HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

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Brasilla
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 21:07

D. FRANCISCO JAVIER WINTHUYSEN Y PINEDA


El día 11 de noviembre DE 1757, con tan solo diez años, sienta plaza de guardiamarina.

1759
Dos años después realiza su primera salida a la mar a bordo del Dichoso de la escuadra de veinte navíos y seis jabeques, que trajo a España desde Nápoles al nuevo monarca Carlos III.

1760
Su padre es promovido a Jefe de Escuadra.
Se le ordena transbordar al navío Oriente con el que llega a Cádiz. Después a bordo del navío Héctor transporta tropas a las plazas del Norte de África, y lleva caudales a Nápoles, regresa Cádiz y se dedica a la protección de nuestras naves de Indias en las costas atlánticas de la Península.

1763
Embarcado en el navío Fénix, insignia del General Carlos Reggio.

1765
Zarpa de Cádiz a bordo del navío España, capitana de la una de las últimas Flotas de Nueva España a cargo del general Agustín de Idiáquez, que junto al navío almiranta y 12 barcos mercantes se dirige al Caribe. Llevaban a bordo más de 8 mil toneladas de géneros y artículos, que tras tres meses de navegación descargan en Veracruz. Una vez llenadas las bodegas con las mercancías americanas y más de 16 mil pesos fuertes, inicia el viaje de regreso desde La Habana hasta Cádiz.
Una vez que alcanza los grados de alférez y teniente de navío, participa en dos de las grandes expediciones que en el siglo XVIII son enviadas para abrir la nueva ruta de navegación hacia las islas Filipinas y el Pacífico.

1766
Por R.O. de 13 de febrero es promovido al empleo de alférez de fragata.
Había estado más de ocho años de guardiamarina… pero solamente tenía 18 años de edad.

1767
Por R.O. de 17 de septiembre recibe el grado de alférez de navío.

1769
A bordo del navío Santa Isabel, realizando misiones de guardacostas por el mar Cantábrico.

1770
A bordo del navío Santo Domingo, realizando misiones de guardacostas en Galicia.

1771
Winthuysen parte de Cádiz a bordo de la fragata Palas, comandada por el capitán Ignacio Mendizábal, que recibe la orden de ir a visitar las posesiones españolas de Filipinas y las islas Marianas, siguiendo en su navegación el nuevo derrotero por el Cabo de Buena Esperanza y el Índico. Por R.O. de 13 de enero es ascendido al grado de teniente de fragata.

1772
En agosto regresa a su cuartel general en Cádiz, vuelve a hacerse a la mar, esta vez en la fragata Industria, que transporta un cargamento de azogue con destino al puerto peruano del Callao.
Por sus brillantes actuaciones se le nombra Mayor general del capitán de Navío D. Baltasar Hidalgo de Cisneros comandante de la escuadra del Pacífico.

1774
Por R.O. de 28 de abril es ascendido a teniente de navío.
Poco después, de nuevo participa en la más brillante de las expediciones que en estos años examinan la nueva ruta hacia Filipinas: embarca en la fragata Venus, comandada por Juan de Lángara, para realizar el transporte de soldados y armamentos a Manila. El navío leva anclas en la bahía de Cádiz para poner proa a las islas Canarias y Cabo Verde, para desde aquí abrirse hacia poniente en el Atlántico sur hasta llegar cerca de las aguas que bañan el continente americano, y posteriormente rumbear hacia el cabo de Buena Esperanza, donde recalan dos meses después de la partida. Fondean en la bahía de la Tabla para aprovisionarse de agua dulce y leña para el fogón. Estando en este lugar consiguen hacerse con unos almanaques náuticos que contenían las tablas de distancias lunares a las estrellas zodiacales, tablas que les serían muy útiles para poder perfeccionar las observaciones astronómicas llevadas a cabo mediante la medición de la distancia de la luna a una estrella determinada. Y es aquí donde viene el gran éxito de esta expedición, ya que es una de las primeras veces que un navío de alto bordo consigue conocer la longitud en que se encontraba con este método de observación astral. Ya en el Pacífico navegan siempre acompañados de vientos contrarios hasta alcanzar la isla de Java y posteriormente la ciudad de Manila. Siete meses de travesía les han llevado hasta este tan lejano puerto, donde dan fondo con otra añadida satisfacción, no llevaban a bordo ni un solo hombre aquejado del mal del escorbuto, lo que habla muy claro de la experiencia médica que habían acumulado los marinos españoles a lo largo de cerca de tres siglos de navegaciones transoceánicas.

1776
A su regreso a Cádiz, se le nombra Alférez de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz.
El 13 de agosto se determina que existan, además de la compañía de guardiamarinas de Cádiz, otras dos… una en Ferrol y otra en Cartagena. Estarían dirigidas por capitanes de navío y estarían subordinadas a la de Cádiz, que venía siendo mandada por un Jefe de Escuadra.

1777
El 25 de febrero se dispone que 120 guardiamarinas formaran la primera promoción de las dos nuevas Academias. Los 60 de Ferrol embarcan en Cádiz, en el navío San Miguel, que estaba mando por Francisco Javier Winthuysen Pineda, y los 60 de Cartagena a cargo de Francisco de Mazarredo, en los navíos San Eugenio y Vencedor...

1778
Siendo teniente de navío, se le confía el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando una misión reservada en las islas Canarias, el gobierno, satisfecho del resultado, el 23 de marzo le promueve al empleo de Capitán de fragata.

1779
Se le confiere el mando de la fragata Escolástica, en marzo.

1780
En marzo por R.O. del día 22 se le confiere nuevamente el mando de la fragata Santa Leocadia, realizando labores de guardacostas por el mar Cantábrico en unión de dos fragatas francesas, también bajo su mando.

1781
En misión a las Azores y Cartagena de Indias, se “topa” con la escuadra del Almirante Darby… El día 1º de Mayo tuvo lugar un enfrentamiento naval, a unas 200 millas del puerto de Brest, entre la fragata de la Real Armada Española “Santa Leocadia”, botada en Ferrol en 1777, de porte de 34 cañones, mandada por el capitán de fragata Francisco Javier de Winthuyssen y Pineda, y el HMS Canada, de porte de 74 cañones, al mando del capitán Collier.
Tras una hora y media de combate, con 80 españoles muertos y 106 heridos, incluido el capitán que había perdido el brazo derecho, la fragata española fue apresada y conducida al puerto britanico de Cork.

Tras ser operado y llevado a Portsmouth, el capitán Winthuyssen fue liberado, bajo palabra de honor de no enfrentar sus armas contra los ingleses, que lógicamente nunca cumplió.

A su regreso a Cádiz, y tras el oportuno consejo de guerra, en el que fue absuelto, por R.O. de 15 de septiembre fue ascendido a capitán de navío… acababa de cumplir 34 años de edad.

1782
En abril se le confiere el mando del navío de línea Terrible, participando en la escuadra de D. Luis de Córdova en el Canal de la Mancha.
En septiembre participa en el Sitio de Gibraltar, interviene en el rescate de una batería flotante, recibe un tiro de fusil en la espalda.
En el mes de octubre al mando de su navío, en la escuadra de D. Luis de Cordova, participa en la batalla de Cabo Espartel contra la escuadra británica del almirante Howe.
En diciembre entrega el mando de su navío, queda desembarcado en Cádiz.
Su hermano Pedro es promovido a Capitán de Navío.

1783-1784
En septiembre obtiene el mando del navío de línea San Pascual, que formaba división con el navío Triunfante y el bergantín Infante, mandados todos ellos por el brigadier D. Gabriel Aristizábal y Espinosa, realizando un viaje al Mediterráneo Oriental, cruzaron los Dardanelos, fondeando en Constantinopla y realizando una comisión de Estado.

En agosto de 1783 se dieron las órdenes para el apresto de una escuadra con destino a Constantinopla puesta al mando del brigadier Gabriel de Aristizábal y Espinosa, con motivo del tratado de paz entre la corona española y el Imperio otomano, y para trasladar a bordo al embajador español Juan de Bouligny. Los buques asignados fueron:

ü Triunfante, al mando del capitán de navío Sebastián Ruiz de Apodaca,
ü San Pascual, al mando del capitán de navío Francisco Javier Winthuysen,
ü bergantín Infante, al mando del teniente de navío Juan María de Villavicencio.

1785
Cumplida la misión, desembarca en el mes de mayo en Cartagena y en junio Francisco Javier Winthuyssen y su cuñado Sebastián Ruiz de Apodaca son promovidos al empleo de brigadieres de la Real Armada.

1786
El 25 de julio es nombrado jefe interino de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz.

1787
Nombrado en enero Mayor general interino de la Armada con retención de su puesto actual.
En agosto cesa en las dos comisiones y es nombrado, en comisión., Inspector y Visitador de los Colegios de San Telmo en Sevilla y Málaga, para la formación de sus ordenanzas, planes de estudio; cumple en seis meses a satisfacción del gobierno; regresa a Cádiz.

1789-1794
El 1º de noviembre de 1791 S.M. le nombra Comandante general del Cuerpo de Pilotos de la Armada, con la misión de la personal inspección de sus escuelas, planes de estudio, métodos de admisión de alumnos, etc.
Realizó una extraordinaria labor y estableció Escuelas Náuticas en algunos lugares que carecían de ellas.

En 1792, consumido su patrimonio, acude en solicitud de ayuda a S.M. y solicita alguna gracia, con toda humildad; recibió la encomienda del Corral de Caracuel en la Orden de Calatrava (renta anual de 15.800 rs. de vellón) y S.M. encargó se le tuviese en cuenta para ascenso.

El día 11 de noviembre de 1792, es promovido al empleo de Jefe de Escuadra.

Continúa ejerciendo la Comandancia general de Pilotos de la Armada.

1795
Es destinado de general subalterno en la escuadra del Mar Océano, arbolando su insignia en el navío de tres puentes San José; en octubre pasa al Mediterráneo, hasta la Paz de Basilea.

1797
Batalla Cabo de San Vicente que tiene lugar el día 14 de febrero.

La flota inglesa estaba al mando del almirante John Jervis con 22 navíos de línea, la española era comandada por su contraparte José Córdoba y Ramos con 27 barcos; el segundo jefe de la escuadra española era el teniente general Francisco Javier Morales de los Ríos y Pineda que era consuegro de Winthuysen.
Los españoles tenían una ventaja en el número de barcos y cañones, pero los ingleses contaban con dotaciones más completas, y de marinos y oficiales mejor adiestrados.
Muere en el combate, cuando una bala de cañón le segó las piernas, enarbolaba su insignia en el navío de línea San José (tres puentes, de porte de 112 cañones), que estaba comandado por el Brigadier D. Pedro de Pineda, que fue abordado por el propio Nelson, que dicen que retiró la espada de la mano crispada de Winthuyssen que todavía la atenazaba.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 21:16

D. ANTONIO YEPES ARRIGORRI

ANTONIO YEPES ARRIGORRI
Sevilla 1748 - Combate Cabo San Vicente 1797

Brigadier de la Real Armada española, muerto al mando del navío "Salvador del Mundo" (botado en Ferrol en 1787, tres puentes, de porte de 112 cañones).

Fue hijo de D. Joaquín de Yepes Andrade y de Dª. Bárbara de Arrigorri y Herrera, los cuales tuvieron tres hijos, Antonio (brigadier), Francisco (capitán de navío, Mayor General del Dpto. de Cádiz), y María Teresa.

