HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 01:02

JUAN SEBASTIAN ELCANO

Navegante español que completó la primera vuelta al mundo (Guetaria, Guipúzcoa, 1476 - océano Pacífico, 1526). Las primeras noticias que se tienen de él le presentan como un marino vasco con amplios conocimientos náuticos, que participó en la expedición de Cisneros a Argel (1509) y en las campañas de Italia del Gran Capitán.


En 1518 conoció en Sevilla al navegante portugués Magallanes, que preparaba una expedición al servicio de España para buscar la ruta a las Indias navegando hacia el Oeste. Elcano se enroló en la expedición, que partió de Sanlúcar de Barrameda en 1519 y exploró el Río de la Plata y la Patagonia; allí ayudó Elcano a sofocar un primer motín, pero participó en un segundo intento contra Magallanes, el cual le perdonó la vida, sea por no hallarle culpable o por considerarle imprescindible para continuar el viaje (1520).

Con Elcano reducido a un papel secundario, la expedición descubrió el paso del Atlántico al Pacífico por el sur del continente americano, así como las islas Marianas y las Filipinas. Cuando Magallanes murió en un combate con los indígenas de las isla filipina de Mactam (1521) la expedición quedó bajo el mando, sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando denodadamente la ruta a las Molucas.

Finalmente, un triunvirato encabezado por Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los jefes portugueses (incluido Magallanes) habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio del comercio de las especias navegando hasta aquellas islas alrededor de África y a través del océano Índico (1521).

Tras alcanzar las Molucas y establecer tratados con los príncipes nativos, adquirieron un cargamento de especias y se dispusieron a regresar. Sin embargo, una avería en una de las dos naos que quedaban hizo que la expedición se separara: la nao averiada se quedaría en las Molucas hasta su reparación y regresaría a tierras españolas de América cruzando el Pacífico; mientras que Elcano regresaría con la nao Victoria a la Península por la ruta portuguesa.

Este último viaje fue una hazaña difícil y peligrosa, pues a las dificultades propiamente marítimas (como la de doblar el cabo de Buena Esperanza) se añadía la necesidad de cruzar el Índico y bordear el continente africano sin hacer escalas, por miedo a ser capturados por los portugueses, que ya habían enviado una flota para hacer fracasar el empeño de Magallanes.

Elcano consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique; pero la falta de víveres le obligó finalmente a repostar en las islas de Cabo Verde, donde varios tripulantes fueron apresados por el gobernador portugués y el resto hubo de huir apresuradamente. Allí descubrió Elcano que en su cuenta del tiempo llevaban un día de menos, consecuencia de haber dado una vuelta completa al mundo. Por fin, la expedición llegó a Sanlúcar de Barrameda en 1522, con sólo 18 hombres de los 265 que habían partido de allí mismo tres años antes.

El emperador Carlos V recibió a Elcano en audiencia, aunque no fue muy generoso en las recompensas por su hazaña. Su viaje constituyó un éxito, tanto desde el punto de vista geográfico (pues confirmaba experimentalmente la esfericidad de la Tierra) como económico (ya que la venta de las mercancías en Amberes sufragó sobradamente los costes de la expedición).

Las expectativas de negocio así abiertas hicieron que se fundara en La Coruña una nueva Casa de Contratación destinada a especializarse en el comercio de las especias. Desde allí salió una segunda expedición, costeada por los Fugger y mandada por Loaisa (un aristócrata, para evitar nuevos problemas de insubordinación); Elcano viajaba, a pesar de sus protestas, como piloto mayor. Pero aquella expedición, que salió de La Coruña en 1525, fracasó por la muerte de Loaisa y de Elcano sucesivamente (1526).

En la actualidad el buque escuela de la Armada Española (A-71) lleva su nombre, en memoria de la circunnavegación de la tierra llevada a cabo por este ilustre marino.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 01:13

LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA, O DE LOS COMUNEROS

Dentro de este hilo dedicado a los militares o guerreros españoles, entiendo que no puede dejarse sin citar a D. Juan Padilla, D. Juan Bravo y D. Francisco Maldonado, los líderes de la revuelta de las comunidades de Castilla contra el Emperador Carlos I de España y V de Alemania, quienes tras la derrota de Villalar, (actual Villalar de los Comuneros) fueron ajusticiados por el emperador.

La Guerra de las Comunidades de Castilla fue el levantamiento armado de los denominados comuneros, acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522, es decir, a comienzos del reinado de Carlos I. Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza del alzamiento las de Toledo y Valladolid. Su carácter ha sido objeto de agitado debate historiográfico, con posturas y enfoques contradictorios. Así, algunos estudiosos califican la Guerra de las Comunidades como una revuelta antiseñorial; otros, como una de las primeras revoluciones burguesas de la Era Moderna, y otra postura defiende que se trató más bien de un movimiento antifiscal y particularista, de índole medievalizante.

El levantamiento se produjo en un momento de inestabilidad política de la Corona de Castilla, que se arrastraba desde la muerte de Isabel la Católica (1504). En octubre de 1517, el rey Carlos I llegó a Asturias, proveniente de Flandes, donde se había autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas en 1516. A las Cortes de Valladolid de 1518 llegó sin saber hablar apenas castellano y trayendo consigo un gran número de nobles y clérigos flamencos como Corte, lo que produjo recelos entre las élites sociales castellanas, que sintieron que su advenimiento les acarrearía una pérdida de poder y estatus social (la situación era inédita históricamente). Este descontento fue transmitiéndose a las capas populares y, como primera protesta pública, aparecieron pasquines en las iglesias donde podía leerse:

«Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor»


Las demandas fiscales, coincidentes con la salida del rey para la elección imperial en Alemania (Cortes de Santiago y La Coruña de 1520), produjeron una serie de revueltas urbanas que se coordinaron e institucionalizaron, encontrando un candidato alternativo a la corona en la reina propietaria de Castilla: la madre de Carlos, Juana, cuya incapacidad o locura podía ser objeto de revisión, aunque la propia Juana, de hecho, no colaborara. Tras prácticamente un año de rebelión, se habían reorganizado los partidarios del emperador (particularmente la alta nobleza y los territorios periféricos castellanos, como Andalucía) y las tropas imperiales asestaron un golpe casi definitivo a las comuneras en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Allí mismo, al día siguiente, se decapitó a los líderes comuneros (Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado). El ejército comunero quedaba descompuesto. Solamente Toledo mantuvo viva su rebeldía, hasta su rendición definitiva en febrero de 1522.

Las Comunidades han sido siempre motivo de atento estudio histórico, y su significado a veces ha sido mitificado y utilizado políticamente, en particular a partir de la visita de El Empecinado a Villalar el 23 de abril de 1821, con motivo del III centenario de la derrota (tal como era sentida por los liberales). Pintores como Antonio Gisbert retrataron a los comuneros en algunas de sus obras, y se firmaron documentos como el Pacto Federal Castellano, con claras referencias a las Comunidades. Los intelectuales conservadores o reaccionarios adoptaron interpretaciones mucho más favorables a la postura imperial y críticas hacia los comuneros. A partir de la segunda mitad del siglo XX se revitalizaron los estudios históricos haciendo uso de una metodología renovada.

Más recientemente, en el plano político, desde principios de la Transición, se comenzó a conmemorar la derrota cada 23 de abril, alcanzando finalmente, con la conformación de la comunidad autónoma de Castilla y León, el estatus de día de la Comunidad. Asimismo, su utilización como elemento simbólico está muy presente en los movimientos castellanistas y regionalistas. Ha tenido una notable difusión popular mediante el poema épico Los Comuneros, de Luis López Álvarez, musicalizado por el Nuevo Mester de Juglaría.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor JotaErre » 06 Jun 2015 03:41

Lo que tenían de medieval era, sin duda, el sentido del honor. Padilla se lanzó él sólo al combate en un momento en el que ya todo estaba perdido y las fuerzas de los comuneros huían el campo de batalla. Cuando le preguntaron por qué lo hizo contestó: "Que ninguna mujer de Toledo pueda decir que llevé a su marido al degolladero y luego yo me salvé huyendo".

El día de su ejecución, Bravo acusaba de mentiroso al pregonero que iba anunciando sus delitos. Padilla le dijo: "Señor Juan Bravo: ayer era día de pelear como caballeros. Hoy es día de morir como cristianos".

Y al llegar al cadalso, el verdugo iba a empezar por Padilla, pero Bravo le pidió que le ejecutara a él primero "porque así no tendría que ver la muerte de tan buen caballero".

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 22:53

JUAN DE LA COSA

Cartógrafo y navegante español cuyo lugar de nacimiento es dudoso. Según algunas fuentes, nació en Santa María del Puerto (actual Santoña) y, según otras, en Orduña (Vizcaya) alrededor de 1449; murió en Tierra Firma (actual Colombia) en 1510.

Sí se sabe con certeza que en 1492 era vecino del Puerto de Santa María, en Cádiz, donde poseía el navío mercante Santa María, alquilado por Cristóbal Colón como nave almiranta para su primer viaje al Nuevo Mundo. De la Cosa participó en este viaje como patrón del barco, pero no como piloto, lo que sugiere que en esta época no tenía muchos conocimientos de navegación científica.


Aunque la Santa María encalló en la costa norte de La Española, salió con Colón en su segundo viaje (algunos autores han dicho que el Juan de la Cosa de este viaje no era la misma persona que el del primero; lo que no ha sido generalmente aceptado). Fue probablemente en esta época cuando adquirió gran parte de su ulterior conocimiento de navegación y cartografía, ya que su posición en este segundo viaje parece haber sido la de un aprendiz al que Colón mostraba sus mapas y transmitía sus conocimientos. Los testigos en el proceso seguido a Colón por la corona afirmarían, con alguna exageración, que había aprendido todo lo que sabía de las "cosas del mar" de Colón, y que después había usado estos conocimientos en sus propios viajes de exploración.

En cualquier caso, hacia 1498 Juan de la Cosa era ya considerado como uno de los más expertos pilotos de las Indias Occidentales y, al romperse el citado año el monopolio de Colón sobre la navegación a aquellas regiones, sus servicios fueron muy solicitados. En 1499-1500 sirvió como primer piloto en el viaje de Alonso de Ojeda para explorar el litoral de Guayana y Venezuela. En 1500-1502 fue primer piloto y probablemente socio en la expedición de Rodrigo de Bastidas que alcanzó el golfo de Urabá; en 1504-1506 volvió a Urabá al frente de su propia expedición comercial. Finalmente sirvió como primer piloto de Ojeda y segundo comandante en la expedición de 1509, que intentaba establecer una colonia en la costa de Colombia. Los tripulantes desembarcaron, contra sus consejos, en el sitio que hoy ocupa Cartagena de Indias; apenas se adelantó Ojeda tierra adentro, fue asaltado por una multitud de indígenas; Juan de la Cosa acudió a su socorro, y defendido por una trinchera de estacas, hizo prodigios de valor. Pero, por último, después de ver caer a su lado más de trescientos de los suyos, sucumbió también bajo las flechas envenenadas de sus enemigos, y a los pocos días fue encontrado colgado de un árbol.


