HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

La historia se escribe con fuego: todo sobre operaciones militares, tácticas, estrategias y otras curiosidades
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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 02 Jun 2015 23:46

PEDRO DE ALVARADO

Conquistador español, nacido en Badajoz en 1485 y muerto en Guadalajara en 1541. Llegó a La Española en 1510, donde su puso al amparo de su tío Diego de Alvarado. Participó en la conquista de Cuba (1511) y en 1518 se unió a las expediciones de Grijalva por Yucatán y México.

Volvió a Cuba para dar cuenta del descubrimiento y, con ello, promovió la expedición de Velázquez y Cortés. Llegó a Cozumel en 1519. En Ulúa ayudó a la proclamación de Cortés como capitán general. Luchó con los tlaxcaltecas (se casó con Luisa, hija de Xicoténcatl el Viejo), fue embajador de Cortés en Tenochtitlán, estuvo en la matanza de Cholula y en la entrada a México.

Participó en la prisión de Moctezuma. Fue causante de la matanza de 1520 durante la fiesta de Tóxcatl, lo que motivó la revuelta de los mejicanos y precipitó la muerte de Moctezuma. Con Juan Velázquez de León formó la retaguardia del ejército de Cortés en la "Noche Triste". Tomó parte con Jorge de Alvarado, Gutiérrez de Badajoz y Andrés de Monajaraz en la toma de la capital (junio-agosto 1520). En 1522 participó en la conquista de Tututepec.

En 1523 partió a la conquista de América Central. En ocho meses luchó denodadamente con los quichés, pactó con los cakchiqueles, derrotó a los tzutuhiles y los xinca, conquistó Guatemala y Salvador y fundó Santiago de los Caballeros de Guatemala. Aunque nominalmente al mando de Cortés, actuó con independencia.

Ayudó a Cortés en su expedición de Honduras (1526) y conquistó con posterioridad el territorio de Nicaragua. En 1527, con fama fabulosa, regresó a España. Protegido por Francisco de los Cobos, se casó con Francisca de la Cueva y obtuvo de Carlos V el nombramiento de gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala. Vuelto a Veracruz en 1528, fue encarcelado por Nuño de Guzmán y luego liberado ante el anuncio de la vuelta de Cortés. Volvió a Guatemala (1530).

Preparó una expedición para conquistar el Perú (1534). A su llegada a la meseta de Quito descubrió que se le habían adelantado Pizarro, Belalcázar y Almagro. Regresó a Guatemala en 1536. Se casó en segundas nupcias con Beatriz de la Cueva, hermana de su primera mujer. Se le reconoció el gobierno de Honduras y se le dio permiso para la exploración de las Molucas.

Mantuvo enemistad con Antonio de Mendoza sobre contratos de tierras. Su fama fue en vida la de uno de los más grandes conquistadores.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 02 Jun 2015 23:51

PEDRO DE VALDIVIA

Conquistador español y primer gobernador y capitán general de Chile, nacido en Villanueva de la Serena (Badajoz) en 1500 y fallecido en Tucapel (Chile) el 25 de diciembre de 1553. Capitán valeroso e hidalgo, luchó en Flandes, Italia y Perú antes de llegar al territorio chileno en 1541. Entre todos los españoles que llegaron al país, Valdivia constituye un caso especial: pudo haberse quedado en Perú o haber regresado a España después de su triunfo en la batalla de Las Salinas, que le granjeó fama y muy buena situación económica; sin embargo, su afán de aventura pesó más y lo llevó a organizar, con grandes dificultades, una expedición a Chile, tierra que había obtenido una pésima reputación entre los españoles después de la expedición de Diego de Almagro.

Valdivia siempre habló de Chile con cariño y entusiasmo; una permanencia de doce años en aquella tierra, interrumpida sólo por dos viajes a Lima, le había hecho tomar gran amor por ella. Consideraba que la fundación de Santiago del Nuevo Extremo, capital del país, era el primer escalón para organizar otros emplazamientos e ir poblando las tierras hasta el Estrecho de Magallanes.

Valdivia tenía cierto grado de cultura, lo que le permitió moverse con habilidad en lo político y con soltura de estratega en lo militar. Buen conocedor del idioma, fue capaz de escribirlo con corrección, valiéndose de expresiones populares cuando fue necesario. Tras una breve estancia en Atacama, decidió proseguir su marcha atravesando el desierto y tomó como guía al religioso Antonio Rondón, que había acompañado a Almagro en su primera visita a Chile. Llegó hasta el valle de Copiapó, comarca de la que tomó posesión en nombre de su rey y que recibió el nombre de Valle de la Posesión. Valdivia siguió su camino hacia el S y llegó a Coquimbo; los indígenas, la mayoría de los cuales se mostraban más que recelosos, huían ante la presencia de los europeos. Valdivia fundó en el valle de Mopochó, el 12 de febrero de 1541, la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, eligiendo para ello la llanura que se extiende al pie del cerro de Huelen (también conocido como Santa Lucía). Después de dividir el terreno en manzanas y solares, los distribuyó entre sus soldados, y éstos edificaron las primeras casas y una modesta iglesia. Constituido el Cabildo, Valdivia fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva Extremadura.

Además, la llegada de Valdivia y su expedición conllevó la introducción en el país del cultivo del trigo y de otras principales hortalizas, así como la cría de los animales domésticos que los conquistadores pudieron llevar consigo (gallinas, cerdos, caballos, etc.). Tras la muerte de Francisco Pizarro, tanto Valdivia como sus compañeros sufrieron un gran número de penalidades hasta que llegó el capitán Alonso de Monroy.

En el año 1544, Valdivia fundó la ciudad de La Serena (denominada así en honor a su pueblo) en el N del país, en el valle de Coquimbo, y a la par había enviado a los capitanes Francisco de Villagrán y Francisco de Aguirre a explorar el terreno comprendido a partir del río Maule. Además, encomendó una nueva expedición encabezada por Juan Bautista Pastene con el objetivo de realizar estudios sobre la costa más meridional de Chile; los oficiales que iban a bordo, Jerónimo de Alderete y Rodrigo de Quiroga, tomaron posesión de las playas donde desembarcaban.

Al poco tiempo, Valdivia decidió partir hacia el Perú y embarcó en Valparaíso dejando a Villagrán como lugarteniente de Chile. A su regreso, comenzaron las expediciones hacia el S mientras Valdivia fundaba a su paso un gran número de ciudades entre las que destacan las de La Imperial y Valdivia; esta última en la desembocadura del río Callecalle. Los enfrentamientos con los indios fueron constantes pero se recrudecieron a partir del año 1550 por lo que Valdivia ordenó la construcción de los fuertes de Arauco, Tucapel y Purén. Los araucanos atacaron el fuerte de Tucapel, lo que causó la muerte de algunos de sus defensores, lo cual hizo ver a los indios que los españoles no eran invulnerables y podían ser vencidos, y motivó un alzamiento general contra el invasor español. En este contexto cayó prisionero Valdivia, que falleció en diciembre de 1553 tras sufrir importantes torturas. (Se dice que los indios araucanos le obligaron a comerse sus propios miembros amputándoselos poco a poco)

Su muerte, ocurrida a finales de 1553 en el sur del país a manos de los indígenas, acarreó numerosas dificultades a los españoles. Francisco de Aguirrey Francisco de Villagrán se disputaron el cargo vacante, sin que ninguno consiguiera ocuparlo por derecho inmediatamente.

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Mensajepor Rescoldo » 05 Jun 2015 00:29

Gonzalo JIMENEZ DE QUESADA

Conquistador español. El origen de Gonzalo Jiménez de Quesada es aún misterioso. Algunos biógrafos consideran que nació en Córdoba o en Granada (España). Murió en Mariquita (Tolima) el 16 de febrero de 1579. Fundador en 1538 del Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia) y de su capital, Santa Fe de Bogotá. Sus conquistas y descubrimientos le ganaron el título de Adelantado del Nuevo Reino de Granada.

Existen algunas pruebas que dicen que estudió y se licenció en Derecho en la Universidad de Salamanca y que ejerció el cargo de abogado en la Real Audiencia de Granada hasta que viajó a América (1535), para administrar justicia en la expedición que envió la Corona Española en el proceso de la conquista del Nuevo Reino de Granada. Jiménez de Quesada rodeó la Sierra Nevada de Santa Marta y llegó a Valledupar, pasó luego a Chiriguaná, Tamalameque y Sompallón. Continuó su ruta por el Magdalena a San Pablo, Barranca y Cuatro Brazos o La Tora (actualmente Barrancabermeja) y llegó a La Grita (Santander). Luego entró a Guachetá, Lenguazaque, Cucunubá, Suesca, Nemocón, Tausa y Zipaquirá. Avanzó hasta Chocontá y Turmequé.

Descubrió, además, Tunja, Sogamoso, Duitama, los Valles de Sáchica, Zaquenzipá y la laguna de Tota. También exploró el valle de Neiva y se extendió hasta el municipio de Altamira. El 6 de agosto de 1538 fundó Santa Fe de Bogotá y un año después viajó a España y recorrió Francia e Italia. Regresó nuevamente a Santa Fe de Bogotá en 1569 para emprender la expedición por los Llanos en busca de los tesoros de El Dorado, empresa en la cual fracasó.

A los tres años, arruinado y enfermo, Jiménez de Quesada regresó a Suesca donde se dedicó a escribir sus memorias, y en 1579 se trasladó a Mariquita, donde murió. Jiménez de Quesada fue un conquistador especial: era instruido, sabía leer, escribir y era abogado. Con el descubrimiento y Conquista del Nuevo Reino de Granada, logró para España el dominio de la tercera gran cultura americana: la chibcha o muisca.

Otro aspecto interesante de la vida de Jiménez de Quesada fue su actividad como escritor. Su obra más conocida es El Antijovio (1567). Además se conservan los escritos de las Indicaciones para el buen gobierno (1549) y las Memorias sobre los descubridores y conquistadores que entraron conmigo a descubrir y conquistar este Nuevo Reino de Granada (1576) y algunas cláusulas y cartas de su testamento.

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Mensajepor Rescoldo » 05 Jun 2015 00:36

HERNANDO DE SOTO

Conquistador y descubridor español nacido en Jerez de los Caballeros hacia el año 1500 y muerto el 21 de mayo de 1542, mientras realizaba una larga marcha en busca de la desembocadura del río Mississippi, descubierto por él en mayo de 1541. Participó en la colonización de Castilla del Oro, Nicaragua y Perú, y fue nombrado adelantado de la Florida; emprendió la colonización de dicho territorio, pero apenas pudo realizar el descubrimiento de algunas tierras del suroeste de los Estados Unidos.