CRONOLOGÍA
Guardiamarina (1766); Alférez de Fragata (1769); Alférez de navío (1773); Teniente de fragata (1776); Teniente de navío (1778); Capitán de Fragata (Mercurio histórico y político. 10/1783), participa en dos expediciones contra la plaza de Argel en la escuadra de D. Antonio Barceló.(1783-1784); al mando de la fragata Santa Catalina (botada en La Habana 1780, de porte de 34 cañones), desarmada en el puerto de Cartagena (1786); ascendido a Capitán de Navío (Mercurio de España. 1/1792); Toma y evacuación de Tolón con la escuadra de Lángara y la inglesa de Hood.( 1793); Mayor general de la escuadra de Gravina participa en la defensa de Rosas; asume el mando de las fuerzas sutiles de la escuadra. (1794); al empleo de Brigadier ha promovido S.M. al Capitán de Navío D. Antonio Yepes Arrigorri, Mayor General de la escuadra. (Mercurio de España. 2/1795), en julio se firma la Paz de Basilea; a finales del mes abril, se le confiere el mando del tres puentes Salvador del Mundo, en la escuadra de D. José de Córdoba (1796)
1797
Batalla de Cabo San Vicente contra la escuadra del Almirante John Jervis, su barco es de los peor parados y el muere al impactarle en el pecho una bala de cañón.

Sus restos están... en el fondo del mar.

Gloria a los que dieron su vida por España :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 21:21

D. TOMAS GERALDINO GERALDINO Brigadier de la Real Armada Española

TOMÁS GERALDINO GERALDINO
Jerez 1754 - Combate Cabo San Vicente 1805.

Brigadier de la Real Armada Española, muerto al mando del navío San Nicolás de Bari (Botado en Cartagena en 1769, dos puentes, de porte de 80 cañones) en el combate naval de Cabo de San Vicente (1797).

Era hijo de Francisco Geraldino Barreda y de su esposa Isabel Geraldino Comins.
Era nieto por línea paterna de Tomás Geraldino “Sir Thomas Fitzgerald” (Jerez de la Frontera, 1682 - Jerez de la Frontera, 1755), diplomático, embajador y ministro plenipotenciario en Londres, político y financiero, que era hijo de Jorge GERALDINO y de María TRAY, casado en 1703 con Micaela Barreda López (Jerez de la Frontera 1683), que era hija de José BARREDA, viticultor y de Isabel LÓPEZ. Tuvieron 4 hijos (Teresa, Francisco, Miguel José y Josefa).

El nombre de Las Angustias también evoca al olor de incienso y el cristalino sonido de las voces infantiles que acompañan cada Domingo de Ramos a su reina dolorosa, moradora del templo de Las Angustias. Al resguardo de sus silenciosas paredes, reposan los restos mortales de una de esas personalidades jerezanas que el tiempo ha cubierto de olvido, como fue Thomas Fitzgerald, que el pueblo de Jerez rebautizó como Tomás Geraldino, por la dificultad que entrañaba la pronunciación de su apellido, según remarca el historiador José Luis Jiménez. Embajador y ministro plenipotenciario de España ante el Reino Unido entre 1734 y 1739, este irlandés de nacimiento sufragó de su bolsillo el crucero de la iglesia, además realizar obras de urbanismo en la ciudad. Junto a él, descansan para la eternidad los restos de su hijo Francisco, que fue hermano mayor de Las Angustias. Su nieto Tomás Geraldino no tuvo tanta suerte, al desaparecer en el mar en la Batalla de San Vicente.

CRONOLOGÍA

Sienta plaza de guardiamarina en Cádiz en 1770; tras dos años de navegación es nombrado alférez de fragata en 1773; continúa en la misma misión en las costas africanas, durante casi tres años, embarcado en el paquebote Guarnizo, alferez de navío 1776; teniente de navío en 1780, tras haber participado en diversas campañas por el canal de la Mancha con la escuadra de D. Miguel Gastón, y el Cantábrico con la escuadra de D. Ignacio Ponte; Capìtán de fragata en 1781; participa en el sitio de Gibraltar como Mayor General de la División de D. Antonio Barceló que operaba desde Algeciras, en septiembre de 1782 participa como segundo comandante de la batería flotante Príncipe Carlos (porte de 7 cañones), la cual fue incendiada, siendo el último en abandonarla, por el valor demostrado fue promovido a capitán de navío en diciembre de 1782; destinado a la escuadra de D. Juan de Lángara, al finalizar la guerra se le confiere el mando del navío San Fernando y regresa a Ferrol, más tarde transborda al San Sebastián de la escuadra de D. José de Córdoba realizando varios misiones por el Atlántico y Mediterráneo; en 1790 inventa un sistema para poder potabilizar el agua de mar, intentando solucionar el gran problema de los buques, este sistema aunque imperfecto se instaló en todos los buques de la Real Armada; este año de 1790 se le entrega el mando de la fragata Liebre, viaja al puerto del Callao y desempeña el cargo de jefe de las fuerzas navales a las órdenes del Virrey del Perú, protegiendo el tráfico marítimo desde Panamá hasta Chile; vuelve a la Península en 1794 y se le pone al mando del Arsenal del Ferrol; es ascendido a Brigadier en 1795; al año siguiente, en 1796, se le entrega el mando del navío San Nicolás de Bari, perteneciente a la escuadra del Mediterráneo a las órdenes del general Lángara.

1797
Como es sabido, el 14 de febrero, a la altura del Cabo de San Vicente, frente a la costa portuguesa, se encontraron los españoles y los ingleses....
La flota inglesa estaba al mando del almirante John Jervis con 22 navíos de línea, la española era comandada por su contraparte José Córdoba y Ramos con 27 barcos; los españoles tenían una ventaja en el número de barcos y cañones, pero los ingleses contaban con dotaciones más completas, y de marinos y oficiales mejor adiestrados.
El segundo jefe de la escuadra española era el teniente general Francisco Javier Morales de los Ríos y Pineda que era consuegro del jefe de escuadra Winthuysen, que izaba su insignia en el navío de línea San José (tres puentes, de porte de 112 cañones), que estaba comandado por el Brigadier D. Pedro de Pineda.
El brigadier Tomás Geraldino comandaba el navío San Nicolás de Bari (de porte de 80 cañones); se desencadena el combate...

Ambos navíos, el San Nicolás y el San José son machacados por los cañones de los navíos ingleses que ayudaron al "Captain" y que fueron los "Excellent" "Culloden" "Blenhein" y "Principe George", a consecuencia de su estado colisionaron y quedaron con las velas enredadas e inservibles... el comodoro cuya insignia ondeaba en el navío inglés "Captain", también casi destrozado, que se llamaba Horacio Nelson, abordó ambos barcos... y se llevó toda la gloria.

Nunca ha sido el Almirante Nelson santo de mi devoción, aún reconociendo sus numerosos méritos... estoy convencido que es debido a que siempre nos ganaba..., de todas maneras hay que reconocer que el pintor Stanfield se pasaba un poco en la mitificación... mira que pintarlo haciendo un abordaje como marinero cualquiera...

Lo cierto es que un excelente jefe de escuadra, Winthuysen, había muerto destrozado por una bala de cañón, y un excelente brigadier, Geraldino, había sido atravesado por una bayoneta...

Los restos de Geraldino también reposan ... en el fondo del mar.

Gloria a los que dieron su vida por España :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
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Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 21:30

D. JUAN MARTIN DIEZ El Empecinado

uan Martín Díez (1775–1825), "el Empecinado", fue un militar y líder guerrillero durante la Guerra de la Independencia en España. Organizó una partida de guerrilleros compuesta por amigos y miembros de su familia. Al principio, su lugar de acción estaba en la ruta entre Madrid y Burgos. Más tarde combatió con el ejército español en el puente de Cabezón de Pisuerga y en Medina de Rioseco. Fueron estas batallas perdidas y en campo abierto las que le hicieron pensar que obtendría mejores resultados con el sistema de guerrillas, y así comenzó con éxito sus acciones bélicas en Aranda del Duero, Sepúlveda, Pedraza y toda la cuenca del río Duero.

En 1809 fue nombrado capitán de caballería. En la primavera de ese mismo año su campo de acción se extiendía por las sierras de Gredos, Ávila y Salamanca, para seguir después por las provincias de Cuenca y Guadalajara. El cometido principal de estas guerrillas era dañar las líneas de comunicación y suministro del ejército francés, interceptando correos y mensajes del enemigo y apresando convoyes de víveres, dinero, armas, etc. El daño que se hizo al ejército de Napoleón fue considerable, de tal manera que nombraron al general Joseph Leopold Hugo como "perseguidor en exclusiva" de Juan Martín Díez y sus gentes. El general francés, después de intentar su captura sin conseguirlo, optó por detener a la madre del guerrillero y a algún familiar más. La reacción del guerrillero español fue endurecer las acciones bélicas y amenazar con el fusilamiento de cien soldados franceses prisioneros. Tras esto, su madre y los demás prisioneros fueron puestos en libertad.

En 1813 ayudó en la defensa de la ciudad de Alcalá de Henares y en el puente de Zulema venció a un grupo de franceses que le doblaban en número. Más tarde, Fernando VII daría su consentimiento para que la ciudad de Alcalá levantara una pirámide conmemorativa de esta victoria. Sin embargo, enn 1823 este mismo rey ordenó su destrucción por ser símbolo de un "liberal", aunque en 1879 los alcalaínos volvieron a levantar otro monumento en honor a "el Empecinado", al que percibían como su liberador.

Gloria a quienes dieron todo por España :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
Marco Tulio Cicerón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 21:40

D. PABLO MORILLO Y MORILLO

Pablo Morillo y Morillo (1775–1837), teniente general de los Ejércitos de España, conde de Cartagena y marqués de La Puerta, conocido co- mo "el Pacificador", fue un militar y marino de gran reputación.

Durante su estancia en la Real Armada Española participó en distintos combates, entre los que destacan la batalla del Cabo de San Vicente y la de Trafalgar. Durante su etapa en el Ejército de España es conocido por su participación en las guerras de independencia de Venezuela y Colombia como Jefe de la Expedición encargada de sofocar la revolu- ción. Destacan la toma de Cartagena de Indias y las posteriores accio- nes militares, que llevaron a la caída de las Provincias Unidas de Nue- va Granada y el restablecimiento del virreinato. En Venezuela consiguió detener el avance de Bolívar hacia Caracas tras vencerle en la batalla de La Puerta.

También destacó en la Guerra de Independencia española en batallas tan decisivas como la de Bailén, la primera derrota napoleónica, la de Pontesampaio, donde fue el encargado de dirigir al ejército que derro- tó al Mariscal Ney y obligó al ejército francés a abandonar Galicia, o la de Vitoria, que forzó la retirada de las tropas francesas de España.

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 30 Ene 2016 23:26

Excmo. Sr. D. Juan PRIM Y PRATS

Juan Prim nació en Reus el 6 de diciembre de 1814. Su padre fue el notario Pablo Prim y Estapé, a quien las circunstancias bélicas de la época llevaron a ser capitán en la primera legión catalana durante la Guerra de la Independencia y, años más tarde, jefe del batallón de Tiradores de Isabel II, en la primera guerra carlista. Su madre era Teresa Prats y Vilanova.

Su infancia y adolescencia las pasa en esta ciudad e indudablemente se vieron influidas por el fuerte carácter de su padre y su segunda profesión de militar, quien combatió a las partidas carlistas en las tierras catalanas.
Primera Guerra Carlista (1834-1840)

Ingresó en el ejército en 1834 de la mano de su padre, quien estaba al mando de una de las compañías que se enfrentaban a los carlistas —en la que el joven Prim, con sólo diecinueve años, se alistó como soldado— pero que murió al poco víctima de la epidemia de cólera que aquel año asoló al país.4 La compañía formaba parte del primer batallón isabelino de Cataluña, al mando del capitán general de Cataluña Manuel de Llauder y de Camins, entrando en combate el 7 de agosto de 1834.

Prim no tenía ninguna preparación militar ni procedía de la nobleza, por lo que sus comienzos en la milicia empezaron en los primeros peldaños. Como simple combatiente, desde el primer encuentro con los carlistas, demuestra una intrepidez y valor que le llevan al enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el enemigo, empezando a crearse a su alrededor una fama merecida al abatir a varios jefes de partidas. Pocos meses después cambiará su papel, al ser ascendido a oficial, momento a partir del cual, además de seguir dando muestras de valor personal, se convierte en conductor de hombres a los que arrastra al combate.