La celebridad de Juan de la Cosa se debe también al famoso Mapa del que fue principal responsable, descubierto e impreso por Alexander von Humboldt en el siglo XIX. Probablemente, no realizó este mapa por sí mismo; la evidencia sugiere que no era un dibujante muy diestro. En lugar de ello, y probablemente al partir con Bastidas en 1500, dejó instrucciones a otro cartógrafo para que combinase un mapa del Nuevo Mundo dibujado por él con un mapa adecuado del Viejo Mundo. El mapa escogido para este objeto parece haber sido realizado doce años antes que el mapa de Juan de la Cosa y no corresponde a la misma escala; así, el efecto de combinar ambos mapas fue exagerar el tamaño de las costas americanas. No obstante, este mapa del mundo es el primero de los conocidos que incorporó información de las nuevas tierras descubiertas en el Oeste, y es también de excepcional interés debido al probable conocimiento y uso de los mapas dibujados por el propio Colón.

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Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 22:57

ALONSO DE OJEDA

Navegante y conquistador español nacido en 1466 en Cuenca y muerto hacia 1515 o 1516 en Santo Domingo. Fue uno de los primeros conquistadores de América, así como el primer gran descubridor español, después de Colón. Acompañó al almirante en su segundo viaje y participó activamente en el descubrimiento de oro y en las primeras acciones para dominar los indígenas de la isla Española. Posteriormente fue descubridor de la costa venezolana y colombiana, fundador de Santa Cruz, primer emplazamiento español en Suramérica y gobernador de Urabá, una de las primeras gobernaciones de Tierrafirme, de la que se desglosó la fundación de Santa María la Antigua del Darién.

Aunque nació en Cuenca, era oriundo de Hojeda, cerca de Oña, en la merindad de Bureba. Perteneció en una familia noble y fue paje y criado del duque de Medinaceli don Luis de la Cerda, en cuya casa conoció quizá a Cristóbal Colón, cuando éste vino a España. Participó en la toma de Granada, donde dejó constancia de sus dotes militares, de su destreza como espadachín y de su audacia. El P. Las Casas, que le conoció, hizo esta descripción de su persona: “Era pequeño de cuerpo, pero muy bien proporcionado y muy bien dispuesto, hermoso de gesto, la cara hermosa y los ojos muy grandes: de los más sueltos hombres en correr y hacer vueltas en todas las otras cosas de fuerzas”. Protegido por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca fue puesto al frente de una de las naves del segundo viaje de Colón en 1493. Al llegar a la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez, que se había perdido al internarse con otros ocho compañeros. Una vez en la Española, Colón le mandó explorar la región de Cibao, en el interior (enero de 1494), donde Ojeda obtuvo las primeras muestras del oro de Indias, enviado por Colón a los Reyes Católicos junto con un memorial donde ensalzaba la riqueza de las islas descubiertas.

Poco después se le dio otra misión importante como fue la de socorrer al capitán Margarit, que estaba sitiado en la fortaleza de Santo Tomás (erigida en Cibao) por las huestes del cacique Caonabó. Ojeda corrió en auxilio del capitán pero quedó sitiado a su vez, hasta que pudieron salvarle nuevos refuerzos venidos de la Isabela con Colón y su hermano Bartolomé. Más tarde las tropas de Caonabó pusieron cerco a la Isabela y Ojeda decidió capturar al Cacique. Marchó a la provincia de Maguana, donde vivía, y durante la entrevista que mantuvieron, Ojeda le ofreció como regalo unos grilletes de latón. Cuando el Cacique se vio inmovilizado, le subió a su caballo, lo raptó y se lo llevó ante la mirada de Colón. Luego derrotó a otro hermano de Caonabó por lo que se le premió con seis leguas de terreno en Maguana.

Ojeda estuvo en la Española hasta fines de 1498, momento en que se enemistó con Colón y regresó a España. Fue a la Corte y se entrevistó con el Obispo Fonseca, que le pidió comprobar lo descubierto por Colón en su tercer viaje. Se le autorizó así a realizar el primer viaje de descubrimiento tras los colombinos. Con patente del Obispo partió del puerto de Santa María hacia el 18 de mayo de 1499. Llevaba una sola carabela y le acompañaban el cosmógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, que hacía entonces su primer viaje al Nuevo Mundo. Costeó África (donde se apoderó de una carabela de Huelva), pasó a Canarias y finalmente siguió la ruta del tercer viaje colombino para arribar a la costa suramericana por la Guayana venezolana. Desde aquí subió a la isla de Trinidad y península de Paria, donde había estado antes el Almirante. A partir de aquí realizó su verdadero descubrimiento; toda la costa de Venezuela hasta Maracaibo donde los españoles hallaron unas viviendas lacustres que a Vespucio le recordaba a Venecia y por ello bautizaron el lugar como Venecia Chica o Venezuela. Prosiguieron luego por la península de la Guajira (territorio actualmente colombiano), que los indios llamaban Chichibacoa o Coquibacoa, hasta cerca de un Cabo que les pareció desde lejos “vela de navío”. Era el cabo de la Vela, al que no arribaron ya que antes de alcanzarlo enderezaron rumbo hacia la isla Española y atracaron en puerto Yáquimo el 5 de septiembre de 1499. Allí cargaron palo tintóreo y encontraron a Francisco Roldán, alcalde de Santo Domingo reconciliado con Colón después de su rebelión. El funcionario pidió el permiso para hacer descubrimientos y Ojeda se lo mostró. Estaba firmado por Fonseca, como indicamos. El resto del viaje carece de interés; cargaron esclavos en las Lucayas y arribaron a Cádiz a mediados de junio del año 1500. Los resultados de estos descubrimientos (toda la costa venezolana y parte de la atlántica oriental colombiana) se consignaron en el famoso mapa de Juan de la Cosa, elaborado el año 1500.

Ojeda fue nombrado Gobernador de Coquibacoa el 8 de junio de 1501 y organizó una expedición colonizadora con dos socios llamados Juan de Vergara y García de Ocampo. Partió en enero de 1502 con cuatro navíos y repitió la ruta anterior. Al llegar a Coro, que denominó Valfermoso, mandó a Vergara por víveres a Jamaica y continuó hacia un puerto que llamó Santa Cruz, posiblemente Bahía Honda en la zona colombiana de la península de la Guajira. Aquí construyó un fuerte, que fue el primer establecimiento español en Suramérica. El descontento por la falta de víveres y por las adversas condiciones canalizaron una gran hostilidad hacia el Gobernador. Cuando llegó Vergara se concertó con Ocampo para destituir a Ojeda, que fue apresado (mayo o junio) y por consiguiente, despoblado el lugar. Resultado de esto fue un pleito en la isla Española entre Ojeda y sus socios del que salió absuelto el primero en 1503.

En 1508 se celebró la famosa Junta de Burgos en la que se acordó la colonización de Tierrafirme, dividida en dos gobernaciones, la de Veragua y Urabá. La última de estas le correspondió a Ojeda y era la actual costa colombiana comprendida entre el Cabo de la Vela y el golfo de Urabá. Reunió cuatro barcos y 220 hombres y partió de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 en compañía de Juan de la Cosa y dejó en la isla a su socio el cosmógrafo Martín Fernández de Enciso para que reclutara más hombres. Desembarcó en las proximidades de Cartagena, donde leyó a los indios el famoso “Requerimiento” y se internó hasta el poblado de Turbaco. Cuando los españoles estaban ocupados en saquear las viviendas vacías de los naturales aparecieron los guerreros, que ocasionaron una gran mortandad. Entre las víctimas estuvo el cosmógrafo Juan de la Cosa, que fue capturado y asaeteado. Ojeda logró escapar y alcanzó la playa, donde apareció Diego de Nicuesa, que se dirigía hacia su gobernación de Veragua. Se unió a Ojeda en la represalia y luego siguió su camino. Ojeda continuó también por la costa de su gobernación con dirección hacia occidente en busca de un lugar para fundar. Creyó encontrarlo en el Golfo de Urabá, donde erigió San Sebastián de Urabá, un simple fuerte, en realidad. El lugar era insalubre y enfermaron muchos hombres, pero más grave era que los indios usaban flechas envenenadas con curare, que producían la muerte casi instantánea a quienes eran heridos. El propio Ojeda fue herido en una pierna aunque pudo salvar su vida tras obligar al cirujano a que aplicara sobre su herida dos planchas al rojo vivo. Para contener la hemorragia fue necesario gastar una pipa de vinagre.

Ante la terrible situación existente y en vista de que no llegaba el esperado refuerzo de Fernández de Enciso, Ojeda decidió aprovechar la aparición de una nave en Urabá para ir a la Española en busca de víveres e implementos. Dejó a los pobladores de San Sebastián bajo el mando de un oscuro teniente llamado Francisco Pizarro (futuro conquistador del Perú) con órdenes de actuar como creyera oportuno si no había regresado en un plazo de 50 días y embarcó rumbo a la Española. La nave iba llena de bandidos que, dirigidos por Bernardino de Talavera, decidieron ir a Cuba, en vez de Santo Domingo, para eludir la justicia. Allí naufragaron y cruzaron a pie la isla hasta el Oriente, donde fueron acogidos por los indios (posiblemente donde ahora está Santiago). Desde allí se pidió ayuda al gobernador de Jamaica, Juan de Esquivel, que envió una nave con Pánfilo de Narváez. Se ejecutó a Talavera y a sus seguidores y Ojeda fue hasta Santo Domingo. La miseria en que se encontraba le impidió comprar con presteza lo necesario para reforzar sus hombres de San Sebastián. Ojeda vivió en Santo Domingo hasta el año 1516 y mandó que le enterraran a la entrada de la iglesia de San Francisco.

En cuanto a la hueste de San Sebastián partió bajo el mando de Pizarro al cumplirse los 50 días y encontró cerca de Cartagena el refuerzo de Fernández de Enciso, en el que venía Vasco Núñez de Balboa, que indicó el lugar apropiado para fundar en Tierrafirme: un paraje junto a un río (Tanela) donde no había indios flecheros. Estaba pasado el golfo de Urabá y allí se erigió la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, base del descubrimiento del Pacífico y de la colonización en Panamá.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 23:01

VASCO NUÑEZ DE BALBOA



Conquistador español nacido en Jerez de los Caballeros, posiblemente en 1475, y muerto en Acla (Panamá) en 1519.

Es el descubridor del océano Pacífico, por el que navegó en 1513. Fue fundador y alcalde de la primera ciudad española establecida en la región continental de América: Santa María la Antigua del Darién (1510), y fue también el conquistador de la región transístmica americana. Tuvo el título de Adelantado de la Mar del Sur.

