HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 27 Jun 2015 00:12

D. JOSE GOICOA LABART

Fallecido en el hundimiento de la fragata Mercedes.

El día 5 de octubre del año 1804 se produce el hundimiento de la fragata de guerra Nuestra Señora de las Mercedes a unas 100 millas (190 km) al oeste del estrecho de Gibraltar.

Capitaneada por el comandante José Manuel de Goicoa y Labart, esta fragata formaba parte de una división, compuesta también, entre otras, por las Santa Clara, Medea y Fama , al mando del jefe de escuadra José de Bustamante y Guerra. En la fecha indicada, frente al cabo de Santa María en la costa portuguesa del Algarve, fue atacada y bombardeada por navíos de la armada británica mandados por el comodoro del HMS Infatigable, el vicealmirante Graham Moore, saltando por los aires y llevándose al fondo del mar su cargamento y los cadáveres de 275 de sus tripulantes.

La fragata Nuestra Señora de las Mercedes había salido de Montevideo el 9 de agosto de 1804
aunque procedía del puerto de El Callao, en Lima, y era portadora de un tesoro en monedas de
plata y oro cuyo acopio se había realizado por orden de la Administración española en los virreinatos de Perú y Río de la Plata y de otros efectos, como plata labrada, pertenecientes a particulares.

Dos siglos después el pecio fue localizado por la empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration (OME) y sus restos, rescatados. Entre 2007 y 2012 el Estado español mantuvo un litigio con la misma ante el Tribunal Federal de Tampa (Florida), que finalmente emitió un dictamen favorable a España, una sentencia que obligaba a la empresa Odyssey a devolver lo recuperado.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 27 Jun 2015 00:16

D. JOSE GONZALEZ HONTORIA Mariscal de Campo de Infanteria de Marina y Brigadier de la Armada Española

José González Hontoria (Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 21 de julio de 1840 - Carabanchel, Madrid, 1889) fue un militar e inventor español, mariscal de campo de Infantería de Marina y brigadier de la Armada.

Con nueve años ingresa como aspirante en el Colegio Naval Militar de San Fernando el 31 de diciembre de 1851. El 11 de marzo de 1858 es nombrado subteniente alumno de la Academia del Real Cuerpo de Artillería de la Armada tras haber renunciado cinco años antes en el Colegio Naval Militar,1 de donde en 1860 asciende a teniente y el 4 de septiembre se le nombra profesor ayudante de la Academia. Es enviado por la superioridad a un recorrido de información y aprendizaje por las fábricas de pólvora y armas, así como a estudiar los procesos de fundición de la industria nacional. El 31 de enero de 1861 a su regreso vuelve a sus labores de profesor.

A partir del 17 de agosto de 1863 se encarga de nuevo de la Comandancia de la Escuela y Sección de Condestables, al ser el profesor más antiguo. Entre 1864 y 1865 fue enviado a los Estados Unidos, donde durante la guerra de secesión, elaboró una memoria a cerca de los avances en artillería que allí se estaban produciendo, la cual, le valió la concesión de la Orden de Carlos III.1

Efectuó distintos estudios sobre los procedimientos de elaboración de pólvora y de fabricación de artillería. En 1879 se aceptó para servicio en la Armada el sistema de artillería del que fue autor y se le designó para estudiar el sistema de fabricación de los calibres, trazados de cañones y proyectiles. Desempeñó numerosas misiones de servicio en España y en el extranjero.

En 1878 diseño un sistema de cañones de acero, retrocarga, y ánima rayada en los calibres de 70, 90, 160 y 200 mm que fue declarado como reglamentario por la Armada Española.2 Entre ellos el denominado Trubia, un modelo de cañón de 160 mm que en aquellos momentos fue considerado el más potente de Europa. En 1883, diseñó un nuevo sistema de cañones que incluía los de 240 mm, 280 mm y 320 mm, que también fueron declarados como reglamentarios por la Armada.

Fue solicitado por las fábricas británicas de cañones para la dirección de las mismas en inmejorables condiciones, no aceptándolas por preferir prestar sus servicios en España.

Fue inhumado en el Panteón de Marinos Ilustres el 8 de julio de 1907.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 27 Jun 2015 00:26

D. JUAN ANTONIO GUTIERREZ DE LA CONCHA Y MAZON DE GUEMES

Juan Antonio Gutiérrez de la Concha y Mazón de Güemes (Esles, Burgos,1 1760 – Cabeza de Tigre, Intendencia de Córdoba, Virreinato de la Plata, 26 de agosto de 1810) fue un marino y militar español de larga trayectoria en el Virreinato del Río de la Plata, que llegó a ser gobernador de Córdoba de la Nueva Andalucía y murió fusilado por orden de la Primera Junta por lealtad a la causa del rey de España.

Tuvo cuatro hijos con Petra Irigoyen de la Quintana, que regresó a España a la muerte de su marido. Dos de ellos fueron los militares y políticos Manuel Gutiérrez de la Concha (1808-1874), marqués del Duero, y José Gutiérrez de la Concha (1809-1895), marqués de la Habana.

Era un oficial de marina formado en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz, que llegó a Buenos Aires poco antes de 1790. Experto en cartografía y astronomía, participó en una de las expediciones más relevantes de finales del siglo XVIII, la que dirigía Alejandro Malaspina, realizando trabajos en las costas patagónicas en 1795, explorando exhaustivamente la zona entre los ríos Negro y Deseado. Dio nombre a los lugares que reconocía, como la península Valdés, por el apellido del ministro español de Marina.

Fue asignado al apostadero naval de Carmen de Patagones y luego al de Montevideo. Por orden del gobernador Pascual Ruiz Huidobro, en 1806 acompañó a Santiago de Liniers en la campaña contra las invasiones inglesas. Fue el comandante del Batallón de Arribeños, y más tarde reorganizó la marina de guerra virreinal.

En septiembre de 1807, el virrey Liniers lo nombró gobernador de Córdoba, cargo que ocupó desde diciembre de ese año. Se vio envuelto en discusiones con el partido del Deán Gregorio Funes. Organizó un batallón de milicias locales, que puso al mando del futuro caudillo José Javier Díaz. También mejoró el camino y las postas hacia La Rioja e intentó la explotación del mineral de plata en Famatina. Al ser reemplazado Liniers por Baltasar Hidalgo de Cisneros, lo ayudó a instalarse en Córdoba.

En 1810, al conocerse la noticia de la Revolución de Mayo reunió una asamblea de notables, en la que todos (menos Funes) aconsejaron jurar el Consejo de Regencia y desoír la invitación porteña. Se preparó para luchar y ordenó reclutar fuerzas, desconociendo la autoridad de la Primera Junta. Pero el partido realista quedó aislado, y las tropas de Díaz se negaron a seguirlo.

En agosto llegó la expedición al mando de Francisco Ortiz de Ocampo, y los conspiradores debieron huir hacia el norte. Con Gutiérrez de la Concha fueron capturados el obispo Rodrigo de Orellana, los ex gobernadores Allende y Rodríguez y el contador Moreno. En otro lugar fue capturado Liniers.

Ocampo y su delegado político Hipólito Vieytes decidieron desobedecer la orden de fusilarlos y los enviaron a Buenos Aires. Pero al llegar la noticia a la capital, la Junta reiteró la orden y envió al vocal Juan José Castelli hacia el norte, dispuesto a cumplirla.

Fue fusilado en el extremo sur de la provincia de Córdoba (Argentina) junto a Liniers, Allende, Rodríguez y Moreno, por orden de Castelli.

Sus restos descansan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz).

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Mensajepor Rescoldo » 27 Jun 2015 02:51

ANDRES DE URDANETA

Andrés de Urdaneta nació en Ordizia a finales de 1507 o principios de 1508, contra lo que afirman sus biógrafos más antiguos, que lo hacen una década más viejo. Pero él mismo dirime la cuestión en su carta al rey de 28 de mayo de 1560: "y dado que según mi edad que pasa de 52 años".