De esta forma, Prim fue ascendido a teniente el 2 de agosto de 1835, por las victorias obtenidas sobre partidas carlistas, durante la llamada Guerra de los siete años. Al frente de una compañía tomó Vilamajor del Vallés, localidad defendida por fuerzas carlistas superiores y donde resultó herido.

Durante los dos primeros años Prim comandó cuerpos de voluntarios, de milicianos nacionales que formaban el ejército de complemento, pero en 1838 fue ascendido a capitán "en comisión", lo que le permitió mandar tropas regulares.4 La toma de San Miguel de Serradell, donde capturó personalmente la bandera del cuarto batallón carlista de Cataluña, hizo que se le concediera la Cruz Laureada de San Fernando de primera clase. Seguidamente asaltó Solsona y logró escalar personalmente el fuerte abriendo las puertas, acción por la que fue ascendido a comandante.

Nuevas muestras de valor y arrojo extraordinarios eran objeto de comentario en todo el país; sus propios soldados le aclamaban. Por una acción extraordinaria en Ager se le ascendió a mayor de batallón y se le encargó el mando en la zona de la línea de Solsona-Castellvell, por la cual pasaban los convoyes de aprovisionamiento carlista. En los combates que sostuvo perdió varias veces el caballo y él mismo resultó herido más de una vez, ganando otra cruz de San Fernando y el grado de coronel.

Al terminar la guerra tenía 26 años, había tomado parte en 35 acciones, conseguido todos los grados en el campo de batalla y su nombre era ya un símbolo de valor.
El político liberal progresista (1841-1856)
Entrada en política

El Motín de La Granja de San Ildefonso (1836) que obligó a la regente María Cristina de Borbón a promulgar de nuevo la Constitución de 1812 fue el punto de no retorno de la Revolución liberal española, durante la cual los liberales se habían dividido en moderados y progresistas. En 1840 Prim se adhirió a estos últimos, que estaban dirigidos por José María Calatrava y Juan Álvarez Mendizábal. Según el historiador Josep M. Fradera en esta decisión, en un momento en que sus ideas políticas no estaban bien definidas, "pesó mucho su entorno local originario. Reus, [segunda ciudad de Cataluña por aquel entonces y] capital comercial de una zona de agricultura de secano, de vino y frutos secos, era una ciudad de absoluto predominio constitucional cuyo radicalismo se acentuaba por la cercanía, el cerco en ocasiones, de un mundo campesino y de pequeñas poblaciones que se levantaron repetidamente, del lado realista primero, y carlista después".4

En 1841 se presentó a diputado por la provincia de Tarragona y obtuvo el escaño. Como se había hecho la paz con los carlistas, los cuerpos voluntarios habían sido disueltos y se dudaba de que los grados de Prim le fueran reconocidos, pero su gran prestigio, superior al de cualquier otro contemporáneo, y el acta de diputado, facilitaron que fuera confirmado como coronel y además el regente Espartero le nombró Subinspector de Carabineros de Andalucía.

En este puesto consiguió evitar que los conservadores al mando de Ramón Narváez y partidarios de devolver la regencia a María Cristina, pudieran entrar en España por Gibraltar, y aunque O'Donnell, otro de los líderes conservadores, entró en el Norte hasta Pamplona, tuvo que retirarse.

No obstante Prim se enemistó con Espartero y su gobierno a los que acusó de favorecer los tejidos ingleses al no imponerles fuertes aranceles, lo que suponía la ruina de la industria textil catalana. Más tarde la sublevación de Barcelona, a la que se atribuyó en España tendencias separatistas, y el consiguiente bombardeo de la ciudad por Espartero, acabó de distanciar a ambos líderes.

Prim protestó en las Cortes por el trato dado a Barcelona en la sesión del 20 de noviembre de 1842 e inmediatamente se marchó a París para evitar las represalias del regente. Allí entró en contacto con los que desde exilio conspiraban contra Espartero y que giraban en torno de María Cristina de Borbón que había fijado allí su residencia desde que tuvo que abandonar España en 1840, y uno de cuyos puntales eran los militares de la Orden Militar Española, encabezada por los generales moderados Leopoldo O'Donnell y Ramón María Narváez. Al poco tiempo Prim regresó a España y volvió a ocupar su escaño en el Congreso de los Diputados, pero el 30 de mayo de 1843 encabezó un levantamiento en Reus contra el regente junto con Lorenzo Milans del Bosch que fue secundado en Barcelona. Sin embargo, las tropas leales a Espartero encabezadas por el general Martín Zurbano tomaron Reus y Prim huyó con quinientos hombres leales a Manresa donde se formó una "Junta Central". Mientras tanto los acontecimientos se precipitaron en el resto de España –el general Serrano desembarcó en Barcelona y el general Narváez en Valencia, confluyendo ambos en Madrid entre el 22 y el 24 de julio– y el regente Espartero se vio obligado a abandonar el país. La intervención de Prim en la caída de Espartero le valió los títulos de conde de Reus y vizconde del Bruch.5

Se cuenta que los reusenses increparon a Prim por haberles traído la agitación y consiguiente represión, y el coronel se dirigió a sus conciudadanos y les aseguró que allí mismo donde le increpaban le levantarían una estatua, cosa que resultó cierta pues el lugar es actualmente la plaza llamada «Prim» y contiene en el centro la estatua ecuestre del militar. En Barcelona, Prim se entrevistó con un emisario de la «Orden Militar Española», lo que le valió nuevos reproches, esta vez de los progresistas. Prim salió hacia la capital, pero los moderados desembarcaron en Valencia y salieron a marchas forzadas hacia Madrid. El general Narváez llegó a Madrid desde Valencia un día antes que Prim y, ascendido a teniente general, asumió la capitanía general de Madrid. No obstante Prim fue nombrado brigadier por Francisco Serrano, que en Barcelona había asumido la cartera de Guerra.
Represión de "la Jamància"

Tras la salida de Espartero de España, la "Junta Central" formada en Cataluña no se contentó con un simple cambio en la Jefatura del Estado sino que reclamó el respeto a los objetivos democráticos y de reforma social que habían motivado su insurrección contra el regente. La respuesta del gobierno de Madrid, formado por una coalición de moderados y progresistas, fue nombrar al general Prim gobernador de Barcelona para que acabara con la revuelta "radical" conocida como "la Jamància" que estalló a mediados de agosto de 1843 en Barcelona. Prim se enfrentó a la multitud pero tuvo que huir de la ciudad condal para recomponer sus tropas en los alrededores, mientras que otras ciudades catalanas como Sabadell, Gerona, Figueras y su ciudad natal Reus se sumaban a la insurrección –fuera de Cataluña también Zaragoza-. Prim sometió a un asedio terrible a la ciudad de Barcelona durante un mes –de principios de octubre a principios de noviembre– hasta que se rindió. En los meses siguientes fue tomando una a una las ciudades sublevadas: Gerona; Figueras, que no capituló hasta principios de 1844; y su ciudad Reus.6

Prim fue el hombre clave en el aplastamiento del movimiento, con episodios de encarnizamiento y crueldad que causaron un fuerte impacto en la opinión catalana... El militar pagó un precio muy alto por ello en sus relaciones con su Cataluña natal, con Reus y con la Barcelona progresista y democrática, con la Cataluña vencida del año 1843.7

Parece ser que fue en Barcelona donde pronunció su célebre frase «O caja o faja» (es decir, o la caja para el entierro, o recibir la faja de general), y combatió con energía contra los revolucionarios. Por estas acciones recibió de Serrano el fajín de general.

Poco después volvió a Madrid, pero los moderados lo enviaron como comandante militar a Ceuta, cargo que Prim rehusó, abandonando España. Cuando regresó de París, fue acusado de estar implicado en la llamada «conspiración de los trabucos» que trató de quitar la vida a Narváez y, aunque fue absuelto de los cargos de inducción al asesinato, fue condenado a seis años deportado en las Islas Marianas por conspiración. Finalmente fue confinado en Écija, desde donde marchó al extranjero.8 Según otras versiones empezó a cumplir la condena en el fuerte gaditano de San Sebastián, pero la madre de Prim consiguió que le fuera concedida gracia por Narváez y Prim pudo irse al extranjero.

Narváez dimitió por desacuerdos con el rey consorte y tras un breve gobierno de Istúriz se formó el gobierno de Joaquín Francisco Pacheco, que concedió una amnistía que le permitió a Prim volver a España en 1847. El Ministro de la Guerra, Fernández de Córdoba, amigo de Prim, lo nombró Capitán General de Puerto Rico, una forma hábil de alejarlo de Madrid. El cargo era una oportunidad para Prim pues se había quedado sin dinero y nada más llegar actuó como un virrey –a su madre le dijo «este será mi Reino»– por lo que impuso una dura represión prescindiendo de las instituciones de la colonia, como lo demostró el caso del bandido José Ignacio Ávila, el Águila, a quien puso en libertad y luego lo fusiló por haber faltado a su palabra de no fugarse y haberle robado el caballo para ello.9

En 1848 estalló en la colonia francesa de la isla de Martinica una revuelta de esclavos que pedían la abolición inmediata de la esclavitud, tal como la nueva Asamblea Nacional francesa había proclamado tras el triunfo de la Revolución de 1848. La noticia se extendió por todo el Caribe y Prim tomó una serie de medidas preventivas y promulgó un Código Negro en el que se establecían medidas represivas extremas contra los esclavos y en el que se denigraba desaforadamente a la "raza africana".10

El 2 de julio los que se sublevaban fueron los esclavos de la isla de Saint Croix, la pequeña colonia danesa muy cercana a Puerto Rico. Para sofocar la rebelión Prim envió tropas a la isla vecina, que actuaron con gran brutalidad –el cónsul británico de Puerto Rico informó a su gobierno que habían sido ejecutados cuarenta de los esclavos rebeldes–. Prim justificó la invasión como una media indispensable para proteger a Puerto Rico del contagio francés de la Martinica.11 Por esta acción recibió la condecoración danesa de la Orden de Dannebrog.

Pero el temido contagio se produjo y los dos líderes esclavos que supuestamente estaban preparando una sublevación en las plantaciones azucareras puertorriqueñas fueron fusilados para que sirvieran de escarmiento y el resto de los conjurados recibieron cien azotes. Una nueva supuesta tentativa de rebelión también fue reprimida brutalmente. Todos estos hechos condujeron a que fuera destituido de su cargo en septiembre de 1848 y que tuviera que regresar a la península.12 </ref>
De nuevo diputado: el defensor de los intereses de Cataluña

Prim se presentó candidato por varios distritos electorales catalanes en las siguientes elecciones y fue elegido por el de Vich, pero las Cortes fueron disueltas y se convocaron otras nuevas para el 31 de mayo de 1851. Prim volvió a presentarse por Vich, pero el gobierno, incómodo con su posición parlamentaria, le ofreció de nuevo el puesto de Capitán General de Puerto Rico, cargo que aceptó; tras las elecciones se anuló este nombramiento.

Prim se quedaba pues sin escaño y sin cargo, pero un diputado progresista que había obtenido su escaño por dos distritos y dejaba libre uno de ellos en Barcelona, ofreció apoyar a Prim para reemplazarlo. Desde que Prim reprimió la rebelión de la Jamancia no gozaba de simpatías en Barcelona, pero prometió rectificar sus errores, ser el campeón del liberalismo progresista, defender los derechos catalanes, especialmente los económicos, y erigirse en máximo defensor de las libertades ciudadanas; el pueblo le creyó y fue elegido, cumpliendo después la palabra dada al golpear con sus discursos de gran talento al gobierno, sin dejar pasar ninguna de las injusticias que se cometían en Cataluña.

