favor en los diarios de guerra lo que realmente pasó, ya que tuvieron muchos fallos en la batalla.

La línea española se vio muy comprometida y, al avanzar la brigada del general España, para cambiar de frente, azotada por el fuego de la gran batería francesa, hubo de ceder terreno, que Zayas se apresuró a ocupar con el regimiento de Irlanda.

La división de Stewart y una batería de la KGL se movieron para apoyar a los españoles de Zayas. Stewart ordenó a la brigada del teniente coronel John Colborne que se desplazara hacia la izquierda de la línea describiendo un arco de forma que pudiese disparar al flanco izquierdo de las columnas francesas.

Tomadas en un mortal fuego cruzado, las columnas francesas comenzaron a flaquear y Stewart ordenó una carga con la brigada de Colborne que venía en columnas de compañía de a tres, con el propósito de atacar la batería que tantos estragos estaba causando. Habría querido Colborne cambiar su formación a orden de batalla, pero la impaciencia imprudente de su general no se lo permitió y quedó expuesto a la carga de la caballería de La­tour-Maubourg que protegía la artillería francesa y de cuya existencia Stewart no se había apercibido.

Latour-Maubourg lanzó a sus lanceros polacos y al 10º regimiento de húsares contra Colborne. Tres regimientos británicos (3º, 2/48º y el 66º Regimiento de línea) quedaron expuestos en línea y de flanco, la peor formación posible, a la carga de la caballería francesa quedando, prácticamente, aniquilados. El cuarto regimiento de la brigada de Colborne (31º regimiento de línea) pudo formar a tiempo un cuadro de infantería que lo salvó de la destrucción a manos de los lanceros polacos y húsares franceses. Los ulanos capturaron cinco banderas regimentales y cinco cañones de la batería de la KGL.

A continuación los polacos se lanzaron a por la brigada de Carlos de España y a por el personal de Beresford, amenazando a la posición de Zayas por la espalda. Las divisiones de Lardizábal y Ballesteros escaparon del ataque. Zayas, meritoriamente, afrontó el nuevo asalto sin dejar de arrojar descargas de mosquetería sobre las tropas de Girard, una acción que muy probablemente salvó al ejército aliado de la destrucción.

El 29º regimiento de línea británico, perteneciente a la brigada de Houghton, abrió fuego sobre los dispersos lanceros polacos, por lo que gran parte de ese fuego fue a impactar contra los apretados batallones de Zayas.

Dos escuadrones del 4º regimiento de dragones británico se lanzaron contra los polacos, pero Latour-Maubourg envió a sus húsares a la refriega y forzó la retirada de los dragones. Las fuentes británicas afirman que los lanceros polacos rehusaron aceptar la rendición de la infantería y que deliberadamente alancearon a los heridos allí donde los encontraban. De cualquier modo, lo cierto es que de los 1.250 hombres que componían los tres primeros regimientos de la brigada de Colborne sólo la mitad fueron tomados prisioneros.

El ataque francés se dirigió ahora hacia la brigada de Houghton, perteneciente a la 2ª División británica y compuesta por los regimientos 29º, 1/48º y el 57º de línea. Había estallado un temporal y la niebla, el humo y el aguacero confundieron a los ingleses que creyeron que la caballería que se les venía encima era la española. El coronel Inglis, al mando del 57º de línea, fue herido de gravedad y, mientras lo retiraban del campo repetía: ¡Die hard!, ¡Die hard! (¡Morid peleando!).

La enérgica carga francesa los desbarató y se introdujo entre las líneas españolas, sufriendo ataques el propio general España y el oficial Schépeler. Algunos grupos de jinetes imperiales lograron llegar hasta el puesto de mando del general en jefe, Beresford, que estuvo a punto de ser derribado por la lanza de un polaco, al que mató un granadero de la escolta del general.

No obstante, a pesar de sufrir graves pérdidas, la brigada de Houghton mantuvo la posición.

En conjunto, la División de Stewart sufrió un 52% de bajas. La efectividad de los lanceros polacos hizo que el ejército británico convirtiese algunos regimientos de caballería en lanceros después de Waterloo.