Sus padres, Juan Ochoa de Urdaneta y Gracia de Cerain, pertenecían a la burguesía goierritarra. El padre fue alcalde de Villafranca en 1511, y la madre al parecer tendría relación familiar con el sector de las ferrerías, a la luz de su parentesco, según Velasco, con Legazpi, y el reconocimiento por Urdaneta de Andrés de Mirandaola como sobrino suyo. Aunque la tradición ordiziarra ubica su cuna en el caserío Oianguren, parece más lógico suponer que su casa natal se hallaba en el casco de la villa; Isasti reseña, en 1625, la existencia de una casa 'de Urdaneta'.

Se desconoce lo referente a su educación, pero a la vista de los resultados, ésta hubo de ser esmerada, especialmente en las ciencias exactas. Cuando embarcó por primera vez con 17 años, era ya una persona con una caligrafía cuidada y que redactaba con gran soltura. Sus escritos evidencian grandes dotes de observación y una memoria excepcional.
Urdaneta era profundamente bilingüe: escribía en castellano lo que pensaba en euskara. Sus escritos, en un castellano trufado de léxico de otros romances vecinos, resultan a veces difíciles de entender sin recurrir al euskara, del cual traslada construcciones sintácticas y locuciones.

Recibió su bautismo de mar en la expedición de Loaysa que Carlos V envió a la Especiería (Molucas) en 1525, en la carrera que Castilla y Portugal mantenían por el dominio de aquellas islas de enorme valor económico. El responsable náutico de la expedición era el circumnavegador Elcano, que mandaba la nao Sancti Spiritus, en la que embarcó Urdaneta, en un cargo sin especificar pero de responsabilidad.

Aunque se ha conjeturado, dada su edad, que embarcó como grumete o paje, las funciones que realizó nunca fueron tales: firmó como testigo documentos trascendentales como el testamento de Elcano, asumió pronto diversas responsabilidades y criticó, acertadamente, varias veces en su diario a su jefe directo por su gestión náutica.

La expedición, compuesta de 7 naves, zarpó el 24 de julio de 1525 de La Coruña. Tras graves vicisitudes en el estrecho de Magallanes y la pérdida de 6 naves por razones varias y de casi todos los dirigentes por enfermedad, arribó a Mindanao con una sola nave el 6 de octubre de 1526 bajo el mando de Carquizano, para posteriormente dirigirse a Molucas.
Urdaneta permaneció 9 años en estas islas, demostrando sus dotes de diplomático, estratega y observador. Allí adquirió, del fracaso de los intentos de retornar a América por el Pacífico y de su trato con navegantes asiáticos, conocimientos sobre el clima y la navegación local que resultarán cruciales para el tornaviaje de 1565.

El 22 de abril de 1528, Carlos V vendió a Portugal sus pretendidos derechos sobre las Molucas; al saberlo, varios años más tarde, los pocos castellanos que allí quedaban negociaron con los portugueses su retorno. Urdaneta partió de allí el 15 de febrero de 1535, arribando a Lisboa el 26 de junio de 1536. A su llegada, los portugueses le requisaron toda la documentación de que era portador, que incluía los derroteros de los viajes de Loaysa y Saavedra, mapas y "otras memorias y escripturas, lo cual tomo la dicha Guarda Mayor sin auto de escribano, ni nada, sino así de hecho".

Tras huir de Portugal por indicación del embajador español, el 26 de febrero de 1537 entregó en Valladolid un relato del viaje, hecho de memoria, que refleja sus dotes de observación, el gran conocimiento de las islas y su interés por los rendimientos de aquellas.
Por aquellas fechas le contactó Pedro de Alvarado, para que le acompañase en una nueva expedición desde la Nueva España. Para ello zarparon de Sevilla el 16 de octubre de 1538, pero a su llegada a México quedó en suspenso por las malas relaciones de Alvarado y el virrey Mendoza. La muerte de Alvarado dejó definitivamente esta expedición en manos de Villalobos, que volvería a fracasar en el intento de tornaviaje.

Urdaneta permaneció en México ocupándose de cometidos de responsabilidad, como la investigación sobre la fracasada expedición de Cabrillo a la costa californiana en 1542. Por estas fechas escribe un relato sobre variados temas como la navegación por el Caribe, la formación de los ciclones tropicales, la reproducción de las tortugas marinas o la curación de las fiebres tropicales. En 1547 se le encomendó la organización de una armada para pacificar el Perú, pero el éxito de Lagasca hizo innecesaria la expedición.
El 20 de marzo de 1553, en México, Urdaneta ingresó en la orden de los agustinos, muy implicados en la educación de las élites indígenas. No hay muchos datos acerca su actividad religiosa pero sí sabemos que perseveró en sus actividades náuticas, ya que participó en la fracasada expedición de Tristán de Luna y Arellano a Pensacola en 1559, y mantuvo estrechas relaciones con su posterior conquistador, Pedro Menéndez de Avilés.

El 24 de septiembre de 1559, Felipe II ordenó al virrey Luis de Velasco el envío de una expedición a las Filipinas y disponía la participación Urdaneta como máximo experto náutico de lo que ya se proyectaba como una ruta estable. Existen controversias sobre el destino final de esta expedición, pero la documentación existente permite establecer que las pretendidas contradicciones se debían muy posiblemente a una maniobra de enmascaramiento destinada a no despertar las suspicacias portuguesas.
Felipe II sabía, puesto que fue informado de ello, que las Filipinas caían en la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas, pero también era sabedor de que en Filipinas no había portugueses.

Para consolidar el dominio de Filipinas y establecer un puente comercial con China era imprescindible, sin embargo, hallar una ruta de retorno a través de Pacífico hasta Nueva España. Cinco intentos anteriores de tornaviaje habían fracasado y Urdaneta era el hombre clave para resolver el desafío.

La expedición zarpa, al mando de Legazpi, el 21 de noviembre de 1564 del puerto de La Navidad, en Nueva España. Siguiendo una de las tres alternativas propuestas por Urdaneta, navegó por la ruta más ecuatorial, bien conocida porque ya la habían usado para la ida Saavedra y Villalobos.

Urdaneta dio pruebas sobradas de la precisión de sus cálculos y su conocimiento del inmenso Pacífico. El 21 de enero de 1565 avisaba de la proximidad de la isla de Guam, avistada al día siguiente; los pilotos de la expedición creían estar ya en Filipinas, a donde no llegarían hasta el 13 de febrero.

A su llegada, exploraron diversas islas del archipiélago filipino en busca de un asentamiento definitivo. El 15 de marzo de 1565, mientras continuaban con sus exploraciones, fondearon en Bohol, por la gran cantidad de madera existente en ella, para reparar la nao San Pedro destinada a efectuar el tornaviaje.

Los informes favorables de la fragata enviada al efecto indujeron a Legazpi a elegir Cebú como emplazamiento final de los expedicionarios que permanecerían para iniciar la conquista. La flota se trasladó allí el 27 de abril y Urdaneta fue el primero en ir a tierra para negociar con los nativos por sus conocimientos lingüísticos (al parecer, hablaba fluidamente el malayo, lengua de relación en buena parte del Sudeste asiático, además de tener conocimientos de varias lenguas locales más).
Establecido el asentamiento definitivo en Filipinas, sólo restaba descubrir la ruta que permitiera la conexión estable con la Nueva España.

EL TORNAVIAJE

El regreso de Filipinas a México en 1565 marcó un hito en la historia de la navegación. Se trataba del viaje más largo, 7.644 millas, navegando por una ruta desconocida, de los realizados hasta entonces.
Un viaje de tanta transcendencia se ejecutó bajo el mando de un muchacho de 18 años, Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi, y la dirección técnica de un fraile de 57 años, Urdaneta. Sólo la confianza que inspiraba éste puede explicar lo que, en cualquier otra circunstancia, hubiera sido una temeridad suicida.