Se cree que nació en 1475, pues Las Casas afirmó que en 1510 “era mancebo de hasta treinta y cinco o pocos más años”. Su familia fue hidalga, aunque pobre. Su padre fue don Nuño Arias de Balboa y su madre una señora de Badajoz de nombre desconocido. Este matrimonio tuvo cuatro hijos: Vasco, Alvar, Gonzalo y Juan. Vasco entró como criado en casa de don Pedro Puertocarrero, señor de Moguer, donde se educó en letras, modales y armas. Allí debió de asistir al protagonismo de Moguer en la empresa colombina. A fines de siglo se trasladó a Sevilla y en 1500 se enroló en la expedición organizada por el escribano de Triana Rodrigo de Bastidas y el cartógrafo Juan de la Cosa (véase Viaje de Rodrigo de Bastidas y Juan de la Cosa). Con ella partió de Cádiz a fines de 1501 y recorrió la costa venezolana, participando luego en el descubrimiento de toda la costa atlántica colombiana y de la costa atlántica panameña desde el Darién hasta Puerto Escribanos. El mal estado de las naves a causa de la broma (un lamelibranquio que abría vías de agua en las cuadernas de roble de las quillas) obligó a detener el descubrimiento y enfilar a la isla Española, donde naufragaron.

Balboa se quedó en la isla de Santo Domingo y debió de participar en la conquista ovandina, pues fue premiado con un reparto de indios en Salvaleón, población que ayudó a fundar. Inició un negocio de cría de cerdos que le fue mal. Endeudado, decidió embarcar como polizón (sus acreedores no le dejaban hacerlo legalmente) en la flotilla del Bachiller Enciso que iba a reforzar a Ojeda. Se metió en una vela o en un tonel (existen ambas versiones) acompañado de su perro Leoncico. Descubierto en alta mar, estuvo a punto de ser abandonado en una isla desierta por Enciso (parece que era uno de sus acreedores), quien finalmente lo aceptó a bordo. La flotilla encontró frente a Cartagena los restos de la expedición de Ojeda, mandados por Francisco Pizarro. Se supo entonces que había fracasado el intento de poblar San Sebastián, en el golfo de Urabá, por lo insalubre del lugar y por estar habitado por indios que usaban flechas envenenadas. El propio Ojeda había tenido que abandonarlo en busca de refuerzos, tras dejar a sus hombres al mando del Pizarro y con autorización para hacer lo que estimaran conveniente si no regresaba en un plazo de 50 días, que ya habían transcurrido.

Enciso puso proas a San Sebastián, donde comprobó que todo era cierto. Convocó entonces una junta para decidir si regresaban a la Española o buscaban otro lugar para poblar. En plena deliberación pidió la palabra Vasco Núñez para decir algo parecido a lo que nos transcribió el padre Las Casas: “Yo me acuerdo, que los años pasados, viniendo por esta costa con Rodrigo de Bastidas a descubrir, entramos en este Golfo, y a la parte de occidente, a mano derecha, según me parece, salimos en tierra y vimos un pueblo de la otra banda de un gran río, que tenía muy fresca y abundante tierra de comida, y la gente de ella no ponía hierba (veneno) en sus flechas”. Fue una sugerencia providencial que todos aceptaron, empezando por el propio Enciso.

Dejaron en San Sebastián de Urabá a 65 hombres y el resto siguió hasta el lugar señalado por Balboa, que encontraron a poco. Era la provincia del cacique Cémaco, cuyos guerreros abandonaron el campo de batalla después de un brevísimo combate. Se mandó entonces venir a los que habían quedado en San Sebastián y, reunidos con ellos, se procedió a fundar la primera ciudad de la América continental, que fue Nuestra Señora de la Antigua del Darién (en noviembre de 1510). Enciso ejerció provisionalmente el mando y cometió algunos actos que le enemistaron de sus hombres, como prohibir comerciar con oro y negarse a repartir el botín de oro que habían capturado a los naturales, ya que en su opinión esto le correspondía hacerlo al Gobernador Ojeda, del que nada se sabía. Balboa aprovechó la ocasión para minar su autoridad pidiendo la creación de un Cabildo, ya que la nueva población se encontraba fuera de la jurisdicción de Ojeda, como así era. En el Cabildo resultaron elegidos como alcaldes Vasco Núñez y Benito Palazuelos (sustituido luego por Zamudio). El tesorero fue el médico Dr. Alberto, el alguacil Bartolomé Hurtado, y los regidores Diego Albítez, Martín de Zamudio, Esteban Barrantes y Juan de Valdivia.

El gobierno de Balboa en Panamá

Balboa gobernó la ciudad desde 1510 hasta 1514. Durante el primer período se hizo con el control de la colonia, gracias a la desaparición de todos los personajes que eran candidatos a Gobernador. Durante el segundo afianzó la ciudad y sometió a los pueblos periféricos. Durante el tercero, en 1513, emprendió la jornada del descubrimiento del Mar del Sur.

El mismo año de 1510 en que se nombró el Cabildo de Santa María arribó a dicha ciudad el refuerzo de Rodrigo de Colmenares, que iba en busca de su jefe Nicuesa. Fue bien recibido y prosiguió por la costa panameña tras el rastro del Gobernador. Lo encontró pasado Nombre de Dios. Nicuesa había fracasado en su objetivo poblador y le quedaban sólo 30 hombres. Al saber que existía Santa María decidió ir a la ciudad y reclamarla como parte de su gobernación, ya que estaba pasado el golfo de Urabá. Le salió a recibir el Cabildo, que se negó a aceptar su jurisdicción. Nicuesa fue a reclamar sus derechos a la isla Española y murió en el camino, al naufragar su nave en alta mar. Balboa instigó luego para que el Cabildo acusase a Enciso de usurpación de autoridad, ya que le correspondía a Ojeda, del que no había noticias. Le hizo un proceso y Enciso decidió ir igualmente a La Española para pedir justicia. Zarpó de Santa María el 4 de abril de 1511 (un mes después de Nicuesa) en compañía de varios amigos de Balboa (el alcalde Zamudio y el corregidor Juan de Valdivieso). Estos últimos lograron que el virrey Diego Colón reconociese a Balboa como gobernador interino del Darién, desconociendo los derechos de Enciso. Lo mismo hizo luego el Rey por cédula de 23 de diciembre de 1511, en espera de nombrar Gobernador en propiedad.

Balboa se convirtió así en la máxima autoridad de la provincia del Darién, con jurisdicción en Gobierno, Justicia y Milicia; fue entonces cuando comenzó su penetración en el territorio indígena panameño. En primer lugar se dirigió a los indios de Cueva, porque dos náufragos del barco en que partió Nicuesa habían ido a parar a dicha provincia y regresaron a Santa María contando maravillas sobre sus riquezas de oro. Llegó a Cueva en mayo de 1511 y se entrevistó con su cacique, Careta, a quien pidió alimentos. Como no se los dio de buen grado, Balboa saqueó su pueblo y apresó al cacique. Careta negoció entonces entregar anualmente a Balboa alimentos y algún oro a cambio de que el español le ayudara en su guerra contra un cacique enemigo llamado Ponca. Careta firmó el pacto entregando varias mujeres, entre ellas a su hija Anayansi, que tenía 13 años y se convirtió en la amante de Balboa. El cacique fue bautizado con el nombre de Fernando.

En agosto de 1511 Balboa organizó Santa María y distribuyó solares a los vecinos. Se trazaron calles, se construyeron casas y se señalaron sementeras de maíz. Para cumplir lo prometido a Careta, atacó al cacique Ponca. Venció a los naturales y saqueó la provincia. Don Fernando le pidió entonces que hiciera lo mismo con otro enemigo suyo, el cacique Comogre. Éste recibió bien a los españoles y tras agasajarlos con comida y bebida abundantes les regaló 70 esclavos y numerosas piezas de oro, valoradas en unos 4.000 pesos. Balboa ordenó separar el quinto real y repartió el resto del botín entre sus hombres, no sin evitar numerosas disputas por las piezas. Panquiaco, hijo del Cacique, explicó a Balboa que ya que valoraban tanto el oro debían ir a buscarlo a las tierras de Tubanamá, donde abundaba. Distaba seis soles de donde se encontraban, yendo hacia la otra mar que, según señaló, estaba en dirección sur (por la inflexión que forma Panamá). Era la primera vez que los españoles obtenían noticias de la existencia de la otra mar; la que iba a las islas de la Especiería, que venían buscando desde el descubrimiento colombino de 1492.

Balboa regresó a Santa María, a donde había llegado también Valdivia con el nombramiento de Balboa como Gobernador interino. Balboa le mandó regresar nuevamente a Santo Domingo para informar a Diego Colón de las noticias sobre la Mar del Sur y pedirle un refuerzo de mil hombres, armas y vituallas. Le entregó asimismo el quinto real de los botines logrados hasta entonces, que subían a unos 15.000 pesos. La nave de Valdivia naufragó, por lo que Colón no recibió las noticias, ni el quinto real. Del naufragio se salvaron dos personas en la costa de Yucatán que fueron Jerónimo de Aguilar y Guerrero.

Durante 1512 y la mayor parte del año siguiente Balboa se dedicó a establecer buenas relaciones con las tribus de la zona transístmica; marchó a la provincia de Ceraca, en el Golfo de Urabá, donde recogió otro botín de oro; y luego al río Atrato, desde donde alcanzó la tribu de Albanumaque. Aquí oyó hablar del mito del Dabaibe (sus hombres cogían pepitas de oro como naranjas y las transportaban en cestas). No pudo ir en su busca por haber surgido una sublevación indígena de las tribus de Abraibe, Abanumaque y Abibaibe. Regresó a Santa María, donde logró deshacer otra conspiración urdida por los caciques Cémaco, Abibeima, Abraiba y Abenamachei. Llegaron entonces unos refuerzos de la Española enviados por Colón, a los que se sumaron otros 400 hombres a principios de 1513. También llegó el nombramiento real de Balboa como Gobernador interino.

El descubrimiento del océano Pacífico

Balboa consideró llegado el momento de descubrir la Mar del Sur. Partió de Santa María el 1 de septiembre de 1513 con 190 hombres, y el resto quedaron en la ciudad. El itinerario que iba a seguir, visto en un mapa moderno, supone cruzar Panamá desde Sasardí Viejo, en la costa atlántica, hasta el golfo de San Miguel, en la pacífica. En la época suponía ir desde la tierra de los indios de Cueva hasta la de Ponca, en la sierra, bajar luego a la de Quareca y subir la sierra de este nombre hasta un lugar desde el que podría divisar el Océano Pacífico. Hizo por mar la pequeña travesía hasta Cueva, donde dejó más de la mitad de sus hombres asentados en un real, y partió con sólo 92 soldados y dos sacerdotes. Tras dos días de marcha por la selva alcanzó Ponca. Mandó llamar a su cacique y le interrogó sobre la ruta que debía seguir. Después de esto envió a retaguardia algunos enfermos y siguió hacia la tierra de Quareca, cuyo cacique, llamado Torecha, era enemigo de Ponca. Este trayecto fue el más duro del viaje. Tardaron en cubrirlo 5 días, dado lo abrupto del mismo. Cruzaron el Chucunaque, las fuentes del Artigatí y del Sabanas y finalmente llegaron a su objetivo el 24 de septiembre. En Quareca tuvieron un combate con los indios. Les vencieron y saquearon la población. Balboa estableció otro nuevo real de apoyo con 15 hombres y partió con el resto, 65 soldados y el clérigo, hacia la cumbre de la Cordillera. Abandonó Quareca el 25 de septiembre a las seis de la mañana dispuesto a subir hasta la cima de las montañas aquel mismo día. Lo logró en unas cuatro horas. Hacia las 10 de la mañana los guías le indicaron el lugar desde el cual podría ver la otra mar. Balboa ordenó detenerse a su gente y partió solo, pues deseaba ser el primer español que viera la Mar del Sur. Coronó la montaña en unos minutos y desde allí contempló extasiado el Pacífico. El escribano de la expedición, Andrés de Valderrábano, escribió en su diario: “Y en martes veinte y cinco de aquel año de mil e quinientos y trece, a las diez horas del día, yendo el capitán Vasco Núñez en la delantera de todos los que llevaba por un monte raso, vido desde encima de la cumbre dél la Mar del Sur antes que ninguno de los cristianos compañeros que allí iban”. Llamó entonces al resto de sus hombres para que contemplaran la maravilla. A continuación procedió a tomar posesión en nombre de los reyes de Castilla: cortó varias ramas de los árboles, amontonó piedras y grabó sobre los troncos de algunos árboles los nombres del rey Fernando y de la reina doña Juana. Los indios miraban asombrados toda la ceremonia. Balboa hizo venir al escribano y le ordenó tomar los nombres de todos los que habían estado presentes en el acontecimiento; 67 españoles. El primero era naturalmente el de Balboa, el segundo el del clérigo Andrés de Vera y el tercero el del Teniente de la expedición, Francisco Pizarro, el hombre que años después encontraría en dicho océano el fabuloso Perú.