Así pues, se convirtió en uno de los defensores del mundo catalán en Madrid. Esto lo demostró sobre todo abogando por una política proteccionista para el "trabajo nacional", es decir, para la industria, que esos momentos sólo existía en Cataluña, y criticando con gran dureza la política librecambista del gobierno, al mismo tiempo que reconocía sus errores en la represión de los partidarios de la Junta Central o "centralistas" de 1843. Esto fue lo que dijo en un discurso que pronunció en el Congreso de Diputados en noviembre de 1851:13

¿...será que se les guarda rencor [a los catalanes] por el mismo movimiento centralista? Si esto fuera así, ciertamente que mi suposición honraría poco al Gobierno, porque, en primer lugar, debíais haber sido más generosos con aquellos valientes que, después de todo, no hicieron más que exigir el cumplimiento de una palabra que se les había dado en momentos de peligro, por un poder que vosotros habíais reconocido. (...) ¿Hasta cuando hemos de ser tratados como esclavos... Somos o no somos españoles?

Cuando el ministerio de Juan Bravo Murillo disolvió las Cortes y empezó a gobernar por decreto hubo ciertos movimientos militares; por ello el gobierno, que consideraba sospechoso a Prim, expuso la conveniencia de que saliera del país por algún tiempo. Estando en Francia hubo nuevas elecciones y aunque sólo se autorizó el regreso de Prim cinco días antes de éstas, el general fue reelegido por Barcelona, encabezando la oposición en el Parlamento, pero poco después fue nuevamente disuelto y Prim salió de España hacia Francia (1853).
Turquía y el bienio progresista

Estando en París, donde empezó a cortejar a una rica heredera mexicana a pesar de la oposición de su madre, se inició la Guerra de Crimea y Prim consiguió que el ministro de la Guerra, el general Francisco Lersundi Hormaechea le nombrara jefe de la comisión militar que debía informar de las operaciones militares y de los aspectos políticos de aquel conflicto.

En el mismo 1853 desembarcó en Constantinopla y presenció entre otras acciones, el ataque de la isla de Tutrakan, aconsejando allí con gran acierto la colocación de la artillería.15 En 1854 regresó a Francia pero retornó enseguida al frente turco. El Sultán le concedió la condecoración de Medjidie y un sable de honor. Estando en Routschouck supo del victorioso pronunciamiento liberal progresista en España (la Vicalvarada) y regresó apresuradamente a España. O'Donnell y Espartero habían llegado a un acuerdo de colaboración para ejercer el poder, pero ninguno deseaba favorecer a Prim quien decidió presentarse como candidato para las cortes constituyentes. En las elecciones celebradas el 8 de noviembre de 1854, y comprendiendo que los demócratas (republicanos y socialistas) eran una fuerza en ascenso, recogió en sus promesas algunas de sus aspiraciones junto a las de los liberales progresistas. Prim fue elegido pero tuvo escasa intervención en las Cortes, donde destacaba la oratoria de Castelar, y finalmente renunció para ocupar la Capitanía General de Granada con la plaza aneja de Melilla, que estaba siendo periódicamente atacada por kábilas bereberes. Prim se desplazó a la ciudad, donde venció a los kabileños en Cabrerizas y en 1856 ascendió a Teniente General.

Poco después O’Donnell llegó al poder en sustitución de Espartero, quien había sido defendido por la Milicia Nacional al mando de Pascual Madoz, que fue derrotada y disuelta, y Prim cesó como capitán general de Granada. No obstante, el general O'Donnell pronto fue obligado a dimitir y la reina volvió a llamar a Narváez de quien esperaba que revocara la ley de desamortización de bienes eclesiásticos votada por las Cortes Constituyentes, como efectivamente hizo.
En la órbita de la "Unión Liberal" (1857-1862)
Retrato ecuestre de Prim, en Diario de un testigo de la guerra de África, 1859.

La noche del 11 al 12 de enero de 1857 Prim fue detenido acusado de haber alentado las insurrecciones que se habían producido en Barcelona, Valencia y Zaragoza contra el gobierno de Narváez.16 El consejo de guerra se demoró para evitar que se presentara a las nuevas elecciones y poco antes de éstas fue condenado a seis meses de castillo. La pena la cumplió en Alicante y le fue conmutada por destierro en la ciudad bajo palabra de no intentar escapar. A pesar de no poder hacer campaña fue elegido por una mayoría abrumadora por el distrito de Reus. No pudo tomar posesión, y pasados los seis meses el gobierno le concedió licencia para trasladarse a Vichy, en Francia. Narváez caía poco después y tras dos breves gobiernos volvió al poder O'Donnell con su partido recién creado llamado Unión Liberal en la que se integró Prim (1858) dejando temporalmente el Partido Progresista.

Por esta época se planteó la cuestión mexicana; había ciertas reclamaciones españolas pendientes desde la independencia y se habían producido algunos incidentes que costaron la vida a súbditos españoles: Prim se opuso a la guerra, y se le acusó de actuar así por haberse casado con una mexicana llamada Francisca Agüero González, emparentada con el ministro Echevarría, que pertenecía al gobierno de Benito Juárez en Veracruz (los conservadores tenían otro gobierno en la ciudad de México).

Otra cuestión candente era la de las cabilas que amenazaban Ceuta y Melilla, especialmente la de Anyera, que cometió ciertos actos hostiles en Ceuta. O'Donnell buscaba un enemigo exterior para distraer la atención de los problemas interiores, y se aprovechó de esta circunstancia. A pesar de que el Sultán de Marruecos se avino a dar satisfacciones a las reclamaciones españolas, el gobierno de O'Donnell declaró la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859.

O'Donnell ni llamó ni informó a Prim sobre los preparativos de la guerra de Marruecos pero después "recapacitó sobre lo peligroso que podía resultar dejar una figura política y militar de tanta proyección en Madrid" y lo nombró jefe de la división de reserva -mientras que los cuatro cuerpos de ejército los mandaban otros generales-.

Para O'Donnell se trataba de una guerra de prestigio para afianzar su gobierno de la Unión Liberal y por eso la presentó como una guerra de reparación de las afrentas sufridas en las plazas norteafricanas, a lo que la sociedad civil respondió con gran entusiasmo, incluida Cataluña, que organizó un batallón de voluntarios pagado por la Diputación Provincial de Barcelona y considerado como los "nuevos almogávares". Por su parte Prim supo aprovechar el apoyo catalán a la guerra para recuperar el prestigio perdido en Cataluña tras la represión de "la Jamància" quince años antes. Así, cuando el batallón de voluntarios catalanes desembarcó en Marruecos a principios de febrero de 1860 para incorporarse al segundo cuerpo de ejército que desde el mes anterior estaba bajo su mando, Prim les arengó en catalán, recordándoles que eran el orgullo de la patria. Prim y estos voluntarios a su mando tendrán un protagonismo decisivo en la toma de Tetuán, momento en el que Prim "alcanzó el punto más alto de su prestigio militar".

En la guerra de Marruecos Prim dio muestras de su valor con avances a pecho descubierto, en inferioridad numérica, en desventajosa posición y con embestidas cuerpo a cuerpo. Destacan los hechos de armas de Castillejos y Wad Ras (cuyos nombres serían años después otorgados a calles de su ciudad natal). Parece ser que Prim fue extraordinariamente sanguinario en Marruecos hasta el punto que durante muchos años se asustaba a los niños marroquíes con la frase «¡Que viene Prim!». Fue Prim quien decidió la suerte de la batalla de Cabo Negrón y en la Batalla de Tetuán alcanzó el campamento de Muley Abbas. Tras la firma de la Paz de Tetuán el 26 de abril de 1860, Prim volvió a España y desembarcó en Alicante, recorriendo el trayecto hasta Madrid en loor de multitud.

Pero Prim, en una operación política y de prestigio muy calculada, tardó cuatro meses en ir a Cataluña, mientras sus tropas de voluntarios catalanes eran agasajadas en todas partes. Cuando por fin llegó a Cataluña en septiembre de 1860 entró por la frontera francesa, después de haber pasado un tiempo en París y en el balneario de Vichy, y su recorrido por tierras catalanas se convirtió en un plebiscito hacia su persona. "De un plumazo barrió a los viejos adversarios, así como las antiguas reticencias, y se convirtió en el catalán más popular del siglo". El recibimiento fue apoteósico con arcos de triunfo, nombramientos de hijo adoptivo por diversas ciudades, sables de honor, etcétera. "Los teatros de Barcelona se llenaron con obras que exaltaban las gestas del ejército español en Marruecos, en las que los catalanes al mando de Prim habían jugado un papel tan destacado". El recorrido triunfal culminó en su ciudad natal, Reus, adonde llegó el 14 de octubre, que lo recibió como a su hijo más querido. "Cuando regresó a Madrid a fines de año, Prim ya no era un militar entre los que aspiraban a lo más alto. Estaba en la cumbre, era un héroe popular en el sentido más estricto, había recuperado la relación con sus paisanos".

La reina le otorgó el marquesado de los Castillejos con Grandeza de primera clase. Un grande de España que le hizo notar que eran iguales fue respondido por Prim que él solo era comparable a su antepasado que había ganado la grandeza. Poco después el gobierno nombró a Prim director del Cuerpo de Ingenieros.
La expedición a México y la ruptura con la "Unión Liberal"

Aprovechando que la doctrina Monroe estaba en suspenso a causa de que Estados Unidos estaba en plena guerra civil, en 1861 Francia y Gran Bretaña decidieron enviar un ejército a México para deponer al gobierno de Benito Juárez a causa de los supuestos agravios cometidos contra los súbditos de aquellos países, especialmente por su decisión de cancelar el pago de la deuda externa. A esta empresa se sumó el gobierno de O'Donnell que pretendía recuperar la influencia perdida en América por España tras la independencia de las colonias hispanoamericanas veinte años antes. Al frente del cuerpo expedicionario español fue nombrado el general Prim, quien vio en ello una oportunidad de resolver sus aprietos económicos, ya que había dilapidado gran parte de la fortuna de su mujer. Por eso, nada más llegar a México, apoyó la alternativa negociadora propugnada por los británicos, frente a la postura más belicista e intransigente de los franceses, empeñados en acabar con la república mexicana e instaurar la monarquía en la persona de su candidato, Maximiliano de Austria. Para ello contaba con llegar a algún acuerdo con el ministro de Hacienda de Juárez, José González Echeverría, que precisamente era socio de la sociedad Agüero González, origen de la fortuna mexicana de la esposa de Prim.22

En el origen de la intervención española estaba el hecho de que Juárez había derrocado al gobierno conservador mexicano de Miramón, al que España reconocía, y una vez en el poder había expulsado al embajador español (1861) y aplazado el pago de la deuda. Inglaterra y Francia, afectadas por idéntica medida, decidieron tomar las aduanas de Veracruz y Tampico para cobrarse la deuda con sus ingresos y España se les unió (Convención de Londres, octubre de 1861). El acuerdo estipulaba que no se incorporaría ningún territorio mexicano. Prim recibió plenos poderes y salió para La Habana, donde al llegar se enteró de que las fuerzas españolas ya habían partido y se habían apoderado de San Juan de Ulúa y Veracruz, aparentemente por decisión del general Serrano, Capitán General de Cuba. Aceptadas las excusas que se le ofrecieron por no esperarle, llegó a Veracruz en enero de 1862.

La zona de acampada era insalubre y el llamado «vómito negro» empezó a hacer estragos en las tropas hasta el punto de que una expedición al interior habría sido un desastre. Entonces solicitaron permiso al gobierno mexicano para acampar en Orizaba, más saludable, pero el gobierno de Juárez dejó pasar el tiempo sin acceder ni negar. Al cabo de unos dos meses Prim se entrevistó con su pariente político, el ministro Echevarria, y le exigió libre paso a Orizaba, consiguiendo su objetivo. Una vez establecidas las tropas en Orizaba, Córdoba y Tehuacán se iniciaron las conversaciones para llegar a la firma de los Tratados preliminares de La Soledad (en La Soledad). En este tiempo Napoleón III ya había decidido convertir a México en Imperio con el Archiduque Maximiliano como Emperador, y envió un mensaje a Prim pidiendo la cooperación de las fuerzas españolas a su mando «para afianzar el orden en el país mexicano».