La nao San Pedro zarpó de Cebú el 1 de junio de 1565, aunque la navegación transpacífica propiamente dicha comenzó el día 9 al salir del estrecho de San Bernardino.

Impulsados por el monzón de verano, hasta el 4 de agosto navegaron al nordeste buscando la corriente del Kuro-Shivo que los impulsaría hasta Acapulco; ese día alcanzaron por primera vez los 39º de latitud norte en una longitud de 170º oeste.

Posteriormente, descendieron a los 32º N, y volvieron a subir a los 39º 30' N el 4 de septiembre. Ni estos dos 'picos' que prolongaban 'innecesariamente' la navegación fueron casuales: Urdaneta intentaba verificar la longitud, coordenada indomeñable por entonces pero imprescindible para cruzar el Pacífico transversalmente.

Sus cálculos resultaron más que atinados ya que el piloto Espinosa, al concretar la primera estimación de distancia al continente americano, anota en su diario que Urdaneta calcula estar a 270 leguas del actual Cabo Mendocino, una distancia que se verificará tras los posteriores 15 días de navegación. Navegando exclusivamente por estima, tras 7000 millas sería imposible lograr tal precisión.
El 18 de septiembre avistan la isla californiana de Santa Rosa con lo que culminaban la primera travesía del Pacífico de oeste a este. A partir de ese día, con una tripulación agotada pero no sin verse apremiados por el hambre o la sed, descendieron a buena velocidad costeando hasta el destino elegido por Urdaneta, Acapulco, a donde arribaron el 8 de octubre.

No sólo se deshizo el extendido mito de su imposibilidad, sino que fue un tornaviaje rápido y sin contratiempos, en el que nada se improvisó. Los frutos directos de aquel viaje perduraron hasta marzo de 1815 en que zarpó el último galeón de Manila; los indirectos, se siguen materializando en una de las principales rutas marítimas del mundo moderno.

Tras la llegada del Tornaviaje a la Nueva España y prestar declaración ante la Audiencia, Urdaneta se embarcó con destino a Castilla para rendir cuentas ante Felipe II.

Ya en Castilla, nuestro hombre redactó el documento “Parecer del P. Andrés de Urdaneta”, sobre la posesión de las islas de acuerdo a los términos del Tratado de Tordesillas, el 8 de octubre de 1566.
Cumplido este trámite y con la venía del Consejo de Indias, regresó al convento de San Agustín de México donde falleció el 3 de junio de 1568

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:01

D. MATEO HERNANDEZ OCAMPO Alferez de Navio de la Armada Española

No se encuentran más datos

Enterrado en el panteón de marinos ilustres

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:07

D. LUIS HERNANDEZ-PINZON Y ALVAREZ Almirante de la Armada Española

Luis Hernández-Pinzón y Álvarez de Vides (Moguer (Huelva), 23 de diciembre de 1816 - ibídem, 22 de febrero de 1891), fue el vigésimo octavo Capitán General y Almirante de la Real Armada Española en la época de Isabel II, dirigió la escuadra del Pacífico en la guerra contra Perú por el control del guano. Desciende de Martín Alonso Pinzón, codescubridor de América, formando parte del Linaje Hernández-Pinzón.

Luis Hernández-Pinzón y Álvarez de Vides nació el 23 de diciembre de 1816 en Moguer. Fue el menor de cinco hermanos del matrimonio Luis Hernández-Pinzón Prieto y María Teresa Álvarez de Vides. Su abuelo José Hernández Pinzón Benítez, Alférez Mayor y Regidor Perpetuo de la Ciudad de Moguer, obtuvo el Real Privilegio de Hidalguía y el reconocimiento oficial de ser descendiente de los descubridores de América, en 1777. Este a su vez, según queda recogido en el “Libro que contiene las probanzas de la genealogía del apellido "Hernández-Pinzón" y entronque con Martín Alonso” de 1777 y en diversos estudios de posteriores, descendía del matrimonio entre Diego Hernández Colmenero y Catalina Pinzón Álvarez, hija esta de Martín Alonso Pinzón y María Álvarez.

En el transcurso del reinado de Isabel II, fue diputado a Cortes por varios distritos, y en casi todas las legislaturas,4 siendo al final senador por derecho propio al ser ascendido a Almirante.

Ejerció el cargo de presidente de la Comisión de Marina en Londres; segundo jefe del Apostadero de La Habana; vocal del Supremo de Guerra y Marina; presidente de la Junta Superior Consultiva de la Armada; presidente del Centro Técnico de la Armada; presidente del Consejo de Enganches y Redenciones, y capitán general del Departamento de Cádiz.

Cuando se celebraron en Huelva las solemnes fiestas del cuarto centenario del Descubrimiento de América, tuvo un papel relevante en la organización del mismo. Participó activamente en la organización de los actos conmemorativos, logrando la visita de diversas personalidas a la Provincia de Huelva y que asistieran buques de muy diversos países. Fue socio fundador y presidente, de la Real Sociedad Colombina Onubense, que le homenajeó con el develado de una placa en homenaje póstumo, entre las actividades celebradas en el IV Centenario.

Falleció en su pueblo natal de Moguer el 22 de febrero de 1891. Fue un destacado miembro del Linaje Hernández-Pinzón.

Luis Hernández-Pinzón se distinguió en cuantas acciones de guerra pudo estar presente, por su esfuerzo personal y valor rayando en la temeridad. Pero el cargo que más ilustró su nombre fue el mando de la escuadra del Pacífico entre 1862 y 1865, donde se nos presenta como consumado hombre de mar y de guerra, rodeado de todos los prestigios que despertaba la figura de un hombre de 40 años, dotado de sus cualidades, el cual, en más de una ocasión, resolvió situaciones difíciles por el sólo imperio de su presencia.

En 1833, sentó plaza de guardiamarina en la compañía del Departamento de Cádiz. En la Primera Guerra Carlista, al mando de una escuadrilla se apoderó de las islas Medas, Rosas y Cadaqués, haciéndose con numerosos prisioneros, a los que les apresó numerosas piezas de artillería y más de quince mil fusiles.

Al mando del vapor Isabel II, cuando se declaró la rebelión de Levante, bloqueó la ciudad y puerto de Alicante, teniendo que batirse con la artillería del castillo de Santa Bárbara. Apresó al falucho África y después de un duro combate, puso en fuga a los buques Plutón y Proserpina, que estaban tripulados por rebeldes.

El 9 de julio de 1836, fue ascendido a alférez de navío por méritos de guerra, al ser su comportamiento muy valeroso en la toma de Pasajes.

Participó también en el ataque a Fuenterrabía, en el que fue herido. Una vez recuperado, entró de nuevo en combate en la Batalla de Luchana, el 24 de diciembre de 1836. En este combate tenía el mando de la lancha Constitución, siendo la primera que llegó al puente después de un sangriento combate.
Placa homenaje póstumo de la Real Sociedad Colombina al Almirante

Sus méritos le hicieron ganar la antigüedad en su empleo, la Cruz de San Fernando y el grado de capitán de Infantería de marina, todo esto sin haber cumplido los 20 años.

En 1842, fue ascendido a teniente de navío. En agosto de 1843, se le volvió a ascender a capitán de fragata; el 4 de noviembre del mismo año se le nombró coronel de Infantería de marina; y el 14 de julio de 1847, fue ascendido al grado de brigadier de este cuerpo.

El 1 de abril de 1850, ascendió a capitán de navío; el 3 de marzo de 1851, se le otorgó el grado de brigadier numerario; el 30 de mayo de 1860, fue ascendido a jefe de escuadra; y el 11 de octubre de 1868, se le otorgó el grado de teniente general.