Los españoles descendieron hasta la costa y acamparon en Chape, cuyos habitantes huyeron. Balboa mandó llamar a los que habían quedado en Quareca. Cuando todos estuvieron reunidos, el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel Arcángel, preparó la ceremonia de la toma de posesión. Seleccionó a 26 hombres y partió con ellos hasta la misma orilla del mar. Todos lucían sus mejores galas de combate; corazas, cascos, plumas y llevaban en vanguardia un estandarte con la imagen de la Virgen y las armas de Castilla. Llegaron a un ancón de un golfo que en futuro se llamaría de San Miguel, por la festividad religiosa del día. Eran las dos de la tarde y la playa ofrecía aspecto deplorable, pues había marea baja y parecía un inmenso fangal. Balboa había calculado mal la marea, al regirse por el océano Atlántico. En vista del panorama existente, los españoles decidieron posponer la ceremonia. Se sentaron en la playa y esperaron que subiera la marea. Entonces y sólo entonces consideró Vasco Núñez que había un marco adecuado para la toma de posesión. El escribano Valderrábano anotó a este respecto: “Llegó (Balboa) a la ribera a la hora de vísperas y el agua era menguante. Y sentáronse él y los que con él fueron, y estuvieron esperando que el agua creciese, porque de bajamar había mucha lama e mala entrada, y estando así (sentados) creció la mar, e vista de todos, mucho y con gran ímpetu”.

Balboa se puso la coraza y el yelmo, tomó el estandarte en la mano derecha y con la espada desnuda en la izquierda se adentró algunos pasos, hasta que el agua le llegó a las rodillas. Luego empezó a pasear de un lado para otro recitando: “Vivan los muy altos e poderosos señores reyes don Fernando e doña Juana, Reyes de Castilla e de León, e de Aragón, etc. en cuyo nombre e por la corona real de Castilla tomo e aprehendo la posesión real e corporal e actualmente destas mares e tierras, e costas, e puertos, e islas australes...”. Preguntó luego desafiante si alguien se oponía a la posesión, pero nadie replicó. A continuación preguntó si los españoles presentes estaban dispuestos a defender con sus vidas la posesión por los reyes de Castilla, a lo que contestaron todos afirmativamente. Después ordenó al escribano dar fe del acto y escribir los nombres de todos los presentes. Valderrábano anotó 26 nombres, encabezados por los de Balboa y Pizarro. Los testigos probaron el agua y aseguraron que era salada, como la de la otra mar. Por último Balboa dio unos sablazos a las aguas y salió a la playa, donde hizo con un puñal tres cruces en los árboles, en nombre de la Santísima Trinidad. Los acompañantes secundaron su acción cortando ramas y grabando cruces. Todo el formalismo quedó así cumplido.

Al caer la tarde regresaron a Chape, donde su cacique les obsequió oro y perlas. Balboa exploró los alrededores. Embarcó en unas canoas y fue a las provincias de Cuquera y Tumaca, donde cogió otra buena cantidad de perlas. Trató de llegar a la isla de las perlas o Terarequí, pero se lo impidió la mar gruesa. Tuvo que limitarse a contemplarla desde el golfo de San Lucar, donde volvió a tomar posesión del océano, aprovechando que era mar abierta y no un Golfo. Valderrábano volvió a levar acta con el testimonio de 23 soldados. Se dirigieron luego al lugar donde los indios pescaban las perlas. Varios buceadores indígenas sacaron cuatro grandes cestas de ostras. Los españoles las abrieron con voracidad, esperando encontrar perlas, pero no hallaron ninguna, y se quedaron asombrados al ver que los indios se comían su contenido. Volvieron a Tumaca y desde allí, el 23 de noviembre, emprendieron el regreso a Santa María. Habían estado un mes en la costa del Pacífico.

Regresaron por un camino distinto, con objeto de descubrir otras tierras y recoger más botines. Dieron un rodeo para pasar del río Maje al Bayano. Llegaron al cacicazgo de Thevaca y luego a los de Pacra y Bucheribuca. Entraron en Pocorosa el 8 de diciembre. Desde allí hicieron una incursión a la provincia cacique Tamaname donde se sospechaba que existían minas de oro. Resultó un fracaso y volvieron a Pocorosa. Los hombres estaban exhaustos y Balboa enfermo de fiebres (quizá de paludismo). El Gobernador interino se hacía transportar en una hamaca. Desde Pocorosa siguieron a Comogre el 1 de enero de 1514; luego a Ponca y a Cueva, en cuyo puerto embarcaron (en el mismo bergantín que les trajo) hasta Santa María, donde atracaron el 19 de enero del mismo año. El balance de la entrada no podía ser mejor: Habían descubierto la Mar del Sur, habían cogido un botín de más de dos mil pesos en oro y perlas, 800 naborías, y no habían perdido un hombre.

Bajo el gobierno de Pedrarias en Castilla del Oro

Balboa recibió en Santa María unas noticias alarmantes que le trajo el comerciante Pedro de Arbolancha desde La Española: la nave de Valdivia que llevó el quinto real había naufragado y los procuradores y Enciso habían informado en contra de Balboa, por lo que el rey había nombrado un nuevo Gobernador para el Darién, rebautizado como Castilla del Oro; don Pedro Arias de Ávila, que vendría pronto con una gran flota y dos mil colonos. Vasco se apresuró a comunicar al Rey su descubrimiento. Hizo una relación del mismo y un mapa de la Mar del Sur, que adjuntó al nuevo quinto real, a una petición de que se le nombrase Gobernador de la Mar del Sur y a una relación de los vecinos de Santa María sobre sus servicios. Lo envió a la Española con Arbolancha, pero sus enemigos hicieron desaparecer los documentos. En espera de la llegada de Pedrarias envió a Andrés Garavito con ochenta hombres para descubrir otra vía alternativa hacia el Pacífico; desde Bea a las fuentes del río Arquiati, confluencia de los ríos Payá y Tuira y golfo de San Miguel. Es el camino llamado del “Suegro”, porque el cacique de Tamahe casó a su hija con Garavito.

Pedrarias arribó al puerto cercano a Santa María el 26 de junio de 1514, con 17 buques y unos 2.000 colonos, artesanos y funcionarios (obispo incluido). Desembarcó y mandó notificar su llegada a Balboa, poniéndose en camino a la ciudad. Balboa recibió la noticia cuando estaba reparando el tejado de una casa y salió a recibirle inmediatamente con la ropa de trabajo que tenía; una camisa y un calzón viejo de algodón. El encuentro se produjo en mitad del camino y no pudo ser más ridículo. Pedrarias portaba armadura completa y cabalgaba sobre un caballo enjaezado, rodeado de su señora, parientes y criados. Tras él venía el obispo bajo palio, con mitra y cruz de plata, rodeado de religiosos, precediendo una comitiva de funcionarios (tesorero, veedor, alguacil, etc.), soldados, abanderados, mujeres, traíllas de perros, etc. Balboa besó el anillo del obispo e hizo una reverencia a Pedrarias, que le entregó sus credenciales. Las miro, las besó y las puso sobre su cabeza, tal como era preceptivo. Se hicieron las presentaciones de turno y ambos grupos regresaron a la Ciudad. Al contemplarla, se acrecentó en Pedrarias la sensación de ridículo. Constaba de unas 200 casas de tablas y paja en las que vivían 500 españoles y 1.500 indios de servicio. No tenía infraestructura para recibir aquella enorme población que se le acompañaba.

Pedrarias pidió a Balboa un informe pormenorizado de la Colonia: fuentes de aprovisionamiento, tribus confederadas y hasta el camino para llegar a la Mar del Sur. Balboa se los entregó puntualmente, pero estos papeles se han perdido. El nuevo Gobernador ordenó entonces al licenciado Espinosa que abriera juicio de residencia a Balboa, lo que era usual, e inició por su cuenta una pesquisa secreta sobre la actuación de su predecesor, lo que era insólito. Intervino el obispo y la pesquisa secreta quedó pendiente. Como Santa María no podía albergar una población de 2.500 españoles, Pedrarias ordenó una serie de campañas contra los territorios indígenas; cinco expediciones para descubrir minas de oro y, en realidad, para quitarse bocas en la ciudad. Produjeron un botín de 30.000 pesos, pero destruyeron la labor pacificadora de Balboa y dejaron a los naturales enemistados con los españoles. El 28 de marzo de 1515 llegó a Santa María el nombramiento real de Vasco Núñez como Adelantado de la Mar del Sur (realizado por cédula de 23 de septiembre de 1514) y gobernador de las provincias de Panamá y Coiba, auque sujeto a Pedrarias. Éste quiso guardarse la cédula pero se opusieron el obispo y varios funcionarios. Tuvo que entregársela a regañadientes, pero prohibió a Balboa reclutar gentes para sus empresas descubridoras, ya que dijo necesitar todos los hombres que había en Castilla del Oro. Balboa mandó entonces a Garavito a la isla Española para que los reclutara. Tenía el proyecto de fundar poblaciones a orillas de los dos océanos, bien en el eje Careta-Golfo de San Miguel, bien en el de Nombre de Dios-Panamá, y construir unas naves para navegar 200 ó 300 leguas por la Mar del Sur hasta encontrar las islas de la Especiería. De no hallar éstas, pensaba singlar hacia el sur para tratar de hallar un paso interoceánico en América, cosa que preocupaba enormemente al rey Fernando el Católico.

Pedrarias viajó a Careta, pero tuvo que regresar rápidamente a Santa María a causa de un cólico hepático. Allí encontró 60 soldados de Cuba, que habían llegado a petición de Balboa. Acusó a éste de conspiración y rebelión frustrada y le metió en una jaula en el patio de su casa. Balboa estuvo allí dos meses, hasta que un día Pedrarias le abrió la jaula, le pidió perdón y le concedió la mano de su hija María. Balboa no lo pensó dos veces y aceptó los esponsales, lo que disgustó mucho a su amante Anayansi. La reconciliación tuvo otras dependencias, como construir una población en Careta (sería Acla), no emplear más de 80 hombres en sus empresas y concluirlas en un plazo máximo de año y medio.