En la sesión de la Convención de la Soledad del 15 de abril de 1862, el delegado francés anunció el apoyo de su gobierno a los conservadores opuestos a Juárez, y acusó a Prim de querer coronarse él mismo como emperador. Prim refutó estas afirmaciones y ordenó la retirada de sus tropas, y lo mismo hicieron los ingleses. La reina Isabel, que se oponía a la candidatura de Maximiliano al trono mexicano, aprobó esta decisión, contra el parecer del gobierno que quería contentar a Napoleón III. Prim pasó a La Habana y de allí hizo un viaje a Estados Unidos, entrevistándose con el general McClellan, comandante del ejército del Potomac.

Prim era un convencido partidario de la Unión en la guerra civil norteamericana y en su viaje a Estados Unidos, donde visitó Nueva York y Filadelfia, se entrevistó con Lincoln en Washington.

Cuando volvió a España fue muy criticado por miembros del gobierno y por destacados políticos de la Unión Liberal por su decisión de retirar el cuerpo expedicionario de México, lo que unido a que el gobierno de O'Donnell, que ya llevaba en el poder casi cinco años, parecía agotado, le decidió a retornar a la disciplina del partido liberal progresista, a la que nunca había renunciado de manera explícita –como le había confesado a su madre antes de partir a Marruecos: "Yo soy liberal por sangre, por educación, por instinto"–. Poco después se producía la caída del gobierno de O'Donnell.

La reintegración de Prim al Partido Progresista no fue fácil a causa de la reticencias que despertaba especialmente entre las bases del partido. Fue clave el apoyo que le prestó Pascual Madoz, uno de los hombres fuertes del partido y líder indiscutido del mismo en Cataluña. En marzo de 1863 hubo una reunión en casa de Salustiano de Olózaga del núcleo dirigente del progresismo en la que Prim explicó su colaboración con O'Donnell y la ruptura con él a causa de la expedición de México. La confirmación de que había vuelto a ser el combativo liberal progresista de antes se produjo con motivo de una sonada intervención contra el líder del moderantismo, el general Narváez el 4 de mayo, además de que retomó la defensa de la industria textil catalana en Madrid.

La decisión del gobierno moderado de restringir seriamente la actividad política –sólo podían asistir a las reuniones electorales los ciudadanos con derecho a voto– reforzó la postura de los que dentro del partido progresista defendían la oposición radical al gobierno frente a los que defendían seguir actuando dentro del sistema, a pesar de sus limitaciones, por lo se decidió el retraimiento en las elecciones convocadas para noviembre, es decir, que los progresistas no presentarían candidatos a las mismas. Prim fue el encargado de comunicárselo a la reina. Precisamente, una hija de Prim llamada Isabel, nacida en 1863, fue apadrinada por la propia soberana.

Aunque el partido progresista afirmó al principio que el "retraimiento" no significaba salirse del sistema, en la primavera de 1864 se pasó a la vía insurreccional que protagonizó el general Prim gracias a sus contactos en el ejército y al prestigio que mantenía dentro de él.

Se preparó un golpe para el 6 de junio de 1864 pero una delación lo impidió. Un nuevo intento dos meses después también se frustró por la retirada del coronel al mando del regimiento de Saboya. Enterado el gobierno de estas conspiraciones invitó a Prim a salir de España, y como se negó le fue asignada residencia en Oviedo, si bien pudo regresar poco después porque el nuevo gobierno de Narváez dictó una amnistía. Las nuevas elecciones de finales de 1864 fueron también boicoteadas por los progresistas. En 1865 el gobierno endureció su posición y comenzó a tomar medidas represivas que culminaron en la Noche de San Daniel con una decena de muertos y medio centenar de heridos en Madrid (10 de abril de 1865); desde entonces Prim empezó a conspirar decididamente. Un levantamiento que impulsó en Valencia fracasó. Pasó a Francia y reingresó por Pamplona nuevamente sin éxito por la defección de muchos de los comprometidos.

Vuelto a Francia salió por mar hacia Valencia donde se preparaba un nuevo levantamiento pero también los conjurados se volvieron atrás. En sus viajes clandestinos por España se cuentan diversas anécdotas, no acreditadas, entre ellas una muy célebre en su natal ciudad de Reus, cuenta que se ocultó en una bota de vino en una bodega de un pueblo cercano eludiendo astutamente la búsqueda de sus enemigos. Prim se convertía en mito y el número de leyendas sobre él, auténticas o imaginarias, no paraba de crecer. El gobierno, considerándole su mayor enemigo, envió una orden para que se presentase a la reina, pero Prim, que estaba en París, no la obedeció. La reina Isabel decidió entonces poner fin al gobierno Narváez y llamar a O’Donnell, que una vez en el poder levantó cualquier restricción y amenaza a Prim. Este volvió a España pero no obstante no dejó de conspirar.

En enero de 1866 Prim protagonizó el pronunciamiento de Villarejo de Salvanés que fracasó entre otras razones porque el unionista general Serrano consiguió que no se sumaran los cuarteles de Madrid. Prim consiguió cruzar la frontera de Portugal después de vagar por La Mancha y los montes de Toledo.27 Esta marcha sorprende por su supuesta falta de estrategia, pues avanzaban sin cuidados, pero también por el escaso celo que mostraban las fuerzas que les perseguían, que probablemente deseaban que salieran del país libremente. Prim entró en Portugal el 20 de enero de 1866, pero poco después fue expulsado y pasó a Londres y de allí a París.

Los continuos fracasos de los pronunciamientos exclusivamente militares llevaron a los progresistas y a Prim a cambiar de estrategia y a buscar el apoyo popular, lo que significaba aliarse con el Partido Demócrata a pesar de que era republicano. Sin embargo, la primera intentona de este tipo iniciada con la sublevación del Cuartel de San Gil en Madrid, y que fue apoyada por elementos civiles en otras partes, especialmente en Cataluña, se saldó con un nuevo fracaso y con una durísima represión gubernamental, que incluyó la ejecución de sesenta militares.27 La insurrección se inició en Madrid el día 21 de junio de 1866 en el cuartel de San Gil, donde los sargentos apoyaban la rebelión y que con más dificultades de las previstas consiguieron tomar el control. La lucha se desarrolló por Madrid pero el gobierno obtuvo la victoria al anochecer del 22 de junio.

Muchos de los sargentos y cabos (66) fueron fusilados. Prim, que había de ser jefe de gobierno, no llegó a salir de Francia. Poco después el gobierno francés lo expulsó a Suiza. Desde Ginebra convocó una reunión de progresistas en Ostende en agosto de 1866 creándose un comité de acción con progresistas y demócratas, bajo la presidencia de Prim (Comité de Ostende). Las conspiraciones siguieron y un nuevo golpe se planificó para agosto de 1867 también con participación de civiles. Prim salió de Bruselas y el 15 de agosto llegó por mar ante Tarragona y de allí siguió a Valencia. Pero la rebelión no llegó a estallar y tras desembarcar en Marsella el 22 de agosto se presentó en la frontera catalana esperando la ocasión de entrar en territorio español, que no llegó pues aunque hubo combates aislados en Cataluña y Aragón no significaron una alteración del control gubernamental, y poco después regresó a Ginebra. El 4 de septiembre la rebelión estaba concluida. Prim rehuyó entrar en España, como tuvo ocasión de hacer (si bien es verdad que con más dificultades de las previstas) donde las guarniciones estaban dispuestas a sublevarse con su sola presencia; su ausencia había motivado el fracaso. Se llegó a decir que en su maquiavelismo había propiciado el fracaso de su propio movimiento para que la reina, ante la amenaza, llamase al Partido Progresista al poder. Prim tuvo que dejar Suiza, y tras circular por algunos países de Europa, acabó residiendo en Londres.

Según el historiador Josep M. Fradera, la desconcertante actuación de Prim durante la insurrección de agosto de 1867 se explica porque Prim "tenía prioridades que no necesariamente coincidían con lo que las proclamas y manifiestos dirigidos a la nación pregonaban a los cuatro vientos... En pocas palabras: Prim no quería dirigir ni secundar un movimiento de claro protagonismo civil y de contenidos revolucionarios mucho más nítidos que aquellos por los que estaba dispuesto a comprometerse. Sus paisanos le esperaron en vano, pues una vez más antepuso su política desde arriba, la «política fina» [imponer un cambio de gobierno a la Reina], a la lealtad a los suyos. Las imputaciones de traición de los demócratas encontraron tal eco que el propio general se sintió obligado a dar explicaciones, por boca de Manuel Ruiz Zorrilla, en la reunión del centro conspirativo en París".

Poco después moría en su exilio de Biarritz el general O’Donnell y el general Serrano, duque de la Torre, era nombrado líder de la Unión Liberal y el 23 de abril de 1868 moría también Narváez de una pulmonía. Las desacertadas medidas de su sucesor, Luis González Bravo, favorecieron el paso de numerosos generales y militares a la Unión Liberal. Entre ellos Zabala y el almirante Juan Bautista Topete. Este último defendía un cambio dinástico y la candidatura del duque de Montpensier, pero consultado Prim si los progresistas le aceptarían, la respuesta fue negativa. No obstante Prim obtuvo la neutralidad de Napoleón III en el conflicto interior español y pudo trasladarse a Vichy, pero pronto regresó a Londres. Los contactos con los generales exiliados y los descontentos estaban hechos y la revolución decidida.

La Gloriosa (1868-1870)
Artículo principal: Revolución de 1868
El 12 de septiembre de 1868 salió Prim de Londres en el vapor Buenaventura, disfrazado como criado de los Sres. Bark, que eran amigos suyos durante su exilio londinense. Llegado a Gibraltar embarcó en el remolcador inglés Adelia (enviando como señuelo la embarcación llamada Alegría) con el cual se trasladó a la fragata Zaragoza, anclada junto a otros buques de la escuadra en Cádiz. El pronunciamiento se efectuaría el siguiente día, 17 de septiembre de 1868. Efectivamente, sublevada la escuadra y secundado el movimiento en Cádiz (día 18) y su provincia (19), Prim desembarcó y fue saludado con vítores. Se formó una junta bajo la presidencia de Topete, con unionistas, progresistas y demócratas en forma paritaria. Luego Prim avanzó por la costa Mediterránea sublevando sus ciudades: el 23 Málaga, el 25 Almería, el 26 Cartagena; el 2 de octubre, Valencia y el 3 Barcelona donde fue recibido con gran alborozo.

Cerca de allí el general Blas Pierrad, Anselmo Clavé, José María Orense y Mariano Rossell habían proclamado la república en Figueras, y el día 1 había entrado en Barcelona el general progresista Baldrich. Prim llevaba una corona en su gorra y se le empezó a pedir que se la quitara, pero Prim dijo en catalán a sus compatriotas otra frase célebre que aún se usa: «Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar» («Catalanes, quereis correr demasiado; no corráis tanto que podríais tropezaros»). Finalmente Prim cedió a la presiones, se sacó la gorra y acabó gritando en catalán «¡Abajo los Borbones!». De Barcelona pasó a Reus y de allí a Madrid donde hizo una entrada triunfal como nunca antes vista.

Al día siguiente recibió la cartera de Estado en el gobierno provisional, del que Prim era el juez. En las elecciones de enero de 1869 los progresistas en alianza con los demócratas moderados obtuvieron 160 diputados; 65 la Unión Liberal; 60 los republicanos; y 30 los carlistas. Así Prim, como el líder progresista, volvía a quedar como referencia decisiva. El nombramiento de jefe de gobierno debía contar con su beneplácito y la Constitución fue aprobada aceptando la forma monárquica por decisión de Prim. El nombramiento de Serrano como regente, sin poder efectivo, eliminó su más directo rival. Serrano nombró a Prim jefe de gobierno y Prim se reservó en el gabinete además de la presidencia, la cartera de Guerra, nombrando ministros unionistas y progresistas por igual.
Cuba

Propuso Prim la independencia de Cuba si así lo decidía el pueblo cubano en referéndum, una amnistía para los patriotas cubanos, y una compensación a España garantizada por Estados Unidos. El proyecto, que hubiera saneado la Hacienda, encontró fuerte oposición y nunca se llevó a cabo. No obstante, cuando se planteó como salida al problema cubano la posible venta de la provincia a los Estados Unidos, Prim respondió tajantemente: «La isla de Cuba no se vende, porque su venta sería la deshonra de España, y a España se la vence, pero no se la deshonra».

