HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 00:42

BATALLA DE LA MONTAÑA BLANCA

La batalla de la Montaña Blanca, librada el 8 de noviembre de 1620, fue una de las primeras confrontaciones militares en la guerra de los Treinta Años. En ella, un ejército de 20.000 checos y mercenarios bajo el mando de Cristián de Anhalt se enfrentó en las cercanías de Praga a 25.000 hombres de los ejércitos combinados del Sacro Imperio Romano Germánico de Fernando II, dirigido por Conde de Bucquoy, soldados de España y los Países Bajos Españoles y de la Liga Católica de Alemania, al mando del Conde de Tilly. La batalla marcó el fin del período bohemio de la guerra de los Treinta Años al entrar las tropas imperiales en la capital de Bohemia y someter a los protestantes.

Si bien el ejército imperial contaba con cierta ventaja numérica, la envidiable posición defensiva adoptada por los checos hacía prever una situación de igualdad. La explicación de la rápida victoria del ejército imperial puede estar en la despreocupación de los oficiales checos y en la desmoralización de los soldados que defendían los estamentos de Bohemia, tanto más cuanto que dichos estamentos no mostraban disposición a pagar la soldada.

Como consecuencia, cuando las tropas católicas lanzaron un ataque frontal, los mal pagados mercenarios del ala izquierda se dieron a la fuga, lo cual provocó tal desmoralización entre las tropas defensoras, que los atacantes entraron al cabo de pocas horas en Praga.

La Montaña Blanca (en checo Bílá hora) es hoy en día un cerro en el límite oriental de la ciudad de Praga. La mayor parte del terreno donde se desarrolló la batalla está ocupado por mansiones de la segunda década del siglo XX. En lo alto del cerro hay un monumento conmemorativo de la batalla levantado en 1920. Desde el centro de la ciudad se llega al lugar con las líneas de tranvías 22 y 25.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 00:48

TOMA DE KREUZNACH

La toma de Kreuznach por el ejército español de Flandes se produjo el 9 de Septiembre de 1620 durante la fase palatina de la Guerra de los Treina Años cuando dos tercios, uno valón y otro borgoñón, al mando del maestre de campo don Carlos Coloma, apoyados por varias piezas de artillería y 300 caballos, asaltaron la ciudad y obtuvieron la rendición de su guarnición, que actuó con indecisión ante el asalto español y fue posteriormente liberada bajo la promesa de no volver a combatir contra el Sacro Imperio Romano.

La Guerra de los Treinta Años dio comienzo en 1618 con la revuelta bohemia, cuando las autoridades de este reino ofrecieron su trono al protestante Federico V del Palatinado, que aceptó, iniciándose así un conflicto entre la Unión Protestante que lideraba Federico y la Casa de Habsburgo, que ostentaba la corona bohemia. Dos años después del estallido de la guerra la situación aparentemente se había estancado, pero en realidad los Habsburgo habían logrado aislar políticamente a Federico V gracias a sus maniobras diplomáticas, entre cuyos éxitos destacaba la entrada de España en el conflicto.

En virtud de lo acordado con el Emperador, en agosto de 1620, Ambrosio Spínola, comandante del ejército español de Flandes, cruzó el Rin al frente de un ejército de 22.000 hombres e invadió el Bajo Palatinado dirigiéndose a Fráncfort. Los ejércitos protestantes socorrieron la ciudad, de modo que el general genovés se retiró y volvió a cruzar el Rin en Maguncia.4 Dado que el Elector Palatino no había iniciado todavía hostilidades militares contra la Monarquía Hispánica, Spínola decidió proceder a ocupar, pacíficamente siempre que fuera posible, las principales poblaciones de su estado.

El 8 de septiembre el marqués marchó con su ejército frente a les fuerzas palatinas no lejos de Oppenheim y se acuerteló a menos de una legua de las fuerzas de Federico V.2 A medianoche ordenó al maestre de campo don Carlos Coloma, gobernador y castellano de Cambrai, tomar la villa de Kreuznach, de cierta importancia y que poseía un puente sobre el Rin protegido por murallas a ambos lados del río y un castillo. Para ello Spínola le dio el mando de dos tercios de infantería, uno valón y otro borgoñón, que sumaban cerca de 5.000 soldados, y 300 hombres a caballo.

Coloma llegó con sus tropas a las puertas de la villa el atardecer del día 10 y envió emisarios a sus autoridades diciendo que si se rendían de la obediencia del Emperador serían bien tratadas Ante una respuesta ambigua por parte del burgomaestre que buscaba al vez ganar algo de tiempo para recibir socorro, Coloma ordenó plantar los 4 cañones que traía y avanzó sus tropas hasta el pie de las murallas y la puerta de la ciudad para lanzar el asalto. La guarnición palatina no se atrevió a disparar y los soldados del tercio borgoñón se apoderaron de un revellín de tierra mientras los valones trataban de derribar o prender fuego a la puerta.

Los defensores de Kreuznach, cuyas fuerzas consistían en 3 compañías de infantería y otra de caballería, se decidieron a actuar y dispararon con sus mosquetes desde el castillo que dominaba la villa. Los españoles respondieron abriendo fuego con sus cañones. La guarnición de la ciudad decidieron rendirse aceptando las condiciones que Coloma impusiera. A continuación, valones y borgoñones se apoderaron de los caballos y las armas de los soldados palatinos, a quienes Coloma tomó juramento de no luchar nunca más contra el Emperador, así como también al magistrado de la villa. El maestre de campo español dejó de guarnición en Kreuznach dos compañías de borgoñones y una de valones al mando de Monsieur de Misiers.
Consecuencias

Informado de la toma de Kreuznach el día 10, Spínola prosiguió la marcha con su ejército hacia Alsheim, una de las ciudad principales de la región. Su idea era asegurar una base importante para asegurar sus líneas de suministros. En el transcurso del viaje las tropas palatinas se decidieron a actuar. Uno de sus coroneles, Johann Michel von Obentraut, atacó por sorpresa el cuartel de caballería del prínciper de Epinoy, a quien tomaron prisionero tras degollar a 25 de sus hombres. Por otra parte, Spínola pudo apoderarse de Oppenheim el día 14 sin excesivas dificultades tras engañar al ejército palatino haciéndole creer que marchaba sobre Worms con una maniobra de distracción.

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Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 00:51

LA EMBOSCADA DE ALSHEIM

La Emboscada de Alsheim fue una acción militar de segundo orden que tuvo lugar el 10 de septiembre de 1620 durante la fase palatina de la Guerra de los Treinta Años. En el transcurso de la invasión española e imperial del Palatinado Electoral, el ejército al mando de Ambrosio Spínola, marqués de los Balbases, que en un principio había procurado no entablar batalla en tanto no fuera necesario, acababa de tomar por asalto la villa de Bad Kreuznach el 9 de septiembre, de modo que las tropas palatinas, que hasta aquel momento habían tratado de evitar el enfrentamiento, comenzaron a actuar.

Tras la toma de Bad Kreuznach, Spínola se dirigió a la villa de Alsheim resuelto a apoderarse de ella. En aquellas circunstancias, un batallón de caballería palatina compuesto por unos 500 hombres a las órdenes del coronel Johann Michel von Obentraut se adelantó hasta las cercanías de uno de los cuarteles de la caballería hispánica y preparó una emboscada a las tropas que allí estaban acampadas: dos compañías de arcabuceros a caballo al mando de Lamoral, príncipe de Ligne y de Epinoy; unos 200 hombres en total.