Se le nombró comandante general de la escuadra del Pacífico, y al mando de las fragatas de hélice Resolución y Nuestra Señora Del Triunfo se desplazó hasta aquellas aguas, donde se apoderó de las islas Chincha. Al producirse el incendio de la Triunfo, sólo con la fragata Resolución y la corbeta Vencedora se atrevió a desafiar a las escuadras de Chile y Perú reunidas. Cuando dejó el mando de esta escuadra en manos del contralmirante José Manuel Pareja, se dirigió a España en un atrevido viaje a través del istmo de Panamá, atravesando repúblicas enemigas que habían puesto precio a su cabeza.

Y por fin el 18 de abril de 1881, ascendió a la más alta distinción de la Real Armada, Almirante, que en esos momentos era el equivalente a Capitán General de la Real Armada.

Algunos años después de su fallecimiento, el Gobierno español determinó trasladar sus restos al Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando (Cádiz), en el lugar donde hoy reposan bajo un sencillo y elegante mausoleo, cuya leyenda dice lo siguiente:

Excmo. e Ilmo. Señor Don Luis Hernández-Pinzón y Álvarez

Almirante de la Armada
Nació en Moguer el 23 de diciembre de 1816
Murió en Moguer el 22 de febrero de 1891
R. I. P.

Recibió numerosas condecoraciones españolas y extranjeras, como las grandes cruces de la Orden de Carlos III, de la Orden de Isabel la Católica, de la Orden de San Hermenegildo y de la Orden del Mérito Naval con distintivo blanco.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:17

D. FRANCISCO HERRERA Y CRUZAT Brigadier de la Armada Española

Vino al mundo en la ciudad del Puerto de Santa María, en el año 1738, sus padres fueron don Francisco de Herrera Toledo y Navarro, caballero de Santiago y doña María Cruzat y Vela, su familia era de noble abolengo.

Se le concedió la Carta-orden sentando plaza de guardiamarina el día 1 de febrero del año 1752, en la Compañía del Departamento de Cádiz. Expediente N.º 571.

Al aprobar los exámenes teóricos se le ordenó embarcar, siendo el día 20 de marzo del año de 1755 cuando pisó la cubierta del navío Firme, trasbordando más tarde al Eolo, con el que realizó cruceros sobre los cabos de Santa María y San Vicente, en misión de protección de la recalada de los buques de transporte provenientes de ultramara, siendo destinado el buque a Ferrol por pasar a desarme, el día 15 de julio del año 1756 embarcó ya como oficial habilitado en el navío Soberano, con el que regreso a la bahía de Cádiz.

El día 8 de septiembre siguiente embarcó en la fragata Juno, zarpando con rumbo al Mediterráneo en comisión de combatir el corso, al terminar el crucero arribó a Cartagena el día 9 de noviembres, quedando desembarcado.

Por orden superior del día 6 de abril del año 1757 embarcó en la fragata Astrea, realizando el corso contra los buques moros tanto por el Mediterráneo como por el océano Atlántico, realizando en ellos varias presas de buques, permaneciendo a bordo hasta que recibió la orden de presentarse en la Compañía, para notificarle su ascenso a alférez de fragata, siendo el día 4 de diciembre del propio año, pasando destinado a los Batallones de Infantería de Marina.

Se le ordenó embarcar en el jabeque Vigilante el día 11 de junio siguiente, realizando una campaña contra el corso sobre las regencias norteafricanas, al finalizar regresó a Cartagena quedando desembarcado.

Por orden del día 25 de agosto del año 1759 pasó de nuevo a embarcar en la fragata Astrea, la cual en conserva del jabeque Cuervo, permanecieron cruzando sobre las costas de berbería y del Estrecho, por orden de su comandante pasó destinado al jabeque, con el que prosiguió la lucha contra el corso.

Se retiró la fragata a Cartagena y fue relevada por el Vigilante, ambos jabeques al mando de don Diego de Argote, divisando un pingue argelino del porte de 14 cañones que tras duro combate fue apresado, siendo capturados ciento cincuenta y nueve moros y turcos, siendo llevados a Cartagena con el buque a remolque, arribando el día 10 de diciembre del mismo año, siéndole entregada la Real orden del día 13 de julio anterior con su ascenso al grado de alférez de navío, regresando destinado a los Batallones de Infantería de Marina.

El día 1 de abril del año 1764, volvió a embarcar en el navío Princesa, regresando a la comisión de lucha contra el corso, al regresar de su crucero, se le dio la orden superior del día 26 de marzo del año 1765 para trasbordar al navío Rayo, siendo éste el buque insignia del capitán general marqués de la Victoria, a quien S. M. le había comisionado para un viaje especial.

En Cartagena se encontraba la Infanta de España doña María Luisa, donde llegó la escuadra embarcando el mismo día 24 de junio, volviendo a hacerse a la mar al amanecer del 25 rumbo a Génova, donde fondearon el día 17 de julio siguiente, para convertirse en la esposa de Leopoldo el Gran Duque de Toscana, quien posteriormente ocupó el trono imperial, hubieron fiestas y convites para las dotaciones y mandos, zarpó de nuevo la escuadra rumbo al puerto de Liorna, donde embarcó la Princesa María Luisa de Parma, quien venía a contraer nupcias con el Príncipe de Asturias, futuro don Carlos IV regresando la escuadra a Cartagena el día 11 de agosto.

En el viaje todos observaron la disposición de la escuadra, estando partida en tres divisiones de tres navíos, navegando de tres en línea y de fondo, estando en el centro de la formación el Rayo para resguardo de mares y casi de vientos, de ahí que los trayectos fueran a poca velocidad para no molestar a las nobles damas.

Al regresar a la bahía de Cádiz el día 31 de diciembre continuo con más comisiones y en otros tantos buques, en una de sus arribadas se le entregó la Real orden del día 17 de septiembre del año 1767, por la que fue ascendido al grado de teniente de fragata, siendo destinado de nuevo a los Batallones de Infantería de Marina.

Se encontraba en su destino, cuando le fue entregada la Real orden del día 13 de enero del año 1771, por la que se le ascendía al grado de teniente de navío prosiguiendo en los Batallones, hasta que por orden superior del día 1 de abril del año 1773, pasó a formar parte de la dotación del navío España, siéndole encomendada la misión a su comandante de transportar presidiarios a Puerto Rico y la Habana, así como descargar azogue en Veracruz, regresando con situado a la Habana donde se le cargó más, quedando incorporado a la escuadra del mando de jefe de escuadra don Luís de Córdova, cruzando el océano de nuevo y arribando a la bahía de Cádiz, donde recibió la orden de desembarcar el día 20 de abril de 1774.

Por orden superior pasó a embarcar en la fragata Carmen, que se unía a la expedición contra Argel del año de 1775, al mando del teniente general don Pedro Castejón, al llegar a la ciudad realizó el desembarco con el resto de fuerzas, teniendo que proceder al reembarque por el ataque de la caballería mora que, no dio tiempo a organizar las defensas en la playa, al mismo tiempo que se levantaba un temporal de Levante, impidiendo a los buques prestar su apoyo con su fuego, siendo la causa del fracaso de la desafortunada expedición, regresando a la bahía de Cádiz, donde el día 30 de octubre se le dió la orden de desembarcar.

Al regreso de esta expedición, pasó a embarcar en el navío San Miguel y casi sin tocar su cubierta, se le ordenó trasbordar al de su misma clase San Agustín, el cual correspondía a la escuadra de don Juan de Lángara, por lo que participó en el combate del día 16 de enero del año 1780, contra la escuadra británica del almirante Rodney, el encuentro tuvo lugar sobre las aguas del cabo de Santa María; fue tan bizarro y valeroso su comportamiento que, por iniciativa de sus superiores fue ascendido por méritos de guerra, al grado de capitán de fragata por Real orden del día 3 de febrero siguiente.