Nacido en el seno de una familia hijodalga, formada por Francisco Méndez de Soto, oriundo de la Bureba, y doña Leonor Arias Tinoco, oriunda de Portugal. No se conoce nada de su infancia, ni sus primeros años de juventud, pero tenemos una descripción suya hecha por Pedro Pizarro, según el cual era “hombre pequeño, diestro en la guerra de los indios, valiente y afable con los soldados”. Embarcó para América en la gigantesca expedición (1.500 hombres) que llevó Pedrarias Dávila a Castilla del Oro y que salió el 11 de abril de 1514. Hernando de Soto participó en las acciones principales que se realizaron entonces en Panamá, como soldado bajo las órdenes de Gaspar Espinosa. En la campaña contra Urracá, en la que logró el título de Capitán, contribuyó a la fundación de la villa de Santiago de Natá entre 1520-22. Participó luego en el descubrimiento y conquista de Nicaragua por Hernández de Córdoba y asistió a las fundaciones de Bruselas, León y Granada (1524). Luchó con Gil González Dávila y, tras participar en el sometimiento de Hernández de Córdoba, se asentó en Granada como regidor y uno de sus vecinos principales. Allí tuvo dos hijos en una mujer indígena, que fueron María (reconocida) y Andrés. También convivió maritalmente con la española Juana Hernández, en la que no tuvo descendencia. Se dedicó a los negocios y tuvo dos buques dedicados al lucrativo negocio de esclavos, en compañía con Hernán Ponce. Pizarro requirió su ayuda para la conquista del Perú, para obtener su colaboración le ofreció el cargo de teniente general; Soto aceptó y abandonó su vida de comodidades para lanzarse a la conquista de nuevos territorios. Fletó cuatro buques y equipo 100 hombres con los que se unió a Francisco Pizarro en la isla de Puná, donde se encontró con la sorpresa de que el cargo que se le había prometido había sido otorgado ya a Hernando Pizarro. Mas tarde se le compensaría con una encomienda en Piura, primera población fundada por los españoles en el Tawantinsuyu.

Hernando de Soto actuó decisivamente en la conquista del imperio Inca. Acompañó a Pizarro hasta Cajamarca y fue enviado para intimidar a Atahualpa. Realizó entonces una cabalgada y frenó frente a la misma persona del Inca, que al parecer no se inmutó (15 de noviembre de 1532). Al día siguiente, el de la victoria, De Soto capitaneó uno de los tres escuadrones de caballería, junto con Benalcázar y Hernando Pizarro. Después de la prisión de Atahualpa fue enviado al Cuzco, donde redondeó su botín. De Soto fue Corregidor en Cuzco, de lo que resultó una rivalidad con Juan Pizarro. La mediación de Francisco Pizarro solucionó la tensión.

Partió después para Nicaragua con sus grandes riquezas. Pasó a Lima y finalmente (fines de noviembre de 1535) se encaminó a Panamá, cruzó el istmo hasta Nombre de Dios y regresó a España. Era un indiano auténtico. Tenía 35 años y una inmensa fortuna. En 1537 se casó en Segovia con doña Isabel de Bobadilla, hija de Pedrarias, y se trasladaron a Sevilla. Al conocer las noticias de los descubrimientos realizados al norte de México le entró nuevamente el desasosiego por la aventura. Ese mismo año solicitó y obtuvo la conquista de la Florida, donde habían fracasado Ponce de León, Vázquez de Ayllon y recientemente Pánfilo de Narváez. Fue nombrado Adelantado de la Florida y Gobernador de Cuba, cargo este ultimo que reclamó para poder tener una base de operaciones. Invirtió todo cuanto había ganado hasta entonces en preparar una gran expedición integrada por 600 hombres armados a los que sostendría por año y medio, según se comprometió. Abundaban en ella veteranos del Perú y algunos portugueses. Embarcaron en siete navíos y tres bergantines el 6 de abril de 1538, al llegar a Cuba en junio, reedificó allí el fuerte de la Habana, hizo acopio de víveres y refuerzos y dejó a Juan de Rojas como su Lugarteniente del Gobernador y a su mujer doña Isabel de Bobadilla. El 18 de mayo de 1539 zarpó de La Habana con nueve embarcaciones, a bordo de los cuales iban 515 hombres, sin la marinería, y 237 caballos.

La armada llegó sin contratiempos a la bahía del Espíritu Santo (Tampa) el 25 de mayo de 1539, donde encontraron a Juan Ortiz, un superviviente de la expedición de Narváez, que vivía desde hacía doce años con los indios. El Adelantado dejó cien hombres en el puerto y ordenó regresar las naves a Cuba (con ordenes de volver al cabo de un tiempo). Luego se internó con sus hombres en la península de la Florida. Desde entonces y durante tres años, recorrió incesantemente el territorio suroriental norteamericano, atraído por diversos mitos que se desvanecieron. Fue hasta Apalachee, antiguo objetivo de Narváez, donde invernó y luego siguió hacia el noreste a través de la actual Georgia. En las proximidades del río Savannah cambió hacia el noreste -por donde llegó casi a Tennessee-, y luego al suroeste nuevamente por Georgia y Alabama, para llegar a parar cerca de Mobila. Tras cambiar el rumbo hacia el noroeste llegó el 8 de mayo de 1541 a las orillas de un río enorme. Era el Misissippi, al sur de donde luego se construyó la ciudad de Memphis (Tennessee). Lo llamaron el Río Grande del Espíritu Santo. Los indios lo denominaban Meact Massipí o “padre de las aguas”. Para poder cruzarlo tuvieron que construir cuatro piraguas, lo que les llevó cerca de un mes. Se echó encima el invierno de 1541-42 y siguieron adelante por Arkansas, donde decidieron invernar.

La tropa había quedado reducida a la mitad: quedaban apenas 300 hombres y 42 caballos. En marzo de 1542 reanudaron la marcha en busca del mar, con dirección sur. El Adelantado enfermó de fiebres y llamó a sus capitanes y nombró como sucesor a Luis de Moscoso. Falleció el 21 de mayo de 1542. Sus hombres lo envolvieron en una manta y lo sumergieron en las aguas del río que había descubierto. Los sobrevivientes construyeron unos bergantines y bajaron el Misissippi durante 50 días, al cabo de los cuales llegaron a la desembocadura. Era ya el año de 1543.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 05 Jun 2015 00:39

Francisco VAZQUEZ DE CORONADO

Conquistador español nacido en 1510 (probablemente en Salamanca) y muerto en 1554 en Nueva Galicia (México). Descubrió y recorrió los territorios de lo que luego se llamó el Far West, las grandes praderas norteamericanas, las Montañas Rocosas, el Gran Cañón y el río Colorado, el territorio de los indios pueblo y los territorios de Nuevo México, Arizona y Kansas, incluidos los grandes desiertos de Nuevo México y Arizona.

Nació en el seno de una familia hidalga, pero se desconoce su vida hasta 1535, cuando pasó a América en compañía de su amigo don Antonio de Mendoza, primer Virrey de México. Éste le nombró Gobernador de Nueva Galicia, una provincia recién conquistada, que correspondía a gran parte de lo que hoy es Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes. Vázquez se trasladó a su Gobernación en 1537, junto con su señora doña Beatriz Estrada, con la que acababa de contraer matrimonio. Doña Beatriz era de Ciudad Real y era hija del tesorero Alonso Estrada. Su primera acción en Culuacán fue socorrer a los pobladores de la Villa de San Miguel, que estaban a punto de abandonarla a causa de la guerra que les hacían los indios del cacique Ayapin. Vázquez combatió a los agresores y capturó y ahorcó al cacique, lo que permitió que la región fuera repoblada. Durante los meses posteriores se dedicó a afianzar el asentamiento de Guadalajara.

En 1536 llegaron a San Miguel de Culuacán Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus tres compañeros (uno de ellos el negro Estebanico), supervivientes de la gran expedición de Pánfilo de Narváez, tras haber recorrido una parte del sur de lo que hoy son los Estados Unidos, con noticias de los numerosos pueblos indígenas existentes al norte de México. El Virrey consideró que era necesario explorarlos y ordenó hacerlo al franciscano fray Marcos de Niza, que había regresado del Perú. Lo haría llevando por guía a Estebanico, a quien dio unas Instrucciones (20 de noviembre de 1538) de lo que debía hacer: tomar posesión de la tierra (“pues toda aquella tierra es de la Corona de Castilla y de León”); averiguar cómo eran los indios que habitaban en ella (si eran numerosos, si vivían en poblados, si eran pacíficos, etc.); si era tierra fría o caliente (su “temple”); si existía en ella un paso interoceánico (“que entendiese siempre la noticia que había de la costa del mar del Norte y Sur, porque podría ser estrecharse la tierra, o entrar algún brazo de mar la tierra adentro”); y, finalmente, que localizara alguna población importante para fundar un monasterio en ella. Fray Marcos partió de Culuacán el 7 de marzo de 1539 con el hermano Honorato, Estebanico y unos indios pimas y se perdió por los desiertos de Arizona y Nuevo México. Estebanico iba en vanguardia y le enviaba informes de lo que iba hallando. El último que mandó, antes de que lo mataran los indios, fue que siguiese su rastro, porque los indios le habían dicho que a 30 jornadas de donde se encontraba había una tierra muy rica llamada Cíbola, cuyos pormenores indicaría el indio con el que enviaba el mensaje. Cibola, según le explicó el indio, eran siete ciudades enormes de casas de piedra y azoteas, con puertas labradas de turquesas y habitadas por gentes que vestían ricas telas (véase Las siete ciudades de Cíbola). Fray Marcos abandonó Vacapa, donde se encontraba, y siguió las huellas de Estebanico hasta llegar a la primera ciudad de Cíbola (extremo occidental de Nuevo México), que contempló desde un alto, sin atreverse a entrar en ella. Según su relato: "son las casas por la manera que los indios me dijeron, todas de piedra, con sus sobrados y azuteas... La población es mayor que la ciudad de México". Indudablemente, el franciscano estaba viendo un espejismo, pues se trataba de una miserable población zuñí, pero regresó inmediatamente a México contando fantasías de las ciudades de Cíbola. Hernán Cortés y Pedro de Alvarado se interesaron por Cíbola, ya que aseguraron que las ciudades estaban en sus jurisdicciones, pero el Virrey Mendoza estimó que era una empresa que le correspondía dirigir y mandó a su amigo Vázquez de Coronado que preparase una gran expedición colonizadora.