Cuando al amanecer del día 10 el príncipe de Ligne abandonaba su cuartel al frente de sus tropas, los jinetes de von Obentraut cayeron sobre ellos con gran ímpetu, sorprendiéndolos cuando pasaban sobre un estrecho puente de piedra. En el combate que se produjo, los palatinos mataron a cerca de 25 de los arcabuceros del príncipe y se apoderaron de su estandarte. El barón de Beaveis, un caballero borgoñón cuñado del príncipe, consiguió recuperarlo, pero cayó prisionero de los palatinos junto con varios gentilhombres y soldados. Según algunas fuentes, los muertos ascendieron a 50.
Johann Michel von Obentraut, representado en el Theatrum Europaeum.

Esta pequeña acción no tuvo ningún efecto en el curso de las operaciones, pero ayudó a preservar el honor de las tropas del electorado. El marqués de los Balbases rindió Alsheim el mismo día sin necesidad de recurrir a las armas y prosiguió su campaña tomando Oppenheim, cuya guarnición se redujo a 1.000 infantes tras una maniobra española de diversión sobre Worms y fue desalojada de la ciudad el 14 de septiembre. Von Obentraut, por su parte, continuó hostigando a los españoles y llegó a saquear trece iglesias del Obispado de Espira para tratar de distraer fuerzas católicas del Palatinado.

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Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 00:57

TOMA DE OPPENHEIM

La toma de Oppenheim por el ejército español de Flandes tuvo lugar el 14 de septiembre de 1620 durante la fase palatina de la Guerra de los Treinta Años. Tras haberse apoderado de Bad Kreuznach y de Alsheim, el ejército al mando de Ambrosio Spínola hizo amago de marchar sobre Worms, con lo cual el ejército protestante, hasta entonces acuartelado en Oppenheim y sus alrededores, desamparó esta ciudad para dirigirse al socorro de Worms. La maniobra de distracción surtió efecto y Spínola pudo adueñarse con facilidad de una importante cabeza de puente sobre el Rin que le permitiría asegurar víveres y municiones.

En 1620 la Monarquía Hispánica se avino a participar en la Guerra de los Treinta Años para ayudar al Sacro Imperio Romano a derrotar a la Unión Protestante encabezada por Federico V del Palatinado. En el mes de agosto, el marqués de los Balbases, el genovés Ambrosio Spínola, invadió el Palatinado desde los Países Bajos Españoles y avanzó sobre Fráncfort. El rápido socorro introducido en esta ciudad por los protestantes lo disuadió de atacarla, pero marchando hacia Oppenheim tomó a principios de septiembre la villa de Bad Kreuznach y se le rindió Alsheim, sin sufrir más revés que una emboscada de la caballería al servicio del elector palatino.

El objetivo prioritario de Spínola era ocupar una ciudad de cierta entidad que le permitiera asegurar sus víveres y municiones, anticipándose así a la llegada del invierno. La atención del marqués se centró en Oppenheim, cuyo puente tenía cierta importancia estratégica al guardar la entrada al corazón el Palatinado Electoral. La ciudad, sin embargo, se hallaba fuertemente guarnecida y estaba defendida por sólidas fortificaciones, por lo cual un asalto inmediato se contempló como una opción desaconsejable. En su lugar, Spínola levantó su campemento en Alsheim y simuló una marcha hacia Worms para distraer la atención de las fuerzas de la Unión Protestante.

El margrave Joachim Ernest de Ansbach, que mandaba el ejército protestante en Oppenheim compuesto por cerca de 24.000 soldados, mordió el anzuelo y partió con la mayoría de sus tropas hacia Worms, dejando en Oppehneim una reducida guarnición de un millar de soldados. Spínola, entre tanto, se había aproximado aprovechando la noche hacia Oppenheim, donde llegó al frente de su ejército el amanecer del día 14. El asalto sobre los puestos de la ciudad no tardó en producirse.

Ante el empuje de las tropas españolas, la guarnición protestante desamparó sus defensas a toda prisa y no tardó en rendirse sin haber sufrido más que unos pocos muertos a manos de los asaltantes. Según se desprende de la correspondencia de Spínola, se componía de 800 mosqueteros "muy buenos" reclutados en el país. Fueron desarmados y puestos en libertad. Además de varias banderas, los españoles se apoderaron de numerosas tiendas y otros bagages en los cuarteles de la ciudad.

La pérdida de Oppenheim fue un duro golpe para los protestantes, ya que la ciudad constituía un punto clave para dominar la orilla del Rin que daba paso al interior del Palatinado gracias a su puente, custodiado por dos sólidos fuertes y una red de trincheras. Según Francisco de Ibarra, de haber contado con dos o tres mil hombres, la guarnición de Oppenheim hubiera podido contener a Spínola varios días, quizás dando tiempo a la llegada de Ansbach. En todo caso, el puente había sido destruido y Spínola ordenó reconstruirlo. También mandó reforzar las defensas y estableció su depósito de municiones.

Las diferentes guarniciones que había ido dejando en las plazas conquistadas, así como las enfermedades, habían hecho disminuir los efectivos del ejército español, de modo que Spínola decidió acantonarse en Oppenheim y solicitar refuerzos al Archiduque Alberto de Austria en Bruselas. Hasta el 25 de septiembre no sucedió nada de importancia. Tuvo lugar un consejo de los principales oficiales del ejército español, sin que se decidiera emprender ninguna operación, pero aquel día se supo que la caballería protestante preparaba un ataque contra sus cuarteles y se despachó al conde Hendrik van den Bergh al mando de 2.200 caballos, el Tercio de Borgoñones, el regimiento alemán del Conde de Henden y tres cañones a emboscarlos. Finalmente no se produjo el esperado combate.

A la llegada del invierno, los dos ejércitos contendientes se retiraron a sus guarniciones sin que se hubiera producido ninguna batalla de importancia. Para entonces los protestantes habían recibido ya los refuerzos que esperaban de Inglaterra: 3.000 infantes y 2.500 caballos al mando de Horace Vere. En los 6 meses siguientes Spínola rindió más de 30 ciudades y castillos a lo largo del Bajo Palatinado.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:05

TOMA DE BACHARACH

La toma de Bacharach por el ejército español de Flandes tuvo lugar el 1 de octubre de 1620 durante la fase palatina de la Guerra de los Treinta Años. Tras un rápido comienzo de la invasión de los estados del elector palatino y proclamado rey de Bohemia Federico V del Palatinado, las operaciones se ralentizaron a mediados de septiembre, tras la toma de Oppenheim. Ambrosio Spínola, general español al mando valoró en consejo de guerra con sus oficiales emprender el asedio a la plaza principal de Heidelberg o el de la de Bacharach, más secundaria. El reducido número de su ejército, mermado al estar parte de sus tropas repartidas en las distintas ciudades que se habían ocupado, determinó a Spínola a decidirse por Bacharach.

En 1620 la Monarquía Hispánica se avino a participar en la Guerra de los Treinta Años para ayudar al Sacro Imperio Romano a derrotar a la Unión Protestante encabezada por Federico V del Palatinado. Tras un amago sobre Fráncfort frustrado por el rápido socorro introducido en esta ciudad por los protestantes, Spínola se dirigió hacia Oppenheim y tomó a principios de septiembre la villa de Bad Kreuznach. Poco después obtuvo la rendición de Alsheim, dejando parte de sus fuerzas en ambas plazas. Una semana más tarde el marqués se anotó un importante éxito al distraer al ejército al mando del margrave de Ansbach de Oppenheim y tomar por asalto esta ciudad.