Al poco tiempo fue nombrado segundo comandante, primero del navío San Pedro Apóstol a continuación del San Juan Bautista, perteneciente a la escuadra del general don Luis de Córdova, por ello el día 20 de octubre del año 1782, se halló en la desembocadura del Estrecho, en aguas del cabo Espartel, donde se enfrentó la escuadra española a la británica del almirante Howe.

El día 14 de enero del año de 1783, se le dio el mando de la tropa embarcada en la escuadra combinada franco-española, la primera al mando del conde D’Esteing y la española al mando del general don Juan de Lángara, permaneciendo en cruceros por el océano Atlántico.

Permaneció en la escuadra combinada hasta que ésta, retornó cada una a su puerto de partida. Se encontraba en su destino de los batallones, hasta recibir la orden superior de tomar el mando como comandante, del décimo batallón de Infantería de Marina.

Proseguía en el destino anterior cuando le fue entregada la Real orden del día 14 de enero del año 1789, por la era ascendido al grado de capitán de navío.

El día 1 de junio del año 1790, fue nombrado Ayudante Mayor General interino de la Real Armada, permaneciendo en el destino hasta que por Real orden del día 1 de septiembre del año 1791 se le entregó en propiedad.

El día 1 de julio del año 1793, se le nombró Inspector de los Batallones embarcados en la escuadra del general don Juan de Lángara, con la que zarpó al declararse la guerra contra la República francesa, junto a la escuadra británica del almirante Hood, se desplazaron a auxiliar a los monárquicos franceses perseguidos y refugiados en la base naval de Tolón, tomando parte en la mayoría de combates que tuvieron lugar, singularmente en la toma de las alturas del Faraón, estando a las órdenes directas del general don Federico Gravina, así como en la evacuación de la plaza a las órdenes del general don Ignacio María de Álava.

En el año de 1794, continuando en la misma escuadra, fue nombrado segundo comandante del navío Mejicano y después de un penoso transito por el golfo de León, por desatarse un fuerte temporal tuvo que soportarlo por tener la orden su buque de ser uno de los que permanecía en el bloqueo de Columbres y Portvendre y resto de operaciones que se realizaron en la defensa del Rosellón.

Posteriormente en el mismo año se le otorgaron los mandos sucesivamente de los navíos San Felipe y San Pedro Alcántara, con éste fue comisionado a transportar azogues al puerto de Veracruz, pasando seguidamente a dar protección a los convoyes y lucha contra el contrabando en el seno mejicano, realizando un transporte de situado a la Habana, donde se le dió el mando del navío San Juan Bautista, recibiendo la orden superior de regresar a la península, al arribar a la bahía de Cádiz, se le ordenó trasladar el buque al Arsenal de la Carraca, donde quedó desembarcado por pasar a desarme el navío.

Se encontraba en el Departamento de Cádiz, cuando le fue entregada la Real orden del día 5 de septiembre del año 1795, con su ascenso al grado de brigadier.

Aprovechando este momento pasó a cumplir las ordenanzas de la Orden de Santiago, para profesar en la misma, puesto que desde oficial pertenecía a ella.

A su regreso después del año de claustro, se presentó en el Departamento de Cádiz, donde se le entregó el mando del navío Mejicano del porte de 112 cañones y tres baterías, siendo a su vez el buque insignia del jefe de escuadra don Pedro de Cárdenas incorporado a la escuadra del mando del teniente general don José de Córdova.

Al comenzar el año de 1797, la escuadra del océano se encontraba en el puerto de Cartagena al mando de su general don José de Córdova: la componían veintisiete navíos de línea, de ellos uno de 130 cañones, seis de 112, uno de 80, y 19 de 74, más ocho fragatas, tres urcas y un bergantín, pero todos ellos estaban faltos en parte de su dotación, pues según datos del propio Córdova, no eran menos de cuatro mil hombres los que le faltaban para afrontar un combate con garantías, de ahí su intención de entrar en la bahía de Cádiz y reforzar las dotaciones para proseguir la guerra, aparte de esto a algunos buques también les faltaba algún cañón.

El día 1 de febrero del mismo año zarpó la escuadra de Cartagena con rumbo a la bahía de Cádiz, se aprovechó su salida y se le incorporaron un convoy con derrota a la misma bahía, además de veintiocho lanchas cañoneras y obuseras que se habían construido en el Arsenal que, se separaron para entrar en el apostadero de Algeciras, para ser utilizadas en la defensa y ataque al peñón de Gibraltar; con el convoy entró en la bahía la división al mando del general don Domingo Nava, compuesta por los navíos Bahama, al mando del capitán de navío don José Aramburu e insignia de la división; Neptuno, al mando del capitán de navío don José Lorenzo Goicoechea y Terrible, al mando del capitán de navío don Francisco Uriarte.

Al estar a la altura de la bahía y decidido a entrar, de pronto se desató un fuerte y duro temporal de Levante, el cual al correrlo arrastró los buques durante ocho días, tal esfuerzo y tan continuado aún dejó más mermadas a las dotaciones, los que no estaban enfermos estaba casi reventados del duro trabajo y mal comer, comenzando a calmar cuando se hallaban a la altura del cabo de San Vicente, por efecto del Dios Eolo los buques quedaron desordenados, dispersos, algunos sotaventados, quedando formada en tres líneas, sin conexión entre ellas, más otros cinco navíos desperdigados y otros sueltos, o sea, en pleno desorden.

El día 14 de febrero se divisaron las fuerzas; la escuadra española al mando del general don José de Córdova que en esos momentos contaba con veinticuatro navíos y varias fragatas, contra la británica del almirante Jervis, compuesta por diecisiete navíos y varias fragatas y en excelente estado de armamento, dotación e instrucción.

Éste aciago día, su buque fue el que sufrió el primer contacto y después el de toda la escuadra británica, siendo uno de los navíos que mejor se batió en este combate, experimentó averías y pérdidas de consideración, Herrera fue gravemente herido y de resultas de ellas falleció a bordo del buque de su mando unos días después, siendo su navío junto a los Soberano y Concepción, los que estaba en peor estado a parte de los cuatro apresados siendo los San José y Salvador del Mundo, de 112 cañones y tres baterías, el San Nicolás, de 80 y San Isidro, de 74, de dos baterías.

El Estado mando colocar al lado de las memorias de sus compañeros muertos en el combate del cabo de San Vicente, en la tercera capilla del Este, donde reposan los restos del general Laborde y que dice así:
Foto de la placa en recuerdo de don Francisco Herrera y Cruzat que se encuentra en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

A la memoria del Brigadier de la Armada Don Francisco Herrera y Cruzat
Muerto gloriosamente sobre el navío de su mando el « Mejicano » en el combate naval
de San Vicente el 14 de febrero de 1797.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:26

D. BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS Y DE LA TORRE Almirante de la Armada Española y Virrey de Rio de la Plata

Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre (Cartagena, España, 1755 - ib., 9 de junio de 1829) era un marino y administrador colonial español que llegó al grado de almirante y sería nombrado como último virrey del Río de la Plata con poder efectivo sobre todo el territorio rioplatense ya que Francisco Javier de Elío, que había sido designado como su sucesor por el Consejo de Regencia, sólo pudo ejercer su autoridad sobre algunos territorios, principalmente en la gobernación de Montevideo.

Baltasar Hidalgo de Cisneros nació en el año 1755, en la casa en que residían sus padres y hermanas, ubicada en la cartagenera calle de la Caridad, siendo bautizado días después en la parroquia de Santa María de Gracia. Sus padres eran Francisco Hidalgo de Cisneros y Seijas, teniente general de la Real Armada, y Manuela de la Torre y Gofre. A pesar de que los Hidalgo de Cisneros tenían una larga tradición de servicio militar en la caballería, Baltasar siguió desde muy joven la carrera naval, ingresando el 3 de marzo de 1770 en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz.