Vázquez de Coronado partió de Compostela el 23 de febrero de 1540 provisto de un gran dispositivo, ya que no iba a explorar, como siempre se ha dicho, sino a conquistar y colonizar Cíbola. Llevaba 12 cañones y abundante munición para la guerra, 150 soldados de a caballo y 200 infantes, 800 indígenas y abundante ganado y semillas. Mendoza ordenó asimismo que dos buques, bajo las órdenes de Fernando de Alarcón, salieran al mismo tiempo del puerto de La Natividad para llevar provisiones a Jalisco y estar a disposición de Coronado. Coronado pasó por Petatlán y Sinaloa. En el primero de dichos lugares se le unieron los capitanes Melchor Díaz y Juan Saldívar, enviados el invierno anterior para encontrar la ruta más apropiada para alcanzar Cíbola. Sus informes fueron contradictorios, sin embargo. La expedición siguió hasta Chichilticalli, donde fray Marcos había asegurado que existía una excelente colonia de casas de piedra, que no hallaron. Sólo aparecieron las ruinas de unas casas de piedra rojiza. Continuaron luego por un trecho del río de las Balsas (lo denominaron así porque tuvieron que construir balsas para pasarlo) o Gila y luego, con dirección noreste, para cruzar el desierto de Gila y las montañas de Pinal y Mogozloh. Pasaron infinitas penalidades de sed y hambre y los caballos estaban exhaustos. Los españoles caminaban por inmensos arenales salpicados de peñascos y cactus gigantescos que parecían candelabros. Tras varias semanas de marcha llegaron a un río de aguas rojizas, al que llamaron Bermejo (Colorado pequeño) y, finalmente, el 7 de julio, a los dos meses de viaje, arribaron a la primera ciudad de Cíbola (Abiquiú o Hawikuh). Los naturales les recibieron hostilmente y tuvieron que asaltarla. Coronado no halló rastro de la riqueza imaginada por Niza, ni tampoco en las otras seis ciudades de Cíbola que, según escribió, constaban únicamente de 50 a 200 casas: "las casas son de dos e tres altos, las paredes de piedra e lodo, y algunas de tapias". Eran las famosas casas de los indios pueblo, hechas con adobes, a cuyas terrazas se accedía por medio de unas escalas. En ellas hallaron unas estufas por lo que concluyeron que era tierra fría. Los indios se vestían con cueros de venado y bisonte, y mantas de algodón. En los alrededores había buenas sementeras de maíz, calabaza y fríjol, que permitieron reponer fuerzas a los españoles. El mito se desvaneció en el aire, pero los indios de Cíbola dijeron a Coronado que había otras siete ciudades llamadas Tusayán, en dirección noroeste. Vázquez de Coronado envió a dicho lugar al capitán Pedro de Tovar con 17 jinetes y algunos infantes. Tusayán fue otra desilusión, pues resultó ser el hábitat de los indios moqui (Arizona); siete poblaciones en lugares defensivos, la más importante de las cuales era Wolpi. Allí, Tovar oyó decir a los indios que al oeste de su país había un gran río. Cuando regresó a Cíbola con la noticia, el Gobernador Vázquez de Coronado ordenó a García López de Cárdenas que tomara 12 hombres y fuese a descubrir el río. La patrulla cruzó el desierto durante 20 interminables días hasta que lo encontró. Su sorpresa fue verlo al fondo de un inmenso cañón. Estaba mil metros más abajo de donde se encontraban, en una garganta muy profunda. Se trataba del Cañón del Colorado, que divisaron desde arriba. Bautizaron el río como Tizón e intentaron descender al mismo, pero fue imposible a causa de lo escarpado de las paredes del Cañón. En la relación del capitán Jaramillo, que se encuentra en el Archivo General de Indias, se recogió así el descubrimiento: "Halló una barranca de un río que fue imposible por una parte, ni otra, hallarle bajada para caballo, ni aún para pie, sino por una parte muy trabajosa, por donde tenía casi dos leguas de bajada. Estaba la barranca tan acantilada de peñas, que apenas podían ver el río, el cual, aunque es, según dicen, tanto o mucho mayor que el de Sevilla, desde arriba aparescía un arroyo". Tovar y sus hombres regresaron a Cíbola y contaron a sus compañeros su extraño hallazgo; aseguraron que las paredes del cañón en cuyo fondo estaba el río tenían hasta tres o cuatro leguas de altura, pero todos lo creyeron una exageración.

Fernando de Alarcón, quien como se dijo había salido con dos barcos de La Natividad, descubrió también el río Colorado, aunque por otro lugar. Tras navegar por la costa occidental mexicana llegó al golfo de California, donde encontró la desembocadura del río Tizón o Colorado. El 26 de agosto de 1540 dejó allí sus barcos y remontó el río con unas barcas durante dos semanas hasta alcanzar la desembocadura del río Gila (donde luego se erigió el fuerte Yuma). La falta de alimentos le obligó a volver a la desembocadura, donde se aprovisionó y volvió a remontar el Colorado con la esperanza de encontrar a Vázquez de Coronado. Subió 85 leguas y llegó a los 33º de latitud N; allí erigió una cruz y dejó cerca de ella, bajo un árbol, unos escritos con su diario de navegación, con la esperanza de que los encontrara Vázquez de Coronado. En el árbol grabó la leyenda “Alarcón llegó hasta aquí; debajo del árbol hay escritos”. Por increíble que pueda parecer, estos escritos llegaron a manos españolas. Los encontró Melchor Díaz, a quien Vázquez de Coronado había ordenado dirigirse a la parte septentrional del Golfo de California para hallar la flotilla de Alarcón. Díaz siguió el curso del Tizón hasta el desierto, donde pudo cruzarlo en unas balsas. Bajó entonces por su margen derecha, halló los papeles de Alarcón, y se dispuso a explorar la península de California, pero murió de un accidente. Sus hombres decidieron entonces regresar a Sonora y México.

Vázquez Coronado permaneció entre tanto en Cíbola, a donde llegó una representación de indios de un pueblo llamado Cicuye, que distaba 70 leguas más al este. Su jefe tenía bigote, lo que sorprendió a los españoles, que le llamaron desde entonces “Bigotes”; trajo regalos de pieles y turquesas, e invitó a los peninsulares a visitar su tierra. Coronado ordenó al capitán Hernando de Alvarado que tomara 20 hombres y se dirigiera a Cicuye. Tras cinco días de marcha llegaron a Acuco (Acoma), un poblado semejante a los de Cíbola, pero situado en un lugar inaccesible, sobre una enorme roca. Negociaron con sus pobladores y prosiguieron adelante hasta alcanzar la provincia de Tigüez (Bernalillo), 12 ciudades situadas a la orilla de un gran río: el Río Grande del Norte (también Río Bravo del Norte en su parte inferior). Era una región fértil y poblada, situada en el centro de Nuevo México. Los españoles fueron bien recibidos y admirados por haber llegado hasta allí montando unas bestias desconocidas. Hernando de Alvarado consideró que era una región mejor que Cíbola y envió un mensaje a Coronado sugiriéndole trasladarse con todo el ejército para invernar. Después prosiguió hacia su objetivo. Cicuye era una población integrada por casas de cuatro terrazas y rodeada por un muro de piedra (posiblemente Pecos). En dicho lugar encontró un indio de Florida que había recorrido como esclavo, pasando de un pueblo a otro, la otra mitad del territorio norteamericano. Impresionado por lo que contaba decidió llevarlo consigo al regresar a Tigüez, donde encontró ya acampado el ejército de Coronado. El Gobernador habló largamente con el indio de Florida, que le dijo cosas sorprendentes y muchas mentiras. Afirmaba que hacia el este existía un río enorme de al menos dos leguas de ancho y cuyos peces eran tan grandes como un caballo (se refería, sin duda, al Mississippi). Lo navegaban enormes canoas que tenían hasta 20 remeros por cada costado. Cerca del Río, siguió contando, había un lugar llamado Quivira, cuyos habitantes comían en vajillas de oro, adornaban las quillas de sus piraguas con el mismo metal y tenían enseres de oro y plata. Su cacique dormía la siesta bajo un árbol lleno de campillas de oro que sonaban alegremente con el viento. El indio de Florida completaba su relato mítico afirmando que había traído algunos objetos de oro de Quivira, pero se los habían quedado sus amos de Cicuye.

El Gobernador comisionó a Alvarado para que fuera a Cicuye y trajera tales objetos de oro, pero naturalmente no pudo hallarlos. Sus pobladores le dijeron que el esclavo de Florida era un mentiroso y sobrevino un incidente que enemistó a los españoles con la tribu de “Bigotes”. Se sublevaron además los naturales de Tigüez y Coronado tuvo que emplear la violencia para sofocarlos. La toma de Tigüez le costó mes y medio. Se dominaron asimismo otras poblaciones como Chía y Quirex o Querez.

Al llegar la primavera, Coronado decidió ir en busca de Quivira, el 23 de abril de 1541. Pasó por Cicuye y luego por un gran río, que denominó igual que la provincia indígena (el río Cicuye es seguramente el Pecos). Continuó con dirección noreste a través de las inmensas praderas existentes entre las Montañas Rocosas y el río Mississippi. Apenas existía vegetación, ni casi pobladores, salvo unos indios nómadas llamados Querechos, que vivían en unas extrañas tiendas formadas por armazones de madera cubiertas por pieles de bisonte, que montaban y desmontaban con facilidad, ya que eran cazadores. Los españoles vieron entonces por primera vez los bisontes, que llamaron “vacas”; quedaron muy impresionados y enviaron algunas partidas para cazarlos. Los caballos se asustaban, pues en su opinión eran espantosos y repulsivos, llenos de pelos, y algunos cazadores se despistaban al intentar luego regresar al real, dado lo monótono de las inmensas planicies. Vázquez de Coronado se guiaba con la brújula, como si fuera navegando y enviaba destacamentos en distintas direcciones con objeto de obtener noticias de Quivira. Una patrulla, mandada por Rodrigo Maldonado, encontró una banda de querechos que informaron del paso de cuatro españoles por aquellos lugares (Cabeza de Vaca y sus acompañantes). Otra encontró a los indios pintados de Texas, que estaban en guerra con los querechos, quienes dijeron que Quivira estaba a unos 40 días de camino, en dirección norte. Vázquez de Coronado juzgó imprudente continuar hacia dicho objetivo con todo su ejército y le ordenó regresar a Tigüez, para seguir luego adelante sólo con 30 jinetes. Al cabo de un mes llegó a otro gran río, que bautizó como San Pedro y San Pablo (quizá el actual Arkansas). Tras pasarlo, continuó avanzando con dirección noreste durante dos semanas. Allí apareció Quivira. Lo que encontró, según escribió, fue lo siguiente: "Lo que en Quivira hay es una gente muy bestial, sin policía ninguna en las casas, ni en otra cosa, las cuales son de paja, a manera de los ranchos tarascos". Su indignación fue tal que mandó matar al indio de Florida que llevaba por guía. No se sabe donde estuvo realmente Quivira, pero posiblemente fuera cerca del actual Wichitta, en el estado de Kansas, mas allá del río Arkansas. Según el relato que envió al Emperador, había llegado hasta los 40º de latitud norte y estaba a 950 leguas de México. En Quivira oyó hablar de otro gran río cercano (el Missouri), pero consideró imprudente continuar en su búsqueda, ya que se aproximaba el invierno y era conveniente regresar a Tigüez antes de que los ríos crecieran demasiado y fuera imposible pasarlos. Se encontraba además en una tierra muy fría, donde nevaba en invierno. De haber seguido hacia el sureste es muy posible que se hubiera encontrado con la expedición española de Hernando de Soto, que andaba por entonces en el río Mississippi.