Asegurados sus depósitos de víveres y municiones en Oppenheim, Spínola dudaba entre si marchar sobre Heidelberg, una de las principales plazas del Palatinado que estaba en consecuencia fuertemente guarnecida, o hacer lo propio sobre Bacharach. El 23 de septiembre celebró un consejo con sus principales lugartenientes, Carlos Coloma, Gonzalo Fernández de Córdoba, Diego Mexía, Hendrik van den Bergh y otros, en el que estos hombres dieron su parecer a Spínola. Se habló de marchar sobre Heidelberg, Frankenthal o Bacharach, y aunque Spínola finalmente no se decidió por ninguna, la escasa entidad de su ejército (10.000 infantes y 3.200 caballos) aconsejaba optar por la última.

Por otro lado, Bacharach constituía una cabeza de puente sobre el Rin que permitiría a Spínola enlazar la parte ocupada del Palatinado con Maguncia, así las rutas de suministro de su ejército quedarían bien afianzadas. En el tiempo que transcurriría durante el asedio, además, se daría margen a la llegada los refuerzos que se esperaban de los Países Bajos.

El 25 de septiembre se supo en el campo español que la caballería protestante preparaba un ataque contra sus cuarteles y Spínola envió al conde Hendrik van den Bergh al mando de 2.200 caballos, el tercio de borgoñones, el regimiento alemán del Conde de Henden y tres cañones a emboscarlos cerca de uno de sus cuarteles en Worms. Hasta el día 27 van den Bergh aguardó en la zona, pero ante al no observar movimiento alguno en las tropas de la Unión Protestante, regresó a Oppenheim. El mismo día 27 llegaron noticias a Spínola de que el socorro que esperaba Federico V desde las Provincias Unidas; 3.000 infantes y 2.000 caballos bajo el mando del holandés Enrique de Nassau y el inglés Horace Vere, habían cruzado el Mosela en Kerpen.

Por el momento Spínola ignoraba la entidad de la fuerza de Vere, compuesta en parte por voluntarios ingleses enviados por el rey Jaime I de Inglaterra (2.250 hombres según estimaciones modernas) y en parte por holandeses, de modo que decidió desplazarse con su ejército a la orilla occidental del Rin y emprender la toma de Bacharach para permanecer en la misma zona que el ejército de socorro y poder emboscarlo, tal vez, a su llegada. Junto con estas noticias pesaron mucho en el abandono de la empresa de Heidelberg la carencia de un puente sobre el cual cruzar el Neckar y la posibilidad de que la caballería protestante hostigara su retaguardia.

Estando su atención centrada en la llegada del socorro anglo-holandés, Spínola permaneció cerca del camino con el grueso de su ejército y encomendó al maestre de campo don Gonzalo Fernández de Córdoba la toma de Bacharach. Su cometido era en realidad más complejo, puesto que tras apoderarse de la plaza debía enviar 600 de sus hombres al mando del capitán Diego Ruiz, su sargento mayor, río abajo en barcas para intentar apoderarse de la villa de Kaub, emplazada a orillas del Rin.

En total Córdoba disponía de unos 2.500 hombres; 1.800 españoles de su tercio y varias compañías de alemanes y borgoñones de otros tercios.1

Según el militar y escitor Francisco de Ibarra, autor de la obra La Guerra del Palatinado, Córdoba y sus soldados hubieron de hacer frente a una dura marcha por un terreno agreste. Parte de ellos desembarcaron cerca de Hambach en 3 barcas (unos 2.000 soldados), tras lo cual marcharon a pie hasta Bacharach. Mientras tanto, otros 2,500 continuaron en 4 barcas hacia la villa de Lorch, donde desembarcaron por la tarde. Los habitantes de esta población, viendo la entidad de la fuerza a la que se enfrentaban, que contaba con 50 hombres a caballo, se rindieron de inmediato. Tras ello Córdoba envió un capitán y 10 de sus hombres en un bote a Diebach, localidad que no ofreció resistencia y por donde pasó luego el grueso de la fuerza.

Los hombres del primer grupo se aproximaron a las afueras de Bacharach sobre las 2 de la madrugada. Los soldados protestantes del exterior arrojaron sus arcabuces al suelo y huyeron, dando aviso a la población de la ciudad de la llegada de los españoles9 Sin nadie que les estorbase, los hombres de Córdoba procedieron a construir un baluarte detrás del castillo de la villa. La mañana siguiente Bacharach amaneció envuelta en un denso manto de bruma que persistió hasta las 10 de la mañana. En aquel espacio de tiempo la guarnición del castillo disparó 40 o 50 tiros de mosquete, matando a tres españoles e hiriendo a otros 3.

Poco después hizo acto de presencia el grueso de la fuerza, que había llegado desde Diebach. Desmoralizados ante la aparición de tal fuerza, los oficiales de la guarnición, tan reducida debido al miedo del margrave de Ansbach a diseminar sus fuerzas, decidieron rendirse. Las puertas de Bacharach se abrieron y los españoles entraron a las 3 de la tarde. 2 capitanes fueron tomados prisioneros, y 80 ingleses enfermos, entre otras tropas. El oficial al mando del castillo, un tal teniente Knebel, pudo huir antes de caer prisionero. También lo hizo un vecino que, tras haberse referido con palabras injuriosas a Spínola y al Arzobispo de Maguncia, escapó con una gran suma de dinero.


Córdoba dejó una guarnición de 300 soldados valones en la villa y envió a la mayor parte de los restantes a apoderarse de Kaub al mando del sargento mayor Diego Ruiz y el teniente maestre de campo general Baltasar de Santander. La escasa guarnición de esta población no tardó en rendirse. A Kaub siguió poco después el castillo de Pfalz, erigido en un islote cercano a la ribera. Spínola, entre tanto, seguía concentrado en interceptar el socorro de Holanda y para ello envió a Van den Bergh con 2.000 infantes, toda la caballería y dos cañones a vaderar el río en paso situado a dos horas de camino de Oppenheim.Van den Bergh, aconsejado por el teniente maestre de campo general Francisco de Medina, decidió abandonar la tarea por temor a desamparar los cuarteles de Oppenheim. Los ingleses llegaron a Worms sin contratiempos.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:09

BATALLA DE MINGOLSHEIM

La batalla de Mingolsheim o de Wiesloch se libró el 27 de abril de 1622 entre el ejército de la Liga Católica a las órdenes personales del Conde de Tilly y las fuerzas del Conde Federico V del Palatinado al mando del Conde Ernesto de Mansfeld en el marco de la primera fase de la guerra de los Treinta Años. El campo de batalla se encuentra en el Ohrenberg, una colina al sur de Mingolsheim (cerca de Wiesloch).

El Conde de Tilly había entrado en el Palatinado Electoral e intentaba rodear a Heidelberg por el sur. Para ello concentró a sus 12.000 hombres en Wiesloch y abandonó el asedio de la fortaleza de Dilsberg.

El Conde de Mansfeld, que disponía de 16.000 soldados a pie y 6.000 jinetes, había cruzado el 23 de abril de 1622 el río Rin a la altura de Germersheim y avanzaba hacia Bruchsal para unirse con el ejército del Margrave Jorge Federico I de Baden-Durlach, cuyo "Regimiento Blanco" de 20.000 hombres vino a su encuentro desde Staffort.

El 26 de abril Mansfeld intentó en vano que Tilly saliese de su buena posición en Wiesloch, y éste le atacó al día siguiente en Mingolsheim, que Mansfeld había mandado incendiar para obstaculizar su avance. Más allá del pueblo las tropas de la Liga Católica se toparon en la ladera del Ohrenberg con el enemigo desplegado para el combate, que les contraatacó inesperadamente haciéndoles retroceder al pueblo.