La Compañía del la Mar del Sur y el ajusticiamiento

Balboa fundó Acla a fines de 1516; allí organizó la Compañía de la Mar del Sur, con aportaciones de accionistas de Santa María. Luego mandó construir las piezas necesarias para ensamblar varios bergantines que pensaba botar en el Pacífico (se decía que la broma no atacaba la madera de aquel lugar, lo que resultó falso). En 1517 envió a Francisco de Compañón a la costa pacífica, para que escogiera el lugar apropiado para el astillero. En agosto de 1517 comenzó a trasladar las piezas de los bergantines, así como las jarcias, brea, velas, anclas, etc. El propio Balboa cargó con tablones. El astillero se montó junto al río de las Balsas (posiblemente el Chucunaque, cerca de la actual Yavisa), donde los españoles trabajaron en cuadrillas que se ocupaban de talar árboles y construir las naves, en recoger víveres y en abrir un buen camino a Acla. Cuando estaba todo listo para la botadura sobrevino una riada del Chucunaque que arrastró el astillero al mar. Balboa, apesadumbrado, hizo reunir el Consejo de la Compañía para decidir qué hacer. Se acordó seguir adelante. El Adelantado botó los bergantines, pero se hundieron de inmediato a causa de la broma. Pidió a su suegro otro plazo y dinero y volvió a empezar con unos préstamos. Balboa reflotó los bergantines, les tapó las vías de agua y se embarcó en ellos hasta llegar a una de las islas de las Perlas; la isla Rica o isla del Rey (antigua Terarequí), que había sido esquilmada por Morales, un lugarteniente de Pedrarias. No se desanimó por ello. Construyó otras dos naves y navegó hacia el sur (la ruta al Perú), hasta alcanzar un puerto que llamó Puerto Peñas (creyó que estaba lleno de arrecifes, pero eran ballenas en realidad), el mismo lugar que luego Pizarro bautizó como Puerto Piñas (actual Jaqué). Desde allí regresó a Chochama y al golfo de San Miguel. Envió entonces a Valderrábano a Santa María para que insistiese ante Pedrarias en la solicitud de una prórroga. En vez de ésta, le llegó la noticia de que el Rey había sustituido a Pedrarias por un nuevo Gobernador llamado don Lope de Sosa, que estaba próximo a llegar. Surgió entonces la “traición” de Balboa, que le costó la vida.

No conocemos bien cuál fue el delito de “traición”. En versión de Fernández de Oviedo, que vio el expediente, consistió en que Balboa se precipitó ante la noticia de la llegada del nuevo Gobernador, pensando que este le iba a prohibir realizar descubrimientos en la Mar del Sur y decidió fundar una población en la costa del Pacifico, exactamente en Chepavare, camino de Chepo a Panamá, para salir desde allí al océano con dirección sur, donde los indios decían que había muchas riquezas (el Perú). Todo dependía de la llegada del nuevo Gobernador, pues si seguía Pedrarias confiaba en lograr apoyo para su empresa. Envió a Santa María a sus fieles Valderrábano, Garavito, Muñoz, el archidiácono Pérez y Luis Botello. El último de éstos debía anticiparse y llegar a Acla para saber si había arribado Sosa. Tuvo la mala fortuna de ser detenido por un centinela y conducido a presencia de Francisco Benítez, enemigo de Balboa, que le hizo confesar todo el plan, que comunicó inmediatamente a Pedrarias. Todos sus compañeros fueron detenidos al llegar a Santa María. Pedrarias ordenó al tesorero Puente que levantara una acusación formal contra Balboa. Luego se trasladó a Acla, desde donde escribió una carta muy cariñosa a su yerno, rogándole que se presentara en dicha población para tratar de los asuntos de la expedición que deseaba realizar. Balboa no receló nada. Al entrar en Acla fue apresado y acusado del delito de traición. Se le tuvo preso en la casa de Juan de Castañeda, a donde fue a visitarle Pedrarias para decirle que no se preocupara, porque había sido detenido por algunas acusaciones seguramente infundadas. En una segunda visita cambió de tono y le acusó de haber traicionado al Rey y a él. Mandó ponerle guardias y trasladarlo a la cárcel común.

En el proceso testimoniaron todos los enemigos de Balboa y hasta su amigo Garavito, que estaba enamorado de Anayansi y había sido rechazado por ésta. Pedrarias añadió al expediente su pesquisa secreta e infinidad de acusaciones, como haberle dado informes falsos sobre los indios para que fracasara, haber maltratado a los indios contra sus instrucciones, haber actuado malintencionadamente contra Ojeda y Nicuesa y, sobre todo, haber urdido un plan para proclamarse independiente en la Mar del Sur. Pedrarias negó la apelación y le condenó a muerte.

Se levantó un cadalso en la plaza mayor de Acla, donde se cumplió la sentencia un día desconocido de la semana del 13 al 21 de enero de 1519. Se ajusticiaron a Balboa, Fernando de Arguello, Luis Botello, Hernández Muñoz y Andrés Valderrábano. Antes de que le cortaran la cabeza, Balboa tomó la palabra y dijo a los presentes que todo era una falsedad y que jamás había traicionado al Rey. Las cabezas de los sentenciados cayeron sobre una artesa vieja. Fernández de Oviedo, testigo del suceso, afirma que “E desde una casa que estaba diez o doce pasos de donde los degollaban (como carneros, uno a par de otro) estaba Pedrarias mirándolos por entre las cañas de la pared de una casa o bohío”. Y añade el cronista que cuando se fijó en un poste de dicha plaza de Acla el pregón con el juicio de residencia de Balboa “entró un caballo que había sido del Adelantado Vasco Núñez de Balboa, e pasó tirado e sin parecer ni entenderse a donde iba, después de haber andado más de cien pasos llegó al poste donde estaba el pregón o edicto afijado e con los dientes asió del papel dos o tres veces e hízolo pedazos”

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 23:06

ANDREA DORIA

Célebre almirante genovés, nacido en Oneglia el 30 de noviembre de 1466 y muerto el 25 de noviembre de 1560 en Génova. Perteneciente a una noble familia genovesa, era hijo de Andrea Caeva y de María Caracosa.

Su padre falleció cuando Andrea era aún un niño, por lo que su madre confió su educación a su tío, Domingo Doria, capitán de la guardia de Inocencio VIII; poco tiempo después, el joven Andrea entró al servicio del papa por intercesión de su tío. Al servicio de Inocencio VIII participó en las guerras italianas. A la muerte de éste formó parte del ejército de Federico de Urbino, después luchó junto a Ferrante I y su hijo, Alfonso II, al servicio del cual ascendió a capitán y obtuvo el mando de las tropas que éste dirigió contra Ludovico Sforza, duque de Milán. No pudo impedir que Carlos VIII de Francia se apoderase del reino de Nápoles, tras lo cual, y siguiendo las órdenes del monarca, ingresó en la orden de San Juan de Jerusalén y marchó a Tierra Santa como peregrino.

A su regreso de Jerusalén entró al servicio de Juan de La Rovere, gobernador de las plazas napolitanas al servicio de Carlos VIII. Doria luchó en favor de la causa francesa contra el capitán español Gonzalo de Córdoba, que había acudido a Nápoles para reconquistar el reino en beneficio de Fernando II. El general español derrotó a las fuerzas del genovés, que resistió heroicamente, por lo que Gonzalo de Córdoba le ofreció el mando de la caballería española, que fue rechazado por Andrea Doria.

Al ser expulsado Carlos VIII de Nápoles, Doria se puso al servicio de Ludovico Sforza y entre 1503 y 1506 sometió Córcega junto con su tío Domingo, y allí dio muerte al rebelde Rinuccio-della-Rocca, el cual se había levantado contra Génova. Después de esta campaña, abandonó el ejército de tierra para ingresar en la marina. Con ese fin armó ocho navíos con los que luchó contra los turcos en el Mediterráneo. Reorganizó la marina genovesa y recibió el mando de la misma para acabar con los corsarios turcos que ponían en peligro el comercio de la República. Posteriormente puso sus galeras al servicio de Francisco I. Fue nombrado por los franceses para comandar las fuerzas de Francia y Génova, pero no pudo impedir la toma de Génova por las tropas imperiales de Carlos V en 1522; sin embargo, consiguió vencer a los españoles en las costas de Provenza, les hizo retroceder en Montcada en 1524 y levantó el sitio de Marsella. En 1525, tras la derrota de Francisco I en Pavía, se mantuvo fiel a éste y se negó a servir a Carlos V que trataba de atraerlo a su causa. En estos momentos, Andrea Doria entró al servicio de Clemente VII como jefe de sus galeras. Una vez que el rey francés recuperó su libertad, entró de nuevo a su servicio y en 1527 logró recuperar Génova que estaba en poder de Carlos V. Al año siguiente se encontraba sitiando Nápoles cuando surgieron las desavenencias con Francisco I con motivo de la política de éste hacia Génova y las incertidumbres de la actuación francesa en Italia, así como por las conspiraciones de los ministros franceses, celosos del buen hacer del genovés. Debido a estas desavenencias, Doria levantó el sitio de Nápoles y se puso al servicio de Carlos V que lo nombró almirante de la armada española en el Mediterráneo, lo que le permitió afianzar el poder en la costa y robustecer el papel de los genoveses como banqueros y comerciantes .

Doria, sirviendo ahora a los españoles, expulsó a los franceses de Génova y se hizo cargo del gobierno de la ciudad. Se negó a aceptar el título de Dux que el Emperador le ofrecía, pero aceptó el de Padre de la Paz. En Génova llevó a cabo una reorganización política encaminada a reducir las rivalidades de las grandes familias mediante un gobierno oligárquico estable. Carlos V lo colmó de nombramientos, entre ellos el de almirante mayor, canciller del reino, general del mar, marqués de Tursi y príncipe de Melfi, además de otorgarle el Toisón de Oro.

En 1528 puso en fuga a la escuadra del francés Barbezieux, que se disponía a sitiar Nápoles. Dirigió dos años después una expedición contra Argel. En 1532, mientras Solimán I invadía Hungría, Doria se lanzó sobre la costa griega y logró capturar las plazas de Coron y Patras, e incluso llegó a atacar Constantinopla. En 1535 comandó la armada en la victoriosa campaña contra Barbarroja. Seis años mas tarde, en 1541, trató de disuadir al emperador de la desastrosa campaña de Argel, pero no fue escuchado. En 1547 reprimió con una crueldad inusitada la rebelión genovesa de los Fieschi, en la que pereció su sobrino Giannettino. Poco después una nueva revuelta en Génova, dirigida por Julio Cibo, volvió a requerir su intervención, que fue más contundente si cabe que la anterior.

En 1555, Andrea Doria, con 89 años de edad, se retiró a Génova y dejó a su sobrino nieto, el joven Giovanni Andrea Doria como su sucesor al frente de la familia y de las galeras que les pertenecían. Doria gozó de la confianza de Carlos V hasta la muerte del Emperador, acaecida en 1558. Pasó después al servicio de Felipe II, quien por la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559 le permitió recuperar el dominio de Córcega que le había arrebatado Enrique II.