En 1780 al mando de la balandra Flecha capturó dos buques corsarios británicos, el Rodney y el Nimbre. Al año siguiente y al mando de la fragata Santa Bárbara capturó otros cuatro corsarios de la misma nacionalidad.3 Durante los años siguientes participó de la expedición militar española a Argel y fue ascendido al grado de brigadier, participando en la defensa de Cádiz contra el bloqueo inglés. Fue destinado al Estado Mayor de la Real Armada, pero en los últimos días de 1804 decidió incorporarse a la escuadra que se uniría en Cádiz a la flota francesa para la batalla decisiva contra Gran Bretaña.

En 1805 combatió contra los ingleses en la Batalla de Trafalgar, resultando ser uno de los marinos españoles más destacados que participaron en ella. Ostentaba además el rango de General y Jefe de escuadra y enarboló su insignia en el navío Santísima Trinidad, que era el barco mayor de todos los que tomaron parte en la batalla y que protagonizó uno de los episodios más intensos. En dicha batalla desarrolló cierto grado de sordera por el golpe recibido al caerle encima el palo mayor de su buque.

La de Trafalgar fue su última acción naval. Asumió el mando del puerto de Cartagena y participó en la resistencia contra la invasión napoleónica de su país. Fue vicepresidente de la Junta de Cartagena, presidente de la Junta de Guerra y capitán general del Departamento Naval de Cartagena, uno de los más importantes puertos militares de España.

La Junta Suprema de Sevilla lo nombró virrey del Río de la Plata en 1809, en reemplazo de Santiago de Liniers. Su misión principal era recomponer la autoridad virreinal, erosionada por las desavenencias entre su antecesor, Santiago de Liniers (sospechoso de deslealtad a España por su origen francés) y el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, quien había creado una Junta de Gobierno local.

Al llegar Cisneros a Montevideo, a mediados de julio de 1809, Elío aceptó la autoridad del nuevo virrey y disolvió la Junta, siendo nombrado inspector de armas del Virreinato. En Buenos Aires había dos partidos opositores: los juntistas locales, dirigidos por Martín de Álzaga, estaban en decadencia tras la derrota de la asonada del pasado de enero. No obstante, eran mejor vistos en España, por lo que Cisneros se congració con éstos al no desautorizar a Elío e indultar a los responsables de la asonada. El otro partido, el carlotismo, intentaba establecer la regencia de Carlota Joaquina de Borbón en el Río de la Plata y cuestionaba la autoridad de la Junta Suprema y — por consiguiente — la de Cisneros. Éste evitó los ataques carlotistas exigiendo y logrando el traspaso del mando fuera de la capital, en Colonia.

Ocupó finalmente su cargo en Buenos Aires, donde intentó aplacar las conspiraciones y fortalecer su poder: aunque se vio obligado a enviar a Elío a España, logró rearmar las milicias españolas disueltas tras la asonada de Álzaga, con lo que la crisis política estaba momentáneamente resuelta.

Pero Cisneros asumió su cargo en un momento que era también de crisis económica: con la derrota de la flota española por la Marina Real Británica, el comercio con las colonias se paralizó al no poder enviar barcos a éstas. Aunque España posteriormente estableció una alianza con Gran Bretaña, no podía comerciar con ella debido al secular monopolio español del comercio con sus colonias.

Cisneros autorizó entonces el libre comercio con Gran Bretaña, pero esto generó quejas de los comerciantes más poderosos que obtenían grandes ganancias con el contrabando. Para no perder su apoyo, anuló el decreto de libre comercio que había dictado. Esto causó, a su vez, quejas de los comerciantes ingleses, quienes reclamaban que — en tanto que aliados de España contra Napoleón — no deberían ser perjudicados. Para quedar en buenos términos con ambos, dio una prórroga de cuatro meses al libre comercio para que los ingleses pudieran finalizar sus asuntos.

Durante 1809 ocurrieron dos revoluciones en el Alto Perú, la actual Bolivia, que dependía del Virreinato del Río de la Plata: el 25 de mayo estalló la Revolución de Chuquisaca y el 16 de julio otra en La Paz. En ambas ciudades se formaron juntas de gobierno por la ausencia del rey español. Cisneros envió en su contra un ejército al mando del general Vicente Nieto, que logró un éxito incruento en Chuquisaca. El alzamiento de La Paz, en cambio, fue aplastado por tropas enviadas desde el Virreinato del Perú, siendo sus dirigentes condenados a muerte. En Buenos Aires, la represión aumentó el resentimiento de los revolucionarios porteños: Domingo French y Antonio Luis Beruti criticaban que los alzamientos altoperuanos — dirigidos por criollos — fueran reprimidos con la pena capital, mientras los alzamientos contra Liniers — dirigidos por españoles peninsulares — acabaran en indultos.

Al llegar el 13 de mayo de 1810, un barco con noticias de España, que incluían el sometimiento de la corona española y la Junta de Sevilla a las fuerzas de Napoleón Bonaparte, Cisneros intentó incautar los periódicos traídos para que la noticia no se supiera. No obstante, uno de esos periódicos llegó a manos de Manuel Belgrano y Juan José Castelli, quienes difundieron la noticia. Cisneros se vio obligado a proclamarla oficialmente el 18 de mayo.

La Revolución de Mayo, también conocida como los eventos de la Semana de Mayo, es la semana que transcurrió entre el 18 y el 25 de mayo de 1810, que se inició con la confirmación de la caída de la Junta de Sevilla y desembocó en la destitución de Cisneros y la asunción de la Primera Junta.

Castelli y Martín Rodríguez se presentaron el 20 de mayo y le demandaron a Cisneros la celebración de un Cabildo abierto para decidir el destino del gobierno de la colonia. El mismo se realizó dos días después, el 22 de mayo. En éste se decidió la formación de una Junta de Gobierno. El día 24, el cabildo de Buenos Aires nombró una Junta, de la cual Cisneros fue nombrado presidente. Sin embargo, mucha gente rechazaba su permanencia en el cargo. Cornelio Saavedra afirmó que esa maniobra no se sostendría: la gente se rebelaría de todas formas, y los soldados desertarían de sus puestos. En consecuencia, la Junta fue disuelta.

Durante la mañana del 25 de mayo una gran multitud comenzó a reunirse en la Plaza Mayor, actual Plaza de Mayo, liderados por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del Virrey Cisneros y la formación de una Junta de gobierno. Ante las demoras en emitirse una resolución, la gente comenzó a agitarse, reclamando al grito de "¡El pueblo quiere saber de qué se trata!".

Cisneros seguía resistiéndose a dimitir y tras mucho esfuerzo, los capitulares lograron que ratificara y formalizara los términos de su renuncia, abandonando pretensiones de mantenerse en el gobierno. Esto, sin embargo, resultó insuficiente, ya que los representantes de la multitud reunida en la plaza reclamaron que el pueblo había resuelto reasumir la autoridad delegada en el Cabildo Abierto del día 22, exigiendo la formación de una Junta. Además, se disponía el envío de una expedición de 500 hombres para auxiliar a las provincias interiores.

Pronto llegó a la sala capitular la renuncia de Cisneros, tras lo cual se procedió a designar a la Primera Junta. El mismo 25 de mayo Cisneros despachó a José Melchor Lavín rumbo a Córdoba para advertir a Santiago de Liniers y pedirle que emprendiera acciones militares contra la Junta.

El 15 de junio los miembros de la Real Audiencia juraron fidelidad en secreto al Consejo de Regencia y enviaron circulares a las ciudades del interior, llamando a desoír al nuevo gobierno. Para detener sus maniobras, la Primera Junta convocó a todos los miembros de la audiencia, al obispo Lué y Riega y al antiguo virrey Cisneros, y con el argumento de que sus vidas corrían peligro fueron embarcados en el buque británico HMS Dart. Su capitán, Marcos Bayfield, recibió instrucciones de Larrea de no detenerse en ningún puerto americano y de trasladar a todos los embarcados a las Islas Canarias.