Coronado erigió una cruz en Quivira, en señal de posesión del territorio. Descansó durante 25 días y tomó algunas anotaciones del país, que según escribió era mejor que ninguno de los de Europa, especialmente para la cría de ganado, ya que era todo de llanos y ríos, con sólo algunas lomas. Finalmente emprendió el regreso a Tigüez, a donde llegó tras 40 días de penosa marcha por Texas, Oklahoma y Kansas. Allí le esperaba su lugarteniente Arellano, que le informó de otra exploración realizada al norte del Río Grande, en la que los españoles habían alcanzado unas provincias llamadas Yemez y Yuque-Yunque, así como una gran ciudad fortificada de Braba (Taos).

Vázquez de Coronado invernó nuevamente en Tigüez y al llegar la primavera de 1542 preparó otra expedición hacia el noreste, pero sufrió una caída del caballo en un torneo con Pedro Maldonado. Se golpeó en la cabeza y estuvo maltrecho durante semanas. Los españoles hicieron consejo de guerra para tomar una determinación y decidieron finalmente abandonar las exploraciones y regresar a México. En la tierra se quedó el franciscano fray Juan de Padilla, con algunos negros e indios cristianos. El religioso fue muerto a manos de los indios cuando intentó volver a Quivira. En cuanto al ejército de Coronado, emprendió la vuelta a México por un camino mucho más directo, ya que anduvieron sólo 200 leguas, en vez de las 300 que les costó llegar. Los expedicionarios volvieron a México en 1542. El virrey Mendoza le recibió con mucha frialdad por haber desobedecido sus órdenes de colonizar al norte de México. Coronado quedó desilusionado de que no se le reconocieran sus esfuerzos y se retiró a sus posesiones de Nueva Galicia. Residenciado luego por Tello de Sandoval fue condenado a pagar una multa. Falleció en el otoño de 1554.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 05 Jun 2015 00:41

Antonio DE MENDOZA Y PACHECO
Político y administrador colonial español, I virrey de Nueva España (1535-1550) y II virrey del Perú (1551-1552), nacido en Alcalá la Real (Granada) en 1495 y muerto en la Ciudad de los Reyes (Acapulco, México) el 21 de julio de 1552.

Fue el segundo hijo de Íñigo López de Mendoza, marqués de Mondéjar y segundo Conde de Tendilla, y de Francisca Pacheco. A temprana edad se incorporó a la corte de los Reyes Católicos (véase Fernando e Isabel) y fue instruido, entre otros, por el humanista Pedro Mártir de Anglería. A la muerte de su padre en 1512 heredó las encomiendas manchegas de Socuéllamos y Torre de Veguezate. En 1517 acudió a Flandes a rendir pleitesía a Carlos I y formó parte del séquito que le acompañó a España. Entre 1519 y 1521 participó en la Guerra de las Comunidades al lado de las fuerzas leales al monarca; destacó entre sus actos la toma de Huéscar (Granada). Ejerció como embajador ante la corte de Hungría. A principios de 1528 retornó a España y ocupó la presidencia de la Cámara Real. Contrajo matrimonio en Valladolid con Catalina de Vargas y Carvajal, con la que tuvo tres hijos. A instancias de la emperatriz Isabel fue nombrado virrey de Nueva España el 17 de abril de 1535, cargo que también le confería la presidencia de la Real Audiencia. Mantuvo una contienda de competencia con el capitán general Hernán Cortés, quien al final tuvo que subordinarse a su mandato. Después de tomar posesión de su cargo el 14 de noviembre, su primer acto fue enviar preso a Castilla al anterior gobernante interino, Nuño Beltrán de Guzmán, bajo la acusación de corrupción y maltrato a los naturales. Poco después, hizo abortar la conspiración de los esclavos negros en septiembre de 1537. Tras lograr la pacificación del virreinato, introdujo la imprenta (en 1539 se publicó el primer libro americano, la Breve y compendiosa Doctrina Christiana en lengua mexicana y castellana de Juan de Zumárraga). Con el fin de fomentar la educación mandó edificar los colegios de Santa Cruz de Tlatelolco, para los hijos de la nobleza, de San Juan de Letrán, para los indios y mestizos, y de La Concepción, para mujeres. También alentó la explotación de nuevas minas y formalizó la acuñación de las primeras monedas del virreinato. El 20 de noviembre de 1540 fue firmada la capitulación entre el virrey Antonio de Mendoza y el gobernador de Guatemala Pedro de Alvarado, para explorar los territorios en la llamada “Tierra de la especería”. Por muerte al año siguiente de Alvarado en la campaña del Mixtón, la expedición fue efectuada por Juan Rodríguez Cabrillo-Ferrelo. Otra expedición importante fue la que se envió a las Molucas, en el archipiélago filipino, al mando de Ruy López de Villalobos, quien tuvo que regresar por el occidente al ser atacado por los portugueses. El ejército del virrey aplastó la sublevación de los indios caxcanes y chichimecas en la región de Nueva Galicia (Guadalajara) en septiembre de 1541; poco después se fundó en el valle de Guayangareo la población de Valladolid (hoy Morelia). Durante los quince años de su mandato en Nueva España, las leyes administrativas que impartió le convirtieron en el supremo organizador del virreinato novohispano. Acató la promulgación de las Leyes Nuevas el 24 de marzo de 1543, pero al poco tiempo las suspendió hasta que la Corona decidiera acerca de la protesta en contra de las mismas por parte del Cabildo de México. A diferencia de en Perú, el virrey atendió prudentemente los reclamos de los conquistadores y encomenderos en contra de las Leyes Nuevas, lo que evitó que estallaran revueltas. Las Leyes Nuevas finalmente fueron derogadas por este virrey el 20 de octubre de 1545. En 1546 el visitador Francisco Tello de Sandoval elevó a la corona 46 cargos en su contra y, simultáneamente, fray Bartolomé de las Casas lo excomulgaba por apoyar a los encomenderos. Sin embargo, en 1548 el Consejo de Indias lo declaró libre de todos los cargos. Su formación humanista le condujo a escribir De las cosas naturales y maravillosas de Nueva España. El 26 de septiembre de 1550 el rey lo nombró virrey del Perú. Antes de partir dejó una relación de gobierno a su sucesor, Luis de Velasco. Asumió su cargo en Lima en ceremonia solemne pero sin entrar bajo palio el 12 de septiembre de 1551. Debido a su avanzada edad delegó en su hijo Francisco de Mendoza la visita de los territorios de Charcas con indicación de que debía prestarse especial atención a las condiciones de trabajo de los indios en el cerro rico de Potosí. El informe de Francisco de Mendoza, acompañado de los primeros dibujos y planos del centro minero, fueron remitidos a España y depositados presumiblemente en el Consejo de Indias hasta su pérdida. Durante su breve mandato tuvo que enfrentar el alzamiento de los conquistadores Francisco de Miranda, Alonso de Barrionuevo y Alonso de Hernández Melgarejo en el Cuzco en noviembre de 1551. También en Lima y Charcas estallaron los levantamientos liderados, respectivamente, por Pedro Alonso de Hinojosa y Sebastián de Castilla. A este virrey le correspondió expedir el primer código de procedimientos judiciales. Alentó al conquistador Juan Díez de Betanzos a que culminara su crónica Suma y Narración de los Incas. Bajo su administración se creó el Obispado de la Plata, en Chuquisaca y se recibieron las dos cédulas de 12 de mayo y de 21 de septiembre de 1551 que autorizaban la fundación de la Universidad de San Marcos en el convento de Santo Domingo de Lima. Concedió licencia a Baltazar Zárate para introducir camellos en el Perú como medio de transporte, pero la empresa fracasó. Por último, dictó una serie de normativas con el fin de reglamentar el uso de los bienes comunales de los indios, conformar una compañía de alabarderos para servir como escolta virreinal y obligar a los encomenderos a casarse.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 05 Jun 2015 00:44

Fernando DE TOLEDO Y PIMENTEL III Duque de Alba

Noble español nacido en Piedrahita (Ávila) el 29 de octubre de 1507 y muerto en Lisboa el 11 de diciembre de 1582.

Síntesis biográfica

Fue un importante general, consejero y administrador del emperador Carlos V y del rey Felipe II de España. Recibió su bautismo de fuego en Fuenterrabía contra los franceses, muy joven, en 1524. En 1531 acudió a defender Viena contra los turcos. Su participación en la toma de Túnez en 1535 y sus servicios como consejero se ganaron el favor del emperador, que le fue confiando progresivamente puestos de mayor importancia. Encargado de la defensa de la frontera española, en 1542 hizo retroceder a los franceses en el Rosellón. Más tarde luchó junto a Carlos V contra los protestantes alemanes, siendo uno de los principales artífices de la gran victoria de Mühlberg en 1547, que deshizo la Liga de Esmalkalda. En los años siguientes, mayordomo mayor y ya cabeza de uno de los principales partidos de la Corte, sirvió como consejero del príncipe Felipe (desde 1554 en Inglaterra).

Por intrigas fue enviado en 1555 a Italia como virrey de Nápoles y capitán general de Milán. Defendió con éxito estos territorios contra los franceses y el papa Paulo IV y tomó parte en 1559 en la firma de la paz de Cáteau-Cambresis. En la cima de su carrera como militar, quedó relegado en la corte tras su máximo rival Ruy Gómez de Silva. Recuperada la preponderancia, en 1567 fue enviado como capitán general y luego gobernador a los Países Bajos con el objetivo de devolver el orden a la provincia. Sin embargo, se comportó con escaso tacto (Tribunal de Tumultos, ejecuciones, poca tolerancia con el protestantismo, centralización y nuevo sistema de impuestos). Rechazó en 1568 a Guillermo de Orange, pero no pudo impedir en 1572 el estallido de una grave sublevación. Reemplazado en 1573, cayó en desgracia en 1579 y estuvo un año confinado, pero en 1580 fue liberado y se le encomendó el mando del ejército que debía asegurar a Felipe II el trono portugués. Alba cumplió ejemplarmente y entró en Lisboa en agosto, ciudad en la que moriría dos años después.

Los Álvarez de Toledo y la educación de Fernando

Era hijo de García Álvarez de Toledo (nieto por tanto de Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba) y de Beatriz de Pimentel, que le llamaron Fernando en honor de Fernando el Católico, entonces rey de Aragón y regente de Castilla. Tuvo dos hermanas mayores que él, Catalina y María, y un hermano menor, Bernardino. Pertenecía, por tanto, a una de las grandes familias aristócratas españolas, con amplios dominios en torno a la sierra de Gredos; el título más importante que los Álvarez de Toledo poseían, el de duque de Alba, provenía de uno de esos lugares, Alba de Tormes (Salamanca). El joven Fernando quedó huérfano de padre muy pronto, al morir García Álvarez de Toledo en 1510, en el desembarco del conde Pedro Navarro en la isla de los Gelbes (isla Djerba, Túnez), víctima de una emboscada musulmana en un oasis.