Andrea Doria, considerado como el más grande marino de su época, falleció al año siguiente. En Génova se le erigió una estatua con la inscripción "Al padre de la patria", que fue derribada por el pueblo en 1697.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 23:11

FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO Y ENRIQUEZ II Duque de Alba

Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez (1460-Alba de Tormes, 1531), II duque de Alba de Tormes desde 1488, con Grandeza de España en 1520, fue asimismo II marqués de Coria, II conde de Salvatierra de Tormes y de Piedrahíta, señor de Valdecorneja, señor de Huéscar y caballero de la Orden del Toisón de Oro. Era hijo de García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo, I duque de Alba de Tormes, y de María Enríquez de Quiñones.1 La Puebla de Don Fadrique, un pueblo del norte de Granada, se denomina así en honor a él.

Fadrique estuvo siempre muy vinculado a los Reyes Católicos. Su padre intervino activamente en 1476 en la batalla de Toro, que dio la victoria a la futura Isabel I de Castilla sobre su sobrina Juana la Beltraneja, y su madre era hermanastra de Juana Enríquez, madre de Fernando II de Aragón.

En 1475 colaboró como mecenas en la construcción de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Castillo de Macotera como muestra de agradecimiento a varios soldados locales que colaboraron en la reconquista de las tierras pertenecientes al duque.

El duque de Alba participó en la Guerra de Granada y, como consecuencia de las Capitulaciones de Granada acordadas el 25 de noviembre de 1491 entre cristianos y moros, fue uno de los 48 nobles laicos y eclesiásticos que, el 30 de diciembre de ese mismo año, cofirmó la entrega de Granada, último reducto musulmán de la península Ibérica. El tratado de paz puso fin al período histórico de la Reconquista.

Fadrique estuvo al frente de las tropas que lucharon contra los franceses en el Rosellón en 1503.

Cuando Fernando el Católico, actuando como regente del reino de Castilla, se decidió a invadir y tomar el reino de Navarra amparado en una bula del papa Julio II, puso al mando de sus ejércitos al II duque de Alba, el cual cumplió en sólo dos semanas la misión militar encomendada, debido en gran parte a que Pamplona era beamontesa (1512), si por ella se entiende que el objetivo era la conquista de la parte del Reino que actualmente forma parte de España y no de su totalidad. En recompensa fue nombrado capitán general de Andalucía y señor de Huéscar en 1513, título y posesiones que incorporó a los de la Casa de Alba.

Fadrique Álvarez de Toledo fue así determinante en la unidad territorial de España.

El II duque fue miembro del Consejo de Estado del rey Carlos I de España, a quien acompañó a Alemania, Flandes e Italia.

El monarca además le otorgó en 1520 la Grandeza de España y le condecoró con el Toisón de Oro.

Falleció en su villa de Alba de Tormes, el 18 de octubre de 1531

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 23:15

Hasta aquí los principales militares, marinos y conquistadores que yo recuerdo, que tuvieron actividad durante el reinado de Carlos I, en el próximo pots, seguiremos con Felipe II también llamado El Rey Prudente, pero eso será otro día, si alguno de los foreros, cree que puede incluirse algún otro militar puede hacerlo libremente, o si lo prefiere que me lo indique, lo tendré muy en cuenta y se lo agradezco de antemano.

Saludos cordiales :saluting-soldier:
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 07 Jun 2015 23:18

FELIPE II de España El Rey Prudente

Felipe II de España, llamado «el Prudente» (Valladolid, 21 de mayo de 1527-San Lorenzo de El Escorial, 13 de septiembre de 1598), fue rey de Españah desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte, de Nápoles y Sicilia desde 1554 y de Portugal y los Algarves —como Felipe I— desde 1580, realizando la tan ansiada unión dinástica que duró sesenta años. Fue asimismo rey de Inglaterra e Irlanda jure uxoris, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558.

Hijo y heredero de Carlos I de España e Isabel de Portugal, hermano de María de Austria y Juana de Austria, nieto por vía paterna de Juana I de Castilla y Felipe I de Castilla y de Manuel I de Portugal y María de Aragón por vía materna; murió el 13 de septiembre de 1598 a los 71 años de edad, en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para lo cual fue llevado desde Madrid en una silla-tumbona fabricada para tal fin.

Desde su muerte fue presentado por sus defensores como arquetipo de virtudes, y por sus enemigos como una persona extremadamente fanática y despótica. Esta dicotomía entre la Leyenda Blanca o Rosa y Leyenda Negra fue favorecida por su propio accionar ya que se negó a que se publicaran biografías suyas en vida y ordenó la destrucción de su correspondencia. La historiografía anglosajona y protestante lo ha calificado como un ser fanático, despótico, criminal, imperialista y genocida minimizando sus victorias hasta lo anecdótico y magnificando sus derrotas en exceso. Basta como ejemplo la pérdida de una parte de la Armada Invencible —cuya verdadera denominación era la Grande y Felicísima Armada— debido a un fuerte temporal, que fue transformada en una victoria inglesa.

Su reinado se caracterizó por la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la Monarquía Hispánica a ser la primera potencia de Europa y alcanzando el Imperio español su apogeo, convirtiéndolo en el primer imperio mundial ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes del planeta Tierra.

El 25 de julio de 1554 Felipe se casó con la reina María I de Inglaterra. Al final de la ceremonia fueron proclamados:

Felipe y María, por la gracia de Dios, Rey y Reina de Inglaterra, Francia, Nápoles, Jerusalén, Irlanda, Defensores de la Fe, Príncipes de España y Sicilia, Archiduques de Austria, Duques de Milán, Borgoña y Brabante, Condes de Habsburgo, Flandes y el .

En 1567 Pedro de Deza, presidente de la Real Chancillería de Granada, proclamó la Pragmática bajo orden de Felipe II. El edicto limitaba las libertades religiosas, lingüísticas y culturales de la población morisca. Esto provocó una rebelión de los moriscos de las Alpujarras que Juan de Austria redujo militarmente.

Antonio Pérez, aragonés, fue el secretario del rey hasta 1579. Fue arrestado por el asesinato de Juan de Escobedo, hombre de confianza de don Juan de Austria, y por abusar de la confianza real al conspirar contra el rey. La relación entre Aragón y la corona estaba algo deteriorada desde 1588 por el pleito del virrey extranjero y los problemas en el condado estratégico de Ribagorza. Cuando Antonio Pérez escapó a Zaragoza y se amparó en la protección de los fueros aragoneses, Felipe II intentó enjuiciar a Antonio Pérez mediante el tribunal de la Inquisición para evitar la justicia aragonesa (la Justicia Mayor aragonesa era teóricamente independiente al poder real). Este hecho provocó una revuelta en Zaragoza, que Felipe II redujo usando la fuerza.

Felipe II como su padre, fue un rey absolutista, continuó con las instituciones heredadas de Carlos I, y con la misma estructura de su imperio y autonomía de sus componentes. Pero gobernó como un rey nacional, España y especialmente Castilla eran el centro del imperio, con su administración localizada en Madrid. Felipe II no visitó apenas sus territorios de fuera de la península y los administró a través de oficiales y virreyes quizá porque temía caer en el error de su padre, Carlos I, ausente de España durante los años de las rebeliones comuneras; quizá porque, a diferencia de su padre, que aprendió muy mayor el español, Felipe II se sentía profundamente español.

Convirtió España en el primer reino moderno, realizó reformas hidráulicas (presa del Monnegre) y una reforma de la red de caminos, con posadas, con una administración (y una burocracia) desconocida hasta entonces. Los administrativos de Felipe II solían tener estudios universitarios, principalmente de las universidades de Alcalá y Salamanca, la nobleza también ocupaba puestos administrativos, aunque en menor cantidad. Ejemplos reseñables de su meticulosa administración son:

En 1561, Felipe II decidió trasladar la sede de la corte y convirtió a Madrid en la primera capital permanente de la monarquía española. Desde entonces, salvo un breve intervalo de tiempo entre 1601 y 1606, bajo el gobierno de Felipe III, en el que temporalmente la capitalidad pasó a Valladolid, Madrid ha sido la capital de España y sede del Gobierno de la Nación.i

La Grande y Felicísima Armada o Armada Invencible, de la que se conocía hasta el nombre del ínfimo grumete, mientras que los ingleses no tuvieron noticia cierta ni siquiera de todos los barcos que participaron.

Distintos soldados de los Tercios.

Los tercios eran las mejores unidades militares de su época. Creados por su antecesor, Carlos I de España, fueron decisivos para Felipe II en las victorias que obtuvo frente a los franceses, ingleses y holandeses en su reinado (ver apartados correspondientes). Eran expertos en tácticas como el asedio (en Amberes de 1584 a 1585).

Aparte de tener los mejores soldados también disponía de los mejores generales de su época, tanto en tierra como en el mar. De estos destacaron Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III Duque de Alba, Alejandro Farnesio, duque de Parma, Álvaro de Bazán y Juan de Austria, entre otros.

Innovaciones militares en todos los sentidos. Aparición de los arcabuceros y mosqueteros, que combatían junto con los piqueros y la Caballería. Asimismo se disponía de artillería: desde cañones de bronce o hierro colado, medioscañones, culebrinas hasta falconetes. En el aspecto táctico, destaca la utilización de ataques por sorpresa nocturnos (Encamisada). Si se trataba de un asedio, los Tercios realizaban obras de atrincheramiento para rodear la plaza y aproximar los cañones y minas a los muros. Uno de los escuadrones se mantenía en reserva para rechazar cualquier tentativa de contraataque de los sitiados.

En el mar, destacaba la utilización masiva de galeones, ya que su combinación de tamaño, velamen y la posibilidad de transportar armamento y tropas lo hacían idóneo para las largas travesías oceánicas, combinando así la capacidad de transporte de las naves de carga con la potencia de fuego que requerían las nuevas técnicas de guerra en el mar, permitiendo disponer de barcos de transporte fuertemente armados.

Carlos I creó el 27 de febrero de 1537 la Infantería de Marina de España, convirtiéndola en la más antigua del mundo al asignar de forma permanente a las escuadras de galeras del Mediterráneo las compañías viejas del mar de Nápoles. Sin embargo, fue Felipe II el que creó el concepto actual de fuerza de desembarco, concepto que aún perdura en nuestros días.

Destinó gran cantidad de dinero para crear la mejor red de espionaje de la época. Es muy conocido el uso de la tinta invisible y de la escritura microscópica por parte de los servicios secretos de Felipe II. Bernardino de Mendoza, fue militar, embajador y jefe de los servicios secretos en diversas regiones del Imperio español bajo Felipe II y durante este tiempo estuvo destinado como embajador español en París. Una de las acciones más importantes atribuidas a este antepasado de los actuales servicios secretos, fue el asesinato de Guillermo de Orange a manos de Balthasar Gérard.

Creación del Camino Español, una ruta terrestre para transportar dinero y tropas desde las posesiones españolas en Italia, hacia los Países Bajos españoles.