Al llegar a las Canarias, Cisneros informó al Consejo de la Regencia sobre los hechos ocurridos en Buenos Aires, y solicitó unos meses de licencia por enfermedad. Tras reunirse allí con su familia venida de Buenos Aires partió para Cádiz en julio de 1811. En enero de 1813 fue nombrado comandante general del departamento de Cádiz y poco después recibió el ascenso al grado de capitán general. El 14 de septiembre de 1818 fue nombrado ministro de Marina y en diciembre del mismo año director general de la Armada, con orden que desempeñase en comisión la capitanía general de Cádiz y se encargase de los preparativos de la expedición hacia America que preparaba el conde de La Bisbal.

Sin embargo, en 1820 triunfó la revuelta de los constitucionales y Cisneros fue apresado y llevado al arsenal de la Carraca, permaneciendo en esa situación hasta que el Rey juró la Constitución de 1812. Prescindiendo de opiniones políticas, el gobierno reconoció sus méritos y le concedió los honores del consejo de Estado y su cuartel en el departamento de Cartagena, de donde fue nombrado capitán general en seis de noviembre de 1823.

Ocupó más adelante otros cargos en España, incluso los de Ministro de Marina y comandante de una expedición organizada para reconquistar el Río de la Plata, que fracasó en enero de 1820 debido al pronunciamiento del coronel Rafael del Riego.

Con la llegada del Trienio Liberal fue cesado de todos sus cargos y volvió a Cartagena. En 1823, al restablecerse el gobierno absolutista de Fernando VII, se le nombró capitán general de Cartagena, falleciendo en el cargo seis años después, el 9 de junio de 1829.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:33

D. JAIME JANER ROBINSON

Nació en Savannah (Georgia, EE.UU), hijo de Federico Janer y Macías, Cónsul de España en esa ciudad, y de Ana Robinson, ciudadana norteamericana hija de irlandeses. Su padre tuvo distintos destinos (Liverpool, Túnez, Lisboa, etc.) así que la familia, dirigida por la madre, se instaló en Madrid. Ingresó en la Escuela Naval en 1899, concluyendo sus estudios precozmente, con sólo 18 años. Más tarde amplió estudios en la Escuela de Torpedos de Cartagena y en la de Artillería de Costa. Esos estudios abarcaban desde las armas submarinas como minas y torpedos, los explosivos y los aparatos eléctricos para operarlos, hasta el tiro de cañón. con todas las disciplinas anejas: Física, Matemáticas, Aerodinámica, etc.

Desde niño quiso ser marino e ingresó en la Armada justo después de la derrota del 98. Su ilusión declarada era contribuir con todas sus fuerzas al renacimiento de la Armada Española, en particular en el ámbito científico y técnico. Los marinos habían sido la élite científica española del siglo XVIII y en el siglo XIX la Marina siguió proporcionando ejemplos de marinos ilustrados como Isaac Peral, José Luis Díez, Fernando Villaamil o Joaquín Bustamante, que no sólo pretendían dotar de nuevas y poderosas armas a su Patria, sino contribuir con sus estudios al desarrollo general del país. Los citados marinos del siglo XIX, fueron los adelantados de la electricidad, diseñando y construyendo muchas de las primeras instalaciones españolas de luz, teléfono o motores eléctricos.

Su primera labor fue pedagógica y de difusión de lo que llamamos radio, la “telegrafía sin hilos” que popularizó Marconi a partir de su primer mensaje trasatlántico en 1901. En España desde 1903 se empezaron a realizar instalaciones en barcos, pero faltaba el personal adecuado para servir los equipos. Janer tradujo la primera obra básica, en inglés, “Wireless Telegraphy”, manual de instrucciones, que completó con toda una descripción de la teoría, técnica y funcionamiento de los aparatos. Tuvo que inventarse palabras para traducir términos que por aquel entonces no existían en español, e instaló y reparó los pocos equipos que entonces había. Formó parte de la delegación española en el primer congreso internacional que reguló la radio, el de Londres de 1912.

Tanto Jaime Janer como Leonardo Torres Quevedo se dieron cuenta de las posibilidades que ofrecían las ondas de radio. Torres Quevedo fue el creador del “telekino”, el primer mando a distancia (o por control remoto) del mundo. Ambos, en 1906 presentaron sendos proyectos de dirección de torpedos a distancia, pero fueron rechazados por comisiones que apenas entendían sus propuestas...Y en muchas otras cuestiones Janer fue el entusiasta impulsor de nuevas técnicas, desde la aviación a los "war games" para formar al personal.

Se debe a Janer una de las primera direcciones de tiro. Los cañones de entonces ya conseguían lanzar proyectiles a más de diez kilómetros pero los métodos de puntería no habían variado apenas desde Trafalgar, por lo que los cañones sólo hacían blanco a menos de tres ml metros. Al principio la superioridad le negó cualquier apoyo, prefiriendo un sistema inferior, británico. Pasaron años que él dedicó a realizar viajes y publicaciones. Se casó y figuró entre los fundadores de los Boy Scouts españoles. En 1913 empezó a imponer sus criterios en el ámbito de la dirección de tiro, cuando fue destinado al nuevo acorazado “España”, primero de los “dreadnoughts” españoles. Se trataba de buques que podían aprovechar los nuevos sistemas de tiro y alcanzar a sus enemigos desde distancias más del triple que las anteriores y con mucha mayor contundencia. Nombrado director de tiro del acorazado, se hicieron evidentes las ventajas de sus estudios y trabajos. En 1915 publicó tres manuales sobre el nuevo tiro naval, e incorporando los avances y experiencias de la Primera Guerra Mundial, su gran obra Balística Exterior, telemetría y tiro naval, de 1919, obra clásica durante muchos años sobre la cuestión.

Ya consagrado, recibió el encargo de crear en Marín, Pontevedra una Escuela y Polígono de Tiro Naval, que se convirtió en uno de los centros más adelantados del mundo en esa especialidad. En 1922 publicó otro clásico, La estereofotogrametría y su aplicación a la calibración de la artillería, en la que la fotografía instantánea era un poderoso auxiliar, fue su libro número 11.

El 3 de marzo de 1924, durante la guerra de Marruecos, un cañonazo marroquí puso término a su vida... Contaba 39 años. Fue enterrado con todos los honores en Ceuta. El ayuntamiento de Marín, en sesión extraordinaria dedició colocar su retrato en el Salón de Plenos, poner su nombre a la avenida principal de la localidad y pedir a la Armada el traslado de sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, en reconocimiento a su gran labor. Para esto último hubo que esperar ¡42 años! Desde 1966 Janer reposa en dicho Panteón.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 28 Jun 2015 00:46

D. JORGE JUAN SANTACILIA

Jorge Juan y Santacilia (Monforte del Cid - Novelda, Alicante, 5 de enero de 1713 - Madrid; 1773) fue un humanista, ingeniero naval y científico español.

Hijo de Bernardo Juan y Canicia y de Violante Santacilia y Soler, nació el 5 de enero de 1713, entre las dos y tres de la tarde en la hacienda de su padre llamada El Hondón, hoy también conocida como El Fondonet, en la villa y término actual de Novelda (Alicante) y concretamente en la partida rural llamada del Hondón. A lo largo de los años los términos han fluctuado dado que la actual zona de El Fondonet se conoce en términos de habla como 'La Monfortina', pues aunque no hay constancia de documentos que atestigüen con total veracidad los hechos, se conserva la carta de ingreso a la orden de Malta donde expuso de su puño y letra que era nacido en Monforte del Cid.