Su abuelo Fadrique, veterano soldado, se preocupó de darle una esmerada educación, tanto en lo militar como en lo tocante a las letras. Fernando tuvo como primer preceptor a un monje benedictino de Mesina, Bernardo Gentile, y desde 1521 a un dominico de Piacenza llamado Severo; su abuelo había tratado de contratar al humanista Luis Vives, pero no pudo obtener sus servicios. Severo le enseñó latín en los autores clásicos, al tiempo que le daba a conocer el erasmismo. Desde 1520 fue ayo suyo el poeta Juan Boscán, que además de infundirle gusto por la literatura le acompañaría como amigo hasta que murió en 1542. De la instrucción militar y otras cuestiones prácticas, como la dirección del patrimonio de los Alba, se encargó el propio Fadrique, llevándole consigo a sus campañas guerreras y a los frecuentes recorridos que hacía por sus dominios.

Fernando dio muestras tempranas de vocación castrense: en 1524, a la edad de diecisiete años, se escapó de casa para ponerse a las órdenes de Iñigo de Velasco, condestable de Castilla, y participar así en el asedio de Fuenterrabía, ocupada por los franceses. Muy maduro para su edad, se comportó valerosamente y, una vez tomada la plaza, recibió temporalmente el gobierno de la misma. El 27 de abril de 1529 casó con María Enríquez de Toledo, hija de Diego Enríquez de Guzmán, III conde de Alba de Liste y de Aldonza Leonor Álvarez de Toledo. Con ella tendría a García (1530-1548), Beatriz (1534), Fadrique (1537-1585, IV duque de Alba), y Diego (1542-1583). De una amante anterior a su boda, María, nació Hernando Álvarez (1528). Curiosamente, salvo en lo militar, no dio a sus hijos una educación tan cuidada como la que él había recibido: sólo Fadrique y Hernando tendrían cierta importancia como soldados. Poco más se sabe de la vida de Fernando Álvarez de Toledo en estos años hasta la muerte de su abuelo en septiembre de 1531.

Un nuevo general imperial: de la liberación de Viena a la conquista de Túnez

Con veinticuatro años Fernando heredó los títulos familiares (duque de Alba y Huéscar, marqués de Coria y conde de Salvatierra), posesiones y rentas. Al año siguiente acudió al llamamiento de Carlos V para luchar contra los turcos, que habían puesto sitio a Viena. Acompañado del poeta y militar Garcilaso de la Vega, amigo suyo, se reunió con el emperador hasta marzo, en Ratisbona. No llegó a entrar en combate: cuando en septiembre todo estuvo listo el sultán turco Solimán I, viendo difícil sostener el asedio ante el invierno que se avecinaba, se retiró con sus ejércitos. El duque, que mandaba un escuadrón de caballería croata, se mostró partidario de perseguirlos y atacar su retaguardia; no fue escuchado, pero al menos se había dado a conocer al emperador, y cuando éste se trasladó al poco a Italia para entrevistarse con el papa Clemente VII recibió el mando de la retaguardia.

Estuvo en Bolonia durante las negociaciones, hasta febrero de 1533, volviendo con Carlos V a España. Por entonces se habían intensificado los ataques de los piratas berberiscos de Khair Ben Eddyn, Barbarroja, a las costas mediterráneas españolas y napolitanas y el emperador preparó una expedición de castigo. Alba obtuvo la capitanía de un cuerpo de caballería pesada, cargo no muy relevante en una operación naval pero prestigioso; le acompañaban su hermano Bernardino y su hijo mayor, García, que contaba con cinco años de edad. Sus fuerzas apenas participaron en la toma del fuerte de La Goleta, en la entrada del puerto tunecino, y en el asalto a Túnez tuvo que permanecer en retaguardia, con una fugaz intervención. Rendida la plaza en julio de 1535, recuperó la armadura de su padre, que se guardaba allí tras su derrota y muerte. Después pasó nuevamente a Italia con el emperador. Los meses finales de 1535 y los iniciales de 1536 estuvo en Nápoles, y luego en Roma. En todo este tiempo, además de crear una verdadera red de clientelismo en Italia, apoyada en familiares con cargos importantes, estrechó su relación con Carlos V, de ideas afines, contándose pronto entre sus consejeros.

El duque de Alba y la guerra contra Francia

A punto de estallar la guerra contra Francia, se opuso a comenzar la campaña sitiando Marsella, puerto muy bien defendido y cuyo asedio daría tiempo a reorganizarse al debilitado ejército francés. Desoído su consejo de atacar Lyon, los hechos le darían la razón: hubo que retirarse al poco de llegar a Marsella. El propio Alba recogió los suministros que trajo por mar el genovés Andrea Doria y aseguró la retirada del emperador. No pudo impedir, sin embargo, la muerte de su amigo Garcilaso en una acción menor. En tanto se negociaba una tregua con Francia estuvo todo el año de 1537 en España; en julio murió su madre. En la primavera de 1538 formó parte del séquito imperial que asistió a la firma de un tratado de paz temporal con los franceses en Niza.

Libre en Europa, el emperador convocó Cortes en Toledo para solicitar la financiación de una nueva expedición contra Argel. Las Cortes la denegaron, pero de momento la cuestión fue aplazada por la sublevación de Gante, la ciudad natal del emperador. El duque asistió en 1539 a su represión, después estuvo probablemente en Ratisbona, y en fecha incierta regresó a España. En septiembre de 1541 estaba en Cartagena organizando los suministros de la armada española que al fin iba a atacar Argel; no sin dificultades de avituallamiento y de navegación logró unirse a las fuerzas de Carlos V, que habían llegado antes. Las tropas que transportaba pudieron desembarcar sólo en parte antes de que un fuerte viento del norte encallase o destruyese un gran número de buques. No volvió a realizarse un nuevo intento de conquista por el momento, pues otra vez amenazaba Francia.

Se encomendó al duque de Alba la protección de la frontera española: organizó la defensa de Navarra y fortificó Perpiñán, capital del Rosellón, sobre la que parecía inminente el ataque francés. En agosto de 1542 el Delfín Enrique (Enrique II en 1547) sitió la ciudad con fuerzas superiores. Alba había tomado previamente la precaución de retirarse a Gerona dejando Perpiñán bien guarnecida: su fortaleza y la amenazante presencia de Alba detrás de sus líneas obligaron al Delfín a retirarse. En 1543, cuando el emperador partió hacia los Países Bajos para hacerse cargo de la defensa de la provincia, dejó a su hijo el príncipe Felipe (Felipe II) como regente y al duque como capitán general de las fuerzas peninsulares. Alba organizó el mismo año la boda del príncipe con María Manuela de Portugal, en la que actuó como padrino. En 1544 se firmó la paz de Créspy entre españoles y franceses, por la que se acordaba la boda de Carlos, duque de Orléans (uno de los hijos del rey Francisco I) con María, hija de Carlos V, o con la sobrina de éste la archiduquesa Ana de Hungría. Los Países Bajos o Milán serían la dote. El duque recomendó ceder los Países Bajos, pero aunque el emperador se inclinaba por Milán no se llegó a entregar ni uno ni otro, pues en septiembre de 1545 moriría el duque de Orléans.

De la victoria de Mühlberg a consejero del príncipe Felipe

En enero de 1546 marchó a Utrecht, donde fue recompensado con el ingreso en la Orden del Toisón de Oro; en abril se encontraba una vez más en Ratisbona, donde el emperador había decidido acabar con la protestante Liga de Esmalkalda (constituida en 1531). En tanto llegaban los refuerzos, Carlos V y el duque de Alba abandonaron Ratisbona y se refugiaron en Landshut, algo más al sur. Cuando todo el ejército imperial (unos 40.000 hombres) estuvo formado completamente en Ingolstadt, salieron al encuentro del enemigo. Los protestantes, para evitar un choque directo, se retiraron a principios de septiembre. El ejército imperial recuperó varias plazas de las dos márgenes del Danubio, evitando Alba encontrarse otra vez con el rival a la espera de su disolución. Ello ocurrió en noviembre, tras lo cual muchos príncipes y ciudades luteranas hicieron acto de sumisión. No así los principales cabecillas, el duque de Sajonia Juan Federico y el landgrave de Hesse Federico. El primero continuó combatiendo exitosamente hasta que Carlos V y Alba se dirigieron hacia el Elba: la noche del 23 de abril de 1547 cruzaron el río a la altura de Mühlberg, sorprendiendo totalmente al desguarnecido Mauricio. Muchos de sus hombres murieron y él mismo fue hecho prisionero, siendo entregado para su custodia al duque de Alba. Capturado Felipe de Hesse poco después, las Capitulaciones de Wittemberg (mayo) sometieron por el momento a los luteranos.

Unos meses más tarde, en enero de 1548, el duque de Alba se trasladó a España en funciones de mayordomo mayor de la corte, con la misión de introducir el ceremonial borgoñón y preparar la venida del regente Maximiliano (sobrino del emperador). Luego acompañó al príncipe Felipe a los Países Bajos; durante el camino el duque recibió la noticia de la muerte de su primogénito, García, con sólo dieciocho años. La estancia en aquella provincia le permitió establecer importantes lazos con Felipe, convirtiéndose pronto en uno de los principales personajes de la casa del príncipe. No obstante, encontraría un poderoso rival en el partido del portugués Ruy Gómez de Silva, amigo personal de Felipe y copero mayor, especialmente tras el matrimonio de éste con Ana de Mendoza (1552). Ambas facciones dominarían la vida política española durante las tres décadas siguientes. Entre los partidarios de Alba se encontraban, además de sus numerosos familiares, funcionarios como Gonzalo Pérez, secretario real. De momento, en 1550 el duque se trasladó a Augsburgo con el príncipe, para volver a España con él en mayo de 1551.

Pronto retornó a Alemania en el verano de 1552, donde se había formado una nueva coalición de príncipes protestantes (entre ellos el traidor Mauricio de Sajonia) que habían cercado al emperador en Austria. Con 7.000 soldados marchó apresuradamente en su auxilio; habiéndose retirado los protestantes, por orden del emperador puso sitio en octubre a Metz, que había sido ocupada sorpresivamente por Enrique II de Francia. No tuvo éxito por la llegada del invierno, pero no por ello perdió la confianza imperial. Permaneció junto a Carlos V en Bruselas hasta el verano de 1553; con permiso del príncipe Felipe pasó el invierno en Alba de Tormes. En febrero de 1554 recibió un nuevo e importante encargo: acompañar a Felipe en su viaje a Inglaterra, donde iba a contraer un segundo matrimonio con la reina inglesa María I Tudor. Su función era, como en 1543, organizar los preparativos nupciales, y además procurar evitar todo problema del séquito español con los ingleses, los cuales no veían con buenos ojos el matrimonio. Gracias a su labor hubo pocos incidentes, convirtiéndose en el principal portavoz de Felipe en su consejo (Privy Council) y en el parlamento inglés.