El ejército de la Liga sufrió numerosas pérdidas (según se dice más de 2000) y el propio Tilly resultó herido. Las fuerzas de Mansfeld tuvieron 300 bajas entre muertos y heridos.

Mansfeld desistió de perseguir al enemigo y se dirigió a Bruchsal para reunirse con las tropas de Baden-Durlach, pero volvieron a separarse cuatro días más tarde. Tilly pudo retirarse a Wimpfen sin ser molestado, donde derrotaría, con los refuerzos aportados a tiempo por el general español Gonzalo Fernández de Córdoba, a Mansfeld - que se había separado del Margrave de Baden-Durlach - el 6 de mayo en la batalla de Wimpfen.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:12

BATALLA DE WIMPFEN

La batalla de Wimpfen se libró el 6 de mayo de 1622 durante la primera fase de la guerra de los Treinta Años. El campo de batalla se encontraba entre Wimpfen y Heilbronn. El combate terminó con la victoria de las tropas católicas españolas y bávaras al mando del conde de Tilly y Gonzalo Fernández de Córdoba.

Tilly había perdido la batalla de Mingolsheim el 27 de abril de 1622 y se había retirado a Wimpfen, donde había un vado del río Neckar. El ejército protestante, de casi 70.000 soldados, le había perseguido pero Ernesto de Mansfeld se dirigió luego al norte del Palatinado y el margrave Jorge Federico de Baden-Durlach se quedó con unos 13.000 hombres (según otras fuentes 20.000) a la zaga de las fuerzas de Tilly, que saquearon toda la región. El 5 de mayo, las tropas badenses se desplazaron por Biberach hacia Wimpfen para atacar a los católicos.

Los soldados del margrave avanzaron desde el suroeste y se desplegaron en un frente de 2 km. Las tropas de Tilly tomaron posiciones al norte del enemigo. El ala derecha la constituían soldados españoles a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba. El cuartel general de Tilly se había instalado en la iglesia de Wimpfen.
La batalla

A las 5 de la mañana del 6 de mayo de 1622 comenzó un intenso cañoneo, por lo que las tropas de Tilly se retiraron a un bosque. A causa del calor reinante se suspendieron las hostilidades entre las 11 y las 2 de la tarde. Luego se produjo un ataque por sorpresa al ala derecha del margrave, y la caballería lorenesa huyó hacia Neckargartach (en las proximidades de Heilbronn). Hacia las 17:30, un cañonazo impactó de lleno en un carromato de pólvora que hizo explotar el depósito de municiones del margrave Jorge Federico, parte de cuyos soldados fueron presa del pánico y se dieron a la fuga. A las 6 de la tarde cayó muerto el duque Magno de Wurtemberg que mandaba el regimiento de coraceros de los badenses, y poco después las fuerzas de Tilly consiguieron hacerse con todo el campamento y la artillería.

Los soldados de Baden se vieron acorralados en su retirada cuando intentaban cruzar el único puente sobre un pequeño río en Bolligen. La caballería de Tilly hizo allí una gran matanza. En total hubo 5.000 muertos entre los protestantes.

En el curso siguiente de la guerra, el conde de Tilly y Fernández de Córdoba intentaron impedir que se reunieran las tropas protestantes restantes de Mansfeld y de Cristián von Halberstadt, a quien derrotaron en la batalla de Höchst, el 20 de junio de 1622.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:27

BATALLA DE WINPFEM completa

Esta es la historia de otra batalla olvidada, en la que una vez más, una jornada que se tornaba en derrota acabó en finalmente en victoria por el aguante temerario en la línea de un Tercio Español.

Tuvo lugar en Wimpfen, al comienzo de la Guerra de los Treinta Años, un 6 de mayo de 1622, cuando después de que las unidades hispanicas e imperiales hubieran cedido y solo quedara en pie el Tercio de españoles de Gonzalo de Córdoba, que algunos cifran en 700 y otros en mil, como un muro inexpugnable erizado de picas por los cuatro costados aguantó las cargas de la caballería y de la artillería protestante de Federico de Baden-Durlach.

Estamos en 1622, España ha conquistado el Palatinado inferior a causa de la traición de Federico el Elector Palatino al aceptar el trono de Bohemia, usurpado al Emperador Fernando, lo que causa el comienzo de la Guerra de los Treinta Años. A principios de año, el Palatino había vuelto a intentar recobrar sus dominios y planeaba la convergencia de tres ejércitos sobre sus estados: El de el Conde Ernesto de Mansfeld desde Alsacia, el de Federico de Baden Durlach desde Baden (al sur) y el de Cristian de Brunswick-Halberstadt desde el norte (atravesando el río Meno).

Al mando de las tropas hispánicas en el Palatinado inferior estaba el maestre de campo general Gonzalo Fernández de Córdoba. También por intereses que se salen del propósito de esta entrada, existía un ejército bávaro al sur del río Neckar comandado por el maestre de campo general Tilly, jefe del ejército de Maximiliano de Baviera. A finales de abril de 1622, Mansfeld apareció de repente al sur del Neckar, sorprendiendo al ejército de Tilly. La situación era grave, y tras un encuentro en Mingolsheim, en el que Tilly fue derrotado (pero no deshecho) por Mansfeld, huyó éste con el ejército católico hacia el sureste, refugiándose en una villa del río Neckar llamada Wimpfen.

Mientras se fortificaba solicitó urgentemente la ayuda de Gonzalo de Córdoba, que se hallaba acantonado en Kreuznach, avisándole de que Mansfeld se encontraba en la zona con un ejército y que Federico de Baden-Durlach había llegado a Heilbronn con otro. Entretanto Federico el Palatino, que iba con Mansfeld, se fue apoderando de las villas principales situadas al sur de Heidelberg, resolviéndose luego a ir sitiar Ladenburg, villa sobre el Neckar con un punto de cruce estratégico del río Neckar que se le podría negar a los españoles si estos decidían acudir en socorro de Tilly. Esta maniobra obligaría a los tercios a seguir la ruta de las montañas del Odenwald, ocasionándoles un retraso que podía resultar decisivo si finalmente decidían ir al rescate de Tilly y de su ejército.

Córdoba no las tenía todas consigo, pues para ir en socorro de Tilly debía dejar expuestas todas las plazas ganadas durante los dos años anteriores con la amenaza que suponía el ejército protestante de Cristian de Brunswik, que según todas las noticias venía acercándose desde el norte del río Meno. No obstante, don Gonzalo decidió reforzarlas bien de gente y pertrechos para que pudieran resistir un asedio y marchó en socorro de Tilly, cruzando el río Rin por Oppenheim. Conocedor del sitio que Mansfeld había puesto a Ladenburg sobre el río Neckar, tomó el camino de la montaña por la localidad de Bensheim. Conscientes los españoles de lo que estaba en juego, fueron marchando a jornadas forzadas haciendo de tripas corazón y deseosos de llegar a tiempo de poner remedio a la comprometida situación en que se hallaban los imperiales.

Tras una agotadora marcha, el ejército de Gonzalo de Córdoba salió de las montañas a la altura de una villa situada en las riberas del río Neckar que tenía guarnición imperial, caminando a partir de ahí por sus orillas aguas arriba y siendo vitoreados por los soldados bávaros e imperiales que presidiaban los fuertes de aquella zona, hasta llegar a Wimpfen.