Los progresistas proponían la candidatura al trono de Fernando de Coburgo, padre del rey portugués Luis I, mientras los unionistas proponían al duque de Montpensier. La candidatura de Fernando fracasó por su matrimonio morganático con una cantante de ópera y la oposición del príncipe a que pudieran unirse las coronas de España y Portugal (sueño último de buena parte de sus partidarios). La candidatura de Montpensier, a propuesta de Serrano y Topete, fue rechazada enérgicamente por Prim que además propuso excluir del trono a todas las ramas de los Borbones. Prim ofreció la corona al duque de Aosta, segundo hijo de Víctor Manuel II de Italia, y a Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, que rechazaron la oferta. Entonces Prim ofreció la corona a un sobrino del rey de Italia, el joven duque de Génova, y contó con el apoyo de Topete a cambio de prometerle que el rey se casaría con una de las hijas de Montpensier. La candidatura fue votada en Cortes obteniendo 128 votos contra 52. Pero el duque de Génova finalmente rechazó el trono.

Prim ofreció la corona a Espartero, duque de la Victoria, a sabiendas de que la rechazaría, como así ocurrió finalmente. Se volvió a insistir con el príncipe de Hohenzollern que finalmente aceptó si era votado por dos tercios de las Cortes (Prim había hecho aprobar una ley que requería mayoría absoluta, pero el príncipe aun la consideró insuficiente) pero, por un error, la aceptación del príncipe llegó cuando ya las cortes habían cerrado. Además, al saberse que la candidatura prusiana cogía fuerza, la oposición internacional de Napoleón III hizo que el príncipe no renovara su aceptación y renunciara a la candidatura, aunque esto no evitó la Guerra Franco-Prusiana que a continuación estallaría.

Entonces Prim volvió a ofrecer la corona a Amadeo, duque de Aosta, quien puso como condición la conformidad de las principales potencias europeas, y conseguida ésta, finalmente aceptó. El 26 de noviembre de 1870 Amadeo (conocido generalmente como Amadeo de Saboya) era elegido por 191 votos como rey (Amadeo I) y el 27 de diciembre salió hacia España. Ese mismo día el general Prim era víctima de un atentado en Madrid.
Atentado y muerte

El general Prim murió el 30 de diciembre de 1870 a causa de las heridas infectadas que le causó un atentado que sufrió tres días antes. En 2012 la Comisión Prim de Investigación, formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela, estudió el cuerpo embalsamado y dictaminó que los surcos y marcas en el cuello de la víctima eran "compatibles" con un posible estrangulamiento a lazo.29 Posteriormente, esta universidad se desvinculó del proyecto, por su carácter conflictivo, ya que se firmó un acuerdo de confidencialidad con las fotos del cuerpo que terminaron saliendo a la luz. Una segunda autopsia de la momia de Prim —llevada a cabo por la Universidad Complutense de Madrid— dictaminó en diciembre de 2013 que los surcos del cuello —que aparecen igualmente en los gemelos— fueron causados por la presión de las ropas, descartando el estrangulamiento.30 31 No obstante, dicho estudio fue criticado por el periodista Francisco Pérez Abellán por su falta de rigor y de pruebas documentales que defendieran dicha tesis, contraria a la de la Universidad Camilo José Cela.

El 27 de diciembre de 1870 todo estaba preparado en España para la inminente llegada de Amadeo I. En el Parlamento, el general Juan Prim y Prats, de 56 años, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, capitán general de los Ejércitos, marqués de los Castillejos y conde de Reus, acababa de conseguir la aprobación de las últimas propuestas relacionadas con la Casa Real. Tan sólo le quedaba por hacer en el palacio de las Cortes, y tenía que preparar el viaje a Cartagena, al día siguiente, para recibir al monarca.

Eran alrededor de las 19:30 y caía una espesa nevada. El general se despidió con cortesía de diputados y ministros, cruzó unas tensas palabras con el líder de los republicanos y se dirigió a su coche, una berlina verde de cuatro ruedas tirada por dos caballos que le aguardaba en la puerta del Congreso, con los cristales cerrados para proteger el interior del frío y la tormenta de nieve. El cochero puso en marcha el vehículo en cuanto subieron el general y sus acompañantes, el coronel Moya, que se sentó en la delantera, y su ayudante personal, Nandín, que se acomodó a su lado, en el asiento trasero.

La berlina emprendió la ruta habitual, por la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), hacia el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista), donde estaba la residencia presidencial.
Al llegar a la calle del Turco, el cochero observó que había dos carruajes de caballos atravesados en el angosto camino. Tuvo que detener la berlina en medio de la densa nevada. Un segundo después el coronel Moya se asomó a la portezuela para tratar de arreglar la situación y contempló con alarma cómo tres individuos vestidos con blusas, sin duda alertados de la llegada de Prim, se dirigían hacia el coche armados con lo que le parecieron carabinas o retacos, aunque uno de ellos llevaba con seguridad una pistola. No tuvo tiempo nada más que para decir: «Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego».

Sus palabras quedaron interrumpidas por el ruido de las detonaciones, al menos tres por el lado izquierdo y otras dos por el derecho. Los cristales se quebraron y uno de los asesinos consiguió meter en el interior de la berlina el cañón del arma que portaba; tan cerca del general Prim que la cara de éste quedó tatuada por los granos de pólvora. Su ayudante, Nandín, en un movimiento desesperado, trató de protegerlo interponiendo su brazo. Las balas le destrozaron la mano, y quedaron esparcidos esquirlas y pedazos de carne abrasada.
Atentando contra Prim, en La Ilustración de Madrid.

La agresión duró solo unos segundos, apenas los mismos que el cochero tardó en reaccionar, golpeando con su látigo casi por igual a los agresores y a los caballos hasta romper el cerco y huir hacia la calle Alcalá.

Se dirigieron a toda prisa hacia el Ministerio de la Guerra. Al llegar a palacio los dos heridos descendieron de la berlina, ayudados por Moya y el cochero. El general subió por su propio pie la escalerilla del ministerio, apoyándose en la barandilla con la mano afectada y dejando en el suelo un reguero de sangre. Al encontrarse con su esposa forzó un gesto tranquilizador para decirle que sus heridas no revestían gravedad.

Cuando llegaron los médicos apreciaron rápidamente los destrozos en los dedos de la mano derecha, de tal envergadura que fue preciso amputar de inmediato la primera falange del anular, quedando en peligro de amputación el índice. Aunque lo más preocupante era el «trabucazo» que el general presentaba en el hombro izquierdo. Le había sepultado al menos ocho balas en la carne. Los cuidados médicos se prolongaron hasta la madrugada. A las dos de la mañana se le habían extraído siete balas.

Nandín, el ayudante, fue trasladado a la casa de socorro más cercana, donde se le diagnosticó que perdería el movimiento de la mano, que le quedaría seca e inservible, pero que quizá —le dijeron— no tendrían que amputársela. Entre tanto, las noticias difundidas mentían sobre la gravedad de las lesiones: se quería que fuesen tranquilizadoras, en un momento en que era preciso mantener la calma en el país. Aun cuando las heridas no eran demasiado graves, el hecho que se infectaran le provocó la muerte tres días después. El motivo de la infección fue la introducción en su pecho de retazos del abrigo de piel de oso que llevaba por el frío y que provocaron una sepsis.33 También existe la versión de que murió al ser estrangulado,29 descartada posteriormente por nuevas investigaciones.30

Algunos indicios señalan al duque de Montpensier y al regente general Francisco Serrano como instigadores y al republicano José Paúl y Angulo como ejecutor con otros nueve hombres. El estudio del abogado reusense Antonio Pedrol Rius aclaró en 1960 el misterio de su asesinato en cuanto a autores materiales (Paúl y Angulo y otros republicanos), pero que en cuanto a los instigadores nada podría demostrarse sin duda razonable, pues los indicios sobre Montpensier y Serrano se basaban en que los asesinos fueron reclutados por sus hombres de confianza. Gracias al promotor fiscal, Joaquín Vellando, así como a las declaraciones de Solís y Eustaquio Pérez, se localizan dos dictámenes: el primero, en el que se estima, el 9 de septiembre de 1871, «que aparecía en primer término la responsabilidad del Excmo. duque de Montpensier, contra quien debe dirigirse el procedimiento como principal autor del complot que tuvo por objeto el asesinato del Excmo. Sr. D. Juan Prim».34 En el segundo, el 12 de junio de 1872, solicita, además, «prisión del Excmo. Sr. duque de Montpensier».35 Si Prim aceptó dinero del Duque para preparar su pronunciamiento, que apoyara la coronación del duque de Aosta, hijo del rey de Italia, debió hacer que lo considerara como un traidor y es posible que él o su secretario, el muy católico e hispanista Antoine de Latour, haya sido uno de los instigadores del asesinato.36

En una obra reciente, el historiador Josep Fontana afirma que sigue siendo un misterio quiénes fueron los autores. Se culpó de inmediato al diputado republicano federal y rico comerciante de vinos de Jerez José Paúl y Angulo, porque esa misma tarde en la sesión de las Cortes tras un duro debate le había despedido diciendo «Mi general, a cada cerdo le llega su san Martín», y también porque se dijo que su voz la había oído Prim durante el atentado. Años más tarde Paúl y Angulo acusaría al general Serrano y al duque de Montpensier, hipótesis que no está descartada. En el caso del general Serrano porque el jefe de su escolta resultó implicado en el crimen y porque cuando presidió el primer gobierno de la Monarquía de Amadeo I al mes siguiente no puso mucho empeño en investigar el crimen –la viuda de Prim parece que creyó en su culpabilidad, especialmente cuando oyó las palabras del propio Prim que dijo: «No lo sé; pero no me matan los republicanos»–. En cuanto al duque de Montpensier, este culpaba a Prim de no haber conseguido la Corona y «ya había organizado algunos intentos anteriores de atentado contra él, que se frustraron por delaciones». También existe la posibilidad de que detrás del atentado estuvieran los hombres de negocios con intereses en Cuba, que temían los cambios que podía introducir Prim en la política colonial. De hecho en Cuba se daba por seguro que «el gatillo se apretó desde La Habana».
Sepultura, exhumación y autopsia
Entierro de Juan Prim, en La Ilustración de Madrid.

Sepultado en un primer momento en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, sus restos mortales fueron trasladados a su localidad natal, Reus, en 1971.

En el año 2012, se realizó una exhumación del cadáver de Juan Prim, que se encuentra momificado. Las conclusiones del análisis del cadáver han sido diversas y contrapuestas, apuntándose incluso a un estrangulamiento como causa de la muerte;29 39 otros estudios niegan esta posibilidad.

Juan Prim y Prats (Reus, 1814-asesinado en Madrid, 1870) hijo de un combatiente que luchó contra la invasión napoleónica, catalán, español, entactó Europa, se asomó a África, conoció América, no le afectó el mal del aldeanismo, -«vicio endémico bastante extendido entre no pocos regionalistas», acota su biógrafo, el doctor en Historia y Derecho Emilio de Diego, autor de «Prim. La forja de una espada» (Planeta)-, y por encima de todo no buscó jamás afirmar, en la forja de su espada, su catalanidad en el enfrentamiento con ninguna otra parte de España.

El general Prim predicó por fuertes y fronteras la emulación de las mejores virtudes del resto del país «para colocar la estima hacia los catalanes en la más alta consideración del conjunto de los españoles».