Virrey de Felipe II en Nápoles y Milán

Esta preponderancia alarmó a Ruy Gómez de Silva, que mediante intrigas logró el nombramiento del duque como virrey de Nápoles y Capitán General de Milán, región ésta muy amenazada por los franceses con fuerzas superiores. En 1555 Alba reforzó las fortificaciones y expulsó a pequeñas guarniciones francesas, aunque no pudo evitar la pérdida de Volpiano (Piamonte). El invierno evitaría males mayores y obligaría a firmar una tregua en Cambrai; la desventaja en que se encontró durante los combates le hizo comportarse con crueldad con los prisioneros que capturó. En enero de 1556, coincidiendo con la abdicación de Carlos V y la entronización de Felipe II, se trasladó a Nápoles, donde se encontró con una difícil situación pues su lugarteniente Bernardino de Mendoza no había podido con los complejos problemas napolitanos (hambre, bandidaje...).

Más grave aún que éstos fueron sus tensiones con el papa Paulo IV, al que desagradaba la presencia imperial en Italia. El pontífice armó tropas y fortificó la frontera con Nápoles, por lo que el duque de Alba atacó varias plazas estratégicas en los límites de los Estados Pontificios: no quería atacar directamente Roma, sino alcanzar rápidamente la paz. Una breve intervención de Francisco de Lorena, duque de Guisa, terminó con la derrota de éste en Giulianova (en la costa adriática) y con la retirada total tras conocerse el desastre francés de San Quintín (agosto de 1557). Hasta septiembre, incluso con Alba en las proximidades de Roma, el papa se resistió a firmar el armisticio. En enero de 1558 Alba fue recibido triunfalmente por Felipe II en Bruselas. Luego participó en los trabajos de redacción del duradero tratado de paz con Francia, el de Cáteau-Cambresis (29 de marzo de 1559). Trasladado a París para verificar el cumplimiento de los acuerdos, el 21 de junio representó a Felipe II en su tercer matrimonio con Isabel de Valois, hija de Enrique II.

En agosto regresó a España, donde se encontró con la sorpresa de no ser incluido entre los consejeros más cercanos al rey. Alba, que no aceptó esto de buen grado, no pudo evitar que durante dos o tres años su influencia en la corte disminuyese considerablemente. Se retiró a sus propiedades, sólo interviniendo en asuntos de estado por carta. Su suerte comenzó a cambiar a finales de 1563, cuando su protegido el cardenal Antonio Perrenot de Granvela fue destituido como consejero de Margarita de Parma, regente de los Países Bajos, por culpabilizársele de la desorganización, autonomismo de los nobles y extensión del protestantismo. Sus sustitutos, apoyados por Gómez de Silva (ya príncipe de Éboli), gobernaron aún peor, de modo que Felipe II volvió a acordarse del duque de Alba para restablecer la autoridad real. A partir de 1565 su poder en la corte sobrepasó al del príncipe de Éboli, incluso cuando el año siguiente Antonio Pérez, del partido ebolista, sustituyó a su fallecido padre como Secretario del Consejo real.

Alba, capitán general y gobernador de los Países Bajos

Después de representar a Felipe II en las deliberaciones de Bayona entre la reina Isabel y su madre Catalina de Médicis, regente francesa, trató de convencer a Felipe II de negar toda concesión al localismo flamenco o al protestantismo neerlandés. Su postura se impuso después de que los principales nobles flamencos presentaran a Margarita de Parma un escrito de protesta y de petición de tolerancia religiosa (Compromise), seguido de diversos desórdenes. En octubre de 1566 Alba recibió la orden de marchar a la tumultuosa región, en principio precediendo el viaje del mismo Felipe II. Partió en abril con 10.000 soldados, viajando por mar hasta Italia y luego por tierra cruzando el Piamonte, Saboya, el Franco Condado, Lorena y Luxemburgo, evitando Francia y las protestantes Suiza y Renania (este fue el origen del “Camino español” usado hasta el s. XVII por las tropas hispanas para ir del norte al sur de Europa o viceversa).

Su llegada con un ejército provocó gran inquietud, confirmada cuando en septiembre arrestó entre otros a Lamoral, conde de Egmont, y a Felipe de Montmorency, conde de Horn, dos de los más importantes nobles flamencos junto con Guillermo de Orange, previamente refugiado en Alemania. Poco después dimitió Margarita de Parma, quedando Alba como capitán general y gobernador civil. Al creer inminente la llegada del rey no creó un sistema definido de gobierno, lo cual causaría numerosos problemas administrativos. Para él su misión se limitaba a devolver el orden a la provincia restableciendo la autoridad real y asegurando la unidad religiosa. Levantó así una serie de fortalezas para acuartelar tropas españolas y creó en octubre un tribunal especial en el que tenía la última decisión, que llamó Tribunal de los Tumultos, conocido popularmente como Tribunal de la Sangre por sus juicios sumarios y condenas a muerte (entre ellas las de todos los firmantes del Compromise de 1566). Las ejecuciones totales de este periodo serían algo más de mil, confiscándose a los condenados sus propiedades. Esta represión no apaciguó los ánimos, sino que creó sensación de terror y deseo de resistencia.

Entre tanto, Guillermo de Orange juntaba en Alemania un ejército con el apoyo de los calvinistas holandeses y franceses, mientras otros exiliados formaban los Mendigos del Mar ('gueux de la mer') y una considerable flota. Los primeros movimientos rebeldes fueron rápidamente neutralizados (abril de 1568), siendo derrotado y capturado en la región de Maastricht Jean de Montigny, señor de Villiers. En junio decapitó a Egmont y Horn, y luego partió hacia Groningen, en el norte, para combatir al hermano de Guillermo, Luis de Nassau, derrotándolo en julio. Luego fue el turno del propio Guillermo de Orange, que entró en septiembre en los Países Bajos; Alba evitó el combate hasta que su rival comenzó a perder orden, y entonces lo atacó no lejos de Bruselas el 16 de octubre. Guillermo tuvo que volverse a Alemania con su ejército deshecho. Alba, a su regreso a Bruselas, se enteró de que Felipe II había renunciado a ir a los Países Bajos por diversos problemas (muerte de su entonces único hijo Carlos y de su esposa, e inicio de la sublevación morisca de las Alpujarras), por lo que solicitó su sustitución, no aceptada.

En los años siguientes aplicó diversas reformas en los Países Bajos, además de misiones concretas como la de asegurar el traslado a España de la cuarta esposa de Felipe II, Ana de Austria (hija del emperador Maximiliano II). Promovió la redacción de un código legal único que dio como resultado la Ordenanza del Derecho Penal de 1570, abolido tras su marcha. Reorganizó la administración eclesiástica según las disposiciones de la bula Super Universalis de 1559, creando una estructura duradera. Paralela a ésta fue su búsqueda de libros heréticos, que también culminó con éxito. Por último, más problemática fue la introducción de un sistema fiscal más justo: a pesar de sus plenos poderes sobre la cuestión no pudo enderezar la desastrosa situación. Su propuesta de imponer un impuesto del 10 % sobre el comercio y del 5 % sobre la venta de bienes raíces encontró gran resistencia entre los consejeros flamencos. Alba finalmente hizo aprobar en 1571 una tasa más reducida que nunca llegaría a ser aplicada por su marcha a España no mucho después.

Se opuso a la invasión de Inglaterra, desestimada cuando la reina Isabel I expulsó de sus puertos a los Mendigos del Mar. Cuando su cabecilla Lumey de la Marck tomó en abril de 1572 una pequeña ciudad de los Países Bajos, las regiones del norte aprovecharon la ocasión para manifestarse partidarias de Guillermo de Orange. El duque preparó con calma su respuesta: reclutó hombres, reunió medios y se aseguró la neutralidad francesa. Al poco su hijo Fadrique venció en Mons (Hainaut) a una partida de hugonotes franceses. Desaparecida por fin la posibilidad de intervención de Carlos IX de Francia por la matanza de los hugonotes en la noche de San Bartolomé, pudo enfrentarse sin temor a Guillermo de Orange, que había entrado en Brabante. Una vez más se impuso el genio militar de Alba, debiendo retirarse su rival con graves pérdidas sin haber sido capaz de auxiliar a la sitiada Mons. Al rendirse ésta el 21 de septiembre, su hermano Luis de Nassau fue hecho prisionero.

Aún faltaba someter a las plazas septentrionales rebeldes, para lo cual Alba decidió dar un castigo ejemplar a alguna de ellas para infundir respeto a las demás. Malinas y Zutphen fueron sometidas a pillaje y varias ciudades se rindieron al poco sin combatir. Pero cuando el hijo del duque, Fadrique, aplicó la misma política en Naarden, los holandeses creyeron que ello había ocurrido a pesar de haberse rendido sin luchar. Esta acción intensificó aún más la resistencia protestante a los ejércitos de Alba. En marzo de 1573 llegó a un acuerdo con Isabel I para que negase definitivamente toda ayuda a los rebeldes, pero entre tanto el sitio de la vital plaza de Haarlem se prolongaba; el ataque por mar la rindió al fin en julio, tras varios meses de asedio. Era ya tarde para Alba, pues en enero de ese año Luis de Requesens había sido nombrado su sustituto para alegría de los flamencos, que no gustaban del autoritarismo del duque. Requesens no llegó a Bruselas hasta noviembre, regresando contento Alba a España en diciembre. Quedaba incierta la situación de los Países Bajos.

Caída en desgracia y rehabilitación: la conquista de Portugal

Llegó a Barcelona en marzo, para encontrarse con que, muerto Ruy Gómez de Silva poco antes, su puesto en la corte lo había ocupado Antonio Pérez, igualmente enconado enemigo suyo. Permaneció en el Consejo de Estado pero con influencia reducida. Sus enemigos trabajaron el cansancio que sus opiniones causaban en el rey: así, en 1576, como modo de atacarle personalmente, su hijo Fadrique fue recluido en el castillo de Tordesillas en parte por considerársele culpable de la situación militar en los Paíes Bajos, en parte porque aún se recordaba que hubiese pretendido casarse en 1568 con una dama de la corte, Magdalena de Guzmán, sin permiso real. En julio de 1578 esta dama, instigada por Ana de Mendoza, princesa viuda de Éboli, pidió al rey que la sacase del convento en donde estaba desde entonces y se le permitiera desposar a Fadrique. El duque de Alba, alarmado por la posibilidad de un matrimonio desfavorable a los intereses de su dinastía, buscó una esposa de su conveniencia, su sobrina María de Toledo. El matrimonio se celebró en secreto en octubre en Madrid, sin haber pedido a Felipe II su aprobación. El rey se disgustó por este motivo con el duque de Alba y decretó su encierro en enero de 1579; caído en desgracia, fue conducido al pueblo de Uceda (Guadalajara).