Mientras los ejércitos católicos se reunían en la villa de Wimpfen, Federico de Baden-Durlach, que después de la batalla de Mingolsheim se había separado de Mansfeld y había acudido con su ejército a finiquitar a Tilly, había dejado a sus espaldas Heilbronn por la margen izquierda del río Neckar, teniendo a la su izquierda un bosquecillo y al frente una gran llanura, con Wimpfen al fondo. Sus infantes y caballos pasaban de 16.000, y su artillería constaba de diez cañones gruesos, siete medianos, dos trabucos y un dispositivo formado por carros dotados de puntas afiladas en las ruedas y pedreros arrastrados por caballos que podían formar parapeto y desplazarlo en plena batalla, haciendo de estos artefactos un obstáculo formidable. Pretendía el protestante con tales dispositivos reforzar su poder combativo y acrecentar el temor en los católicos.

Para oponerse al ejército de Durlach, las tropas de Tilly, menoscabadas por los heridos y los muertos sufridos en Mingolsheim, y por la obligación de guarnicionar las villas de su dominio, apenas llegaban a 9.000 hombres y 8 piezas de artillería. Don Gonzalo traía 700 Españoles de su Tercio Viejo de Nápoles (otras fuentes dicen que 1.000), los Alemanes del Coronel Bauer y del Conde de Emden en dos regimietnos y la caballería a las órdenes del Comisario General Berenguel, sumando en total unos 5.000 infantes y 2.000 jinentes.

Apenas había comenzado el consejo entre Tilly, Córdoba y sus generales, y descansado los agotados hispánicos tras su larga marcha, cuando las tropas de Tilly dieron señal con un cañón de que el enemigo atacaba. Se dio la alarma, y en un abrir y cerrar de ojos no hubo soldado fatigado que no recobrase el vigor, atravesando las unidades rápidamente el puente que tenía Tilly para cruzar el Neckar hasta su margen izquierda, y cruzando por el burgo de Wimpfen hasta la llanura donde se iba a dar la batalla.

Mientras esto sucedía, el consejo militar decidía la disposición que habían de llevar las tropas católicas en la batalla, según las características del terreno. En total, el ejército católico se iba a disponer en ocho batallones, siendo el ala derecha para los hispanos: colocando su caballería en el flanco, luego el Tercio de Españoles de Don Gonzalo de Córdoba (Tercio Viejo de Nápoles), a continuación los regimientos de Alemanes del ejército español (Bauer y Endem), y un buen trecho más allá en el ala izquierda los batallones de infantería de Tilly, cerrando la caballería imperial el flanco izquierdo.

Dispuesto el ejército, enviaron partidas de exploradores a reconocer al ejército enemigo y a averiguar sus intenciones, con el apoyo de una manga de mosquetería. Y refugiarse en unos bosques descubrieron que el ejército de Durlach formaba en 11 grandes batallones y se extendía desde el Neckar hasta una aldea llamada Biberach, detrás de la cual escondía al parecer mayor número de soldados, lo que hizo sospechar que pudiera estar preparando una emboscada. La caballería protestante estaba dispuesta en ambos flancos en grupos de mediano tamaño. Y aunque en un principio se entendió que el protestante se acercaba para dar batalla, solo tenía intención de hacer algún avance, sobreviniendo antes la noche y cesando las operaciones esa jornada del 5 de mayo.

Finalmente amaneció el día 6 de mayo, teniendo a la vista al ejército enemigo en el lugar en que lo dejaron la tarde anterior. Tilly y Córdoba avanzaron hacia una torre que atalayaba el campo en unas lomas situadas en la parte central de la llanura, en la que soldados de Durlach señalaban con señales de banderas los escuadrones y las tropas a medida que las iban divisando. De esta manera fue advertido el de Baden-Durlach de que los católicos estaban a tiro de cañón, ordenando éste que se comenzara a batirlos: con resultados tan mortales que para evitar más pérdidas, Don Gonzalo mandó plantar algunas piezas que le había enviado Tilly.

El general bávaro hizo otro tanto en su ala, y el resultado del cañonear católico también empezó a hacer mella en el enemigo, especialmente al adelantar Don Gonzalo sus cañones, forzando a Durlach a desalojar apresuradamente a la gente que tenía oculta en su ala izquierda tras Biberach con intenciones de hacer una emboscada. Con estas escaramuzas y sin otros hechos de importancia fue pasando la mañana, hasta que finalmente se adivinó la intención del contrario, que no era otra que dar tiempo a que sus tropas pudieran atrincherarse detrás del parapeto móvil formado por los carros y pedreros, que presentaba una temible barrera que circundaba al ejército protestante, obligando al ejército católico a atacar la posición fortificada o a retirarse (algunas fuentes dicen que este tiempo muerto en plena batalla, que duró de once de la mañana a dos de la tarde se debió al calor, cosa que extraña en Alemania en el mes de mayo).

Más Don Gonzalo y Tilly, no permitiéndole que dispusiese el protestante sus escuadrones a gusto tras la línea de carros, se apresuraron a la batalla, y a las tres de la tarde, corriendo por sus escuadrones, les fueron dando nuevos bríos a sus soldados, diciéndoles que:

Marchasen con gran firmeza a pelear, y caminasen a vencer, pues los presentes enemigos a Dios rebeldes y a su Príncipe, hacían justísima su causa. Que procurasen este día, dar con valor nuevos trofeos al Águila Imperial Romana, y a los Castillos y Leones acostumbrados a vencerlas; que los despojos, los caminos, el cetro y honra del Imperio y el conservarse en Alemania la verdadera Religión, todo colgaba de sus brazos, y ansia de ser satisfacción de sus fatigas y victorias, o si por dicha se perdiesen, ruina y afrenta de la patria.

Es 6 de mayo de 1622, los ejércitos católico y protestante hace horas que están frente a frente. Se acerca el momento. Don Gonzalo y Tilly ya han arengado a los suyos.

También Baden-Durlach, viendo las operaciones tan adelantadas, habló a los suyos mostrándoles todo cuanto su ingenio había evocado para poder derrotar a los católicos, diciéndoles: Que se aparejasen, pues veía llegada la ocasión de mostrar su valentía, que en ella es plena su confianza, y que ya que tanto habían deseado dar fin de un golpe a los peligros en que hacían naufragar a su tierra, debían entonces confirmarlo, porque vencido aquel combate era seguro no que no les quedara otra cosa por hacer para obtener el triunfo ante sus mortales enemigos.

Por su parte, Don Gonzalo dando y recibiendo descargas cerradas, guió primero a su caballería en una maniobra de tanteo para enfrentarse a las primeras tropas enemigas, mientras los capitanes Martín Fernández y Alfonso Marcia, con sus banderas de mosqueteros y arcabuceros, se separaron de su posición en el flanco derecho católico y se adelantaron hasta unos setos que había frente a Biberach, pequeña aldea donde ya dijimos en la entrada anterior que descansaba el flanco izquierdo del ejército protestante y donde acababa su artificioso parapeto de carros y piezas.

Estos capitanes, junto con Savariego y Don Antonio de Sotelo, que los seguían, fueron los que comenzaron la batalla, porque Baden-Durlach, enviando contra ellos gran número de gente empezó a embestirlos, siendo los protestantes rápidamente rechazados. Sin embargo, la numerosa y furiosa artillería protestante compensaba con creces el pequeño revés desde la cerca de carros y suplía esta falta horriblemente.

Entonces observó Don Gonzalo a dos batallones de caballos enemigos que cargaban contra sus infantes españoles y alemanes. Con el objetivo de evitar la maniobra y de bajarles un poco los humos, decidió darles una carga. Arrancando con los suyos al galope, creyó que sus jinetes iban tras él y que embestían. Sin embargo, los cabos de la caballería entendieron que pretendía hacer una caracola, con lo que después de rociar con plomo al enemigo, se dieron la vuelta con todo el escuadrón y volvieron a sus posiciones. Cuando quiso acordar Don Gonzalo, se encontró con que se hallaba tan solo y empeñado, quedando por un momento rodeado de jinetes enemigos que sin hacerle daño lo llevaron entre ellos mientras acababan de ejecutar la carga contra los infantes españoles del Tercio de Nápoles.