Ese es el hombre de Estado, político capital en la España de 1843-1870, al que se ha descubierto una efigie y un medallón con leyenda en la fachada lateral del Banco de España (antigua calle del Turco, hoy del Marqués de Cubas esquina con Alcalá), al pie del empedrado donde le dispararon hizo 142 años el día 27 de diciembre de 1870, pasadas las siete de la tarde, para morir cuatro días después, a causa de una septicemia, sobre las ocho y media de la noche, en el Palacio de Buenavista, actual sede del Cuartel General del Ejército de Tierra. El acto lo organizó la Sociedad Bicentenario General Prim 2014.

Con tres años, Emilio de Diego repetía sin cesar: «Don Juan Prim y Prats. Nació en Reus, vivió en Madrid. Fue militar. Sabio, justo, legislador», para jolgorio de su abuela y admiración de sus vecinas. Desde entonces, su pulsión por el «el joven Prim, que llega a Madrid con veintisiete años, sin la menor preparación política, y que acaba siendo un hombre de Estado notable, militar y estadista» es irreductible.

Prim no es un revolucionario de barricada, ni un militar de cuarteladas (aunque su nombre se asocie al de San Gil), sino un hábil diplomático, estadista y hombre de mundo, un político decisivo entre 1843-1870.

¡Quién fuera Prim!, decía un personaje de Galdós. «Prim se hizo a sí mismo con valor, que aprendió en la universidad de la vida lo que no en los libros», lo dibuja Emilio de Diego. Prim vio a los hombres en la circunstancia de la guerra, en donde no anidan disimulos.

Los grandes espadones del XIX -Narváez, O’Donell, Espartero...- son grandes generales metidos a políticos. Prim es un catalán español, viajado, que conoce el mundo, y que por tanto sabe que los intereses de su patria chica son muy importantes; es el máximo defensor de los intereses catalanes en Madrid. «Su idea de España es que a Cataluña se le trate igual que al resto de los españoles». Y en la Guerra de África, la primera bandera española que se levanta en la Alcazaba de Tetuán la izan los voluntarios catalanes.


¿Conspiró Prim? «Conspira, porque no hay otro medio de hacer política -explica el profesor de Diego-. Pero, ¿quién entre los políticos y militares del XIX no es conspirador? Él aguanta desde 1851 a la espera de que se desbloquee el camino para los progresistas». Su trilogía era: Libertad, Constitución (será clave en la de 1869) y la Reina Isabel II.

Romántico, Zorrilla le cita como asiduo espectador en los círculos literarios, culturales... Y en el honor: cuando Modesto Lafuente le ridiculizó llamándole «Primgue», el espadón se lo encontró un día cerca de un café y le edulcoró unos bastonazos de aúpa. Se casó con una muchimillonaria, tuvo varias amantes, pero nunca dejó de amar a Cataluña y España: «En las armas, en la Iglesia, en el foro mis abuelos se distinguieron por su patriotismo. Me tengo por español de pura raza por la educación española que he recibido y por el amor instintivo que tengo a este país. Los males de mi patria me hacen daño como los males míos, y si alguna vez se mancilla su honra, yo también me he creído mancillado, como si fuese cuestión de mi propia familia». Palabra de Prim, español de Reus.
«Prim conspira porque no hay otro medio de hacer política»

Madrid atardece en medio de una enorme nevada el 27 de diciembre de 1870. Juan Prim y Prats abandona el Congreso de los Diputados en su berlina por la antigua calle del Sordo (actual de Zorrilla) en dirección al Palacio de Buenavista (Cuartel General del Ejército), donde vivía como presidente del Consejo de Ministros, y ministro de Guerra.

El coche de caballos que traslada al político y militar español, nacido en Reus, lo protegen dos escoltas, que resultarán herido e ileso, respectivamente. Sostiene Emilio de Diego, biógrafo del político y militar, que a Prim alguien tuvo que confiarle en exceso: «No era un loco. Hubo varios intentos de atentado contra él en las semanas anteriores. Todo el mundo sabía que se preparaba un atentado contra Prim, hay denuncias ante la Policía y avisos en el entorno de Prim. El reusense tenía una partida de agentes que eran los encargados de realizar un rastreo parapolicial, y Prim conoce lo que pasa en Madrid mejor que nadie. Entonces, el hombre mejor informado de España se deja matar a cuarenta metros de su casa sin la menor protección, no aparece un policía ni por asomo en los alrededores, etc... Curiosamente, Práxedes Mateo Sagasta se bajó antes de montar en el coche con Prim».
Hoy no hubiera muerto

El atentado lo perpretan asalariados del crimen; más de cinco disparos impactan en Juan Prim. Había una taberna a la altura de la calle del Turco (Marqués de Cubas, esquina Alcalá) de donde salieron los pistoleros, que atravesaron un carruaje y a bocajarro abatieron a Prim. «Le dispararon con distintos tipos de armas, de calibres muy amplios, con una munición entre pólvora y postas; a quemarropa fueron mortales los trallazos. Hoy no hubiera muerto de ninguna manera, murió por circunstanias, que derivan en la septicemia», sostiene De Diego.

El cochero, aún a riesgo de volcar la calesa, salta por encima del otro coche y se dirige a trompicones al Palacio de Buenavista. Prim sube por las escaleras, y se sienta en un sofá. «Allí se muere de valentía. Se ha cometido un atentado en vísperas de que llegue el Rey Amadeo de Saboya. Prim es la pieza capital. Su mensaje es: tranquilidad absoluta, no pasa nada. Aguanta, pero se empieza a tratarle mal, tarde, y es uno de los factores que lleva a la septicemia -abunda su biógrafo-. Murió el 30 de diciembre».

¿El autor intelectual del asesinato de Prim? Para Emilio de Diego, «es el duque de Montpensier, el hombre que financia la Revolución del 68, porque no tenían un real. Y pone al servicio de la Revolución a sus partidarios: antiguos unionistas, encabezados por Serrano, Topete... no era un grupo cuantitativamente muy grande, pero cualitativamente fundamental. El personaje que más sabía, seguro, en torno al asesinato de Prim es Sagasta».
Su famosa arenga en la Batalla de los Castillejos (1860)
Durante el descubrimiento de la placa por el bicentenario del nacimiento del general Juan Prim y Prats, el actual jefe de Estado Mayor del Ejército, Jaime Domínguez Buj, recordó la importancia histórica de "uno de los grandes personajes de la turbulenta España del siglo XIX".
También tuvo un momento para la memoria de la arenga que Prim dio a sus soldados en la batalla de los Castillejos (1 de enero de 1860), en el contexto de la Guerra de África contra el sultanato de Marruecos. "Soldados, vosotros podéis dejar esas mochilas porque son vuestras, pero esta Bandera es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas. ¿Permitiréis que vuestra Enseña caiga en manos del enemigo? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? Soldados, ¡viva la Reina!, ¡viva España!".
Por los méritos contraídos en esa decisiva batalla, al general Prim, que ya era conde de Reus, se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos con Grandeza de España

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2016 18:06

D. TOMAS DE ZUMALACARREGUI Y DE IMAZ General Español

(Tomás de Zumalacárregui y de Imaz; Ormáiztegui, Guipúzcoa, 1788 - Cegama, Guipúzcoa, 1835) Militar español que dirigió el ejército carlista. Participó como voluntario en la guerra de Independencia, al término de la cual alcanzó el grado de capitán. Partidario del absolutismo, en 1823 formó parte del organismo militar encargado de reprimir los delitos políticos. En 1829, con el grado de coronel, fue gobernador militar de El Ferrol, pero, implicado en los sucesos de La Granja, se le acusó de desafecto y perdió el cargo. Tras la muerte de Fernando VII (1833) se unió a las fuerzas carlistas; fue nombrado comandante general interino de Navarra y pasó a dirigir un potente ejército. En un principio basó sus acciones en la lucha guerrillera, rehuyendo las batallas a campo abierto, pero en los últimos meses de 1834 aceptó combates directos, que se saldaron con importantes victorias. Extendió su dominio a toda Navarra y pasó a luchar contra los liberales en Vizcaya y Guipúzcoa. Zumalacárregui pretendía tomar Vitoria y marchar sobre Madrid, pero don Carlos le ordenó atacar Bilbao; murió a consecuencia de una herida sufrida en el asedio a esta ciudad.

Tomás de Zumalacárregui ingresó en el ejército durante la Guerra de la Independencia (1808-14). En las luchas políticas del reinado de Fernando VII se significó por su postura antiliberal, colaboró con los realistas y fue ascendido a coronel. Cuando se planteó el pleito sucesorio al morir el monarca, Zumalacárregui participó desde Pamplona en el levantamiento de los reaccionarios que apoyaban al infante Carlos María Isidro en defensa del absolutismo monárquico (1833).

Fracasado el pronunciamiento en la ciudad, Zumalacárregui se retiró al interior de la provincia, en donde unificó a las fuerzas carlistas navarras y organizó uno de los contingentes más eficaces del ejército rebelde. Durante la Primera Guerra Carlista que entonces se inició (1833-40), don Carlos le confió el mando de sus fuerzas en Navarra y le ascendió a general. Se resistió a todos los intentos de atraerle hacia el bando de Isabel II, por parte de su propio hermano Miguel y de su antiguo jefe, el general Quesada.

Consciente de su inferioridad numérica y armamentística, Zumalacárregui reprodujo la táctica guerrillera que conocía desde la Guerra de la Independencia, amparándose en lo accidentado del relieve y en el apoyo de gran parte de la población civil. Fue muy popular entre sus tropas (que le apodaban el tío Tomás), pero no dudó en mostrarse cruel en la represión de los liberales ni en emplear el terror para mantener controlado el territorio.

Durante el año 1834 se sucedieron las victorias en pequeñas escaramuzas (como las batallas de Alegría y las Amézcoas), hasta el punto de provocar la dimisión de Rodil en el mando del ejército enemigo. Animado por esos éxitos y por la necesidad de conseguir dinero y apoyos internacionales, don Carlos le ordenó al año siguiente tomar Bilbao, a pesar de la opinión contraria de Zumalacárregui (que hubiera preferido atacar Vitoria).

La operación comenzó con éxito, al abrirse paso la marcha hacia Bilbao venciendo a Espartero en Durango. Luego, ya dueño de la mayor parte de las Provincias Vascongadas, puso sitio a la capital vizcaína; pero, en su empeño por reconocer personalmente las fortificaciones enemigas y las posiciones de sus hombres, resultó alcanzado por un disparo del ejército que defendía Bilbao.

Herido en una pierna, Zumalacárregui se trasladó a su pueblo para ponerse en manos de un curandero de su confianza y murió, probablemente de septicemia. El ejército carlista perdió así a su militar más prestigioso, debilitándose notablemente sus posibilidades de éxito en la contienda y abriéndose en su seno fuertes disensiones políticas. Con él desapareció no sólo el principal ariete por la causa del infante, lo que influiría de modo decisivo en el desarrollo de la Primera Guerra Carlista; lo hizo también un tipo de héroe o caudillo profundamente identificado con el pueblo llano, tal y como lo retrató Galdós en uno de sus más célebres Episodios Nacionales.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2016 18:12

D. BALDOMERO ESPARTERO General Español



(Baldomero Espartero, conde de Luchana, duque de la Victoria y príncipe de Vergara) Militar y político español (Granátula, Ciudad Real, 1793 - Logroño, 1879). Hijo de un carretero de La Mancha, adoptó el segundo apellido de su padre (pues su nombre completo sería Baldomero Fernández Álvarez Espartero). Al estallar la Guerra de la Independencia (1808-14) abandonó la carrera eclesiástica y tomó las armas. Desde 1810 permaneció en el Cádiz sitiado por los franceses, donde se estaban desarrollando las Cortes constituyentes; allí realizó sus primeros estudios militares.


Entre 1815 y 1824 estuvo destinado en América, donde combatió contra los independentistas hasta que España perdió sus colonias en el continente; aunque no participó en la decisiva batalla de Ayacucho, en el futuro sus partidarios serían conocidos popularmente como los ayacuchos en recuerdo del pasado americano de Espartero y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales de aquella campaña.