Aún tenía amigos, y era considerado en España como un héroe nacional, por lo que en junio las Cortes solicitaron su perdón. No sería liberado hasta febrero de 1580: viéndose cercana la muerte del rey de Portugal, Enrique I el Cardenal, el monarca español era el legítimo heredero de esa corona como hijo de Isabel de Portugal, pero había rivales y era necesario asegurar el trono por la fuerza. Se pidió insistentemente al rey que fuese Alba el comandante del ejército de ocupación. A disgusto, el rey reconoció la razón de estas peticiones y, sin devolverle su favor, envió al duque a Badajoz (al que acompañaba su hijo Hernando de Toledo), donde se estaban llevando a cabo los preparativos militares. Su cometido era derrotar a Antonio, prior de Crato, el principal rival de Felipe II, pero sin enemistarse con la población. Reunidos hasta 40.000 hombres y asegurado sus suministros de modo que no tuvieran que recurrir al saqueo en Portugal, entró en el Alentejo a mediados de junio, sin encontrar resistencia alguna.

Sus mayores preocupaciones de esta peculiar campaña fueron el intenso calor veraniego y una amenazante epidemia de gripe. En Setúbal, en la costa, debía encontrarse con la flota de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz. No obstante, cuando a mediados de julio avistó la ciudad, Santa Cruz aún no había llegado, y en un primer momento los habitantes de la ciudad parecieron incluso dispuestos a luchar. Logrado su control, al arribar por fin la flota embarcó a sus hombres en ella y desembarcó en Cascais, no lejos de Lisboa; vencida la resistencia del general portugués Diego de Meneses (que fue ahorcado), no pudo evitar que sus inexpertas tropas saqueasen la ciudad. En agosto sitió Lisboa por tierra, en tanto Santa Cruz lo hacía por mar. A pesar de la dura resistencia del prior de Crato las defensas portuguesas fueron rápidamente sobrepasadas. En tanto llegaba el rey en persona a tomar posesión del reino, Alba quedó como administrador; Felipe II entró en Lisboa en la primavera de 1581, manteniendo entonces a su lado a Alba como consejero. En otoño del año siguiente, 1582, enfermó y tras unos meses de progresivo debilitamiento murió en diciembre, a la edad de 75 años.

Retratado por Antonio Moro en 1549 y por Alonso Sánchez Coello en 1567, el duque de Alba era alto, delgado, de piel cetrina, fogoso interiormente pero de perfecto control sobre sí mismo gracias a su férrea voluntad, lo que hacía temibles sus escasas pero intensas explosiones de ira. Presentaba una actitud de gravedad tal que transmitía melancolía. Por lo general amable en el trato, aunque distante, a veces pronunciaba frases de extremada ironía. Era un hombre ilustrado (hablaba latín, francés, italiano y aceptablemente el alemán), pero no se trataba en absoluto de un intelectual, sino de un hombre de acción. En efecto, excelente estratega de gran astucia, era más militar que político o diplomático. De gran religiosidad (tuvo como confesores a Alonso de Contreras y, en los últimos años de su vida, a fray Luis de Granada) y austeridad de costumbres, apreciaba el valor y la constancia, soliendo castigar severamente la indisciplina. Su actuación en los Países Bajos le ha dado fama de cruel, alimentando uno de los capítulos de la “leyenda negra” española. Sin embargo, ha sido mejor considerado en España: habiendo permanecido prácticamente imbatido toda su vida, ha sido llamado a veces “Gran duque de Alba”.

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Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 00:48

Fernando MAGALLANES


Magallanes.

Navegante y explorador portugués nacido en Sabrosa (Oporto) en 1480 y fallecido en Mactán (Filipinas) el 27 de abril de 1521. Fue el descubridor del estrecho bautizado con su nombre, así como de numerosas islas en el Pacífico entre las que destacan las Filipinas. Su vida sintetiza el predominio de los reinos ibéricos, Portugal y España, en asuntos náuticos sobre el resto de Europa en el siglo XVI.

Portugal, la formación

Nació en el seno de una familia de la pequeña nobleza portuguesa; inició su educación en la corte de Lisboa, donde recibió una completa formación humanística, pero también científica, en especial geografía y náutica. En 1505 participó como empleado civil contratado en el viaje que el Virrey Francisco de Almeida organizó hacia las costas de África y la India. Fue en este viaje en el que obtuvo los primeros informes acerca de las islas Molucas, conocidas en la época como las islas de las especias o de las Especierías, por ser ése el principal producto que se buscaba y obtenía de ellas. En 1513 regresó a Portugal. En este momento su actividad se centró en las campañas norteafricanas en las que estaba envuelto el rey de Portugal y que culminaron en 1515 con la captura y organización del presidio de Ceuta. Así, participó en la expedición contra el jeque Zelam en Marruecos, con ocasión de la cual fue herido en la rodilla. En su retorno a Portugal, cayó en desgracia en la corte del monarca Manuel el Afortunado y se vio obligado a abandonar su país.

España, la vuelta al mundo

Magallanes llegó a Sevilla desde Portugal en 1517. Con él también iba el cosmógrafo Rui Faleiro. Ofreció al rey de España Carlos I, recién llegado a su nuevo dominio hispano, los proyectos para explorar oriente que el rey portugués había rechazado con anterioridad. El joven monarca le encargó resolver el problema concerniente a los límites entre las posesiones ultramarinas de España y Portugal. Convencido como estaba Magallanes de que las Molucas estaban situadas dentro de la demarcación española que había fijado el Tratado de Tordesillas, firmado en 1494 tras el descubrimiento de América, proponía llegar a las islas de las Especias por una ruta occidental, de jurisdicción española según el mencionado tratado, a través de un paso o estrecho por los nuevos territorios americanos, evitando de esta forma entrar en los dominios portugueses. El regreso tendría lugar por la misma ruta, por lo que contra lo que se afirma con frecuencia, Magallanes nunca concibió un viaje de circunnavegación. El proyecto fue aprobado y se firmó una capitulación el día 22 de marzo de 1518 en Valladolid. En este documento se nombró a Magallanes capitán general de la Armada y gobernador de todas las tierras que encontrara.

Elcano y la vuelta al mundo

El 20 de septiembre de 1519 Magallanes salió del puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda al mando de cinco barcos: Trinidad, nave capitana; Concepción, que tenía como contramaestre a Juan Sebastián Elcano; San Antonio; Santiago y Victoria. La expedición estaba compuesta por 270 hombres y el objetivo era descubrir un paso occidental, es decir, por América, a las Molucas. En la misma expedición se encontraba Antonio Pigafetta, quien fue cronista del viaje. Como Colón en su primer viaje, hicieron escala en las islas Canarias para aprovisionarse y enfilaron después rumbo al suroeste. La expedición a la costa de la bahía de Guambara, actual Río de Janeiro, prosiguió viaje y llegó al estuario del Río de la Plata. La anchura del mismo hizo albergar esperanzas de que se tratase del ansiado paso buscado, pero no fue así y, tras comprobar que era la desembocadura de un río, volvieron a poner rumbo hacia el sur.

El 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, donde, obligados por el invierno austral, permanecieron cerca de cinco meses. En esta escala, Magallanes hubo de hacer frente a un motín, que finalmente sofocó, además de perder dos de las naves. Una fue la Santiago, a la que envió en labores de exploración. La otra fue la San Antonio, cuya tripulación desertó. Tras la pausa invernal e iniciada nuevamente la navegación, el 21 de octubre entraron en el deseado estrecho, al que Magallanes llamó de Todos los Santos, y salieron al océano Pacífico el 28 de noviembre. Finalmente se había descubierto el estrecho, más tarde conocido como estrecho de Magallanes, entre el Atlántico y el Pacífico, océano este último en el que Magallanes se adentró y que fue atravesado por vez primera por parte de un europeo.

El océano Pacífico

Este océano había sido descubierto unos años antes por Balboa a la altura del istmo de Panamá y eran pocas las noticias que se tenían del mismo. Los tres barcos costearon hacia el norte por la costa chilena hasta que, cerca de los 32º de latitud Sur, pusieron rumbo nuevamente hacia el Oeste y penetraron en alta mar. En los siguientes tres meses navegaron sin provisiones frescas ni agua, lo que hizo aparecer la terrible enfermedad de los marineros, el escorbuto. En su travesía, la expedición de Magallanes llegó en 1521 a las islas de los Ladrones, conocidas más tarde como el archipiélago de las Marianas; era el día 24 de enero cuando por fin pudieron aprovisionarse de alimentos frescos y agua potable.

Posteriormente, el 16 de marzo alcanzaron las islas Visayas, a las que llamaron de San Lázaro. Estas islas estaban situadas en el centro del archipiélago de las que más tarde serían conocidas como islas Filipinas. En una de las islas del archipiélago, la isla de Cebú, Magallanes estableció el primer tratado español en la misma. Sin embargo, el descubridor del estrecho falleció en un combate en la isla de Mactán el 27 de abril de 1521, en el transcurso de un enfrentamiento con los indígenas liderados por el cacique local. Para más información véase Filipinas: Historia (Prehistoria-siglo XIX).

Nuevos problemas determinaron que Juan López de Carvalho fuera nombrado general de la Armada al mando de la “Trinidad”, mientras que Gonzalo Gómez de Espinosa capitaneaba la “Victoria” y Elcano la “Concepción”. Al regresar a Mindanao, López de Carvalho fue destituido, y en Bohol decidieron quemar la “Concepción”, que hacía mucha agua. Quedaron así solo dos naves; la “Trinidad”, mandada por Gómez de Espinosa, y la “Victoria”, capitaneada por Elcano. La flota española alcanzó el objetivo marcado por el difunto Magallanes el 7 de noviembre de 1521, la isla de Tidore, en las Molucas. Hacía ocho meses desde su muerte y casi dos años desde la partida de la Península. Los españoles hicieron amistad con el rey Almanzor, cargaron especias y se dispusieron a regresar. Lo intentaron el 18 de diciembre de 1521, pero la “Trinidad” hacía mucha agua, por lo que tuvieron que regresar a Tidore a estudiar su situación. Fue entonces cuando emergió la gran figura de Elcano, que se comprometió ante Gómez de Espinosa a conducir la “Victoria” directamente a España, y por la ruta portuguesa, mientras que él intentaría volver a América con la “Trinidad”, después de arreglada. Allí y solo entonces surgió realmente la idea de dar la primera vuelta al mundo y no antes, pues la armada de Magallanes había tenido el único objetivo de ir a la Especiería y regresar por la misma vía de ida, como lo demuestran las instrucciones del Emperador a Magallanes de 8 de mayo de 1519 en las que se le autorizó a dejar durante el viaje de ida algunos desterrados en las tierras que fuera descubriendo, para recogerlos a la vuelta y conocer los secretos de ellas: “y si os pareciere dejar en ella (nueva tierra) algunos de los desterrados, para que entretanto que vais a hacer vuestro descubrimiento, tengan plática de lo que en la tierra hay, para la tornada saber lo que tienen descubierto e hallado en la tierra, dejarles heis”. Las mismas instrucciones le ordenaron llevar una cuenta exacta de los alimentos que se iban gastando en la ida “para conforme a los que llevan, hagan cuenta de lo que se gastare, e pongan orden en lo que queda, y conforme al tiempo provean en ello, de manera que a la contina tengan abastanza para el tornaviaje”. Fue por tanto en Tidore, y no antes, cuando se tomó la decisión de que la “Victoria” diera la vuelta al mundo.