Sin embargo, disuadidos por la mortífera fila de picas españolas, los jinetes protestantes detuvieron la carga a escasos metros del escuadrón de infantería español, ocasión que aprovechó don Gonzalo para galopar y refugiarse con sus infantes españoles, a los que halló más firmes que las rocas, con el bosque de sus picas tan impenetrable y brioso que los enemigos desconfiados de poder penetrarlo se retiraron. Los oficiales del Tercio Español de Don Gonzalo eran el sargento mayor y capitanes, Don Juan Sánchez, Don Jerónimo Boquin, Esteban Martín, Castel y Rosal. En esta carga protestante resultó muerto el Reingrave General de la Caballería protestante, acompañado de otros muchos jinetes y hombres de calidad.

El joven Bernardo de Sajonia Weimar (13 años después sería uno de los jefes protestantes en la batalla de Nordlingen), que dirigía el otro batallón de caballería hereje, arremetió contra los alemanes de los regimientos de infantería hispánicos del Coronel Bauer y del Conde de Emden, que empezaron a flaquear y retroceder rápidamente con el intrépido y furioso choque. Visto el éxito, imaginaron que sería más débil, por tener menos gente, el Tercio español, que bien cerrado se encontraba ya solo en la línea, haciendo cara a todas las bandas. Pese a poner todo su empeño en la maniobra de frente y de flanco, lo único que consiguieron los jinetes protestantes fue que los españoles retrocedieran algunos pasos, aguantando imperturbables finalmente la posición.

Tilly enfrascado por entonces en la batalla en el flanco izquierdo, estaba siendo acometido por la caballería de Durlach con los mismos ánimos y la misma pujanza. Uno de sus mejores escuadrones de infantería no resistió el choque y acabó desinflándose y deponiendo las armas. Visto este descalabro y el sucedido con los regimientos hispánicos de Bauer y Emden en la línea española, parecía evidente que la fortuna se estaba inclinando del lado enemigo, que estaba ya adelantado y discurría libremente con sus caballos por el campo de batalla. Su mucha infantería, atrincherada en el infernal parapeto de carros, daba descargas espantosas, y su mortífera artillería de pedreros, cuartos, y trabucos, escupía ofensas indecibles, apuntando a la adversidad del ejército católico.

Éste se encontraba en muchos sitios desmembrado, acometido y deshecho, lo que hacía temer una pérdida segura. Pero en la guerra cualquier accidente o imprevisto, por leve que sea, cambia el destino de las cosas, y por donde menos se espera surgen la oportunidad y la fortuna. El denso humo de la pólvora, y el polvo espeso levantado por caballos e infantes, habían formado una nube de tales dimensiones que había llegado a tapar el sol, sembrando el caos la falta de visibilidad. Hasta ese momento el viento había soplado en agradable brisa, pero de improviso comenzó a soplar con fuerza del norte, desplazando la nube hacia las filas enemigas.

Don Gonzalo, a pesar de estar también cegado, no desperdició la oportunidad, y así marchó corriendo hacia el coronel Bauer, que en el ínterin había logrado recomponer a su gente y regresar en formación a la línea. Para conseguirlo les había tocado el corazón a sus hombres, porque los derrotados alemanes deseando mucho restaurar la reputación perdida tras la carga de la caballería enemiga y su posterior huída, y viendo el ejemplo incontrastable que estaban dándoles a todos aquellos pocos españoles del Tercio de Don Gonzalo, consintieron rápidamente en enmendarse, cobrando con presteza ánimo, coraje y ganas de pelear.

Visto lo que estaba sucediendo en el flanco derecho católico, con los españoles aguantando la línea y los alemanes volviendo a recomponerse entre gritos de júbilo, Tilly logró recomponer también sus batallones. Entonces el de Córdoba, aprovechándose todavía de que la nube estaba sobre los enemigos cargó de los primeros contra la línea de barricadas protestante, lo que provocó en la gente tales bríos que marcharon detrás suya. Se produjo entonces un fuerte choque, un espantoso batallar, de sangre, heridas, roncas voces, temerosos aullidos, crujir de armas, y cuchillas, y retumbar de arcabuces, unos muriendo, otros matando.

Un escuadrón que hasta este momento había tenido en reserva Tilly, entrando fresco en la batalla, terminó de equilibrar el resultado de la lucha, prolongándose ésta por unas horas en la línea de parapetos de los carros. Fue entonces cuando el golpe infausto y de suerte de una bala de cañón católica impactó en el polvorín enemigo, volándolo por los aires en una gran explosión. En ese momento, un soldado español mirando al cielo a la gran nube formada por la combustión de la pólvora, y asemejándola a la Virgen María, gritó ¡Victoria! ¡Victoria! Nuestra Señora nos da la victoria. Milagro.

Baden-Durlach observó como su gente comenzó a deshacerse, apresurando su colapso, siendo sus filas rematadas y atropelladas por la carga que en ese momento dio Tilly sobre el flanco derecho sobre su mejor caballería, que huyó abandonando a los infantes en desbandada a su suerte. La ocuridad de la noche se iba echando encima y Don Gonzalo aunque advirtió que el enemigo huía sin concierto, no tuvo más remedio que detener la persecución que ya iniciaba su gente, para evitar que la persecución sin orden ante una súbita defensa de un enemigo desesperado no ocasionase algún desmán.

Como escribió el historiador contemporáneo Gonzalo de Céspdes: ¡O!, infelicísima Alemania, qué fuera ahora de tu imperio, qué de tu Iglesia y religión, qué de las míseras Reliquias, de tu afligida cristiandad si tal victoria por ventura, los calvinistas alcanzaran. Mas no lo quiso el justo Dios; su soberana providencia puso en los brazos poderosos de 700 españoles (el enemigo lo confiesa) la prevención de tanto daño, y el vencimiento trabajoso que variamente vacilaba.

Perdió Federico de Baden Durlach sus cañones, pedreros y trabucos, cuatro mil carros, incontables municiones, 74.000 ducados (otros dicen que 100.000), muchas banderas y estandartes, documentos de los demás aliados protestantes, y en la batalla y ahogados en el Neckar unos miles de hombres, entre ellos Magno Württemberg, el Reingrave de la caballería y otras 42 personas de oficio y cargo. En el Campo católico murieron 114 españoles y 1.600 de naciones e imperiales.

Durlach huyó sin detenerse hasta Stuttgart, donde al pie del puente levadizo le dijo al centinerla de guardia: “Amigo, dame algo de beber, solo soy el viejo Margrave“, y cayó desmayado de cansancio. Una de las tres amenazas protestantes que convergían al Palatinado había sido derrotada y destruida. Tilly quedó en la zona y Don Gonzalo cruzó el Rin de vuelta al Palatinado, ocupado por España. Todavía quedaban el ejército de Mansfeld en el Neckar, y el de Cristian de Brunswick que avanzaba a marchas forzadas por Hesse

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:37

BATALLA DE FLEURUS

La batalla de Fleurus del 29 de agosto de 1622 fue una lucha entre el ejército de España y las potencias protestantes del Sacro Imperio durante la Guerra de los Treinta Años. La sangrienta batalla destrozó las fuerzas protestantes y dejó a los españoles como señores absolutos de aquellas tierras.

Después del fracaso en intentar liberar Heidelberg, asediada por el ejército del Conde Tilly, Federico V del Palatinado decidió disolver su ejército. El 13 de julio de 1622, el contrato fue cancelado por los ejércitos parados de Mansfeld y los holandeses alquilaron los servicios de Cristián de Brunswick para ayudar a aliviar el sitio de Bergen-op-Zoom.