Al morir Fernando VII, se decantó por el apoyo a la causa de Isabel II y de la regente María Cristina, en virtud de sus convicciones constitucionales. Luchó contra la reacción absolutista en la Primera Guerra Carlista (1833-40), en la que desempeñó un papel destacado: sus éxitos militares le llevaron de ascenso en ascenso hasta obtener el mando del ejército del Norte a raíz del motín de los sargentos de La Granja (1835). Rompió el cerco carlista de Bilbao venciendo en la batalla de Luchana (1836); organizó la defensa de Madrid frente a la expedición de don Carlos (1837); y aprovechó las disensiones en el bando carlista para atraerse al general Maroto y negociar con él la paz que sellaron ambos con el «abrazo de Vergara» (1839). Luego se dirigió al Maestrazgo, donde venció a Cabrera en 1840, poniendo fin a la guerra.

Desde entonces puso su prestigio al servicio de sus ideales políticos progresistas. Se enfrentó al conservadurismo de María Cristina haciendo que ésta le nombrara presidente del Consejo de Ministros en 1840-41; pero, ante la resistencia de la regente al programa liberal avanzado que defendía, exigió a ésta que abdicara e hizo que las Cortes le nombraran regente a él mismo (1841-43).

Completaba así la ascensión social que, desde un origen modestísimo, le había llevado a ser conde, duque, grande de España y, finalmente, regente. El «espadón» progresista se enemistó con muchos de sus partidarios, a causa de su modo de gobernar autoritario, personalista y militarista; en 1843 se vio obligado a disolver unas Cortes que se le habían vuelto hostiles.

Un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas (encabezados por Narváez y Serrano) le arrebató el poder en aquel mismo año; pronto se declararía mayor de edad a Isabel II y comenzaría una década de predominio conservador. Espartero se exilió en Inglaterra, de donde regresó en 1849 para vivir retirado en Logroño.

Ante el deterioro político del final de la década moderada (1844-54), las tendencias autoritarias de la reina y la hegemonía política de la minoría ultraconservadora, se produjo una nueva revolución en 1854, que llevó a Espartero a la presidencia del Gobierno; durante el siguiente «bienio progresista» (1854-56) avaló el reformismo de los liberales avanzados, pero no pudo evitar que se reprodujeran las mismas disensiones acerca de su liderazgo.

De nuevo fue expulsado del poder por un pronunciamiento encabezado por su antiguo aliado, el general O'Donnell, tras el cual vino un nuevo periodo de ostracismo político de los progresistas, que Espartero contempló pasivamente desde su retiro de Logroño. Allí recibió, tras la revolución que destronó a Isabel II en 1868, la oferta de Prim de hacerle elegir por las Cortes rey constitucional de España, oferta que rechazó. Tras la coronación de Amadeo de Saboya éste completó el encumbramiento honorífico de Espartero nombrándole príncipe de Vergara con tratamiento de alteza real.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2016 18:20

D. Ramón CABRERA Y GRIÑO General Español

Ramon Cabrera y Griñó nació en Tortosa el 27 de diciembre de 1806. Su padre, José Cabrera, había trabajado en el comercio de cabotaje entre los puertos cercanos a Tortosa, consiguiendo ser nombrado capitán de un buque mercante: Con los ahorros adquiridos con esta profesión, compró un velero de treinta toneladas para dedicarse al comercio por su cuenta y riesgo, consiguiendo una pequeña fortuna . Falleció en 1812. Su madre, Ana María Griñó, contrajo segundas nupcias con Felipe Calderó, también marino de profesión.
Ramon Cabrera fue confiado a los Trinitarios de Tortosa para que realizara los correspondientes estudios eclesiásticos, pero abandonó el Seminario y se presentó en Morella al coronel Barón de Hervés, para sentar plaza de voluntario en el ejército carlista de la primera guerra. Derrotado y fusilado éste en 1833 Cabrera pronto destacó por sus dotes militares puestas de manifiesto durante enero y febrero de 1835 en una incursión a Navarra a través del territorio gubernamental. En abril de 1835, Carlos V le nombró jefe de las fuerzas carlistas de Aragón y Valencia ( Maestrazgo, Puertos, Bajo Ebro, Mattarranya, y Bajo Aragón), en sustitución de Manuel Carnicer, dando un gran impulso a la guerra, especialmente por su extraordinaria movilidad.
En represalia por la muerte de los alcaldes cristinos de Valdealgorfa y Torrecilla, en la comarca de Alcañiz, el general Nogueras fusiló a la madre de Cabrera, Ana María Griñó, el 16 de febrero de 1836 en la Suda de Tortosa, hecho que tuvo gran repercusión en Europa y que contribuyó a endurecer aun más la guerra en el Maestrazgo.
Nombrado teniente general y conde de Morella después de su victoria en Maella, octubre de 1838, sobre el general Pardiñas, Cabrera organizó un pequeño estado con capital en Morella que fue el centro de la actividad carlista, con servicios en Cantavieja, Mirambell y Beceite.
En 1839, no aceptó el convenio de Vergara y se retiró con su ejército al norte de Cataluña, pasando a Francia en julio de 1840, hecho que dio fin a la guerra de los Siete Años, o primera guerra carlista.
Al iniciarse la guerra de los "matiners", fue designado por Carlos VI, Conde de Montemolín,, jefe supremo de las fuerzas carlistas en Aragón, Cataluña, Valencia y Murcia. En 1848 entró en Cataluña, desde Osseja ( Cerdeña), para ponerse al frente de las huestes montemolinistas, llegando a organizar un ejército de cerca de 9.000 hombres. En enero de 1849 ganó el título de marqués del Ter por su actuación en los combates de Amer y El Pasteral, donde fue herido. Pero tres meses más tarde tuvo que regresar a Francia, debido a que la guerra no enraizó fuera de Cataluña y por la gran superioridad de las fuerzas gubernamentales, fijando su residencia en Inglaterra.
En 1850 se casó con Marian Katherine Richards, dama inglesa y anglicana de la alta sociedad, que poseía ciertos bienes de fortuna. Su alejamiento de los centros exiliados carlistas fue acercándole con el tiempo a las idea moderadas y constitucionalistas.
Carlos VII le ofreció la jefatura militar suprema del tercer levantamiento carlista, pero Cabrera rechazó el ofrecimiento y se negó a participar en otra guerra civil. En 1875, reconoció como rey legítimo a Alfonso XII y éste, con fecha 21 de agosto, le nombró capitán general del Ejército y le reconoció todos los títulos y honores conseguidos en los campos de batalla.
Ramon Cabrera falleció en Inglaterra el 24 de mayo de 1877 ( 133-134 pp.)

Opiniones militares sobre Cabrera

Para conocer la auténtica valía de Ramón Cabrera como militar, nada mejor que intentar conocer la opinión que de él tenían otros militares, en especial si eran adversarios.

Una de las primeras referencias que se tienen proviene de un oficio del general liberal Rafael Hore, que en junio de 1834, es decir a los ocho meses de iniciada la guerra, dice:

Parece imposible que Cabrera sea criatura humana, respecto a que cuanto alcanza la ciencia militar y la astucia de los hombres más sagaces se ha empleado para sorprenderle, pero todo lo ha hecho vano el atrevimiento del caudillo carlista.

También el general Agustín Nogueras, el que posteriormente haría fusilar a la madre de Cabrera, en un oficio dirigido a la superioridad el 23 de abril de 1835 dice:

Pero no es creíble que Cabrera ni los suyos sean hombres: jamás he visto más decisión, valor ni serenidad; no es posible que las tropas de Napoleón hayan nunca hecho, ni podido hacer una retirada por un llano de cuatro horas con tanto orden...Si a Cabrera no se le corta el vuelo, este cabecilla dará mucho que hacer a la causa de la libertad; debe el gobierno tomar medidas fuertes y enérgicas para destruirle, pues de lo contrario aquel con el prestigio y arrojado valor, tiene alucinada su gente y llena de confianza, así como los pueblos.

El reconocimiento a sus méritos militares también se daba entre los militares carlistas, como se puede observar en el escrito que el Conde de España, comandante del ejército carlista de Cataluña, dirigió a Cabrera en octubre de 1838 en el que le decía:

Cuento tantos años de general como V.E. de existencia; esto no será obstáculo para que yo ponga con alegría mis tropas a las órdenes de un general victorioso que la Providencia parece haber elegido como instrumento para la ejecución de sus designios.

También el general Von Rahden afirmó:

Con Zumalacárregui había muerto en el Ejército del Norte la genialidad, no ya el genio de sus generales. Fuera de Cabrera en Aragón y Valencia, no he tenido ocasión de conocer ningún otro general en España que se le pudiera comparar.

En noviembre de 1927, casi cien años después de iniciarse la 1ª Guerra Carlista, una revista del Ministerio de la Guerra titulada Memorial de Caballería, inserta un artículo titulado Una enseñanza de la primera guerra civil en el que se lamenta la falta de un estudio militar en profundidad sobre esta guerra y se afirma:

de haber nacido Cabrera veinte o treinta años antes, con lo que hubiera hecho armas contra los invasores de su patria y no contra españoles, ninguno de los guerrilleros que tan famosos se hicieron en la guerra de la Independencia hubiera podido compararse con él. Porque ninguno poseyó en tan grande escala las dotes de organizador; ninguno tuvo una comprensión tan clara y general del terreno, ninguno supo crear, como él, un verdadero método de guerra, adaptado al tiempo, al adversario y a las circunstancias. Igualáronle varios en audacia y osadía, en rapidez de movimientos, en concentrarse para combatir y dispersarse para desaparecer, en perseverancia y energía; pero todos fueron guerrilleros locales, mientras que Cabrera fue un guerrillero que aplicó con pureza verdaderamente admirables los mejores y más fecundos principios militares.

Títulos nobiliarios

Carlos VII ofreció a Cabrera el título de Duque del Maestrazgo y la Orden carlista del Toisón de Oro, para animarlo a participar en la 3a. Guerra Carlista. Cabrera los rechazó y le devolvió el Toisón de Oro que había pertenecido a Carlos V. Cuando Alfonso XII reconoció los grados militares y los títulos nobiliarios, Cabrera solo solicitó el de Conde de Morella y el de Marqués del Ter que le fueron reconocidos. Hoy, sus descendientes los conservan, no así el Ducado del Maestrazgo del que nunca más se supo

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Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño.
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Brasilla » 31 Ene 2016 23:23

Excmo. Sr. Agustin NOGUERAS PITARQUE General Español

Agustín Nogueras Pitarque (Alcolea de Cinca (Huesca) 25 de julio de 1786 – Las Palmas de Gran Canaria, 23 de enero de 1857) fue un militar y político español.

Hijo de Joaquín Nogueras y de Agustina Pitarque, ingresa en el ejército y es teniente con 18 años ya en plena Guerra de la Independencia. Participa en el Sitio de Zaragoza y después desempeña varias misiones tratando de movilizar la resistencia anti francesa. En 1814 parte a Sudamérica y participa en acciones militares que tratan de sofocar las rebeliones de los Virreinatos en Venezuela. En Puerto Rico poco después se casa con Asunción Gautier. De regreso a España ya fallecido Fernando VII es nombrado en 1835 gobernador militar de Castellón y participa en la primera Guerra carlista. En las acciones militares del Maestrazgo fue quien aconsejó, como escarmiento, fusilar a la madre del general carlista Ramón Cabrera. Gobernador militar de Barcelona en 1840 y poco más tarde Capitán General de Baleares. Gran amigo de Baldomero Espartero, al final de su Regencia es, en mayo de 1843, nombrado ministro de la Guerra, cargo que desempeña hasta julio de ese año en que el Regente se exilia a Inglaterra. En agosto de 1854 fue nombrado Capitán General de Galicia y un mes más tarde de Canarias, donde falleció tres años después.

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