Estudió Gramática y en 1729 ingresó en la Escuela Naval Militar de San Fernando.

Como cadete participó en la expedición contra Orán (1732) y en la campaña de Nápoles (1734). En 1734, todavía estudiando, se embarcó junto con Antonio de Ulloa, en la expedición organizada por la Real Academia de Ciencias de París a las órdenes del astrónomo Louis Godin para medir un grado del arco de meridiano terrestre en la línea ecuatorial en América del Sur, específicamente en la Real Audiencia de Quito (el actual Ecuador) Esto se realizó en Quito, su capital, territorio en aquella época bajo el dominio de la corona española. En la expedición se determinó que la forma de la Tierra no es perfectamente esférica y se midió el grado de achatamiento de la Tierra.

Jorge Juan permaneció diecinueve años en América estudiando la organización de aquellos territorios por encargo de la corona. A su regreso, Fernando VI lo ascendió a capitán de navío.

Consciente de que la armada española comenzaba a estar anticuada, en 1748 el marqués de la Ensenada le encargó viajar a Inglaterra para conocer las nuevas técnicas navales inglesas y a su regreso se hizo cargo de la construcción naval española, renovando los astilleros. Su actividad tuvo tan buenos resultados que pocos años después los ingleses devolvieron la visita para estudiar sus mejoras.

Jorje Juan fundó el Real Observatorio Astronómico de Madrid. La idea de abrir un observatorio astronómico en Madrid fue del famoso marino Jorge Juan, quien en 1785 expuso a Carlos III un proyecto para establecer un centro dedicado al estudio de la geografía astronómica. El monarca encargó a Juan de Villanueva la construcción de un edificio sobre el llamado cerro de San Blas, el la parte baja del Retiro. Tardaron un poco. El 24 de septiembre de 1851, con Juan Bravo Murillo ya como presidente del consejo de ministros, Isabel II firma una Real Orden, por la que, oficialmente, se declara creado el Observatorio de Madrid.

En la ciudad española de Cartagena Jorje Juan fundó el Colegio de Guardiamarinas, sito en la Muralla del Mar, actual edificio de los Servicios Generales de la Armada Española. El edificio fue proyectado el gran arquitecto neoclásico Juán de Villanueva para escuela y cuartel de Guardias Marinas.

Los restos de Jorje Juan se encuentran en el Panteón de Marinos Ilustres, de San Fernando (Cádiz).

La imagen de Jorje Juan es bien conocida por los españoles, puesto que figuraba en el reverso de los antiguos billetes de 10.000 pesetas.

En el año de 1734, Felipe V recibió la solicitud de su primo el rey Luis XV de Francia, para que una expedición de la Academie Royale des Sciences de Paris formada por Louis Godin, Pièrre Bouger y Charles M. de la Condamine, viajase a Quito.

Sorprendentemente eligieron, no a dos oficiales, sino a dos jóvenes guardias marinas, don Jorge Juan y Santacilia y don Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral, que si bien habían finalizado sus estudios brillantemente, no tenían más que veintiuno y diecinueve años y carecían de graduación militar, por lo que se les ascendió al empleo de tenientes de navío, sin pasar por los tres de alférez de fragata, alférez de navío y teniente de fragata. Desde el primer momento surgió una amistad y comprensión que se prolongó toda la vida, repartiéndose el trabajo según las instrucciones recibidas; Jorge Juan sería el matemático, Antonio de Ulloa el naturalista.

Las tareas encomendadas eran muy diversas: llevar diario completo del viaje y de todas las medidas físicas y astronómicas, cálculos de longitud y latitud, levantar planos y cartas, descripción de puertos y fortificaciones, análisis de costumbres, estudios de botánica y mineralogía, y elaboración de un informe secreto sobre la situación política y social de los virreinatos.

Llegaron a Cartagena de Indias el 9 de julio de 1735, y a Quito en junio del año siguiente. La cadena de triángulos que fue preciso trazar para medir algunos grados de meridiano abarcó una extensión de 78 leguas, comprendidas entre el pueblo de Mira, a unas 16 leguas al nornoreste de Quito, y el de Pillat-Chiquir, a unas 6 leguas al sursureste de la ciudad de Cuenca. Pero hasta el 15 de noviembre no lo hicieron los académicos franceses, y juntos emprendieron la ruta por Guayaquil para arribar a Quito.

La medición del grado de meridiano se prolongó desde 1736 a 1744 debido a las grandes dificultades que tuvieron que superar. Allí se les conocía como los caballeros del punto fijo. El sistema seguido consistía en una serie de triangulaciones que requerían poner señales en puntos o bases elegidas, tanto en el llano como en las cumbres de 5000 metros de altura. Las ciudades de Quito y Cuenca, situada tres grados más al sur de la primera, limitaron los extremos de la medición geométrica o triangulación; entre ambas, una doble cadena de montañas paralelas facilitaba la elección de vértices a una y otra parte del gran valle que las une.

Este problema que venía planteándose desde los griegos, se convirtió en el siglo XVIII en una agria polémica que duraba casi un siglo, alcanzando el punto de determinar si tenía forma de melón, como decían académicos como Cassini, partidarios además de la mecánica cartesiana, o de sandía, como defendía Maupertius y otros sabios como Newton, Halley y Huygens, apoyándose en la teoría de la gravitación universal (los cuerpos pesaban menos en el Ecuador), o en las experiencias del péndulo (no oscilaba con la misma frecuencia en diferentes lugares). Contra estos últimos estaba casi todo el mundo, incluida la España ilustrada de Feijóo, y sería la famosa expedición la que zanjaría la polémica a favor de ellos.

Decidieron separarse en dos grupos, Godín con Juan, La Condamine y Bouguer con Ulloa; ambos grupos efectuarían las medidas en sentido contrario, con el fin de comprobar su exactitud. La medida empleada era la toesa equivalente a 1,98 metros. Después de varias comprobaciones, había que complementar estas observaciones físicas con las astronómicas; además, el instrumental adolecía de graves defectos, por lo que hubo que repetir numerosas veces los cálculos, llegando a tener que construir Godín, Juan y el relojero Hugot, un instrumento de 20 pies de largo para facilitar las mediciones.

La unidad de medida pasó a ser el metro, y con ello un sistema métrico decimal adoptado universalmente.A partir de entonces, con el conocimiento exacto de la forma y magnitud de la Tierra, se podía cartografiar situando correctamente longitud y latitud.y de hecho Jorge Juan y Antonio de Ulloa realizaron cuarenta de las cien cartas modernas del mundo. Juan estableció como valor del grado de Meridiano contiguo al Ecuador, 56.767.788 toesas, en un cálculo que fue el más aproximado de todos.

Inscripción de la lápida de Jorge Juan y Santacilia. Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando (Cádiz)

"El Excmo. Sr. D. Jorge Juan y Santacilia, natural de Novelda, en el reino de Valencia, Caballero de la Orden de Malta, Jefe de la Armada, Capitán de los Guardiamarinas y Director de su Escuela, Rector del Seminario Real de Nobles de Madrid, que después de haber dominado el mar con barcos de nuevo tipo y construcción, explorando el África como Embajador en Marruecos, recorriendo la América para levantar el plano de la Tierra y Europa para llevar a cabo investigaciones literarias, con las que ilustró sus Academias, como la Española de San Fernando, la francesa, la inglesa y la prusiana, entregó al Señor la vida que de Él había recibido, y que ennobleció con su piedad y buenas costumbres, a los sesenta años de edad, en Madrid, el 21 de junio del año del Señor 1773. Sus desconsolados hermanos Bernardo y Margarita cuidaron de que fuese colocado y levantado un monumento, con el consentimiento del Ilmo. D. D. Juan Zapata, Marqués de San Miguel de Gros, patrono de la capilla".

Saludos :saluting-soldier: :saluting-soldier: :saluting-soldier:
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.


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