El ejército protestante partió de Alsacia y a paso rápido cruzando el norte de Francia, entrando en los Países Bajos Españoles a través de Henao.

El ejército español en Flandes, bajo el mando de Ambrosio Espínola, ocupó durante el sitio de Bergen-op-Zoom, una ciudad en el estuario del río Escalda, que estaba en una peligrosa situación. Mientras los refuerzos holandeses se reunían al este de Breda, se preparó para una invasión desde el sur. Estuvo en peligro de quedar atrapado entre los dos ejércitos enemigos, pues su línea de retirada hacia Amberes estaba bloqueada por el ejército alemán invasor. Gonzalo Fernández de Córdoba, comandante del ejército español en el Palatinado, fue reclamado a toda prisa para detener a este ejército. Fernández de Córdoba marchó a través de Luxemburgo y el dificultoso terreno de las Ardenas, y consiguió interceptar a Mansfeld y Brunswick en la frontera de Brabante.

El ejército protestante adelantó tropas que se enfrentaron con exploradores españoles el 27 de agosto, y el 29 encontraron al ejército de Córdoba atrincherado. Córdoba, mucho más débil en caballería, había dispuesto un bloqueo de la posición norte de la ciudad de Mellet, cerca de Fleurus, con flancos abrigados por los bosques. Los comandantes protestantes desplegaron su ejército tratando de romper por la mitad la posición española.
Orden de batalla

La caballería española estaba compuesta por 53 pequeñas compañías, reunidas en escuadrones ad hoc. En estos había 29 compañías de coraceros y 24 compañías de arcabuceros. Estaban compuestos por reclutas valones y habían actuado pobremente en la batalla de Wimpfen. Por esta razón, Córdoba estaba ciertamente preocupado de los flancos de su ejército.

Por su parte, la infantería española era una mezcla de demostrada calidad: el tercio de Nápoles era una unidad de élite con rastros en la historia desde 1567, salvo su reputación en la batalla de Wimpfen con una excelente actuación, y Córdoba la situó en el puesto de honor a la derecha, bloqueando la senda. El regimiento Fugger y el tercio de Verdugo eran también unidades experimentadas, veteranos de la campaña en Bohemia. El resto de las unidades eran tropas de guarnición de baja calidad, movilizadas por Córdoba para completar el frente de batalla.

Según testimonios de la época, la tropa protestante partió de Alsacia con unos 25.000 hombres, pero a causa de la dura marcha y de los campesinos valones, solamente 14.000 llegarían a la batalla.

La caballería protestante era de buena calidad. Muchos de los caballeros eran miembros de la baja nobleza alemana, y la mayoría estaban pesadamente acorazados. La infantería disponía de mucho menos material, estaba pobremente equipada y había sufrido más las vicisitudes de la marcha.

Después de un corto cañoneo, Mansfeld ordenó un avance general. Algunos espacios se abrieron en la infantería alemana, pobremente adiestrada, y De Sylva atacó un flanco desprotegido sirviéndose de un batallón. No obstante, Streiff contraatacó, la caballería valona equivocó el paso y sufrió un considerable daño por las armas de fuego del enemigo. La caballería de De Sylva se refugió detrás de los carros de equipaje, mientras Streiff volvía sobre la infantería española, sin demasiado éxito.

En el lado derecho protestante, Brunswick había enviado a la casi totalidad de su caballería, el despliegue de Córdoba hizo imposible flanquear su posición, pero Brunswick esperaba destrozar la formación española con un asalto total y frontal. La primera carga fue rechazada por la caballería de Gauchier, pero Brunswick ordenó una segunda carga. La primera línea fue rechazada de nuevo, pero la segunda línea consiguió acorralar a la caballería valona. Brunswick se centró entonces en la infantería española, pero su infantería fracasó al intentar soportar la embestida de estos, el Tercio de Nápoles aguantó su posición, y los mosqueteros agazapados en los árboles comenzaron a disparar a la caballería protestante, que empezó a desordenarse. En una desesperada carga final, Brunswick resultó herido, y su caballería, desmoralizada, cayó al final. Después de cinco horas de lucha, Mansfeld ordenó la retirada. Era mediodía e intentó tomar el camino hacia Lieja en torno a Fernández de Córdoba para alcanzar Breda.

El ejército español estaba ya demasiado cansado para seguir al enemigo en retirada. No obstante, al siguiente día, Córdoba envió a Gauchier con la caballería, que encontró al ejército protestante apeado a lo largo del camino. La caballería protestante huyó sin participar en demasiadas luchas, dejando a la infantería a su suerte. Sin posibilidad de desplegar una posición de defensa, la infantería alemana fue aniquilada. Gauchier también capturó la artillería y el equipaje del ejército.

Lo que quedaba de Brunswick y Mansfeld, unos 3000 efectivos de caballería, se unió finalmente al ejército holandés en Breda después de dar un rodeo. Spinola estuvo obligado a abandonar el sitio de Bergen-op-Zoom, pero la plaza no suponía ya un riesgo, de modo que lo hizo con gusto.

Brunswick y Mansfeld sólo sirvieron tres días al ejército holandés, sus tropas revoltosas e indisciplinadas no tenían sitio en el ejército rebelde de las Provincias. Mientras tanto, el ejército del Conde de Tilly invadió fácilmente el Palatinado.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 15 Jun 2015 01:45

BATALLA DE STADLOHN

La Batalla de Stadtlohn fue un combate entre los ejércitos del duque Cristián de Brunswick y el bando imperial-bávaro librado cerca de la población homónima el 6 de agosto de 1623, durante la Guerra de los Treinta Años.

Con apoyo de las Provincias Unidas, el duque Cristián avanzó con un nuevo ejército al Círculo de Baja Sajonia, donde fue hostigado por las fuerzas imperiales al mando del Conde de Tilly. Cristián tuvo que enfrentarse a Tilly justo antes de entrar en el pueblo de Stadtlohn, siendo completamente derrotado. El Imperio se mantendría en relativa paz hasta que los daneses invadieran la Baja Sajonia en 1625.

Una vez que aplastaron la Revuelta bohemia, las fuerzas imperiales avanzaron hacia el Palatinado Renano, iniciando la Campaña del Palatinado, con el objetivo de castigar al duque Federico V del Palatinado, príncipe protestante que se había rebelado contra el emperador Fernando II de Habsburgo. El duque Cristián de Brunswick parte en ayuda de Federico, estimulado por solidaridad confesional, ambición territorial y hasta por motivos caballerescos al estar enamorado de Isabel Estuardo, esposa del duque del Palatinado.1 Cristián abandona las Provincias Unidas con un ejército subsidiado por los neerlandeses, pero es derrotado por Tilly en la Batalla de Höchst. Cristián regresa entonces a las Provincias Unidas, pero esta vez es interceptado por las fuerzas españolas que participaban en la Guerra de los Ochenta Años, y es vencido de nuevo en la Batalla de Fleurus. En esta batalla es herido y se le amputa el antebrazo izquierdo. No obstante, logra escapar y pronto obtiene otro crédito neerlandés para comprar armas.