El comercio con las Indias estaba fuertemente controlado. Por ley, esas posesiones españolas sólo podían comerciar con un puerto en España (primero Sevilla, luego Cádiz). Los ingleses, holandeses y franceses trataron de romper el monopolio, pero éste duró durante más de dos siglos. Gracias al monopolio, España se convirtió en el país más rico de Europa. Esta riqueza permitió sufragar sobre todo las guerras contra los protestantes del centro y norte de Europa. También causó una enorme inflación en el siglo XVI, lo que prácticamente destruyó la economía española.

Felipe II se comunicaba casi diariamente con sus embajadores, virreyes y oficiales repartidos por el imperio mediante un sistema de mensajeros que tardaba menos de tres días en llegar a cualquier parte de la península o unos ocho días en llegar a los Países Bajos.

En 1566 realizó una reforma monetaria con el fin de aumentar el valor del escudo de oro, y se pusieron en circulación diferentes especies de vellón rico.

En 1567 Felipe II encargó a Jerónimo Zurita y Castro reunir los documentos de Estado de Aragón e Italia y juntarlos con los de Castilla en el castillo de Simancas, creando uno de los mayores archivos nacionales de su tiempo.

El Imperio de Felipe II en 1598, distinguiendo el ámbito de cada Consejo territorial en el sistema polisinodial de la Monarquía Católica
Territorios adscritos al Consejo de Castilla Territorios adscritos al Consejo de Aragón Territorios adscritos al Consejo de Portugal Territorios adscritos al Consejo de Italia Territorios adscritos al Consejo de Indias Territorios adscritos al Consejo de Flandes abarcando los territorios disputados con las Provincias Unidas.

El gobierno mediante Consejos instaurado por su padre seguía siendo la columna vertebral de su manera de dirigir el estado. El más importante era el Consejo de Estado del cual el rey era el presidente. El rey se comunicaba con sus Consejos principalmente mediante la consulta, un documento con la opinión del Consejo sobre un tema solicitado por el rey. Asimismo existían seis Consejos regionales: el de Castilla, de Aragón, de Portugal, de Indias, de Italia y de Países Bajos y ejercían labores legislativas, judiciales y ejecutivas.

Felipe II también gustaba de contar con la opinión de un grupo selecto de consejeros, formado por el catalán Luis de Requesens, el castellano Gran duque de Alba, el vasco Juan de Idiáquez, el cardenal borgoñés Antonio Perrenot de Granvela y los portugueses Ruy Gómez de Silva y Cristóbal de Moura repartidos por diferentes oficinas o siendo miembros del Consejo de Estado. Felipe II y su secretario se encargaban directamente de los asuntos más importantes, otro grupo de secretarios se dedicaba a asuntos cotidianos. Con Felipe II la figura de secretario del rey alcanzó una gran importancia, entre sus secretarios destacan Gonzalo Pérez, su hijo Antonio Pérez, el cardenal Granvela y Mateo Vázquez de Leca. En 1586 creó la Junta Grande, formada por oficiales y controlada por secretarios. Otras juntas dependientes de ésta, eran la de Milicia, de Población, de Cortes, de Arbitrios y de Presidentes.
Felipe II mantuvo las guerras con Francia, por el apoyo francés a los rebeldes flamencos, obteniendo una gran victoria en la Batalla de San Quintín, librada el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo, en recuerdo de lo cual hizo edificar el Monasterio de El Escorial, edificio con planta en forma de parrilla que simboliza el martirio del santo (1563–1584). En este monumental y sobrio palacio, el más grande de su tiempo —ya llamado entonces la octava maravilla del mundo—, concretamente en la Cripta Real están enterrados desde entonces casi todos los reyes españoles y sus miembros familiares más cercanos. A esta victoria contra los franceses se sumó un decisivo triunfo posterior en la Batalla de Gravelinas, en 1558.

Como consecuencia de estos fulminantes éxitos españoles se firmó la Paz de Cateau-Cambrésis de 1559, tratado en el que Francia reconoció la supremacía hispánica, los intereses españoles en Italia se vieron favorecidos y se pactó el matrimonio con Isabel de Valois, reina de España. Empero, en Flandes, los problemas continuaron a partir de 1568 por el apoyo a los rebeldes flamencos de los hugonotes franceses.

Al término de las guerras italianas en 1559, la Casa de Austria había conseguido asentarse como la primera potencia mundial, en detrimento de Francia. Los estados de Italia, que durante la Edad Media y el Renacimiento habían acumulado un poder desproporcionado a su pequeño tamaño, vieron reducido su peso político y militar al de potencias secundarias, desapareciendo algunos de ellos.

En 1582 Álvaro de Bazán, el mejor marinero de la época, derrota a una escuadra de Corsarios franceses en la Batalla de la Isla Terceira, en la que se emplearon por primera vez en la historia fuerzas de infantería de tierra para la ocupación de playa, barcos y terreno, lo que se considera como «el nacimiento de la Infantería de Marina»

En 1590, aprovechando la muerte del cardenal de Borbón, rey de Francia por la Liga Católica, Felipe II intervino en las Guerras de religión de Francia contra Enrique IV. En los Estados Generales de 1593 convocados por el Duque de Mayene, como Lugarteniente General rival a Enrique IV, denegaron reconocer a Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, como reina de Francia, lo que aprovechó Enrique IV para convertirse al catolicismo.18 La posición y esperanzas de Felipe II se desvanecieron hasta llegar a la Paz de Vervins (1598), en la que se restablecía la paz de Cateau-Cambrésis.

Los Países Bajos fueron dejados a Felipe II en herencia por su padre, Carlos I, en unión del Franco Condado, para que España, la nación más poderosa del mundo, defendiera al Imperio de Francia. Por esta razón, era un punto a la vez estratégico y de debilidad para Felipe II. Estratégico pues a mediados del siglo XVI Amberes era el puerto más importante de Europa del norte, que servía como base de operaciones a la armada española, y un centro donde se comerciaba con bienes de toda Europa y se vendía la lana castellana. Lana, de oveja merina, procesada en los Países Bajos que, vendida a precios razonables, llegaría manufacturada a España, con el correspondiente valor añadido, pero menor que si hubiera sido manufacturada en la península puesto que allí la mano de obra era más barata.

Una debilidad, pues para los Países Bajos no sólo supuso un cambio de rey sino también un cambio de «dueño», pasaron de formar parte de un imperio a formar parte del reino más poderoso de la época. A diferencia de Castilla, Aragón y Nápoles, los Países Bajos no eran parte de la herencia de los Reyes Católicos, y veían a España como un país extranjero. Así lo sentían los propios ciudadanos de los Países Bajos, pues veían, a diferencia de Carlos I a un rey extranjero (nacido en Valladolid, con la Corte en Madrid, nunca vivía en aquellos territorios y delegaba su gobierno). A esto hay que añadir el choque religioso que se estaba gestando dentro de Flandes, y que sería azuzado por la posición de Felipe II en el plano religioso, las guerras de religión volvían al corazón de Europa después de la Guerra de los Treinta Años.

Gobernados por su hermana Margarita de Parma desde 1559, se encaró a los nobles rebeldes que pedían una mayor autonomía y a los protestantes que exigían el respeto a su religión dando inicio a la Guerra de los Ochenta Años. Sin embargo, Felipe II era de otra opinión. El rey quería aplicar los acuerdos tridentinos, como había exigido a Catalina de Médicis en Francia contra la nobleza hugonota francesa.

Al conocer en los Países Bajos la decisión de aplicar los acuerdos tridentinos, las mismas autoridades civiles se mostraron reacias a aplicar las penas dictadas por los inquisidores y, fruto de un gran malestar, comenzó un ambiente de revolución. La baja nobleza se concentró en Bruselas el 5 de abril de 1566 en el palacio de la gobernadora, siendo despreciada como mendigos, adjetivo que tomarían los siguientes nobles en sus reivindicaciones, vistiéndose como tales. Los miembros del compromiso de Breda mandaron a Madrid a Floris de Montmorency, Barón de Montigny, y luego al Marqués de Berghes, que ya no volverían.

Tras aumentar la tensión y los conflictos en Amberes, la gobernadora pidió al Guillermo de Orange que pusiera orden, aceptando éste de mala gana pero pacificando la ciudad. El Príncipe de Orange, el Conde de Egmont y el Conde de Horn volvieron a pedir a Margarita de Parma más libertad. Ella se lo hizo saber a su hermano, pero Felipe II no cambiaba de opinión y avisaba de sus intenciones al Papa:

[...] podéis asegurar a Su Santidad que antes de sufrir la menor cosa en perjuicio de la religión o del servicio de Dios, perdería todos mis Estados y cien vidas que tuviese, pues no pienso, ni quiero ser señor de herejes [...]

Antes de que llegaran estas noticias, el 14 de agosto un grupo de incontrolados calvinistas asaltó la principal iglesia de Saint-Omer. Le siguió una rebelión generalizada en Ypres, Courtrai, Valenciennes, Tournai y Amberes.

Felipe II recibió a Montigny y le prometió convocar al Consejo de Estado de España. El 29 de octubre de 1566, el rey convocó a los consejeros más allegados: Éboli, Alba, Feria, el Cardenal Espinosa, don Juan Manrique y el conde de Chinchón, junto con los secretarios de Estado Antonio Pérez y Gabriel Zayas. El acuerdo fue proceder de manera urgente, y, pese a las diferencias en la forma, el monarca optó por la fuerza. Así se acordó mandar al III Duque de Alba a sofocar las rebeliones. Este hecho propició un enfrentamiento entre el Príncipe Don Carlos y el Duque de Alba, puesto que el heredero se veía desplazado de sus asuntos.

El 28 de agosto el Duque de Alba llegó a Bruselas. El Duque de Alba —al frente del ejército— efectuó rápidamente una durísima represión ajusticiando a los nobles rebeldes, lo que propició la dimisión de Margarita de Parma como gobernadora de los Países Bajos, dimisión al punto aceptada por su hermano el Rey. Además, el 9 de septiembre, Egmont y Horn fueron prendidos, y degollados el 5 de junio de 1568.

Felipe II buscó soluciones con los nombramientos de Luis de Requesens, Juan de Austria (fallecido en 1578) y Alejandro Farnesio que consiguió el sometimiento de las provincias católicas del sur en la Unión de Arras. Ante esto los protestantes formaron la Unión de Utrecht. El 26 de julio de 1581, las provincias de Brabante, Güeldres, Zutphen, Holanda, Zelanda, Frisia, Malinas y Utrech19 anularon en los Estados Generales, su vinculación con el Rey de España, por el Acta de abjuración, y eligieron como soberano a Francisco de Anjou. Pero Felipe II no renunció a esos territorios, y el gobernador de los Países Bajos Alejandro Farnesio inició la contraofensiva y recuperó a la obediencia del rey de España de gran parte del territorio, especialmente tras el asedio de Amberes, pero parte de ellos se volvieron a perder tras la campaña de Mauricio de Nassau. Antes de la muerte del Rey de España, el territorio de los Países Bajos, en teoría las diecisiete provincias, pasó conjuntamente a su hija Isabel Clara Eugenia y su yerno el archiduque Alberto de Austria por el Acta de Cesión de 6 de mayo de 1598

Felipe II luchó contra la corona inglesa por motivos religiosos, por el apoyo que ofrecían a los rebeldes flamencos y por los problemas que suponían los corsarios ingleses que robaban la mercancía americana a los galeones españoles en la zona del Caribe a partir de 1560.22 Así pues, los principales escenarios de los combates serían el Atlántico y el Caribe.