El ataque de flanco de Soult fracasa

Envalentonado por la dura acción de su caballería contra los ingleses, Gazan se abrió paso con su división, acometiendo, siempre en columna y batiendo tambores, la línea española. El general Beresford pensó un momento en abandonar la loma, donde se mantenían las brigadas de Houghton y Abercromby, además de los restos de la brigada de Colborne, dado que a los hombres de Zayas se les había ordenado replegarse a segunda línea.

Para entonces, las tropas de Girard y Gazan se habían convertido en una masa ingobernable de muchas filas de profundidad. Generalmente, la infantería británica formada en línea de dos filas de profundidad podría haberse encargado en poco tiempo de la desorganizada masa de infantería francesa, dado que sólo las dos o tres primeras filas de las apretadas tropas francesas hubiesen podido responder al nutrido fuego británico, pero la artillería de apoyo francesa disparaba de flanco contra la delgada línea británica causando graves pérdidas, entre ellas, la de Houghton, que resultó muerto.

Hasta el momento la batalla no había ido del todo mal para los franceses. No obstante, Soult, ya apercibido de que las fuerzas anglo-portuguesas de Beresford se habían reunido con las españolas de Blake, se mostró reacio a empeñar sus últimas reservas para asegurar la victoria.

Con la incapacidad de Soult para actuar decisivamente y la negativa de ambos bandos a abandonar el campo, la mutua carnicería continuaba.

Beresford, que había escapado por los pelos del lancero polaco, parecía haberse olvidado de la 4ª División de Cole que se mantenía en reserva, pero el coronel Harding rogó a su superior, el general Cole, que se emplease la división bajo su mando en la batalla, a sabiendas de los riesgos que ello suponía para una eventual retirada.

Así se hizo, y la entrada en línea de la 4ª División de Cole, avanzando desde el puesto de reserva hacia la extrema derecha para impedir que la caballería enemiga rompiera la línea aliada, supuso un refuerzo decisivo que presentó un frente compacto contra los intentos franceses, convirtiendo definitivamente el ataque de flanco planteado por Soult en una batalla en línea.

Como respuesta Soult se vio obligado a apoyar su ataque con la propia reserva, mandada por el general Werlé, y destacó hacia su izquierda a dos batallones para oponerse a la división anglo-portuguesa de Cole que se extendía por aquel flanco. Pero como los españoles de Blake se habían mantenido firmes, los 4.000 hombres de refresco de Cole pudieron imponer la iniciativa.

Los hombres de Cole, formados en línea de dos filas con cuadros de infantería en ambos flancos, integrados por las fuerzas convergentes de las compañías ligeras británicas y portuguesas (Loyal Lusitanian Legion) repelieron una carga masiva de dragones franceses y ulanos polacos.

Posteriormente, durante unos 20 minutos, mantuvieron un intercambio de fuego de mosquetería con las tropas de Werlé. Los franceses persistían en sus ataques en masa, de gran efecto moral y arrollador, pero de escasa potencia de fuego, sólo vomitado por la cabeza de la columna, sufriendo en cambio el de los aliados, desplegados en orden abierto, que graneaban a los atacantes. El general portugués Sousa Sequeira, que asistió a la batalla siendo alférez, comentó que "los muertos franceses yacían tendidos en tierra, continuando la formación que mantuvieron en vida".

La infantería francesa, duramente castigada a lo largo de toda la jornada, iba agotando su capacidad de combate cuando los británicos lanzaron una carga a bayoneta. Una vez dada cuenta de la brigada de Werlé, los hombres de Cole cayeron sobre el flanco del V Cuerpo francés.

La brigada del teniente coronel Myer y la brigada portuguesa del general Harvey se distinguieron especialmente en esta jornada. Ambas brigadas resistieron el empuje de la caballería polaca, a cuyos escuadrones lograron diezmar.

Desde aquel momento, las columnas francesas empezaron a perder terreno, retrocediendo al abrigo de su reserva y de la gran batería artillera, dirigida con enorme eficacia por el general Ruty. Cuando el jefe de la reserva francesa, general Werlé, cayó muerto en un intento de reacción, se inició una disciplinada retirada, que no se desmoralizó gracias a la experiencia y acierto de Latour-­Maubourg, que seguía imponiendo respeto a los aliados con sus jinetes, y a la sangre fría de Ruty, que repasó ordenadamente con sus piezas el curso del río Nogales. Al final, los franceses abandonaron la lucha terminando con el mortal encuentro.