En enero de 1623, Cristián llegó a la Frisia Oriental, donde se encontraba refugiado el conde Ernesto de Mansfeld, otro paladín protestante que también antagonizaba con el Emperador. Luego de varios roces con Mansfeld, el duque de Brunswick continuó hacia el Círculo de Baja Sajonia, donde contaba con varios allegados con cargos de importancia, incluyendo a su hermano mayor, el duque Federico Ulrico de Brunswick-Wolfenbüttel. No obstante, el rey de Dinamarca y duque de Holstein, Cristián IV de Dinamarca, preocupado porque la presencia del rebelde atraiga fuerzas imperiales hacia lo que él considera su zona de influencia, moviliza sus fuerzas para que lo expulsen. Federico Ulrico interviene a favor de su hermano y logra que los otros príncipes del Círculo lo contraten para organizar un ejército que defienda su neutralidad. El duque Cristián recluta en junio 21.000 hombres en Wolfenbüttel y Halberstadt, este último un obispado secularizado del que era administrador.

Lejos de sentirse intimidado por el ejército de la Baja Sajonia, el emperador Fernando II autoriza a Tilly que proteja al Imperio de Cristián de Brunswick; no obstante, también ofrece un perdón a este último por sus campañas pasadas, y le garantiza su cargo de Obispo de Halberstadt. El duque rechaza el perdón a menos de que sea extendido también a todos sus oficiales, muchos de ellos partícipes de la Revuelta bohemia. Mientras tanto, Tilly se mantuvo en el sur de Westfalia, reorganizando sus fuerzas y a finales de junio se movilizó a la Baja Sajonia luego de haber recibido 8.000 soldados de refuerzo traídos por Ramboldo, conde de Collalto desde Bohemia;3 el sur de Westfalia quedó entonces resguardado por Juan Jacobo, conde de Anholt, con 12.000 hombres. El duque Cristián empezó a retirarse de Halberstadt hacia el oeste, y el 16 de julio rompió finalmente las negociaciones con el Emperador.

El 28 de julio, Cristián renunció al Obispado de Halberstadt a favor de su tío materno, el Rey de Dinamarca, sin ganar algún tipo de apoyo por esta acción.4 Luego se dirigió hacia Osnabrück, con la esperanza de que Mansfeld, que tenía 20.000 hombres en su refugio de la Frisia Oriental, lo auxiliara. Este último se negó a moverse.4 El plan de retirada del duque se convirtió entonces en una huida a Bredevoort, en los Países Bajos, para que los holandeses lo empleasen de nuevo.4 Tilly lo persiguió, logrando reducir enormemente la distancia inicial entre ellos, y reportó haber llegado a Greven media hora después de que Cristián hubiese partido, el 4 de agosto; el Duque no ayudó a su causa al distraerse por tres días saqueando el Obispado de Münster. El conde Anholt se unió a Tilly en este punto, pero para ese momento las tropas imperiales habían sido reducidas a 20.000 hombres por la necesidad de dejar guarniciones por donde pasaban. El 5 de agosto, la vanguardia croata de Tilly alcanzó a Cristián en Steinfurt, pero éste y sus hombres lograron retirarse y acamparon unos 3 km al oeste. Después de dejar instrucciones de que el equipaje debía partir a las once de la noche seguido por el resto del campamento, el duque se retiró a dormir, despertándose a las 3 de la madrugada para descubrir que sus hombres habían seguido durmiendo. No fue hasta las ocho de la mañana que el último soldado de Cristián abandonó el campamento, y momentos después los Imperiales llegaron al lugar.

Durante el resto de la mañana, el Duque fue desplegando sus tropas contra Tilly para ganar tiempo y permitir que el equipaje cruzase el río Berkel. Salvarlo era importante, ya que contenía el dinero que necesitaban para pagar a sus tropas, las cuales podían rebelarse o incluso cambiar de bando si no cobraban la soldada. El puente más cercano sobre el río se encontraba en Stadtlohn, que estaba a sólo 9 km de la guarnición neerlandesa de Bredevoort. Los hombres del duque eran quince mil, pero la mayoría no tenía experiencia de combate y muchos ni siquiera estaban armados. Cuando cedió la última barrera entre Tilly y el grueso del ejército, unos dos mil mosqueteros y dos cañones comandados por el barón Knyphausen, Cristián tuvo que entablar el combate, justo antes de entrar en Stadtlohn.

El Duque colocó entonces sus tropas dándole la espalda a Stadlohn. No obstante, un bosque a su izquierda y un arroyo a su derecha le restaron espacio de maniobra, espacio que sí le fue otorgado a Tilly, ya que dichos obstáculos naturales se abrían al alejarse del pueblo. Los tropas de la Liga Católica eran optimistas sobre el desenlace por ser ese día la Fiesta de la Transfiguración de Jesús;6 7 el conde Tilly obtuvo otra prueba religiosa de su segura victoria cuando Cristián desplegó su estandarte, que incluía la frase: Por Dios y por ella, en referencia a Isabel Estuardo, a quien el conde consideraba un "costal de corrupción mortal";7 Tilly, apodado el "monje con armadura", opinó que tal blasfemia no podía contar con el favor de Dios.7

A las dos de la tarde, aún sin terminar de desplegar todo su ejército, Tilly ordenó que la artillería atacase al enemigo; Cristián contraatacó dos veces, sin éxito. A las 3.30 de la tarde, el ejército imperial empezó a avanzar, y cuando los mosqueteros veteranos de Tilly entraron en combate con su contraparte enemiga, su caballería logró desbordar el flanco derecho del Duque. La caballería de este último se encontró entonces con poco espacio de maniobra y emprendió la huída; de inmediato se inició también la retirada de la infantería rebelde hacia el pueblo, pero debido a que el campo se cerraba en esta dirección, la misma fue desordenada. Los soldados croatas y cosacos de los Habsburgo no tuvieron compasión con los enemigos que intentaban rendirse, causando gran mortandad.

Aunque la mayor parte de la caballería de Cristián de Brunswick escapó, muchos oficiales murieron o fueron capturados, pérdidas que eran más graves que la destrucción de su infantería, ya que le dificultaban la posibilidad de formar un nuevo ejército. Unos sesenta oficiales fueron capturados por el bando imperial, incluyendo a seis príncipes y dos condes, el más relevante de todos estos fue Guillermo IV de Sajonia-Weimar, hermano de Bernardo de Sajonia-Weimar, quien fue herido en la batalla pero escapó.

En total, Cristián, apodado ahora el "loco de Halberstadt", perdió diez mil hombres, de los cuales seis mil fueron muertos y cuatro mil capturados, así como 16 cañones y casi toda su munición. Por su parte, Tilly reportó mil bajas entre muertos y heridos, pero se recuperó casi de inmediato, ya que un número similar de prisioneros decidió cambiar de bando, aunque su disciplina dejaba mucho que desear. El resto de los prisioneros fue llevado a Münster, región que recientemente habían saqueado, y fueron mantenidos en una situación de penuria tan grande, que los mismos habitantes se organizaron para darles ayuda humanitaria; finalmente fueron liberados luego de prometer que no se alzarían contra el Emperador.

Acompañado por 5.500 sobrevivientes, Cristián logró escapar a las Provincias Unidas, culpando a Knyphausen por la derrota, y ordenando su ejecución, aunque pudo ser disuadido antes de que la orden se cumpliese.

Por su parte, Federico del Palatinado, sin perspectivas de encontrar otro ejército que le sirviera, tuvo que ceder a las presiones de su suegro y firmó un armisticio con el Emperador.8 Sus acciones, de todas maneras, no terminaron la guerra, el Rey de Dinamarca tenía especial interés en conseguir los obispados de Halberstadt y Osnabrück para sus hijos menores, pero esos cargos también eran codiciados por el Emperador para su hijo mayor.9 La entrada de tropas danesas al Círculo de Baja Sajonia en 1625, donde aún se mantenía el ejército de Tilly, abriría la Etapa danesa de la Guerra de los Treinta Años.

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