Se ha mostrado en varias obras literarias y especialmente en películas el agobio causado por la continua piratería inglesa y francesa contra sus barcos en el Atlántico y la consecuente disminución de los ingresos del oro de las Indias. Sin embargo, investigaciones más profundas23 indican que esta piratería realmente consistía en varias decenas de barcos y varios cientos de piratas, siendo los primeros de escaso tonelaje, por lo que no podían enfrentarse con los galeones españoles, teniéndose que conformar con pequeños barcos o los que pudieran apartarse de la flota.

En segundo lugar está el dato según el cual, durante el siglo XVI, ningún pirata ni corsario logró hundir galeón alguno; además de unas 600 flotas fletadas por España (dos por año durante unos 300 años) sólo dos cayeron en manos enemigas y ambas por marinas de guerra no por piratas ni corsarios.24

La ejecución de la reina católica de Escocia, María Estuardo, le decidió a enviar la llamada Grande y Felicísima Armada (en la Leyenda Negra, Armada Invencible) en 1588, la cual fracasó. El fracaso posibilitó una mayor libertad al comercio inglés y holandés, un mayor número de ataques a los puertos españoles —como el de Cádiz que fue incendiado por una flota inglesa en 1596— y, asimismo, la colonización inglesa de Norteamérica. A partir de estos hechos y hasta el final de la guerra, España e Inglaterra consiguieron victorias a la par en los combates navales librados por ambos reinos, tanto en la mar como en tierra. Con lo que la guerra se mantuvo en un empate de pérdidas de recursos para los países hasta el final. Mientras los ingleses saqueaban las posesiones españolas y no consiguieron nunca el objetivo de capturar una flota de Indias, la Armada española se preparó sin mucho éxito para invadir Inglaterra, repelió algún ataque inglés y los corsarios españoles capturaban toneladas de mercancías de barcos ingleses. Los ataques ingleses (y de piratas o corsarios a sueldo suyo) solían acabar en fracasos con pérdidas nada desdeñables, entre los que destacó el fracaso de la Armada Inglesa o Contraarmada. La situación se equilibró, hasta que Felipe III firmó el Tratado de Londres en 1604, con Jacobo I, sucesor de Isabel I. En algunas de las expediciones bajo su mando, se llegó a desembarcar en el sur de Inglaterra o en Irlanda (Batalla de Cornualles:Carlos de Amésquita desembarcó en 1595 en el sur de Inglaterra).

Felipe II refuerza urgentemente su escuadra, encarga doce nuevos galeones y para 1591, la reconstituida columna vertebral de su armada ya dispone de diecinueve de estos buques, entre los que encontramos tres nuevos, dos capturados a los ingleses, y cuatro veteranos supervivientes de Portugal [...] Alonso de Bazán, hermano del fallecido Álvaro de Bazán, procede contra Thomas Howard con una flota de 55 velas, logrando atrapar a los ingleses entre Punta Delgada y Punta Negra [...] Los ingleses huyen , pero el galeón Revenge [...] es abordado y apresado. [...] En 1595 (los ingleses) preparan la definitiva toma e instalación de una base en Panamá [...] con una flota de 28 barcos. Pero las cosas no fueron bien para los piratas [...] Al mando de Drake, marchan a Panamá, y es allí donde concluye su existencia sir Francis [...] Después de diversas vicisitudes, tan sólo ocho barcos de la expedición lograron regresar a la patria. Tras la contraofensiva inglesa Carlos de Amezquita desembarca en las costas de Cornwall [...] Siembra el Pánico en Pezance y otras localidades cercanas y se retira. [...]
Víctor San Juan. La batalla naval de las Dunas. 2007. (págs. 66 y 67)

Además, un sistema sofisticado de escolta y de inteligencia frustraron la mayoría de los ataques corsarios a la Flota de Indias a partir de la década de 1590: las expediciones bucaneras de Francis Drake, Martin Frobisher y John Hawkins en el comienzo de dicha década fueron derrotadas.

El Imperio otomano, que ya había sido contrincante de Carlos I de España, se volvió a enfrentar al Imperio español. En 1560, la flota turca -que era una potencia de primer orden- había derrotado a los cristianos en la Batalla de Los Gelves. El Sitio de Malta, en 1565, empero, fue fallido y además considerado como uno de los asedios más importantes de la historia militar y desde el punto de vista de los defensores, el más exitoso.
La batalla de Lepanto fue una importante victoria naval de la Liga Santa contra los turcos otomanos. Obra de Paolo Veronese.

En 1570, después de unos años de tranquilidad, los turcos iniciaron una expansión atacando varios puertos venecianos del Mediterráneo Oriental y conquistaron Chipre a Venecia25 con 300 naves y ponen sitio a Nicosia. Venecia pidió ayuda a las potencias cristianas, pero sólo el papa Pío V le respondió. El Papa consiguió convencer al rey de España para que también ayude, y se formó una armada para enfrentarse a los turcos. Esta armada se reunió en el puerto de Suda, en la isla de Candia, en Creta. Esta coalición, conocida como Liga Santa, se enfrentó a la flota turca en el golfo de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, librándose la Batalla de Lepanto («la más alta ocasión que vieron los siglos»,j ) que acabó en una gran victoria de los aliados católicos. Así la describe el Marqués de Lozoya:

Durante dos horas se peleó con ardor por ambas partes, y por dos veces fueron rechazados los españoles del puente de la galera real turca; pero en un tercera embestida aniquilaron a los jenízaros que la defendían y, herido el almirante de un arcabuzazo, un remero cristiano le cortó la cabeza. Al izarse un pabellón cristiano en la galera turca arreciaron el ataque las naves cristianas contra las capitanas turcas que no se rendían; pero al fin la flota central turca fue aniquilada.

Después de este combate, los turcos rehicieron la flota de nuevo; la flota turca, otra vez aliada con los piratas berberiscos, seguía siendo la más potente del Mediterráneo.k Durante casi dos años la flota otomana evitó el combate y no fue hasta después de la toma de Túnez y La Goleta por Don Juan de Austria, en 1573, cuando Selim II, sucesor de Solimán el Magnífico, envió una fuerza 250 y 300 naves de guerra y un contingente de unos 100.000 hombres para reconquistar ambas plazas, labor en la perecieron cerca de 30.000 hombres, aunque con resultado satisfactorio. Fue la última gran batalla en el Mediterráneo.

Sin embargo, lo que no había resuelto las batallas y los combates, lo resolvieron la diplomacia y las negociaciones internacionales, para beneficio de ambos imperios. Felipe II veía como se agravaba la guerra en Flandes, y Selim II tenía que hacer frente a la guerra con Persia. Ambos se encontraban librando campañas militares en otras fronteras, y ninguno se sentía con la fuerza suficiente para continuar el conflicto. Convencidos de la distinta situación que ambos imperios vivían, decidieron firmar una serie de treguas que terminaron por alejar definitivamente la guerra en el Mediterráneo durante unos cuantos años.

Felipe II continuó con la expansión en tierras americanas e incluso se agregaron a la Corona las islas Filipinas, conquistadas por Miguel López de Legazpi, (1565–1569) quien las denominó así en su honor. La colonización española de las islas codiciadas también por ingleses, holandeses y portugueses no se aseguró hasta 1565 cuando Miguel López de Legazpi, enviado por el Virrey de Nueva España construyó el primer asentamiento español en Cebú. La ciudad de Manila, capital del archipiélago, se fundó por el propio Legazpi en 1571. Una vez descubierto el circuito de corrientes oceánicas y vientos favorables para la navegación entre América y Filipinas, se estableció la ruta regular de flotas entre Manila y Acapulco, México, conocida como el Galeón de Manila.Florida fue colonizada en 1565 por Pedro Menéndez de Avilés al fundar San Agustín y al derrotar rápidamente un intento ilegal del capitán francés Jean Ribault y 150 hombres de establecer un puesto de aprovisionamiento en el territorio español. San Agustín se convirtió rápidamente en una base estratégica de defensa para los barcos españoles llenos de oro y plata que regresaban desde los dominios de las Indias.

En el Pacífico sur, frente a las costas del actual Chile, Juan Fernández descubrió una serie de islas entre los años y 1563 y 1574.m Le puso su propio nombre a ese archipiélago, quedando finalmente conocidas como Archipiélago Juan Fernández. Los primeros europeos en llegar a las islas que hoy son Nueva Zelanda lo hicieron en el probable viaje de Juan Jufré y del marino Juan Fernández a Oceanía, ocasión en la cual habrían descubierto Nueva Zelanda para España, a finales de 1576; éste suceso se basó en un documento que se presentó a Felipe II y en vestigios arqueológicos (cascos estilo español) encontrados en cuevas en el extremo superior de la Isla Norte.

Se meditó incluso la conquista de China para el imperio Español durante su reinado. Como demuestra una carta del gobernador y el arzobispo de Filipinas en la que ambos le comentaban que si les enviaba 5.000 hombres y 30 buques podrían hacer con China lo que Hernán Cortés había hecho en México. Sin embargo, Felipe II nunca llegó a responder a esa carta. Sobre esto hay un ameno libro de Jesús Maeso de la Torre La caja china, entretenido y aunque novelado da una pequeña idea sobre este Rey y la China de aquellos tiempos

Se ampliaron los dominios en África. Mazagán, incorporada al imperio por que era una colonia portuguesa, al igual que Casablanca, Tánger, Ceuta e Isla de Perejil. Se reconquistó a los árabes el Peñón de Vélez de la Gomera, en una operación a cargo de García Álvarez de Toledo y Osorio, marqués de Villafranca del Bierzo y Virrey de Cataluña. Además, debido a la anexión de Portugal, también se añadieron las colonias que este territorio poseía en Asia: Macao, Nagasaki y Malaca.


Fue un hombre considerado como inteligente, muy culto y formado, aficionado a los libros, la pintura y el coleccionismo de obras de arte, relojes, armas, curiosidades, rarezas y muy especialmente a la arquitectura. Era un gran aficionado a la caza y la pesca.

La mayor parte de su vida su salud fue delicada. Padeció numerosas enfermedades y durante sus diez últimos años de vida la gota le tuvo postrado. Llegó a perder la movilidad de la mano derecha sin poder firmar los documentos. Comulgó por última vez el 8 de septiembre, ya que los médicos se lo prohibieron a partir de ese momento por miedo a ahogarse al tragar la hostia. A las cinco de la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598 fallecía en el Monasterio de El Escorial el monarca más poderoso de la tierra en aquel momento, en cuyos dominios nunca se ponía el sol. Tenía 71 años y su agonía duró 53 días, en los que sufrió varias enfermedades: gota, artrosis, fiebres tercianas, accesos e hidropesía entre otras. Fue sepultado en el Monasterio del Escorial, que él había ordenado construir.

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