La nave fue luego aligerada de carga para la espantosa travesía que le esperaba. Le sacaron 50 quintales de clavo y partió de Tidore el 21 de diciembre de 1521 con 47 europeos y 13 indios. Allí quedó la “Trinidad” en reparación. Acabada ésta intentaría inútilmente encontrar los vientos favorables para volver a América. No los hallaría y caería finalmente en manos de los portugueses. No pudo por tanto completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo. El resto de la expedición logró dirigirse hacia las islas Molucas y, tras quedarse con un solo barco, el Victoria, al mando de Juan Sebastián Elcano, llegó a España el 6 de septiembre de 1522, con 18 supervivientes a bordo y una gran carga de especias.

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Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 00:53

Juan PONCE DE LEON

Conquistador y explorador español nacido entre 1460 y 1465 posiblemente en Santervás de Campos y muerto en La Habana en 1521.

Participó en la conquista de la isla Española y fue gobernador y colonizador de Puerto Rico. En 1512 descubrió la península de la Florida, de la que fue nombrado Adelantado. Posteriormente fue Capitán de la armada contra los caribes. En 1522 realizó un intento frustrado de colonización en la Florida pero, derrotado y herido por los indios, regresó a La Habana, donde murió.

Algunos de sus biógrafos creen que fue hijo natural del conde Juan Ponce de León. Durante su adolescencia fue paje en la corte del rey Juan II de Aragón (muerto en 1479), donde conocería al príncipe Fernando, futuro monarca. Aunque se ignoran los pormenores de su juventud, el P. Las Casas asegura que durante la misma fue mozo de espuelas de Pedro Núñez de Guzmán, con quien pudo concurrir en la guerra de Granada. Tampoco es seguro el año de su paso a Indias. Lo más probable es que fuera el de 1502, en la gran expedición de Ovando. Al año siguiente participó en la conquista de la provincia dominicana de Higüey, bajo las órdenes de Juan de Esquivel. Fue recompensado con el nombramiento de Teniente de la villa de Salvaleón. Poco después pidió permiso a Ovando para explorar la isla cercana de Borinquén (Colón la había bautizado como isla de San Juan Bautista en el segundo viaje). Se le concedió el 15 de junio de 1508 con la obligación de construir una fortaleza en ella y tratar benévolamente a los indios. Partió de Yuma con 50 hombres y llegó a la zona sur de Borinquén el 12 de agosto de 1508. Allí entabló relaciones amistosas con el cacique Agüeybana, que intercambió su nombre con Ponce de León y le ayudó a explorar la isla. En la zona norte halló un gran puerto que bautizó como ‘Puerto Rico’, en cuya zona oeste se edificaron algunos bohíos, a los que se añadieron un desembarcadero y una casa de piedra. Fueron los inicios de Caparra.

Tras explorar sus alrededores volvió a la Española donde Ovando le nombró Gobernador de la Isla el 1 de mayo de 1509. La sustitución de Ovando por el nuevo gobernador Diego Colón (9 de julio de 1509) cambió las circunstancias, pues el hijo del Almirante nombró gobernador de Puerto Rico a Juan Cerón, con Miguel Díaz de Aux como su Teniente. Ponce reclamó su título y logró que se le restituyera el 2 de marzo de 1510. A partir de entonces inició su gran labor de colonización en Puerto Rico, donde surgieron otras poblaciones como Guanica y Sotomayor. Ese mismo año se realizó la primera fundición de oro en Caparra. Ponce permitió el reparto de indígenas para las labores agrícolas, mineras y de construcción, lo que originó un gran malestar entre los naturales. A fines de 1511 empezó una gran rebelión en el oriente y sur de la isla, dirigida por un hermano de Agúeybana. Se dio muerte a unos cien españoles y Ponce vivió una situación comprometida en Caparra hasta que llegaron en su auxilio refuerzos de Santo Domingo, con los que pudo derrotar a los rebeldes en el río Coayuco. Los borinqueños pidieron también ayuda a sus vecinos caribes, pero Ponce logró vencerles y dar muerte a su cacique principal Mabodamaca. En 1511 el Rey Católico destituyó a Ponce y volvió a nombrar a Cerón como Gobernador de Puerto Rico. Envió a su lugarteniente Miguel Díaz que encontró una gran oposición entre los pobladores, lo que obligó al propio Diego Colón a ir a Puerto Rico para tratar de solucionar las desavenencias. Ponce puso entonces sus ojos en el Biminí.
Ya en su memorial al rey del 30 de junio de 1511 había manifestado su interés por unas islas existentes al norte de las Lucayas, donde existían inmensas riquezas, en decir de los indios. Decidió entonces pedir su descubrimiento, pues había sabido que en ellas estaba el Biminí, una fuente cuyas aguas volvían eternamente joven a quien las bebía. Aprovechó su ascendiente con Pasamonte y consiguió que el Rey aceptara darle el permiso pertinente para su descubrimiento el 23 de febrero de 1512. A principios del año siguiente aparejó dos carabelas en el puerto de Yuma y Salvaleón y pasó con ellas a San Germán, en Puerto Rico, desde donde emprendió su viaje el 3 de marzo de 1512. Recorrió varias de las islas Lucayas y el 2 de abril arribó a una isla situada a 30º 8' 0''. Rebosaba fertilidad y era tiempo de Pascua, motivos por los cuales la bautizó como Florida. En realidad no era una isla, sino la península de dicho nombre, a cuya costa oriental había llegado (no muy lejos de donde luego se erigió el presidio de San Agustín). Ponce tomó posesión del nuevo territorio y descendió por la costa hacia el sur, hasta llegar a su límite septentrional o Cabo de Corrientes (8 de mayo). Luego prosiguió por la costa oriental de la Florida hasta la bahía de Tampa, a la que llegó el 4 de junio. Desde allí volvió a las Lucayas (donde Pérez de Ortubia intentó inútilmente encontrar la fuente del Biminí) y finalmente a Puerto Rico. El conquistador viajó a España para dar cuenta de su descubrimiento y el Rey Católico le nombró Adelantado y Justicia Mayor de Florida y Biminí, así como capitán de la Armada contra los Caribes y deslindador de terrenos en la isla de San Juan (27 de septiembre de 1514). Por el último nombramiento, Ponce de León deslindó posteriormente la isla en los dos partidos de Puerto Rico, al este, y San Germán, al oeste. Entre 1514 y 1516 Ponce de León actuó como Capitán de la Armada contra los Caribes. Hizo varias expediciones y logró apresar y esclavizar gran número de ellos, pero no logró resolver definitivamente el problema, aunque alivió la presión que ejercían sobre Puerto Rico.

Las noticias sobre el descubrimiento y conquista de México por Cortés le decidieron a proseguir con su descubrimiento de la Florida, apenas iniciado. El Adelantado equipó dos carabelas y salió de San Germán el 26 de febrero de 1521. Alcanzó la Florida y quizá en la bahía de San Carlos, tal y como afirma el historiador Edward W. Lawson. Allí desembarcó y tuvo un desafortunado encuentro con los indios que mataron varios de sus hombres y le hirieron de un flechazo. Malherido, ordenó retirada y regresar a La Habana, donde falleció a poco de llegar. Sus restos fueron trasladados a San Juan y enterrados en la capilla mayor de la iglesia de Santo Tomás, desde donde fueron llevados en 1913 a la catedral.

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Re: HISTORIA DE MILITARES Y GUERREROS DE ESPAÑA

Mensajepor Rescoldo » 06 Jun 2015 00:55

Lucas VAZQUEZ DE AYLLON

Explorador y conquistador español, nacido en Toledo hacia 1470 y muerto en 1526 en la ciudad de San Miguel de Guadalupe (actual estado de Carolina del Sur, Estados Unidos).

Viajes a América

Primera estancia

Miembro de una familia adinerada, probablemente de origen judeoconverso, en 1504, con el grado académico de bachiller marchó a América, requerido por Nicolás de Ovando para ocupar la alcaldía mayor de la localidad de Concepción de la Vega. En este destino obtuvo, además de prebendas económicas, varios repartimientos de indios y una rica hacienda. En 1510, cuando llegó el nuevo gobernador, Diego Colón, la declarada actitud anticolombina de Vázquez de Ayllón, le hizo regresar a España.

Segunda estancia

El 5 de octubre de 1511 se creó el Tribunal de Apelación de La Española, germen de la Audiencia de las Indias, el que sería el primer tribunal de América. Ayllón, que en su estancia en España había obtenido el título de licenciado, fue uno de los tres oidores que componían el tribunal recién creado. A mediados de 1512 se encontraba en Santo Domingo. Además del antes citado cargo judicial, obtuvo otros nombramientos administrativos; uno de los más importantes fue el de procurador de Cortes, para representar a las islas en las Cortes castellanas, aunque su nombramiento no estuvo exento de irregularidades. En el campo económico obtuvo nuevamente varias encomiendas, al tiempo que se dedicaba a hacer labores de armador. Así permaneció hasta que, en 1520, tuvo que ir a Cuba y a Nueva España, enviado por la Audiencia para mediar entre Hernán Cortés y Pánfilo Narváez, y evitar el enfrentamiento armado. Hernán Cortés había sido nombrado justicia mayor y capitán general por el cabildo de Veracruz, mientras que a Pánfilo Narváez le envió el gobernador Diego Velázquez para restablecer la legalidad. La labor de Ayllón fue infructuosa, de manera que regresó poco después, en medio de múltiples penalidades, realizando una breve expedición a la Florida de la que trajo algún indígena. En 1521 estaba nuevamente en España.

Tercera estancia y expedición a la Chícora

Durante su nueva estancia en Castilla gestionó y dio los pasos necesarios para obtener, el 12 de junio de 1523, una capitulación que le permitiese descubrir la región de Chícora, zona costera al norte de la península de Florida, en el actual estado de Carolina del Sur. Partió de la localidad de Puerto Plata a mediados de 1526, al mando de una expedición compuesta por seis barcos, en los que iban quinientos hombres, mujeres y frailes. Entre ellos se encontraba fray Antonio de Montesinos. La expedición desembarcó en Chícora, donde Vázquez de Ayllón fundó legalmente la ciudad de San Miguel de Guadalupe. Apenas duró unos pocos meses pues, al parecer, el clima y el constante acoso de los indígenas acabaron con Ayllón y los restos de la expedición.

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