Resultados

La batalla terminó con un resultado indeciso después de un baño de sangre. La caballería polaca de Soult había destruido toda una brigada británica. Los españoles habían repelido uno de los mayores ataques de infantería de la guerra causando graves pérdidas a los franceses. Los franceses admitieron bajas cifradas en 6.000 hombres, aunque probablemente estarían entre los 7.000 y 8.000. Los británicos perdieron 4.100, los portugueses 400 y los españoles 1.400 hombres. Ambos bandos se atribuyeron la victoria.

Beresford ganó la batalla pero su desarrollo táctico se considera tan lamentable que se dice que fue el responsable del gran número de víctimas, si bien la victoria es imputable a los demás mandos que integraban el ejército aliado. Los generales españoles desempeñaron un buen papel, especialmente Zayas, a quien les cabe gran parte del mérito en la victoria.

Consecuencias


El resultado de la batalla tuvo poco efecto en el curso general de la guerra. Generalmente se acepta que se trató de una costosa victoria táctica aliada de la que no se pudo o se supo sacar partido a nivel estratégico.

Beresford no supo explotar el éxito y no volvió a sitiar la ciudad de Badajoz, ocupada por tropas francesas. Se ciñó a mantener a distancia el bloqueo de la ciudad. Soult tampoco pudo cumplir su propósito de socorrer a la guarnición francesa de Badajoz. Permaneció en sus posiciones al día siguiente, sin que ninguno de los ejércitos que se observaban, se atreviera a reanudar la lucha, quizá por el mutuo quebranto sufrido.

El 18 de mayo, el mariscal Soult inició la vuelta hacia Andalucía, de donde había partido, sin ser estorbado. Llevaba la protección muy eficaz de su caballería. La caballería española, mandada por Penne-Villemur, hostigaba su retaguardia pero poco más hizo que capturar a algunos rezagados. El mariscal Soult se quedó en Llerena y el resto del ejército en Villagarcía y Usagre.

El asedio de Badajoz, por parte de las tropas de Beresford, se tuvo que abandonar posteriormente cuando las fuerzas del mariscal Marmont se unieron a las de Soult.

Tuvieron que pasar diez meses de la batalla de La Albuera para que, el 16 de marzo de 1812, tropas anglo-portuguesas al mando de Wellington se presentaran ante las puertas de Badajoz, que tomaron al asalto en la noche del 6 al 7 de abril de 1812 en la batalla de Badajoz.

Tropas que intervinieron

Bajo el mando de Soult se encontraba el 591º Regimiento de lanceros polacos (Ulanos) menos un escuadrón y un regimiento de Granaderos formado a partir de dos compañías de granaderos extraídas de cada uno de los cuatro regimientos de infantería del Ducado de Varsovia. El regimiento de granaderos así formado fue puesto bajo el mando del Coronel Varrere.
La King´s German Legion (Legión Alemana del Rey) eran tropas formadas por alemanes leales al elector de Hannover y soberano del Reino Unido, Jorge III. Fue formada por los británicos tras la ocupación francesa de Hannover y la deposición del legítimo elector. Durante las guerras napoleónicas, Hannover fue ocupado por los franceses y arrebatado a los reyes británicos, en guerra con Francia; su territorio fue primero cedido a Prusia (1806) y luego repartido entre el propio Imperio Francés y el nuevo Reino de Westfalia (1807). El congreso de Viena (1815) devolvió la independencia a Hannover, rectificando algunas de sus fronteras, elevándolo a la categoría de reino y devolviéndoselo a Jorge III, rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y, simultáneamente, duque de Brünswick-Luneburgo y Elector de Hannover.
Actuación de los batallones de Zayas en la Batalla de la Albuera, según britishbattles.com.
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Desde aquel día, los hombres del 57º regimiento, que actualmente se llama Middlessex, son conocidos como los «diehard» en recuerdo de la más sangrienta de las batallas que ha librado su unidad.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.


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